LA VOZ DE VAN GOGH

 

 

“Para huir de la desesperación me precipité en la pintura —le hace decir a Van Gogh Giovanni Papini en suJuicio Universal” —. Rechazado por las mujeres y por los hombres, me refugié en el amor por la naturaleza. La naturaleza se hacía amar, pero no respondía, no correspondía y a veces se rebelaba.

 

 

Someterla a mí poder, trasladarla toda entera al lienzo, con sus luces de paraíso, sus colores esplendorosos, sus candores insostenibles, era para mí demasiado difícil. Y de la pintura recibí las poquísimas horas de alegría pura que experimenté en la tierra. Apoderarme del amarillo apagado y quemado de un campo maduro; del verde envenenante de las hierbas y de los cardos; de los azulados de los horizontes; del amarillo agudo y ardiente de los girasoles; del rojo  descarado de un paño o de un geranio, era para mí un espasmo de poder fugaz, pero violento.

 

 

Me di cuenta, sin embargo, de que también la naturaleza me rechazaba. A pesar de todo mi paciente ímpetu no llegaba a conquistarla, a poseerla entera. También ella, con su taciturna imposibilidad, que es más dura que una repulsa, me rechazaba.

 

 

Y entonces tú sabes lo que acaece en el débil corazón de los débiles. Cuando todo el amor está encerrado y contenido, el hombre se siente desconcertado, perdido, perseguido, es decir, abandonado, enajenado. Los hombres le llaman loco, lo ahuyentan o lo encarcelan. Así fue de mí.”

Y la voz de Van Gogh volvió a callar.

 

 

(Imágenes—1- matas de lirios/ 2–ramas de almendro en flor/ 3/tronco de tejo/ 4-campo de trigo con un vuelo de cuervos/5-girasoles)

CONFESIONES DE VAN GOGH

 

 

Al ver la película de Julian SchabelVan Gogh, a las puertas de la eternidad”, al seguir los comentarios y valoraciones que Gauguin y Van Gogh entrecruzan en torno al proceso creativo – quizá lo más interesante del film -, las voces del autor que muchas mañanas salía en busca de amarilllos nos llegan desde todas partes recorriendo en confesión su atormentada biografía. “Mi única preocupación es para qué podré valer, a quién podría ayudar, cómo me las arreglaría para ser útil de algún modo (…) Me he dicho: coge otra vez el lápiz, ponte de nuevo a dibujar; y desde entonces, todo ha cambiado para mí (…) “Al coger el tren en la Gare du Midi – dice en 1888 -, estaba hecho trizas, medio enfermo y convertido casi en alcohólico, de lo mucho que había bebido para poder tenerme en pie (…) Cuando partí de París, iba de cabeza hacia un ataque de parálisis . Cuando he dejado de fumar tanto, cuando he vuelto a reflexionar sobre las cosas, en vez de desechar, como antes, todo pensamiento acerca de mi suerte, ¡qué melancolía, Dios mío, qué aplanamiento!

 

 

(…) Cuando trato a mi cuerpo con un poco de dulzura, no me niega ningún servicio (…) Decididamente me estoy reponiendo; desde el mes pasado, mi estómago ha mejorado una enormidad. Todavía padezco emociones inmotivadas, pero que no puedo hacer nada por evitar, y crisis de atontamiento (…) El vivir como podía y debía, como un filántropo, no me ha costado sino verme como me veo, con los huesos molidos y tocado de la cabeza (…) El buen calor me devuelve las fuerzas. También me doy cuenta de que puedo embrutecerme y ver cómo pasa, sin aprovecharla, la hora de la plenitud creadora, perdida como se pierden tantas oportunidades en la vida… Además, muy a menudo me aburro de esperarla (…) Si no fuera por lo terriblemente perturbado que me siento, y porque sigo trabajando en  medio de la mayor inquietud, casi podría decir que todo marcha a pedir de boca (…) Mientras estuve enfermo – dice en diciembre de 1889 -, caía una nieve húmeda y delicuescente. Me levanté por la noche a contemplar el paisaje: jamás, jamás me ha parecido la Naturaleza tan conmovedora y sensitiva.

 

 

“Tengo menos necesidad de compañía – dice en abril de 1888 – que de trabajar desenfrenadamente…No saboreo la vida sino cuando trabajo de firme…En algunos momentos no confío más que en mi exaltación, y entonces me dejo arrastrar a las mayores extravagancias (…) Ciertos trabajos pintados a más velocidad que todo lo demás que he hecho, son de lo mejor que ha salido de mis manos… Pero cuando vuelvo después de una sesión así, puedes creer que tengo el cerebro tan fatigado, que, si este trabajo se repite a menudo, me quedo tan abstraído, que soy en absoluto incapaz de hacer todo un montón de cosas de lo más corriente.”

 

 

La voz de Van Gogh prosigue a lo largo de años. Pero como le diría a su hermano Theo, “en realidad, a quienes únicamente podemos hacer hablar es a nuestros cuadros.”

Ellos nos hablan en los museos y de vez en cuando en las películas.

 


 

(Imágenes -1- museum art museum  syndicate/ 2-Van Gogh- lirios/ 3-avanzó Gogh -1888/ 4 y 5 – Van Gogh)

CRISTINO DE VERA

 

 

“El ambiente, la luz de las islas, sí que ha influido en mi pintura – recordaba Cristino de Vera -. Mi primer viaje a la Península lo hice a los diecinueve años. Ya en ese tiempo dibujaba, pintaba. La luz cambiante de las islas, la observación de tonos y cosas, el primer muerto que vi – un compañero de la escuela, su tremenda sinceridad en el rostro -, las frutas de los mercados… mis largos paseos por La Laguna (nubes bajas) mis primeras observaciones de los cambios del mar, tierra, nubes… sin duda tienen una influencia definitiva en mi trabajo.”

 

 

Ahora Cristino de Vera expone en Madrid, en Caixa Forum. Su muestra la titula “Hacia el silencio”. Una depuración de años, una búsqueda interior a través de la pintura. “Me siento vinculado – proseguía el artista – a una forma de pensamiento que creo que es una constante en la historia de la pintura : el esfuerzo o la búsqueda de cierta belleza escondida que hay en todo, una cierta nostalgia por la muerte que podría estar con un expresionismo poético muy particular, un ansia en cada cosa de intemporalidad, un amor al reposo de las formas. El primer contacto con Zurbarán, su forma mística de transfigurar la luz…cierto enfoque de ver el cosmos en Van Gogh, la serenidad de Fray Angélico…la fuerza de un Van der Weyden, Van der Goes… todos estos grandes artistas creo que me han servido bastante para ir descubriendo y desarrollando mi propio estilo.

 

 

A mí me gusta  trabajar las cosas que ya en su realidad despiden una carga de humildad y sencillez… un cestillo, una rosa seca, un cráneo, una áspera mesa, una figura irradiada de blanca luz, unas florecillas. Decía Paracelso que “a veces en la más humilde de las cosas está encerrado todo el misterio del Universo”. Cuando pinto figuras o ventanas con fondo de cementerio… o figuras muertas sobre mesas, o en campo de flores, con fondo de galaxias…lo que a veces intento es que por medio de una limpia luz de estrellas, noche, luna o crepúsculo se mitigue el fondo dramático que la muerte encierra… y es cómo si llevase dentro de mí un cúmulo de cosas con mucha carga atormentada que me hacen a veces un ser muy inestable… por eso a veces en mi pintura hay aquello de que más carezco y amo, un mundo de paz, y humildemente pretendo que este mi trabajo pueda servir a algunos seres. Ya eso de por sí sería bastante.”

 

 

(Imágenes-: Cristino de Vera: -1-Lorenart/ 2-fundación Cristino de Vera/ 3-Caixaforun/ 4- elpais)

ELOGIO DEL RETRATO

 

 

“Lo primero que voy a ver en un museo – confesaba el escritor francés Pierre Michon – son los retratos: esas simples miradas que llegan desde muy lejos, que nos atraen de entrada y nos hacen dejar de lado las obras pictóricas de grandes dimensiones, las escenificaciones. En el retrato hay una escenificación mínima, muy codificada, al pintor le queda muy poco margen, y allí está, una y otra vez si es un gran pintor, el milagro de la “presencia real”. Mis mayores emociones museísticas, esas en que participa todo, el intelecto, la sorpresa, el corazón, las que parecen revelaciones, siempre me han venido de retratos. Retratos sencillos, por lo general, de estructura límpida, pero con algo fatal en ellos: “El joven de los ojos glaucos”, de Tiziano, en el Palacio Pitti, sombrío y trunfante, como un usurpador de Shakespeare; en el Louvre, “La marquesa de la Solana”, de Goya, ese interminable estremecimiento de gris y de tonos rosas; en Montpellier, el “Baudelaire” de Courbet, que no se digna mirarnos; un noble de Pourbus el Viejo en Brujas, “La artesiana” de Van Gogh, por supuesto, y su factor Roulin; los príncioes isabelinos de Bronzino, y tantos hombres vivos y espectrales de Manet; Rembrandt en algún petrimetre olvidado; y tantísimos más de los que no me  acuerdo ahora.

 

 

Y claro, ese sobrecogimiento, ese efecto de una presencia humana brutal mezclada con el colmo del arte que me aporta el retrato pintado, he querido utilizarlo en literatura. Querría evocar hombres con ese efecto casi alucinatorio que es la fuerza de los grandes retratos. Lo que busco es un arte de la evocación, un arte de la aparición. Lo mismo que un pintor, es una imagen, una imagen de hombre, lo que quiero conseguir que aparezca”.

 

 

( Imágenes – 1- la arlesiana – Van Gogh/ 2- Baudelaire – por Courbet/ 3- el factor Roulin – Van Goh)

SOBRE EL AMARILLO

 

 

“Las gentes van  a la National Gallery de Londres o al Metropolitan Museum de Nueva York a ver “Los Girasoles” de Van Gogh, compran luego las litografías y se las llevan a casa. Las gentes enmarcan sus litografías de los Girasoles, las cuelgan en sus habitaciones y es como si iluminaran y alegraran de amarillo sus casas. Un sol, una luz, que a falta de otra cosa mejor no puedo llamar más que amarilla, amarillo de azufre pálido, limón pálido oro. ¡Qué hermoso es el amarillo!…, escribe el pintor.  Los amarillos son sus colores predilectos ‑dirá uno de sus críticos‑; encuentra el amarillo pajizo en los campos de trigo y el amarillo limón en los limones; viste de amarillo ocre las paredes de los edificios, toma para sus fondos el amarillo canario y colorea los vestidos de amarillo de azufre.

 

 

Igual que Picasso en una determinada época cuando las paredes y las calles y el cielo de Barcelona y de París son tan azules que se fusionan semblantes con penas, Van Gogh ve en amarillo el mundo y lo exterior y lo interior ‑también los cielos y los campos enardecidos por el aire‑ son intensamente amarillos, como si la pupila del autor de los Girasoles fuera amarilla, a la vez que la pupila del autor de Bebedora adormecida no hubiera sido nunca más que una pupila azul.

Todo el resplandor de la Belleza se abre ante los ojos de los hombres. Cézanne explicará a Émile Bernard en una de sus cartas: las líneas paralelas al horizonte dan la extensión, es decir, una sección de la naturaleza o, si Vd. prefiere, del espectáculo que el Pater Omnipotens Aeterne Deus despliega ante nuestros ojos.

Todos los días ese espectáculo vive no sólo entre las nubes y en la tierra, sino bajo el mar y en las grutas donde habitan los arborescentes corales rojos, en las ondulaciones radiales de los moluscos, en la punta de los erizos violáceos, en los anaranjados cangrejos, en los bajos fondos del mar iluminado, allí donde la coloración es vivaz, en las hendiduras de las rocas donde viven las anémonas amarillas. Si Van Gogh en vez de andar por los campos de Arles lo hiciera por los campos submarinos tropezaría con el amarillo-verdoso de la madrépora y quedaría fascinado. Es el espectáculo ‑que sólo ven los peces‑ del Pater Omnipotens Aeterne Deus del que hablaba Cézanne. Ese amarillo ‑dirá Kandinskyes el color típicamente terrestre. No se debe pretender que el amarillo dé una impresión de profundidad. Enfriado por el azul, toma un tono enfermizo. Comparado con los estados de alma, podría ser la representación coloreada de la locura, no de la melancolía ni de la hipocondría, sino de un acceso de rabia, de delirio, de locura furiosa.

 

 

¿No parece que nos estuviera relatando la última etapa de Van Gogh?

Pero Kandinsky prosigue: el primer movimiento del amarillo es su tendencia a ir hacia  quien mira; esta tendencia, si se fuerza la intensidad del amarillo, puede hasta resultar importuna (…) Considerado directamente (en una forma geométrica cualquiera), el amarillo tiene un efecto perturbador, pica, excita e importuna con una especie de insolencia insoportable. Esta propiedad del amarillo que tiende siempre hacia los tonos más claros puede alcanzar una intensidad insostenible para el ojo y para el alma.”

José Julio Perlado – “El ojo y la palabra”

 

 

(Imágenes- 1- Richard Amuszkiewicz/ 2.-  Kandinsky/ 3.- Van Gogh- nubes/ 4.- Van Gogh- girasoles)

LOS CUADROS OLVIDADOS

 

Bernard Berenson describe cómo, después de haber pasado una tarde de invierno contemplando pinturas chinas en el museo de Boston mientras fuera nevaba, señaló a la pared y dijo: ” Mira, ahí tienes el cuadro más hermoso de todos”, para darse cuenta, al cabo de un segundo, de que aquello era una ventana” – Así lo cuenta el gran crítico e historiador inglés Kenneth Clark en su reciente libro publicado en España, “Momentos de visión .

 

 

“Incluso las personas menos sensibles al arte – dice Clark – tienen en su subconsciente un cúmulo desordenado de imágenes pictóricas, y tres cuartas partes de lo que consideran bello en la naturaleza los atrae porque es el reflejo de algún cuadro ya olvidado. Resulta, pues, tentador suponer que los momentos de visión a veces se ven precipitados por una coincidencia que despierta los recuerdos dormidos; por ejemplo, un sauce desmochado de pronto cobra nueva fuerza porque nos recuerda un cuadro de Van Gogh, o una mano huesuda, porque hemos visto reproducciones de un dibujo de Durero.

(…) Los momentos de visión no pueden forzarse ni programarse; y en cualquier caso, sabemos que los objetos que más a menudo los provocan no son extraños ni sorprendentes en absoluto, sino nuestros fieles  compañeros de juventud. Es cierto, como insisten los surrealistas, que solemos verlos de un modo nuevo e inquietante, como cuando la hierba crece tan alta como una selva o las raíces de los árboles se convierten en las extremidades de Belcebú. Pero existen momentos de percepción agudizada, y éstos son los más numerosos y felices, en los que el árbol que conocemos sigue siendo el mismo, sólo que por algún motivo ahora lo hacemos nuestro, lo poseemos”.

 

 

(Imágenes-1- Van Gogh – primavera – huertos en flor/ 2- Durero – 1508/ 3- Van Gogh)

VERANO 2016 (1) : LOS DOS ÁRBOLES

 

árboles- bytr- Jane Fulton Alt

 

Cuenta Sileno personaje entregado a la búsqueda de la sabiduría y dotado del don de la profecía según relata Claudio Eliano en susHistorias curiosas” (Valdemar) – que en el borde de determinado territorio hay un lugar llamado “Sin retorno”. Dos ríos corren  por esta región, uno llamado Placer, el otro Dolor. En las orillas de cada uno de estos ríos hay árboles del tamaño de grandes plátanos. Los árboles que crecen junto al río Dolor producen frutos de la siguiente naturaleza. Si alguien los prueba, deja caer tantas lágrimas que consume todo el resto de su vida, hasta la muerte, en lamentos. Los otros árboles, los que han crecido junto al río Placer, producen frutos de características opuestas. Pues quien los prueba, cesa en todos sus anteriores deseos e, incluso si amaba a alguien, también de esa persona se olvida. Se va volviendo poco a poco más joven y va recuperando, hacia atrás, el tiempo que ya había vivido y aquellas edades por las que atravesó. Y así, tras abandonar la vejez, retorna a la madurez y, después, a la juventud para, a continuación, convertirse en un niño y después en un recién nacido. Tras todo ese recorrido, se consume”.

 

árboles- ngr- Vincent van Gogh

 

(Imágenes.- 1.-Jane Fulton Alt/ 2.- Vicent van Gogh)