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Posts Tagged ‘verano’

 

 

“Las ferias y romerías a algún devoto santuario, de los que abundan tanto en Asturias, ponen en movimiento y congregan su tranquila y dispersa  población, formando los únicos días señalados de su monótona existencia. – así lo va contando pausada y gráficamente José María Cuadrado en sus “Recuerdos y bellezas de España”-.  Se ven desembocar entonces por las sendas todas bulliciosos grupos de mozos y muchachas en traje de fiesta, ellas con su corta saya, con sus bordadas medias azules, con su corpiño trenzado por delante, con sus sartas de corales al cuello, con su pañuelo ajustado alrededor de la cara y atado encima de la cabeza, con su gracioso dengue o esclavina echada sobre los hombros y orlada con cinta de terciopelo, ellos con su característica montera, con su pantalón y chaqueta de paño pardo reemplazada a veces con la almillla encarnada o amarilla, vibrando en la mano un grueso palo con singular destreza.

Y de los valles circunvecinos se levantan alegres y vivos cantos alternados con otros incomparablemente graves de prolongadas y melancólicas cadencias, terminando con el atronador “ijujú” o alarido de guerra que retumba por las montañas. Las meriendas, las fogatas, los cohetes, los juveniles ejercicios de vigor y destreza, y los bailes sobre todo, entretienen la alegria de estas campestres reuniones.

 

 

(…) Para las apacibles tardes de verano, terminada la recolección de frutos, hay también danzas y cantares y corridas de mozos en que gana el más ligero la cuajada; para las eternas veladas de invierno, en torno del “llar” relumbrante, hay colaciones y juegos y cuentos maravillosos de la hermosura y poder de las “Xanas”, diminutas sílfides que brotando del manantial cristalino de las fuentes secan a los rayos de la luna sus delicados cendales, y de los siniestros presagios de aquellas misteriosas luces llamadas “Huestes” que callada y lentamente al través de las sombras van desfilando como precursoras de muerte  o de infortunio.”

(Imágenes -1-Roberto Díaz de Orosia/ 2- romeria – Asturias mundial)

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“Cuando uno está cansado y tiene la suerte  de poder ir a algún hotel del mundo siempre ocurre  ese mismo fenómeno que nunca figura en las guías de viaje. Hay una serie de habitaciones en el último piso en cuyas ventanas aparece a media noche la luna de verano. Es una luna redonda y solitaria, colgada sobre el océano. Desde la cama, con la ventana abierta, uno sigue el silencio blanco de esa luna omnipresente que se va desplazando muy despacio, casi intangible. Suele eso suceder hacia las tres. Es el momento en que parece haberse parado el tiempo. El tiempo se para, se detiene la atmósfera. La brisa refrescante del mar asciende hacia la luna y toca  las nubes. Por la ventana abierta llega la suave humedad nocturna hasta la cama. Uno se adormece, o al menos cierra los ojos. El cansancio, la polvareda de gases del invierno, la precipitación de escaleras y ascensores, el vibrar de los móviles, el centelleo de ordenadores, los gritos de los niños, las copiosas comidas, todo queda bajo los párpados. También el  ruido de las autopistas y el zumbido de los aviones. Da la impresión de que uno se haya quedado adormecido y de que guarde con los ojos cerrados la tensión del invierno. Desde la cama, de nuevo la luna inmóvil, la luna blanca en el centro de la ventana. El mar azul oscuro y la humedad azul oscura de la noche. Son ya las cuatro de la mañana. Parece mentira que en alguna parte del mundo donde se esté viviendo el Invierno, suban y bajen a esta hora inmensas multitudes por las escaleras del metro”.

José Julio Perlado – (del libro “Relatos”) (texto inédito)

(Imagen  – Anton Pieck)

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“El campo bajo todo negro,

sin una luz.

Arriba,

el camino celeste de Santiago,

las estrellas purísimas.

Vamos hacia otra tierra,

yo no sé si mejor…¡ Mejor! ¿Qué dicha

aguarda? ¿De  qué dicha me despido,

buscándola… otra vez?

¡Melancolía

de este vaivén constante y disgustado

que se llama “mi vida”!

¡No importa!  Tengo siempre

la vuelta. En la tranquila

soledad de la noche de verano,

la eternidad serena y sin salida

—única, novia fiel,

madre, hermana y amiga —

camina a todas partes

conmigo, siempre idéntica y divina.”

Juan Ramón Jiménez -“Viaje”-“Estío” (1915)

 

 

(Imágenes -1- David Inshaw- 1974/ 2- Claude Monet- 1880)

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“No es posible imaginarse con qué soñarán los peces. Incluso en el más recóndito rincón del estanque, entre juncos, su descanso es vigilia: por siempre la misma posición: es totalmente imposible decir de ellos: han echado una cabezadita.

Igualmente, sus lágrimas son como un grito en el desierto… incontables.

Los peces no pueden expresar su desconsuelo. Tal es la justificación del romo cuchillo que salta sobre su dorso para arrancarles las lentejuelas de sus escamas.”

Zbigniew Herbert– “Prosa poética”

(Imagen – Dante Terzigni)

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”La lectura acompaña toda mi vida – decía Montaigne -, y me asiste por todas partes. Me consuela en la vejez y en la soledad. Me descarga del peso de una molesta ociosidad, y me libra, a cualquier hora, de las compañías que me fastidian. Sofoca las punzadas del dolor, cuando no es del todo extremo y dominante. Para distraerme de una imaginación importuna, no tengo más que recurrir a los libros; me desvían fácilmente en su dirección, y me la arrebatan. Y, además, no se rebelan por ver que no los busco sino a falta de los demás bienes, más reales, vivos y naturales. Me reciben siempre con el mismo semblante”.

 

 

En el verano de 2012 y a través de la emisora francesa France Inter, el escritor y profesor en el Collège de France y en la Universidad de Columbia, Antoine Compagnon, dedicó unos minutos cada día a hablar de Montaigne. El éxito de sus reflexiones se convertiría después en un libro, “Un verano con Montaigne” (Paidós), que pronto se transformó en una obra enormemente comentada y apreciada. Se unían, pues, el verano y la lectura, exactamente los ecos de la lectura de un clásico : “la gente – confesaba algo asombrado Compagnon –  estaría tumbada en la playa o tomando un aperitivo antes de comer, y oiría hablar de Montaigne por la radio.” Nunca es tarde para leer un clásico. Los veranos bien pudieran ser tiempos de reelectura. Veranos quizá con sorbos de Pascal, con máximas y consejos, con poemas casi olvidados y ahora recobrados, con pensamientos célebres. Montaigne lo demostró en su día a través de la radio, en medio de las playas y los campos, y abrió una caja de sorpresas.

”La lectura de todo buen libro –así lo recordaba Descartes– es como una conversación con los hombres que lo han escrito, lo más esclarecedor de los siglos pasados; una conversación selecta en la cual no nos descubren sino sus mejores pensamientos.”

 


 

(Imágenes -1- Ferdinando Scianna/ 2- foto Patrick Andrade – New York Times/ 3- Claude Monet – 1886)

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”Mi madre, que odia las tormentas,

agarra cada día de verano y lo sacude

con suspicacia, por si asoman

cúmulos de nubes oscuras como uva;

pero cuando llegan las tormentas de agosto

y comienzan las lluvias, y la quebradiza escarcha

purifica el aire desierto de pájaros,

su preocupación veraniega desaparece.

Y yo, su hijo, aunque nacido en verano

y amante del verano, sin embargo

m siento más a gusto cuando caen las hojas;

los días de verano parecen demasiado a menudo

emblemas de una felicidad perfecta

que soy incapaz de afrontar: debo esperar

una estación menos osada, menos exuberante y despejada:

el otoño parece más apropiado.’

Philip Larkin -(1953) -(edición de Damià Alou)

 

 

(Imágenes – 1- Peter Max – 1990/ 2- William Merrit Chase- 1885-artnet)

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“El mar conserva sus susurros a lo largo

de orillas desoladas, y con su recia marea

inunda veinte mil cavernas, hasta que el encanto

de Hécate les deja su sombrío sonido.

A menudo encuentra su temple calmado

y durante días apenas se mueven las conchas

diminutas de allí donde al fin quedaron,

cuando se desataron los vientos de los Cielos.

Vosotros que tenéis los ojos cansados y doloridos,

alegradlos ante la inmensidad del mar;

vosotros que tenéis los oídos silenciados por el estruendo

o demasiados hartos de pesadas melodías,

sentaos junto a una vieja caverna y meditad

hasta que os sobresalten los cantos de las ninfas.”

John Keats – “Al mar” (edición De Francisco Ruiz Casanova)

 

 

(Imágenes -1- Childe Hassam/ 2-Miguel Rita)

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