GUARDIANES DE RECUERDOS

 

 

“En ese lugar— recordaba un famoso diarista inglés del siglo XVll,  Samuel Pepys —era donde solía caminar y conversar con la señora Hely,  por quien Pepys sintió  la primera llama de amor y placer estando en compañía de una dama, hablando con ella y cogiendo su mano, pues era una mujer hermosa.” Pepys era un guardián de recuerdos, como así lo anota Stevenson. Era esclavo de la asociación de recuerdos: no podía pasar por Islington, por ejemplo, un lugar al que su padre solía llevarle a tomar cerveza  y pasteles, sin entrar a “The King’s Head” y tomar algo “en recuerdo”. En otro momento, celebrando  el “Assurance”, un barco que estaba hundido cerca de Woolwich, escribe: “¡Pobre navío! Y yo, que estuve a bordo felizmente en dos ocasiones”.

 

 

Los recuerdos aparecen de pronto, impresionan y muchas veces se guardan. Dos siglos después, Stevenson, al leer a Pepys, comenta: “yo me acuerdo de haber escrito en la solapa de más de un libro la fecha y el lugar donde me encontraba, por ejemplo, si estaba enfermo en cama o sentado en determinado jardín; estas anotaciones constituyeron mi futura personalidad; siempre pensaba que si, años después me encontraba una de esas notas, sería presa de una especial emoción: la que me causaría el reconocerme a tal distancia.” El recuerdo exacto del escenario exterior e interior de una lectura.

 

 

El gran guardián de recuerdos que fue Proust, dejó indicado : “tenemos ciertos recuerdos que son como la pintura holandesa de nuestra memoria, cuadros de género en los que los personajes suelen ser de condición mediocre, tomados en un momento muy sencillo de su existencia, sin acontecimientos solemnes, a veces sin ningún acontecimiento, en un escenario nada extraordinario y sin grandeza.”

Los recuerdos perduran aún como misterio, Gary Lynch, profesor de la Unjversidad de California,  revelaba en una entrevista en la BBC: “ Imagínese que tomó  sus apuntes de segundo de carrera, le enseño algo que escribió hace tantos años y le pregunto: “¿se acuerda usted de esto?”, y usted dice: “sí, ya lo recuerdo; hace años que no me acordaba de esto.” Pues bien —continuaba Lynch  —, desde el momento en que usted escribió eso, todas las proteínas de su cerebro han sido sustituidas muchas veces. El cerebro entero está siendo destruido y reconstruido constantemente, pero los recuerdos siguen ahí y ése es el mayor misterio de toda la biología y de toda la psicología.”

 

 

(Imágenes —1- Henry van de velde -1892 / 2- Randolph Stanley Hewton -1928 – museo de Quebec/ 3- Emile Claus – 1890/ 4-Jennifer Ccristhian)

VIAJES POR EL MUNDO (24) : LA HAYA

 

 

“Me levanté a las tres de la mañana  — escribe en su famoso “Diarioel inglés Samuel Pepys el  15 de mayo de 1660 —para ver la ciudad de La Haya en pleno día. Los soldados de la guardia del Príncipe son magníficos, y los burgueses portan armas y mosquetes que brillan como si fueran de plata. Nos encontramos con un maestro de escuela que hablaba muy bien el inglés y el francés. Nos acompañó por la ciudad, cuya belleza me siento incapaz de encomiar. Todas las personas distinguidas hablan francés, latín, o ambos idiomas. La mayoría de las mujeres son hermosas y elegantes. Después de habernos despedido de nuestro guía, a quién invitamos a beber en nuestra posada, nos dirigimos con el Juez a la gran sala donde se reúnen los Estados Generales. En ella cuelgan todas las banderas tomadas al enemigo. Los comerciantes poseen tiendas como en Westminster, menos grandes tal vez, pero mucho mejor instaladas. En una librería adquirí los “Salmos” en francés. Luego, el Juez, yo y mi criado subimos a un carruaje que nos condujo a Schevening, donde entramos a beber en una taberna. El viento soplaba tan violentamente que chocaron dos barcos. Había que ver a los elegantes oficiales, obligados a hacerse arrastrar por los talones hasta la orilla, mientras los baúles, sombreros y plumas flotaban en el mar.  Advertí entre ellos a varios capellanes, piadosamente empapados. Debimos esperar un largo rato antes de embarcarnos, a tal punto estaba agitado el mar.”

Tenía Samuel Pepys entonces 27 años y su “Diario” ha quedado como interesante anotación de escenas, costumbres y detalles  a lo largo de la Historia.

 

 

 

(Imágenes –1 y 2 – La Haya

MEDICINA Y LITERATURA

“La profesión médica no me interesaba, pero me ofrecía la oportunidad de vivir en Londres, y de adquirir así la experiencia mundana que tanto deseaba tener – cuenta Somerset Maugham en “Recapitulación” (Plaza & Janés), evocando el recorrido de su vida -. Ingresé en el hospital de Santo Tomás en el otoño de 1892.(…) Allí estaba en contacto con todo lo que más deseaba conocer: la vida en toda su crudeza. En aquellos tres años tuve ocasión de ser testigo de todas las emociones de que es capaz un hombre. Ello excitaba en mí mi instinto dramático. Y hacía surgir al novelista que había en mí“. La vocación y la raíz de la literatura ha surgido algunas veces en contacto con la enfermedad y la medicina, y en ocasiones, como en el caso de la mexicana Bárbara Jacobs al contemplar el primer cadáver, empujó radicalmente el rumbo de una decisión, tal como conté ya en Mi Siglo. Muchos médicos han sido personajes de grandes novelas. Sólo basta poner el ejemplo de que de los 2.472 personajes de Balzac, 31 son médicos. Por otra parte, a lo largo de la Comedia Humana se aborda la tuberculosis, las fiebres pútridas, los envenenamientos, numerosas apoplejías y varias dolencias de corazón. La salud y sus carencias siempre han interesado a los grandes creadores. La falta de salud, lógicamente, ha despertado la atención de los escritores y la extension de las grandes pandemias por la Historia suscitaron descripciones numerosas, entre otras, en Bocaccio, Samuel Pepys, Defoe o Camus. Las enfermedades cercanas, al visitar puntualmente a quienes escribían, provocaron también revelaciones en su correspondencia.  Flaubert , por ejemplo, le dice a Louise Colet mientras compone Madame Bovary que su dolencia nerviosa le había causado alucinaciones y es a partir de 1853 cuando desea comentarle que ya han pasado las épocas de sus ataques nerviosos: “eran pérdidas seminales de la facultad pintoresca del cerebro – le confiesa el novelista -, cien mil imágenes que saltaban al mismo tiempo, como fuegos artificiales“.

Medicina y literatura han ido muchas veces hermanadas, como lo han hecho de algún modo también arte y enfermedad melancolía y música, comentadas igualmente aquí. Keats en sus Cartas, en los últimos años de su vida, consumido por una enfermedad mal atendida  – como cuenta Lord Houghton estudiando la correspondencia del poeta (Imán) -, reflexiona en 1820 sobre la relación que existe entre enfermedad y creación artística: ¡ de qué asombrosa manera el riesgo de abandonar este mundo hace que sus bellezas naturales se impriman en nosotros! (…) Pienso en los campos verdes; medito con el más grande cariño sobre cada flor que he conocido desde mi infancia; sus formas y colores son tan nuevos como si acabara de crearlas con una fantasía sobrehumana. Y eso ocurre porque están relacionadas con los momentos más irreflexivos y más felices de nuestra existencia. He visto flores exóticas en invernáculos, flores de la más grande belleza, pero no me importa nada de ellas. Las simples flores de nuestra primavera es lo que necesito ver otra vez”.

Es la sensibilidad en la epidermis de la escritura, la evocación de la salud, el recuerdo de tantas alegrías pasadas.

(Imágenes: 1.- El boticario.-Pietro Longhi.-1752.- Galería de la Academia.-Venecia.-wikipedia/ 2. –Nora Heysen.- 1945.- f. feminine)