LA COLUMNA COMO CAJA

 

periódicos- nbio- Thomas Hart Benton- mil novecientos cuarenta y uno

 

«La columna tiene forma de caja – decía Juan José Millás en 1997 -. De caja de ataúd, además. Y yo a veces imagino que voy colocando el cadáver que soy de manera adecuada para que las partes blandas se descompongan antes que las otras. Y otra cosa que pienso es que aquello es una caja que está llena de circuitos que yo tengo que arreglar. Es decir, que me pongo como aquel amigo mío que arreglaba radios. Porque cuando estoy operando sobre ese espacio tan breve, pero con tantos circuitos, tengo un poco la sensación de que estoy comprendiendo la realidad. Yo no entiendo bien el mundo, pero sí entiendo lo que pasa dentro de una frase. No quiero decir con esto que siempre entienda el significado de la frase, pero sí sé cómo se va del sujeto al complemento directo; y quizá, porque comprendo eso, me he hecho escritor. Si comprendiera cómo funciona un reloj – que también me gusta mucho -, quizá me hubiera hecho relojero, o suizo. De modo que cuando «armo» una columna, la idea que tengo es que estoy armando circuitos. Eso, digamos, desde el punto de vista formal.

Ahora, desde el punto de vista del contenido. ¿qué intento yo unir mientras uno esos circuitos? Pues lo que intento hacer es unir los circuitos de la realidad con los circuitos de la irrealidad, es decir, yo creo que vivimos determinados por la irrealidad, por lo irreal, pero que, sin embargo, eso no aparece en absoluto en nuestras vidas. Yo creo que no sólo a nivel individual, sino a nivel colectivo, nuestra vida está presidida y absolutamente determinada por lo irreal. Y, sin embargo, lo irreal no tiene reconocimiento ninguno; no tiene «carné de identidad.

 

periódicos.-522se.-Emma Zorn.- por Anders Zorn

 

Una crónica no es la realidad, sino una representación de la realidad; algo que te dan en lugar de la realidad. El periódico también; el periódico no es la realidad, sino un intermediario simbólico entre el lector y la realidad. Entonces, es una representación de la realidad.  El editor trocea y jerarquiza la realidad; la divide en internacional, nacional, sucesos, etc. Y va creando un cuerpo, que es el periódico, en donde hay unos suburbios y una periferia, unas uñas y un pelo, que son las columnas, los anuncios por palabras, las esquelas, y en fin, toda esa periferia. La ventaja que tiene el periódico es que tú te puedes hacer tu propio periódico con ese medio convencional. Yo veo que hay mucha gente que no obedece a la propuesta del editor, sino que empieza leyendo el periódico por la última página, luego va a las cartas al director, luego a los anuncios por palabras, y demás. Y la pregunta sería: ¿por qué no sigue el orden que le propone el periódico? Yo creo que quizá no lo sigue porque en esos «suburbios» a lo mejor encuentra una mayor representación de la realidad que en un sesudo editorial».

 

periódicos-ybbn- Madrid- Catalá Roca- mil novecientos cincuenta y tres

 

(Imágenes.- 1.-Thomas Hart Benton– 1941/ 2.- Emma Zorn. por Anders Zorn/ 3.- Francesc Catalá Roca– Madrid- 1953)

 

ORDENAR LA SORPRESA

escribir.-7uuj-- Georges Émile Lebacq.-1918

«Correjir – escribió con su j característica  Juan Ramón -, ordenar la sorpresa«. Lo recordaba Ricardo Gullón en «Papeles de Son Armadans« en 1960 cuando estudiaba el «Platero» revivido, es decir, las variaciones y correcciones que el poeta de Moguer hizo en su famoso libro. «Corregir, para Juan Ramóndecía Gullón -, era, por de pronto, revivir lo escrito. (…) Creo que fue André Gide quien escribió: «todo está dicho, pero como nadie escucha es preciso volver a empezar continuamente». (…) El gran poeta moguereño hablando conmigo de las distintas versiones de sus poemas, me dijo, entre otras cosas: «Escribo siempre de un tirón, a lápiz, luego lo dicto o lo pone Zenobia a máquina, y lo veo objetivado, fuera de mí. Entonces sí lo corrijo despacio, pero después, una vez que lo dejo, ya no me ocupo de él; si años más tarde lo releo tal vez cambie un adjetivo, una palabra, si en la nueva lectura el cambio se impone por sí».

«En la relectura – seguía diciendo GullónJuan Ramón «vivía» otra vez la intuición originaria; volvía a sentir el impulso creador, y la imaginación, encendida de nuevo, suscitaba cambios, alteraciones, mucho más hondas y vastas de lo en principio pensado. Añádase a esto la inexorable mirada crítica con que veía todo lo suyo y se comprenderá la causa de aquella incesante rectificación a que sometía su trabajo. (…) Toda su obra se le aparecía, en determinados momentos, como original a retocar, a concluir y, en sus últimos tiempos, al publicar «Españoles de tres mundos» y «Animal de fondo» señaló su carácter de libros provisionales, incompletos. Sus mejores libros le parecían sinfonías o sonatas inacabadas y ninguno se sustrajo a la ley de tan imperioso rigor perfeccionista. ¿Cómo podrían sustraerse, si esa norma rechazaba cualquier excepción y se aplicaba cada día en alguna parte del vasto dominio juanramaoniano? Sustituir, eliminar, añadir…, y siempre la posibilidad de un hallazgo fulgurante, un complemento feliz, la brasa viva en vez del rescoldo».

escribir.-456gg.-Thomas Hart Benton.- retrato de Thomas Craven.-1919

Ordenar la sorpresa es corregir. Pero mientras esto se hace pueden llegar – es fácil que lleguen – muchas más sorpresas.

Sobre las virtudes y defectos de las correcciones he hablado algunas veces en Mi Siglo; también de la paciencia, de la serenidad: las frases de Monterroso:

Tal paciencia – como recordé ya en su momento – se la  quiso confesar Monterroso a Graciela Carminatti:

– Creo que el consejo latino –dijo el mexicano–  de guardar las cosas unos siete años sigue siendo bueno. Yo añadiría el de pensarlas.

-¿Y que ocurre si uno se muere antes?

Monterroso contestó:

-Nada».

Un complemento a la serenidad de Juan Ramón.

(Imágenes.-1.-Georges – Émile Lebacq.- lumiere d´eté a Cagnes sur mer.-1918/2.-Thomas Hart Benton)