LECTURA A ELEFANTE

«He aquí Lectura a elefante, imagen del fotógrafo y cineasta canadiense Gregory Colbert.

Expuesto en el Arsenal de Venecia en la primavera de 2002, lo que nos interesa como escritores es qué está leyendo este niño al animal, qué libro exactamente, de dónde ha tomado este libro, a qué hora este niño salió de su casa (puesto que este niño tiene casa y esta noche pasada ha dormido en su casa y en su cama, no es un niño fantasma ni irreal) y cómo ha corrido, cómo ha descendido saltarín, con el libro en la mano, al encuentro de esta playa que parece desierto donde se ha citado con el elefante. ¿Se ha citado o ha sido un encuentro fortuito? Pensamos que Ibn se ha citado con Massa a las diez de la mañana en este desierto que parece playa porque de no ser así, si ha sido un encuentro fortuito, la historia es muy distinta: entonces es que Ibn Magiar estaba solo, leyendo en la playa‑desierto (¿y qué lee, qué está leyendo este niño?) y lentamente, poderosamente, lejanamente, moviendo los pilares de sus patas y la gravedad de sus cuartos tra­seros, con el bamboleo rugoso de su edad y la trompa curvada, este elefante se ha ido apartando muy poco a poco de la manada y ha venido despacio hasta aquí, quizás atraído por el aroma del libro (suponiendo que los libros tuvieran aroma), quizás atraído por las luces de las letras (suponiendo que las letras brillasen) y, mansamente, magníficamente, ha posado la mole de su costillar en la arena y se ha puesto a escuchar la lectura.

¿Lo ha hecho así muchas veces? Esta pregunta nos llevaría a otras historias. Porque si la cita tiene lugar todas las mañanas es que el libro es muy valioso e inacabable (¿pero qué libro será, qué estará leyendo este niño?) y las moléculas de los pensamientos, las avecillas de las palabras que pronuncia Ibn seguramente han estado volando en ese estrecho espacio entre el niño y el elefante, en ese espacio de nadie (el espacio de la comunicación entre los dos) y han ido entrando poco a poco por las enormes orejas o acaso por el miembro muy sensible de la trompa del animal y la trompa las ha ido elevando hasta las enormes mandíbulas y allí los gigantescos molares las han ido masticando y moliendo y las palabras han pasado por fin a su memoria.

¿O es que no es esta acaso una memoria de elefante? Arrodillado más que tumbado, humilde, con la trompa anudada sobre sus patas, Massa escucha en soledad la lectura. Es importante la soledad. Nadie hay en esta playa-desierto que interrumpa esa soledad. Soledad y lectura son hermanas y estas hermanas lo son también del silencio y todos juntos crean un escenario. El escenario es este desierto o playa, o bien una habitación retirada de la casa, o también una butaca de tren o de avión. La soledad rodea al silencio del ojo que va y que viene por la página y el ojo de este niño lee ahora este libro quizá para que se lo aprenda el elefante (como sucede en Fahrenheit 451con los hombres-libro en los bosques), sí, acaso para que se lo aprenda el elefante, ya que este es el último libro del mundo y debe conservarse en la memoria del animal que lo hará pasar luego a la gran memoria de la manada.

¿Pero qué está leyendo al fin este niño?, se sigue preguntando el escritor, nos preguntamos nosotros. ¿Qué libro está leyendo?, nos preguntamos siempre. Ello nos llevaría a otras mil historias.

Pero bien, tendremos que continuar».

(José Julio Perlado: » El ojo y la palabra«, paginas 58 y 59)

(imágenes.-Gregory Colbert Ashes and Snow)

VIDAS REBELDES

«¿Le ha cambiado en algo su accidente de automóvil? – le preguntó Roderick Mann a Montgomery Clift para The Sunday Express en 1959 Fue un choque bastante serio, ¿no es así?

-Oh, sí – dijo imitándome – Ya lo creo que fue un golpe bastante grave. No, por supuesto que no me cambió en nada. Soy exactamente la misma persona que era antes. Y ésta es la misma cara. Me rompí la nariz por dos sitios, me rajé la mejilla y tuvieron que enderezarme los dientes. Pero mi cara está otra vez como nueva. Nadie puede saberlo mejor que yo. Es mi cara.

Sus ojos se humedecieron de nuevo. De repente se tiró al suelo y se quedó allí tendido, con el traje arrugado y la cara hundida en la alfombra».



Célebre e impresionante entrevista la realizada entonces a Montgomery Clift nuevamente evocada al recordar ahora la película»Vidas rebeldes», historia de famosas y cruzadas pasiones y personajes y comentada desde tan diversos ángulos. «Los brotes autodestructivos de Monty Clift – cuenta Arthur Miller en sus Memorias, le habían llevado cierta noche a estrellarse con el coche contra un poste, accidente que le había desfigurado la cara. Las compañías de seguros ya no aceptaban al actor como cliente cuando iba a hacer una película. Pero entre mis garantías y la insistencia de Huston y Wasserman para que interpretase el papel de Perce, se consiguió el seguro. A decir verdad ni siquiera discutí con él la cuestión de su responsabilidad, sino que me limité a ofrecerle el papel, que aceptó con entusiasmo. Le complacía tanto la idea de trabajar conmigo, con Huston y Marilyn en aquella película que yo estaba totalmente convencido de que no se iba a conducir de manera irresponsable. Y no perdió nunca una hora de trabajo: había memorizado el papel entero antes de comenzar el rodaje y estuvo siempre a punto a pesar de los prolongados retrasos que hubo para terminar la película«.

«¿Parece una película de vaqueros, pero ¿lo es o no lo es? – me preguntaba Clark Gable al ver el guión, continúa recordando MillerEs como una película del Oeste pero del Este», le dije entre titubeos. «Las películas del Oeste y el Oeste mismo se han basado desde siempre en un mundo moralmente equlibrado donde el mal se presenta con una etiqueta identificable, el sombrero negro, y donde el malo siempre pierde al final. Se trata del mismo mundo, sólo que se ha sacado del siglo XlX y se ha traído al de nuestros días. donde los buenos forman parte del problema. Pero si me obligas a seguir hablando, me armaré tal lío que al final ya no sabré lo que he escrito«.

Pero en «Vidas rebeldes»y de modo muy principal actuaba Marilyn. « Huston tenía que saber – continúa diciendo Miller – que en la película que Marilyn había protagonizado anteriormente, «Con faldas y a lo loco«, a las órdenes de Billy Wilder , había hecho una extraordinaria interpretación cómica que desmentía las angustias que había pasado durante el rodaje. El partía de la base de que la actriz había optado por voluntad propia por llevar una vida atormentada. Jamás discutía con nadie a causa de su carácter: el inconsciente no era asunto suyo y no se podía permitir el lujo de incluirlo en sus consideraciones de director de cine. El trabajo del actor consistía en actuar, y cómo actuaba era cosa exclusivamente suya y de ningún otro, del director menos que nadie. Se me antojaba que era una ráfaga de aire fresco calculada para picar a Marilyn en su amor propio, y la actriz no le defraudó, al menos durante los primeros días. Porque no tardaron en reaparecer los rasgos de la inquietud interior, sólo que ni Huston ni los demás actores tuvieron la menor culpa. (…) Había acabado por descubrir a una persona diametralmente opuesta, una mujer atribulada cuya desesperación iba en aumento por más soluciones que buscase».

Confesiones y confidencias entre focos y pasillos escuchadas ya en la distancia.

(Imágenes: 1.-John Huston.-foto Herb Ritts. cortesía Fahey-Klein Gallery- 1987.-artnet/ 2.-equipo de productor, gionista, actores y director de «Vidas rebeldes».-Elliot Erwitt.-Magnum photo/ 3.-Marilyn Monroe.-foto Inge Morath/ 4.-Arthur Miller y Marilyn.-foto Inge Morath Fundation.-Magnum photo)

TIEPOLO Y EL COLOR

«Para los pintores, el color no está sólo en todas aquellas cosas que todos vemos – dice Bridget Riley -, sino también, de un modo extraordinario, en los pigmentos extendidos en la paleta, y allí, de un modo muy especial, es sencilla y únicamente el color«. Sobre el azul he hablado alguna vez en Mi Siglo y sobre las  mezclas de colores en Delacroix, tal como él lo confiesa en su «Diario», en alguna otra ocasión. Hay que recordar la búsqueda de amarillos que en las madrugadas marchando por el campo obsesionaban a Van Gogh y que cuenta en sus Cartas a a su hermano Theo.  Colores y pintores han cubierto, pues, páginas ilustres. Ahora el gran crítico literario y artístico italiano Roberto Calasso dedica a » El rosa Tiepolo» (Anagrama) todo un libro.

«Si se pide hoy el rosa Tiepolo o el rojo Tiepolo en una tienda de colores o en una de telas – dice Calasso -, difícilmente se encontrará respuesta. Es problable que tampoco en los tiempos de Proust todos los negocios estuvieran provistos de tales mercancias. Es un color que llama la atención y, después, fácilmente se olvida. Pero para Proust debió de tocar un punto neurálgico, dado que lo evocó sólo para Odette, Oriane de Guermantes y Albertine. Acaso lo que unía a tales seres, tan diferentes, tan opuestos, tan obsesionantes, era ese color. Su aparición es siempre un deslumbramiento, fugaz y definitivo«.

Además de los amores, guerras y vicisitudes cruzadas de los siglos también ellos han llevado tras de sí la luminosa estela de matices y abanicos pictóricos inspirados en pacientes talleres, combinaciones perdurables, deslumbrantes aciertos. Philip Ball en «La invención del color» (Debolsillo) va recordando el sendero que han ido dejando los años de la púrpura, los años de azules desvaidos, los otros azules del siglo XX,  los modernos colores digitales. Es un recorrido que Calasso hace a su vez a la vera de Tiepolo: «entre los grandes de la pintura -señala – el último que supo callar. Nadie consiguió arrancarle declaraciones acerca de la fidelidad a la naturaleza o la santidad del dibujo».

Como le decía Gauguin a Paul Sérusier:

«¿De qué color ves aquel árbol

«Amarillo«.

Está bien, usa tu mejor amarillo. ¿De qué color ves la tierra?

Roja.

Entonces usa tu mejor rojo«.

Singulares percepciones entre color y naturaleza, entre visión y color.

(Imágenes. 1, 2 y 3.-detalles de «El Carnaval» de Tiepolo.-1750.-Museo del Louvre)

PASEOS DE SOLEDAD Y SILENCIO

Cuando se sube a los silencios desde el cauce del río vienen todas las sombras con nosotros, desgastadas pisadas de viajeros, rozadas piedras…

Ascienden las soledades empinadas, contraluces en muros…

Pero cuando se baja del silencio hacia el cauce del río se abren entonces las plazas solitarias…

Un pasadizo en piedra nos entrega una luz…

Y por la luz se descuelgan paisajes desde casas colgadas, el río al fondo, vértigo de distancias…

La Historia nos va mostrando ventanas con señales…

Puertas con costumbres…

Y el silencio otra vez. El día que se va. Soledad de la luz…

(Imágenes: diversos rincones de Cuenca.-fotos JJP.-abril 2011)

PRIMAVERA 2011 (3) : GERARDO DIEGO

«Ayer

Los días niños cantan en mi  ventana

Las casas son todas de papel

y van y vienen las golondrinas

doblando y desdoblando esquinas

Violadores de rosas

Gozadores perpetuos del marfil de las cosas

Ya tenéis aquí el nido

que en la más bella grúa se os ha construido

Y desde él cantaréis todos

en las manos del viento

Mi vida es un limón

pero no es amarilla mi canción

Limones y planetas

en las ramas del sol

Cuántas veces cobijasteis

la sombra verde de mi amor

la sombre verde de mi amor

La primavera nace

y en su cuerpo de luz la lluvia pace

El arco iris brota de la cárcel

Y sobre los tejados

mi mano blanca es un hotel

para palomas de mi cielo infiel».

Gerardo Diego: «Primavera«.- «Manual de espumas«

(Imágenes: 1.- Grant Wood.-.-primavera en el campo.-1930/ 2.- Joseph Felix Bouchor.-1900)

RULFO : FOTOGRAFÍA Y LITERATURA

«La alegría no la buscan, la crean. Por ejemplo aquí en México la música es triste. Y la música los alegra. Es gente muy triste, hay que verlos cuando se ponen a cantar. La canción mexicana es triste, no hablo del corrido, de los boleros, de lo que cantaba Pedro Infante o Jorge Negrete, esas gentes raras. Sino simplemente de la canción del pueblo. Yo los he estado oyendo, a veces, en las noches; y no he dormido por oírlos cantar en el requinto – que le llaman allá, en Jalisco -, una guitarra de cinco cuerdas. Son canciones que duran a veces dos y hasta tres horas, y entre una estrofa y otra se fuman un cigarro y se toman unos tragos de tequila, platican, y luego continúan con la canción. Y son muy tristes, a veces se pasan toda la noche cantando. Y son hombres que están tristes. Ahora yo digo que el dolor sí lo sienten; el dolor es doloroso para cualquiera».

«Esta es la historia de esa cordillera, de esa cuerda, desde el centro de la cordillera, que es de donde parte la historia hacia todos esos pueblos donde está la vida de las gentes. Lo que une todo es el centro de la cordillera. Es una espiral de historias que se van uniendo a partir de allí, para cerrarse en las montañas. La historia se va abriendo, abarca las poblaciones, y luego sube hacia lo que ya es zona montañosa».

«Lo que pasa es que entre el coro de todas las voces universales y gloriosas yo volví a oir la voz profunda y oscura. Tal vez la de un pobre viejo que está a la orilla del fuego volteando las tortillas: «Te acuerdas de cuando mataron a la Perra», Y aunque usted no lo cree, esa voz predomina en el coro, y es la del verdadero, la del único solista en que creo, porque me habla desde lo más hondo de mi ser y de mi memoria: «Ya mataron a la Perra, pero quedaron los perros».

(Textos y fotografías de Juan Rulfo)

(Pequeño apunte con motivo de la exposición de fotografías de Rulfo que se abre estos días en Madrid)

«LOS SENTIDOS» DE JOSÉ RIBERA

«La vista – recordaba Brillat-Savarin -, que abarca el espacio y nos instruye, por mediación de la luz, de la existencia de los colores y de los cuerpos que nos rodean» figura en la serie de los sentidos, de la etapa del joven Ribera, que ahora se expone en el Prado. La vista, que en la historia de la pintura a veces se ha representado con un espejo en la mano que contempla con admiración, en otras ocasiones ha querido acompañarse de una antorcha: siempre la luz y el rostro iluminado.

«El oído – sigue diciendo Savarinrecoge por medio del aire el ruido causado por los cuerpos ruidosos o sonoros«. María Zambranocuenta Ramón Andrés en «El mundo en el oído» -refiere que la escucha de Apolo en el templo de Delfos parecía situar «el oído divino en el centro del mundo«, ese oído que como órgano o sentido, dice, es el que se emplea o «ejerce» de un modo más intermitente: «en el escuchar se da lo más  penetrante y hondo de la atención, la decidida atención que el ejercicio de la vista no requiere«. «¿Sería aventurado concebir el oído – apunta Andrés – como el eje del ser humano? En un tratado escrito bajo el nombre del legendario Hermes Trismegisto se razona que aquel  que escucha debe tener el oído más veloz « que la palabra del hablante».

«El olfato – prosigue Brillat-Savarin -, mediante el cual percibimos el olor de los cuerpos que lo poseen. El olfato, que va a la búsqueda, al cultivo y al empleo de los perfumes».

«El gusto, con el cual apreciamos lo que es sabroso o suculento» da origen – dice también Salavina la producción, a la elección y a la preparación de cuanto pueda servir de alimento«.

«El tacto, al fin, cuyo objeto es la consistencia y la superficie de los cuerpos» y se aplica a todas las artes, a todas las habilidades, a todas las industrias».

«El tacto– cncluye Brillat-Salavin en su «Fisiología del gusto»  – ha rectificado los errores de la vista; el sonido, por medio de la palabra articulada, se ha convertido en intérprete de todos los sentimientos; el gusto se ayuda del olfato y de la vista; el oído compara los sonidos y aprecia las distancias»

( Pequeño apunte sobre esta exposición donde Ribera, además de la serie de los apóstoles y de los filósofos, ofrece aquí  tres de los cinco sentidos: la vista, el olfato y el gusto)

(Imágenes:-1.-la vista.-1615.- Museo Franz Mayer.-ciudad de México/ 2.-el oído.-Museo de Valencia/ 3.-el olfato.-1615.-colección Juan Abelló/ 4.-el gusto.-1615.-Wadsworth Atheneum.-Hatford/ 5.-el tacto.- óleo sobre lienzo- Norton Simon Art Foundation en Pasadena)

UN TIFÓN Y UNA DAMA JAPONESA

«En el ala sudeste el viento había empezado a soplar precisamente cuando estaban trabajando en el jardín – narra la gran escritora japonesa del siglo Xl Murasaki Shikibu en «La historia de Genji« (Atalanta) -, y el vendaval sorprendió de modo cruel a las languideces frondas. Desde la cercana terraza, ella volvió a contemplar la violencia con que el viento se llevaba una y otra vez las gotas de rocío. (…) Hacia el amanecer, el viento remitió un poco y empezó a caer una lluvia intensa. Le informaron que la tormenta había derribado unos edificios anexos de Rokujô.(…) Tras hacer lo posible por serenarse, encargó a la serviumbre que emprendieran la reparación de los desperfectos y entonces se dirigió al sudeste, donde los postigos estaban todavía abiertos. Se apoyó contra la barandilla en el punto donde juzgó que se encontraban los dos, y miró el jardín. El viento inclinaba los árboles de la colina, y por el suelo había muchas ramas rotas. Por supuesto, las plantas se hallaban en un desorden absoluto, y lo mismo sucedió con las tejas, los postigos y las vallas».

Es el viento del siglo Xl, el tifón enrollado entre las nubes igual que una alfombra, desplegado furiosamente como vendaval contra las casas de Japón. Es el antecedente de tantas consecuencias encadenadas a través de los siglos, lenguas de mar que hemos visto derramarse en los televisores. El vientre de la naturaleza arroja cuanto lleva dentro y esta dama japonesa anota las convulsiones y estremecimientos de los árboles. Hija de Fujiwara no Tamétoki, funcionario y poeta, la dama Murasaki, según su Diario, debía tener alrededor de treinta años en 1008. Lo que señala que debió nacer en 978. Su verdadero nombre es desconocido. No se sabe con certeza en qué circunstancias compuso su gran libro; se supone que fue escrito entre 1005 y 1013, pero el viento, el tifón, la belleza crepuscular, el árbol de retama, las hojas otoñales, las flores del cerezo y la jungla de matorrales quedan sembrados a lo largo de las páginas de su novela. Como muchas otras cosas, Murasaki conocía bien la historia de la música y en su libro se desenvuelven las danzas Gosechi en las que participaban las hijas de buena familia y que destacaban como una de las celebraciones más importantes del año. Genji danzaba las olas del Mar Azul revelando su destreza y en el momento en que los rayos del sol caían sobre su figura el volumen de la música se elevaba hasta lograr una fusión de extraordinaria belleza. Era el tiempo de los perfumes, el tiempo de la elegancia en la combinación de los colores. Era el otoño, estación de páginas literarias invadidas de tristeza. Se marchaba por las largas calles de Heian, y atravesando hasta el límite la extensa avenida del Oso Rojo, se llegaba a la esquina de la caligrafía, allí donde comenzaba la lectura del libro.

(Imágenenes.-1.- Hasegawa Tohaku.-wikipedia/ 2.-japanese art/ 3.-ilustración del «Genji Monogatari» atribuida a Tosa Mitsuoki.-wikipedia)

PRIMAVERA 2011 (2) : LUIS CERNUDA

«Este año no conoces el despertar de la primavera por aquellos campos, cuando bajo el cielo gris, bien temprano a la mañana, oías los silbos impacientes de los pájaros, extrañando en las ramas aún secas la hojarasca espesura húmeda de rocío que ya debía cobijarles. En lugar se praderas sembradas por las corolas del azafrán, tienes el asfalto sucio de estas calles; y no es el aire marceño de tibieza prematura, sino el frío retrasado quien te asalta en tu deambular, helándote a cada esquina.

Abstraído en este imaginar, marchas con nostalgia por la avenida del parque, donde revuela espectral a ras de tierra y te precede, fugitiva ala terrosa, una hoja del otoño último. Tan reseca es y oscura, que se diría muerta años atrás; imposible su verdor y frescura idos, como la juventud de aquel viejo, inmóvil allá, traspuesta la reja, hombros encogidos, manos en los bolsillos, aguardando no sabes qué.

Al acercarte luego, hallas que el viejo tiene a sus pies manojos de flores tempranas, asfodelos, jacintos, tulipanes, de vívidos colores increíbles en esta atmósfera aterida. Casi da pena verlas así, expuestas en mercado norteño, como si ellas también sintieran su hermosura indefensa ante la hostilidad sombría del ambiente.

Pero la primavera está ahí, loca y generosa. Llama a tus sentidos, y a través de ellos a tu corazón, adonde entra templando tu sangre e iluminando tu mente; quienes a la invocación mágica, a pesar del frío, lo sórdido, la carencia de luz, no pueden contener el júbilo vernal que estas flores, como promesa suya, te han traído e infundido en tu miedo, tu desesperanza y tu apatía».

Luis Cernuda: «La primavera».-«Ocnos«.

(Imágenes:-1.-The Christian Science Monitor/ 2.-Lowell Nesbitt Blair.-1965.-Clarke Gallery.-still life quick heart)

SECRETOS DEL «CAFÉ DE POMBO»

Detrás de la botella de ron situada en el centro de la mesa, entre las manos de Ramón Gómez de la Sernaaparece escondido un secreto, según las últimas investigaciones llegadas a la prensa. En este célebre cuadro de Gutiérrez Solana, «La tertulia del café de Pombo«,  se ha descubierto una pintura bajo otra pintura y cuando nos acercamos a estas figuras – a Bergamín, a Tomás Borras, a Manuel Abril, al propio Solana y a Bartolozzi, entre otros – parece que estuviéramos en aquel 17 de diciembre de 1920 cuando la pintura se colgó en la Exposición del Salón de Otoño.

«Mucho tiene que viajar ese cuadro«, dijo entonces Gutiérrez Solana. El pintor asistía a las tertulias, y como refiere uno de sus mayores especialistas, Manuel Sámchez Camargo, en su «Solana» (Taurus),» de «Pombo» prefería los vasos gordos de cristal, las grandes chuletas, el vino de Valdepeñas, la cerveza y los que entraban, estaban y salían, especialmente a la hora última. Lo demás no le importó nunca. Ël y su hermano Manuel, mientras presidiera Ramón, hubiera bebidas, espejos y luces azules de gas, estaban a gusto. Pero sin que calara Pombo-cripta en él. Sin embargo, como siempre, el pintor caló en Pombo, abriéndole el vientre y dejando su esqueleto colgado de cuatro clavos».

RAMÓN escribiría su «Pombo«, célebre entre sus obras. Al «Antiguo café y botillería de Pombo» – así se llamaba – se accedía por dos puertas y constaba de cinco gabinetes y un salón central, comunicándose todos por unos arcos, y sin dejar de ser independientes. Ante el álbum donde tenía que firmar todo aquel que llegaba por vez primera, Ramón le conminaba: «¡Diga usted su verdadero nombre!«. Ese era el rito. Los banquetes que en Pombo se dieron fueron numerosos: a Fígaro, a Ortega y Gasset, a Azorín, a Don Nadie...A Pombo llegó un día Picasso vestido de gran Arlequín, con motivo del estreno de su pantomima «La gran parada», interpretada por los ballets rusos. En Pombo el mejicano Alfonso Reyes, autor entre muchos otros libros del delicioso «Tertulia de Madrid«, contó sus hallazgos históricos, como el descubrimiento de que los ahorcados de la Plaza Mayor eran desposeídos por sus verdugos de los zapatos, para que la gente que iba a pisarlos, después de la ejecución, como signo de buena suerte, no pudiera hacerlo.

Cuando Gutiérrez Solana cantaba en la cripta de Pombo requerido por Gómez de la Serna, decían quienes le escuchaban: «frente al estupor de contertulios y parroquianos, puesto en pie, emtona sus arias que duran largos minutos, sin que nadie se atreva a sonreir. Este recurso lo emplea Ramón cuando es necesario ofrecer «el número mejor del programa«.

De esa célebre pintura que refleja la famosa tertulia del café el propio Solana, en el Epílogo a su «España negra«, quiso añadir: «Es un cuadro a medio conseguir, y ahora verdaderamente siento el no haberle podido dar una forma más acertada y más decisiva. En el centro está nuestro amigo Ramón Gómez de la Serna, el más raro y original escritor de esta nueva generación. Está, pues, en pie y en actitud un poco oratoria: recio, efusivo y jovial, un tanto voluminoso, pero menos de lo que deseamos verle, para completar su gran semejanza con un Stendhal español o un nuevo Balzac de una época más moderna y menos retórica; cerca de él su cartera, esa buena amiga que siempre le acompaña, llena de pruebas de imprenta y dibujos, que hace rápidamente para ilustrar sus escritos, son comentarios gráficos admirables y que dan un encanto más a los artículos que publica casi diariamente en «La Tribuna» y «El Liberal«.

A su lado, Bacarisse, Coll, Bartolozzi, Cabrero, Borrás, Bergamín, Abril, y encima, el prodigioso espejo de Pombo, este espejo cinematográfico, cuya luna patinada cambia constantemente de expresión: unas veces nos sugiere ideas antiguas, nos transporta a la época de Larra; los viejos con grandes levitones y las enormes chisteras, los fracs, las corbatas de muchas vueltas y los chalecos rameados, de los que cuelgan las pesadas y largas cadenas de oro. (…) Otras veces, este espejo se rejuvenece, y en los calurosos días de verano, en los meses de julio y agosto, cuando las puertas del café están abiertas, vemos pasar por ellas los tranvías iluminados y atestados de gente, los automóviles silenciosos y ligeros y los coches de punto, tirados por estos caballos siempre viejos y cansados, y ya más en las altas horas de la noche, los transeúntes que cruzan por las aceras o en el empedrado de la calle».

Dos años antes de morir- murió a los cincuenta y nueve años, cincuenta personas fueron a su entierro -, Gutiérrez Solana hablaba aún de este cuadro confesando: «Ramón tuvo ese empeño. Yo lo hice con mucho gusto. Pero me llevó mucho tiempo. Nunca venían los contertulios cuyos retratos tenía que pintar«.

Solana bebía y cantaba, amaba los gatos, los relojes, los fetiches, las viandas bastas y el áspero vino. En la madrileña plaza de Santa Ana, a sus acompañantes, les iniciaba en el rito de la libación de la cerveza. Además de ir a «Pombo» asistía a la tertulia del café «Nuevo Levante«, en la calle del Arenal, donde se reunían Ricardo Baroja y su hermano Pío, Azorín, Valle-Inclán. De él se dijo: «su agudo espíritu de observador de fealdades y miserias le hizo a un tiempo literato y, sobre todo, pintor«.

(Imágenes:- «La tertulia del café de Pombo» de Gutiérrez Solana/2.- el banquete a Don Nadie en el café Pombo- elpasajero.com/ 3.-Ramón Gómez de la Serna.-dipity. com)

ESCRIBIR, MÚSICA, LA SONRISA

Música, escritura, una sonrisa.

Velocidad del sonreir, velocidad de la música, tintín vertiginoso de la escritura.

A veces en un blog, entre tantas preocupaciones mundiales, conviene hacer un  alto y escuchar, ver y procurar una sonrisa.

(Imagen: «La máquina de escribir» de Leroy Anderson.-Martin Breinschmid.-Strau Orquesta del Festival de Viena)

LAS GUERRAS

Las guerras han marcado las fotografías,

las guerras han cambiado el rostro de los niños,las guerras han dado otro semblante a las ciudades,

las guerras han teñido las pinturas,

las guerras han adiestrado a tiradores,

Las guerras han excavado catacumbas,

las guerras han devastado habitaciones,

las guerras han agudizado el hambre,

las guerras han entrado en los museos,

las guerras han violentado los cuerpos, Las guerras, siempre, siempre las guerras.

(Imágenes:-1- Cartier Bresson.-1945.-all-art-org/2-foto André Fromont.-2010/3- vista aérea de Edinmburgo.-1920.- Alfred G. Buckham.-cortesía de Richard y John Buckhan.-National Gallery/4.- Norman Basil Town.-1915.1987.-Peter Nahum.-Leicestergalleries-Online Galleries/5.-Norman Basil Town.-refugio en Inglaterra.-1944-Leicestergalleries-Online Galleries/.-6.- David Douglas Duncan.-all-art.org/7.- foto Rando Mizra.- Galería Sfeir- Beirut.-artnet/8-Giulio Di Sturco.- cortesía de Sony World Photography/ 9.- Brittan Miller.-noche de destrozos.- Alemania 1946.- Museo de la Guerra de Canadá/ 10-Luiz Vasconcelos.-Brasil.-Jornal A Critica Zuma Press.-World Press Photo 2008/ 11.- foto David Guttenfelder.-The New York Times)

HISTORIAS QUE SON AHORA DEL PASADO

Cosas que no hacen más que pasarrecuerda «El libro de la almohada» de Sei Shônagonal que ya me referí en Mi Siglo:

El barco cuando la vela va izada.

La edad de las gentes.

La primavera, el otoño, el verano, el invierno.

Las cosas pasan sobre los periódicos y los periódicos sobre las cosas. Las noticias son cubiertas por nuevas imágenes y las imágenes por nuevas noticias.

Pasan las cosas:

Cosas que llevan a la melancolía.

Cosas que contienen una gracia refinada.

Cosas que llenan el alma de tristeza.

También las cosas más bellas del mundo.

«En primavera – sigue diciendo Sei Shônagon – es la aurora lo que yo prefiero. La cima de los montes se vuelve poco a poco distinta y se aclara fácilmente. Nubes violáceas se alargan. En verano, es la noche. Admiro, naturalmente, el claro de luna; pero también la oscuridad en la que vuelan cruzándose las luciérnagas. Incluso si llueve, me encanta la noche de verano. En otoño, la tarde. Las puestas de sol lanzan sus rayos brillantes y se aproximan a la cresta de las montañas. Entonces los cuervos van a dormir, y se les ve pasar tres, cuatro, dos, y se siente uno deliciosamente triste. Y cuando las largas filas de ocas salvajes aparecen tan pequeñas todo aún es más bonito. Después, cuando el sol ha desaparecido, el ruido del viento y la música de los insectos posee una melancolía que me encanta. En invierno, en cambio, amo la mañana desde muy temprano. No hay palabras para hablar de la belleza de la nieve; pero me agrada igualmente la pureza extrema del hielo blanco o simplementre del frío extremo; muy pronto, se enciende el fuego, se acerca el carbón de madera incandescente: es eso lo que conviene a la estación. Sin embargo, al aproximarse el mediodía, el frío se relaja y no es agradable que el fuego de los braseros se cubra de cenizas blancas».

Pasa Sei Shônagon.

Pasan los siglos.

Los periodicos pasan sobre las cosas y las cosas sobre los periódicos. A las noticias las cubren nuevas imágenes y a las imágenes las cubren nuevas noticias.

(Imágenes:-1–japanese.art/2 .Kano Eitoku -wikipedia/3.-Utagawa Hiroshige.- lluvia en el puente Atake.-wikipedia)

PRIMAVERA 2011 (1) : EL VIENTO DE MARZO

«Bella es la primavera, pues ahora la tierra contempla,

con ojos de amado, la cara del sol;

más largo se hace el día, y la esperanza se adentra

en los acres que dan fruto con renovado esplendor.

Qué dulce es ahora divagar por la tierra,

entre pájaros y flores y todos los animales;

amor encuentra amor, y no hay guerra

en tu corazón o el mío, pues sanan todos los males.

De pueblo en pueblo, por oteros y sembrados,

alegres hemos rodado todo el día;

pero ahora el crepúsuculo ha llegado,

y sobre la iglesia gris, gris es la atardecida.

(…)

¡Escucha, el viento toca el olmo! De Londres viene,

y habla de oro, de esperanza y desazón;

de un poder impotente; del saber que se tiene

y que nada enseña que mejore nuestra condición.

(…)

¡Escucha! El viento de marzo nos habla de la gente;

de vidas que fueron tristes y en pobreza,

y si nuestro amor entre ellos fuera residente,

menor sería mi afecto, menor fuera tu belleza.

Vuelve a la posada, amor, a la luz y al fuego,

y al canto del violín y al ruido de pisadas;

pues allí habrá deseo y sosiego,

y dulce será nuestro despertar a la mañana-

Y así, amor, en nuestro andar, el viento nos sopla a la espalda,

y la última historia de hoy nos relata,

y así en primavera el mensaje nos encuentra;

y esa esperanza oculta ahora se revela.

(…)

Pero mira, la vieja posada, las luces, el fuego,

el canto del violín y el ruido de pisadas;

pronto tendremos silencio, deseo y sosiego,

y dulce será nuesto despertar a los hechos de mañana».

William Morris : «El mensaje del viento de marzo»

(Imágenes:-1.-Joaquim Mir.-almendros en flor/2.-Joaquim Mir.-prmavera.-Montserrat/3.-Jean-Francois Millet.-1817- 1873.- golpe de viento.-Museo Nacional de Gales)

JOHN HERSEY EN FUKUSHIMA

Toshiko Sasaki, empleada del departamento de la Fábrica Oriental de Estaño; el doctor Masakazu Fujii ,a las puertas de su hospital privado; la señora Hatsuyo Nakamura, viuda de un sastre; el sacerdote jesuita Wilhelm Kleinsorge; el doctor Terufumi Sasaki, miembro del personal quirúrgico del Hospital de la Cruz Roja; el reverendo Kiyoshi Tanimoto, pastor de la Iglesia Metodista: todos ellos fueron convocados por el gran periodista John Hersey en su «Hiroshima» (Turner), un libro clásico en los anales del reportaje novelado.

Hersey – de la escuela del New Yorker igual que  Lilian Ross – eligió a seis personajes-testigos, supervivientes de la gran explosión y la gran barbarie del 6 de agosto de 1946. Eran individuos singularmente escogidos para trazar sus vidas en un relato eminentemente sobrio entre tantas muchedumbres japonesas que ya siglos antes grandes pintores, como Matsanobu Okumura, quisieron retratar tanto en las calles de Edo y sus populosas tiendas como en sus inmensos teatros.

Era la multitud. Multitudes que vemos hoy en los telediarios con el llanto interior apenas deslizado ante el impacto de las catástrofes. Van y vienen esas multitudes entre la tragedia y el esfuerzo, entre el destino y la superación. Hersey quizá hoy volvería a escoger a seis personajes para intentar narrar en montaje paralelo lo que ocurre en Japón. Escrupulosa veracidad quiso tener entonces el periodista envuelta en pliegues novelados y en procedimientos literarios para alcanzar la dimensión humana y la calidad de experiencias vividas.

Experiencias que hoy son ejemplo en imágenes del dolor y de la contención.

(Imágenes:-1.-Matsanobu Okumura.-el teatro nakamura- za.-1745.-wikipedia/2.-Matsanobu Okumura.-una calle de Edo-1780/ 3.-Toyoharu Utagawa.- interior de un teatro.- 1776.- The Art Museum of Chicago/ 4.-Richard Avedon.-lotus feet livejournal)

TODA LA NOCHE AMOTINA LAS OLAS

«Toda la noche

amotina las olas

el viento en cólera.

Y los pinos chorrean

húmeda luz de luna.

El sauce tiembla

en el agua corriente.

Bajo su sombra

-rumores y reflejos –

un momento reposo.

Todas las cosas

cambian – todos los días,

todas las noches.

Pero la luna arriba:

siempre la misma luz.

Si yo no creo

que lo real sea

real,

¿cómo creer

que son sueño los sueños?»

El monje Saigyo

(Imágenes:-1.-Martin pescador y el clavel rosado.-Hokusai.-1832.-taringa net/2.- Shibata Zeshin- Japón.-1907-1891.-Fondos Bell y Fondos Annenberg)