ESCUCHAR

 

 

”Para escuchar conviene callar. No sólo obligarse a un silencio físico que no interrumpa el discurso ajeno ( o que, si lo interrumpe, lo haga en función de una escucha posterior), sino también a un silencio interior, o sea, a una actitud dirigida a la palabra ajena.

Giovanni Pozzi, el ilustre italianista, en su pequeño libro “Tacet” ( su ensayo sobre el silencio), sigue comentando lo que él llama “el silencio de la escucha” : “Hay que imponer silencio al trajín del propio pensamiento, calmar el desasosiego del corazón, la agitación de las preocupaciones, eliminar toda clase de distracción. No hay nada como la escucha, la verdadera escucha, para comprender la correlación entre el silencio y la palabra. Por analogía, la música se escucha plenamente cuando todo calla a nuestro alrededor y dentro de nosotros. La forma más perfecta de escucharla es con los ojos cerrados. Mirar la orquesta o al pianista, observar el sincronismo entre el agitarse del director, el ir y venir de los arcos y la curva de la melodía, entre el movimiiento ritual del torso, el deslizarse de las manos por el teclado y la cascada de notas, intensifica la participación en el espectáculo pero atenúa la magia de los sonidos, una magia que el órgano nos ofrece plenamente cuando llena la iglesia con su canto. Lo escuchamos sin ver cómo se produce el sonido. Sale de un seno oscuro y, en la inmóvil oscuridad de las bóvedas, nos envuelve como un sudario.

 

 

(…) El mundo está oprimido por una pesada capa de palabras, sonidos y ruidos. Los babilonios pensaban que los dioses habían enviado el diluvio a la tierra porque estaban hartos del parloteo de los hombres. Hoy no se conformarían con enviarnos sólo un diluvio. Antaño sólo se percibían las palabras del vecino. Bastaba con alejarse un poco para que no te molestaran palabras importunas; hoy  estas nos llegan desde las antípodas. El gran silencio nocturno es roto por el rugido de los coches. Cuando tenemos que pasar una noche en un lugar aislado, nos despertamos inquietos; el silencio se convierte en una pesadilla en el sueño (…) El silencio de la escucha llega a su culminación en la lectura, cuando la palabra misma se presenta en silencio sin perder nada de su vitalidad. El lector es solitario, porque, mientras lee, crea con el libro una relación exclusiva (…) Toda la mente, todas las facultades del lector, se concentran en ese ir y venir del ojo de izquierda a derecha línea a línea. Cuando está tan concentrado que el libro se le cae de las manos, lo suelta sin pesar, porque el silencio de la escucha ha dejado paso dentro de él al silencio del recuerdo de lo que ha leído.”

 

 

(Imágenes- 1- Mark Rothko/ 2- Graham Mileson/ 3- Norman Bluhm/

EL SILENCIO MATRIMONIAL

 

mujer- nnu- Otto Steinert- la condesa de Fleury- mil novecientos cincuenta y dos

 

 

“Te quejas, María, – leo que le escribió Nivasio Dolcemare a su mujer, tal como lo va citando Alberto Savinio en suNueva Enciclopedia”  -, porque ya no conversamos juntos como solíamos en otros tiempos, y de ese silencio nuestro de ahora deduces que ya no tenemos nada que decirnos. Hace veinte años que estamos casados, y, pasando revista con el pensamiento a ese ya largo pasado, vuelves a los primeros meses de nuestro matrimonio y, sobre todo, a los meses que lo precedieron, y los recuerdas con añoranza, como un lejano momento de felicidad, perdido para siempre. Nuestros días de entonces eran una constante conversación, y el vocabulario parecía no tener suficientes palabras para nuestro consumo, y yo te escuchaba, y me escuchabas tú a mí, y tú me lo decías todo de ti misma, como yo te lo decía a ti todo de mí mismo, o, para ser más exacto, te decía de mí mismo todo cuanto pudiera dejarme en buen lugar, y, encima, adornándolo de manera que, por medio de la dialéctica más retocada, de las imágenes más persuasivas, de las palabras

 

mujer-bbvy- gentes- Veronika Tumova

 

más hábiles, se fuera formando ese personaje al que tú, oscuramente, esperabas desde que comenzó a despertar en ti tu alma de mujer, y así, día a día, hora a hora, minuto a minuto, lo veías formarse ante ti, vivo y tangible, como la milagrosa y feliz concreción de esa promesa antiquísima que, antes que tú, recibió la que te dio vida a ti, y, antes todavía, la que dio vida a la que te dio vida, y así sucesivamente hasta llegar a las primeras generaciones de la especie humana iluminada por la luz de la conciencia y del alma; y lo mismo ocurría en mi caso. Luego, poco a poco, nuestros diálogos se fueron haciendo más raros, de la misma manera que el pelo sobre mi frente, hasta, poco a poco, terminar; y ahora nuestras relaciones verbales han quedado reducidas al mínimo necesario, a breves indicaciones, como “¿A qué hora salmos?”, o: “¿Pagaste la cuenta del gas?”, o: “Hay que pensar en plantar las patatas en la finca” Pero ¿sabes acaso por qué motivo yo antes hablaba tanto y ahora no hablo nada?, ¿te lo has preguntado alguna vez?

 

moda-nnbby- mujer-- JeanLoup Sieff- Queen- mil novecientos sesenta y cuatro

 

(…) Finalmente, nuestra desnudez aparece sin palabras, sin velos y, en consecuencia, silenciosa. Al mismo tiempo, aquello tan “extraordinario” que nos prometían estos preparativos, se aja en la realidad, y una vez más nos vemos ante el rostro incoloro y mudo de la nada. Los que no saben dicen entonces que el amor ha muerto, pero en realidad no es así: el amor ha dado su mejor fruto, y ha nacido una cosa verdaderamente vital (…) Éste es el misterioso y esencial resultado del matrimonio, y este silencio es precisamente el signo de que el matrimonio ha salido bien, de la misma manera que la ampolla indica que la inyección ha prendido (…) El hombre habla, en los preparativos del amor, con objeto de embellecerse, de la misma manera que el pavo se esponja, hace la rueda, y “hacer la rueda” es expresión todavía en uso en el sentido de hacer la corte. El hombre habla porque trata de seducir a la mujer por medio de palabras, pero se engaña en esto porque ignora que no es él el seductor, sino el seducido.

 

amor-bh- París- Willy Ronis- mil novecintos cincuenta y siete

 

 

(…) Si te quejas de nuestro silencio es porque se debilita en ti tu calidad de mujer. ¿Es que ya no me oyes en el silencio como yo, en el silencio, te oigo a ti? Y, sin embargo, sabes que entre nosotros la palabra es algo más que un pleonasmo: es un peligro: un signo feo, y si, a veces, vuelvo a hablarte como hablaba entonces, tú, en broma, pero recelosa y como para ocultar un secreto temor, me preguntas: “Pero ¿ qué es  lo que te pasa?, ¿es que tienes algo que ocultarme?”. Es verdad: “Tengo algo que ocultar, y me toca empezar de nuevo”. La palabra espesa, la palabra abundante, la palabra adornada, la palabra que trata de persuadir es como masilla que tratara de reparar una grieta abierta en nuestra complicidad; y si me ves empezar de nuevo a hablar “como entonces”, recela, porque eso quiere decir que hay una grieta. Me reprochas también que “con los demás” sigo hablando como hablaba entonces contigo, y es verdad: en mi loca ilusión trato de imponerme a los demás de la misma manera que me impuse a ti, es decir, hacer y pensar, “pensar” sobre todo las mismas cosas (…) Se habla para llevar el agua al propio molino, pero si se saben las mismas cosas, si se creen las mismas cosas, si se aman las mismas cosas, si se odian las mismas cosas…, si no se pueden amar, odiar, pensar, creer cosas distintas, ¿de qué sirve hablar? Dejemos que el silencio nos proteja (…) Te escribo todo esto porque, bajo la bóveda de nuestro silencio, hay cosas que se pueden escribir, pero nunca decir”.

 

amor.-6bbh.-Alex Katz.-Albertina.-Viena.-artdaily.org

 

(Imágenes.- 1.-Otto Steinert– 1952/ 2.-Veronika Tumova/ 3.- JeanLoup Sieff- Queen- 1964/ 4.- Willy Ronis- 1956/ 5.- Alex Katz– Albertina- Viena-artdaily org)

 

SOLEDAD Y SILENCIO

interiores-unnh-Reiner Lautwein- mil novecientos noventa nueve

 

Cinco formas de soledad creadora aborda George Steiner en sus “Gramáticas de la creación” (Siruela): la soledad como elección; la soledad política (el exilio); quienes fabrican su soledad con sus propias realidades y mitologías; la soledad por enfermedad y la soledad en el ámbito teológico y transcendental. Todas estas soledades se envuelven siempre con la capa del silencio. El embozado silencio las conduce hasta lo alto de las montañas, a la cima que dominan colinas y lagos, o las repliegan a interiores y recintos, acunadas a veces por los versos de Tibulo :”En la soledad sé un mundo para ti mismo”.

 

interiores-uew- Anton Dieffenbach- mil ochocientos cincuenta y seis

 

Pero el silencio y la soledad están muchas veces reñidos con el mundo actual y sin embargo los dos son fuertemente anhelados. El escritor austriaco Peter Handke aborda en su último libro el silencioso mundo de su infancia en el internado, el silencio de una estación de trenes en la que pasó una noche, el silencio de un parque portugués y varias cosas más. Silencios creadores, silencios revividos. Todos los vocablos que pueden rodear al silencio – el silencio absoluto, hondo, impenetrable, elocuente, obligado, piadoso, profundo…- se unen a los vocablos que en ocasiones acompañan a la soledad:  soledad gozosa, inmensa, insondable,  soledad apacible, pero también soledad angustiosa, amarga soledad… Soledades y silencios nos acompañan, nos hacen meditar sobre nosotros mismos.

 

ventanas-mmuu- interiores- Matteo Massagrande

 

“Hemos de reservarnos una trastienda muy nuestra, libre, – escribía Montaigne -, en la que establezcamos nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro y soledad. En ella se ha de tener ordinaria charla con uno mismo y tan privada que ninguna relación o comunicación extraña halle en ella lugar; discurrir y reír allí  como si se careciera de mujer, hijos y bienes, escolta y criados, para que cuando acaezca el momento de la pérdida, no sea nuevo para nosotros prescindir de todo ello. Tenemos un alma capaz de volverse sobre sí misma; puede hacerse compañía; tiene con qué atacar y con qué defenderse, algo que recibir y algo que dar; no temamos languidecer en esa tediosa soledad”.

 

interiores-nutt- ciudades- Ernst Oppler

 

(Imágenes.- 1- Reiner Lautwein– 1999/ 2.-Anton Dieffenbach– 1856 / 3.-Matteo Massagrande/ 4.- Ernst Oppler)

VALOR DEL SILENCIO

 

silencio-unnb-Michal Lukasiewicz

 

Oigo el silencio. En medio de tanta palabra ociosa e innecesaria, oigo el mundo de las palabras sin pronunciar, dichas en silencio, pensamientos que casi son palabras y que conviven con palabras y silencios de los demás. El aire invisible está lleno de silencios plenos de palabras. No se sabría decir si en este mundo de murmuraciones, justificaciones, explicaciones y diálogos banales, el número de palabras sin pronunciar domina al silencio aparente, y allí quedan revelados y brillantes como gotas en el ojo de un microscopio. Lo que sin duda es difícil comparar es el valor de las palabras pronunciadas y el de los silencios meditativos, silencios misteriosos que sin embargo, y por la fuerza de su mutismo, llegan siempre a su destino.

José Julio Perlado

(Imagen.-Michal Lukasiewic)

LA ESCRITORA VIVE AQUÍ

escritores.-42cv.-Clarice Lispector.-foto Claudia Andujar

“La escritora vive aquí”, así tituló sus semblanzas literarias – el perfil de sus obras, pero sobre todo de sus casas – Sandra Petrignani (Siruela) hablando, entre otras figuras destacadas, de Karen Blixen , Grazia DeleddaMarguerite Yourcenar. Pero las casas de muchas escritoras (de muchos escritores) tienen, además de los muros y de las ventanas, de las mesas, los jardines, los objetos útiles o los objetos preciosos, unos espacios silenciosos que comunican con pasillos de soledad y éstos a su vez abren las puertas a las habitaciones del reposo y en el reposo suele vivir la concentración, y en torno a la concentración hallamos nuevamente la soledad y el silencio.

escritores.-09jj.-Marguerite Duras

“La soledad de la escritura – decía Marguerite Duras en “Escribir” (Tusquets) – es una soledad sin la que el escribir no se produce, o se fragmenta exangüe de buscar qué seguir escribiendo.(…) Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas las horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escritor.”

escritores.-56bnn.-Clarice Lispector

“Es la gran responsabilidad de la soledad. – recordaba a su vez la excelente escritora brasileña Clarice Lispector – En cuento a mí, asumo la soledad. Que a veces se extasía como ante los fuegos artificiales. Soy sola y tengo que vivir una cierta gloria íntima que en la soledad puede convertirse en dolor. Y el dolor, en silencio. Guardo su nombre en secreto. Necesito secretos para vivir.”

También repetía Duras: “Cuando yo escribía en la casa todo escribía. La escritura estaba en todas partes. Y cuando veía a mis amigos, a veces no acertaba a reconocerlos.(…) Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un contrasentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es alguien que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado.”

Por eso cuando se entra en las casas de las escritoras  (de los escritores) el silencio nos abre el picaporte de la soledad y la soledad nos abre las ventanas del silencio.

(Imágenes:- 1.-Clarice Lispector.- foto Claudia Andújar/ 2.-Marguerite Duras.-1955.-foto Lipnitzki- Roger Viollet.-Getty images/3.-Clarice Lispector–hoyesarte.com)

MÚSICA Y PALABRAS

“La palabra ha intentado rivalizar con la música y domesticarla – ha recordado Steiner  al examinar su vida en “Errata – . Ha imitado los medios musicales desde el interior de sí misma. Sabe de ritmo, cadencia, sonoridades, ecos, cambios de tonalidad y variaciones temáticas. Puede, en cierta “medida” – término que es en sí mismo una rúbrica musical y coreográfica – pasar de un registro de energía y de un estado de ánimo a otro. Tiene sus agudos y sus graves, sus murmullos y sus pedales. Retóricas llamadas  de clarín y redobles de tambores.(…) Cuando las palabras se transforman en música, cuando se compone música para un texto, el conflicto primigenio está garantizado.

Estas dos fuerzas, la de la música y la del lenguaje, quintaesencialmente conflictivas, confluyen en la voz humana cuando cantamos. Cuando se propone definir el milagro cardinal de una boca que canta, el lenguaje no es capaz de ofrecer sino abstracciones o imágenes. El canto es, simultáneamente, la más carnal y la más espiritual de las realidades. Aúna alma y diafragma. Puede, desde sus primeras notas, sumir al oyente en la desolación o transportarlo hasta el éxtasis. La voz que canta es capaz de destruir o de curar la psique con su cadencia”.

Por entre las rendijas de la música suele colarse en silencio la paz.

(“O Quam Gloriosum”.-Tomás Luis de Victoria)

LECTURAS SILENCIOSAS

“Cuando leía, sus ojos corrían a lo largo de la página y su mente percibía el sentido, mas la voz y la lengua se quedaban inmóviles. A menudo, hallándonos allí – cualquiera podía entrar, pues no se solía anunciar la llegada de un visitante – lo observábamos mientras leía, o en silencio, nunca de otra forma, y tras quedarnos sentados silenciosamente – ¿quién se atrevería a turbar una concentración tan intensa? – nos íbamos conjeturando que, en ese rato de tiempo en el que conseguia dedicarse a relajar su mente, libre por fin del ruido de los problemas ajenos, no querría ser distraído ni explicar a un oyente atento e interesado algún pasaje oscuro del texto que estaba leyendo, ni discutir sobre alguna cuestión particularmente difícil, acabando por perder, de tal modo, una parte del tiempo destinado a la lectura, a pesar de que resultara mucho más probable el hecho de que habría empleado ese tipo de lectura silenciosa para ahorrar la voz, que se le debilitaba con gran facilidad. No importaba la razón por la que lo hiciera, para un hombre así no podía ser sino buena”.

De este modo narra San Agustín en el capítulo Vl de susConfesionesla forma en que leía San Ambrosio, aquel personaje que fascinó y atrajo vital y esencialmente al que luego sería obispo de Hipona. En Mi Siglo he hablado ya de las grandes cuestiones formuladas por Pèguy en torno a la lectura y de los espléndidos párrafos que dedica Proust a la lectura en voz baja. Roger Chartier, cuando aborda las prácticas de lo escrito en la “Historia de la vida privada, recuerda una vez más la importancia de la lectura en silencio durante los siglos XVl y XVll, que instaura una relación solitaria entre el lector y su libro, y Philippe Ariès, comentando el siglo XV, ya dice que la lectura silenciosa se ha transformado entonces en la manera corriente de leer, y que hasta el XlX los lectores torpes se distinguirán de los demás por su incapacidad de leer en silencio.

“Muy a menudo – evoca Steiner enPresencias reales” (Destino) – lo que viene a llamarnos lo hace sin ser invitado. Incluso cuando hay una buena disposición, como en la sala de concierto, en el museo, en ocasión de una lectura, la verdadera entrada en nosotros no ocurrirá por un acto de voluntad”. Entra en nosotros ese invitado en la noche atravesando la habitación de la mente, rozando la luz de las pantallas, apenas haciendo ruido entre los muebles de las distracciones y se queda allí, en la música, en el fondo del cuadro, en el fondo de la página, y empieza a hablarnos – silencio y lenguaje, lenguaje y silencio – hasta atraernos, hasta convertirnos en su íntima amistad.

(Imágenes:- 1.- Lyttton Strachey- Dora Carrington/ 2.-Marcel Rieder.-1851-1925)