LA MUERTE DE IVÁN ILITCH

 

 

 

“Cuando se lee “La muerte de Iván Ilitch” sorprende siempre el poderío narrativo de Tolstoi, su agudeza de observación ante los vaivenes de la vida, la constancia de narrador para no concentrarse en un solo aspecto de la existencia sino mantener con pulso extraordinario los contraluces matrimoniales, los contraluces  laborales, las envidias, sufrimientos, obsesiones, discusiones, ambiciones, reveses, fatigas, cambios de humor y de domicilio, sospechas, miedos, dudas, reconciliaciones, ilusiones amorosas y desgastes de convivencia, sueños y decepciones, desprecios, miedos, la cercanía de los conocidos y la lejanía de los amigos, el cálculo, los intereses, el temor a los pliegues de la muerte y  a los latidos de la enfermedad, las escenas familiares y las escenas sociales, las intrigas, los pellizcos de humor y de ironía, las alegrías y preocupaciones, el rostro vuelto  hacia la pared buscando la inmersión en la soledad.

Toda una vida está aquí, cuando Tolstoi tiene 56 años y las peleas con Sonia, su mujer, marchan, como en tantas otras ocasiones,  sobre senderos tortuosos. Es normal que a esta novela corta se la considere una obra maestra. Lo certifica  Francois Porché cuando traza el retrato psicológico del gran escritor. Lo anota Henri Troyat en su “Tolstoi”.  Lo analiza minuciosamente Nabokov en su “Curso de Literatura Rusa”. También Steiner en su “Tolstoi o Dostoievski” hablará de la epopeya de  visión  que posee el novelista, y aquí está la epopeya de la vida corriente y familiar.

Cuando se lee “La muerte de Iván Ilitch” se lee simplemente su vida. Asombra que un escritor pueda sintetizar en pocas páginas toda una existencia. Y sin embargo,  Tolstoi lo hace normal.”

José Julio Perlado

 

 

 

( Imágenes —1- Tolstoi en el campo -por Repin – Wikipedia/ 2- Tolstoi y su mujer)

LOS BRINDIS DE FIN DE AÑO

 

 

”Para brindar, los germanos usaban y usan descomunales jarras para trasegar su desbordante cerveza — cuenta María del Carmen Soler en sus “Banquetes de amor y muerte” —,  con gestos rituales entre los estudiantes universitarios, la mirada en la mirada, el codo que empina alzado más de lo usual entre nosotros, y él gaznate tragando sin parar  hasta que deje de beber el que empezó el “te lo ofrezco”.

En Rusia, se estrella contra el suelo la copa, al vaciarla tras los brindis, que eran muy numerosos en tiempos de los zares. Tostoi nos describe un banquete de 300 cubiertos, que se da en el Club Inglés, lugar de reunión y francachelas de los más ilustres personajes de San Petersburgo; principalmente oficiales, que asisten luciendo uniformes o de frac, y algunos incluso con pelucas empolvadas. Al servir los criados el enorme esturión, empezaron a la vez a destapar las botellas de champán y, al dar todos buena cuenta del pescado, comenzaron los brindis, que aquí son de carácter general, empezando siempre por el Emperador.

Se brinda puestos en pie y a los acordes de una orquesta que siempre empieza  por tonadas bélico- patrióticas que todos conocen. Los oficiales lagrimean sobre las burbujas del líquido, pero no es el champán el que les hace llorar, sino la evocación de su emperador ( que está a pocos metros, por lo demás). “Hurra” -gritan a una los trescientos comensales, que apuran la copa de un trago y enseguida la arrojan por encima de su hombro.

Los brindis con el dorado champán están asociados a la “belle époque”, en la eterna Francia y romántica, Rubén Darío evoca así a la Dama de las Camelias :

“Sorbías el champagne

en fino bacarrat…”

y su imagen va siempre asociada a una copa en alto. Bebiendo, disimulaba o calmaba sus accesos de tos.

En España esta bebida es la culminación de la fiesta. Su estampido inicia el máximo de jolgorio en las comilonas familiares y sus espumas y burbujas encantan a chicos y grandes, en las jubilosas celebraciones de Navidad y Año Nuevo.

Los brindis en los escenarios en que se desarrolla la alta política no tienen nada de espontáneos, aunque a veces lo parecen. En el opíparo y exótico banquete que el gobierno chino de Mao ofreció al Presidente de los Estados Unidos, Nixon, tras 18 años de hostilidad, desconfianza y miedos mutuos se brindó con corteses efusiones por una nueva “larga marcha” que lleve a la amistad y a la cooperación a ambos grandes pueblos. Cada palabra estaba calculada, y los temores eran tantos, que hasta se confiaba en parte en la bendición de esa visita por el Papa Pablo Vl desde Roma.

El pragmático Nixon advirtió, al salir de su país, que iba  a Pekín sin ilusiones, pero alzó su copa innumerables veces, recorriendo codo a codo con Chu-en- Lai la inmensa sala de fiestas del Gran Palacio del Pueblo en brindis protocolario.”

 

 

(Imágenes -1- Pamela K Crooks- hay gallerie girl – Londres/Joan Brossa- elpais)

EN LOS MÁRGENES

 

 

“En los márgenes de los libros yo he escrito mucho durante años. Quizá treinta, cuarenta años. Sigo haciéndolo. Ha cambiado mi letra pero no mi curiosidad. Cuando abro de nuevo el “Rilke” de Angelloz , por ejemplo,  leo mi letra en los márgenes y me lleva a mañanas solitarias — las seis, las siete de la mañana, antes de irme a la Universidad —en donde Rilke me hablaba y me habla, hablaba también Rodin con sus consejos: trabajo y paciencia. La paciencia me ha acompañado a esas horas, me ha acompañado siempre, hemos ido la paciencia y yo buscando un banco ante el mar, en el campo, la paciencia se ha sentado conmigo y me ha abierto la página del trabajo, el dedo de la paciencia me ha  ido indicando la cita de Rodin, la de Rilke la de Proust, la de Tolstoi, la de Woolf, me ha ido indicando qué debía anotar,  corregir, analizar, cómo no tenía que  correr,  cuánto había que esperar, apuntar  las sorpresas, dejar testimonio manual de  aquello que me estaba formando, el libro de los márgenes, el libro de mi letra personal, subrayados, flechas, pensamientos,  regalos asombrosos de autores, ocupaciones,  ideas, obsesiones, inquietudes.

Uno  quizá debía  de publicar los márgenes de lo que escribió en su día durante años mientras iba leyendo. Es un río de pensamientos. Viene la paciencia y el trabajo a lo largo del río y me entrega años de lectura y de  silencio.

José Julio Perlado

(Imagen- Diario de Katerine Mansfield – 6 septiembre 1911)

HISTORIA Y NOVELA

 

 

“En noviembre de 1866 León Tolstoi fue a Moscú con objeto de consultar en la Biblioteca del Museo Rumiantsev diversas obras que se referían a la época de 1812, cuando estaba escribiendo “Guerra y paz”. Vivía en casa de los Bers. Todas las mañanas salía del Kremlin por la puerta Boroviskia – como lo recuerda Francois Porché  en su  “Retrato psicológico de Tolstoi” – y llegaba a la callejuela Vagankovski donde se encontraba el Museo.  Allí pasaba largas horas leyendo y tomando notas.

Ese mismo mes tuvo curiosidad por visitar el campo de la batalla de Borodino, al oeste de Moscú. Durante dos días, bajo las grandes lluvias mezcladas de nieve, acompañado por su joven cuñado Stepan, de once años, y vestido con ropa de caza, Tolstoi recorre en todos sentidos la vasta llanura brumosa, sembrada de montículos y barrancos, donde se había desarrollado cincuenta y cuatro años antes, la llamada por los franceses “Victoria del Moscova” y por los rusos “victoria de Borodino”. A su vuelta a Moscú el escritor le dice a su mujer: “Dios me conceda tan sólo salud y tranquilidad, y haré una descripción de la batalla como no la hay todavía.”

 

 

Es decir, el novelista recrea la historia, o mejor dicho, la historia está ahí, entre documentos y disparos, extendida en la tierra,  y el novelista se acerca a los detalles de la historia, logrando que los detalles de su novela atraigan luego al cine y a cuantas versiones se imaginen. Es todo un esfuerzo el del novelista muchas veces fatigoso, aparentemente oscuro, pero necesario de modo esencial para dejar testimonio de un hecho. ¿A quién irán luego los historiadores futuros, a los documentos primeros o a las escenificaciones fieles de los grandes escritores? A ambos, indudablemente. Pero el esfuerzo del novelista por reflejar toda la verosimilitud del acontecimiento es palpable. Como recuerda Henri Troyat en su “Tolstoi”, todo el invierno de 1863 -1864 se dedica el escritor a resucitar una época entera. Su suegro le enviaba desde Moscú documentos de primera mano y él mismo compra y consulta todas las obras referentes a las guerras napoleónicas.

 

 

“No se puede imaginar usted – escribe Tolstoi en una carta – cómo me cuesta este trabajo preparatorio de labor profunda sobre el campo que me veré forzado a sembrar. Reflexionar, pensar en todo lo que podía acontecer a esos futuros héroes de una obra tan vasta y combinar los millones de proyectos de todo orden para escoger un millonésimo, es terriblemente difícil.”

Será el esfuerzo por retratar con medios técnicos toda su “visión homérica” de la vida,  tal como la define Steiner, toda la humanidad de los personajes secundarios,  todo el retablo de la vida continua y fragmentada que constituye la universalidad del mundo épico en este gran escritor.

 

 

(Imágenes – 1-Tolstoi trabajando -wikipedia/ 2-Tolstoi -meshkov 1910- wikipedia/ 3- Tolstoi descansando –  repin -Galería estatal -wikipedia/4- Tolstoi arando – repin -1897- wikipedia)

GABINETE DE UN POETA

“Yo escribía poesía en hojitas de papel que metía en el bolsillo del chaleco – dice Eugenio Montale enDe la poesía” (Pre -textos) -. Unas veces las conservaba , otras la muchacha las tiraba como basura. Esto además porque nunca he tenido hojas de papel. Aún hoy, cuando tengo que escribir una carta, tomo ese papel que da el periódico y que es el peor papel italiano, el más económico, falsamente patinado. Luego no se puede borrar ni siquiera con la goma, porque se hacen manchas horribles. Así pues, divido en dos partes la hoja y allí escribo, siempre disculpándome por el papel. Una vez el profesor Molaioli, apiadándose por mi caso, me mandó un paquete de papel precioso. Pero ese es demasiado bonito. Debe de estar allí todavía. Sería menester escribir en él autógrafos inmortales. Entonces, pues, escribía en pedacitos de papel, a veces hasta en billetes de tranvía. Pero apuntes no. Nacían ya partes enteras (…) Se ve que comenzaba a escribir en un punto ya avanzado de maduración. Parece que Leopardi escribía primero una cosa en prosa y luego la ponía en verso. Yo no digo que no se pueda hacer, pero mi método de trabajo ha sido diferente.

(…) Hoy en la literatura el gigante tiende a desaparecer. Yo diría por  razones prácticas. No se puede hacer industria sólo con un gigante. Se requieren muchos y se excluyen unos a otros. Además el gigante es aburrido, monótono, escribía siempre las mismas cosas. Como Tolstoi, por ejemplo. Hoy debería cambiar cada año su estilo. Esto no significa que necesariamente no puedan existir grandes escritores. Tal vez se crearán clases diferentes de lectores: aquellos que piquen todos los peces, y los más seleccionados. Habrá muchas maneras de defenderse, porque mañana tendremos un número centuplicado de escritores, de artistas. Jules Renard decía : “Antes teníamos un público, hoy el público se ha puesto a escribir”.  Y entonces era apenas el comienzo. Por lo demás, son problemas que van más allá de la literatura.”

 

 

(Imágenes -1-Yaoyao ma van/ 2- Edwaert Collier)

LAS PREGUNTAS DE UN CLÁSICO

 

 

“Un “clásico” de la literatura, de la música, de las artes, de la filosofía es para mí – dice Steiner enErrata”, su especial autobiografía, (el examen de una vida) (Siruela) – una forma significante que nos “lee”. Es ella quien nos lee, más de lo que nosotros la leemos, escuchamos o percibimos. No existe nada de paradójico, y mucho menos de místico, en esta definición. El clásico nos interroga cada vez que lo abordamos. Desafía nuestros recursos de conciencia e intelecto, de mente y de cuerpo. El clásico nos preguntará : ¿ has comprendido?, ¿ has re- imaginado con seriedad?, ¿ estás preparado para abordar las cuestiones, las potencialidades del ser transformado y enriquecido que he planteado?.

(…)  El texto, la obra de arte, la composición musical, no sólo exige comprensión: exige “re-acción”. Debemos actuar “de nuevo”, traducir a conducta la respuesta y la interpretación. Leer a Platón, a Pascal o a Tolstoi “a la manera clásica”, es intentar una vida nueva y diferente. Es, como postula Dante de un modo explícito, entrar en una “vida nueva”.

(Imagen -biblioteque tumblr)

EN CONVERSACIÓN CON LOS DIFUNTOS

 

 

“Hay muchos queridos difuntos amontonados en los estantes de casa – decía Rafael Chirbes -, con ellos hablo; a ellos escucho. Desde Aub y Galdós, a Tolstoi, Montaigne, Yourcenar, Lucrecio y Virgilio, Faulkner, Döblin, Proust, Balzac, Eca de Queirós, y tantos y tantos. Salgo poco de casa, así que los releo al azar o movido por alguna intuición que me dice que ése y no otro es el difunto al que debo oír en determinado momento. En general no me equivoco. También sueño con difuntos a los que conocí cuando estaban vivos, y hasta toqué, y ahora ya no están en ningún sitio, y saber que no están y no puedo hablarles ni escuchar su voz me angustia cuando me meto en la cama. Algunas noches se apoderan de la habitación, su ausencia me roba el aire y tengo que encender la luz para no ahogarme”.

 

 

“Se cita a Quevedo y citaré a Gracián: de joven se dialoga con los muertos, con los que nos han precedido  – dice a su vez  Eduardo Mendoza enMil bosques en una bellota” -; en la madurez, con los vivos; en la vejez, con uno mismo. Creo estar en la tercera etapa. Pero he dialogado con muchos muertos. Como empecé a escribir muy joven, tuve como modelo los autores juveniles ( Verne, Rider Haggard, Conan Doyle) y nunca he renunciado a su legado. Baroja me abrió la puerta a mi propio estilo. Siempre he tenido a la vista los grandes clásicos del XlX y del XVlll. Pero creo que los grandes clásicos son como las grandes montañas. De lejos oxigenan y engrandecen; escalarlas es peligroso”.

 

 

“En un momento me di cuenta – decía Ricardo Piglia – de que en el “Ulises” de Joyce y en “En busca del tiempo perdido” de Proust la palabra metempsicosis aparecía ligada al acto de leer. Las almas muertas descansan en la página. Mis reencarnaciones favoritas han sido Hemingway y Roberto Arlt; los leí cuando era muy joven y traté -inútilmente – de escribir como ellos. A esa edad uno está muy atento a las mutaciones póstumas y a la voz escrita de los antepasados. La tradición literaria como un espiritismo de la letra”.

 

 

(Imágenes -1- Faulkner/ 2- Tolstoi – Wikipedia/ 3- manuscritos de Proust – arcadia ego universite urbana champion de Illinois / 4- Hemingway – foto de Ken Heyman  – stateooftheart- pophotocom)

GOYTISOLO

 

 

“Mis difuntos -decía Juan Goytisolo – son los escritores que han sobrevivido a lo largo del tiempo. Dentro de la literatura española los que han influido indirectamente en mis libros, Góngora en”Don Julián”, Cervantes siempre, San Juan de la Cruz en “Virtudes de un pájaro solitario”. Blanco White fue fundamental para mí. Cuando empecé a leer su obra inglesa mientras traducía tenía la impresión que lo que escribía no era una traducción, que lo estaba escribiendo yo. Las críticas que hacía a la España de su tiempo eran las que podía yo hacer a la España de mi tiempo. Era casi un ejercicio de creación. Su voz era mi voz. Y de fuera yo diría  que han sido mis últimas relecturas, autores que han sido siempre muy cercanos, Diderot, Tolstoi, Flaubert, relecturas completas de la obra de cada uno. Además de un largo catálogo de novelistas y poetas del siglo XX. Pero sigo leyendo también las obras de gente joven y estoy muy abierto a ellos. Mi vida es lectura y escritura y luego viajar o pasear.

Yo he pensado siempre que es mucho más interesante la mirada desde la periferia al centro que del centro a la periferia. Siempre he procurado evitar situarme en la escena literaria y contemplarla al revés, desde una marginación asumida. La literatura es el territorio de la vida como nos enseña Cervantes en “El Quijote” y Sherezade en “Las mil y una noches”; creo que el escritor nunca debe dar respuestas al lector sino plantearle nuevas dudas”.

 

En recuerdo de Juan Goytisolo, que acaba de morir.

Descanse en paz.

 

 

(Imágenes.-1.- Juan Goytisolo – foto Javier Cotera – El Mundo/ 2- campos de Níjar – triosdvisor)

LA EMOCIÓN DE LOS CLÁSICOS

 

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“Hago un repaso de la nueva narrativa que he leído en los últimos doce meses, tratando de encontrar un sólo libro que realmente me haya emocionado – escribe J.M. Coetzee en suDiario de un mal año” -, y no encuentro ninguno. Para experimentar esa profunda emoción he de volver a los clásicos, los episodios que en una era pasada habrían denominado piedras de toque, piedras que uno toca para renovar su fe en la humanidad, en la continuidad del relato humano: Príamo besando las manos de Aquiles, suplicándole que le dé el cuerpo de su hijo; Petya Rostov temblando de excitación mientras espera para montar su caballo la mañana en que morirá.

Incluso en una primera lectura, uno tiene la premonición de que en esa brumosa mañana de otoño nada irá bien para el joven Petya. Los toques de premonición que crean la atmósfera son bastante fáciles de esbozar, una vez que le han enseñado a uno cómo hacerlo, y sin embargo la escena emerge de la pluma de Tolstoi, una y otra vez, milagrosamente nueva.

Petya Rostov, dice mi lector o lectora cuya cara desconozco y jamás conoceré… No recuerdo a Petya Rostov, y va al estante, saca Guerra y Paz y busca entre sus páginas la muerte de Petya. Otro de los significados de “clásico”: permanecer en el estante, esperando a que lo saquen por milésima, por millonésima vez. El clásico: el perdurable. ¡No es de extrañar que los editores estén tan deseosos de afirmar que sus autores tienen la categoría de clásicos!”.

 

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(Imágenes.- 1- Petya Rostov-daily mail/ 2.- Guerra y Paz- alchtron. com)

RUSIA, 1917

 

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“A cada semana –escribe John Reed enDiez días que estremecieron al mundo” – escasean más víveres. La ración de pan disminuyó de una libra y media a una libra, luego a tres cuartos de libra, media libra y un cuarto de libra. Por fin llegó una semana entera en que no dieron absolutamente pan. De azúcar correspondían dos libras al mes, pero estas dos libras había que conseguirlas y eso era raro quien lo lograba. La pastilla de chocolate o la libra de caramelos insulsos costaba de siete a diez rublos, o sea, un dólar por lo menos. La mitad de los niños de Petrogado no probaba la leche; en muchos hoteles y casas particulares no la veían durante meses enteros. Aunque era la temporada de la fruta, las manzanas y peras se vendían en las calles casi a rublo cada una…

Por la leche, el pan, el azúcar y el tabaco había que permanecer largas horas en las colas bajo la lluvia friolenta. Al volver a casa de un mítin, que se había prolongado toda la noche, vi cómo a la puerta de una tienda había comenzado a formarse una cola, principalmente de mujeres; muchas de ellas llevaban en brazos niños de pecho…(…) ¡Imagínense lo que suponía para aquellas personas vestidas de cualquier manera permanecer estacionadas días enteros en las calles de Petrogrado, aprisionadas y blanqueadas por la helada en el terrible invierno ruso! Yo prestaba oído a las conversaciones en las colas del pan. A través de la sorprendente bondad de la gente rusa se abrían paso de vez en cuando biliosas y amargas notas de descontento…

 

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Por supuesto, los teatros estaban abiertos todas las noches, incluyendo los domingos. Karsávina actuaba en un nuevo ballet en el Mariinski y toda la Rusia apasionada del ballet acudía a verla. Cantaba Shaliapin. En el Alexandrinski, Meyerhold había reestrenado el drama de Tolstoi “La muerte de Iván el Terrible“. El Ermitage y todas las demás galerías de pintura habían sido evacuadas a Moscú; sin embargo, en Petrogrado se inauguraban todas las semanas exposiciones de arte. Multitudes de mujeres de los medios intelectuales frecuentaban asiduamente las conferencias de arte, literatura y ensayos filosóficos(…)

 

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Como sucede siempre en tales casos, la pequeña vida cotidiana de la ciudad seguía su curso, esforzándose lo más posible por no reparar en la revolución. Los poetas escribían versos, pero no sobre la revolución. Los pintores realistas pintaban escenas de la historia antigua rusa, de todo lo que se quisiera, menos de la revolución. Las señoritas provincianas llegaban a Petrogrado a estudiar francés y canto. Por los corredores y vestíbulos de los hoteles se paseaban jóvenes oficiales, elegantes y alegres, presumiendo de capucha escarlata y con repujados sables caucásicos. Al mediodía, las damas de los funcionarios de segundo orden alternaban tomando el té, para lo cual llevaban en el manguito un pequeño azucarero de plata o de oro y medio panecillo; estas damas soñaban en voz alta lo bueno que sería si volviera el zar, o llegasen los alemanes, o sucediera cualquier otra cosa que pudiese resolver el problema acuciante de la servidumbre… La hija de un conocido mío volvió una vez al mediodía a su casa presa de un ataque de histeria porque  ¡la cobradora del tranvía  la había llamado “camarada!”.

 

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(Imágenes.-1-Levitán-otoño dorado- 1895- wikipedia/ 2.-Kámenez- el estanque Krasnj de Moscú- Wikipedia- 1875/ 3.-miniatura de  Fedóskino/ 4.-San Petersburgo- 1869 – Wikipedia)

LEYENDO A THOMAS MANN

 

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Releo “Thomas Mann y los suyos” de Marcel Reich-Ranicki. Como siempre, en los artistas de gran relieve – y Thomas Mann lo es – se desvela esa desunión ( o unión)  entre  su figura humana cotidiana – con sus defectos, manías y toda clase de flaquezas – y su obra. Mann, entre otras cosas, estaba obsesionado por Goethe, por su esplendor y por su altura, lo mismo que por Wagner. Eran dos de los ídolos a los que aspiraba a emular, cada uno de una forma. Se ve, como siempre, que las capacidades de los talentos o de los genios – (Tolstoi desconocía o despreciaba a Dostoievski) – forman un contraste y constituyen los fuertes contraluces entre obra y figura. De Thomas Mann, entre otras cosas, asombra su disciplina laboriosa, la claridad para desenvolver el quehacer de sus jornadas, aunque fueran en el exilio, y se descubren a la vez sus tremendos egoísmos y su egocentrismo, sus altiveces y neurosis, y toda suerte de fragilidades más o menos alimentadas y consentidas. A su hermano Heinrich le hace reproches en su correspondencia, y una de las cosas que le dice es que se precipita y no mantiene el ritmo adecuado para que una obra sea ponderada y tenga altura. En la curva de la edad, junto a la perseverancia férrea y disciplinada en su tarea, Thomas Mann supo mantener hasta el final un tono de calidad en su trabajo artístico. El libro de Reich-Ranicki guarda en sus páginas, no sólo análisis y descubrimientos incesantes, sino también breves pero profundas reflexiones para entender qué es un artista.

(Imagen.-Thomas Mann con su hija Erika)

 

ANNA KARENINA

Ana Karenina.-7hu.-Keira Knightlet en el papel de Ana.-foto Laurie Sparham

Respetando todas la opiniones y gustos cinematográficos, he aquí una nueva versión de Anna Karenina con la plasticidad luminosa de Joe Wright. Numerosas y célebres adaptaciones en la pantalla y numerosos y célebres estudios en torno a la novela, a sus sentimientos y a sus personajes. Steiner dedicó un libro entero –  “Tolstoi o Dostoievski” – a comparar lo dramático del segundo con lo epopéyico del primero, y Nabokov consagró varias de sus clases en Cornell al análisis del libro. Para enseñar bien “Anna KareninaNabokov hacía primero un dibujo del atuendo que Kitty se habría puesto para ir a patinar. Cronometraba y trazaba mapas de las novelas – y así lo recuerda Boyd en su biografía – en parte por la sorpresa que le deparaba ese ejercicio, en parte para que los libros quedaran grabados en la mente de los alumnos. A la novela de Tolstoi Nabokov le dedicó al principio seis clases que terminaron siendo diez y ocuparon quince en el de narrativa europea. Le interesaban mucho los detalles, como ya recordé aquí al hablar del bolso de Anna Karenina“. Los dolores del parto que aparecen en el libro, la complejidad de

kinopoisk.rula mente de Tolstoi o la manera de tratar el tiempo en el novelista ruso le provocaban intriga como profesor. Por su parte, Steiner desciende en su estudio a muchas situaciones que pueden contemplarse en esta película. En la escena del teatro, por ejemplo, “la intensa ironía -dice Steiner – viene del decorado; la sociedad condena a Anna precisamente en el lugar donde la sociedad es más frívola, más vanidosa, más sumergida en la ilusión“. Muy probablemente tanto Steiner como Nabokov conocerían las variantes que existen de los borradores de esta novela. Tolstoi, antes de redactar su texto definitivo, hacía que Anna unas veces se llamara Tatiana y otras Anastasia. Pero quizá lo más interesante como aportación del inicio del proceso creador en el gran novelista del XlX sea la nota que la condesa Sofía redacta el 24 de febrero de 1870: “Ayer por la noche, León me ha dicho que él ha entrevisto un tipo de mujer casada, y de gran mundo, que se encontraría perdida. Me ha explicado que su tarea consiste en pintarla únicamente digna de piedad y no culpable y que desde que ese tipo de mujer se ha presentado en su novela, todos los personajes que él había imaginado anteriormente han encontrado su sitio y se han ido agrupando en torno a esta mujer”.

(Imágenes.-Keira Knightley en escenas de “Anna Karenina” de Joe Wright)

KAFKA Y LOS RATONES

escritores.-88y -Franz Kafka.-Uncredited and Undated Phoyograph

“En la casa le habían hecho una cómoda tumbona –evoca el gran crítico italiano Pietro Citati al recordar a Kafka en el otoño de 1917, cuando el escritor se encontraba en Zürau – Allí estaba estirado “como un rey”, sin camisa, mientras nadie podía verle. Una noche, hacia mediados de noviembre, le asaltó el horror. (…) De vez en cuando, en el otoño, había sentido un roer ahogado: una sola vez se levantó temblando y fue a ver. Pero, esa noche, asistió al alboroto mudo y rumoroso del pueblo espantado de las ratas. A las dos fue despertado por un roce cerca de la cama y desde ese momento no cesó hasta la mañana. ” Arriba y abajo por la caja de carbón – confiesa Kafka -, una carrera a lo largo de la diagonal de la habitación, círculos trazados, leños roídos, silbidos ligeros durante el reposo, y mientras tanto siempre el sentido del silencio, de la secreta actividad de un pueblo proletario oprimido, al que pertenece la noche”. “Nada a lo que agarrarme en mi persona – le escribe a Felix Weltsch -, no me levanté ni encendí la luz, la única posibilidad era gritar un poco para intentar asustarles… Por la mañana estaba demasiado asqueado y deprimido para levantarme hasta la una”.

animales.-99h.-gatos.- Mokona.-Linda Gavin

A partir de entonces Kafka tuvo un gato en la habitación, según lo cuenta Ronald Hayman en la biografía del escritor, aunque detestaba que el gato le saltara a las rodillas cuando estaba escribiendo o a la cama cuando estaba acostado. Kafka atribuyó su miedo a los ratones ” a la impresión que dan de poseer -así se lo dijo en una carta a Max Brod a principios de diciembre de 1917- esa inesperada, indeseada, ineludible, considerablemente silenciosa, obstinada y secreta intención, junto con la sensación de que todas las paredes de alrededor están infestadas de sus galerías, y de que están acechando ahí, y de que a causa de las horas nocturnas que les pertenecen, y de su tamaño diminuto, son ajenos a nosotros y en consecuencia es tanto más difícil atacarles“.

escritores--5gcc.-manuscrito de El Proceso de Kafka

Ahora puede leerse en la prensa que El Archivo Literario Alemán ha adquirido en una subasta por una suma que no ha dado a conocer la famosa carta de Franz Kafka a su amigo Max Brod, en la que confiesa su miedo a los ratones. Son cuatro páginas fechadas el 4 de diciembre de 1917 y la carta – según dice la nota de prensa– será subastada junto a otros manuscritos de Kafka acompañada con testimonios de su influencia sobre escritores como Elias Canetti, W.G. Sebald y Gilles Deleuze en una pequeña exposición titulada “Los ratones de Kafka“. Son patentes también, añade esa nota, las huellas que llevan a obras diversas, como por ejemplo “Josefina la cantora o el pueblo de los ratones” o “La madriguera”.

animales.-98.-gatos.-Neil Libbert

El tema de los animales, de sus galerías subterráneas y de sus madrigueras fue recurrente en la obra narrativa de Kafka, y en sus Obras Completas  – la edición dirigida por Jordi Llovet (Opera Mundi) – se recuerda la carta que el escritor dirigió a Milena Kesenská diciendo: “Yo era un animal salvaje que no vivía casi nunca en el bosque, sino que me enterraba en cualquier lugar cavando un agujero” o aquella otra que envió a Max Brod en 1923: “Camino para uno y otro lado o estoy sentado, petrificado, tal como haría en su madriguera un animal desesperado…”. Si Luis Izquierdo en su “Kafka” (Barcanova) hace alusión a las transformaciones de animales en el escritor checo como estados de ánimo, es sin duda la gran traductora y especialista en Kafka, Marthe Robert, la que recuerda que “lo que distingue  de manera fundamental a los animales de Kafka de todos los animales alegóricos y fabulosos es su animalidad verdadera, doliente, misteriosa por su misma limitación, digna de atención y de infinito respeto. (…) Lo que hace de “La madriguera” un relato conmovedor y no una fría alegoría es el trabajo del Animal, ese trabajo para el que tiene una sola herramienta: su cabeza, su pobre frente martirizada y sangrante“. “Kafka fue un individuo aislado – evoca igualmente Marthe Robert en “Reales e imaginarios(Cuatro) -; en cierta medida, fue un apátrida en Europa“.

Y fue allí, en Zürau, donde leía a Kierkegaard, a San Agustín y a Tolstoi, donde a Kafka le aterrorizó el ruido de los ratones.

animales.-88hh.-gatos.- Franz Marc

(Imágenes.-1.-Franz Kafka hacia 1917.-Undacredited and Undated Photography/2.-Mokona.-Linda Gavin- hide213.ebb.jp/ 3.- página del manuscrito de “El proceso”/4.-flying cat.-Neil Libbert.-michaelhoppengallery.com/ 5-Franz Marc.-1913.-Gallery Kumstsammlung.-Düsseldorf.-Alemania)

CONFIDENTES Y PERIODISTAS

Ahora que distintos diarios hablan nuevamente del arte de la entrevista periodística, evoco aquí algunas de las anotaciones y matices que en su momento hice sobre el tema en mi libroDiálogos con la cultura”. Históricas entrevistas no realizadas sin embargo por periodistas:

“Los diálogos con figuras de la Historia – recordaba entonces – tienen una cita excepcional cuando el portugués Francisco de Holanda conversa con Miguel Ángel en Roma, en San Silvestre, en coloquios de muy alto valor, a los que asiste Lactancio Tolomeo y la marquesa de Pescara. Los diálogos de este dibujante portugués “ tienen toda la frescura y atractivo de una conversación escuchada – dice Sánchez Cantón -. Son los diálogos gratos de leer. Nos descubre un punto de aquello a que el historiados siempre aspira, hacer moverse y oir a las grandes figuras del pasado. Por una vez en su vida tocó Holanda las cimas a pocos reservadas; y dio ejemplo que imitar“. En verdad vemos a Miguel Ángel reirse y opinar entre el embajador de Siena en Roma, Lactancio Tolomeo y Victoria Colonna, poetisa, gran señora, viuda del marqués de Pescara, amiga de Miguel Ángel. El creador del “Moisés”, “que posaba al pie del Monte Caballo – escribe Holanda -, acertó, por mi buena dicha, de venir contra San Silvestre, haciendo el camino de las termas, filosofando con su Orbino por la Via esquilina y hallándose tan dentro del recado no nos pudo huir, ni dejar de ser aquel que llamaba a la puerta”. (…) Así, aprovechando su estancia cerca de diez años en Italia, de 1538 a 1547, Francisco de Holanda recoge en tres amplios diálogos lo que Buonarroti comentó sobre pintura y sobre varios temas.(…)

Pero Francisco de Holanda en el siglo XVl no es un periodista, como no lo fue Eckermann para Goethe, ni lo había sido Platón para Sócrates, ni lo sería James Bosswell para el doctor Samuel Johnson. Tampoco fue periodista el fotógrafo Brasaï en sus conversaciones con Picasso, el director Robert Craft para Stravinski, Umberto Morra para el crítico de arte Berenson, Gustav Janouch con Kafka, Goldenveizer para Tolstoi, o Émile Bernard con Cézanne. Más escritor también que periodista fue André Malraux en el siglo XX, acercándose a Mao, a De Gaulle y a Picasso, pero la pluma de Malraux “re-creará” ciertas cosas. (…) Alguna vez en Mi Siglo me he referido a todos ellos.

Hay libros de entrevistas como las realizadas por Alain Bosquet a Dalí que están muy por debajo de vivencias y evocaciones de marchantes como Kahnweiler o los recuerdos de amigos de artistas como Sabartés lo hiciera con Picasso. A veces, como en el caso de Bosquet, el periodista queda aplastado por las “boutades” encadenadas de un Dalí brillante, siempre resbaladizo, jugando a los equívocos permanentes. Se sabe que Dalí era así, pero el profesional del periodismo se ha quedado en el umbral de las captaciones, fuera de una atmósfera que quisiéramos habitar. Brassaï, en cambio, lo consigue. Conoce a la perfección que Picasso quedará en la historia de la pintura y no duda en entrar y salir de esos años – finales de los treinta y principios de los cuarenta – como entra y sale de estudios y de humores, abriendo puertas y anécdotas y estableciendo una corriente de vida, con Sabartés, Henri Michaux, Malraux o Kahnweiler. Brassaï, no siendo periodista, nos deja un calor más cercano de una existencia que se mueve, y al moverse provoca arte. Quisiéramos que Francisco de Holanda hubiera estado más tiempo con Miguel Ángel, que Platón nos describiera más gestos y movimientos de Sócrates, que Brassaï nos hubiera dejado más días con Picasso“.

Son confidencias y confidentes de vidas que permanecen en la Historia, confidencias que – sin provenir de periodistas – enriquecen el caudal de la entrevista. Al fin, el caudal del humanismo, también del periodismo.

(Imágenes:- 1.- Brassaï/.-2.-Miguel Ángel Buonarroti. autorretrato-grabado por A. Francois/3.- Picasso en la rue des Grandes Augustin.-1952.-Denise Colomb/4.-André Malraux.-Gisele Freund/5.-Dalí pintando en 1939.-ngv.vic.gov.au)

REY DEL RING

“Los pesos pesados – escribe Norman Mailer enRey del ring” (Lumen) – jamás tienen tan simple equilibro. Tan pronto llegan a campeones, comienzan a tener vida interior a lo Hemingway y a lo Dostoievski, a lo Tolstoi, Faulkner, Joyce, Melville, Conrad, Lawrence o Proust. El más claro ejemplo es Hemingway. Por querer ser el más grande escritor de la historia de la literatura, sin dejar de ser una inmensa figura de todas las artes corporales que su siglo y su edad le permitieran, se quedó solo, y siempre tuvo conciencia de ello”. En Mi Siglo ya hablé de esa gran pieza periodística que Mailer escribió – junto a “Los ejércitos de la noche” -: el movimiento de las palabras en combate con la página, la flexión de las piernas sorteando a la imaginacion, sus puños dirigidos al mentón de los vocablos. Y siempre la observación, la constante obervación de los sentidos que todo reportaje ha de tener y que fue muy valorada en el Nuevo Periodismo. En “Un fuego en la luna” – su seguimiento de la aventura del Apolo Xl en 1969 – Mailer se retrataba en tercera persona: “Él prefería adivinar un suceso – decía – a través de sus sentidos; dado que era tan corto de vista como vanidoso, tendía a olfatear el núcleo de una situación desde cierta distancia. Así su pensamiento permanecía a menudo fuera de contacto en las elaboraciones de su cerebro, durante muchos días en la misma época. Llegado el momento, loado sea el cielo, él parecía haber comprendido el suceso. Ésa era una de las ventajas de usar la nariz, la tecnología todavía no había logrado elaborar una ciencia del olfato”.

EnRey del ringMuhammad Ali baila sobre la lona y Mailer le sigue con su olfato de palabras: “El sparring – escribe– bombardeaba el estómago de Ali y Ali imprimía lánguido movimiento ondulatorio a su cuerpo, torciendo de vez en cuando el cuello hacia atrás cuando el sparring dirigía un golpe alto a la cara, rebotando de las cuerdas a los puños, de los puños a las cuerdas, como si su torso se hubiera convertido en un formidable guante de boxeo que absorbiera el castigo, con lo que Ali penetró en un más profundo concepto del dolor, como si el dolor dejara de ser dolor cuando se acepta con el corazón en paz”.

Muhammad Ali es interesante – le confesaba Mailer a Lawrence Grobel en “Una especie en peligro de extinción” (Belacqua) y también le confiaba la violencia que el autor deLos ejércitos de la noche llevaba dentro. Esa violencia alternaba la contundencia con la suavidad de la prosa y así podía escribir queAli descansaba en las cuerdas y absorbía puñetazos en la barriga, con leve expresión de desdén, como si los golpes, curiosos golpes, no profundizaran demasiado en su cuerpo, y después de uno o dos minutos, habiendo ofrecido su cuerpo como si fuera el cuero de un tambor en el que un loco batiera un solo, salía violentamente de aquel estado de comunión consigo mismo, y lanzaba una cascada de puñetazos como destellos de luz en el agua”. El periodismo seguía golpeando una y otra vez al vientre y a la realidad de la vida ” y entonces – continuaba Mailer – fue como si el espíritu de Harlem por fin hablara y viniera en su ayuda, y se aparecieran los fantasmas de los muertos en el Vietnam, y algo le mantuvo en pie ante el triunfal Frazier, el Frazier con los brazos agarrotados por la fatiga, casi fuera de sí, que acababa de propinarle el más potente puñetazo que había lanzado en su vida. Y así discurrieron los últimos segundos de una gran pelea, con Ali todavía en pie, y Frazier vencedor”.

Cuando se reeditan ahora célebres fotografías de Muhammad Ali boxeando, releer también memorables reportajes sobre el tema nos conducen a las singulares peleas del periodismo.

(Imágenes:-1.-fotografía del libro sobre Muhammad Ali publicado por Taschen/2.-comic de Superman contra Muhammad Ali.-foto Andrew Henderson.-The New York Times/ 3.-foto del libro publicado por Taschen/4.-Muhammad Ali noqueado en 1966.-elmundo.es)

JIRONES DE ESCRITURA

Cuenta Claudio Magris en “Alfabetos” (Anagrama) que su formación de lecturas no sólo comenzó en Salgari y Kipling, pasó luego por Lucrecio, Leopardi, Dante y Kant, se extendió después a Tolstoi, Guimaraes Rosa, Faulkner, Sábato, Melville, Kafka, Canetti, Svevo, Dickens, Goldoni, Cervantes, Sterne, Gadda y  tantos otros, sino también bebió en “fragmentos, inscripciones fúnebres o pintadas de taberna, jirones de escritura que, como decía Kafka, me han golpeado de un puñetazo”. Y Magris añade: “otro gran hallazgo ha sido la autobiografía de Alce Negro, el indio sioux. Es una autobiografía escrita por alguien que vive realmente arraigado en la totalidad de la vida, que mira la vida desde lo alto de una colina, que piensa – y dice – que vivir es amar todas las cosas verdaderas. Pero en este libro el narrador habla también de un personaje, Caballo Loco, el famoso indio asesinado por los soldados americanos después de haberse rendido, que se pasea durante la noche en el campamento indio y se comprende que es un hombre inquieto, un hombre fuera de su sitio, ajeno al sentido armonioso de la vida de Alce Negro. No sé si Alce Negro, aunque lo retrata admirablemente, era capaz de entender a Caballo Loco o si Caballo Loco podía comprender fácilmente a Alce Negro. Creo que quizá fuera más probable que Caballo Loco, el Hamlet caído por error entre los pieles rojas, como Saúl en el Antiguo Testamento, podía comprender a Alce Negro, su hermano de tribu y su auto-creador más que al revés. Pero no lo sé con certeza”.

Lo que sí se sabe con certeza es el caudal tan enriquecedor y diverso de lecturas que recoge la formación de Magris. Jirones de páginas y jirones de escrituras múltiples -algunas trazadas sobre paredes y otras divisando colinas y campos -, ambición y obsesión de lecturas que recuerdan aquella célebre expresión del Quijote en su Primera Parte: “Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles a un sedero: y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desde mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía…”

Y así Magris se detuvo a leer a a Alce Negro y a seguir la historia de Caballo Loco.

(Imágenes:-1.-sobre Jane Austen.-foto Eamon McCabe/ 2.-Caballo Loco.-elabrevadero.com)