¿ NOS ESTÁ REPROGAMANDO LA RED?

“La televisión es parte de la realidad en la misma nedida que los Toyota y los atascos de tráfico”  – decía en una ocasión  David Foster Wallace – No podemos, literalmente, imaginarnos la vida sin ella. La generación de americanos nacidos después de 1950 es la primera para la cual la televisión ha sido algo que vivir en lugar de algo que mirar (…) No somos distintos de nuestros padres porque la televisión presente y defina nuestro mundo contemporáneo. Nos distinguimos de ellos en que no tenemos recuerdos de un mundo carente de esa definición electrónica“. 

Por su parte el argentino Ricardo Piglia confiesa en “Crítica y ficción” (Anagrama) que  “el cine ha sido algo muy importante a lo largo de mi vida, puesto que paralelamente a leer libros veía películas, eran dos mundos paralelos, dos vidas. Creo que es una experiencia de toda mi generación, hemos estado muy conectados con el cine. Me parece que los escritores de mi generación somos los últimos que no vimos televisión de chicos, que no vimos el televisor como una presencia cotidiana, que está ahí desde que uno nace. como la madre, digamos, un aparato que habla y está en la casa, como algo con lo que uno tiene que establecer un acuerdo o algún tipo de relación, pero que está siempre ahí”.

¿Qué tipo de acuerdo hay que establecer con ese aparato? Sí,  el televisor está ahí, pero de la televisión como contenido comienzan a alejarse muchos jóvenes que se van refugiando en Internet. “La televisión es muy aburrida – ha reiterado el dramaturgo norteamericano David Mamet -. De vez en cuando, la enciendo en un hotel, pero es que es un auténtico muermo, sobre todo la ABC. Es hacia allí hacia donde va el futuro: hacia todos esos programas que parecen dibujos animados. Parece que las cadenas condescienden con el peor gusto. Da un poco de miedo, pero tampoco pasa nada; de todos modos, es algo que se veía venir en este país. (…) El problema está siempre en la televisión. Si uno no ve la televisión, puede aprender a hacer algo como tallar madera o incluso leer. El otro día hablaba con un amigo, una especie de experto en el mundo del espectáculo, y le dije: “No entiendo la televisión. Creo que comprendo ciertos aspectos esenciales de las actuaciones en vivo y el aspecto básico de la radio y el cine. Pero la televisión no la entiendo”. Y él me dijo: “La televisión es básicamente un  espectáculo para vender pócimas”. Y tenía razón. Para un número indeterminado de minutos de supuesto entretenimiento, la televisión captará nuestra atención durante treinta segundos para vendernos un frasco de aceite de serpiente. Éste es su carácter esencial. Es una herramienta para vender”.

Pero si uno abandona la lectura,  y abandona también la televisión, ¿a qué se entrega en Internet? También habrá que establecer un tipo de acuerdo o un tipo de relación con el ordenador y la pantalla  para que no nos devore.  Estos días están nuevamente muy vivas las reflexiones sobre el tema de la lectura e Internet, cómo Internet puede modificar nuestra forma de leer.  En un blog que siempre aporta  información completa y excelente, Nauscopio scipiorum, se cita un muy interesante artículo de Nicholas Carr titulado “¿ Qué le está haciendo Internet a nuestros cerebros?”.  En ese artículo a su vez se extraen unas palabras del dramaturgo Richard Foreman que dicen así: “Procedo de una tradición de cultura occidental en que el ideal (mi ideal) era la estructura compleja, densa, como una catedral de la personalidad de alta educación y expresión, el hombre o mujer que llevaba dentro de sí una versión individualmente construida y singular del patrimonio completo de Occidente. [Pero ahora] veo dentro de todos nosotros (yo incluido) la sustitución de la compleja densidad interna por un nuevo tipo de ser que evoluciona bajo la presión de la sobrecarga de información y la tecnología de lo “instantáneamente disponible”.

Tmabién en otro blog de referencia como es Una temporada en el infierno se comenta  el tema bajo el título,  “Internet, blogs y el futuro de la lectura”. Figuran en esa nota importantes citas del The New Yorker con artículos de Anthony Grafton, e igualmente del New York Times, abordando una vez más el asunto del porvenir de la lectura.

El debate está presente. Las opiniones, muy diversas.  ¿Es cierto lo que se dice al inicio del artículo de Nicholas Carr hablando de Google? : “ Nunca un sistema de comunicación ha ejercido una influencia tan amplia sobre nuestros pensamientos como hace hoy Internet. Pero a pesar de todo lo que se ha escrito sobre la Red, se ha pensado poco en cómo exactamente nos está reprogramando. La ética intelectual de la Red sigue siendo oscura”.

(Imagen: dibujo de Internet: Jeroen Wijering.-foto: film sill.-press designacademy.nl)