NUEVA YORK (Y GARRY WINOGRAND)

calles.-bm54.-por Garry Winogrand.-1954.-Estate of Garry Winogrand.-Master of Photography

 

Las gentes y los puentes y los rostros y las calles, y también  la nieve y los ángulos rodean a Nueva York desde la pintura a la fotografía, y señales plásticas y literarias extienden su enorme mapa en la ciudad. Ahora es una exposición en Madrid del fotógrafo Garry Winegrand, pero solo Brooklyn ya nos habla en sus rincones de numerosos escritores. Allí vivieron Thomas Wolfe, Norman Mailer,

 

Nueva York-nhhu-Childe Hassam- American Artt

 

Hart Crane, Truman Capote, W. H. Auden, Arthur  Miller,Walt Whitman, o Carson McCullers y por aquí ha paseado tardes y mañanas Paul Auster.

 

calles.-bg7v.-Los Angeles.-1969.-por Garry Winogrand.-Estate of Garry Winogrand.-Master of Photography

 

“Brooklyndecía Auster – es un lugar que tiene una atmósfera muy especial. Hay en este barrio algo misterioso que se te mete por debajo de la piel y se queda ahí. Brooklyn es un inventario del universo y tiene la peculiaridad de que mientras en todas partes las diferencias étnicas y religiosas son una fuente potencial de conflictos, aquí se vive en armonía”.

 

Nueva York -Francis Guy- Winter Scene in Brooklyn-mil ochocientos veinte- Brookyln Museum

 

Entre edificios y fotografías, el estudioso y ensayista francés Marc Fumaroli confesaba sobre Nueva York: “He paseado mucho por esta ciudad en la que la gente no pasea, pero donde se camina mucho y a toda prisa. En bus, en metro, no he dejado de cruzarme con gente ajada y fatigada, jóvenes y menos jóvenes, encogidos, no lo bastante sin duda para interesar a los fotógrafos del desamparo

 

 

fotografía- bggb- Garry Winogrand- Los Angeles - mil novecientos ochenta y tres- Fundación Mapfre

 

humano, pero demasiado poco presentables para ser tenidos en cuenta por los fotógrafos artísticos y del glamour. A pie, mis pasos me han llevado a los barrios más degradados o a los menos de esta isla fabulosa en la que se concentra la

 

 

Nueva York- hybb- Gleen O Coleman- mil novecientos veintinueve- Bridge Tower- Brooklyn Museus of Alexander  M Bing

 

Humanidad más variada, la más verdadera y la más falsa. Me he cruzado con tantos rostros con signos de preocupación y enervados a los que me habría gustado hacer algunas preguntas, con tantos perfiles perdidos que me hubiera

 

fotografía- tvvf- Garry Winogrand- Manhattan- mil novecientos sesenta-Fundación Mapfre

 

gustado ver de frente, con tantas buenas gentes dedicadas a su pequeño negocio o a su oficio y que parecían concentradas en sus cosas. Nunca me he llevado mi Leica. Los verdaderos lugareños, tanto en Nueva York, como en otras partes,

 

 

Nueva York-hunn-Samuel Halpert- mil novecientos veinte- Wiew of Brookjyn Bridge

 

sienten naturalmente horror a que unos desconocidos les fotografíen. Y, además, siempre he tenido la impresión de que habían sido todos varias veces y a menudo

 

fotografía-unnb- Garry Winogrand- elconfidencial com

 

fotografiados, sondeados, contabilizados, evaluados, y que incluso ellos, en esos barrios bastante tristes y periféricos de la capital de la modernidad, pertenecían a un mundo cotidiano, un poco víctima de la publicidad y de las tecnologías miniaturizadas”.

 

ciudades-bgin- gentes- Nueva York- Garry Winogrand- mil novecientos sesenta y cuatro

 

(Imágenes.-1.-Garry Winogrand-1954- estate of Gary Winegrand- master of photographie/ 2.-Childe Hassan/ 3.-Garry Winogrand- 1969-master of photographie/ 4.-Francis Guy- 1820/ 5.-Garry Winogrand- 1983- Fundación Mapfre/ 6.-Gleen O Coleman- 1929/ 7.-Garry Winogrand- 1960- Fundación Mapfre/ 8.-Samuel Halpert- 1920/ 9.-Garry Winogrand- elconfidencial/ 10.-Garry Winogrand- 1964)

 

 

El CHELSEA Y LOS ESCRITORES

“Inmueble de ladrillo rosa y con balcones de hierro forjado iluminado con el neón azul de su nombre legendario, mágico, cerebralmente brillante, psicodélico en su travesía de decenios de alucinaciones y sueños más o menos sabiamente dosificados” – así va contando Nathalie de Saint Phalle cómo es el  Chelsea en los “Hoteles literarios“.

“El Chelseadice – albergó las pesadillas de todas las locuras, la muerte, dulce y violenta, las ilusiones y desilusiones de los extravagantes de su tiempo”.

” Oh, que al fin pueda siempre yacer, leve, en la última colina atravesada, bajo la hierba, amando, y allí reverdecer entre largas manadas, y ya nunca extraviarse ni cesar en los días sin cifra de su muerte, aunque ansiaba ante todo el seno de su madre que era descanso y polvo, y en el afable suelo la oscura ley mortal, ciego y sin bendición – escribió Dylan Thomas en la habitación 206 del Chelsea, su último poema compuesto en ese Hotel – “Que no encuentre descanso, pero sí patria y sitio- rogué en su humilde cuarto, junto a su lecho ciego en la callada casa, bordeando el mediodía y la noche y la luz. Los ríos de los muertos inervaban su mano sobre la mía, y vi tras sus ojos cegados las raíces del mar”.

Arthur Miller, que vivió en el Chelsea seis años, evoca que “ pronto me dejé envolver por su fascinación, por su aire inequívoco de decadencia incontenible. No era parte de Norteamérica, no había aspiradoras, no había normas, no había gustos ni recato. (…) En la planta novena, en la otra punta del pasillo, un  compositor, George Kleinsinger, excitaba a sus amigas asustándoles con su colección de pitones, lagartos sudamericanos y tortugas que se pasaban el día soñando en sucios recipientes que llegaban hasta el techo. (…) Charles James, el célebre modisto de antaño, vagaba por los pasillos apesadumbrado porque la antigua decadencia del lugar la estaba suplantando una decadencia de nuevo cuño, de artistas vulgares y drogados que, auténticos o falsos, emponzoñaban el ambiente con sus extravagancias publicitarias, y sin que entre ellos hubiese ni una sola dama o caballero; y para mantener el orden en todo aquel circo, el diminuto detective del hotel se encerraba en su habitación con siete llaves y vivía rodeado de los televisores, los equipos de alta fidelidad, lad máquinas de escribir y los abrigos de piel que había ido robando a los huéspedes, según vino a saberse el día en que los bomberos tuvieron que echarle la puerta abajo porque en la habitación contigua un borracho se había quedado dormido con el cigarrillo encendido y se había declarado un incendio”.


“El Chelsea
sigue diciendo Miller -, pese a todos sus inconvenientes – el polvo secular de cortinas y alfombras, las cañerías oxidadas, el frigorífico que chorreaba, el acondicionador de aire al que había que echar un jarro de agua tras otro -, era un desastre espantoso y saludable que me recordaba una frase de William Saroyan, norteamericana por demás, que suelta un árabe en un bar, una frase totalmente olvidada por los revolucionarios de los años sesenta, ocupados en idear una antisociedad nueva que desterrase de la memoria todo lo que había existido hasta entonces: “Ningún cimiento debajo de nada“.


En el  Chelsea trabajaron Elia Kazán y Robert Whitehead preparando “Después de la caída” de Miller, por el Chelsea pasaron, entre otros, Brendan Behan, Tennesse Williams, Bob Dylan, Leonard Cohen, Sam Shepard, Thomas Wolfe, Nabokov, Mark Twain, Jimi Hendrix, Milos Forman, Andy Warhol, Harry Everett Smith, Arthur C. Clarke encerrado en su habitación 1008 observando el cielo con telescopio y muchos más.” El decorado era sobrio, la fauna, extraña – recuerda Saint Phalle – El hotel es un monumento a la gloria de la decadencia, sin otra razón que el genio de los lugares, sin otra organización que unos cuantos principios libertarios y cierta idea de la armonía. (—) Es un hotel de psicosis, un hotel psiquiátrico, el hotel de la más delirante imaginación, un santuario de creación, con sus víctimas consentidoras”.


(Imágenes:- 1, 2 y 4.- fachada, interior y vestíbulo del Hotel Chelsea.-wikipedia/ 3 – Dylan Thomas.-bbc. co. uk/ 5.- Elia Kazan y Robert  Whitehead trabajando en el Chelsea sobre “Después de la caída” de Miller/ 6- entrada del Chelsea.- G. Paul Burnett.- AP Photo)

HELEN LEVITT, CALLES DE NUEVA YORK

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Las mujeres y las niñas miran desde la ventana la calle, el Manhattan de los años 4o. Juegos infantiles en Nueva York. Helen Levitt miraba también desde la ventana, metía su cámara entre los rostros y las peleas. En 1929 Hart Crane  había escrito “El puente”; el hundimiento de Wall Street llevó a los años negros de la Depresión, a los parados, a los comedores populares que describe Thomas Wolfe en su obra. En 1930 Paul Morand había publicado su “Nueva York”. Mientras tanto, a lo largo de los años, los niños juegan. Helen Levitt los observa y los deja inmortales, con sus movimientos y sus gestos en el aire.

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“¡Calle de la mañana, calle de la esperanza! ¡Calle de la frescura y la luz oblicua, del precipicio frontal y la sombra azul y empinada – escribe Thomas Wolfe en  “Los cuatro desaparecidos” (“La orgullosa hermana Muerte“) ( Ediciones Librerías Fausto) -, calle del oro matutino de las aguas que danzan sobre mareas azotadoras, calle de los embarcaderos herrumbrados por el tiempo, calle del ferry de nariz achatada que echa espumarajos con su sólida pared de pequeños rostros blancos y mirones, silenciosos y atentos, vueltos hacia tí, calle orgullosa! ¡Calle de los aromas apetitosos del café recién molido, del grato olor del dinero recién impreso, de los crudos olores semidescompuestos del puerto con toda la evocación de sus mástiles dispuestos y sus marejadas de barcos, gran calle!”.levitt-l-del-libro-here-and-there-the-new-york-times

(Pequeña evocación a la memoria de la gran fotógrafa norteamericana Helen Levitt, fallecida el 29 de marzo de 2009 en Nueva York)

(Imágenes: fotos de Helen Levitt.- 1.-Nueva York, 1942.-masters-of-photography/ 2.-The New York Times/.-3.-Nueva York,1945.-masters-of-photography/3.-Nueva York, 1945.-masters-of-photography/ 4.-The New York Times/ 5.-The New York Times/ 6.-The New York Times)