CINE Y CRISIS

estrellas-cine-1962-por-peter-phillips-artnet Leo estos días en Le Figaro el fenómeno de la afluencia masiva de espectadores al cine, huyendo, sin duda alguna, de la cruda realidad económica para refugiarse en el mundo de las bellas apariencias. De la apariencia  y de la realidad ya hablé en Mi Siglo en otra ocasión.

Pero ahora, según el estudio anual del Observatorio europeo de lo audiovisual presentado en Berlín a principios de febrero, este fenómeno de la asistencia al cine es mundial. De Estambul a Oslo, pasando por Bombay, Dubaï y Tokio y, naturalmente Estados Unidos, largas colas se concentran ante las taquillas. No así en España donde por causas distintas las últimas noticias informan de la desaparición de 150 cines y del abandono de las salas por 9 millones de espectadores.

Según recoge Le Figaro, Jeanine Basinger, historiadora del cine y directora del departamento del Séptimo Arte de la Universidad de Wesleyan en el Connecticut, asegura que está sucediendo “exactamente lo mismo que durante la crisis de 1929 y que en la Segunda Guerra Mundial. Entonces las gentes se echaron a la calle para ver cine, puesto que el público buscaba cambiar sus ideas. Los espectadores estaban ávidos de films de puro divertimento, pero también deseaban ver películas serias que les permitieran comprender mejor el mundo en el cual vivían. Se sabe que el número de espectadores va a aumentar, ¿pero verán éstos el cine en las salas de proyección, en el VOD de sus casas o a través de su teléfono móvil?”.

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El cine – como la literatura – es ficción. Todo gran escritor – recordaba Nabokov en sus cursos universitarios en Cornell – es un gran embaucador. No hay más que reemplazar literatura por cine y tendremos – como he dicho en alguna ocasión – que ” por el sendero de los nidos de araña de la embaucación, las gentes entran en las librerías (en los cines) y pagan por llevarse mentiras encuadernadas que les hagan escapar unas horas de la chata realidad, del metro, de la oficina, de la cocina, del tráfico y del comedor para sumergirse en esa otra realidad del metro, de la oficina, de la cocina, del tráfico o del comedor que cuenta cada escritor a su manera, algunos imitando mucho la realidad, pero entregando la esencia impalpable de una atmósfera familiar de interiores (como Chejov, como Cheever, como Carver) o enriqueciendo también lo auténtico con la inserción de lo fabuloso en la vida real, modificando así esa realidad hasta hacerla pasar sencillamente por los anillos del asombro” (“El ojo y la palabra“, pág 87)

(Imágenes: 1.-“Stard card table”, 1962.-por Peter Phillips.- artnet / 2.-Scarlett Johansson en “Lost in translation”)