ESPACIO MIRÓ

 

“Cuenta Juan Eduardo Cirlot en su “Diccionario de los ismos”  al hablar de lo que él llama la teoría infantilista en el arte que “consultados los niños de las escuelas de los Estados Unidos  sobre qué cuadros de los museos les agradaban más, contestaron unánimemente  que los de Miró, en especial su “Interior holandés”.

Ahora llega la noticia de que se reconstruye exacta y minuciosamente el taller de Miró, allí donde creó su atmósfera y su vida, “ y así reconstruir – señala la crónica – cómo Miró se movía por el espacio y cómo lo utilizó, además de identificar las manchas de pintura y asociarlas a obras concretas. El Departamento de Colecciones ubicó, gracias a filmaciones y fotografías de la época, todos los objetos, que, según el inventario, suman casi 4.000 piezas. De esta forma, se ha podido reconstruir fielmente, sin concesiones al artificio, el espacio original de los setenta, la época de máxima ebullición de Miró (…) La realización del inventario ha permitido descubrir que hay varios objetos duplicados en los talleres de Mont-roig y de Palma de Mallorca, y que dan cuenta de sus fijaciones: un retrato de Pablo Picasso, otro de Joan Prats, un sol de palma, una calabaza, un pez globo, un balancín, varias postales (…) Miró se dedicó a crear su propia pinacoteca, recogiendo objetos encontrados en la playa, en el campo o en las calles: esqueletos de caracolas, ranas, ratas o murciélagos; piedras; alambres; instrumentos de laboreo…”

 

 

También Cirlot habla de lo que él denomina  “folklorismo plástico” y comentando la obra de Joan Junyer anota que “ en su pintura se propone seguir, en ocasiones, los modelos ofrecidos  por la cerámica mallorquina: los belenes y las palomas de barro cocido, someramente recubierto de tintas fulgurantes y que le llaman al cultivo de ese estudio que, tangelcialmente, parece haber afectado asimismo a Miró y a Paul Klee, el de los objetos naturales: piedras de color recogidas a la orilla del mar, escamas, minerales diversos.”

Es en ese mundo cuidadosamente colocado por donde el pintor caminaba cada mañana, entre objetos, telas y pinceles, trabajando intensamente en su “espacio Miró”.

 


 

(Imágenes -1 – Miró – interior holandés- 1928  / 2- Miró- 1976- Andrew Weiss Gallery -artnet/ 3- Miró en su taller)

VISITA A SOROLLA

 

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Salitas de paso entre profusión de cuadros, cerámicas valencianas, andaluzas y aragonesas, una chimenea decorada por el propio Sorolla, dibujos realizados en 1911, en Chicago, al dorso de las minutas del restaurante del hotel en que residía el pintor valenciano, quien anotaba rápidamente multitudes de tipos y actitudes, a veces con concisos rótulos: » Un millonario»,  y que apostillaba, con sequedad casi goyesca, la cabeza de un individuo. Así paseaba, apuntándolo todo, Juan Antonio Gaya Nuño en su «Historia y guía de los museos de España«, y así pasamos y paseamos nosotros años después entre el gentío que contempla las modalidades  y variaciones de la luz en «La bata rosa» o los blancos casi transparentes de «El baño del caballo».

 

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Atractivo palacete en la madrileña calle de Martínez Campos, con amplio jardín, siempre muy grato y muy interesante como museo, que Sorolla hizo construir en 1912 al arquitecto don Enrique María Repullés. Presencia constante en lienzos asombrosos en los que se ve a la esposa de Sorolla, Clotilde García del Castillo, sentada en un sofá o paseando por jardines cercanos a Madrid. La blancura de unas sábanas inundará «Madre», su cuadro sobre la maternidad en la que dos cabezas – madre e hija menor del pintor – parecen hundirse y resucitar de vida en la profundidad de una cama.

 

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Sorolla en París, en 1900,  despierta la sincera admiración de distintos artistas, entre otros del sueco Zorn, amigo del valenciano y con cuya interpretación jubilosa de la luz, como recordaría Lafuente Ferrari, tiene tanta afinidad el arte de Sorolla. Barcas y bueyes junto al mar, vivaces movimientos de cuerpos alegres que nadan y juegan con el agua, viento agitando lienzos. Se visita a Sorolla en los grandes cuadros y también en las menores menudencias del museo. Es en esa intimidad familiar de Sorolla donde aparecen, entre escaleras y salas, esas colecciones de figurillas y de cacharros populares, tallas, recuerdos. Amplios ventanales y altura de la estancia que sirvió de estudio al artista en Madrid como serviría de estudio el gran mar y las ondulaciones de sus blancos.

 

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(Imágenes.-Sorolla:  1.-«Madre» 1895/ 2.- «La siesta»- 1911/ 3.- «Clotilde sentada en un sofá». 1910/ 4.- taller de Sorolla en su museo madrileño)

CONSTELACIONES DE MIRÓ

 

figuras-mmju-Joan Miró

 

«Las manos están muy bien inventadas – le decía Miró a Cela -. Las rayas de la mano, el dibujo de la palma de la mano es como una extraña ramita caída en la tierra, está lleno de poesía. La cabeza por dentro, ¡caray!, está muy a menudo llena de cosas sin importancia. Eso de la memoria es un elemento peligrosísimo. La cabeza, por fuera, está bien: tiene fuerza plástica, es una cosa bella. Pero las manos son cosa como un alma… El entendimiento tiene el riesgo de deformar la gran fuerza inicial. Sí, eso es… El sexo es también como una constelación; tiene un

 

pintura.-99u.-Joan Miró.-Dancer.-1925

 

poder de poesía como un cometa o como un astro, es fosforescente… Las estrellas son fosforescentes… La voluntad es más importante que la memoria, que es fatal, y que el entendimiento. ¡El instinto, el instinto! ¡Eso sí! Cuando el instinto se debilita, juega la memoria. Con la memoria se hacen cosas muertas. En la pintura se ve. La pintura tuvo su importancia cuando tenía una aplicación directa. Después se hizo

 

figuras-tvvv-Joan Miró- mil novecientos veintiocho

individualista, fue como una evasión del individuo. Ahora vuelve a acercarse a la gente, es mejor así.

Se exhiben estos días los dibujos de Miró en Málaga y aún se oye la voz del pintor, desde su taller de Mallorca, hablando de las constelaciones, un  tema muy querido por él. «Hace veinte o veinticinco años volví sobre las constelaciones que ahora tienen cerca de cincuenta años o más. Un cuadro no se acaba nunca, tampoco

 

figuras-edde-Joan Miró

 

empieza nunca, un cuadro es como el viento: algo que camina siempre y sin descanso. Yo no tengo prisa, en el arte no caben las prisas…Yo tardo mucho tiempo porque pinto para mucho tiempo.., a la poesía le pasa igual, creemos que es un instante y es toda una vida y otra y otra… Yo siempre fui muy amigo de los poetas, la poesía es como una pintura… a mí me parece que la poesía está en todas partes, es como el aire, como la luz, y vive dentro de nosotros.

 

figuras-tffe-Joan Miró- mil novecientos treinta y tres

 

Hay que ser muy humilde, y muy generoso; la tierra puede ser soberbia, pero el hombre no (…) El hombre pisa la tierra y la tierra devora al hombre, es la regla general, es la ley. ¿Ves ese insecto que no se explica por qué el cristal de la ventana no es también aire, como el que hay antes y hay después? Su silueta es como una constelación que se fuera moviendo fugazmente, apresuradamente, pero

 

 

pintura.-977h.-Joan Miro.-collage.-1928

 

su esqueleto, en cambio, es blandísimo, parece de leche. Un cuadro no tiene ni principio ni fin, se sale del bastidor y del marco y sigue por el aire y chocando contra el cristal de la ventana, como los insectos. Un cuadro es como la artesanía, la vida es como la artesanía, como un arco iris que va de monte a monte…, todo viene del agua, del aire, de la tierra, del juego.

 

figuras.-98uu.-Joan Miró.-1925

 

El arco iris es maravilloso de dibujo y no digamos de color. Todo lo que está a su alrededor se transforma… El fuego es cosa impresionante. Las constelaciones… Hace veinte años pintaba constelaciones. Ahora he vuelto sobre aquellas telas, sobre aquellos cartones. Al poco tiempo empezó eso de los satélites artificiales… El fuego es algo misterioso, fascinante. Las lucecitas en pleno campo. Y el agua. Es maravillosa. Los dibujos que hace, los arabescos, la trayectoria de un insecto o de un pez que nada, la estela de los barcos, una piedrecita que cae… Es un mundo infinito… Es como la materia, no tiene fin, es como la tierra».

 

pintores.-tt88j.-Joan Miró.- estudio de Miró en Mallorcca

 

(Imágenes.- 1.-Miró/ 2.- Miró- 1925/ 3.-Miró- 1928/ 4.- Miró/ 5.- Miró- 1933/ 6.-Miró- collage- 1928/ 7.-Miró- 1925/ 8.- estudio del taller del pintor en Mallorca)

EN EL TALLER

pintores.- uurrb,. talleres.- Konstantin Korovin.- 1892

 

«con paso ligero

pasa

de una mancha a otra

de una fruta a otra

 

talleres.-Rudy Ernst trabajando.-Rudy Ernst.-artnet

 

el buen jardinero

apuntala la flor con un palo

al hombre con alegría

el sol con el azul

 

arte.-iubb.-Gauguin

 

 

luego

se ajusta las gafas

pone agua para el té

murmura

acaricia al gato

 

pintores.-bbg3.-Joan Miró.- en su taller de Palma de Malorca

 

Nuestro Señor cuando estaba construyendo el mundo

arrugaba la frente

y hacía cálculos cálculos cálculos

por eso el mundo es perfecto

e inhabitable

 

modigliani

 

 

en cambio

el mundo del pintor

es bueno

y está lleno de errores

el ojo se pasea

de una mancha a otra

de una fruta a otra

 

arte.-4dr,-.Giorgio de Chirico.-1951.-por Herbert List-Robert Miller Gallery

 

 

el ojo murmura

el ojo sonríe

el ojo rememora

el ojo dice que se podría aguantar

si simplemente se consiguiera llegar

adentro

allí donde estaba el pintor

sin alas

con unas pantuflas que se le sueltan

sin Virgilio

con un gato en su bolsillo

su bondadosa fantasía

y su mano inconsciente

que es la que mejora el mundo»

Zbigniew Herbert.En el taller».- «Estudio del objeto» (1961) (traducción de Xaverio Ballester)

 

pintores.-tynn.-Van Gogh.-autorretrato.-Museo de Arte Fogg.-Cambridge.-Estados Unidos

 

(Imágenes-1.-Konstantín Korovin.-1892/ 2.-Rudy Ersnt– artnet/ 3.-Paul  Gauguin.-reprodart-com/ 4.-Joan Miró en su taller de Palma de Mallorca/ 5.-Modigliani en París- 1915- Paul Guillaume.-chagalov/ 6.-Giorgio  de Chirico.-1951.-Herbert List–Robert Miller gallery/ 7.-Van Gogh.-autorretrato-  museo Fogg.-Cambridge- EEUU)

EN EL TALLER DE CÉZANNE

pintores.-339.-Cézaann.-taller de Cézanne 1902

«Duranty, un antiguo amigo de Cézanne, habla de una visita al taller del pintor (que designa bajo el nombre de Mailloret) Cuenta que sus ojos fueron exaltados por enormes telas, suspendidas por todas partes, y «coloreadas terriblemente». Yacen por el suelo, en series grandes, potes de farmacia, con inscripciones latinas abreviadas; el pintor dice que esta es su caja de colores. Con una cuchara saca de uno de los potes una argamasa verde, que aplica a una tela, en la cual algunas líneas indican un paisaje. El color es aplicado, haciendo

casas.- 5dfg.- Paul Cezannegirar la cuchara sobre sí misma. Así, el espesor del color en las telas alcanza a menudo a cerca de un centímetro, y forma sobre las mismas como valles y colinas de un mapa en relieve. Evidentemente – dice DurantyMailloret creía que un  kilogramo de verde era más verde que un gramo del mismo color…»

«Hoy, al leer esto, no sabe uno –comenta Eugenio D´Ors en su «Cézanne» (Aguilar) -si divertirse o indignarse ante tanta incomprensión del verdadero sentido del esfuerzo de un artista. Esta caricatura de Cézanne, el Cézanne de la leyenda, ofrece rasgos tan íntimamente contradictorios con los auténticos rasgos del Cézanne, como el de atribuir una ignorancia estúpida de

paisajes-vgy-Paul Cézanne- estanque de Soeurs- mil ochocientos setenta y cinco

las propiedades físicas de los colores al hombre que probablemente había en su tiempo reflexionado con más hondura sobre problemas de este linaje (…) Duranty se equivoca al hablar del verde; la dominante entonces en ese  período empieza a ser el azul ; precisamente nace también en esta época la opinión de que su manera obedecía a una enfermedad óptica caracterizada, entre otras enfermedades, por la imposibilidad de ver el color verde».

fruta.-877g.- Paul Cèzanne.-Naturaleza muerta con manzanas y peras.-1885

Philip Sandblom – al que varias veces he aludido aquí refiriéndome a su ensayo «Enfermedad y creación» -, al analizar la vejez de Cézanne, recuerda cómo el gran pintor estaba cada vez más débil y enfermo por la diabetes y comprendía que sus días estaban contados: «Ya vislumbro la tierra prometida – decía -, ¿pero llegaré, o terminaré como el patriarca del pueblo hebrero? » Pocos días antes de su muerte, le escribió a su hijo: «Sigo trabajando en medio del dolor, pero algo saldrá de todo ello, y esto es, creo, lo que importa.» En sus últimos cuadros, las calaveras sustituyen a sus manzanas tan queridas, esas manzanas que formaban una nueva armonía de las esferas, y las calaveras, en cambio, símbolo de la

pintores.- 822ww.- Paul Cézanne.- autorretrato con sombrero.- 1894

vanidad. «Parece ser– evocaba Rilke sobre este último Cézanneque realmente trabajaba sin alegría, constantemente enfadado, en conflicto con todos sus cuadros, en ninguno de los cuales había podido lograr lo que él consideraba ser lo más indispensable, la réalisation

(Cuando en Madrid se inaugura  la exposición «Cézanne site/non- site»)

pintores.-3eee.-Cezanne y Pisarro

(Imágenes.-1.-taller de Cézanne.-1902/2.- casas/3.- estanque /4.- naturaleza muerta con manzanas / 5.-autorretrato con sombrero /6.- Cézanne sentado en el jardín de Pisarro en 1877)

EL TALLER DE » GRANDS – AUGUSTINS»

pintores.-rrffvb.-Picasso en su estudio de Grands -Augustins.-París 1939.-Brassai

«Desde la calle, la casa no parece muy grandecuenta Patrick O `Brian en su biografía de Picasso -, pero una vez dentro la escalera varía, y los dos pisos superiores ocupados por el pintor tenían talleres que parecían catedrales de techo bajo. Resultaban todavía más impresionantes debido a que se llegaba a ellos por una oscura escalera en espiral. Al paso de los siglos, el edificio había sido dividido y ampliado sin seguir un plan preconcebido, por lo que, ahora, tenía buena cantidad de pequeñas estancias accesorias, junto con más escaleras imprevisibles, pero lo que quedaba principalmente grabado en la memoria del visitante eran los estudios, vastos y polvorientos espacios con grandes vigas y traviesas desnudas, viejas y rojas losetas hexagonales en el suelo, y altas ventanas que daban a un patio interior. Estas ventanas estaban orientadas a poniente, pero Picasso nunca se preocupó gran cosa de la luz. De muchacho había utilizado una lámpara o una vela, cuando la luz del día no le servía, y, ahora, encendía la iluminación eléctrica cuando el cielo de París estaba cubierto o cuando, como ocurría con frecuencia, decidía trabajar de noche.»

pintores.-66h.-Brassaï.-estudio de Picasso.-rue des Grandes- Augustins.-1944

En este taller de Grands -Augustins se pintó el Guernica. Prácticamente todos los estudiosos de la obra del pintor hablan de este inmenso taller, en lo alto de una mansión del siglo XVll que al parecer — como indica Pierre Cabanne en «El siglo de Picasso» – había formado parte del Hotel Savoie- Carignan antes de la Revolución, en el que Balzac situaba la acción de su «Obra maestra desconocida«. La descripción que hace Balzac de esta casa, de la empinada y sombría escalera –así lo recuerda Brassaï en sus «Conversaciones con Picasso» -, es de una sorprendente semejanza. En 1937 Picasso se traslada a este taller, conocido en el barrio como «el desván de Barrault«, por haber vivido allí algún tiempo el joven actor Jean Louis Barrault. (…) Pero «el desván de Barrault» – continúa diciendo Cabanne – no era un lugar corriente. El acceso lo tenía no por la noble escalera ornada de una barandilla en hierro forjado, sino por una siniestra escalerilla de caracol a donde apenas llegaba la luz.

Picasso.-eedvvn.-Brassai.-mano de Picasso.-romanianculture.org

Brassaï hará por esa época una fotografía de la mano de Picasso con un pincel. «Examiné – dice el fotógrafo – la «paleta» que aparecía también en la imagen. Picasso no suele tenerla casi nunca en la mano, se desembaraza siempre de ella, dejándola en una silla, en un taburete, incluso en el suelo… Muchas veces ni la utiliza, En la rue des Grands- Augustins mezclaba sus colores sobre una mesa desplegable recubierta de una espesa capa de hojas de periódicos. Una vez saturado de colores, de aceite de linaza, de aguarrás, quitaba y tiraba este mantel.»

Picasso.-55ty.-Brassaï.-Picasso y los retratos de Dora Maar en el taller de Grands Augustins

Ahora que ese ático de París cobra actualidad, los recuerdos y evocaciones de aquel célebre taller reavivan la memoria. El cuarto donde pintaba Picasso tenía como se sabe las paredes inclinadas, y a través de las tablas que formaban el bajo techo caía una lluvia de polvo procedente de la buhardilla… Eran los tiempos de Dora Maar. Precisamente una de las noches en las que los dos se conocieron, sentado junto a ella en el café, Dora se quitó lentamente los guantes de lana negra bordados de florecitas rosa que llevaba y – como recuerda también Cabanne  – mientras Picasso hablaba, ella jugueteaba con una navajita afilada clavándola en la mesa entre sus dedos separados; de vez en cuando, fallaba el golpe y la punta le pinchaba la mano haciendo brotar una perlita de sangre. Fascinado, Picasso pidió a la joven que le diera sus guantes y los tuvo guardados en una vitrina del taller en la calle Grands- Augustins, donde conservaba sus recuerdos más preciados.»

(Imágenes:- 1.Brassaï.-Picasso en su estudio de la calle des Grands- Augustins-1939/2.-Brassaï.-Picasso en ese mismo taller.-1944/3.-Brassaï.-mano de Picasso.-romanianculture.org/ 4.- Brassaï.- Picasso y los cuadros de Dora Maar en el taller de Grands- Augustins.-1939)

LOS TALLERES DE HENRY JAMES

«Pequeño tema inspirado en una conversación mantenida anoche con Lady Shrewshury, durante una cena en casa de Lady Lindsayescribe Henry James en sus Notas el 18 de mayo de 1892 -: la mujer que de joven ha sido muy fea, por esa fealdad  ha sido desairada y humillada, y – como muy a menudo, o al menos a veces, suele ocurrir con las muchachas corrientes – en sus años maduros, y aun después, se vuelve mucho más agraciada, guapa incluso – y a consecuencia de ello encantadora, en todo caso, y atractiva -, de modo que los últimos años de vida le deparan el triunfo, la recompensa, la revanche. Idea de una mujer así que, en una situación semejante, encuentra a un hombre que cuando joven la despreció y humilló, que acaso rechazó el casamiento – un casamiento proyectado por ambas familias -, y que por torpeza, aun por fatuidad e insensatez, le dio a entender que era demasiado poco para él ….».

Y así sigue Henry Jamesminucioso y en perfecta elaboración mental, el proyecto de su cuento titulado «La rueda del tiempo» que publicaría meses después. Estos son los «talleres» del novelista – talleres, pruebas, esbozos, planes, y también dudas e indecisiones – que ahora acaba felizmente de reeditar Destino bajo el título «Cuadernos de Notas (1878-1911)». Los había leído hace años en la primera versión de Ediciones Península y siempre me sirvieron para entrar en esa cámara secreta de un creador, seguir su trayecto desde el momento en que coge al vuelo una idea (en una cena, por ejemplo) y va uniendo después los hilos de modo personal hasta que lo ajusta por completo en su mente y lo lleva al papel. James había señalado en el prólogo a su novela corta «Las ruinas de Poynton» que sus historias nacían a menudo de una semilla «lanzada distraídamente» por algún compañero de cena, pero hacía hincapié en el hecho de que, si una fugaz sugerencia basta a veces para atizar la imaginación, cualquier exceso puede «echar a perder» la operación entera.

«Puesto que la vida – había dicho en ese prólogo – es toda inclusión y confusión, y el arte todo discriminación y selección, éste último, en busca del recio valor oculto que es el único que le concierne, olfatea la masa tan instintiva y certeramente como un perro que barrunta un hueso enterrado». Además de «barruntar» ideas y situaciones que están ahí, flotando en el aire (como las «mariposas nocturnas» de Virginia Woolf), James buscaba igualmente, como tantos otros novelistas, las precisiones adecuadas a sus personajes. De ahí la lista de nombres y apellidos tomados de tantos sitios para bautizar a sus criaturas de ficcción. «Nombres – escribe James en sus «Cuadernos» -: Gisborne -Dessin- Carden- Gent -Peregrine King (visto en The Times)». Los toma de todas partes. Simenon se rodeaba de listas telefónicas de todos los países del mundo para ser certero en apellidos y en nombres. Hoy, tanto el creador de «Maigret» como el del «Retrato de una dama» lo resolverían en Internet.

«La única razón de existir de una novela – escribió Henry James en «El arte de la ficción» – es que ciertamente intenta representar la vida».  La diferencia entre una buena y mala novela es que «la mala es arrojada con todas las telas embadurnadas y todo el mármol inutilizado hacia algún limbo no frecuentado, o algún basurero infinito debajo de las ventanas traseras del mundo, y la buena subsiste y emite su luz y estimula nuestro deseo de perfección».

(Imágenes:- 1.- Henry James, por John Singer Sargent.-1913.-The Henry James Resource Center/ 2.- Henry James.-guardian.co.uk)

EL POETA Y EL CINE

szymborska .-1.-umbc.edu

«El poeta está sentado a la mesa o tendido en un sofá, con la vista clavada en la pared o en el techo – contó Wislawa Szymborska en su discurso al recibir el Premio Nobel -, de vez en cuando escribe siete versos, uno de los cuales tacha al cabo de un cuarto de hora, y pasa una hora más en la que no ocurre nada…¿Qué espectador aguantaría semejante cosa?».

Es cierto. La cámara no puede reflejar en este caso la batalla de la inspiración y el trabajo, la aventura de la creación y el quehacer. Recuerdo el taller madrileño del escultor Pablo Serrano y cómo me iba él mostrando las piezas inacabadas y aún deformes, pero masas tangibles, nacimientos que ya se podían tocar. Recuerdo también el taller a las afueras de Madrid de Juan Barjola y cómo los espejos se ondulaban sobre caballos y toros reventados en plazas retorcidas de colores y cómo enanos distorsionaban la tela, pero aquello era ya pintura y la mano del artista no tenía más que terminar y perfilar. Pero el taller donde se concibe la poesía es otra cosa. La cámara avanza en el silencio del aire y el aire de la creación vive en el misterioso hueco de la imaginación o la memoria:  las manos del poeta esperan a que ese aire descienda suavemente, y ese descendimiento desde la inspiración hasta el trabajo se hace de forma tan silenciosa que no hay cámara cinematográfica que lo pueda recoger.

La cámara, pues, no puede entretener al espectador como logra hacerlo ante un artista plástico.Estudio de pintor.-Matisse.-1903.-Fizwilliam Museum- Cambridge.-Olfga`s Galllery

Al entrar la cámara en el taller de Wislawa Szymborska no sabe cómo reflejar los movimientos de la poesía. Al entrar la cámara en el taller de Octavio Paz sólo le ve inclinado y pensativo:

«Cuando sobre el papel la pluma escribe,

a cualquier hora solitaria,

¿quién la guía?

¿A quién escribe el que escribe por mí,

orilla hecha de labios y de sueño,

quieta colina, golfo,

hombro para olvidar al mundo para siempre?

 

Alguien escribe en mí, mueve mi mano,

escoge una palabra, se detiene,

duda entre el mar azul y el monte verde.

Con un ardor helado

contempla lo que escribo.

Todo lo quema, fuego justiciero.

Pero este juez también es víctima

y al condenarme, se condena:

no escribe a nadie, a nadie llama,

a sí mismo se escribe, en sí se olvida,

y se rescata, y vuelve a ser yo mismo».

«Mientras escribo» («Calamidades y milagos») (Libertad bajo palabra)

Por eso, ante estos talleres de la poesía, la cámara cinematográfica siempre se retira. No sabe bien qué hacer.

(Imágenes:1.- foto de Wislawa Szymborska- umbc.edu/2.-Matisse.- Estudio bajo el tejado.-1903.-Cambridge.-Fitzwilliam Museum)