SOY UN GRAN EMBAUCADOR

 


“La memoria es un componente misterioso, casi indescifrable, que nos une a cosas que nosotros no recordamos haber vivido y nos plantea continuamente entrar en contacto con otras dimensiones,  acontecimientos, sensaciones que nosotros no sabemos definir pero que confusamente sabemos  que han existido.— decía Fellini en1992, en la película de Damien Pettigrew —. Yo tengo una tendencia natural a inventarme una juventud, una relación con mi familia, una relación con la vida. Tengo la impresión de que lo he inventado todo. Para mi, las cosas que nunca han sucedido pero que yo he inventado son mucho más verdaderas. Es el caso, por ejemplo, de mi villa natal; la verdadera Rimini es la  que aparece en dos películas : “I Vitelloni” y “Amarcord”. Me parece que estas dos reconstrucciones pertenecen mucho más a mi vida que la otra, la Rimini topográfica. En resumen, soy un gran enbaucador”.

 

Me gustaría recordar quienes son mis padres espirituales — decía en otra ocasión —: Pinocho, Dickens, “La isla del tesoro”, Edgar Allan Poe, Verne y Simenon, con el cual he tenido una gran amistad y al que yo admiro enormemente. Había otro escritor de novelas –  Yambo — ¿ quién se acuerda de él ?,  que las ilustraba con dibujos que a mí me han parecido siempre muy bellos. Entre muchos otros, él inventó un personaje que se llamaba Mestolino. Era verdaderamente  mi retrato: un muchacho delgado, incapaz de decir la verdad. Yo no tengo grandes recuerdos, todos los he entregados en mis películas. Abandonándolos al público, ya no sé distinguir lo que realmente ha sucedido y lo que yo he inventado.”

( a los cíen años del nacimiento de Fellini)

 

(Imágenes— 1-“La Strada”/ 2-preparando “Amarcord”/ 3- Fellini con Anouk Aimé)

“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (19) – FEDERICO FELLINI

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS  (19) :   Federico Fellini

 

 

– Volvamos ahora, si le parece, a su encuentro con Federico Fellini, del que aún no me ha hablado, y de sus años romanos…

 

-La primera vez que llegué a Roma, como antes le decía, fue en 1963. Tras dejar mi equipaje en un hotel de vía del Babuino y cuando me senté a comer al aire libre, aún lo recuerdo, en una trattoria de Corso Vittorio Emanuelle, estaba muy lejos de imaginar que aquella ciudad fuera a ser mi residencia durante más de dos años. Aquel primer viaje mío estaba previsto como una estancia rápida y consistía en principio, y así lo creí en aquella primera semana, en una visita muy provisional, urgida de exigencias periodísticas, y nunca pensé, disfrutando como estaba de aquel amable mediodía en la trattoria romana, que Roma me fuera a acompañar luego tan habitualmente. Pero los giros de la vida son imprevisibles, y dos meses después volvía a Roma con un contrato profesional estable y tendría que recorrer ya diariamente en razón de mi trabajo calles como via Condotti o via Frattina, via della Mercede o via del Tritone y tantas otras más. Tenía entonces mi despacho de corresponsal en Piazza di San Silvestro, no lejos de Piazza di Spagna, y cada mañana venía desde lejos con mi pequeño automóvil italiano, en concreto desde un sencillo lugar llamado Piazza Navigatori, al costado de la larguísima via Cristoforo Colombo. Venía conduciendo y pensando en mis tareas diarias y admirando al pasar las Termas de Caracalla que eran paisaje habitual en mi trayecto. En ciertos días de primavera o simplemente de tiempo espléndido, solía detener mi coche cerca de aquellas Termas, y como he hecho en tantas otras ciudades, establecía mi despacho durante una media hora o algo más dentro del vehículo y me ponía a escribir o a tomar notas antes de entrar en el centro de Roma y ser devorado por el caos del tráfico. Roma ha sido, todas las veces que la he visitado, una especie de continuación de mi casa madrileña. Es como si al salir de mi portal en mi casa de Madrid, diera unos pasos y ya me encontrara con la prolongación natural de la acera que no era otra que la esquina con via Margutta, via della Fontanella y, torciendo a la derecha, la Piazza del Popolo. Y en esa Piazza del Popolo, en uno de sus cafés bajo los toldos, en “Canova”, recuerdo perfectamente cómo podía contemplarse a última hora de la tarde las reuniones variadas de gentes del cine y de la literatura, directores, actores, poetas y novelistas, Giorgio Basani, por ejemplo, o Visconti, o Carlo Emilio Gadda, o Antonioni, o Mónica Vitti. Y allí acudía de vez en cuando también Federico Fellini.

 

Conocí a Fellini en los estudios Rizzoli en 1965, cuando estaba rodando “Giulietta de los espíritus”. Pero sigo teniendo en la memoria, como digo, ese café “Canova” iluminado en la noche frente al obelisco de Piazza del Popolo, con sus mesas de manteles blancos en la terraza, lleno de gente pintoresca, debatiendo con gestos italianos y acento romano proyectos dispares y mil cosas de la vida. Y no podría asegurar si fue en las charlas de ese café o fue en un libro suyo cuando Fellini quiso preguntarse un día precisamente qué era Roma para él. En el fondo es algo parecido a lo que usted me acaba de preguntar. Y él mismo quiso responderse: Pienso – dijo el director italiano – que Roma es un rostro confortante porque Roma se permite todo tipo de especulaciones en sentido vertical; Roma es una ciudad horizontal, de agua y de tierra, tendida, y por consiguiente plataforma ideal para lanzarse a vuelos fantásticos.

Naturalmente que voy a hablarle ahora de Fellini. En primer lugar, usted muy posiblemente no sabrá nada, o muy poco, de un monje italiano del siglo Xl llamado Hildebrando. Hildebrando Aldobrandeschi era su nombre completo. Nacido en Sovana, en Toscana, en 1020, murió en Salerno, a los 65 años, en 1085. Y aquel monje Hildebrando llegó a ser Papa con el nombre de Gregorio Vll y su nombre, Hildebrando, significó para quienes le amaron una brillante llama, según dicen, y para quienes lo odiaron una señal del infierno. Pues bien, Federico Fellini, en las nieblas de su cabeza creadora y efervescente, durante la larga entrevista que mantuvimos aquella mañana me estuvo llamando constantemente Hildebrando, aún no sé por qué, y lo hizo todo el tiempo y durante más de la hora que duró la entrevista, reemplazando continuamente mi auténtico nombre ( pienso que lo hizo de modo inconsciente, porque si no no se me ocurre otra explicación) por el nombre de aquel monje del siglo Xl.

 

-¿Y usted no le corrigió?

 

– Sí, naturalmente que le corregía de modo casi continuo y protesté claramente las primeras veces, pero luego, quizás al primer cuarto de hora, viendo que él no cambiaba, lo dejé ya por imposible. Me cansé. Prefería escucharle las respuestas. ¿Qué importancia tenía que me llamara de un modo u otro si me estaba contando cosas interesantes? Lo importante eran sus respuestas, lo que me comentaba de su cine.

 

-Che effetto, Fellini, le fece “La Strada“? – le preguntaba yo por ejemplo.

-Adesso, Hildebrando, “La Strada”…

 

– Ma, scussi – le respondía yo enseguida en italiano – mio nome non é Hildebrando.

— ¡Ah, vero!…¿Lei e francese…?

– No, non sono francese…. Sono spagnolo.

– ¡Ah, va bene, va bene…! Allora, Hildebrando, “La Strada”, como ogni altra espressione artistica…

—Ma, scussi un altra volta, Fellini, mío nome non é Hildebrando..

– ¿Lei e francese, vero?

– No, son sono francese…Sono spagnolo. Allora, Fellini, fantasia, cos’é?

— La fantasia, Hildebrando, é una parte fundamentale dell’esistenza…Nulla si sa, tutto sí immagina…

-Ma io non sono Hildebrando, ripeto; mío nome non é Hildebrando.

—¡Va bene, va bene..! Adesso stiamo registrando o no?

—Sí.

— Allora, Hildebrando, mi sia permesso un recordo personale, che inmediatamente mi è tornato in mente…

Y así continuaba Federico Fellini despojándose ya de la gabardina y recostándose en aquel sillón de los estudios Rizzoli escondidos en una bellísima callecita que pasaba junto a la iglesia de San Giovanni e Paolo. Como digo, esos días él estaba completamente inmerso en el rodaje de “Giulietta de los espíritus” y desconozco qué nieblas surcaban su cabeza. Cuando vi más tarde la película y a la vez recordé nuestro diálogo volví a pensar que por aquel despacho y en aquella mañana cruzó entera la fantasía : en aquella hora y mientras hablábamos, parecía que estuviera descendiendo Giulietta Masina de la casa en ramas recién aparecida en el film y que aquel despacho de los estudios cinematográficos, como así lo escribí en una crónica de aquel tiempo, oliera a bosque, el bosque oliera a decorado, el decorado diera la impresión de que lo estuvieran clavando continuamente los carpinteros y a los carpinteros a su vez los iban pagando los productores. Todo era fantasía. Y siguiendo con esa fantasía escribí entonces que los productores también podían oler a bosque, esperaban en la sombra a que acabáramos nuestra conversación, humeaban sus puros habanos encendiendo sortijas en la oscuridad y la verdad era que todo era fantasía, todo, hasta la lluvia de Roma que empezó a caer tras los cristales era ya pura fantasía : se notaba que la lluvia entraba dentro del cuarto, dentro de las palabras de Fellini, tal vez los hombres de los efectos especiales estaban volcando cubos de lluvia sobre aquella habitación donde estábamos, y empezaba a salir agua por el auricular del teléfono. Sí, era el reino de la fantasía. Mientras escuchaba a Fellini pensaba que yo no era ni había sido nunca francés, que tampoco me llamaba Hildebrando, pero que pacientemente escuchaba y escuchaba, a la vez que Giulietta Masina seguía bajando y subiendo del árbol de su película asombrada de cuanto estaba diciendo en aquellos momentos Federico, su marido, y de cómo dirigía aquel bosque de los espíritus que era real e irreal a la vez igual que aquel despacho, igual que los árboles que sostenían los decoradores, igual que los decoradores que irían a cobrar semanalmente a la cola de los comparsas, esos decoradores que esperarían ante las ventanillas donde volaban los billetes de banco que a su vez repartirían los productores. Yo veía perfectamente los ojos de los productores cegados por el incendio de sus habanos, aquellos habanos que crujían en sus dedos, y mientras tanto Fellini hablaba y hablaba y seguía hablando llamándome Hildebrando, y yo seguía escuchando y escuchando, y a la vez un monje del siglo Xl entraba y salía de vez en cuando de aquella habitación y de aquella conversación mientras continuaba cayendo lluvia de fantasía en aquel cuarto.

– Pero sin duda Federico Fellini le diría, como usted dice, cosas interesantes. ¿De qué hablaron?

— Naturalmente hablamos de muchas cosas apasionantes y muy variadas. Creo recordar que de la libertad en general y en concreto de la libertad creadora, de su resistencia a las entrevistas y de su resistencia a las preguntas. También de Rimini, el lugar de su nacimiento, y de los dibujos que él solía hacer antes de empezar sus películas. Pero lo más importante para mí de aquel encuentro, lo que más me ha quedado en la memoria, fue el envoltorio, el escenario, el modo cómo, sin querer y sin prepararlo, estuvimos rodando los dos una secuencia imprevisible de una película sorprendente, irreal y real a la vez dentro de un despacho, aquel despacho que era todo un film, los grandes ojos blandos de Fellini me miraban y su voz le hablaba siempre a un tal Hildebrando que simplemente le miraba. Mi nombre, como digo, nunca acertó a pronunciarlo.

José Julio Perlado —“Los cuadernos Miquelrius” (Memorias)

(Continuará)

 

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

SUEÑOS DE CINE

cine.-5rwwe.-Akira Kurosawa y Toshiro Mifune en Venecia en 1960“No puedo olvidar cómo jugaba con mi hermana en el Festival de Muñecos del tres de marzo. – recuerda en su “Autobiografía” Akira Kurosawa  (Fundamentos) -. En mi familia habíamos heredado unos muñecos para el festival que representaban al emperador y la emperatriz. (…) Cuando apagábamos la luz caían los suaves destellos de las llamas de los farolillos sobre los cinco muñecos puestos en hilera en el escenario de madera, cubierto de fieltro colorado. Con ese misterioso destello se veían tan reales, que parecía que fuesen a empezar a hablar en cualquier momento. Esa belleza tan exquisita me asustaba un poquitín. Mi pequeña hermana mayor me llamaba para que me sentase frente al escenario, me ponía una de las bandejas, y me ofrecía el brasero. Me invitaba a un poco de sake blanco dulce en una de las pequeñas tazas del tamaño de las muñecas”.

Así se iniciaría la fascinación del director japonés por el cine que culminaría en 1990 con “Los sueños de Kurosawa”.

Los sueños siempre han acompañado – como en tantos otros artistas – a muchos directores cinematográficos.

“En el sueño – decía Fellini al hablar de “Giulietta degli spiriti” – el color es idea, concepto, sentimiento, como en la pintura verdaderamente grande. La pregunta

Fellini, Rome, 1940 -nd

que tantos hacen ¿sueñas en blanco y negro o en color? es ociosa: ¿cómo preguntar si en el canto hay sonidos, cuando todos saben que el sonido es el modo de expresión del canto? El que sueña puede ver un prado rojo, un caballo verde, un cielo amarillo; y no son cosas absurdas. Son imágenes empapadas del sentimiento que las inspira”. “He soñado tres veces con Picasso confesó Fellini en otra ocasión, en 1972 -. En el primer sueño – atravesaba por aquel entonces un período de grave depresión, de inseguridad total – recuerdo que estábamos en una cocina repleta de comida, de cuadros, de colores. Hablamos toda la noche. La segunda vez – también en esta ocasión atravesaba un momento de gran confusión e incertidumbre – soñé que él iba a caballo, al galope, y saltaba los obstáculos con una ligereza increíble, con una elegancia y gracia infinitas. Volví a soñar puntualmente con él en otro momento de profundo desaliento. Esta vez había un

cine,.77hh.-Federico Felllini.- Tazio Secchiaroli.-1963

mar enorme que me recordaba al que se ve desde el puerto de Rimini: un cielo oscuro, tormentoso, verdes olas, lívidas, encrespadas y espumosas como en los días de temporal. Delante de mí un hombre nadaba a grandes brazadas, su calva surgía del agua, apenas se apreciaba una ligera pelusa blanca en su nuca. De repente el hombre se dio la vuelta hacia mí: era Picasso y me hacía señas de que le siguiera hacia un lugar donde podríamos encontrar un pescado excelente”.

cine.-3www.-Ingmar Bergman.-1951.-Louis Huch

Son sueños de cine, sueños de directores de cine, sueños que alguna vez podrían transformarse en escenas de películas. En cualquier caso lo onírico está  presente en lo más oculto de la creación y cuando la creación despierta el sueño se yergue iluminando la página o la secuencia. Son tráficos de sueños que pueden comprarse, venderse o robarse, como así literariamente lo contó  Arthur Waley y a los que ya aludí  aquí. “No sé si alguna vez os ha sucedido – decía Ingmar Bergman al comentar uno de sus films– que soñáis que queréis hablar y sois incapaces de lanzar un sonido o habláis tan bajo que nadie puede entender lo que decís. ¿Os ha ocurrido alguna vez? Pues fue uno de de esos sueños lo que me dio la idea de tratar el sonido de esa manera”.

Son sueños de infancia en Bergman recorriendo los caminos de las fresas salvajes.

Son sueños de infancia en Kurosawa asomando sus ojos de niño entre los árboles.

(Imñagenes.-1.-Akira Kurosawa y Toshiro Mifune en Venecia.-1960/2.-Federico Fellini en 1940.-foto Gideon Bachmann.-Boletín mensual de cine – primavera 1964/3.-Ingmar Bergman.-foto Louis Huch/4.-Federico Fellini.-foto Mary Ellen Mark/ 5.-Federico Fellini.-foto Tazio Secchiaroli.-1963/

TONINO GUERRA

“En el otoño de 1972, Federico Fellini telefonea a Tonino Guerra -así lo recuerda Benito Merlino en su estudio sobre el gran director italiano – al que conoce desde hace largo tiempo; son de la misma edad y hablan el mismo dialecto. Nacido el 16 de marzo de 1920 en Sant´Arcangelo, un pueblo que se encuentra a nueve kilómetros de Rimini, hijo de un pescador, Tonino Guerra es un poeta dialectal muy conocido. Empieza a escribir para distraer a sus compañeros de deportación, en el campo de Troisdorf, en Alemania. Desde 1953 se establece en Roma y trabaja con Giuseppe de Santis, Elio Petri, Vittorio De Sica, Mario Monicelli, Francesco Rossi, Wim Wenders, Theo Angelopoulos, los hermanos Taviani, Andreï Tarkovski y Michelángelo Antonioni. Es amigo también, y consejero artístico de Marcello Mastroiani, al cual orienta en todas sus películas”.

A Tonino Guerra he aludido alguna vez en Mi Siglo y el Diario de Tarkovski ( 1970-1986) (Cahiers du Cinema) está lógicamente salpicado de referencias a él. “Tonino – dice por ejemplo Tarkovski el 8 de junio de 1980 –¡ qué hombre tierno y bueno, e ingenuo como un niño!“.

“Durante su infancia y adolescencia – sigue diciendo Benito Merlino -, Tonino Guerra y Federico Fellini casi han vivido las mismas historias en los mismos paisajes; están impregnados de las mismas tradiciones, con personajes que padecen las mismas locuras, iguales ignorancias, idénticas ridiculeces. A dos voces – podría decirse que a dos memorias – los dos se esfuerzan por trazar un retrato del mundo provinciano italiano. Federico dibuja y Tonino escribe. Es en el restaurante Cesarina, el preferido por Federico, cuando Fellini encuentra el título de su película. Se llamará “Amarcord” (“Me acuerdo”):

“Lo sé, lo sé, lo sé,

que un hombre a los cincuenta años

tiene siempre las manos limpias

y yo me las lavo dos o tres veces al día;

pero sólo me veo las manos sucias

me acuerdo

de cuando era mozo”.

(Pequeña evocación sobre el gran guionista italiano que acaba de morir)

(Imágenes:- 1.-Tonino Guerra.-ravennaedintorni. it/ 2.-Tonino Guerra.-ilrestodelcarlino.it/ 3.-Tonino Guerra con la viuda de Antonioni.-it ibtimes.com)

ENSAYOS DE FEDERICO FELLINI

ensayos con la mirada junto a Magali Noël,

ensayos con dedos y manos junto a Anouk Aimée,

ensayos con sonrisas junto a Claudia Cardinale,

 ensayos y ensayos, paseando en bici, rodando sobre la fantasía,

 ensayos con las caras, con las expresiones, con los personajes,

ensayos oníricos de extravagancias, ensayos de sueños, ensayos para intentar dormir. “Quiero contar lo que me sucedía cuanto tenía siete u ocho años – decía Fellini en 1965 -. Había bautizado las cuatro esquinas de mi cama con los nombres de los cuatro cines de Rímini: Fulgor, Ópera Nacional, Balilla, Saboya – ¿Cómo se llamaba el otro? – Sultán. Irme a acostar era entonces una fiesta. (…) Cerraba los ojos, esperaba pacientemente conteniendo el aliento y con el corazón acelerado hasta que, de golpe, comenzaba el espectáculo. Un espectáculo de los más extraordinarios. ¿En qué consistía? Es difícil de contar: era un mundo, una fantasmagoría rutilante, una galaxia de puntos luminosos, esferas, círculos brillantísimos, estrellas, llamas, vidrios de colores, un cosmos nocturno y centelleante que primero se mostraba inmóvil, después en un movimiento cada vez más amplio y envolvente, como un remolino inmenso, una espiral cegadora”.

Fue en aquel 1965 cuando yo le conocí. Lo he contado en varias ocasiones en MI SIGLO. Eran los tiempos de Giulietta de los espíritus“. Ensayos y ensayos en los estudios Rizzoli, en Cinecittá. “Mis experiencias, mis viajes, mis amistales, mis relaciones comienzan y acaban en los estudios de Cinecittá. Todo aquello que existe al otro lado de las verjas de Cinecittá es un afluente, ciertamente irremplazable, una reserva inmensa y maravillosa para visitar, para apropiarse y llevársela al interior de Cinecittá y hacerlo ávidamente. incansablemente. Yo no sé si todo esto es un privilegio o una servidumbre, pero es una forma de ser“.

Ahora que vuelven las películas perdidas de Fellini, los recuerdos de aquellos ensayos y de aquellos diálogos nos acompañan.

(Imágenes:- 1–Magali Noël y Federico Fellini ensayando “Amarcord”/ 2.-Anouk Aimée y Fellini ensayando “La dolce vita”/ 3.-Claudia Cardinale y Federico Fellini ensayando/ 4.-Federico Fellini.- durante el rodaje de “Amarcord”.- foto: Mary Ellen Mark/ 5.-Giulietta Masina, Anthony Quinn y Aldo Silvani en “La Strada”/ 6.-Sandra Milo y Giulietta Masina en “Giulietta de los espíritus”/ 7.-Marcello Mastroiani caracterizado como violonchelista mientras rueda Federico Fellini “El viaje de Mastorna”.-elpais.com)