“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (26) : FICCIÓN , MEMORIAS, CERVANTES

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo, los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS  (26) : Ficción, Memorias, Cervantes

 

 

—Me hablaba usted antes del “cementerio de los elefantes”…—me dice la periodista.

 

– Sí, “el cementerio de los elefantes”, como le comentaba el otro día, es para mí una gran lección. Uno se esfuerza en escribir, en trabajar, unas veces acierta y otras no, pero al fin, al paso de los años, uno acabará de una u otra forma en “el cementerio de los elefantes” ; eso suponiendo que uno sea “elefante”…, que yo no lo soy…

– Es usted muy modesto.

– No. Yo tal vez sea un elefante muy pequeñito, muy pequeñito, de los millares y millares de elefantes pequeñitos que hay entre los escritores del mundo. Cuando uno pasea por entre los títulos de tantas obras alineadas, de tantas colecciones organizadas por colores, por encuadernaciones o por premios, es como si uno paseara por un largo y aleccionador claustro haciendo meditados ejercicios espirituales literarios, con reflexiones sobre la caducidad de la fama y sobre la vacuidad de las cosas. Es un paseo muy necesario, muy higiénico.

. – Entonces, ¿qué es lo que queda de todo eso?

– Pues queda la obra bien hecha, lo que se ha hecho con dedicación, con amor, la satisfacción de haber intentado lograr una obra bien hecha. Es la satisfacción del intento, ni siquiera la del logro, que no siempre se consigue. Además, ese logro está completamente cercado de avatares.

– ¿Qué avatares?

– Pues avatares de todo tipo, de modas, de gustos, de costumbres. Piense usted que naturalmente ya no se escribe, por ejemplo, como Dickens o como Galdós, y sin embargo los dos intentaron la obra bien hecha, y en algunos de sus libros lo consiguieron. En el caso de Galdós, cuando un periodista va a verle y él está ya casi ciego al final de su vida, en un momento de la entrevista, le pregunta, “¿Pero usted, don Benito, después de sus cien libros y de sus numerosas obras de teatro; después, en fin, de medio siglo escribiendo, supongo yo que no trabajará por necesidad, sino por placer, por crear…? “. Y Galdós le contesta:- “!No, amigo!… A pesar de toda mi labor pasada, si en el presente quiero vivir, no tengo más remedio que dictar todas las mañanas cuatro o cinco horas y estrujarme el cerebro hasta que dé el último paso en esta vida”. Esto respecto al trabajo, que es algo más bien normal en cualquier persona. Pero luego vienen las modas, las costumbres, los cambios en los gustos, los avances en la forma de narrar, la influencia de los nuevos medios técnicos, del cine, de tantas cosas modernas en el mundo de la comunicación : todo ello marca naturalmente y repercute. Y también las devociones y los desprecios, los puntos de vista tan encontrados, muchas veces tan radicales. Le hablaba hace unos días de Bresson y de mi conversación con él en París, de cómo él amaba a Dostoievski ; pues bien, si leemos las clases de Nabokov sobre literatura rusa Dostoievski queda muy apartado, y se ensalzan en cambio a Chejov o a Tolstoi. Por otro lado Gombrowicz desdeña a Camus, Canetti ataca a Iris Murdoch… etc, etc. Todo son puntos de vista diferentes y todos muy legítimos. Todo es cuestión de preferencias y de revisiones. Pero esto son cosas técnicas o teóricas, como usted ve, que sin duda interesan únicamente a los especialistas. Lo importante, como recordaba un autor destacado, es que no puede quedar bien nada que no se haga con amor.

– ¿Usted cree que ha hecho las cosas con amor?

– No todas, pero en muchas lo he intentado, sobre todo en los últimos años. Es lo que queda: la esencia de lo que queda cuando se escribe. Pienso que así debía ocurrir en todas las cosas de la vida.

 

. 15 mayo.

 

En “La Barranca” – Navacerrada

 

 

Antesdeayer, lunes, de nuevo con Senabre en “La Central”, aprovechando que venía él de Alicante a Madrid para pasar aquí unos días. Lo pasamos muy bien. Días atrás le había mandado varias páginas de este libro para que las leyera y la verdad es que aprendí mucho cuando las comentó, como siempre que hablamos de literatura. Al aludir a mis descripciones de la casa de la calle de Goya su pensamiento, me dijo, se le había ido casi sin querer a escritores que habían dedicado páginas a las casas, tanto en su exterior como en su interior, que son muchos, y luego nuestra conversación se desvió por este tema de las casas y acabamos nada menos, mejor dicho acabó Senabre, citando al siglo de Oro y a Vélez de Guevara, con su “Diablo cojuelo” que tanto le gusta , el autor que levantaba los techos de las casas de Madrid. Yo le recordé, en otro sentido, a un escritor que me interesa mucho, Georges Perec, por sus experiencias literarias, y comentamos la enumeración exhaustiva y minuciosa que él hace de la casa de pisos en la calle Simón -Crubellier de París. Y así nos entretuvimos casi toda la mañana hablando de casas en general y luego del libro de Sandra Petrignani “ La escritora vive aquí” y de las casas de las autoras que ella describe. Como siempre, una conversación muy aleccionadora y agradable.

Y al fin, tras esta conversación del lunes con Senabre, he decidido incluir en estos “ Cuadernos Miquelrius” algunos de los cuentos que he escrito en estos años. Es cierto que nada tienen que ver con el tronco central de la larga entrevista que me está haciendo la periodista, y ello hasta me mantenía dudoso y preocupado. Pero al confesarle el lunes a Senabre mis dudas él me ayudó enseguida, como hace siempre. Defendió toda clase de cuentos, relatos o episodios intercalados que suelen aparecer en muchas obras literarias y me puso muchos ejemplos. Ante mi sorpresa, y en medio de la conversación a media mañana, se levantó de uno de los sillones en donde charlábamos, se acercó a una de las estanterías de “La Central”, y tomó el volumen del Quijote que editó hace ya varios años, en 1998, el Instituto Cervantes, un magnífico volumen con Notas complementarias. Senabre me leyó parte de lo que él mismo comentaba allí sobre las dudas de Cervantes en la Segunda Parte del libro y sobre si fue oportuna o no la inclusión en la Primera Parte del relato “ El Curioso impertinente”.

– Mira – me dijo Senabre – lo que Cervantes dice aquí por boca del Bachiller – y me leyó : “una de las tachas que ponen a la tal historia es que su autor puso en ella una novela intitulada “El Curioso impertinente”, no por mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quijote”. Muchos autores, por tanto, han incluido pequeñas historias ajenas a la historia central dentro de sus libros. Y lo que estás haciendo, añadió, es perfectamente razonable, e incluso, creo, puede darle mayor variedad al libro. Por otro lado, en muchas de estas páginas que me estás mostrando aparecen varias facetas tuyas, la de profesor, periodista o conocedor de escritores, tus encuentros con artistas diversos y tus reflexiones, cosas que han sido una constante en tu vida, pero tampoco tienes por qué esconder tu perfil de cuentista y de novelista, y esto cabe perfectamente en un volumen al que tú de algún modo calificas de Memorias. Piensa, por ejemplo, en algunas obras de Sergio Pitol que mezcla diversos géneros. O en los relatos que en medio de sus “Diarios” introduce de pronto Ricardo Piglia. Pero tampoco hay que ceñirse a Pitol o a Piglia. Cervantes, como digo, mete relatos intercalados en la Primera y en la Segunda Parte del Quijote, Mateo Alemán introduce cuatro novelas breves, cuentos y anécdotas para dar variación a su “Guzmán”, e incluso Graham Greene defiende esos relatos breves dentro de una obra, que para el creador, así lo llama él, son otra forma de escape. Muchos han aplicado esa fórmula.

Todo esto me ha animado a incorporar más relatos. Me ha dejado tranquilo. Introduciré en estas Memorias el relato “Caligrafía”.

 

José Julio Perlado — “Los cuadernos Miquelrius” — Memorias

 

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

UNA HABITACIÓN PROPIA

 

 

“Cuando se construyó “la habitación propia” con las ganancias obtenidas con el éxito de “Orlando”, Virginia aspiraba a tener por fin su estudio, pero la habitación resultó  no ser apropiada y terminó siendo sólo el dormitorio. —así lo cuenta la periodista italiana Sandra Petrignani en “La escritora vive aquí”, reedición actual de una primera versión publicada en 2006 —. El 26 de enero de 1930, al día siguiente de su 48 cumpleaños, anotaba Virginia  en su “Diario”: Aún no consigo escribir con naturalidad en mi nueva habitación porque la mesa no tiene la altura adecuada y para calentarme las manos debo agacharme. Necesito que las cosas sean totalmente conformes a mis costumbres”. Todo escritor se reconoce en este ser maniático; el rito de escribir tiene para cada uno su ceremonial y su utillaje. El de Woolf , dice Petrignani, requería una butaca desfondada, una tabla de contrachapado con el tintero incorporado, colocada sobre las rodillas, y grandes cuadernos con cubiertas de vivos colores que se fabricaba ella misma. Necesitaba también una mesa grande y sólida , que usaba muy poco para escribir, pero sobre la que acumulaba “montones de porquerías”: papeles varios, manuscritos, botellas de tinta, cartas, viejas boquillas para los cigarrillos, montones de plumines usados y nuevos, cajas de cerillas, los puros que fumaba de vez en cuando, clips oxidados y otras baratijas.

 

 

Sí, Virginia Woolf era muy desordenada. Por eso terminó por preferir como estudio el “lodge” que había al fondo del jardín, una caseta destinada a las herramientas del jardinero, a la que ella llamaba “mi casita”. Allí podía rodearse de silencio…y de  dejadez. “Su habitación no estaba solamente desordenada, tendía a menudo a estar “descuidada“, decía Leonard, que habla también de la “organización desorganizada y de la incomodidad” en la que su mujer se encontraba a gusto para trabajar. Es fácil imaginársela “tumbada en la cama mirando las estrellas, en esas noches de Monks House”.

 

 

Gerald Brenan — dice Petrignani — hace un retrato vibrante de los Woolf que, de paso por España, van a verle. “La primera cosa que me viene a la mente cuando pienso en Virginia Woolf es su belleza. Esqueleto fino y cincelado, ojos grises, “su conversación era como su prosa”, femenina y seductora, irónica, “inclinándose hacia un lado, un poco rígida en la silla, se dirigía al compañero en tono burlón. Leonard, sin embargo , era muy sólido, muy viril, fumaba en pipa, y no perdía nunca el hilo de la conversación y hablaba de una manera relajada y amigable”.

 

 

(Imágenes —1-Vein Magazine/ 2-Virginia Woolf y otros amigos en el verano de 1915 -avuelapluma/ 3-Virginia Woolf-   Enciclopedia británica/ 4-  reason vhy)

LA OTRA CASA DE KAREN BLIXEN

 

KAREN BLIXEN

 

“Con sus ojos oscuros centelleantes – escribe Ole Wivel, el poeta y amigo de Karen Blixen – y el cabello largo recogido, abajo, en la nuca, con un lazo de terciopelo negro, la escritora tenía una apariencia joven y espléndida. Era alegre y reía fácilmente, como si fuera de por sí la prueba de que algo bueno fuera a ocurrir, como si, en efecto, hubiera sido establecido con anterioridad (…) Hablaba sin interrupción alguna, con ese extraño acento suyo cargado de cultura y solemnidad, que se tornaba más cálido por su variedad de timbres (…) Había algún que otro hilo gris entre sus cabellos, pero Karen parecía joven cuando se levantó para abrir la puerta que da al porche y habló del amor que su padre y su madre alimentaban por esta casa. Era uno de los inviernos más templados que yo recuerde; era enero y parecía principios de primavera y el Estrecho, libre de hielos, resplandecía azul al sol.”

 

Karen Blixen- Rungstedlund- cerca de Copenhage- wikipedia

 

 

Esta casa era la casa de Rungstedlund, la casa de la niñez de Karen Blixen, que Sandra Petrignani visita en “La escritora vive aquí” (Siruela), y cuyos muros nos van atrayendo  no sólo por sus muebles y objetos singulares, arcones y jarrones de cristal (“vieja casa sin comodidades modernas – anota Wivel en la que los inviernos debían de ser durísimos) , sino por las conversaciones matizadas con silencios. Hablan de Karen Blixen – a través de Petrignani –  los poetas Ole Wivel y Thorkild Bjornvig y lo hacen cada uno desde un ángulo distinto. Como lo hace igualmente Tore Dinesen, sobrino de la escritora, que al hablar de la otra casa – la casa en África – comenta que aquella no fue mas que el centro de  un largo paréntesis muy duro. Pero a la vez, un periodo de extraordinaria inspiración.

 

escritores.- Karen Blixen

 

 

Ahora, al recordarse los cien años de aquel principio en África, las dos casas de la autora de  “Cuentos de invierno” adquieren un mayor contraste. A la singular casa de África – con sus caballos Aimable, Rouge y PoorBox, con su perro Dusk, y el pastor alemán Pasop, llamado también Rommy – se unen en la evocación estas otras habitaciones cerca de Elsinor, la casa-museo con sus cuadernos de escuela, la libreta que siempre llevaba en el bolsillo para anotar lo que la sorprendía, su última pluma estilográfica, negra, ” con el  extremo opaco porque evidentemente tenía la costumbre de llevársela a la boca…”

 

Karen Blixen- uvvvfe- BlixenMuseum- Niels Elgaard Larsen

 

Desde su casa de Dinamarca la escritora solía recordar su otra casa de África.  En 1956 confesó : ” cuando  era niña estaba muy lejos de mi mente la idea de ir a África, ni tampoco soñaba con que una granja africana era el lugar donde yo sería perfectamente feliz. Esto sirve para probar que Dios tiene una capacidad de imaginación más grande y refinada que nosotros (…) Desde el primer día que estuve en África amé el país y me sentí en casa. El este de África, en ese entonces, era un verdadero paraíso, “el feliz  territorio de caza” de los indios pieles rojas (…)  Eran gente bella, noble, valiente y sabia.”

Y repetía continuamente que allí fue muy feliz.

 

escritores.-4sfg.-Karen Blixen.-con su editor en Dinamarca.-por Gleie Erik.-noviembre 1957

 

 

(Imágenes.- 1.-Karen Blixen- hidtoriefaget. dk/ 2.-Rungstedlund- wikipedia/ 3.-Karen Blixen/ 4.-Blixenmuseum- elgaard larsen/ 5.-Karen Blixen en 1957- gleie erik)

LA ESCRITORA VIVE AQUÍ

escritores.-42cv.-Clarice Lispector.-foto Claudia Andujar

“La escritora vive aquí”, así tituló sus semblanzas literarias – el perfil de sus obras, pero sobre todo de sus casas – Sandra Petrignani (Siruela) hablando, entre otras figuras destacadas, de Karen Blixen , Grazia DeleddaMarguerite Yourcenar. Pero las casas de muchas escritoras (de muchos escritores) tienen, además de los muros y de las ventanas, de las mesas, los jardines, los objetos útiles o los objetos preciosos, unos espacios silenciosos que comunican con pasillos de soledad y éstos a su vez abren las puertas a las habitaciones del reposo y en el reposo suele vivir la concentración, y en torno a la concentración hallamos nuevamente la soledad y el silencio.

escritores.-09jj.-Marguerite Duras

“La soledad de la escritura – decía Marguerite Duras en “Escribir” (Tusquets) – es una soledad sin la que el escribir no se produce, o se fragmenta exangüe de buscar qué seguir escribiendo.(…) Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas las horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escritor.”

escritores.-56bnn.-Clarice Lispector

“Es la gran responsabilidad de la soledad. – recordaba a su vez la excelente escritora brasileña Clarice Lispector – En cuento a mí, asumo la soledad. Que a veces se extasía como ante los fuegos artificiales. Soy sola y tengo que vivir una cierta gloria íntima que en la soledad puede convertirse en dolor. Y el dolor, en silencio. Guardo su nombre en secreto. Necesito secretos para vivir.”

También repetía Duras: “Cuando yo escribía en la casa todo escribía. La escritura estaba en todas partes. Y cuando veía a mis amigos, a veces no acertaba a reconocerlos.(…) Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un contrasentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es alguien que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado.”

Por eso cuando se entra en las casas de las escritoras  (de los escritores) el silencio nos abre el picaporte de la soledad y la soledad nos abre las ventanas del silencio.

(Imágenes:- 1.-Clarice Lispector.- foto Claudia Andújar/ 2.-Marguerite Duras.-1955.-foto Lipnitzki- Roger Viollet.-Getty images/3.-Clarice Lispector–hoyesarte.com)

¿CREES QUE TÚ MISMA PUEDES ESCRIBIR UN LIBRO?

escritores.-tyhh.-Karen Blixen.-Isak Dinesen.-1920

“Entre los somalíes, entre los masai – así se lee en la entrevista a Isak Dinesen que recogió “The Paris Review”  -, la baronesa fue una gran doctora, una cazadora merecedora del título de “Reina Leona”  pero a quien se sospechaba incapaz de escribir un libro. La duda era dirigida por su joven criado Kamante:

“- Msabu, ¿crees que tú misma puedes escribir un libro?

Le respondí que no lo sabía.

Para figurarse una conversación con Kamante hay que imaginarse una pausa larga y grávida antes de cada frase, como si tuviera una profunda

responsabilidad. Todos los nativos son maestros en el arte de las pausas y de este modo dan perspectiva a una discusión. Kamante hizo una pausa así,  y luego dijo:

– Yo no lo creo.

escritores,.44fvv.-Isak Dinesen -Karen Blixen y Kamante.-artnet

Yo no tenía a nadie con quien hablar de mi libro: así que dejé a un lado mi papel y le pregunté por qué no. Descubrí que había estado pensando en aquella conversación previamente y que se había preparado para ella; tenía detrás suyo la mismísima Odisea y la depositó sobre la mesa.

– Mira, Msabu, éste es un buen libro. Está unido de un extremo a otro. Hasta si lo levantas y lo sacudes con fuerza no se hace pedazos. El hombre que lo ha escrito es muy listo. Pero lo que escribes – prosiguió con una mezcla de desprecio y de amable compasión – está un poco ahí y otro poco allá. Cuando la gente se olvida de cerrar la puerta, el viento lo mueve, se cae al suelo y entonces te enfadas. No será un buen libro.

Le expliqué que en Europa lo juntarían todo”.

“De lo que Kamante verdaderamente dudaba es de que un blanco pudiera crear una narrativa como la propia, oral, con la complicidad del viento”.

escritores.-ttb.-Peter Beard sobre Karen Blixen,-. artnet

“Todo se convertía en un pretexto para inventar una historia – decía de Karen Blixen su sobrina Ingeborg, y así lo relata Sandra Petrignani en “La escritora vive aquí” (Siruela) – . Y siempre era muy clara y precisa. Nunca aburrida. Una mujer especial, yo la adoraba. Tenía unos ojos muy oscuros, muy bonitos. Le venían de su madre. Sus estados de ánimo me sorprendían, pero no los temía como les sucedía a casi todos. Era sarcástica, y si se aburría, se convertía en una hiena. “Diviérteme, dime todo lo que ha pasado. ¿Has estado en alguna fiesta? ¿Quién estaba? ¿De qué habéis hablado? ¿Quién estaba sentado a tu lado? No podías responder de manera vaga o distraída. Ella quería todos los detalles. Pero todo ese interés hacía que te sintieras importante.(…) Uno de los criados a quien más cariño cogió en África, Kamante, resultó ser cocinero original y de gran clase”.

Isak Dinesen.-rdvv,.Peter Beard.-Fahey.-Klein Gallery.-artnet

“Los leones – decía -, cuyo rugido es como “el tronar de los rifles en la oscuridad“, se convertirían para ella en el símbolo del físico perfecto. En “Memorias de África” mira fascinada sus cuerpos desollados: “ni una sola partícula de grasa superflua“, sólo músculos tensos y potentes. “Elegantes hasta los huesos”. Y sobre los elefantes escribió en “Daguerrotipos“: “es fútil preguntarse para qué sirve un elefante: se cumple en sí mismo, con su cola delante y detrás”.

“En realidad – le había respondido ya a Clara Svendsen en una entrevista – tengo tres mil años, y he cenado con Sócrates, como ya hace tiempo recordé  en Mi Siglo.

(Imágenes.-1.- Karen Blixen.-1920.-caribarao.org/ 2.-Karen Blixen y Kamante.-artnet/ 3 y 4.- Peter Beard.-artnet) Peter Beard.-Fahey/ Klein Gallery.-artnet)