EL PASO DEL TIEMPO

 

 

“¿Cuándo me di cuenta por primera vez de que el tiempo “pasaba”?” . Esta pregunta se la hace Ionesco casi al principio de sus “Diarios”.  “El sentimiento del tiempo  —dice — no estuvo inmediatamente ligado a la idea de la muerte.  Por supuesto, a los cuatro o cinco años me di cuenta de que me haría cada vez más viejo, de que me moriría. Hacia los siete u ocho años me decía que mi madre se iba a morir un día y me trastornaba ese pensamiento.  Sabía que ella iba a morirse antes que yo. Sin embargo, aquello  se me presentaba como una interrupción definitiva del presente, porque todo era presente. Un día, una hora, me parecían largos, sin límite. No veía su final. Cuando me hablaban del año próximo tenía la sensación de que el año próximo no llegaría nunca. Hacia los once o los doce años, no antes, empecé a tener la intuición del final. A los nueve, a los diez años, cuando vivía en el Molino, todo era alegría y todo era presente.

 

 

Luego, de repente, se produjo como un cambio total ; era como si una fuerza  centrífuga me hubiese proyectado fuera de mi inmutabilidad, entre las cosas que van y vienen y que se van. Peor; fui yo quien, de repente, tuvo el sentimiento de que las cosas permanecían y que yo me alejaba de ellas. A los quince años, a los dieciséis, se había acabado; yo estaba en el tiempo, en la fuga y en lo finito.  El presente había desaparecido; ya no hubo para mí más que un pasado y un mañana, un mañana sentido ya como un pasado.

Intento, desde entonces, todos los días, asirme a algo estable, intento desesperadamente volver a encontrar un presente, instalarlo, ampliarlo. Viajo para volver a encontrar un mundo intacto sobre el que el tiempo no tenga poder. En efecto, dos días de viaje, el conocimiento de una nueva ciudad, contienen la precipitación de los acontecimientos. Dos días en un país nuevo valen por treinta de los que uno vive en su lugar habitual, recortados por la usura, deteriorados por la costumbre.  La costumbre pule el tiempo, resbala uno sobre él como sobre un suelo demasiado encerado. Un mundo nuevo, un mundo siempre nuevo, un mundo de siempre, joven para siempre, eso es el paraíso.”

 

 

(Imágenes -1-Steve Miller- galleros Albert Benamou- artnet/ 2-reaktorplayers/3-Ruscha Murayama- artnet)

ES MÁS TARDE DE LO QUE CREES

 

 

“Repasa Lorraine Harrison los relojes de sol al hablar de los jardines  y recuerda que “constituyen atractivos complementos. Existe constancia de la existencia de relojes de sol ya hacia el 1500 antes de Cristo y de esferas armilares en torno al 250 a de C. Ahora que sus funciones originarias  resultan innecesarias, se emplean como elementos decorativos, creando pequeños focos de atención en el paisaje. La contemplación serena de un reloj de sol puede suscitar en el observador reflexiones sobre el paso del tiempo y la mortalidad humana. Las inscripciones son a menudo parte integral de su diseño; en Bateman’s, el jardín de Rudyar Kipling en Sussex (Inglaterra), el reloj de sol porta la leyenda: “Es más tarde de lo que crees.”

 

 

(Imágenes- 1- Andre Kerstesz-reloj de la Academia Francesa/ 2-David Kezevadze)

EL VIEJO RELOJ DE MI PADRE

 

 

“En mi infancia —evocaba Ingmar Bergman —había en las revistas una especie de imágenes que consistían únicamente en cifras y puntos. Uno tenía que trazar líneas entre los puntos con un lápiz. Poco a poco aparecía un elefante, o una bruja, o un palacio. Yo dispongo de noticias fragmentarias, narraciones cortas, episodios aislados, ésos son los puntos numerados. Trazo mis líneas con la, tal vez, vana esperanza de que surja un rostro. ¿ Tal vez lo que diviso es una verdad sobre mi propia vida?¿ Por qué, si no, me empeño con tanto afán? El viejo reloj de mi padre hace tictac infatigablemente en su soporte sobre mi escritorio, lo cogí de su mesilla de noche cuando murió una tarde a finales de abril de 1970. El reloj hace tictac, tiene casi cien años. Un día se paró inexplicablemente. Yo me sentí angustiado, me imaginé  que mi padre desaprobaba lo que escribía, que declinaba esta tardía atención. Por mucho que atornillé, sacudí, hurgué y soplé, no hubo forma de que el segundero se pusiera en marcha. El reloj quedó depositado en una casilla aislada del escritorio, fue un pequeño divorcio. Yo iba a echar de menos el pulso del tictac y la discreta advertencia de que los días están contados. Y mientras, el reloj en su casilla, reflexionando. A la mañana siguiente abrí el cajón y miré, pero sin esperanza ninguna. El reloj marchaba con toda su alma. Tal vez fuera un buen augurio. Cuento esto como un episodio que haga sonreír. Yo, sin embargo, estoy serio.”

 

 

(Imágenes:  -1-reloj fabricado por tasma en 18o6- museo doorzoeck -het gehengen van nederland/ 2- reloj de arena – 1776- Forun horlogerie suisse)

ES EL DE SIEMPRE

 

 

“Por el tiempo no pasan los años .Es admirable cómo se conserva, a su edad. El tiempo está ahí desde hace mucho, probablemente desde la noche de los tiempos, y no se inmuta cuando sus huéspedes temporales le cambian de nombre. Siempre ha ido a lo suyo y no a lo nuestro, que es pasar.  (“Envejecer, morir, es el único argumento de la obra”, dijo alguien que murió sin llegar a viejo),  A mí me pasa lo contrario: he llegado a viejo sin morir en el intento, aunque bien sabe Dios y algunos “barmans” que no ha sido por cuidarme mucho.

Desde ayer el tiempo se llama de otra manera. No puede engañarme porque le he visto emplear la misma estrategia setenta y tantas veces. Siempre, desde que perdí el uso del misterio y gané el uso de razón, una ráfaga melancólica  se me ha colado durante estas fiestas por las rendijas del alma a pesar de tenerla en mi almario. Lo que pasa es que hay que disimular, para no ser un aguafiestas. Además, eso le ocurre a mucha gente en Navidad y en Nochevieja. Nos da por hacer balance, cosa siempre peligrosísima, porque obliga a mirar hacia atrás. El riesgo no estriba en la posibilidad de convertirnos en estatua de sal, que eso pasó sólo una vez, según dicen, sino en coger una tortícolis.

 

 

Los que menos se deprimen  por estas fechas son los psiquiatras:    tienen la consulta llena de personas deprimidas y ven aumentar su negocio, lo que siempre produce alegría. En cualquier caso, no hay que confundir la depresión con la melancolía, que es un sentimiento sosegado, que acompaña mucho. Hasta el punto que creo que nadie puede ser aproximadamente feliz sin tener buenos momentos melancólicos que le deparen la ocasión de superarlos.

Bastante me molesta a mí ser, desde ayer, un tal poeta y gacetillero del siglo pasado. Me consuela saber que el tiempo es el de siempre: un asesino invisible que nos persigue por los calendarios y que al final nos mata a todos, aunque a veces, como carece de prisa, se tome su tiempo.”

Manuel Alcántara -“El Correo” , 2 de enero de 2001

(pequeña evocación del gran articulista y columnista español que acaba de morir)

DESCANSE EN PAZ

 

 

(Imágenes-1-Neeta Madahar -2005- Howard  Yezerski gallerie – artnet/ 2-Emmanuel Sougez/ 3- Yunphotonet)

SIN TIEMPO

 

 

”Los relojes no nos pueden dar la hora del día

para qué evento rezar

porque no tenemos tiempo, porque

no tenemos tiempo hasta que

sabemos qué hora rellenamos,

por qué la hora que es, es distinta a la que fue.

Ni puede satisfacer nuestra pregunta

la contestación en el ojo de la estatua,

Solo los vivos preguntan qué frente

puede llevar ahora el laurel romano:

los muertos dicen solamente cómo.

¿Qué sucede con los vivos cuando mueren?

La muerte no es entendida por la muerte: ni por ti ni por mi”.

W.H. Auden – “ Sin tiempo” – (Poemas 1939- 1947) ( traducción de Margarita Ardanaz)

(Imagen -Bruno Braquehais)

FRAGMENTOS

 

 

”Por mi costado derecho corre un río.

Rompen las olas en mi corazón.

Labra mi vida

un acopio de tiempos fragmentados.

Huele esta flor marchita como si aún viviera.

Tiempos que, en mi mente,

antes de terminar ya habían terminado,

antes de romperse ya estaban rotos,

antes de nacer ya habían nacido.

Como varía el color

sobre cada minúscula.porción de mi piel,

avanzan remolinos de tiempo.

Mi cuerpo, un intercambio de tiempos innúmeros,

un compuesto de pequeños pedazos,

parecido al hollín que despiden las fábricas.

Lo que siento sucede en mi interior

atado a un tiempo concreto,

lo fragmento aún más

hasta que veo sus pequeños pedazos

contra la refracción de la luz.

Por mi costado derecho corre un río.

Rompen las olas en mi corazón.”

Shinkichi Takahashi -“ Fragmentos” – “En la quietud del mundo”( edición de José Luis Fernández Castillo y Kyoko Mizoguchi)

(Imágenes – 1-Shibata Zeshin)

¡QUÉ LEJOS EL AYER!

 

 

“l Qué lejos el ayer! Nuestro pasado

a infinita distancia del presente.

Lo que se ha ido, próximo o lejano,

hoy nos parece a similar distancia.

Lo que ha de ser, qué lejos de este sitio

en que podrá decir : yo soy ahora.

Como una ola que a otra ola engulle

antes que nos alcance, así es el tiempo

cuya esencia consiste en no ser nada.

Por igual tiraniza nuestra suerte,

que no puede evitar ni un sol destruido

ni retrasar un truco en su llegada.

Así es el tiempo que a morir nos lleva.

Lo sabe el corazón y de ahí su miedo.”

Fernando Pessoa-“ 35 sonetos” (traducción de Francisco Barrionuevo)

 

 

(Imágenes -1- Kandinsky – 1910/ 2- Henri Matisse- 1938)