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Posts Tagged ‘Edgar Degas’

 

Los retratos de Zuloaga, excelentemente analizados y comentados por Lafuente Ferrari (Dialnet) pueden servir de eficaz acompañamiento a la hora de visitar la actual exposición que sobre el pintor vasco se celebra en Madrid.

 

 

“Para Zuloaga, el carácter lo es todo – recuerda Lafuente Ferrari – , a ese carácter sacrifica detalles, rasgos y delicadezas, y, en cambio, subraya con atroz energía, gesto, acción y mirada. La mirada sobre todo; Andrenio dijo ya, en un pasaje recordado por mí en otra ocasión, que Zuloaga era el pintor de los ojos; pero esos ojos no nos invitan a penetrar en un alma, sino que nos imponen su personal y peculiar carga de fuerza. Carácter y vigor expresivos son, pues, para Zuloaga las notas que interesan en un retrato. (…)  Para Zuloaga, carácter es personalidad; en su representación interesa la energía total con que se manifiesta y no la psicología, es decir, el abanico de un complicado sistema de posibilidades latentes. Lo que atrae en el individuo es aquello que afirma su vida como presencia; como acción, más que la calificación matizada de sus diferencias anímicas. (…)

 

 

En muchos casos sabemos que Zuloaga trabajó sus retratos con el mínimo tiempo de pose del modelo. En 1941 pintó, por ejemplo, el retrato de Azorín. Durante una mañana, la mañana del día 30 de abril de 1941 exactamente, el escritor, sentado frente al mirador de las Vistillas, posó ante el maestro, que dibujó del natural la espléndida cabeza, en una hoja de su álbum. Por la tarde, lejos ya del modelo y sólo con su dibujo, Zuloaga pasó, interpretando y abreviando hasta la síntesis, el dibujo al lienzo en blanco, dispuesto para ejecutar la pintura. No estoy muy seguro de ello; pero es probable que Azorín no pasara muchas más horas ante el artista y hasta es posible que aquella breve sesión de la mañana bastase al maestro para terminar definitivamente el cuadro; si esto no ocurrió así en este caso, algunas veces sucedió, en efecto, y Zuloaga, que no era hombre vanidoso, pero que podía con justicia enorgullecerse de su memoria visual, realizó hazañas semejantes, que alguna vez se complacía en relatar.

 

 

De sus propios labios oí la que sigue: un día, en su estudio de París se presentó, a hora conveniente, un personaje norteamericano, ya conocido de Zuloaga o amigo de amigos, que acudía a saludarle y a expresar su deseo de tener un retrato suyo pintado por el artista vasco. Zuolaga le escuchaba mostrando la aquiescencia vaga que espera oportunidad concreta y compromiso definitivo para la ejecución. Por ello, al decirle que con mucho gusto Zuloaga pintaría la obra, hubo de sorprenderse cuando nuestro expeditivo americano afirmó que no solamente estaba decidido a que Zuloaga le retratase, sino que venía a ello porque embarcaba al día siguiente para su país. Zuloaga, que no gustaba de coacciones ni de prisas, hubo de aceptar la cosa como se le presentaba ; hizo sentar a su modelo y, tras una sesión no muy larga, porque el viaje inmediato no permitía muchos ocios al modelo, quedó fijada por el lápiz del artista la cabeza del hombre de negocios y la silueta de su actitud en el retrato; ante aquel dibujo y sin más contacto con el natural, el artista pintó después su cuadro, con éxito pleno y gran satisfacción del retratado. Probablemente no fue éste uno de los casos más ingratos para el artista, que prefería siempre que se le dejase en libertad para esa final tarea de encajar y componer un retrato sin la tiránica y a veces molesta presencia del modelo; no en balde recordaba siempre Zuloaga aquel dicho de su maestro Degas cuando decía que si el modelo estaba en el tercer piso, había de tener el estudio en el quinto. Entre uno y otro, la tiranía del natural se esfumaba y el pintor quedaba en mayor libertad para la creación.

 

 

Esta anécdota – sigue diciendo Lafuente – nos lleva a recordar otra muy curiosa que he conocido recientemente y que muestra la penetración y la doble vista de Zuloaga, a la vez que su intensa concentración en su modelo cuando pintaba un retrato. Posaba ante él un famoso ingeniero inglés, Mr. Parshall, que después de haber realizado famosas obras hidráulicas en todo el mundo, tales como el famoso barrage del Nilo, junto a la primera catarata en Assuan, había venido a residir en España por estar asociado a importantes compañías extranjeras que proyectaban embalses en los Pirineos. El ingeniero posó sin prisa ante Zuloaga y el retrato avanzaba; un día, el pintor, con pretextos lo interrumpió y, al parecer, no volvió a trabajar en el cuadro, al menos con el modelo delante. El maestro hubo de ser obligado, en la intimidad, a dar una explicación de su aparente arbitrario capricho. «Me era imposible seguir pintando a ese hombredijo D. Ignacio—. He visto la muerte en su rostro». El modelo, en aparente buena salud cuando posaba para el cuadro, moría poco después de rápida e inesperada enfermedad”.

 

 

(Imágenes-1-Zuloaga- retrato del artista con capa- todoesliteratura/ 2-Unamuno/ 3- Azorín- EFE/4- Valle Inclán – El Pasajero/ 5- Mauricio Barrés- wahoart/ 6 -Manuel de Falla- Pinterest)

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Resplandecían las escamas de los peces, un ala de gaviota cruzaba el aire salado, las medusas extendían y replegaban sus umbelas, se balanceaba al viento un cocotero. Se abrían a la luz las madreperlas”. Así describe el paisaje de “Heliópolis” (1949)  Ernst Jünger al presentar ante nosotros su libro a través de su prosa marmórea, como recuerda Luis Pancorbo en “Lugares insólitos, míticos y verídicos(Tezontle). “Lejos de ser la capital del Xlll Nomo del Antiguo Egipto dice Pancorbo -, el escritor alemán,  autor de “Los acantilados de mármol“, sitúa allí una distopía o utopía negativa. Pese a ser tan invitante su playa, y su clima tal vez  mediterráneo, Heliópolis esconde el tener que elegir: conservar o progresar. Luchar y amar. Contemplar la belleza o imponerla”.

 

 

También el gran crítico francés Jean- Yves Tadié se detiene a analizar Heliópolis entre las villas imaginarias. Villas o ciudades invisibles o imaginarias quiso colocar Calvino en el cielo para viajar por ellas y descubrir sus nombres de mujeres, pero parte de la novela moderna –como recuerda Tadié – ha reconciliado la gran ciudad con lo imaginario, construyendo, por su lado, reinos utópicos. “Jünger construye esos reinos donde se confrontan dos órdenes, o un desorden y un orden. Una ciudad que escapa a las normas realistas y que dicta sus normas a la novela. Como un tablero donde cada casilla contiene una historia, cada barrio, cada monumento de Heliópolis congrega, no sólo los pesos del pasado sino también su aventura, distribuida en la intriga general del libro. La utopía es la obra de la memoria según la cual se comprueba lo siguiente : “hay sitios sobre la tierra donde aparecen santuarios; eso ocurre muchas veces en lugares de violencia. Estos enclaves dan la impresión de estar golpeados por una maldición que concentran tropas siempre atacadas por la violencia. Ellas se suceden a través de los flujos y reflujos de la historia”.

Cuando estaba componiendo “Heliópolis”, Jünger escribió en su Diario del 6 de marzo de 1948 : “lo que hace sagrado el trabajo es lo que en él  hay de impagable. De esa porción divina es de donde afluyen a los seres humanos la felicidad y la salud. También puede decirse que el valor del trabajo se mide por la cantidad de amor que en él se esconde”.

Viajes hacia lo imaginario, sentencias sobre la realidad.

 

 

(Imágenes-1-Louise Bourgeois/2.-Edgar Degas- 1892/ 3.-Hans Emmenegger– 1905)

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arte.-23ss.-cepillando el parquet.-Gustave Caillebotte.-1875.-Mueso D`Orsay

 

Ahora que se expone a Gustave Caillebotte en el Thyssen de Madrid me quedo recordando un célebre cuadro suyo, Cepillando el parquet, y con la memoria evoco esos brazos estirados hacia el esfuerzo, los cuerpos curvados, donde “los músculos de la espalda de los hombres – anota Sue Roe en La vida privada de los impresionistas – parecen táctiles y tensos, y en el que casi se pueden sentir la presión de sus brazos u oler la madera mientras las virutas salen despedidas”. Roe repasa la vida de Caillebotte,  personaje de familia rica, joven serio y reservado, pintor aficionado, ingeniero de profesión, que en 1874 conoce a Monet y Renoir en Argenteuil, y que a partir de entonces se dedicará a ayudar a los impresionistas.

 

Caillebotte- piraguas en el río Yerres-mil ochocientos setenta y siete- el pais

 

Esa pasión y ese ímpetu por ayudarles se refleja en sus cartas; en la enviada, por ejemplo, a Pisarro en 1881: ” ¿Cómo van a acabar nuestras exposiciones? – pregunta con inquietud-  Me gustaría saber qué le importan al público nuestras discusiones particulares. Somos unos tontos al disputar de este modo. Degas nos ha traído la desorganización. Para él es una desgracia tener ese carácter tan difícil. Mejor sería que pintara un poco más. Que tenga cien veces razón en lo que dice, que hable con un ingenio y un sentido común infinitos, nadie lo duda. Pero no es menos verdad que los verdaderos argumentos de un pintor son su pintura, y aunque siguiera teniendo mil veces más razón hablando, estaría, sin embargo, más en la verdad trabajando”.

 

Caillebotte- nug- indecolors com

 

El cuadro Cepillando el parquet, de 1875, representó a Caillebotte en Nueva York. Este lienzo mostraba la profunda comprensión del pintor por la textura y ritmos de la madera, con la que Caillebotte estaba familiarizado por ser él mismo navegante y astillero aficionado. “Hombre retraído, tímido y comedido, como recuerda Roe,  buscó cada vez más  retirarse a su vida privada. Sus disputas con Degas acabaron finalmente con su paciencia y, paulatinamente, fue dejando de exponer con el grupo”.

 

Caillebotte- btg- lainformacion com

 

Los jardines y los barcos fueron algunas de sus pasiones. Su barco, el Roastbeef, representado en muchos de sus cuadros, fue comentado por Rodolphe Rapetti diciendo ” que había que tener en cuenta que los veleros concebidos y pilotados por Caillebotte formaban parte de las embarcaciones que entonces permitían al hombre experimentar una sensación de velocidad antes inimaginable. En muchos cuadros en los que pinta veleros fondeados le sentimos atraído por la belleza de sus líneas, que él representa con un tipo de dibujo tras el que se adivina la personalidad del constructor naval”.

 

flores.-7hnnmm.-rosas.-Gustave Caillebotte.-rosas en el jardín del Petir Gennevilliers

 

En los últimos años de su vida, como señaló Tabarant, los días se reparten “entre su estudio, su jardín y su embarcadero, construido en el Sena. La pintura, las flores, los barcos (…) Disfrutaba corriendo con el viento, deslizándose sobre el agua, y a menudo bajaba así por el río hasta Giverny, donde se acercaba a saludar a su amigo Claude Monet”.

 

Caillebotte-byj

 

(Imágenes.- 1.-Cepillando el parquet- 1875/ 2.-piraguas en el lago Yerres- 1876- elpais/ 3-indecolors/ 4.-rosas en el jardín del petit gennevilliers/ 5.- un balcón en el bulevard Haussmann- 1880)

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ciudades.- iobr.-. ópera- Arnaldo De Lisio.- 1903

 

“Si tengo un abono para la ópera, voy a la ópera más veces al año. No entiendo la música, por eso no escucho. A menudo duermo, o pienso. Pienso en todas las óperas que he oído en mi vida. No escuchado, oído. Y quizá oído es también decir demasiado. Pienso en todas las óperas a las que he asistido, testigo inútil y perdido entre mis pensamientos. El Teatro de la Ópera, que frecuento desde hace tiempo, es un lugar en el que he dormido y pensado largo tiempo, un lugar muy familiar y, por consiguiente, muy hospitalario para mí.

Todas las veces me propongo escuchar, todas las veces decido que escucharé. Pero al cabo de poco, mi atención se desvanece. Hay unos breves instantes durante los que, de manera involuntaria y casi distraída, escucho, y en esos breves instantes, disfruto de los sonidos. La satisfacción de haber escuchado es tan grande, que me pierdo en su mar, y ya estoy de nuevo ausente.

 

Opera- nnbb- Jules- René Herve

 

(…) Se me preguntará entonces por qué he tenido abonos para la ópera. No lo sé. Ahora sé que la música es algo para mí definitivamente perdido. Así, estoy asombrada y perpleja por mi inferioridad respecto a los demás, porque el teatro entero parece escuchar aquel fragor y aquellos gritos y contemplar aquellas rocas espectrales y entender su lenguaje. A mí no me dicen nada, estoy casi siempre fuera de juego. Pero pienso que tal vez para los demás todas las óperas son como para mí “la bóveda negra”, o como, en “Las bodas de Fígaro“, ” Está usted servida, brillante señora”, aria que me encanta y que me llevo a casa y repito hasta el infinito, y que cuando bebo Acqua Brillante sopla en mi memoria y me produce un escalofrío, un escalofrío de alegría que es, quizá, el amor por la música que hay en mí”.

Natalia Ginzburg -” Nunca me preguntes” (1969)

(pequeña evocación de la escritora italiana cuando se cumplen cien años de su nacimiento)

 

baile.-tu8uuu.-danza.-Degas.-- la ópera de Meterbeer Robert Le Diable

 

(Imágenes- 1- Arnaldo de Lisio- 1903/2.-Jules René Herve/ 3.- Degas.- La Opera de Meterbeer Le Diable)

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Museo Británico- bf- dos

 

“Hemos de formarnos una imagen visual de los novelistas ingleses en la que aparezcan no como si flotaran río abajo, en una corriente que se lleva a todos sus hijos, a menos que se cuiden – imagina E. M. Forster en susAspectos de la novela” -, sino que los hemos de ver como si estuvieran sentados juntos en un cuarto, en una sala circular, en una especie de cuarto de lectura del Museo Británico, en el que todos se encontraran escribiendo simultáneamente. Mientras se hallan sentados allí, no piensan “vivo durante el reinado de la reina Victoria, pertenezco al período de la reina Ana, soy portador de la tradición de Trollope, reacciono contra Aldous Huxley“. El hecho de que tengan la pluma en la mano es mucho más vívido para ellos. Están medio hipnotizados, sus penas y alegrías fluyen con la tinta, están unidos por el acto de la creación. Esta ha de ser la visión que de ellos tengamos; una visión imperfecta, pero que se acomoda a nuestras facultades y nos librará de un grave peligro, el peligro de la pseudo-erudición”.

 

Museo Británico

 

¿Y  qué están escribiendo estos escritores al unísono? El mismo libro. La vida, el amor y la muerte. Unos han empezado a contar la historia del amor y se han encontrado escondida la pequeña muerte de los celos o de la infidelidad; otros han querido comenzar en cambio con la muerte y de repente el amor se ha cruzado como salvación para culminar la vida. Otros han preferido narrar la vida desde el principio pero las esquinas de la muerte les hacen escaparse pronto hacia el amor, abrazarse al amor como refugio. Cuando nos acercamos silenciosamente a estos pupitres donde todos los escritores del mundo están escribiendo a la vez el mismo libro, el amor, la muerte y  la vida se entrelazan con la vida, el amor y la muerte y las páginas pasan veloces bajo las plumas que vuelan, plumas que están repitiendo los mismos temas del mundo pero que sueñan cada segundo con la llama de la originalidad.

 

lbros- bre- bibliotecas- Edgar Degas- mil ochocientos setenta y nueve

 

(Imágenes.- 1 y 2.- Museo Británico/2.- Edgar Degas– 1879)

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“Te lo he dicho para las nubes

te lo he dicho para el árbol del mar

para cada ola para los pájaros en las hojas

para los guijarros del ruido

para las manos familiares

para los ojos que se transforman en rostros o paisajes

y a quien el sueño devuelve el cielo de su color

para toda la noche bebida

para la verja de los caminos

para la ventana abierta para una frente descubierta

te lo he dicho para tus palabras

Toda caricia toda confianza se sobreviven”.

Paul Eluard.-“Te lo he dicho…”

paisajes.-58hy.-Edgar Degas.-1869

(Imágenes:-1. Claude Monet/ 2.-Edgar Degas.-1869)

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pintores.-tvvb.cv.-Renoir.-Los paraguas.-1885.-epdlp com

Paraguas azules de Renoir, mezclas de de laca/azul cobalto, malvas y púrpuras penetrantes. En su “Historia del trajeJames Laver recuerda que estos retratos de Renoir resultan muy útiles para el estudio de los vestidos de la clase media de la época.

pintores.-rtvffb.-James Tissot.-La Demoiselle du magasin.-1883-1885

Tiendas, escaparates, mostradores, contraluces… Establecimientos de novedades que tampoco proponen ropas extraordinarias pero donde se cuela el sol tostado y el color, mañanas o tardes de París, suavidades de telas, admiración en las miradas…

pintores.-yybnn.-Georges Seurat.-La Grande Jatte.-1884-1885.-Museum Metropolitan of Art.- Nueva York

faldas de Seurat entre árboles y agua…

pintores.-rgyyu.-James Tissot.- El picnic.-1875

El Picnic de James Tissot – realizado en el jardín de la casa del propio Tissot, en el bosque de St. Johnn -y donde los personajes visten trajes informales.

pintores.-ttgbn.-James Tissot.-Demasiado pronto.-1873.-arte-xlx

Interiores de damas, caballeros, el servicio espiando por las puertas para ver cómo aparece la moda, cómo son los peinados y los gestos, las evoluciones de los trajes en la gran sala…

pintores.-rrfvv.-James Tissot.-La recepción.-1886

No hay pintor en el siglo XlX, comenta Laver de Tissot, que sirva mejor a los historiadores del arte. Él dedicó a las toilettes de la época una atención enorme, pintándolas con meticulosa precisión.

pintores.-ewxxd.-Degas.-Chez la modiste.-1870-1886

Una amiga de Degas, la señora Jules Straus – así lo ha escrito Philippe Thiébaut en “Les impresionnistes et la mode” (Gallimard) -cuenta que el pintor la acompañaba con frecuencia a visitar los modistos. Cuando un día ella le preguntó qué era lo que le interesaba más de esas sesiones, él le respondió: “Son las manos rojas de la pequeña niña que tiene los alfileres“. De la moda, Degas retenía efectivamente y ante todo la parte desconocida del decorado: la fabricación, a veces laboriosa, de accesorios, los gestos, las actitudes, la mímica, además de la actitud de aquellas empleadas que intentando ser elegantes se apresuraban a probarse los trajes y a contemplarse en el espejo.

pintores.-ewsws.-Manet.-La Parisienne.-1875

Así se fijaba Manet en “La parisina“, en 1875…

pintores.-tvffr.-Frederic Bazille.-Pierre- Auguste Renoir.-1867.-wikipaintings org

Así posaba Renoir, con camisa blanca, pantalón gris, corbata azul y botines…

Portrait of Edouard Manet by Henri Fantin-Latour

Así se disponía Manet a salir,con sombrero, símbolo del paseo, en busca de la pintura, en busca de la moda de París

(Imágenes:.-1.-Pierre- Augusto Renoir.- “Los paraguas” -1884.–por cortesía de The Trustees of the National Gallery.-Londres/ 2.-James Tissot.-“La Demoiselle de magasin”.-1883-1885.-Toronto.-Art Gallery of Ontario.-Bridgeman/3.- Georges Seurat.-“La Grande Jatte”.-1884-1886.-Chicago.-Art Institute, Helen Birch Bartlett Memorial Collection/4.-James Jacques Tissot.-“El pic-nic”.-1875.-Londres.-por cortesía de The Trustees of the National Gallery/ 5.-James Jacques Tissot,.”Demasiado pronto”.-Londres, Guildhall Art Gallery/6.-James Jacques Tissot.-“La recepción”.-1886.-Nueva York, Albright- Knox Art Gallery, Buffalo. Legado de Mr. William Chase/ 7.-Edgar Degas.-“Chez la modiste”.-189-1886.-The Art Institute of Chicago, Mr. and Mrs. Lewis Larned Coburn Memorial Collection/ 8.-Édouard Manet.-“La Parisienne”.-1875.-Nationalmuseum, Stockolm, Suecia.-Bridgeman/ 9- Frédéric Bazille.-“Pierre- Auguste Renoir”.-1867.-París.-Musée d`Orsay/ 10.-Henri Fantin-Latour.- “Édouard Manet.-(detalle).-1867.-The Art Institute of Chicago, Stickney Fund.- The Art Institute of Chicago)

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