VENDER DESCRIPCIONES

 

 

“Según “Le Fígaro”, existe en París un literato que, desesperando de los obstáculos que encuentra para alcanzar la celebridad pero decidido, sin embargo, a vivir de su pluma pues no conoce otra herramienta —así lo va anotando Bioy Casares en su cuaderno de apuntes —, ha descubierto el oficio de “hacer descripciones”. Sucede que muchos autores tienen en carpeta novelas con una sobra de acción, pero la escuela moderna y aún los libreros exigen descripciones, largas descripciones que esos autores no saben escribir. Entonces los escritores , y también los editores, se dirigen al literato de marras — discreción garantizada — en demanda, mediante cientos de francos al contado, de descripciones de París matinal; París nocturno; París a vuelo de pájaro; los alrededores de las fortificaciones; la fiesta de Saint Cloud ; bastidores de saltimbanquis, etc. Todos estos artículos se pagan a altos precios. Pero el mismo autor tiene descripciones más baratas, como las de hogares pobres, las de castillos en que se pasa una vida modesta, y otras más.”

 

 

 

(Imágenes—1- Johnathan  Wolstenholme/ 2- Willy Ronis)

HOTEL LUTÉTIA

 

Rilke, James Joyce, Jean Anouilh, Nina Berberova, entre otros muchos, pasearon o vivieron en este Hotel parisino, situado en el Boulevard Raspail, y que ahora vuelve a abrir sus puertas tras cuatro años de remodelación. Numerosas anécdotas sorprendentes y pintorescas en torno a este Hotel Lutétia. Nathalie de Saint Phalle, cuando recorre los grandes hoteles literarios del mundo (Alfaguara), cuenta  que en 1929, “Nina Berberova está enganchada con un periodista menesteroso, aunque de esmoquin, a una calesa que deben arrastrar a todo gas entre las mesas, llevando como pasajeros a un acordeonista rumano y un abogado moscovita que, al bajarse, los gratifica con un billete de cien francos por lo mucho que se ha reído. Forma parte todo ello de los festejos anuales del Año Nuevo  ruso que desde 1926 montan espectáculos para recibir donaciones que ayuden a los sabios y a los escritores refugiados…”

 

 

 

Pero años antes, en febrero de 1913, Rilke se impacienta en el Lutétia mientras está instalando un estudio en París. “Toda esa instalación me agobia – escribe -, me despoja de la sensación de estar “en casa” en un sitio cualquiera . Hoy, jueves de la tercera semana de Cuaresma, la gente no quiere trabajar, pero mañana me traerán mis  muebles del almacén. Me quedaré en este hotel absurdo hasta que mi piso pueda acogerme…”

Las paredes y las alfombras de los hoteles guardan una memoria sorprendente. También el Lutétia donde el dramaturgo Jean Anouilh, con ansiedad mal disimulada tras las páginas desplegadas de un periódico, pidió la mano de su mujer...

 

 

(Imágenes -1- Nenad Bacanovic/ 2- Rilke- wikipedia/ 3- Williy Ronis-1953- hackel bury fine art)

“LOS CUADERNOS DE MALTE LAURIDS BRIGGE”

 

 

”Cuando leemos “Los cuadernos de Malte Laurids Brigge” – anota la gran crítica francesa Claude- Edmonde Magny – nos parece una obra que se puede escribir con total facilidad y naturalidad, y que Rilke sólo tuvo que volcar, sin modificación, la angustia experimentada al pasear por las calles de París. Pero olvidamos el esfuerzo interior que necesitó  para arrancarse la angustia que se le pegaba a la carne, proyectarla fuera de él y poder, finalmente, mostrar a plena luz su ansiedad, porque él la había puesto completa en las cosas, en el olor de las patatas fritas, del yodoformo y de la angustia que emanaba de la calle del Val-de-Grâce, habiéndola objetivado y como materializado en los cuchitriles reventados de la calle de Seine, con sus papeles pintados colgando.

 

 

(…) Para Rilke era más difícil escribir “Los cuadernos de Malte  Laurids Brigge” que cualquiera de los poemas que bosquejaba en un cuadernillo, concreción surgida espontáneamente de las profundidades del ser. Rilke escribe a Rodin:” Al escribir poesía uno siempre recibe ayuda, e incluso se deja llevar por el ritmo de las cosas exteriores; porque la cadencia lírica es la de la naturaleza: el agua, el viento, la noche. Pero para ritmar la prosa hay que adentrarse en sí mismo y encontrar el ritmo anónimo y múltiple de la sangre…”. Y ese ritmo “anónimo y múltiple “ no es el del hombre individual, subjetivo, atiborrado de sus pequeñas particularidades y preocupado por el dilema de su diferencia: es el del ser, que al final alcanza la “pureza del corazón”.

 

 

(Imágenes -1- Rilke – wikipedia/ 2- París – Willy Ronis. 1959- afterimage gallery – artnet/ 3- París- boulevard Montparanase – 1925- Eugene Atget)

WILLY RONIS Y LAS CALLES DE PARÍS

 

 

El fotógrafo Willy Ronis  – a quien en estos meses se dedica una exposición en el Jeu de Paume, en Tours – , recorrió París sorprendido continuamente ante instantes inesperados, costumbres, gestos y gentes. Mucho antes que Willy Ronis, París – prolongada en los siglos -, fue motivo de innumerables crónicas y retratos. El siglo XlX desplegó a numerosos autores en torno a sus calles. Julien Lemer, por ejemplo,  en «París au gaz», en 1850, hablaba de las costumbres nacidas en los Bulevares y extendidas luego en la vida de los parisienses. «Todos los cafés – decía – ofrecen lugares en las aceras; se ha establecido un grupo notable de ellos en la callle Lafitte y en la calle Le Peletier y no es raro ver en ellas, durante los calores del verano, los paseantes que se quedan hasta la una de la mañana a la puerta de los cafés, al lado de los espejos, de la cerveza y de las limonadas». Maupassant por su parte hablaba también en uno de sus libros de » los grandes cafés llenos de gentes, desbordantes sobre las aceras, con un público que estallaba bajo la cruda luz de las iluminaciones. En ellos, sobre pequeñas mesas cuadradas o redondas, los vasos contenían líquidos rojos, amarillos, verdes, oscuros, de todas las mezclas; y en el interior se veía brillar los gruesos cilindros transparentes de hielo que refrescaban».

 

 

A su vez, en Montparnassecomo  también lo hará el fotógrafo – los escritores retratan los rincones. Apollinaire, en 1913,  resumirá que «Montparnasse reemplaza a Montmartre, al Montmartre de otros tiempos, aquel de los artistas y cantantes…Todos aquellos que han sido expulsados del viejo Montmartre destruido por los propietarios y los arquitectos… han emigrado bajo formas cubistas (…) Dibujemos la fisonomía del barrio. Muy posiblemente ella cambiará poco. En una de las esquinas del bulevar Montparnasse un gran comerciante instala ante los ojos de un pueblo de artistas internacionales un nombre enigmático : «Hazard»… En el ángulo del bulevar de Montparnasse y de la calle Delambre, está el «Dôme«: clientela habitual, gentes ricas…En otro ángulo, está Baty o el último comerciante de vinos. Cuando él se retire, está profesión habrá prácticamente desaparecido de París…»

 

 

Son gentes, gestos, anécdotas. Los fotógrafos y los escritores apuntan sobre París sus armas y disparan con literatura o con fotografía. Las palabras trazan una línea recta, evocada en el tiempo. Las cámaras dan testimonio del instante.

 

 

(Imágenes-Willy Ronis: – 1.- 1948/ 2-1947/ 3- 1938/ 4- 1955)

PARÍS Y LOS BISTROTS

 

 

«Los lugares están ahí – escribe el antropólogo  Marc Augé  en su «Elogio del bistrot» (Gallo Nero) – y sólo piden ser explorados, a un margen del río y al otro. De Saint- Germain- des Pres a la Contraescarpe, podréis ir de bistrot en bistrot por la rue Tournon, la rue Vaugirard, la place Edmond- Rostand, la rue Soufflot y la rue Mouffetard. Del museo Grévin a la Ópera podéis coger por la rue Vivienne, por la place de la Bourse y la rue Quatre -Septembre. Dos trayectos, dos itinerarios entre otros mil posibles, que, por mucha curiosidad que tengáis, no conseguiréis agotarlos, ni siquiera si os paráis en cada uno de los bistrot que os salgan al paso. Os aseguro que allí encontraréis con qué acariciar vuestro paladar, pero también con qué estimular vuestra curiosidad de sociólogos, si tenéis este tipo de curiosidad, o de poeta, si la belleza de las ciudades os conmueven – de aventurero,  en cualquier caso, sabiendo que ninguna de vuestras paradas anticipará la siguiente y que a cincuenta metros de distancia os espera otro mundo que desea acogeros y atraparos…

 

 

Escritores de todos los orígenes, caminad por París, en solitario, o en pequeños grupos. Invadid la capital. Liberadnos  de la costumbre. Liberadnos de nuestra pereza. Del miedo y del hastío. Liberadnos de la memoria y del olvido. Del presente y del pasado. Cread el futuro con palabras nuevas. También con ideas e imágenes. Devolvednos la capacidad de lanzarnos a la aventura (… ) ¡ Que cada uno  de los bistrot que os encontréis sea uno de vuestros objetivos en esta guerra relámpago y que algunos den nombre, en calidad de fortalezas reconquistadas, a vuestras victorias de hoy y de siempre!».

Simenon, en «Maigret se equivoca» habla, como en tantas otras ocasiones, de los bistrots: «Ellos habían frecuentado muchas veces este género de restaurantes, muy numerosos en el pasado. Típicos de París, se encontraban casi en cada calle y se les llamaba los restaurantes de los conductores. En el fondo, allí se comía bien, porque los dueños venían todos de sus provincias, Bretones, Normandos, etc, y ellos habían conservado, no solamente las tradiciones de sus lugares, sino también contactos, y hacían venir de sus provincias jamones y charcutería, e incluso a veces el pan del campo».

Robert Doisneau, Villy Ronis y tantos otros fotógrafos famosos se asomaban a sus mostradores, a la puerta de sus cocinas, a los vasos de vino, a los cristales bajo la lluvia, a las sillas alineadas, y se acercaban hasta aquellos hombres que comían su plato de sopa en el bistrot leyendo el periódico doblado hasta lograr inmortalizarlos.

 

 

(Imágenes- 1-John Talbotts/ 2-foto David Henry/ 3.cuadro de Jean Béraud. denominado «El bistró»- Wikipedia)

ANTE LA MESA DE TRABAJO

interiores.-9hhn.-París.-Willy Ronis.-Vincent y su gato.-1955

 

«Escribir significa saber que no estamos en la Tierra Prometida – así lo va confesando Claudio Magris en su libro«Microcosmos«-. Escribir significa saber que no estamos en la Tierra Prometida y que no podremos llegar nunca allí, pero continuar con tenacidad el camino en esa dirección, a través del desierto. Sentados en el cafè – prosigue diciendo en el «San Marcos» de Trieste -, se está de viaje, como en el tren, en el hotel o por la calle».

«Alrededor de la persona que escribe libros – confiesa a su vez Marguerite Duras en «Escribír«- , siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escritor. Nunca hablaba de esto con nadie».

 

escribir-rrff-Albert Marquet

 

Emborronar cuartillas, liberar los demonios, embridarlos – continúa Magris sentado en el café -Escribir, interrumpirse, charlar, jugar a cartas; la risa en una mesa cercana, un perfil de mujer, indiscutible como el destino, el vino en la copa, dorado color del tiempo. Las horas fluyen amables, despreocupadas, casi felices».

«Creo que la persona que escribe – va anotando Duras en su mesa de trabajo – no tiene idea respecto al libro, que tiene las manos vacías, la cabeza vacía, y que, de esa aventura del libro, sólo conoce la escritura seca y desnuda, sin futuro, sin eco, lejana, con sus reglas de oro, elementales: la ortografía, el sentido.

 

escribir.-9hhb.-Fritz Busch- 1890-1951

 

Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado».

 

escribir- bfr- mesa de trabajo Thomas Mann- Archivo Thomas Mann-Zurich

 

Todo esto ocurre ante la mesa de trabajo.

La mesa de trabajo es nuestro único testigo.

(Imágenes.- 1.-Willy Ronis– 1955/ 2.-Albert Marquet/ 3.-Fritz Busch/ 4.-mesa de trabajo de Thomas Mann – archivo Thomas Mann. Zúrich)

EL SILENCIO MATRIMONIAL

 

mujer- nnu- Otto Steinert- la condesa de Fleury- mil novecientos cincuenta y dos

 

 

«Te quejas, María, – leo que le escribió Nivasio Dolcemare a su mujer, tal como lo va citando Alberto Savinio en su «Nueva Enciclopedia»  -, porque ya no conversamos juntos como solíamos en otros tiempos, y de ese silencio nuestro de ahora deduces que ya no tenemos nada que decirnos. Hace veinte años que estamos casados, y, pasando revista con el pensamiento a ese ya largo pasado, vuelves a los primeros meses de nuestro matrimonio y, sobre todo, a los meses que lo precedieron, y los recuerdas con añoranza, como un lejano momento de felicidad, perdido para siempre. Nuestros días de entonces eran una constante conversación, y el vocabulario parecía no tener suficientes palabras para nuestro consumo, y yo te escuchaba, y me escuchabas tú a mí, y tú me lo decías todo de ti misma, como yo te lo decía a ti todo de mí mismo, o, para ser más exacto, te decía de mí mismo todo cuanto pudiera dejarme en buen lugar, y, encima, adornándolo de manera que, por medio de la dialéctica más retocada, de las imágenes más persuasivas, de las palabras

 

mujer-bbvy- gentes- Veronika Tumova

 

más hábiles, se fuera formando ese personaje al que tú, oscuramente, esperabas desde que comenzó a despertar en ti tu alma de mujer, y así, día a día, hora a hora, minuto a minuto, lo veías formarse ante ti, vivo y tangible, como la milagrosa y feliz concreción de esa promesa antiquísima que, antes que tú, recibió la que te dio vida a ti, y, antes todavía, la que dio vida a la que te dio vida, y así sucesivamente hasta llegar a las primeras generaciones de la especie humana iluminada por la luz de la conciencia y del alma; y lo mismo ocurría en mi caso. Luego, poco a poco, nuestros diálogos se fueron haciendo más raros, de la misma manera que el pelo sobre mi frente, hasta, poco a poco, terminar; y ahora nuestras relaciones verbales han quedado reducidas al mínimo necesario, a breves indicaciones, como «¿A qué hora salmos?», o: «¿Pagaste la cuenta del gas?», o: «Hay que pensar en plantar las patatas en la finca» Pero ¿sabes acaso por qué motivo yo antes hablaba tanto y ahora no hablo nada?, ¿te lo has preguntado alguna vez?

 

moda-nnbby- mujer-- JeanLoup Sieff- Queen- mil novecientos sesenta y cuatro

 

(…) Finalmente, nuestra desnudez aparece sin palabras, sin velos y, en consecuencia, silenciosa. Al mismo tiempo, aquello tan «extraordinario» que nos prometían estos preparativos, se aja en la realidad, y una vez más nos vemos ante el rostro incoloro y mudo de la nada. Los que no saben dicen entonces que el amor ha muerto, pero en realidad no es así: el amor ha dado su mejor fruto, y ha nacido una cosa verdaderamente vital (…) Éste es el misterioso y esencial resultado del matrimonio, y este silencio es precisamente el signo de que el matrimonio ha salido bien, de la misma manera que la ampolla indica que la inyección ha prendido (…) El hombre habla, en los preparativos del amor, con objeto de embellecerse, de la misma manera que el pavo se esponja, hace la rueda, y «hacer la rueda» es expresión todavía en uso en el sentido de hacer la corte. El hombre habla porque trata de seducir a la mujer por medio de palabras, pero se engaña en esto porque ignora que no es él el seductor, sino el seducido.

 

amor-bh- París- Willy Ronis- mil novecintos cincuenta y siete

 

 

(…) Si te quejas de nuestro silencio es porque se debilita en ti tu calidad de mujer. ¿Es que ya no me oyes en el silencio como yo, en el silencio, te oigo a ti? Y, sin embargo, sabes que entre nosotros la palabra es algo más que un pleonasmo: es un peligro: un signo feo, y si, a veces, vuelvo a hablarte como hablaba entonces, tú, en broma, pero recelosa y como para ocultar un secreto temor, me preguntas: «Pero ¿ qué es  lo que te pasa?, ¿es que tienes algo que ocultarme?». Es verdad: «Tengo algo que ocultar, y me toca empezar de nuevo». La palabra espesa, la palabra abundante, la palabra adornada, la palabra que trata de persuadir es como masilla que tratara de reparar una grieta abierta en nuestra complicidad; y si me ves empezar de nuevo a hablar «como entonces», recela, porque eso quiere decir que hay una grieta. Me reprochas también que «con los demás» sigo hablando como hablaba entonces contigo, y es verdad: en mi loca ilusión trato de imponerme a los demás de la misma manera que me impuse a ti, es decir, hacer y pensar, «pensar» sobre todo las mismas cosas (…) Se habla para llevar el agua al propio molino, pero si se saben las mismas cosas, si se creen las mismas cosas, si se aman las mismas cosas, si se odian las mismas cosas…, si no se pueden amar, odiar, pensar, creer cosas distintas, ¿de qué sirve hablar? Dejemos que el silencio nos proteja (…) Te escribo todo esto porque, bajo la bóveda de nuestro silencio, hay cosas que se pueden escribir, pero nunca decir».

 

amor.-6bbh.-Alex Katz.-Albertina.-Viena.-artdaily.org

 

(Imágenes.- 1.-Otto Steinert– 1952/ 2.-Veronika Tumova/ 3.- JeanLoup Sieff- Queen- 1964/ 4.- Willy Ronis- 1956/ 5.- Alex Katz– Albertina- Viena-artdaily org)

 

PARÍS, AZNAVOUR

 

París-beewx-fotografía- Robert Doisneau

París

 

ciudades.-77h.-París.- Willy Ronis..- 1957

París…

 

ciudades-vvbuu-París-Robert Doisneau- mil novecientos cincuenta y tres

París…

 

París-vyuu-París mil novecientos cincuenta-Ursula Seitz-Gray

París…

 

ciudades.-tyyu.-París.-isla de San Luis 1946.-Izis Bidermanas

París…

 

París-fvff-Adolfo Kaminsky- mil novecientos cincuenta y tres

 

París…

 

ciudades-vgy- Emile Gos- rue de la Seine- París mil novecientos once

París…

 

ciudades.-5ynh.-París.-1950-René Maltête

París…

París-yhh-Robert Doisneau

 

París…

 

 

(En los noventa años de Charles Aznavour)

(Imágenes.-1.- Robert Doisneau/ 2.- Willy Ronis- 1957/ 3.-Robert Doisneau- 1953/ 4.-Ursula Seitz- Gray/ 5.-Izis Bidermanas- 1946/ 6-Adolfo Kaminsky- 1953/ 7.-Emile Goss- 1911/ 8.-París 1950/ 9.-Robert Doisneau)

AQUELLA ÉPOCA ( y 7)

ciudades.-t7ut.-Nueva York.-T. Radclyffe

«Pero todos estos rumores y pausas, cada vez más lejanos y desconocidos, no reflejaban la vida de la época en ningún continente. Podían mostrarse como ejemplos de naturaleza aún sin hollar, entramados de hojas y bambúes creciendo exuberantes, o desiertos gélidos, de tono azul o gris, inmensos bajo el crujido de las botas. Aquello no era realmente el mundo de los hombres, y nunca hasta entonces lo había sido. Los hombres por aquel tiempo ofrecían un contraste curioso en relación con la naturaleza.

pueblos.-678hn.-Willy Ronis.-Alba.-Italia-,.1950

Gran número de ellos habían abandonado los campos – la mayoría de los campos en la mayoría de los países -, y desde hacía años iban congregándose en torno a las ciudades: ensanchaban aquella capitales en cuanto a ellas acudían. Por un lado, dejaban pueblos vacíos, arrumbados, casas que en ocasiones se deshacían por sí solas o eran sepultadas bajo el agua en beneficio de la industria. Por otra parte, determinadas personas abrumadas bajo rascacielos macizos, soñaban con los campos y con el libre espacio igual que si les faltara aire. Y era penoso ver aquellas atracciones cruzadas, mirando unos el campo desde la ciudad y otros la ciudad desde el campo: como si muchos de los que en uno u otro lado habitaban, no hubiesen encontrado satisfacción plena, a pesar de sus obligaciones y necesidades. Y de este modo podía observarse el ir y venir de las gentes, bien con su imaginación y su deseo, bien de forma real, recorriendo unos y otros la distancia entre la vegetación y la civilización, siempre en busca del auténtico bienestar.»

JJPerlado.- «Contramuerte».- págs 25-26

ciudades.-5gvvv.-Nueva York.-Earl Horter.-1931.-Witney Museum of American Art

(Imágenes.- 1.-T. Radclyffe.– Nueva York/ 2,. Willy Ronis.- Alba.- Italia.- 1950/ 3.- Earl Horter – 1931-Chrysler construcción.- whitney museum of american art)

PARÍS & SIMENON & MAIGRET

maigret.-8junm.-Simenon en su domicilio de Lausanne.-photo. ina.fr

«Durante largo tiempo – confesaba Simenon -, la víspera de empezar una novela, afilaba minuciosamente cinco docenas de lápices, todos ellos de la misma marca, que, dentro de un cilindro de cuero, formaban un manojo. Incluso el hecho de afilarlos era para mí un placer. No hay que olvidar, como ya he dicho en alguna ocasión, que yo he soñado desde hace largo tiempo en ser un monje de la Edad Media en su celda blanqueada, copiando con un hábil pincel textos romanos o griegos que, si no fuera por tal copia, quedarían desconocidos. (…) Mis lápices, mi papel amarillo, mis páginas que se iban cubriendo poco a poco de letras bien formadas, eran un poco como mis incunables. (…) Cada tarde, yo volvía a afilar mis sesenta y tantos lápices con la ayuda de un pequeño aparato eléctrico, y ponía en ese trabajo el mismo amor que en el escribir. Porque tras cinco o seis líneas, debía cambiar de lapicero ya que la mina, al hacerse más gruesa, no me dejaba trazar bien los caracteres. Con frecuencia he contestado a los periodistas cuando me preguntaban:

– Yo no soy un intelectual sino un artesano.

Ellos sonreían incrédulos, y sin embargo cuando yo afilaba mis lápices, cuando yo escribía apenas una línea, era sobre todo un artesano, lo mismo que cuando a la mañana siguiente tecleaba todo eso en la máquina».

maigret.-rrcttg.- Jean Philippe Charbonier.-1951.-transphotographies. com

Al otro lado de las ventanas de estas palabras, los rincones, las vidas y los interiores de París pasan despacio, con su aparente monotonía, mientras Simenon (ahora en otra ocasión) sigue hablando : «Si tengo esta disciplina, si yo escribo tantas novelas por año, es porque existe una señal de alarma que siempre ha funcionado. Cuando no me he encontrado bien le he dicho a mi médico lo que me pasaba y él me ha respondido: «¿Cuándo empieza usted una nueva novela?». Yo le he contestado: «Dentro de ocho días». Y él me ha respondido: «Entonces esto va bien» Es un poco como cuando él me hacía una receta y escribía: «Hacer una novela lo más rápidamente posible». Es mi terapia, aquella que mejor me conviene».

Maigret.-rt6.-Simenon con Etienne Lalou en una café cerca del Quai des Orfévres.-photo.ina.fr

«Maigret no es un hombre inteligente – le confiaba también Simenon a Roger Stéphane -. Es un intuitivo. En absoluto el hombre de mirada aguda que se da cuenta inmediatamente del pequeño detalle. Incluso diría que en las primeras novelas, él tenía un aire casi bovino. Era un tipo enorme, un poco paquidermo, que se paseaba, que aspiraba, que palpaba y que ha continuado como entonces más o menos. Dicho de otro modo, es un intuitivo que, exteriormente, no tiene nada de maligno (…) O también dicho de otra forma, un hombre muy ordinario en apariencia, también de una inteligencia ordinaria, de una cultura media, pero que sabe aspirar el interior de las gentes. Bebe bastante. Le gusta mucho comer, sobre todo platos simples, eso que yo llamaría los platos del pueblo. Adora el guisado; la carne mechada es uno de sus platos preferidos. Es casi un plato de portería, ¿no es cierto? Lo que se cuece a fuego lento en muchos lugares. Maigret apenas tiene mis gustos (…) Su apartamento no es ni feo ni bonito. Es un apartamento de un funcionario parisino. No tiene gustos particularmente modernos. Es un apartamento confortable. Lo que a él más le importa es tener un sillón a la medida de su cuerpo, con una buena iluminación para leer bien los periódicos».

maigret.-yynhh.-Willy Ronis.-afterinagegallery, com

Al otro lado de las ventanas de estas palabras suben y bajan las escaleras de París, con su aparente monotonía, mujeres y hombres que un día posiblemente serán personajes atisbados por ese paciente y grueso Maigret del que alguna vez ya he hablado en Mi Siglo.

(Imágenes: 1.-Georges Simenon en su domicilio de Lausanne.- photo. ina. fr/2.-Jean-Philippe Charbonier.-transphotographies.com/3.Simenon con Etienne Lalou en un café cercano al Quai des Orfévres/ 4.-Willy Ronis.-afterinagegallery.com)

LA ÚLTIMA VEZ QUE VIVÍ EN PARÍS

No la última vez que lo vi – lo he visto después muchas veces -, sino la última vez que viví en la ciudad, a punto ya de dejarla, como escribí entonces, el 1 de abril de 1970, en ABC:

«París, nueve de la noche, siete de la tarde, abril, marzo, domingo, sábado, martes… Dos años traspasados por París, años envueltos en papel parisiense, mojados en  tintas de del río de París, tocados con  teclas de una máquina por cuya cinta había ido pasando un París azul indefinible, interminable. Capital

sin tiempo en el espacio, me has seguido, te vas; ciudad sin espacios de tiempo, te seguiré, me voy. Despego de la piel de París sobrevolando manchas, veinte distritos, colina de Montmartre de la memoria, orilla izquierda del entendimiento, cuarto de Auteuil de la voluntad. Una conversación de años cruza ahora ese puente del Sena; viene un olor a gas de la Sorbona, un sabor a lágrimas llega del bulevar de L´Hopital. Es entonces cuando mis recuerdos corren. Hace dos años mis recuerdos aprendieron a andar : entré por el ojo del

puente de Saint – Cloud a la hora en que Gabriel Marcel acogía el gran premio de la Villa, en los días en los que un consejo de ministros concedía a la muerte una definición legal; me voy ahora con el cadáver de Adamov, mientras Beckett dialoga con silencios y cuando Mauriac relata cómo un hombre da a luz a su propia agonía.

Hechos de París intensos: horas igual que años, años como días. Mayo de 1968, mes en incendio: humo envuelto en gritos, tos que ahoga los pulmones de Francia, una fiebre ascendiendo, el vahído levantado por ese mal de la mar que se esconde en la tierra. Más tarde, durante mese de convalecencia, en semanas de párpados cerrados, la desconfianza se irá meciendo al vaivén del

sopor. Hechos de París veloces: se trasplantan corazones en Medicina; se trasplantan ambiciones en política. De las elecciones legislativas a las elecciones cantonales, un arco tiende una sombra de noticias. He ahí esa noche del 27 de abril de 1969 de la que Charles De Gaulle se lleva en parte su secreto; he ahí unas elecciones presidenciales colocando a Francia a la entrada de nuevos caminos. Es el periodismo en París, el periodismo de la noticia ardiente, hirviente; no bien se ha pasado la hoja de la actualidad del día, que otra hoja aparece, un hecho mata al otro, las luces cambian, salta el rompecabezas: es el vértigo. Es el tiempo alado, un calendario sin aliento.

Años en París. La larga mancha en piedra que esculpiera Rodin para Balzac, me sigue, me asalta… En la isla de San Luis resuenan pasos de Claudel andando cada mañana a Notre-Dame…, se alza un telón al otro lado del río, y del espacio, pendiendo de un clavo invisible, el cuerpo de Gerardo de Nerval… Rueda el círculo de la geografía, gira la rueda histórica de la ciudad…: suenan instrumentos de música cerca de la Estación de Saint- Lazare, viene un hondo silencio desde el Bois de Boulogne, llega un olor que nace en Montparnasse

Y luego el río, los ríos de libros que van bajando al costado del Sena… Es la rueda, los ríos, es el libro: libros que van formando el río y montan sus lomos unos contra otros, láminas de páginas, aguas invadidas de letras…Es Paris, el Sena de palabras y cuantas historias se va llevando el Sena. Capital sin espacio, te he seguido, te vas. Ciudad sin tiempo, me seguirás, me voy».

José Julio Perlado.-ABC.-1 de abril de 1970.

(por cortesía del Archivo de ABC)

(Imágenes.- 1.-Willy Ronis/ 2.-Brassai.-1935/ 3.-Göksin Sipahioglu/ 4.-Jeanloup Sieff.-1975.-Café du Flore/ 5.-Jealoup Sieff.-1954/ 6.-Brassai,.1945)

CAFÉS CON WILLY RONIS

Cuando se empuja esta puerta del café en rue Montmarte, las brumas, el pitillo, los cristales en niebla, el anuncio pegado a la puerta, toda esa atmósfera en blanco y negro, nos trae la voz de Willy Ronis cuando dice, «yo, cuando salgo con mi cámara, no parto en busca del Grial. No me siento investido de ningún mensaje que deba transmitir a nadie ni siento el estremecimiento de ninguna transcendencia.(…) Mis fotos no son revanchas contra la muerte y yo no conozco ninguna angustia existencial. No sé incluso donde voy, salvo al encuentro – más o menos fortuitamente –  de las cosas y gentes que amo, que me interesan».

Es así como entramos en otro café. La luz de la cerilla y el cigarrillo encendido, mejillas iluminadas ante el hombre solícito, lumbre de amor que el espejo refleja. «La naturaleza – nos sigue diciendo Ronis mientras paseamos entre las mesas – me ha atribuido, por azar, un tipo de sensibilidad que me ha procurado bastantes disgustos pero también inmensas alegrías. ¡Gracias por todo! Yo me he clavado en mi sillón gracias a mi instinto, a mi pequeña honestidad, he disfrutado con frecuencia, y eso compensa el resto, que con buen humor se olvida fácilmente».

Después nos asomamos a este otro café. Juegan a las cartas. Juegan a los recuerdos y a la jubilación, juegan a los naipes de la vida arrojando dobladas y manoseadas las estampas del azar. Los contemplamos desde la escalera y Willy Ronis comenta: «¿ hace falta decir que mirar una fotografía no es un acto pasivo? La palabra «lector» supone una actividad lenta y reflexiva, aquella que requiere un texto escrito. Desde mi viejo Larousse aprendí que la lectura es el primer grado de la enseñanza moderna. Sin embargo, en nuestra civilización de la imagen, muchas fotografías son merecedoras de más de una ojeada. Opciones para una extensión de la palabra lectura. Aprendamos a leer las fotografías».

Aún al salir queda otro café – una madre y un niño alejándose entre lluvias y nieblas  -, y París viene sobre nosotros. «Ahí en París están todos los compañeros – dice Ronis -, todas las maravillas antiguas y nuevas, los quais, las hermosas muchachas que se cruzan, los cines, el metro, el Louvre, los bistrots, los escaparates, el paso de las estaciones. Ciudad de la belleza que se hace indestructible, yo me pregunto temblando si es cierto que yo no quiera ya vivir allí».

Y al fin, Willy Ronis nos quiere despedir haciéndonos un retrato, haciéndose a si mismo una fotografia.

(Imágenes:- 1.-Willy Ronis.- rue Montmartre.- 1955/ 2.-Willy Ronis.- café de la Bidule.- 1957/ 3.-Willy Ronis.- café de la rue des Cascades.-Ménilmontant.- 1948/ 4.-Willy Ronis.- café.-Ménilmontant.-1947/ 5.- Willy Ronis.- autorretrato.- 1951)

EL SENA DE WILLY RONIS

París.-ZZ.-Quai Malaquais, 1953.-por Villy Ronis.-Hackel Bury Fine Art«En la superficie del agua, la niebla ascendía como un vapor; el Sena humeaba, en el cielo negro de la lejanía se divisaba un aire blancuzco y opaco; era como si la oscura noche de otoño fuera sustituida por una noche sobrenatural, tan pálida como negra era la otra, pero impenetrable».

Julien Green

(Hoy ha muerto Willy Ronis, uno de los grandes fotógrafos que retrató París. Hoy también en Mi Siglo he hablado de París y de su fotografía. Imágenes de Willy Ronis recogí hace meses. Vayan estas cortas líneas de Julien Green como pequeño homenaje)

(Imagen: Quai Malaquais, 1953.-por Willy Ronis.-Hackel Bury Fine Art)