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Posts Tagged ‘Tom Wolfe’

 

 

“Si se sigue de cerca el progreso del Nuevo Periodismo a lo largo de los años sesenta – decía Tom Wolfe, recientemente fallecido – se observará un hecho interesante: que los periodistas aprenden las técnicas del realismo – particularmente de Fielding, Balzac, Dickens y Gógol – a base de improvisación. A base de tanteo, de “instinto” más que de teoría. Esa fuerza extraordinaria surgía principalmente de sólo cuatro procedimientos. El fundamental era la construcción escena- por – escena, contando la historia saltando de una escena a otra y recurriendo lo menos posible a la mera narración histórica y registrar el diálogo en su totalidad. Eso constituía el procedimiento segundo.

 

 

Es decir, el diálogo realista capta al lector de forma más completa que cualquier otro procedimiento individual. Al mismo tiempo afirma y sitúa al personaje con mayor rapidez y eficacia que cualquier otro procedimiento. (Dickens sabe fijar un personaje en tu mente de tal modo que tienes la sensación que ha descrito cada pulgada de su apariencia.., sólo que al volver atrás  descubres que de hecho se ha ocupado de la descripción física en dos o tres frases; el resto lo ha conseguido con diálogo.) Los periodistas estaban trabajando con el diálogo como totalidad.

 

 

El tercer procedimiento  era el “punto de vista en tercera persona”, la técnica de presentar cada escena al lector a través de los ojos de un personaje particular, para dar al lector la sensación de estar metido en la piel del personaje y de experimentar la realidad emotiva de la escena tal como él la está experimentando. Los periodistas habían empleado con frecuencia el punto de vista en primera persona – Yo estaba allí – igual que habían hecho autobiógrafos, memorialistas y novelistas. Sin embargo, esto significa  una grave limitación para el periodista, ya  que sólo puede meter al lector en la piel de un único personaje -él mismo – un punto de vista que a menudo se revela ajeno a la narración  e irritante para el lector. Según esto, ¿ cómo puede un periodista, que escribe no-ficción, penetrar con exactitud en los pensamientos de otra persona? La respuesta se reveló maravillosamente simple: entrevistarle sobre sus pensamientos y emociones, junto con todo lo demás.

 

 

Y el cuarto procedimiento – seguía diciendo Tom Wolfe – ha sido el que menos se ha comprendido. Consiste en la relación de gestos cotidianos, hábitos, modales, costumbres, estilos de mobiliario, de vestir, de decoración, estilos de viajar, de comer, de llevar la casa, modos de comportamiento frente a niños, criados, superiores, inferiores, iguales, además de las diversas apariencias, miradas, estilos de andar y otros detalles simbólicos  que pueden existir en el interior de una escena. ¿Simbólicos de qué? Simbólicos, en términos generales, del status de vida de las personas, empleando ese término en el sentido amplio del esquema de comportamiento y bienes a través del cual las personas expresan su posición en el mundo, o la que creen ocupar, o la que confían alcanzar.

 

 

La relación de tales detalles no es meramente un modo de adornar la prosa. Se halla tan cerca del núcleo de la fuerza del realismo como cualquier otro procedimiento en la literatura. En él radica la esencia misma de la capacidad para “absorber” de Balzac, por ejemplo. Balzac apenas recurría al punto de vista en el sentido de refinamiento con que Henry James lo empleó más tarde. Y sin embargo el lector termina con la sensación de que ha estado aün más completamente “dentro” de los personajes de Balzac que los de James. ¿Por qué?  Porque Balzac acumula detalles implacablemente y al mismo tiempo con tanta meticulosidad que dispara los recuerdos del lector sobre su propio “status”, sus propias ambiciones, inseguridades, deleites, desastres, además de las mil y unas humillaciones y golpes que su condición recibe en la vida cotidiana y los dispara una y otra vez hasta que crea una atmósfera rica y absorbente.”

Así relataba la esencia del “nuevo periodismo”  Tom Wolfe, que acaba de morir.

Descanse en paz.

 

 

(Imágenes -1- André Derain – 1914 – museo sindicate/ 2- Juan Gris/ 3- Stuart Davis – 1924 – artnet/ 4- Bernard Fleetwood walker/ 5- Larry Fink- artnet/ 6- Tom Wolfe- rolling stones)

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Clay escribe Norman Mailer – no era un muchacho de los barrios bajos. Su madre era una grácil señora de clara piel, y su padre, hombre de amargo ingenio, mostraba cierto orgullo del apellido Clay. Eran descendientes de Henry Clay, el orador, por la rama blanca de la familia, y Cassius comenzó a boxear a los doce años de edad, en un gimnasio de la policía. Desde el principio fue un fenómeno por la pureza de su estilo, y por la insensibilidad al dolor, ya que sabía utilizar sus dotes físicas.

 

Clay- bew- Muhammad Ali- I Am The Greatest

 

Ahora una exposición en Londres sobre su figura nos evoca las lecturas del nuevo periodismo: Tom Wolfe y el gran reportaje que le dedicó Norman Mailer en “Rey del ring”. “Alto – le describe Mailer -, relativamente ligero, con excepcional envergadura incluso teniendo en cuenta su altura, Clay cultivó unas habilidades defensivas que le permitían utilizar al máximo sus dotes físicas.

 

Clay- byui- guantes del boxeador que utilizó contra Henry Cooper en mil novecientos esenta y tres- Samir Hussein Wirelmage

 

Basándose, al parecer, en la premisa de que recibir golpes es casi una suciedad, Clay boxeaba con la cabeza echada hacia atrás, y la echaba todavía más hacia atrás cuando le atacaban, igual que un chico que, en una pelea callejera, teme que le golpeen la cara, pero además, debido a que su cintura era más flexible que el cuello de un púgil normal, podía boxear con los puños bajos, sin dejar de observar a su contrincante, esquivando los puñetazos gracias a la agilidad de los pies, los reflejos de la cintura, y el largo y devastador despliegue de los brazos, con los que siempre conseguía derribar a sus adversarios.

 

Clay- bre- botines de Ali en mil novecientos setenta y seis- Jimmy Young

 

Añádase a lo anterior la psicológica comprensión de la vanidad y confusión de los otros púgiles. El boxeador, en el cuadrilátero, no sólo es un gladiador, sino también un actor. Desde los doce años, Clay perfeccionó su técnica, y sabía socavar la vanidad de los otros actores, sabía conseguir que se sintieran ridículos, y obligarles así, a cometer errores fatales, e imponía esta técnica desde el primer asalto.

 

Clay-onm- el cinturón concedido por la Ring Magazine al Más grande de todos los Tiempos

 

Posteriormente, aprendió a imponerla un año antes de la celebración del combate. Clay sabía que el púgil a quien él hubiera dejado en un estado de confusión psicológica antes de subir al cuadrilátero, había perdido la mitad, no, tres cuartas partes, mejor dicho, la totalidad de la pelea, antes de que se lanzara el primer puñetazo. Esto es psicología del cuerpo”.

 

Clay- ynh- guantes de boxeo de Muhammad Ali- museo Nacional de Historia Estadounidense- Washington- wikipedia

 

(Imágenes.- 1-Ali- I Am The Great / 2.-guantes de boxeo- 1963- Samir Hussein- wirelmage/3.-botines de Ali- 1976- Jimmy Young7 4.-cinturón concedido por la Ring Magazine al Mejor Boxeador del mundo/ 5–guantes de boxeo de Ali-museo nacional de Historia estadounidense. Wikipedia)

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escritores.-tbhhn.-Truman Capote

 

“Se dice que la entrevista periodística – y así lo conté en “Diálogos con la cultura” – tuvo su inicio cuando James Gordon Bennet publicó en 1836 una crónica inventando la técnica de las preguntas y respuestas, tal como suelen contarse en las audiencias judiciales. Aquellas preguntas a una tal Rosina Townsend, de Nueva York, indagando sobre un crimen sensacionalista, no sólo lograron que toda la ciudad hablase del asesinato, sino que probaron la inocencia del joven acusado, quien estaba a punto de ser condenado. Truman Capote, más de un siglo y medio después, quiso acercarse a otros asesinos – Dick Hickock y Perry Smith -, hasta estar presente incluso en su ajusticiamiento ; durante varios años estuvo preparando de manera intermitente su relato, basado en hechos reales, que tituló “A sangre fría” y que Tom Wolfe encuadraría dentro del llamado Nuevo Periodismo. Pero hasta 1966 en que aparece esta historia verídica y recreada, el arco de las entrevistas periodísticas se remonta a muy diversos momentos: así, según ciertos textos, la primera “interviú” que registran los anales norteamericanos la llevó a cabo el “New York Herald” con Garrit Smith, con motivo de la incursión de John Brown sobre Harper Ferry. Algún autor, sin citar la fuente, indica que la primera entrevista fue la que le hiciera Greely al líder mormón Brigham Young.

 

periodismo-ggbbn oriana fallaci- oriana-fallaci com

 

Ahora nuevamente se habla del arte de la entrevista. En la Historia quedan los Diálogos del portugués Francisco de Holanda con Miguel Angel y hay que recordar también los lejanos diálogos de Platón con Sócrates. Diversos ensayos han aludido igualmente a que ya antes de Platón, los poetas de Siracusa Sofrón y Epicarmo habían desarrollado una técnica de exposición de posiciones filosóficas a través de piezas teatrales de dos o tres actores. Luciano de Samosata escribió los diálogos “De los Dioses, de la Muerte“, y, ya centrándonos en la literatura española, algún estudioso ha señalado que “el advenimiento del diálogo es tardío en nuestros clásicos y hace su aparición en “La Celestina”, ya que los diálogos del “Corbacho” son, a juicio de Menéndez Pidal, “discursos familiares”. Si Erasmo contribuye a popularizar el modo clasicista del diálogo y si “el diálogo no prospera plenamente en Europa hasta después de la Revolución Francesa, lo que se denomina como diálogo periodístico nace a finales del siglo XVlll”.

Personalmente quienes me han enseñado más sobre el diálogo periodístico han sido Oriana Fallaci en su prólogo a “Los antipáticos” y Manuel del Arco contestando a Salvador Paniker. “Una cosa importante – dijo Del Arco  en esa ocasión sobre la entrevista – es que no pretendo lucirme; pretendo que se luzca el personaje, porque cuanto mejor es una respuesta mejor me queda la pregunta. Yo nunca pongo zancadillas a nadie. Hago preguntas con intención; no con buena ni mala intención, sólo con intención. Soy periodista y pienso: si ahora no hago esta pregunta, el lector, no me lo perdonaría. Y tengo el valor de hacer la pregunta”.

(Imágenes.-1.-Truman Capote/ 2.-Oriana Fallaci)

 

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periódicos-vvewd-Wang Du- dos mil uno

Joe McGuinniss en “Cómo se vende un Presidente”así lo recordaba Tom Wolfe enEl nuevo periodismo” – recurre a una estrategia que exige un nervio considerable. Presenta al lector la imagen de Richard Nixon a través de cinco tomas completas de un film político, cinco tomas completas de un segundo film, y dos tomas completas de un tercero. Creo que muchos escritores se habrían contentado con describir dos o tres tomas y luego añadir sencillamente que Nixon repitió este tedioso proceso nueve o diez veces más… por miedo de que el lector desertase ante la monotonía.

Nixon-ergg-Joe McGinniss- dish andrewsulivan. com

La táctica de McGinniss de insistir en la descripción una y otra vez, desde la primera palabra hasta la última, me recuerda un poco una estrategia similar de Mark Twain en sus conferencias. Si contaba un chiste que no hacía gracia, simplemente lo volvía a contar otra vez … y otra vez… y otra vez… hasta media docena de veces… hasta que el público soltaba la carcajada, no ya por el chiste, desde luego, sino por lo absurdo de la repetición.

Bicentennial Poster U.S.A., 1976screenprint on paper

Algo parecido ocurre aquí. McGuinniss se arriesgó a perder todos sus lectores en el primer capítulo, pero el envite fue un éxito: se gana finalmente al lector. El proceso mismo de la realización de films políticos, el sentido de cálculo implícito en las repeticiones, devienen el eje de la historia, y no simplemente una anécdota o una ilustración.”

A Joe McGinniss me referí indirectamente aquí hace ya tiempo. En estos días ha llegado la noticia de su fallecimiento. Descanse en paz.

(Imágenes.-1.-Wang Du.-2001/ 2.-cubierta del libro de McGinnis/ 3.-Milton Glaser- Massimo Vignelli.-1976-designindada.com)

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estaciones.-87gg.-invienro.-nieve.-Nueva York 1940.-Frank Navara

” En el crepúsculo encantado de la metrópoli algunos días la soledad se volvía obsesiva, e incluso la sentía en otros, empleados jóvenes y pobres que mataban el tiempo delante de los escaparates y esperaban la hora de cenar solos en un restaurante; empleados jóvenes que, al anochecer, desperdiciaban los momentos más maravillosos de la noche y de la vida.– así leemos en El gran Gatsby del que hace pocos días hablé en Mi Siglo -.

ciudades.-499k- Nueva York 1950.-Eve Arnold

A las ocho, otra vez, cuando la calzada en penumbra de las calles Cuarenta se llenaba de la agitación de los taxis, en filas de cinco, que iban a la zona de los teatros, sentía una opresión en el corazón. Se unían las siluetas en el interior de los taxis a la espera de emprender la marcha, cantaban las voces, chistes que yo no oía provocaban risas, y cigarrillos encendidos trazaban ininteligibles espirales. Imaginando que yo también corría hacia la alegría y compartía su entusiasmo más íntimo, les deseaba lo mejor.”

ciudades.-55r.-Nueva York.-1957-1958.-foto de W Eugene Smith

“Toda la noche los grandes edificios permanecen callados y vacíos – leemos igualmente en “Manhattan Transfer” -, sus millones de ventanas apagadas. Babeando luz, los ferries devoran su camino en el puerto de laca. A medianoche los trasatlánticos expresos de cuatro chimeneas zarpan de sus muelles luminosos para hundirse en la oscuridad. Los banqueros, con los ojos legañosos, oyen, terminadas sus conferencias privadas, los aullidos de los

ciudades.-33vv.-Nueva York.- Elliott  Erwitt.- 1955

remolcadores cuando los vigilantes, gusanos de luz, abren las puertas laterales. Se instalan refunfuñando en el fondo de sus limusinas y se dejan llevar rápidamente hacia la calle cuarenta y tantos, calles sonoras, inundadas de luces blancas como el gin, amarillas como el whisky, efervescentes como la sidra.”

ciudades.-96gg-Nueva York.-Park Avenue.- Johann Berthelsen

Son dos de los ejemplos que Luis Goytisolo comenta en su libro de ensayos “Naturaleza de la novela” (Anagrama) en el que, hablando de la narrativa norteamericana del siglo XX,  une el auge de la arquitectura y el poderío simbólico de los rascacielos de la gran ciudad con estos seres que Scott Fitzgerald y John Dos Passos ponen a andar- entre trepidantes y nostálgicos – por las calles de Nueva York. “El gran Gatsby”, dice Goytisolo, podría mantener su influjo sobre otros novelistas y “La hoguera de las vanidades” de Tom Wolfe llegaría a ser el mejor ejemplo. (…) Los rasgos de esta sociedad regida por la codicia y la vanidad, Scott Fitzgerald los captó antes de la Gran Depresión.”

ciudades.-8uu88.-Nueva York en invierno.-Stow Wengenroth.-Brooklyn.-1959.-Smithsonian Ameican Art Museum

La novela de las ciudades y la ciudad de las novelas – Proust y París, Joyce y Dublín, Döblin y Berlín, Butor y Bleston, entre otros – han sido estudiadas y enlazadas por Jean-Yves Tadié, al que alguna vez me he referido. Nueva York ocupa entre todas esas ciudades un puesto destacado. Sus múltiples versiones literarias configuran todo un mundo.

(Imágenes:- 1.-foto Frank Navara.-1940/ 2.-Eve Arnold.-1950/3.-Eugene Smith.-1958-1959/4.-Elliott Erwitt.-1955/5.-Nueva York.-Johann Berthelsen/6.-Smithsonian-1959.-american art museum)

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“El cine nos divide la vida en secuencias y la inteligencia del espectador acostumbra a su pupila a desplazarse de una a otra escena, de una existencia a una ciudad, de una capital a una aventura, de un espacio a un tiempo. El cristal de la pupila del ojo del cine es un proyector literario en John Dos Passos que se mueve por el mosaico del Nueva York de los años veinte, distinto al Nueva York de los puntos de vista de Henry James, al viejo Nueva York que surge de Edith Wharton y a la modernísima hoguera de las vanidades que es el Nueva York de Tom Wolfe. El cristal nevado de la ciudad, los cubos de cristal iluminados en rascacielos fantasmas, los cristales en caleidoscopio de las vidas giran en torno a nuestro ojo devorador, el Ojo de la Cámara asomado al Noticiario múltiple que intenta entregarnos la selección de la esencia del siglo americano, la simultaneidad de las existencias cruzando las calles, el zumbido de la colmena neoyorquina.

Dos Passos, el escritor norteamericano nacido en Chicago en 1896 y muerto en 1970, nos presenta unas novelas simultaneistas o unanimistas –Manhattan Transfer y su trilogía USA: Paralelo 42, 1919 y El gran dinero– en donde el héroe es la muchedumbre y las mil cabezas de un personaje inexistente se llaman multitud. Esa multitud y esa muchedumbre están vistas desde la superficie, sin penetrar en psicologías, andando por avenidas de epidermis y mostrando de estas urbes gigantescas únicamente las cortezas. Pero entre cortezas, epidermis y superficies he aquí que John Dos Passos nos quiere dar unas instantáneas que perduren, un flash de Nueva York en un tiempo determinado, una singular fotografía americana en la época de la Gran Depresión.

“Toda la noche los grandes edificios permanecen callados y vacíos, sus millones de ventanas apagadas – se lee en “Manhattan Transfer” -. Babeando luz, los ferries devoran su camino en el puerto de laca. A medianoche los transatlánticos expresos de cuatro chimeneas zarpan de sus muelles luminosos para hundirse en la oscuridad. Los banqueros, con los ojos legañosos, oyen, terminadas sus conferencias secretas, los aullidos de los remolcadores cuando los vigilantes, gusanos de luz, abren las puertas laterales. Se instalan refunfuñando en el fondo de limousines y se dejan llevar rápidamente hacia la calle cuarenta y tantos, calles sonoras, inundadas de luces blancas como gin, amarillas como whisky, efervescentes como sidra.

Intenta ser un poema fotográfico sobre el corazón de la urbe, la toma del pulso a la gran ciudad cuya imagen hemos visto ya en tantas películas que nuestros ojos no parpadean en la costumbre. Pero un escritor, aunque use técnicas cinematográficas en sus habilidades y en sus talleres literarios, trabaja con la herramienta de la palabra, y Dos Passos hace todo un esfuerzo por captar momentos simbólicos, encuadres personales.” El joven sin piernas se ha parado en medio de la acera sur de la calle 14. Lleva un jersey azul y una gorra azul de punto de media. Sus ojos levantados se agrandan hasta llenar la cara blanca como el papel. Pasa un dirigible. Brillante cigarro de estaño, esfumado en la altura, perfora suavemente el cielo lavado y las blandas nubes. El joven sin piernas se queda inmóvil, apoyado en sus brazos, en medio de la acera sur de la calle 14. Entre piernas que andan a zancadas, piernas delgadas, piernas anadeantes, piernas con pantalones, con bombachos, con faldas, él sigue allí, perfectamente inmóvil, apoyado en sus brazos, mirando al dirigible·.

Nueva York aparece en su indumentaria de época, vestida con su moda costumbrista, y el dirigible pasa como están pasando por el cielo de la historia de esa ciudad unos años difíciles, años eminentemente sociales, meses de paro y de búsqueda, semanas largas de insatisfacción laboral. Ese Nueva York que será años después el del krack financiero en el que ciertas vidas desgraciadas abrirán sus ventanas y se arrojarán al vacío del desamparo, al espacio de una intemperie sin soluciones, es ya el Nueva York latente bajo los ruidos y las músicas que Dos Passos narra al contar el hormigueo de las aceras.

Manhattan Transfer es la novela de la gran ciudad americana, esa ciudad es el gran personaje y sobre sus calles caminan constantemente, en deambular incansable, sus numerosas figuras. Manhattan es el decorado y es el paisaje. Las tres partes del libro se subdividen en capítulos y como islas sobre las páginas permanecen los títulos de Embarcadero, Metrópoli, La ciudad alegre y confiada, Puertas giratorias o Rascacielos. El resto de los títulos complementan la visión de América: Dólares, Carriles, Apisonadora. Nos encontramos, pues, entre el ruido y el olor de esa modernidad en donde uno de los personajes, Jimmy Herf, será aquel a quien seguiremos desde la infancia hasta su enigmática partida. Pero serán las Calles –Cuarta, Sexta Avenida, Quinta Avenida, Novena, Tercera– quienes se hagan vida y muestren sus caminos de asfalto para el andar incansable de los hombres.

Dos Passos, que en sus inicios estuvo muy influido por las ideas socialistas y que al final se inclinaría hacia la derecha, tendió su mirada de escritor hacia la sociedad sin olvidar al individuo y quiso abarcar una ciudad inolvidable en unos años inolvidables. Su empeño fue aprehender la esencia de una moderna urbe.” Babilonia y Nínive eran de ladrillo –escribió–. Toda Atenas era doradas columnas de mármol. Roma reposaba en anchos arcos de mampostería. En Constantinopla los minaretes llamean como enormes cirios en torno del Cuerno De Oro…Acero, vidrio, baldosas, hormigón, serán los materiales de los rascacielos. Apilados en la estrecha isla, edificios de mil ventanas surgirán resplandecientes, pirámide sobre pirámide, blancas nubes encima de la tormenta”.

¿Y el alma de Nueva York? ¿Y las almas que en Nueva York viven?. Los edificios se encumbran en verticalidad ascendente, pero en Dos Passos los hombres se presentan horizontales, sin un aliento aspirado, sin una profundidad, sin una accesis”.

(J.J. Perlado: “El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes”, págs 284-286)

(Imágenes: 1.-Manhattan.- Cristopher Rini/2.- Manhattan 1967.- Andy Blair/3.- Times Square.- wikipedia/ 4-. Manhattan 2009.- Joe  Wigfall/

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“Esta profesión tiende a la autodefensa – ha dicho Arcadi Espada -, a no asumir que muchos problemas son el fruto del trabajo mal hecho. Eso sí, siempre estaremos dispuestos a denunciar el trabajo mal hecho por los otros (…)  Siempre hacemos grandes teorías para justificar los errores que cometemos los periodistas y que no tienen otra explicación que la pereza y la incompetencia (…) La literatura ha sido nefasta para el periodismo. Y que conste que yo también me hice periodista  porque me gustaba escribir (…) Hay un error ontológico: la ficción, las novelas dan un orden acabado del mundo, una ilusión de sentido que no existe en la vida. La vida está hecha de cabos sueltos. Por ejemplo, hay un error lamentable que es la necesidad de sentido. Pongamos que un señor tritura a su madre. Al día siguiente irán todos los periodistas y descubrirán que el señor creció en una chabola y que fue un niño solitario, y, claro, eso lo explicará todo… Vaya, como si lo normal fuera triturar a la madre cuando uno crece entre chabolas. Eso es retórica, una falta de rigor asombrosa. Siempre es más fácil hacer un relato literario que investigar en el gen del asesino. En resúmen, tenemos un modo de contar la realidad basado en la metáfora y no en el dato. Y eso es anacrónico”. mundo-actual-foto-peter-beard-michael-hoppen-gallery

“Hablamos tanto de la crisis de los diarios, de la información en papel, de las posibilidades de los medios digitales…Y resulta que lo que está en crisis es el periodismo, más que los periódicos (…) Soy muy crítico con el periodismo, pero hay un hecho indiscutible que tenemos que reconocer: los medios de comunicación son el instrumento que ha permitido que las personas se sientan solidarias. Aunque sea una solidaridad liviana, unos segundos en el sofá mientras se ve en el telediario unas imágenes de los bombardeos en Gaza…Es una solidaridad valiosa”.

Estamos lejos deEl nuevo periodismo” de Tom Wolfe, de 1976 ( Anagrama). Es algo muy distinto. Varias veces he hablado en Mi Siglo de periodismo. Ahora creo que es muy útil leer el último libro de Arcadi EspadaPeriodismo práctico” (Espasa). Allí se lee la preparación de Chéjov para descubrir. Para observar. “Chéjov antes de Google: ” Sin moverme de casa leo cuánto costaba una tonelada de carbón de Sajalín en 1863 y cuánto cuesta el de Shanghái, me informo de esas grandes extensiones, de los vientos del noroeste, sudoeste y nordeste que soplarán sobre mí cuando esté meditando sobre mi mareo, cerca de las costas de Sajalín. Leo noticias del suelo, el subsuelo, de la arcilla arenosa y de la arena arcillosa”. Ah, ah,  -comenta Espada -, esas maniobras iniciáticas, ese ojeo del orden. Se me hace la boca agua”.

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 Observar. Descubrir el dato, transmitir el dato, no la metáfora.  Estamos en otro nuevo periodismo, en la necesidad de un nuevo periodismo. “Qué hacer – se pregunta por ejemplo Arcadi Espada –  cuando nos advierten que las noticias deben contrastarse tres veces? Comprobar si entre estas tres fuentes figura la invisible y principal: el propio periodista contrastando con su inteligencia, su cultura y su coraje, en el tiempo, a veces muy corto, que separa al descubrimiento de la escritura, si aquello que  ha visto o ha oído puede pasar la prueba de la razón. Averiguar también, si en los masters se enseña a tratar con la fuente invisible, a cuidarla, a alimentarla o, por el contrario, y como máximo, se enseña a sobornarla”.

“¿Qué hacer – se sigue preguntando Espada – con la escritura digital? En general, se está imponiendo un modo de escribir en la web que más se atiene a la laxitud de una sucesión continua de borradores privados que a las obligaciones de la publicación. Este concepto de publicación es clave, pero no parece haber entrado en las cabezas de algunos redactores jóvenes. Una web no es una emisora de radio (por el momento no domina el lenguaje oral), ni un blog, ni escribir en un periódico puede ser un mero backup de lo que va llegando. Es posible que los digitales deban escribirse de otra forma”.

(Imágenes:- fotos Peter Beard.-Michael Hoppen Gallery)

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