VIAJES POR ESPAÑA (23) : LA CAZA EN ARANJUEZ

“La orden que se tiene en la montería de gamos y venados que se hace a tela cerrada en los montes de Aranjuez por el mes de mayo — cuenta Gonzalo Argote de Molina en su Discurso sobre la Montería en 1882— , es así: que los gamos y venados que allí están en los sotos, tienen por costumbre que, al poner del sol y por la mañana, se bajan a los sotos, por causa de que a la noche no los dejan en ellos los mosquitos, y como han mudado las cuernas, no los pueden sufrir, y al salir del sol, los mosquitos andan en lo alto, y se vienen a los sotos,

que los hayan frescos del sereno de la noche, y al car en los sotos están puestos monteros por atalayas, para divisar dónde caen las mayores manadas, y allí se acude a echar con gran presteza las telas para cogerlos dentro, y dejándolos cerrados se hace un toril a la parte de fuera arrimado a la tela.

Desde el toril en adelante sale la carrera, la cual va derecha donde Sus Majestades y las damas están en una enramada, que se hace de madera cubierta de fresas y varias hierbas, que puestas por orden hacen bellísima vista.

En esta carrera, para que vayan mejor guiados los gamos, se pone una ala de telas en una parte, y en la otra, un trecho de cada parte, y no en toda la carrera a la salida del monte. Para que hagan mejor carrera los gamos, se ponen dos trincheras de galgos, y de allí adelante lebreles, y al fin o en medio de la carrera sueltan lebreles, y así la mayor parte van a morir donde Sus Majestades están. Y para salir los gamos fuera de las telas se sueltan sabuesos, por su orden, dentro de la tela cerrada, y los monteros y ventores con las bocinas tocando juntos, trecho a trecho, hacen sonoro ruido, ayudado de la vista de los sabuesos, que andan cazando.

Y para los gamos que procuran salir de aquel cerco están dos monteros para esto, que tienen cuidado de bajar un pedazo de tela hasta el suelo, y como los gamos la ven baja, saltan al toril, y aunque de mala gana, la necesidad los fuerza a pasar por la tela derribada, por la prisa que reciben de los sabuesos y el temor del ruido de las bocinas.

Y habiendo pasado por aquella vez lo que les parece a los monteros, tornan a alzar la tela, y de allí pasan a la tela que está al principio de la carrera, y la bajan, ojeando los que salgan y si allí están muchos venados, en saltando cuatro o seis, vuelven a levantar la tela.

Y habiéndose acabado la carrera de aquellos, y siendo muertos por los monteros, que tienen lebreles y galgos,

aguardan a que los recojan y se pongan en sus puestos, y vuelven luego a acechar los demás gamos que hay en el toril

haciendo lo mismo que con los primeros, y así se hace con los que quedan en la tela principal con los sabuesos, hasta que se acaba o sobreviene la noche, y Su Majestad manda recojan los gamos muertos, y llevarlos a palacio. Y de esta forma se corrían los venados en Aranjuez, en tiempo que residían en la Corte de España la Majestad Cesárea del Emperador Rodoldo, siendo Príncipe, y el Archiduque Ernesto, hermanos de la Majestad de la Reina Doña Ana nuestra señora.”
(Imágenes- 1– Velázquez- “La caza” – 1632– National Gallery- Londres/ 2: 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10- detalles del cuadro “La caza”— viajeuniversal com)

EL TALLER DEL PINTOR

”Según los planos del Alcázar – anotaba el gran historiador del arte, máxima autoridad mundial en el estudio de Velázquez, Jonathan Brown, recientemente fallecido — , el taller de Velázquez estaba situado en la ”galería del cierzo”, situada en la parte norte del palacio. Pero el taller se trasladó a las habitaciones anteriormente ocupadas por el príncipe Baltasar Carlos, el titulado ”cuarto bajo del Príncipe”. Este apartamento consistía en una serie de habitaciones en el segundo piso, la mayor de las cuales era la “galería”, un espacio alargado, a modo de salón, con ventanas en el lado sur. El príncipe murió en 1646, fecha tras de la cual pudieron asignarse a otros fines estas habitaciones. Brown, habla de esa ”galería” o ”pieza principal” afirmando que era el taller del pintor, pero no participa en cambio de las versiones de otros investigadores anotando que ese lugar fuera el escenario de ”Las Meninas”.

Brown, entre sus innumerables y lúcidos hallazgos, entrega minuciosas y variadas aportaciones, por ejemplo, sobre el valor y significado de la “llave maestra” que cuelga de la cintura de Velázquez en el célebre cuadro. “Era un singular signo de favor y de confianza — dice— que aparece mencionado específicamente en las ”Etiquetas”, en donde se estudia cómo debe ser llevada la llave, que es como la lleva Velázquez en ”Las Meninas”… , y puede traer en la faltriquera una llave doble que abra todas las puertas de Palacio.”

Leer los estudios de Brown es sumergirse en los matices de toda la pintura española del siglo XVll. Es acercarse a Zurbarán o a Murillo y a Valdés Leal o atravesar también el Buen Retiro y la corte de Felipe lV, una forma de adentrarse en luminosas páginas de España.

José Julio Perlado

(en memoria de Jonathan Brown que acaba de morir)

Descanse en paz.

(Imagen- “Las Meninas”- museo del Prado

EVOCACIÓN DE JUAN BARJOLA

“ En el arte abstracto se pierde la anécdota — me decía el pintor Juan Barjola sentado conmigo en su taller de la calle Amalarico en 1980 —; dice la gente: ”qué color más bonito” y nada más. En lo figurativo también ocurre esto: pero que ”le guste” a uno una cosa no quiere decir ”que entienda”.

— ¿En qué te detienes cuando vas al Prado?, le pregunté.

—Yo voy siempre al Prado a visitar a los tres grandes: a Goya, a Velázquez y al Greco. Me detengo también ante cosas de Zurbarán y ante la escuela italiana. Pero sobre todo me interesa la pintura española.

Le pregunté también si es posible que pueda cansar el mirar un cuadro abstracto.

— Depende de quien mire el cuadro y de su sensibilidad. El cuadro figurativo profundo no cansa nunca. Velázquez, por ejemplo, no cansa.

Me hablaba luego del arte español contemporáneo:

— A pesar de las influencias y en algunos casos del mimetismo, como en todas las épocas, existen valores con gran personalidad. Todos sabemos que hoy es muy difícil hacer cosas enteramente nuevas, aunque no imposible, ya que se dice que todos los caminos y los estilos están ya trazados. Yo no creo que lo estén todos, pero sí que quedan menos, y por lo mismo el encontrarlos es más difícil. En este momento yo encuentro valores dentro de nuestro arte. Hoy nuestro arte, como el de la mayor parte del mundo, tiende a veces a aprisionarse por esa preocupación por la moda del tiempo, por el qué dirán. En mi opinión yo creo que se puede ser actual pintando o esculpiendo los eternos motivos, porque la intención, las formas, la composición, son otros, y están vivos.

Por otro lado — continuaba— creo que sería necesario dar aspectos biográficos de artistas de nuestro tiempo en cualquier campo y que la gente se interesara en ello. Acaso conociendo a las personas y su vida, la gente acudiría más a las exposiciones y los museos. Sé que no a todos les interesará esto, pero me conformo con que los que se interesen sean cada vez más. Sería muy importante que desde párvulos los maestros les enseñasen a mirar pinturas, a ver cómo se mira una pintura…”

Seguía así nuestro diálogo y desde un cuadro nos miraban las patas y cabezas entrelazadas de una intensa Tauromaquia.

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(Imágenes- 1- Barjola- Tauromaquia/ 2- Juan Barjola)