EL TALENTO DE MR. RIPLEY

La muerte prematura de Anthony Minghella, el hombre que dirigió “El paciente inglés”,Cold Mountain” o “El talento de Mr. Ripley” me lleva primero con el recuerdo al sol de la Riviera en donde Matt Damon habla, se burla, atrae y esquiva a Jude Law en un clima de astucia, codicia y soledad, pero pronto ese sol cegador me conduce a esta casa en Tegna, Suiza, a esta habitación, también de soledad, esta habitación en la que está golpeando la máquina de escribir Patricia Highsmith rodeada de sus objetos-fetiches: esos dos sables cruzados en la pared, uno de la guerra civil americana y otro de la guerra de Cuba y esos caracoles que ella cultiva y cría – que ha llevado consigo cada vez que se ha mudado de casa – y que han sido protagonistas de algunas de sus historias. Caracoles y gatos que la maestra de la intriga ama tanto, aunque más ama atraer al lector con argumentos inolvidables.

Si nos acercamos por detrás podremos asomarnos para ver en qué trabaja ahora y no nos sorprende que aún esté añadiendo más cosas a su valioso libro, “Suspense”. Cómo se escribe una novela de intriga ( Anagrama).
¿Y cómo se escribe?, nos preguntamos.
“La dificultad más frecuente con que tropieza el principiante cabe expresarla en esta pregunta: “¿Qué sucederá a continuación?” – dice Highsmith – Es una pregunta aterradora, que puede hacer que el escritor tiemble de miedo al público y, además, que dé la sensación de estar desnudo en un escenario ante una nutrida concurrencia sin saber qué hacer para entretenerla. De repente se ha visto obligado a pensar en algo que seguramente nunca se le ocurrió pensando, porque la inspiración o el germen de una idea nunca se presentan pensando”.
Cuando salgo de esta habitación en soledad, el cuarto de los sables cruzados y de los caracoles – y también de los gatos -, recuerdo que esa pregunta que se hace Highsmith es, en el fondo, la que siempre lanzan los niños.
-Y después a ella, ¿qué le pasó? – interrogan asombrados.
Porque el niño siempre quiere seguir la dinámica de la historia que le están contando, no quiere cristalizarla, no quiere que se haga estática. En la vida una cosa debe suceder a la otra.
– Entonces, ¿qué pasó? ¿qué pasó después? – vuelven a insistir.
Y Patricia Highsmith se esfuerza por contar qué le sucedió después a Tom Ripley, y a Dickie, y a su amiga Marge, y cómo el sol de la Riviera – como un cuchillo – cortó de un lado a otro la crueldad.