FLOR BAlLARINA

“ Es amarilla y muy despeinada. El tallo tiene cuatro zarcillos. Se abre en pleno estío, al alba, con el sol. Los pétalos nacen a pequeños impulsos, delgados y redondos. Y cuelgan hacia abajo. Esparce un perfume entre silvestre, es decir, seco, y de hierba segada, es decir, húmedo. Cuando ha volcado hacia afuera todo su esplendor, los zarcillos se despliegan y se enrollan a las ramas más próximas: quedan tensos, como alambres. Prisionera, inicia un trabajo extenuante de liberación. Lentamente se vuelve sobre sí misma, da pequeñas sacudidas, a derecha e izquierda. Adelante, atrás. Prueba, y cuando después de paciencia y pesar solo ha conseguido estar enroscada, cesa todo esfuerzo. Y empieza a rodar a la inversa, se desenrrolla despeinada, pétalos extendidos. Cuando cesa el impulso, vuelve a enrrollarse con voluntad infinita y a desenrollarse deprisa, sin saber por qué. Este sufrir dura horas y no se acaba hasta que el tallo se rompe a ras de los zarcillos y la flor cuelga hacia abajo. Si pasa un alma caritativa y advierte el mal a su inicio — y lleva tijeras— , corta los zarcillos y la flor puede vivir en paz. Si es un alma cruel, la deja estar y encima se divierte.”

Mercè Rodoreda- “Flor bailarina”- “Flores de verdad”- “Viajes y flores”. (1980)

(Imagen — Jasmina Danowski – 2008– artnet)

UNA PERSONA DE CORCHO


“Cuando alguna vez había oído decir— escribe Mercé Rododera en “La Plaza del diamante” —: esta persona es como de corcho, no sabía lo que querían decir. Para mí, el corcho era un tapón. Si no entraba en la botella después de haberla destapado, lo afilaba con un cuchillo. !Como si hicieses punta a un lápiz. Y el corcho chirriaba. Y costaba de cortar, como no era ni duro ni blando. Y por fin entendí lo que querían decir cuando decían que una persona era de corcho… porque yo era de corcho.No porque fuese de corcho sino porque me hice de corcho y el corazón de nieve. Tuve que hacerme de corcho para poder seguir adelante, porque sí en vez de ser de corcho con el corazón de nieve hubiese sido como antes, de carne que cuando la pellizcas te hace daño, no hubiera podido pasar por un puente tan alto y tan largo(…)c

( Imagen — sir Terry Frost)