LECTURA EN VOZ ALTA

 

 

“Dio un vistazo último a su librería a la luz de aquellas lámparas iluminadas aun siendo primera hora de la tarde. Las estanterías ya no las vería más. Sentado o paseando don  Bernardo Cortés había visto cómo la ciudad se había ido extendiendo hacia uno de sus lados, hacia el norte: la moda estaba ahora en vivir cara al futuro, cara a la imagen. Pocos habían leído en la comarca y los más viejos habían muerto. Los jóvenes  leían sólo por obligación en las escuelas, leían sobre todo en el móvil, en la pantalla : cosas útiles, avisos, mensajes, anuncios; escuchaban y no leían, miraban y no leían, viajaban y no leían: leer profundamente siempre suponía tiempo y reflexión; se tiraba el tiempo, el ocio de la ausencia del trabajo lo dedicaban a mirar aburridamente la naturaleza, a mirar aquel pájaro que cruzaba, aquel avión… Pero la naturaleza no era un libro : se contemplaba – cuando eso se hacía – sin reflexión, sin pensamiento alguno.

Miró el librero aquella estancia suya en donde ya nadie entraría a comprar y vio cómo se llevaban las cajas  llenas de libros, cómo las subían a un camión….. Guardó algunos de ellos y se dispuso a hacer lo que había decidido hace tiempo: ir de casa en casa, leer a los demás en voz alta, igual que se hacía hace siglos. “Aquí viene, señor, el lector”, dirían los criados a los  millonarios . Y el librero, tan amante de los textos, comenzó una de aquellas tardes su nueva vida: leía  a domicilio, de calle en calle y de familia en familia, pero sólo cuando le llamaban y quienes lo pedían. ¡ Un lujo para entonces! Ancianos aburridos le permitían leer un rato junto a la ventana. Y no se sabía a quién compadecer más: si permitir a aquel librero que  aprovechara su tiempo y leyera, o  que el otro ser anónimo escuchara, adormilado en un sillón, cómo le iban contando y leyendo historias en voz alta, cosas que a él ya  le parecían pura arqueología, cosas para muy iniciados, cosas muy de minorías…”

José Julio Perlado – ( del libro “Relatos”) (texto inédito)

(Imagen –Naoko Matsubara– oakville galleries)

CIUDADES LITERARIAS : FAROLAS, SOMBRAS Y ADOQUINES

 

 

“Existen tres elementos sin los cuales resulta imposible pretender que una ciudad sea literaria. Las farolas, los adoquines y las sombras deben darse conjuntamente en este orden –  así lo cuenta Nuria Amat en su interesante libroViajar es muy difícil”- . Las sombras a las que me refiero – comenta – pueden ser de personas o bien de apariciones fantásticas (…) Según Bioy, el puente Alsina de la ciudad de Buenos Aires aparece, por su aspecto, el más insignificante de todos los puentes de la ciudad fantasma. La visita cotidiana que Borges y Bioy solían hacer a este puente lo transforma en maravilloso. Más conocido para el lector corriente deben de ser el barrio de Palermo, el cementerio de la Recoleta, el parque Lezama, la Boca, Adrogué, o aquella esquina de las calles Belgramo y Pichincha (…) Nunca estuve en la calle Maipú pero me basta con escribir ahora esta palabra para ver el mundo, la puerta, la escalera y el apartamento del número 994 donde vivía Borges.

 

 

A diferencia de las sombras, las farolas son unas cajas de vidrio dentro de las cuales se pone una luz (…)  El colmo de las farolas de las ciudades literarias es el Faro o Pharo de Alejandría, situado en la isla del mismo nombre que linda con el puerto de la ciudad. El fuego del Faro de Alejandría ilumina día y noche la Biblioteca. Da luz al conocimiento. Los primeros escritores de Occidente disponían entonces de este instrumento imprescindible para acompañar sus noches.

 

 

Por lo que respecta a Tánger, cuando el que pasea por sus calles cree haber tropezado con un bulto móvil, se lleva la sorpresa de encontrarse con una  farola, y viceversa. Las farolas se confunden con las chilabas oscuras y blancas del hombre encapuchado. Pero las farolas tangerinas tienen fama de dar una luz muy escasa, al contrario de las petersburguesas. En San Petersburgo las farolas son exuberantes y están preparadas para engañar tanto a escritores adultos, como a adolescentes aprendices del estilo literario.

 

 

Si las farolas constituyen la parte blanca de la noche de los escritores, los adoquines conforman la parte negra. El suelo adoquinado de las calles concede al escritor, o a su sombra, particularidades interesantes. Gracias a ese variado crucigrama del suelo que cada paseante literato pisa una y otra vez se consigue por fin una mejor o peor literatura. Depende del adoquinado. James Joyce, por ejemplo, las noches en que no estaba ebrio, salía a caminar por las calles de la ciudad vieja de Trieste en busca de sus mejores frases. Se sabe por testimonios dignos de crédito que Joyce repetía una frase previamente concebida a la espera de que sus pasos la perfeccionaran o bien la condujeran al siguiente párrafo. Por su parte Pessoa bajaba en Lisboa por la rua dos Douradores hasta el café Brasileira, en el Chiado. Pessoa vivía prácticamente en este barrio donde las calles se distinguían por sus adoquines bicolores, ajedrezados y minúsculos, muy semejantes a mosaicos bizantinos”.

 


 

(Imágenes- 1-Brassai/ 2- André Kertész/3-San Petersburgo- 1869- Wikipedia/ 4-calle Mayor- Madrid- 1954/ 5-Niels Fisher)

VERANO 2018 (9) : ROMERÍAS

 

 

“Las ferias y romerías a algún devoto santuario, de los que abundan tanto en Asturias, ponen en movimiento y congregan su tranquila y dispersa  población, formando los únicos días señalados de su monótona existencia. – así lo va contando pausada y gráficamente José María Cuadrado en sus “Recuerdos y bellezas de España”-.  Se ven desembocar entonces por las sendas todas bulliciosos grupos de mozos y muchachas en traje de fiesta, ellas con su corta saya, con sus bordadas medias azules, con su corpiño trenzado por delante, con sus sartas de corales al cuello, con su pañuelo ajustado alrededor de la cara y atado encima de la cabeza, con su gracioso dengue o esclavina echada sobre los hombros y orlada con cinta de terciopelo, ellos con su característica montera, con su pantalón y chaqueta de paño pardo reemplazada a veces con la almillla encarnada o amarilla, vibrando en la mano un grueso palo con singular destreza.

Y de los valles circunvecinos se levantan alegres y vivos cantos alternados con otros incomparablemente graves de prolongadas y melancólicas cadencias, terminando con el atronador “ijujú” o alarido de guerra que retumba por las montañas. Las meriendas, las fogatas, los cohetes, los juveniles ejercicios de vigor y destreza, y los bailes sobre todo, entretienen la alegria de estas campestres reuniones.

 

 

(…) Para las apacibles tardes de verano, terminada la recolección de frutos, hay también danzas y cantares y corridas de mozos en que gana el más ligero la cuajada; para las eternas veladas de invierno, en torno del “llar” relumbrante, hay colaciones y juegos y cuentos maravillosos de la hermosura y poder de las “Xanas”, diminutas sílfides que brotando del manantial cristalino de las fuentes secan a los rayos de la luna sus delicados cendales, y de los siniestros presagios de aquellas misteriosas luces llamadas “Huestes” que callada y lentamente al través de las sombras van desfilando como precursoras de muerte  o de infortunio.”

(Imágenes -1-Roberto Díaz de Orosia/ 2- romeria – Asturias mundial)

VERANO 2018 (8) : LEÓN FELIPE

 

 

“¿Dónde está la estrella de los nacimientos?

La tierra, encabritada, se ha parado en el viento.

Y no ven los ojos de los marineros.

Aquel pez —¡seguidle!—

se lleva, danzando,

la estrella polar.

El mundo es una  slot-machine,

con una ranura en la frente del cielo,

sobre la cabecera del mar.

(Se ha parado la máquina,

se ha acabado la cuerda).

El  mundo es algo que funciona

como el piano mecánico de un bar.

(Se ha acabado la cuerda,

se ha parado la máquina)…

Marinero,

tú tienes una estrella en el bolsillo

¡Drop a star!

Enciende con tu mano la nueva música del mundo,

la canción marinera de mañana,

el himno venidero de los hombres.

¡Drop a star!

Echa a andar otra vez este barco varado, marinero.

Tú tienes una estrella en el bolsillo…

una estrella nueva de paladio, de fósforo y de imán”.

León Felipe – “Drop a star” (1929)

(en los cincuenta años de su fallecimiento )

 

 

(Imágenes -1- León Spilliaert/ 2-Salvador Dalí – 1942- museo de San Petersburgo)

V. S. NAIPAUL

 

En alguna ocasión he hablado en MI SIGLO de la formación de lecturas recibidas por V. S. Naipaul a través de su padre. Seepersad Naipaul le leía en voz alta a su hijo, entonces de once años, “varios parlamentos de Julio César, páginas sueltas de los primeros capítulos de Oliver Twist y David Copperfield, unas cuantas páginas de El molino junto al Floss, algo de los Cuentos de Shakespeare, de Lamb, relatos de O. Henry y Maupassant, y unas cuantas páginas de Somerset Maugham”. Era la formación del futuro escritor, el acercamiento a la voz y a los diferentes estilos de diversos narradores. Una escuela de lectura y una preparación para la escritura.

 

 

Ahora, ante el fallecimiento de Naipaul, vuelvo a los textos que Coetzee escribió sobre él evocando también lecturas e influencias. Naipaul, comentaba Coetzee, podía citar como  modelos literarios a Evelyn Waugh, Aldous Huxley y a Somerset Maugham. Hay que añadir a estos – seguía Coetzee–  “Joseph Conrad, el hombre de la periferia de Occidente que se convirtió en un clásico de la literatura inglesa, y que ha sido siempre uno de los maestros de Naipaul. Para bien o para mal, el África de Naipaul, con sus imágenes de maquinarias industriales oxidadas cubiertas de maleza, sale directamente de El corazón en las tinieblas”.

Todo un cúmulo de lecturas y aprendizajes a lo largo de una vida.

Descanse en paz.

 


 

(Imágenes-1- Jagdish Swaminathan -El pájaro y la sombra- 1981 / 2-Nagesh Sharma – 2008 – artnet/3-V S Naipaul -NDTV)

CUANDO UNO ESTÁ CANSADO

 

 

“Cuando uno está cansado y tiene la suerte  de poder ir a algún hotel del mundo siempre ocurre  ese mismo fenómeno que nunca figura en las guías de viaje. Hay una serie de habitaciones en el último piso en cuyas ventanas aparece a media noche la luna de verano. Es una luna redonda y solitaria, colgada sobre el océano. Desde la cama, con la ventana abierta, uno sigue el silencio blanco de esa luna omnipresente que se va desplazando muy despacio, casi intangible. Suele eso suceder hacia las tres. Es el momento en que parece haberse parado el tiempo. El tiempo se para, se detiene la atmósfera. La brisa refrescante del mar asciende hacia la luna y toca  las nubes. Por la ventana abierta llega la suave humedad nocturna hasta la cama. Uno se adormece, o al menos cierra los ojos. El cansancio, la polvareda de gases del invierno, la precipitación de escaleras y ascensores, el vibrar de los móviles, el centelleo de ordenadores, los gritos de los niños, las copiosas comidas, todo queda bajo los párpados. También el  ruido de las autopistas y el zumbido de los aviones. Da la impresión de que uno se haya quedado adormecido y de que guarde con los ojos cerrados la tensión del invierno. Desde la cama, de nuevo la luna inmóvil, la luna blanca en el centro de la ventana. El mar azul oscuro y la humedad azul oscura de la noche. Son ya las cuatro de la mañana. Parece mentira que en alguna parte del mundo donde se esté viviendo el Invierno, suban y bajen a esta hora inmensas multitudes por las escaleras del metro”.

José Julio Perlado – (del libro “Relatos”) (texto inédito)

(Imagen  – Anton Pieck)

HORAS EN EL MUSEO DEL PRADO

 

 

”Yo vengo aquí porque no veo, me doy cuenta de que no sé ver, de que pocas veces he visto algo”, decía María Zambrano  en “Una visita al museo del Prado”. Estos días se plantean sugerencias sobre lo que conviene ver en el espacio de una hora dentro del Museo. Tarea difícil y muy personal. En 1922, Eugenio D’ Ors publicó su célebre libro “Tres horas en el Museo del Prado”. En uno de sus prólogos, el dedicado a la undécima edición, en los años cuarenta, señalaba que “el Prado ha mejorado mucho, justamente  como consecuencia de haberse transformado poco”. Hace ya casi veinte años se evocaban una vez más los impresionantes tesoros que guardaba el Museo. Sólo de pintura española, así lo indicaba Gustavo Torner, el Prado tiene 23 cuadros de Zurbarán, 40 de Murillo, 52 de Ribera, 35 de El Gredo, 120 de Goya y 51 de Velázquez. En pintura flamenca parece ser que en el Prado hay más que en el resto del mundo, incluido Flandes. En total, 238 cuadros.

 

 

Sánchez Cantón en sus “Itinerarios de arte” recordaba también que el Prado “ no es un tesoro arqueológico, testimonio del pasado, inoperante fuera de la erudición, inteligible no más que por el docto, sino fuente viva de enseñanzas y de goces. Porque la sensibilidad de quienes no somos pintores puede explayarse en sus salas por el campo de la belleza plástica. Hay museos más completos; cada día son más los que piensan que ninguno aventaja al nuestro en riqueza estética”.

¿Cómo aprovechar entonces el valor de una hora dedicada a la contemplación?

 

 

(Imágenes-1-Velázquez- Pablo de Valladolid – museo del Prado / 2- Tiziano -1566– – autorretrato- Museo del Prado/ 3- Velázquez- Francisco Lezcano- Museo del Prado)

VERANO 2018 (7) : ELOGIO DE LAS FUENTES

 

 

“Se encuentra algo importante al final de ese sendero, y la buena fortuna  – así lo descubre y lo escribe John Burroughs – espera a quien se adentra a él. Es un camino concurrido que, si sube y baja con frecuencia una colina, es el más fácil de recorrer: al llegar a la fuente olvidamos nuestro cansancio, y éste nos ha dejado ya en el momento de dar media vuelta para regresar. Una fuente es siempre un punto vital en el paisaje. Verdaderamente, es el ojo de los campos y, con frecuencia, alguna cornisa o un talud le dibuja una ceja. O bien un árbol que el colono ha tenido la inteligencia de no cortar señala su sitio y dispensa un frescor refrescante que hace el agua más pura. A la sombra de ese árbol, se sientan los segadores para almorzar mirando estremecerse los campos con la brisa. Aquí, el paseante del domingo se detiene para sentarse cómodamente a leer; y baña sus manos y su frente en la frescura de la fuente. Aquí, la pequeña recolectora de fresas silvestres viene  con su cesta a descansar por unos momentos a la sombra. En efecto, una fuente es siempre un oasis en el desierto de los campos. Es un punto de creación y fecundación. Todo lo atrae hacia sí: hierbas, musgos, flores, plantas silvestres, árboles frondosos. El caminante la descubre, los campistas la buscan, el viajante construye su cabaña en la proximidad. Cuando el colono o el que busca nuevas tierras encuentra una buena fuente, ha encontrado un buen lugar donde comenzar a vivir. Ha encontrado la fuente de lo esencial que busca en este mundo.”

 

 

(Imágenes-1- piedra artificial / 2-fan del agua)

LA AUTOPISTA DEL SUR

 

 

“Cuando escribi ese cuento, La autopista del sur” – lo recordaba Cortázar en sus clases de literatura dadas en Berkeley, en 1980 – jamás había estado metido en un embotellamiento en una autopista de Francia ni en ningún país del mundo, o sea que fue un trabajo absolutamente imaginativo. Cinco meses después me vi metido en un embotellamiento en Borgoña, en Francia, cerca de la ciudad de Tournus, y aunque afortunadamente no duró tanto como el de mi cuento, duró de todas maneras seis horas bajo el sol, con una inmensa cantidad de automóviles detenidos y sin la menor posibilidad de salir por un lado o por el otro…”

 

 

Varias veces Cortázar ha comentado las vicisitudes de este cuento. En conversaciones con Evelyn Picon Garfield en “Cortázar por Cortázar el escritor argentino confesó que, tras acabar de escribir el cuento, cambió su final. “Era muy pesimista. Sobre todo el final es trágico porque es la dispersión fatal de gentes que finalmente habrían terminado por encontrarse y formar una pequeña sociedad, un pequeño grupo. Luego, cuando las condiciones que habían obligado a ese grupo se cortan, cada uno desaparece. El hecho de que de golpe se rompe el bloqueo y salen así, y cada uno se da cuenta de que no va a volver a encontrarse con el otro, en ese sentido es sumamente pesimista. Se terminaba el embotellamiento, el bloqueo. Pero el final era muy mecánico. Cuando lo releí sentí que las dos o tres páginas eran un poco geométricas, eran un poco duras.”

Es curiosa toda esta relación entre imaginación y realidad, entre invención y vida. “Cuando me pasó lo de mi embotellamiento tenía mi cuento en la memoria muy fresquito – decía Cortázar en Berkeley -, lo acababa de terminar, y me planteé problemas de escritor. “Ahora vas a ver si lo que escribiste está más o menos bien o si, como decimos los argentinos, has estado macaneando”.  Estoy seguro de que si alguno ha tenido esa experiencia de un largo embotellamiento en un camino, algunos aspectos de mi cuento los van a reconocer como una experiencia también vivida.”

Cortázar describe y escribe el embotellamiento sin saber que dentro de unos meses va a sufrir uno. Cuando lo viva personalmente, ajustará la realidad y la ficción.

 

 

(Imágenes- 1- Cortázar- foto Sara Facio – 1967- wikipedia/ 2-Robert Doisneau – 1969/ 3- foto Alex Prager-Michel Hoppel contemporary)

VERANO 2018 (6 ) : CESARE PAVESE

 

 

“Demasiado mar. Ya hemos visto bastante el mar.

Por la tarde, cuando el agua se extiende, incolora

y difusa en la nada, el amigo la observa

y yo observo al amigo, y mientras no habla nadie.

Ya en la noche, acabamos en el rincón de una taberna,

aislados entre el humo, y bebemos. Mi amigo tiene sueños

(son un poco monótonos los sueños junto al rumor del mar)

donde el agua es tan sólo el espejo, entre una isla y otra,

de colinas, salpicadas por cascadas y flores salvajes.

Su vino es así. Se contempla en el vaso,

alzando verdes colinas sobre el llano del mar.

Me agradan las colinas; y dejo que me hable del mar

porque su agua es tan clara que muestra hasta las piedras.”

Cesare Pavese– “ Hombres desarraigados”- ( traducción de José Agustín Goytisolo)

 

 

(Imágenes -1-  Winslow Homer- 1895/ 2- Hengki Koentjoro)

LA CASA DE VELÁZQUEZ

 

 

Los dos patios, los ventanales de frágil madera blanca y los pasillos laberínticos del número 4 de la casa de la calle Padre Luis Llop – es decir, la casa donde nació Velázquez y que ahora va a ser recreada para mostrar el ambiente del pintor y la Sevilla barroca-, quedaban entonces rodeadas por aquella ciudad que en 1599 ( el año en que nació el pintor ) era la más rica y poblada de España – como así  quiso recordarlo el director hace años del museo del Prado,  Alfonso Pérez Sánchez -. Era la ciudad de carácter más abierto, complejo y cosmopolita de todo el imperio y por decreto real gozaba del monopolio del comercio con América, y esto atraía sobre ella una rica colonia de mercaderes flamencos y genoveses que prestaban a las calles un tono de animación, vitalidad y riqueza.  Era la Sevilla del siglo XVl, con la nobleza de su abolengo y su cultura, heredera del ambiente humanístico, y que presentaba a la vez una burguesía de negocios en torno al oro de América. Pero ofrecía también la Sevilla de entonces un variado submundo de aventureros, pícaros y gente de mal vivir, al margen de la sociedad organizada, que llenaban los hospitales y acudían a recibir la “sopa boba” que los conventos repartían entre los pobres. Allí se encontraba  la famosa cárcel de Sevilla  y el mundo de su  picaresca que aparece en las ”Novelas ejemplares” de Cervantes. Y aquella Sevilla sirvió también en ocasiones de animado marco de la acción en comedias de Lope de Vega o de Tirso de Molina.

 

 

En medio de ese ambiente tan variado se encontraba la casa natal de Velázquez, el gran pintor al que Antonio Palomino en su “Museo pictórico” recuerda que  “ pronto se descubrió  en él su ingenio, prontitud y docilidad para cualquier ciencia, de suerte que los cartapacios de los estudios le servían a veces de borradores para sus ideas” Y es precisamente Palomino quien, al considerar en su práctica  de la pintura los diversos grados de los artistas , muestra su mundo y sus talleres. Talleres sevillanos a los que en sus primeros años acudió Velázquez, cruzando aquellas calles, saliendo de aquella casa hoy recobrada.

 


 

(Imágenes – 1 y 3- Sevilla en el siglo XVl/ 2- “las Meninas”, de Velázquez)

 

VERANO 2018 ( 5) : SAN DIONISIO, NÁXOS Y EL VINO

 

 

Narra Lawrence Durrell en sus “Islas griegas” una historia contada por un campesino analfabeto de Eubea, que es de suponer la conociera por una larga tradición oral, y que dice así:

”De camino a Náxos, San Dionisio vio una pequeña planta que excitó su curiosidad. La sacó de la tierra y como el sol era fuerte le buscó una sombra. Mirando a su alrededor, vio un hueso de pata de pájaro y en él colocó la planta para protegerla, pero ésta creció y creció y al buscar un abrigo mayor se encontró con un hueso de pata de león. Como no podía deshacerse del hueso de pájaro, metió todo dentro del de león. Pero seguía creciendo y creciendo, y él, buscando, se encontró con el hueso de la pata de un asno, lo metió todo dentro. Así llegó a Náxos y, cuando plantó la primera vid, pues ésta era la primera vid, no pudo separarla de lo que la cubría, así que enterró todo junto. Entonces la vid dio uvas y los hombres hicieron vino, ¡y lo bebieron por primera vez! Al principio, cuando bebían, cantaban como pájaros, después siguieron y se hicieron fuertes como leones; así continuaron, hasta que, por último, se volvieron tontos como asnos.”

 

 

(Imágenes -1- Grecia/ 2- playa de la isla de Náxos)

VERANO 2018 ( 4 ) : ELOGIO DE LA SARDINA

 

 

«Una sardina, una sola es todo el mar, a pesar de lo cual yo recomendaré  – comentaba Julio Camba en «La casa de Lúculo o el arte de comer» –  que no se coma nunca menos de una docena; pero vea cómo las come, dónde las come y con quién las come (…) Las mejores sardinas, en opinión de Pepe Roig, el boticario de Villanueva de Arosa, son las del jeito, un arte catalana que se introdujo en Galicia durante el reinado de Carlos lll, y contra la que protestaron todos los mareantes del litoral (…)  Considero inútil advertir que las sardinas asadas no deben comerse nunca con tenedor. El tenedor dislacera de un modo brutal las carnes de la sardina y, aunque sea de plata, altera sus preciosas esencias.  Nada de tenedor, por tanto. Esa invención italiana, especie de mano artificial, sirve para ahorrar la natural cuando se trata de una comida mediocre; pero en las grandes ocasiones no hay que andarse con remilgos. Coja usted la sardina con los dedos, colóquela encima de un cachuelo y siga esta regla de oro: para cada cachuelo una sardina y para cada sardina un vaso de vino.

Y si después de haberse tomado una docena de vasos de vino con una docena de cachuelos y una docena de sardinas no está usted satisfecho, tómese usted una docena más, pero no cometa el error de tomar otra cosa; en primer lugar, porque habrá usted tomado un alimento completo, y, en segundo lugar, porque todo seguirá sabiéndole a usted a sardinas, como todo seguirá sabiéndole a sardinas por la noche y todo seguirá sabiéndole a sardinas al día siguiente. Las sardinas asadas saben muy bien, pero saben demasiado tiempo. Después de comerlas uno tiene la sensación de haberse envilecido para toda la vida. El remordimiento y la vergüenza no nos abandonará ya ni un momento y todos los perfumes  de la Arabia serán insuficientes para purificar nuestras manos».

 

 

(Imágenes -: sardinas – turismodevigo)

VERANO 2018 (3) : JUAN RAMÓN

 

 

“El campo bajo todo negro,

sin una luz.

Arriba,

el camino celeste de Santiago,

las estrellas purísimas.

Vamos hacia otra tierra,

yo no sé si mejor…¡ Mejor! ¿Qué dicha

aguarda? ¿De  qué dicha me despido,

buscándola… otra vez?

¡Melancolía

de este vaivén constante y disgustado

que se llama “mi vida”!

¡No importa!  Tengo siempre

la vuelta. En la tranquila

soledad de la noche de verano,

la eternidad serena y sin salida

—única, novia fiel,

madre, hermana y amiga —

camina a todas partes

conmigo, siempre idéntica y divina.”

Juan Ramón Jiménez -“Viaje”-“Estío” (1915)

 

 

(Imágenes -1- David Inshaw- 1974/ 2- Claude Monet- 1880)

VERANO 2018 (2) : LOS PECES

 

 

“No es posible imaginarse con qué soñarán los peces. Incluso en el más recóndito rincón del estanque, entre juncos, su descanso es vigilia: por siempre la misma posición: es totalmente imposible decir de ellos: han echado una cabezadita.

Igualmente, sus lágrimas son como un grito en el desierto… incontables.

Los peces no pueden expresar su desconsuelo. Tal es la justificación del romo cuchillo que salta sobre su dorso para arrancarles las lentejuelas de sus escamas.”

Zbigniew Herbert– “Prosa poética”

(Imagen – Dante Terzigni)

BERGMAN, EL ZAPATO DE NUESTRA INFANCIA

 

 

“Los orígenes de “Fresas salvajes” nacen de cuando en mi juventud  pasaba temporadas en casa de mi abuela, en un pueblecito de Dalecarlia – decía Bergman -. Una mañana temprano me fui a Dalecarlia. Salí de Estocolmo hacia las cuatro o las cinco. Alrededor de una hora después estaba en Upsala. Al llegar a Upsala se me ocurrió de pronto pasar por el número 14 de la calle  Slottsgatan. Era otoño, el sol comenzaba a surgir detrás de la catedral, y las campanas tocaban las cinco. Entré en el patio que estaba cubierto de piedras redondas, subí las escaleras y en el momento en que empuñé el pomo de la puerta de servicio, que conservaba aún su cristal esmerilado de colores, me dije de repente: “Imagina que ahora abres la puerta y lo primero que ves es a la vieja Lalla, la cocinera, con su gran delantal. Está preparando el porridge, como tantas veces hizo cuando eras pequeño”. De pronto, podía abrir la puerta de mi infancia.

Creo que es Maria Wine quien dice que dormimos en el zapato de nuestra infancia. Es verdad. Y, de pronto, se me ocurrió hacer un film con eso. En un estilo muy realista, se abre una puerta, se penetra en la infancia, y luego se abre otra puerta, y de nuevo la realidad, luego tomas la primera calle a la derecha, y un nuevo fragmento de vida. Y todo descrito de una manera muy realista. Ese es el punto de partida de “Fresas salvajes”.

(en el centenario de Ingmar Bergman)

 

 

(Imágenes-1- Imagen de una película de Bergman/ 2- “Fresas salvajes”)