MORIR COMO VIAJAR

viajar.-el hombre con la maleta.-por Alberto Sughi.-1992.-artnet

Ahora que pasan los obituarios por el arco iris de las palabrasBenedetti, Rafael Conte, tantos más – recuerdo las frases de Vincent Van Gogh a su hermano Théo:

«Si tomamos el tren para irnos a Tarascón o a Ruán, tomamos la muerte para irnos a una estrella. Lo que es realmente cierto en este razonamiento es que, estando en vida, no podemos irnos a una estrella; lo mismo que estando muertos no podemos tomar el tren. En fin, no me parece imposible que el cólera, el mal de piedra, la tisis, el cáncer, sean medios de locomoción celeste, como los barcos a vapor, los ómnibus y el ferrocarril, lo son terrestres. Morir tranquilamente de vejez sería ir a pie». («Cartas a Théo«) (Barral editores).

Ahora que pasan las palabras por encima de tantos obituarios morir recuerda mucho al viajar.

(Imagen: «Andare dove? L´uomo con le valigie».- por Alberto Sughi.-1992.-artnet)

¿EL BLOG HERRAMIENTA EDUCATIVA ?

 

cielo.-WW44.-por Noeeta Madahar.-2007.-Howad Yezerski Gallery.-artnet

Es indudable que los blogs están siempre vivos y sus movimientos y proyecciones interesan. Hace poco, en Evento Blog España, José Luis Antúnez lanzó a varios profesores e investigadores de distintas universidades esta pregunta:: ¿cuáles pueden ser las principales aportaciones de un blog como herramienta de uso educativo?

Por su indudable aportación extraigo – y copio-  aquí alguna de las respuestas: 

   Juan José García-Noblejas, de Scriptor.org contestó así a la pregunta:

 «Las principales aportaciones educativas del blog me parece que tienen que ver con una mayor trasparencia intelectual y lingüística de los docentes ante los discentes y los colegas. Un blog de asuntos algo más amplios que el programa de una materia es muy ilustrativo del alcance y validez de lo que se enseña en el aula. Los inconvenientes vienen asociados con las exigencias de brevedad, que si bien facilitan la transmisión de información, dificultan la comunicación al tratar asuntos complejos e interdisciplinares de modo adecuado.
No dudo que los profesores con blog tienden a ser más comprendidos, admirados y apreciados, en lo que dicen sobre lo que saben, y en cuanto personas dignas de ser preguntadas al respecto».

 Antonio Fumero, de Antoine’s blog , señaló por su parte: 

« Aun no han sido explotadas, pero puede ser, entendido en sentido amplio, una herramienta para integrar una narrativa digital desconocida en nuestro sistema educativo. Se pueden apalancar algunas de sus características instrumentales para vencer ciertas barreras en la utilización de herramientas web. Ahora mismo se me ocurre que su principal virtud puede ser que es una expresión instrumental de la continuidad de la experiencia educativa y vital… Un blog es una expresión digital de tu identidad, que se puede manifestar en diferentes ámbitos de tu vida: la escuela, la Universidad, el trabajo, etc.».

azul..-por Brice Marden.-1976.-foto Brice Marden.-Artiist Rights Society.-New York.- The New York Times

A su vez, refiriéndose a algunos aspectos de la Red, Tístar Lara, de Tiscar. com, Vicedecana de Cultura Digital en EOI Escuela de Negocios y profesora de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid comentó lo siguiente:

«Me interesa mucho analizar la Red como ecosistema, como un espacio a cuidar y proteger, donde no sólo recoger conocimiento sino también adonde volver para compartir lo producido a partir de ello. En mis clases solemos enfocar el trabajo de producción en un entorno 2.0 bajo la secuencia Reutilizar-Reconstruir-Devolver: primero empezamos por buscar, descubrir y encontrar información, materiales, etc. que sea de nuestro interés (viendo cuestiones como privacidad, propiedad intelectual, etc.); después los remezclamos aportando nuestro propio trabajo; y finalmente los devolvemos a la Red, compartiéndolos en aquellos espacios que tan bien nos sirvieron en un principio para avanzar (tratando temas como la identidad, el concepto de autoría, etc.)».

Indudablemente el blog y la Red suscitan siempre temas interesantes.

(Imágenes:- 1- Cosmose Blue Vl.- 2007.- por Neeta Madahar.-Howard Yezerski Gallery.-arnet/ 2- Brice Marden.-1976.-Artist Rights Society.-The New York Times)

UN CUENTO ES COMO ANDAR EN BICICLETA

muro.-3

-¿Qué es un cuento para usted?.-le pregunté en 1983 a Julio Cortázar. Fue en Madrid, nueve meses antes de su muerte.

— Yo creo que nadie ha definido hasta hoy un cuento de manera satisfactoria, cada escritor tiene su propia idea del cuento. En mi caso, el cuento es un relato en en el que lo que interesa es una cierta tensión, una cierta capacidad de atrapar al lector y llevarlo de una manera que podemos calificar casi de fatal hacia una desembocadura, hacia un final. Aunque parezca broma, un cuento es como andar en bicicleta, mientras se mantiene la velocidad el equilibrio es muy fácil, pero si se empieza a perder velocidad ahí te caes y un cuento que pierde velocidad al final, pues es un golpe para el autor y para el lector.

Estos ocho cuentos, ¿cómo podrían clasificarse de alguna manera?

– Me parece a mí que hay dos tipos de cuentos bastante diferenciados. Algunos en donde predomina el elemento fantástico, que usted dabe bien que es una constante en casi todos los cuentos que he escrito. En otros cuentos, aunque también esté presente un factor fantástico, lo que me ha interesado a mí directamente ha sido una referencia directa a problemas que me angustian personalmente, a mí y a tantos más, concretamente a conflictos que afectan al tema de América Latina en general.

– En este libro (acababa de aparecer «Deshoras«)  aparecen cuentos llenos de nostalgia.

– Tal vez para un escritor la única manera de combatir ciertas nostalgias es escribiendo y, naturalmente, la nostalgia se abre paso en el tema del cuento y en todo el cuento, pero en estos de Deshoras yo creo que hay algo más que nostalgias. Hay denuncia, hay protesta y hay combate por lo que sucede en la Argentina, es decir, un clima de opresión, un clima de miedo, de desapariciones y de asesinatos, todo eso se refleja con bastante claridad, por lo menos, en uno de los cuentos.

– ¿Prima más la procupación por temas políticos que por los literarios?

– No. Depende de los momentos. La literatura es mi vocación, y lo que usted califica de política es una labor de interés militante. Mi vocación profunda es la literatura, pero yo no quisiera alejarme del todo del tema de Nicaragua sin decir que me parece que este es el momento que más que nunca Nicaragua necesita de la solidaridad de todos los pueblos que a su vez están luchando por una base social, como es concretamente el caso de este país. Tengo la impresión de que los intelectuales españoles y que todo el mundo en España puede hacer mucho más en el plano de la solidaridad con un país como Nicaragua. Estoy seguro de que lo van a hacer.

– Hay un cuento suyo en su libro Deshoras que da la impresión de acercarse más a un ejercicio de experimentación. ¿Cómo clasificaría usted este relato?

– Bueno, es un experimento para ver  si frente al problema de no encontrar un camino para escribir un cuento -al describir esas dificultades en forma de Diario (es decir, todos los problemas del escritor que no encuentra el camino)-, el cuento queda atrapado dentro del Diario. Digamos que puede haber un cierto elemento de trampa en eso, puesto que yo tenía conciencia de lo que estaba haciendo, pero soy muy sincero cuando digo que nunca hubiera podido escribir ese cuento directamente como un cuento, tuve que dar vueltas en torno a él, mirándolo por todos lados y hablando continuamente de los problemas que me impedían escribirlo, y sucedió que al ir haciendo eso, el cuento se fue armando por dentro, bueno, eso es, si usted quiere, la experiencia. Espero que el lector la sienta como tal y le agrade.

– En este momento, en 1983, tras haber escrito numerosos libros de cuentos, ¿cree usted que existe actualmente una evolución en la forma de contar o bien prosigue con los caminos ya iniciados anteriormente?

– No lo sé a ciencia cierta. Por un lado me doy cuenta de que con los años y por el hecho, quizás, de haber escrito ya tantos cuentos, estoy trabajando de una manera más seca, más sintética. Me doy cuenta al escribir que cada vez elimino más elementos, no diré de adorno, pero sí elementos de estilo que al comienzo de mi trabajo se hacían ver, se hacían sentir, y que tal vez le daban más follaje, más savia a los cuentos; algún crítico me ha señalado que estoy escribiendo de una manera muy seca, con lo que quiere decir, demasiado seca; no creo que sea demasiado. Tengo la impresión de que he llegado a un momento en que digo lo que quiero decir y no necesito agregar una sola palabra más. Tengo la impresión también de que los lectores actuales, los lectores que ahora se interesan por la literatura, sobre todo por la latinoamericana, están altamente capacitados para seguir ese estilo, ya no necesitan el floripondio romántico ni el desborde de tipo barroco. Yo creo que el mensaje puede llegar directamente y con toda intensidad, con lo cual no quiero decir que mi manera de escribir sea la única que me parece válida, muy al contrario. Pero desde luego hay una evolución, espero que los críticos no digan que es una involución, pero no me toca a mí saberlo.

– ¿El título de Deshoras lo ha escogido usted por algún motivo peculiar?

– Es el problema de encontrarle un título coherente a un volumen de cuentos, puesto que los cuentos son siempre tan diferentes entre sí; en este caso el cuento que se llama Deshoras hace una referencia, la palabra lo está indicando, al hecho de una no coincidencia en el tiempo, destinos que pasan uno al lado del otro sin encontrarse, sin juntarse, y los ocho cuentos de este libro, cada uno a su manera, están mostrando ese tipo de desajuste, de falta de armonía en una determinada situación; entonces me pareció que el título Deshoras se aplicaba bien al libro.

(…)Cortázar.-bibliotecasvirtuales

– Usted habla en su último relato de la «cosquilla del cuento». ¿Suele traerle ya esa «cosquilla», la manera de hacer cuentos?

– Puedo contestar afirmativamente a eso, sí, porque, claro, es más que una «cosquilla», es…

– ¿La «manera» o la «estructura»?

– Bueno, tal vez estamos hablando de la misma cosa, porque la estructura no puede ser una estructura si no contiene una opción previa sobre la forma en que se va a construir el cuento; y en general, la noción general del cuento, el tema en «grosso modo», en mí viene acompañado ya de la forma en que tengo que hacerlo. Es decir, yo sé automáticamente cuando me pongo a la máquina que tengo una idea general de un cuento que me obsesiona, esa es la «cosquilla», que me obliga a escribirlo; pero también sé, sin poder dar ninguna explicación racional, si ese cuento lo voy a escribir en primera persona o en tercera. Eso lo sé, lo sé sin razones, sé perfectamente que voy a empezar a hablar de mi «yo», o bien voy a empezar a hablar de algún punto o algún tema. Y eso no tiene explicación, eso se da así.

– ¿Le plantean muchos problemas los llamados «finales perfectamente cerrados» en los relatos breves? Y, ¿cuándo rompe la norma?

– Por lo que a mí se refiere, la idea que yo me hago del cuento y la forma en que lo realizo es siempre un orden muy cerrado. Por ahí he escrito que para mí un cuento evoca la idea de la esfera, es decir, la esfera, esa forma geométrica perfecta en la que un punto puede separarse de la superficie total, de la misma manera que una novela la veo con un orden muy abierto, donde las posibilidades de bifurcar y entrar en nuevos campos son ilimitadas. La novela es un campo abierto verdaderamente; para mí, un cuento, tal como yo lo concibo y tal como a mí me gusta, tiene límites y, claro, son límites muy exigentes, porque son implacables; bastaría que una frase o una palabra se saliera de ese límite, para que en mi opinión el cuento se viniera abajo. Y he visto muchos cuentos venirse abajo por eso, por destruirlo todo en el último momento, por ejemplo, con una tentativa de explicación de un misterio, cuando el misterio era más que suficiente en el cuento, cada uno podría encontrar allí su propia lectura, su propia interpretación. Hay gente que malogra cuentos, poniéndolos excesivamente explícitos, entonces la esfera se rompe, deja de ser el orden cerrado.palabras.-3

(Me dijo todo ello en mayo de 1983.

De paso por Madrid, el contraluz parisino de su máquina de escribir en la ventana, sus gatos, la cola enroscada de sus historias en Bestiario, en Todos los fuegos el fuego, en El perseguidor, los maullidos ronroneantes de sus cuentos soñados, de sus historias despiertas, las noches boca arriba dándole vueltas a un relato agazapado, la continuidad de los jardines de su memoria, su andar por los andenes del «Metro» de París como el argentino cabeceando un ritmo de jazz igual que una trompeta en el silencio, su trabajo de traductor, aquel arañazo mortal de la enfermedad última, todo había desaparecido y estaba a la vez presente en nuestro encuentro. Ahora sólo tenía ante mí, en aquel hotel madrileño cerca del Retiro, los ojos singulares de Cortázar, peces ahogados en cuentos) («Diálogos con la cultura«, págs 227-236) y Revista «Espéculo«)

(Pequeño recuerdo de Cortázar a los 25 años de su muerte)

(Imagen:-fotografía de Cortázar.-bibliotecasvirtuales)

AUTOMÓVIL Y LITERATURA

bergman.-7

 «Apenas salgo de la ciudad me doy cuenta de que ha oscurecido. –escribe Italo Calvino en un cuento de 1967 -Enciendo los faros. Estoy yendo en coche de A a B por una autovía de tres carriles,de ésas con un carril central para pasar a los otros coches en las dos direcciones. Para conducir de noche incluso los ojos deben desconectar un dispositivo que tienen dentro y encender otro, porque ya no necesitan esforzarse para distinguir entre las sombras y los colores atenuados del paisaje vespertino la mancha pequeña de los coches lejanos que vienen de frente o que preceden, pero deben controlar una especie de pizarrón negro que requiere una lectura diferente, más precisa pero simplificada, dado que la oscuridad borra todos los detalles del cuadro que podrían distraer y pone en evidencia sólo los elementos indispensables, rayas blancas sobre el asfalto, luces amarillas de los faros y puntitos rojos». («La aventura de un automovilista» en «Los amores difíciles«) (Tusquets)

El automóvil – como tantas otras cosas – ha sido motivo literario en muchos autores, y la exposición «Auto. Sueño y materia» que se celebra en la ciudad española de Gijón hasta el 21 de septiembre nos puede evocar creaciones diversas, entre ellas el viaje de Kerouac » En el camino» o – retrocediendo muchos años – las descripciones que Corpus Barga hizo en su visita a Rodin, en Meudon, en 1916: » El poderoso automóvil me lleva en volandas al retiro del escultor. Sube por una carretera que se desliza curiosa, aquí y allá, dando vueltas. A los pocos minutos, por el camino de una finca humilde, diríase de obrero enriquecido, avanza el auto, poderoso señor mecánico y movilizable, nieto de una gran dama recatada y portátil: la litera». («Entrevistas, semblanzas y crónicas») (Pretextos) noche en automovil.-foto Alex Prager.-Michael Hoppen Contemporary

El automóvil avanza pues por la literatura. Atraviesa las novelas con sus largos faros y los giros de sus neumáticos pisan celéricamente el borde de las frases, recorren velozmente capítulos enteros.  Dentro del automóvil va conduciendo el mensajero, al volante sus ambiciones, sospechas, celos, los amores difíciles que desean encontrar facilidad y felicidad. Llenan la carretera mensajes amorosos cruzados. Así escribe Calvino mientras conduce: «el mensaje amoroso dirigido exclusivamente a mí se confunde con todos los otros mensajes que corren por el hilo de la autovía, y sin embargo, no podría desear de ella un mensaje diferente de éste». El narrador va en busca de Y para intentar salvar su relación amorosa con ella pero aún no sabe si además se encontrará con Z, su contrincante u oponente.  «Entre los centenares de coches que la noche y la lluvia reducen a anónimos resplandores – sigue escribiendo Calvino -, sólo un observador inmóvil e instalado en una posición favorable podría distinguir un coche de otro, reconocer quizá quién va a bordo. Esta es la contradicción en que me encuentro: si quiero recibir un mensaje tendré que renunciar a ser mensaje yo mismo, pero el mensaje que quiera recibir de Y – es decir, el mensaje en que se ha convertido la propia Y – tiene un valor sólo si yo a mi vez soy mensaje; por otra parte el mensaje en que me he convertido sólo tiene sentido si Y no se limita a recibirlo como una receptora cualquiera de mensajes, sino si es el mensaje que espero recibir de ella».

Así van los escritores ( a veces sencillos, a veces complicados) lanzados bajo la lluvia, en la noche, conduciendo por las carreteras sus textos, en velocidad de aventuras, deseando llegar al final.

(Imágenes: 1.-escena de un film de Bergman/ 2.-foto: Alexander Prager.-2008.-Michael Hoppen Gallery)

BENEDETTI

Benedetti.-10.-ua.es

«Siempre he dicho que la realidad para mí ha sido la influencia prioritaria en todo lo que he escrito. Ya llegue a ésta a través de la observación corriente o llegue a través del inconsciente- dijo Benedetti -. Cuando tuve, en los años previos a la dictadura, aquella actividad política, tremendamente agobiante, no escribí nada. Sin embargo, luego que volví a mi trabajo como escritor, de pronto descubrí que escribía diálogos, situaciones que eran reflejo de cosas ocurridas en aquellos años. Yo no las recordaba, pero venían de allí. Cosas en las que nunca había pensado y que aparecían, salidas quién sabe de qué recoveco de la conciencia».

Luego le fue diciendo a María Esther Gilio:

«Escribir no sólo me permite entender cosas que están afuera mío. Escribiendo también logro entender problemas personales. De pronto los meto en un cuento o en un poema. Y así logro entender lo que era oscuro. (…) No suelo tomar notas de diálogos o situaciones que me interesan. Prefiero que esos diálogos o situaciones queden ahí dentro de una manera más difusa. Si tomo nota, corro el riesgo de escribirlo textual y creo que eso que recibí debe pasar por mi facultad de escribir. Es necesario que aquel personaje que existe en carne y hueso se convierta en personaje de ficción. Y para esto tiene que pasar por adentro mío. (…) Escribir me sirve para ordenar ideas y para entender. Y no me refiero a la novela, también a artículos, ensayos. Por ejemplo, en este momento, con todo lo que está pasando en el mundo. Lo que pasó en los países del Este, en la izquierda: una forma de ver claro en mí mismo es escribir. Porque escribir te lleva a concretar, a sintetizar, a reflexionar».

(Pequeña evocación ante el taquígrafo, vendedor, cajero, contable, traductor, librero, funcionario, periodista, poeta, novelista, cuentista, Mario Benedetti, que acaba de morir)

(Imagen:-Mario Benedetti.-ua.es.-Centro de estudios iberoamericanos Mario Benedetti)

DOS SERENIDADES

flores.-4

Leo en Ernest Hello, contemporáneo de Baudelaire:

«La rosa que se expande ofrece al sol el espectáculo de un combate, aquel de la luz y del abono».

«Existen dos serenidades, aquella de la estatua griega, el reposo de quien no está en cólera, y una segunda, otro tipo de reposo, la serenidad de un arte desconocido, al cual uno mismo no cesa de aspirar y que sería la representación del sosiego que procura la belleza».

Y aún unas páginas más adelante:

«El hombre que ama no es nunca mediocre».

Después cierro el libro.

REFUGIOS DE ARTISTAS

 

Barbizon.-8.-camino en el bosque de Fontaineblau.-Theodore Rousseau.-arnet

«Aquel que no ha visto bailar al padre Corot no puede hacerse de él más que una idea incompleta – escribe en 18881  Menard en «El mundo visto por los artistas» -. Es Camille Corot el que nos muestra cómo se practica la danza de las botellas. Se colocan botellas vacías en el suelo separadas irregularmente pero bastante alejadas entre sí para que pueda pasarse entre ellas sin volcarlas; únicamente, el espacio debe ser exacto. Cada uno se pone en fila, hombres y mujeres a continuación uno del otro, y al sonido de un rústico violón Corot abre la marcha. Al principio el movimiento es lento, pero después se acelera cada vez más hasta acabar siendo una galopada carrera; se trata de no hacer caer nunca las botellas para no ser expulsado del juego. El vencedor, en premio a sus habilidades, recibe una flor de manos de la recien casada«.

Son ocios y  diversiones a los que se entregan muchos artistas a mitad del siglo XlX en su refugio de Barbizon, junto al bosque de Fontainebleau, no muy lejos de París. Las casas aldeanas blanquedas de cal, los árboles cercanos, los caminos perdidos bajo las luces o las tormentas quedarán fijos en los paisajes de Théodore Rousseau, Millet o Díaz. Es la escuela de Barbizon , en el que el objetivo era reproducir exactamente la vida campesina en toda su crudeza. Rousseau diría que deseaba conservar intacta «la impresión virgen de la naturaleza«, y Baudelaire, sin embargo, reprocharía a Millet que «en lugar de extraer simplemente la poesía natural de su tema, se empeña en añadirle algo«.

En mis años de vida en París fuí en más de una ocasión a Barbizon y visité aquel refugio natural de artistas, las casas de la naturaleza y del cielo, los muros de los árboles, ventanas al atardecer. Asomándose a las nubes se comprobaba cuántos recintos propios construyen para sí mismos los creadores, páginas que son casas en el cuaderno de Auster o habitaciones que Patricia  Highsmith cerraba con llaves de aislamiento para proteger en soledad su escritura. Todo son casas, refugios, cuartos, bosques o cuadernos. Todos son árboles y caminos de letras, frases y pinceles andando a la vera del sol o de las sombras. Todo son cuestas y llanuras y jardines interiores como los que quiso hacerse para sí mismo el chileno Donoso en el silencio de Calaceite.Brabizon.-3.-Mujeres.-por Millet.-1857.-Museo de Orsay.-wikipedia

(Imágenes.-1.-Camino en el bosque de Fontainebleau.- Théodore Rousseau.- arnet/ 2.-Las espigadoras.-Millet.-1857.-Musée d´Orsay)

UMBERTO ECO, LIBROS E INTERNET

biblioteca.-657.-Bibloteca Administrativa de ,la Villa deParís.-por Candida Höfer.-Gallery K.-Oslo.-photography.-artnet

A veces en un blog no hay más que recoger cuestiones de interés. Tomado de scriptor.org, que a su vez las selecciona de la prensa, estas palabras de Umberto Eco:

«Los enemigos de los libros son «principalmente los hombres, que los queman, los censuran, los encierran en bibliotecas inaccesibles y condenan a muerte a quienes los han escrito. Y no, como se cree, Internet u otras diabluras«, afirma el literato en una entrevista que publica el diario turinés «La Stampa«.

«Internet enseña a los jóvenes a leer, y sirve para vender un montón de libros», añade.

Eco (Alessandria, 1932), Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2000, apuesta por una estrecha colaboración de las nuevas tecnologías con la literatura y defiende la existencia del libro electrónico, conocido como «e-book», como forma de soporte de textos.

«Si a su manera el (libro electrónico) resulta legible, se puede hojear fácilmente, es manejable, capaz de ser leído aunque no se tenga la batería totalmente cargada y, sobre todo, si ésta es duradera, se podrá hablar» del «e-book» como una alternativa, comenta Eco.

«Aún (no he usado ninguno) –continúa-, pero si, por cualquier trabajo, tuviera que transportar diez mil páginas de documentos, lo usaría con mucha satisfacción. Para leer una novela no lo sé. Para mí es importante mojarme el dedo para girar la página».

El escritor italiano asegura que el libro electrónico puede atraer nuevos lectores, de hecho, comenta que ha sabido de un «hacker» informático que comenzó a leer el «Quijote» de Miguel de Cervantes gracias a este soporte digital.internet.-33

Según Eco, Internet es la «madre de todas las bibliotecas», aunque ofrece dos principales diferencias con respecto a los tradicionales lugares de conservación de libros.

«Primero, los libros de una biblioteca muestran, a través del nombre del editor, su grado de credibilidad, y los sitios de Internet sin embargo no«, explica el escritor.

«Segundo –añade-, Internet ofrece también colecciones completas de grandes obras, pero sólo en traducciones libres de derechos (de autor) y no en la más reciente edición crítica. Por eso no va bien para muchas investigaciones de tipo filológico«.

Poco más hay que añadir a este tema siempre debatido y a estas palabras.

(Imágen:1.–Biblioteca Administrativa de la Villa de París 1.-2007 -por Candida Höfer.-Galleri K.-Oslo.-artnet/ 2.-sala de ordenadores)

GESTOS

 

manos.-AAA.-por Janine Antoni.-2004.-artnet

Ser elegante o ser educado consiste entre otras cosas – escribía Giovanni Della Casa, en el siglo XVl,  en»Galateo» – «en la forma de caminar, de estar de pie o sentado, en los movimientos, en el porte y en el vestir, no caminar demasiado deprisa ni demasiado despacio, sino buscar el justo medio«. La mano en la cadera, también para Della Casa, significaba signo de orgullo. Gentes diversas de distintos países han mostrado a través de la Historia variedad de gestos representativos: en 1617 – cuenta Peter Burke, al que he aludido ya en Mi Siglo alguna vez – Carlos García, que trató en un libro sobre la antipatía entre franceses y españoles en el siglo XVll,  hacía notar que «cuando los franceses van acompañados por la calle, siempre van saltando, riendo, voceando y haciendo tanta algazara y grita que pueden oillos de una legua; y los españoles van drechos, reposados y graves, sin hablar palabra, sin hacer otros mencos ni acciones, que las que pide la modestia y prudencia».marcel duchamp..retrato artool.-

Hoy sin duda hablaría de otra forma. En 1588, el embajador veneciano en Turín describía a la esposa del príncipe, la infanta, de la siguiente forma: «Educada en el estilo español (…) muestra gran sosiego, parece inmóvil». Pero Burke, al estudiar al italiano gesticulante, recuerda que todo lenguaje corporal es artificial en el sentido de que ha de ser aprendido. Un manual de etiqueta holandés del siglo XVlll condenaba a los italianos «que hablan con la cabeza, los brazos, los pies y todo el cuerpo» y Burke añade que la reforma de los gestos fue más profunda en los países del norte protestante de Europa, tales como Inglaterra, los Países Bajos y las regiones germanohablantes, que en el sur católico. Es como si Europa se hubiera dividido en dos culturas gestuales y en dos estilos retóricos, el lacónico y el profuso. Países enteros, han ido, pues, adquiriendo y modificando sus gestos a través de la Historia. Sentado en la veneciana Plaza de San Marcos en 1824, el escritor americano Washington Irving, se asombraba de la vivacidad y gesticulación italianas.

Hoy el gesto – en Italia y en muchas otras partes del mundo – se adelanta incluso a la palabra y la concluye mutilándola en el aire con sólo un movimiento de manos, con una mueca y un acento peculiar que sella toda la expresión. Es una rúbrica. Nada más hay que decir puesto que las manos- y quizá todo el cuerpo – ya lo han dicho todo.

(Imágenes: 1.-Janine Antoni.-2004.-artnet/ 2.- retrato de Marcel Duchamp.-artpool.hu)

DELICADOS EQUILIBRIOS DE AMISTAD

gentes.-885Y.-por Yong Sin.-2009.- AndrewShire Gallery.-Los Angeles.-USA.-artnet

Leo en el avance de prensa sobre el libro de Milan Kundera «Un encuentro» (Tusquets) que el autor de «La lentitud» recuerda cómo «la fidelidad a un amigo es una virtud, tal vez la única, la última» y traigo aquí algo de lo que escribí no hace mucho en una Revista sobre los límites de la amistad.

«¿Hasta dónde pueden llegar – dije yo entonces – los límites de la amistad? ¿Es que la amistad tiene algún límite? Edward Albee, el célebre dramaturgo norteamericano, escribió “Delicado equilibrio“, obra tensa y turbulenta que obtendría el Premio Pulitzer, se estrenaría en 1966 en Nueva York y sería luego  llevada a la pantalla en 1973 por Tony Richardson y protagonizada por Katharina Hepburn en el papel de Agnes, Paul  Scofield en el de Tobías, Joseph  Cotten en el de Harry y Betsy  Blair en el de Edna.

La casa de Tobías y de Agnes, en donde el delicado equilibrio del matrimonio se hace ya patente desde la primera escena, es “invadida” por una pareja amiga, la de Edna y Harry, que llegan aturdidos y aterrorizados por algo que les ha ocurrido fuera. Vienen en busca del refugio de los amigos, pero no aspiran a quedarse por un tiempo determinado sino que desean  ”instalarse” allí para siempre y encontrar permanente cobijo.

-Si el terror viene…desciende… -dice Edna pidiendo amparo a sus amigos- si de pronto…necesitamos…vamos adonde se nos espera, adonde sabemos que se nos quiere, no sólo adonde queremos; venimos adonde la mesa ha sido tendida para nosotros en esa oportunidad…adonde la cama está preparada…y calentada…y está lista por si la precisamos. No somos…transeúntes…

En el tercer acto, Tobías, en una confesión  en la que vuelca cuantas contradicciones  lleva dentro, exclamará:

-¿La amistad no llega a eso? ¿Al amor? ¿Cuarenta años no cuentan para nada? Hemos hecho lo nuestro juntos, viejo – le dirá a Harry -, somos amigos, hemos pasado buenas y malas juntos. ¿Cómo es ahora, viejo? (Grito) ¿CÓMO ES AHORA MUCHACHO? ¡¿BUENA?! ¡¿MALA?! ¡BUENO, SEA LO QUE FUERA LO HEMOS PASADO, VIEJO! (Suave) Y no tienes que preguntar. Te aprecio, Harry, sí, de verdad, no me gusta Edna, pero eso no cuenta para nada, te aprecio mucho; pero encuentro que mi aprecio tiene sus límites…¡PERO ESOS SON MIS LÍMITES! ¡NO LOS TUYOS! (…) ¡VAS A TRAER TU TERROR Y VAS A ENTRAR AQUÍ Y VAS A VIVIR CON NOSOTROS! ¡VAS A TRAER TU PESTE! ¡TE VAS A QUEDAR CON NOSOTROS! ¡NO TE QUIERO AQUÍ! ¡NO LOS QUIERO! ¡PERO POR DIOS…SE QUEDARÁN!

Esta enorme virulencia y  turbulencia de las palabras de Tobías que quiere y no quiere a la vez aceptar  a sus amigos, aceptarlos para que vivan para siempre en su casa, desencadena las contradicciones de un corazón dividido, corazón que sufría ya un “delicado equilibrio”  amenazando  su vida matrimonial.

gentes.-OIU.-por William T. Wiley.-1988.-artnet

No es el caso aquí de desvelar el desenlace de este intenso drama de Albee que presenta numerosas capas de interpretación social, psicológica y literaria. Esa “peste” de la que habla Tobías y que, según él, trae Harry desde fuera, es una  referencia e influencia indudable de Camus sobre Albee, ya que el autor norteamericano admiraba mucho al francés. ¿Pero qué haría cualquiera de nosotros en una situación así? ¿Aceptaría que un amigo angustiado se quedara a compartir para siempre y en nuestra propia casa nuestra vida? ¿Tiene un límite la  amistad? ¿O las fronteras de la amistad desaparecen puesto que si nos fijáramos en ellas no existiría verdadera amistad? El tema de la amistad  ha recorrido épocas e historia de la vida pública y  privada durante siglos. “Sin amigos – dejó dicho Aristóteles- nadie querría vivir, aunque tuviese todos los bienes”.  A veces la amistad se ha cristalizado incluso en objetos de recuerdo. Petrarca, que sentía un hondo afecto por San Agustín, había tomado la costumbre de anotar en un cuadernillo especial el diálogo que siempre mantenía con su amigo muerto hacía casi mil años. Guardaba celosamente para sí ese cuadernillo que era un objeto-reliquia en su vida íntima: había creado un verdadero discurso amistoso con una persona de otro tiempo. Más adelante, en 1441 y en Florencia, el certamen de la  Academia de aquella ciudad se centró en la amistad como asunto y se propuso tratar en lengua vulgar un tema institucional del mundo clásico.

Pero no solamente la distancia de siglos en la evocación personal sino el amplio espacio de amistad cuyo arco unen los libros ha servido en la Historia para acercar en confidencia a escritores y lectores e irlos haciendo cada vez más amigos. “Sin duda la amistad, la amistad que se refiere a los individuos – escribirá  Proust  -, es cosa frívola, y la lectura es una amistad. Pero al menos es una amistad sincera, y el hecho de que se dirija a un muerto, a un ausente, le da un algo de desinteresado, casi de emocionante. Es además una amistad exenta de todo lo que constituye la fealdad de las otras. Como nosotros, los vivientes, no somos todos más que unos muertos que no han entrado todavía en funciones, todas esas finezas, todos esos saludos en el vestíbulo que llamamos deferencia, gratitud, afecto, y en lo que tanta mentira ponemos, son estériles y fatigosos. (…) En la lectura, la amistad torna súbitamente a su pureza primigenia. Con los libros, nada de amabilidad. Estos amigos, si pasamos la velada con ellos, es verdaderamente porque tenemos gana de pasarla”.

gentes CCC.-trandformación.-1991.-foto Benny Andrews.-artnet

 

El argentino Ricardo Sáenz Hayes, miembro de la Academia de Letras, cronista y viajero, publicó un interesante volumen, De la amistad en la vida y en los libros“ (Austral),  en el que reúne a Tácito y a  Plinio, a Teresa de Jesús y a Juan de la Cruz, a Montaigne y a  La Boétie, a Cervantes y a Lope, a Boswell y a Johnson, a Goethe y a Schiller, a Carlyle y a Emerson. Célebres amistades fueron las de Brahms con el cirujano Billroth y es muy emocionante la correspondencia entre Henry James y Stevenson que contiene cartas extraordinarias entre los dos amigos. Célebre también, ya en España, es la amistad de Garcilaso con Boscán, cuando Garcilaso va escribiendo y describiendo la meditación del viajero sobre la amistad:

 

               Iba pensando y discurriendo un día

               a  cuantos bienes alargó la mano

               el  que de la amistad mostró el camino,

               y  luego vos, del amistad ejemplo…

 

Garcilaso va “discurriendo” así, sobre la marcha, la meditación sobre la amistad y la canaliza  poéticamente en una epístola.

  ”Si tienes un amigo en quien no confíes tanto como en ti mismo -había dicho ya  Séneca al principio -, o te engañas profundamente, o no conoces la fuerza de la verdadera amistad. Examina todas las cosas con tu amigo, pero ante todo examínale a él. Después de la amistad, todo se debe creer; antes, todo debe deliberarse. Medita largamente si debes recibir en amistad a alguno, y cuando hayas resuelto hacerlo, recíbele con el corazón abierto, y háblale con tanta confianza como a ti mismo”. Siglos después, con motivo de los indicios de privatización de la sociedad desde el  XVl al XVlll,  se descubre el gusto por la soledad y por la amistad, aunque ya no será  esa amistad aquella fraternidad que respondía a la camaradería militar de la Edad Media, sino la gran amistad que se encuentra  en Shakespeare o en Miguel Ángel.  

En España, en nuestro tiempo y ciñéndonos tan sólo a la poesía – además de la rica  Correspondencia entre Pedro SalinasJorge Guillén que revela toda la amistad entre ambos -, Elena,  la hija de Gerardo Diego, hizo públicos hace pocos años los testimonios de amistad que unieron al Grupo del 27. Gerardo Diego no quiso denominar  ”Generación” sino “Grupo” a esos poetas  y comenta  el autor santanderino  ”la traición, enemistad y prisa centrífuga” que, según él, caracterizó “a los del 98″ y que se repitió “con los diez años más jóvenes, los de la promoción siguiente”. Ante esto, Diego defendió siempre la amistad de los del 27. “Cada uno siguió su camino vital- dijo-. Todos vivimos y sufrimos la opresión del ambiente súbitamente afiebrado a partir de 1929 y la guerra nos separó a la fuerza. Pero la amistad no se rompió. En cuanto fue posible volvimos a comunicar por escrito o en persona”.

La separación física entre poetas – quienes permanecieron en España y quienes salieron del país – hacía vibrar el vínculo de la amistad entre todos, y  Gerardo Diego recuerda todo eso diciendo que “padecían la hondísima pena de no poder moralmente volver según su corazón o su criterio”.

 

 

 gentes.-KYOT.-por Alberto Sughi.-1965,.artnet

 

El primero en desaparecer fue Federico García Lorca. El segundo, Pedro Salinas. Su viuda escribió a Gerardo Diego: “Qué buen amigo es usted de sus amigos. Cómo le agradezco que me recuerde usted a Pedro en sus mejores cualidades espirituales”. El grupo, bien compacto, pudo verse en varias ocasiones. En 1950, Manuel Altolaguirre escribe a Diego: “Estamos en casa reunidos cotidianamente Moreno Villa, Luis Cernuda, Emilio Prados y yo y ahora esperamos venga a estar con nosotros Jorge Guillén que dará un curso en el Colegio de México”. Cuando muere Altolaguirre en 1959, las cartas que se cruzan Aleixandre, Gerardo Diego, Cernuda y Emilio Prados testimonian una vez más lo fuerte de una amistad. “¡Qué ejemplo de fidelidades a prueba de todo entre los miembros de este “grupo” – glosa  la hija de GerardoEs tan honda la compenetración entre ellos, su amistad, que se puede llegar a confundir a uno con otro como hizo un periodista!».

De todo esto hablé – aunque más extensamente – en el artículo escrito para Alenarterevista. Delicado equilibro es siempre el de la amistad.  Confidencia y  respeto caminando juntos. Tener un verdadero amigo es  casi un milagro y cultivar esa amistad es una extraordinaria tarea.

(Imágenes: 1.-Yong Sin.-2009.-AndrewShire Gallery.-Los Angeles.-artnet/ 2.-Villiam T. Wiley.-1988.-artnet/ 3.-Benny Andrews.-1991.-artnet/4.- Alberto Sughi.-1965.-artnet)

VER Y NO VER LOS TOROS

 

toros-www-escena-de-toros-por-francisco-de-goya-1824-museum-syindicate

Hoy que empiezan en Madrid las corridas de San Isidro, desde el siglo XVlll  hasta el XXl aún nos siguen llegando los ecos de los aplausos desde los tendidos y los desplantes y decepciones en las calles, los barullos de los antitaurinos como Eugenio Noel y los pros y contras cruzados que siempre congregaron en torno a sí la fiesta de  los toros. Diego de Torres Villarroel  lo recordaba desde Salamanca en 1752:

«PINTA, ANTES DE VERLA, LA FIESTA DE TOROS EN MADRID, Y DICE A UN AMIGO EL MOTIVO DE NO QUERER VERLOS

Supongo que ya estoy en talanquera

y que en el sitio dos doblones dejo,

por que me tueste el sol todo el pellejo

y me haga chicharrones la sesera;

 

doy por vista la célebre quimera

del que en la plaza se nombró despejo,

 que he visto de la guardia el entrecejo,

y desaguar las mulas la trasera.

 

Sale la Majestad, pisa la alfombra;

sale el bruto, se clava el rejoncillo;

ya pasó la función, nada me asombra;

 

vaya usted a coger un tabardillo,

mientra que yo en mi cuarto y a la sombra

corro en mi fantasía este torillo»

Entretenimientos del numen…», Salamanca, 1752)toros-rr-muerte-de-un-picador-francisco-de-goya-1794-museum-syindicate

Ver o no ver los toros. Los vieron desde la poesía Lope, Góngora, Quevedo, Vélez de Guevara, el Duque de Rivas, Zorrilla, Darío, Manuel Machado, Villaespesa, Villalón, Lorca, Gerardo Diego, Rafael Morales entre muchos. Otros no los vieron o se negaron a verlos.

«Iba en alto «Magritas» – se leía describiendo la figura de un torero en un periódico de Madrid, en 1950 -. Ya no iba de plata. De corto y de gris, iba muy pulido y cenceño, y siempre sonriente, como fue por su vida de postín sin postín. Yo esta tarde había visto, otra vez, otro gesto de «Magritas» en trance de entrar a banderillas, y que se me ha pasado antes al describir su estilo: cuando al abrir los palos para elevar los brazos, les miraba un momento los arpones. Ahora, ustedes lo añaden.

Vean ustedes a «Magritas«, ya en los medios, mirar los arponcillos al separar los palos. ¡Ya sale «Magritas»!  Bajando y subiendo los brazos con los rehiletes muy parejos, con las muñecas sueltas y pajarero el paso…¡Qué bien va!».

(R. Capdevila (Celestino Espinosa).-«Arriba«, 1950)

(Imágenes: 1.-Francisco de Goya: «Escena de Toros».-1824.-Museum Syndicate/ 2.-Francisco de Goya:»Muerte de un picador».-1794.-Museum Syndicate)

OREJA DE VAN GOGH, MIRADA DE VAN GOGH

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Oreja de Van Gogh, mirada de Van Gogh

«He aquí unos simples zapatos de campesinos.

Simple naturaleza muerta de las botas.

Simple par de botas.

¿Simple de verdad?

La mirada de Van Gogh es mirada de pintura, está cargada de pintura. Es, a pesar de cuanto digan luego sus intérpretes, una mirada virgen que se acerca a la pesantez de este calzado desabrochado y se fija en él intensamente, y lo pinta, tal vez porque no tiene otra cosa. Por desgracia ‑le escribe Van Gogh en estos meses a su hermana Wilhelmina‑, no he tenido ocasión de encontrar modelos; en cambio, he tenido ocasión de profundizar en la cuestión del color. Más adelante, cuando pueda encontrar modelos para las figuras, espero poner de manifiesto que lo que busco es todavía diferente que pintar flores o paisajes verdosos.

Van Gogh no tiene dinero para pagar modelos. Es 1887; vive en París, en la rue Lepic, con su hermano Theo. Ha venido de Holanda y su mirada no se ha perdido aún en los violetas azulados de Arles ni se expande en destellos amarillos. Se detiene únicamente en estas suelas que a su vez se encuentran detenidas. Las titula Naturaleza muerta de las botas. Las naturalezas muertas ‑dicen los estudiosos‑ no son objetos inmóviles, sino cosas que se han parado en un instante o también, vida parada en un instante. Más aún: vida parada en un instante inmóvil, puesto que lo inmóvil es más bien el instante y la vida en sí misma es movimiento.

Detenidas, pues, estas botas en su caminar, no tienen ‑como toda naturaleza muerta‑ ningún horizonte: el fondo está borrado por una superficie opaca, por una pared. ¿Dónde se encuentran estos zapatos? ¿en qué suelo? ¿Están en un pasillo? ¿Son los zapatos de Van Gogh? Quizá sí, eso sea lo que ocurra en estos zapatos de suelas rotas que evocan la existencia del vagabundo. ¿Qué hay de más banal, de más vulgar que este par de zapatos? Y sin embargo ¡qué grandes, bellas y nobles imágenes nos ha dejado Vincent de estos objetos! No es sorprendente que se haya escrito tanto sobre esta naturaleza muerta que, si hemos de creer a los psicoanalistas, sería un espejo de su alma.

Los psicoanalistas miran por encima de esta mirada del pintor y deducen que Vincent, fiel al mito una vez más, parece pedir a estos viejos zapatos, símbolos de resurrección, una prueba de renacimiento. Es, en todo caso, un hecho establecido que Vincent consideraba su estancia en París, que tan ardientemente había buscado, como un nuevo comienzo.

Hay entonces mirada sobre mirada. Una mirada médica sobre una mirada artística y hasta una mirada filosófica sobre la mirada estética. Así las célebres palabras de Heidegger observando fijamente este calzado:

    » Un par de botas de campesino y nada más. Y sin embargo…

En la oscura boca del gastado interior del zapato está grabada la fatiga de los pasos de la faena. En la ruda y robusta pesadez de las botas ha quedado apresada la obstinación del lento avanzar a lo largo de los extendidos y monótonos surcos del campo mientras sopla un viento helado. En el cuero está estampada la humedad y el barro del suelo. Bajo las suelas se despliega toda la soledad del camino del campo cuando cae la tarde. En el zapato tiembla la callada llamada de la tierra, su silencioso regalo del trigo maduro, su enigmática renuncia de sí misma en el yermo barbecho del campo invernal. A través de este utensilio pasa todo el callado temor por tener seguro el pan, toda la silenciosa alegría por haber vuelto a vencer la miseria, toda la angustia ante el nacimiento próximo y el escalofrío ante la amenaza de la muerte. Este utensilio pertenece a la tierra  y su refugio es el mundo de la labradora. El utensilio puede llegar a reposar en sí mismo gracias a este modo de pertenencia salvaguardada en su refugio.

 

Pero tal vez todas estas cosas sólo las vemos en los zapatos del cuadro, mientras que la campesina se limita sencillamente a llevar puestas sus botas. ¡Si fuera tan sencillo como parece!».

Así mira Heidegger estos zapatos.(«El origen de la obra de arte«, en «Caminos del bosque«) (Alianza)

Da igual que él hable en femenino o en masculino. La psicoanalista Gilberte Aigrisse y el filósofo Heidegger miran dando vueltas en torno a lo que significan estas botas que Van Gogh ha pintado y sobre todo ha mirado. El estilo, para el escritor lo mismo que para el pintor, decía Proust, es una cuestión de “visión” y no de técnica. Lo importante en Vincent es, pues, mirar. Como Cézanne ante las manzanas colocadas sobre una colcha, como Kafka ante el castillo checo de Wossek, el pintor y el escritor se quedan fascinados e imantados, clavados los ojos en la manzana y en el castillo. La manzana es realista y el castillo es simbólico; a la manzana se llega con toques de pincel y al castillo se llega con toques de pluma saliendo de la aldea y dando infinitos rodeos. Lo esencial es mirar».

El ojo y la palabra«, págs 41-44)

La oreja izquierda de Van Gogh y el sablazo de Gauguin son estos días la actualidad; la mirada de Van Gogh es lo que permanece siempre.

(Imagen: par de botas.-Vincent Van Gogh.-1887.-Baltimore Museum of Art.-Museum Syndicate)

TEATRO EN LA RED

 

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«TEATRO: ¿Es posible que no me ves herido, quebradas las piernas y los brazos, lleno de mil agujeros, de mil trampas y de mil clavos?

FORASTERO: ¿ Quién te ha puesto en estado tan miserable?

TEATRO: Los carpinteros por orden de los autores.

FORASTERO: No tienen ellos la culpa, sino los poetas, que son para ti como los médicos y los barberos, que unos mandan y los otros sangran.

TEATRO: Yo he llegado a gran desdicha, y presumo que tiene origen de una de tres causas: o por no haber buenos representantes, o por ser malos los poetas, o por faltar entendimiento a los oyentes: pues los autores se valen de las máquinas; los poetas, de los carpinteros, y los oyentes, de los ojos».

Esto hablaban el Teatro y un forastero en el diálogo que escribió Lope de Vega en 1622, como Prólogo dialogístico a la Décimasexta parte de sus Comedias.

Ya en otra ocasión Lope – que en 1618 había escrito 800 comedias y en treinta y un meses 127 comedias más,es decir, más de una por semana – había dejado dicho: «Dadme cuatro bastidores, cuatro tableros, dos actores y una pasión«.

noche-ren-quin-detalle-de-la-noche-lyceo-hispanicoEra y es siempre el Teatro. La pasión por la vida y por el misterio del Teatro. Cuarenta y cinco años antes de estas frases de Lope , «un asiento en una silla de brazos en un teatro de Madrid  en 1575– cuentan Macgowan y Melnitz en «Las edades de oro del teatro» (Fondo de Cultura)  – costaba un real y medio; un balcón, 6 reales. El administrador del teatro desempeñaba a veces el papel de revendedor de billetes de entrada, y subía el precio de los balcones hasta 32 reales. El producto de la venta del equivalente a las palomitas de maiz de hoy en el siglo XVl – fruta, agua y dulces – aumentaba sus ingresos. El comediógrafo vendía su obra totalmente. Los mejores tal vez obtuvieron 300 reales por un auto y 55o reales por una comedia. Con la última de las sumas mencionadas podía vivir durante un año o comprar 10 burros. Una comedia nueva raras veces se representó en Madrid más de 5 ó 6 veces«.

Ahora los textos que pudieron disfrutarse en el Corral de la Pacheca, por ejemplo, en 1574,  aquellos textos escuchados bajo un toldo tras subir por galerías y balcones, los textos repetidos en camerinos, recitados tras cortinas, declamados en el fondo del escenario, aquellos textos que paseó el actor vestido con una capa de 3.6oo ducados que había sido bordada con primor, atraviesan el tiempo y penetran en lo profundo de nuestras casas a través de la Red. La Red nos muestra lo que la  Biblioteca Nacional ofrece ya desde estos días:  los mejores textos del teatro clásico español – desde Calderón, Lope, Tirso de Molina, Vélez de Guevara y tantos otros. La audiencia se amplía casi infinitamente, el interés queda prolongado en los siglos, la curiosidad hojea estas simples palabras pronunciadas que levantaron tanta sonoridad de aplausos.

(Imágenes: 1.-National Geographic Collection/ 2.-Ren Quin: Tumba de Giuliano.-La Noche.-(detalle).-Lyceo Hispánico)

EL CAMINO DE LOS ENCUENTROS

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Por el camino de los encuentros Mi Siglo se cruza  -muchas veces veces diariamente – con otros caminantes que,  blog adelante, avanzan paso a paso por Internet intercambiando comunicación y conocimiento. Hoy no los puedo recordar a todos – alguno se me olvidará -, pero me alegra verles cada día asomándome a distintos países, en diversos rincones. Encuentro, por ejemplo, el silencio y la sabia soledad de Shgaga , los aciertos de Papier de Liberte, las puntualizaciones siempre precisas de Scriptor org, el comentario universal y bello de Una temporada en el infierno, la amenidad del Blog de Carmen ,  las lecturas de Un día más con vida o de El polizón del Ulises,  las anotaciones de El Recovero y tantos otros.

Muchos se me olvidarán hoy. Todos vamos marchando por caminos de encuentros. Solemos cruzarnos diariamente, y desde Marruecos a Italia o a Armenia, pasando naturalmente por España, nuestras comunicaciones se entrelazan. Desde Mi Siglo, gracias a todos.

TABERNAS DE MADRID

la-nueva-1-1-mayo-2009«Se mete en una oya de barro, una livra de tocino, mu partío, con aceite pa que se reajogue bien i sechan cuatro libras daluvias con cevoyas, agos, perrejil, comino, laurel, sal, pimentón i arrima la oya al fogón que cuesca cuatro oras».

«Receta de judías guisadas«, por el Tío Lucas, (citado por Ángel Muro en sus «Conferencias culinarias» (Madrid, 1890)

Tabernas, viejas tabernas del viejo Madrid, tabernas de mostradores antiguos donde se acodaron tantas conversaciones, entrelazado vocerío, platillos de familiar gastronomía, caracoles, más vocerío, aceitunas aliñadas, callos, gallinejas del Rastro…la-nueva-3-2-de-mayo-2009

«Mire, oiga lo que le digo. Haga caso de mí, que tengo más gramática. No compre el vino en la taberna del hermano de Jesusa, ni en la de José Cumplido, donde le conocen. Váyase a comprarle a la taberna de la calle del Oso o a la de los Abadales, donde no le conocen»

Benito Pérez Galdós: «Nazarín«, segunda parte, pág. 42)

Tabernas, viejas tabernas del viejo Madrid, las bandejas sorteando los hombros, espuma de cerveza fría…

(Imagen: Madrid, 1 de mayo.- «La Nueva».-Arapiles 7.-foto JJP)

MAYO

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 Todas las rosas son la misma rosa,

amor, la única rosa.

Y todo queda contenido en ella,

breve imagen del mundo,

¡amor!, la única rosa.

 

Rosa, la rosa…(Pero aquella rosa…)

La primavera vuelve

con la rosa

grana, rosa, amarilla, blanca, grana;

y todos se embriagan con la rosa,

la rosa igual a la otra rosa.

¿Igual es una rosa que otra rosa?

¿Todas las rosas son la misma rosa?

Sí. (Pero aquella rosa…)

 

La rosa que se aisla en una mano,

que se huele hasta el fondo de ella y uno,

la rosa para el seno del amor,

para la boca del amor y el alma.

(…Y para el alma era aquella rosa

que se escondía, dulce entre las rosas,

y que una tarde ya no se vio más.

¿De qué amarillo aquella fresca rosa?)

 

Todo, de rosa en rosa, loco vive,

la luz, el ala, el aire,

la honda y la mujer,

y el hombre, y la mujer y el hombre.

La rosa pende, bella

y delicada, para todos,

su cuerpo sin penumbra y sin secreto,

a un tiempo lleno y suave,

íntimo y evidente, ardiente y dulce.

Esta rosa, esa rosa, la otra rosa…

Sí. (Pero aquella rosa…)

Juan Ramón Jiménez: «Rosa íntima».flores-trpb-por-alessandro-twombly-2008-artnet (Imagen: Alessandro Twombly.-2008.-artnet)