GIACOMETTI O LOS BOCETOS DE LA MIRADA

 

 

 

gentes-nbn-Alberto Giacometti- Diego en camisa- Modern Evening Sale

 

 “Yo trabajo casi siempre con modelo  – decía Giacometti – Esto que me importa es la verdad, la realidad de los rostros“. Cuando se le preguntaba, por ejemplo, por la cabeza de su hermano Diego, muy frecuentemente dibujada, y se añadía que podría esculpirla con los ojos cerrados, Giacometti respondía: “En absoluto. Cada vez su rostro me parece nuevo”. Le interesaban enormemente los rostros, y sus cabezas minúsculas, como los cuerpos alámbricos que representaba, han dado la vuelta al mundo en el universo de la escultura.

 

Giacometti-htvv- The Palace- mil novecientos treinta y dos

 

Ahora una nueva exposición sobre los bocetos de Giacometi tiene lugar en Madrid.

 

Giacometti-ybbn- esculturas

 

Vuelve a asombrar la legendaria economía de medios en sus figuras y ello evoca también la legendaria economía de medios con las palabras que empleara Samuel Beckett en sus novelas y en su teatro. Ambos, Giacometti y Beckett, padecían de insomnio, y muchas veces se encontraban hasta altas horas de la madrugada en un bar de Montparnasse charlando no sólo de temas intelectuales o artísticos.

 

Samuel Beckett and Alberto Giacometti

 

En medio de los dos parece elevarse el árbol escuálido de ramas desnudas que Giacometti  creó para “Esperando a Godot”. Los dos pasaron muchas horas juntos para estudiar la mejor manera de fijar las ramas, entre el primero y el segundo acto, con las hojas concebidas igualmente por el escultor. Una vez las representaciones hubieron terminado, Giacometti ofreció a Beckett una de esas hojas y el dramaturgo reconoció: “Giacometti ha conseguido hacer un árbol hermoso para “Godot”.

 

flores-nbu-Alberto Giacometti- mil novecientos cincuenta y dos

 

(Imágenes.-1.-Giacometti.-Diego en camisa- Foundation Maeght/2.-Giacometti- The Palace- 1932/ 3.-esculturas/4.- Giacometti y Beckett en 1961- vispoetica /5- Giacometti.-flores- 1952)

FIGURAS DE GIACOMETTI

pintores.-yybbhh.-escultura.-Giacometti.-El Palacio a las cuatro de la mañana-1932-1933-Museo de Arte Moderno.-Nueva York

Contaba Alberto Giacometti que su obra el “Palacio a las cuatro de la mañana”, delicada estructura de varillas de madera, cristal, alambre y cuerda, fue gradualmente tomando cuerpo en su mente durante el verano de 1932, y en otoño “era tan real que su ejecución en el espacio no tomó más de un día”. El sueño del soñador – comenta el historiador del arte George Heard Hamilton -se hizo visible en tres dimensiones. Un ejemplo más del proceso creador – la lenta elaboración en la mente del artista – y la rápida ejecución final.

pintores.-66tgbb.-Alberto Giacometti

La figura humana de Giacometti cuando desciende rápida las escaleras de su taller parisino ya lleva el proyecto de esas otras figuras alargadas y esbeltas que él compondrá trabajando directamente con yeso sobre una estructura de alambre. En varias ocasiones he hablado de Giacometti en Mi Siglo. Ahora, una exposición en Madrid, nos acerca de nuevo a esos perfiles escultóricos, cercados por el aislamiento del vacío, que parecen andar solitarios y únicos presidiendo sus propios espacios.

gentes.-uuyttb.-Albert Giacometti.-Mart Engelen

“Estamos en el reino de lo infinitesimal – dijo de él Jean Cassou – y basta un microscópico espesor de la forma para que pierda su naturaleza arácnida, para que se desnaturalice, y un microscópico desplazamiento para romper su equilibrio. Esas fantásticas criaturas de Giacometti se mueven en un espacio tan particular que puede ser para nosotros el mundo de  Liliput. Ellas mismas suscitan su espacio, extendiendo su alcance, sus medidas, sus distancias, y hay que reconocer que es a ellas y no a nosotros a quienes pertenece ese espacio. Arte de líneas de fuerza, y de líneas de fuerza reducidas a su rigor más delgado, el de un hilo.”

Giacometti.-e4ffb.-Chase Manhattan Plaza.-Mujer grande ll, 1960.-Kunsthaus.-Zurich

(Imágenes:- 1.-Giacometti.-el palacio a las cuatro de la mañana.-1932.33.-Museo de Arte Moderno de Nueva York/2.- Giacometti en su estudio/3.- Giacometti..- mart engele/- 3.Giacometti.-chase manhattan.- plaza.-mujer grande ll.-1960.-kunstaus.-Zurich)

TALLERES DE PINTURA

ALBERTO GIACOMETTI ET ANNETTE

Cuando Balzac describe el taller de Franz Porbus en “La obra de arte desconocida” intenta darnos una lección estética: decir creación pictórica es decir igualmente creación literaria. Los escritores en muchas ocasiones se han asomado a contemplar cómo trabajan los pintores y a su vez los pintores han querido dejar huellas en sus cuadros sobre el quehacer de los escritores. “El taller del pintor” de Gustave Courbet se une a “Un taller en Batignolles” de Fantin-Latour y a ellos hay que añadir, entre muchos otros, el taller de Elstir, observado atenta y sensiblemente como siempre por la prosa de Proust, o al que muestra Albert Camus  en su “Jonas o el artista en el trabajo” dentro del volumen “El exilio y el reino“.

Autoportrait, atelier de Skrubben à Kragerø

“Los discípulos ayudaban a Jonas de otra manera – escribe Albert Camus -, obligándole a dar su opinión sobre su propia producción. No pasaba día sin que le llevaran algún lienzo, apenas esbozado, que su autor colocaba entre Jonas y el cuadro que estaba pintando, a fin de que el esbozo recibiera mejor la luz. (…) Así transcurría el tiempo de Jonas, que pintaba en medio de sus amigos y alumnos, instalados en sillas dispuestas, ahora, en círculos concéntricos alrededor del caballete. Frecuentemente, los vecinos aparecían también en las ventanas de enfrente y se sumaban a su público. Discutía, cambiaba puntos de vista, examinaba los lienzos, sonreía a Louise al pasar, consolaba a los niños y contestaba calurosamente las llamadas telefónicas, sin soltar nunca los pinceles, con los que, de vez en cuando, daba un toque al cuadro empezado”.

pintores.-667b.-Henri Matisse.-en su taller de trabajo.-1939.-Brassaï

Proust, por su parte, aborda muchas veces la pintura y en alguna ocasión describe los talleres. Se ha dicho de Proust que Elstir, pesonaje inventado, es un “faro” en la narración del Narrador, sobre todo ante el camino de su vocación, porque le transmite una nueva visión de las cosas y le revela las leyes generales del arte.“Gracias a Elstir – ha recordado Jean-Yves Tadié en su “Proust -, un universo personal, sometido a un punto de vista único, se desvela en la metamorfosis ( que, en literatura, es la metáfora): las cosas no son nada por ellas mismas, todo está en la mirada del pintor“.

Juan Miro dans son atelier de Calamayor, Espagne, 1968

“El taller de Elstir – escribe Proust – se me aparecía como el laboratorio de una especie de nueva creación del mundo, donde, desde el caos que son todas las cosas que vemos, él había extraido, al pintarlos en diversos rectángulos de tela que estaban colocados en todos los sentidos, aquí una ola del mar  haciendo estallar con cólera contra la arena su espuma lila, allí un hombre joven de cuello blanco acodado sobre el puente de un barco”.

Se crea entonces, entre pintor y espectador, una especie de alquimia llena de encantamiento rota únicamente por los trazos del arte que rompen el silencio.

(He tenido la fortuna de visitar algunos talleres a lo largo de mi vida – ver trabajar a Benjamín Palencia tirado en el suelo, terminando con las yemas de sus dedos “un Toledo” (como así me lo dijo), ver pintar a Juan Barjola sus rostros deformes, o asistir ante Pablo Serrano al remate final de sus esculturas.

Nada de eso olvidaré.)

(Imágenes:- 1.-Giacometti en su taller de trabajo/ 2.-Edward Munch en su taller.-1909-1910/ 3.-Henri Matisse trabajando.-1939.-Brasaï/4.-Joan Miró en su taller.-1968)

CABEZA DE GIACOMETTI

Cuenta Joan Miró queCocteau se encontró un día sentado por casualidad al lado de Giacometti en un café de Montparnasse. A Cocteau le fascinó la cabeza de Giacometti, esa cabeza extraordinaria que tenía. Inició la conversación y Giacometti le dijo que era escultor. Al día siguiente, Cocteau corrió a ver al galerista Pierre Loeb y le dijo que había descubierto un escultor y que debía ponerse inmediatamente en relación con él: que no había visto sus obras y que ignoraba por completo lo que hacía, pero que había visto su cabeza y que esa cabeza no podía engañarle. Para Giacometti así empezó todo: ¡con su cabeza descubierta por Cocteau!“.

Luego esta cabeza afiló y estilizó las cabezas de los demás hombres hasta hacerlas casi un punto sobre el alambre, y el alambre, con sus dos piernas finísimas, echó a andar esbelto – y siempre solitario – por las calles y plazas, tal y como he recordado varias veces en Mi Siglo siguiendo los pasos de este único escultor. “Las célebres plazas de Giacometti –  comentó a su vez Raoul- Jean Moulin son lugares limitados por un zócalo, donde unos hombres se cruzan y se ignoran, con su paso largo e igual, habitados solo por su soledad, prisioneros de su situación. Pero, más aún que su disposición, decidida sin ser calculada, su naturaleza les obliga a no encontrarse jamás.”.

“Desde hace años – confesó Giacometti – creo que mañana seré más avanzado que hoy, que veré más lejos. Todas las esculturas de nuestra época, como las del pasado, un día terminarán hechas pedazos. Entonces es cuando se verá que un fragmento de Rodin nos dice tanto, más acaso, que la estatua entera. Así, importar trabajar la obra en los menores repliegues, cargar de vida cada parcela de materia”.

(Imágenes:- 1.-Alberto Giacometti.-vincentstrauss wordpres com/ 2.-Giacometti y su madre en su casa.-1960.-foto Ernst Scheidegger/ 3.-Giacometti.-plaza de la ciudad.-1948/ 4.- estudio de Giacometti.- foto Ernst Scheidegger.-Craig Krull Gallery)

TALLERES DE ARTISTAS

giacometti-zz-le-chariot“¿Sabe usted? – le dijo la periodista Alice Bellony a Alberto Giacometti  -, la primera escultura suya que yo he visto fue en Nueva York: Le Chariot. Me quedé muy impresionada. Aún lo estoy.

– Sí – contestó Giacometti -, ahora me parece que esta escultura ha quedado bien;  yo quería hacer algo muy ligero. Es curioso, pero eso me ha llevado mucho tiempo.

– ¿Quiere usted decir que trabajó de modo especial y durante largo tiempo esta escultura?

-No, únicamente que pasaron muchos años entre el momento en que tuve la visión y el momento en el que la realicé…Casi tres años, creo.

– ¿Esto es excepcional, o bien le sucede con frecuencia?

– Para esta escultura, me parece que era algo particular.

– Es extraña esta idea de una carretilla casi romana. Y esta mujer sobre la carretilla que hace pensar en una  diosa antigua, ¿es un retrato de Annette?

– No, no precisamente Annette – respondió Giacometti-, es un retrato de todas las mujeres”.

Todo esto lo va contando  Alice Bellony en una de las tardes que estuvo con el célebre escultor, visitando su taller en París, rue Hippolyte- Maindron, en noviembre de 1962. (“Une soirée avec Giacometti”)( L´Échoppe). Ella había realizado entrevistas para La Voz de América y había sido corresponsal para la página literaria de la Gazette de Lausanne y admiraba y le tenía intrigada este artista.giacometti-rr-1951

“La indigencia del taller de Giacomettiescribe la periodista evocando aquella tarde -es absolutamente impresionante: el suelo de cemento, los muros severamente castigados por el tiempo, nunca embellecidos por un toque de pintura,  aparecían constelados aquí y allá por algunos esbozos, números de teléfono, direcciones vivamente anotadas, graffitis o simples manchas. Un polvoriento diván situado todo a lo largo del muro, mirando a la ventana, bajo una especie de galería, una silla sin edad y el indestructible taburete de madera frecuentemente destinado para que se siente el modelo, componen todo el mobiliario. Para Alberto sólo cuenta esto que es indispensable para la obra: aunque el taller, estrecha y larga pieza, sienta encima toda la polvareda, algo hay aquí de inquietante. Sin embargo, la reputación de Giacometti traspasa largamente las fronteras de Francia y de Europa (…) Pero Alberto Giacometti, célebre y sin duda rico, ha conservado, contrariamente a la mayor parte de los artistas reconocidos, el taller de un pobre debutante”.

Hace pocos días hablé aquí de este escultor de finuras y de alados alambres, y hoy vuelvo a él, a su taller parisino de la calle Hippolyte-Maindron. Impresiona siempre el silencio donde tiene lugar el acto creador. Pocos muebles, una concentración, una visión, las manos que lentamente moldean el vacío. El vacío se deja moldear y los dedos del escultor obedecen a lo que le dicta el cerebro. Y la figura de la mujer sin espesor, viajando en el tiempo sobre las ruedas de la carretilla, tiene algo de misterioso y antiguo, el secreto que sólo Giacometti conoce.

(Imágenes: “Le Chariot”, de Giacometti/ Giacometti en su taller, trabajando ante Annette) 

HOMBRE QUE AVANZA, HOMBRE QUE ZOZOBRA

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“En la calle, en el café – decía Giacometti -, las gentes me asombran y me atraen más que cualquier pintura o escultura. Un día huí del Louvre por no poder soportar más, no las obras, sino la verdad de los rostros. En todo momento, los hombres se juntan y se separan, y luego se aproximan para intentar reunirse de nuevo. Así, forman y transforman sin cesar vivas composiciones de increíble complejidad. La totalidad de esta vida es lo que quiero captar”.

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Hombres que avanzan, hombres que zozobran. Las plazas llenas de soledad afilada, cada sombra con sus pensamientos. Los alambres de las espaldas y de los torsos, la escueta línea de las piernas sin músculos, los pasos casi aéreos. Y sin embargo caen las preocupaciones sobre el bronce, la carga de la existencia en los hombros.  “Antes creía ver a los personajes de tamaño natural- decía Giacometti -. Cuanto más retrocedía para conservarlos enteros, más disminuían. Sólo desde 1946 comencé a percibir esa distancia que hace a los hombres reales y no el tamaño natural. Mi visión se hizo más amplia”.giacometti-z-hombre-que-zozobra-1950-1951

Cuenta la leyenda que Giacometti, durante los cuarenta años que vivió en el mismo estudio no cambió o movió prácticamente nada. Y durante sus últimos veinte años retomó una y otra vez los mismos cinco o seis temas.cartier-bresson-giacometti-paris-1932-fondation-cartier-breson

Hombre que avanza, hombre que zozobra. Hombre que atraviesa el estudio con otro hombre en brazos.  Hombre que cree avanzar y ve que la zozobra le invade. Hombre que se yergue de nuevo ante la zozobra y que sigue avanzando.

 En el fondo, siempre cinco o seis temas.

(Imágenes:1.-Giacometti.-“Hombre que avanza”·, 1958.-museumsyindicate/ 2.-Giacometti.-“Plaza”, 1948.-museumsyindicate/ 3.-Giacometti.-“Hombre que zozobra” 1950.51/ 4.-Giacometti.-por Cartier-Bresson, 1932.-Fondation Cartier-Bresson)