VIAJES POR EL MUNDO (41) : UN TÉ INGLÉS

 

En casa de la señora Wyndham — recordaba Isadora Duncan —asistí por primera vez a un té inglés. Estas reuniones en torno a la chimenea tienen un encanto inimitable, con el té negro en las tazas, las rebanadas de pan con mantequilla, la niebla amarillenta al otro lado de las ventanas y la civilizada parsimonia de las voces inglesas.  Una atmósfera mágica de seguridad, de cultura, de bienestar impregna la casa inglesa. Fue igualmente en casa de los Wyndham donde pude observar por primera vez el singular comportamiento de los criados ingleses, que se mueven con una especie de aristocrática seguridad, no desprecian su condición ni tratan como en América de ascender en la escala social, sino que se sienten orgullosos de servir a las “grandes familias”, como hicieron sus padres y como harán sus hijos. Éste es uno de los elementos que infunden calma y seguridad a la vida.”

 

 

(Imágenes-: — 1–Raoul Dufy- 1919/ 2- Albert Goodwin)

LONDRES VACÍO EN 1665

 

“Leo en el “Diario “ de Samuel Pepys, miembro del Parlamento, Londres 1665:

8 de agosto de 1665:

”Trabajé un poco en mi oficina y luego a casa del Duque de Albemarle, por ciertos negocios. Las calles, vacías durante todo el trayecto, ahora hasta en Londres, lo que constituye un penoso cuadro.

10 de agosto:

A la oficina, donde nos quedamos toda la mañana, impresionadísimos  por la forma en que aumenta el boletín de mortalidad: más de tres mil defunciones esta semana.

12 de agosto :

En adelante, la oficina no estará abierta  más que el jueves, de modo que permanecí en casa toda.la mañana, poniendo mis documentos en orden. El Lord Mayor ordena al pueblo que no salga después de las nueve, a fin de que los enfermos puedan ir a tomar aire. Se produjo un deceso en Deptford, a bordo de uno de nuestros navíos, el Providence, que acababa de equiparse para zarpar. El acontecimiento nos inquieta mucho.

16 de agosto:

A la oficina, para escribir cartas. Luego estuve en la Bolsa, donde no concurría últimamente. Señor, ¡ qué triste escena la de las calles vacías y la Bolsa casi desierta! Toda casa cerrada parece sospechosa, siempre se recela que sea a causa de la epidemia. De cada tres negocios, hay dos cerrados, si no más.

 

28 de agosto:

No iba a la ciudad desde hace algunos días. En la Bolsa conté apenas  cincuenta personas. En consecuencia,  pienso decir adiós  a las calles londinenses.

 

30 agosto :

Me levanté temprano, salí y encontré a Hadly, nuestro empleado. Me dijo que la epidemia  aumenta aceleradamente, sobre todo en nuestra parroquia. “Han muerto nueve personas, pero no he inscrito  más que seis”. Muy mal proceder, a mi juicio. Esto me induce a creer que lo mismo ocurre en todas partes y que la epidemia, así pues, es más grave de lo que se calcula. Los transeúntes son tan raros que uno cree habitar una ciudad abandonada.

 

 

 

(Imágenes — 1- Londres : Albert Goodwin/ 2- Londres: Giuseppe de Nitis)