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Posts Tagged ‘pintores suecos del siglo XlX’

 

 

“Reflejo del día cansado,

las ventanas han palidecido

y con un aleteo

ha llegado el crepúsculo.

Ya la calle se ha vuelto blanda y gris,

la valla está oscura como un arbusto;

pero todas las masas del cielo

sueñan un sueño verde turquesa,

y palidecen hasta convertirse en lejanías enlutadas,

rodeadas de nubes, al salir la piedra de la luna:

y las turbias farolas de gas

suavemente anuncian con su zumbido la tarde.”

Herman Broch“Reflejo del día cansado” (1936) – En mitad de la vida”- (traducción de Montserrat Armas y Rafael- José Díaz)

(Imagen –Caspar David Friedrich– 1821)

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“Sobre el agua verde, azul o gris

de los canales y del Canal,

hemos recorrido Venecia

de San Marcos al Arsenale.

Al fuerte viento de la laguna,

que la orienta a su gusto,

he visto girar tu Fortuna,

!oh Dogana di Mare!

Sopla del Adriático,

débil brisa o siroco,

!mala suerte, si tu dedo me indica

Fusina o Malamocco!

La góndola nos balancea

bajo el felze y, con su mano

el  ferro golpea el silencio

que dormía en el aire marino.

El sol calienta las losas

en la Riva degli Schiavoni;

¡tus recodos y tus dédalos,

Venecia, los conocemos!

El agua riela; el mármol se mella;

los remos se hacen eco,

cuando se pasa por la sombra fresca

del Palacio Rezzonico.”

Henri de Régnier – “Venecia’ (traducción de Juan José Delgado Gelabert)

 

 

(Imágenes – 1-Edouard Manet – 1874/ 2-Anders Zorn -1874)

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soolla-nhu-mil-ovhocientos-noventa-y-cinco

 

Salitas de paso entre profusión de cuadros, cerámicas valencianas, andaluzas y aragonesas, una chimenea decorada por el propio Sorolla, dibujos realizados en 1911, en Chicago, al dorso de las minutas del restaurante del hotel en que residía el pintor valenciano, quien anotaba rápidamente multitudes de tipos y actitudes, a veces con concisos rótulos: ” Un millonario”,  y que apostillaba, con sequedad casi goyesca, la cabeza de un individuo. Así paseaba, apuntándolo todo, Juan Antonio Gaya Nuño en su “Historia y guía de los museos de España“, y así pasamos y paseamos nosotros años después entre el gentío que contempla las modalidades  y variaciones de la luz en “La bata rosa” o los blancos casi transparentes de “El baño del caballo”.

 

sorolla-bcd-la-siesta-mil-novecientos-once

 

Atractivo palacete en la madrileña calle de Martínez Campos, con amplio jardín, siempre muy grato y muy interesante como museo, que Sorolla hizo construir en 1912 al arquitecto don Enrique María Repullés. Presencia constante en lienzos asombrosos en los que se ve a la esposa de Sorolla, Clotilde García del Castillo, sentada en un sofá o paseando por jardines cercanos a Madrid. La blancura de unas sábanas inundará “Madre”, su cuadro sobre la maternidad en la que dos cabezas – madre e hija menor del pintor – parecen hundirse y resucitar de vida en la profundidad de una cama.

 

sorolla-bvr-clotilde-sentada-en-un-sofa-mil-novecienos-diez

 

Sorolla en París, en 1900,  despierta la sincera admiración de distintos artistas, entre otros del sueco Zorn, amigo del valenciano y con cuya interpretación jubilosa de la luz, como recordaría Lafuente Ferrari, tiene tanta afinidad el arte de Sorolla. Barcas y bueyes junto al mar, vivaces movimientos de cuerpos alegres que nadan y juegan con el agua, viento agitando lienzos. Se visita a Sorolla en los grandes cuadros y también en las menores menudencias del museo. Es en esa intimidad familiar de Sorolla donde aparecen, entre escaleras y salas, esas colecciones de figurillas y de cacharros populares, tallas, recuerdos. Amplios ventanales y altura de la estancia que sirvió de estudio al artista en Madrid como serviría de estudio el gran mar y las ondulaciones de sus blancos.

 

sorolla-bnn-taller-del-pintor-museo-sorolla

 

(Imágenes.-Sorolla:  1.-“Madre” 1895/ 2.- “La siesta”- 1911/ 3.- “Clotilde sentada en un sofá”. 1910/ 4.- taller de Sorolla en su museo madrileño)

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periódicos- nbio- Thomas Hart Benton- mil novecientos cuarenta y uno

 

“La columna tiene forma de caja – decía Juan José Millás en 1997 -. De caja de ataúd, además. Y yo a veces imagino que voy colocando el cadáver que soy de manera adecuada para que las partes blandas se descompongan antes que las otras. Y otra cosa que pienso es que aquello es una caja que está llena de circuitos que yo tengo que arreglar. Es decir, que me pongo como aquel amigo mío que arreglaba radios. Porque cuando estoy operando sobre ese espacio tan breve, pero con tantos circuitos, tengo un poco la sensación de que estoy comprendiendo la realidad. Yo no entiendo bien el mundo, pero sí entiendo lo que pasa dentro de una frase. No quiero decir con esto que siempre entienda el significado de la frase, pero sí sé cómo se va del sujeto al complemento directo; y quizá, porque comprendo eso, me he hecho escritor. Si comprendiera cómo funciona un reloj – que también me gusta mucho -, quizá me hubiera hecho relojero, o suizo. De modo que cuando “armo” una columna, la idea que tengo es que estoy armando circuitos. Eso, digamos, desde el punto de vista formal.

Ahora, desde el punto de vista del contenido. ¿qué intento yo unir mientras uno esos circuitos? Pues lo que intento hacer es unir los circuitos de la realidad con los circuitos de la irrealidad, es decir, yo creo que vivimos determinados por la irrealidad, por lo irreal, pero que, sin embargo, eso no aparece en absoluto en nuestras vidas. Yo creo que no sólo a nivel individual, sino a nivel colectivo, nuestra vida está presidida y absolutamente determinada por lo irreal. Y, sin embargo, lo irreal no tiene reconocimiento ninguno; no tiene “carné de identidad.

 

periódicos.-522se.-Emma Zorn.- por Anders Zorn

 

Una crónica no es la realidad, sino una representación de la realidad; algo que te dan en lugar de la realidad. El periódico también; el periódico no es la realidad, sino un intermediario simbólico entre el lector y la realidad. Entonces, es una representación de la realidad.  El editor trocea y jerarquiza la realidad; la divide en internacional, nacional, sucesos, etc. Y va creando un cuerpo, que es el periódico, en donde hay unos suburbios y una periferia, unas uñas y un pelo, que son las columnas, los anuncios por palabras, las esquelas, y en fin, toda esa periferia. La ventaja que tiene el periódico es que tú te puedes hacer tu propio periódico con ese medio convencional. Yo veo que hay mucha gente que no obedece a la propuesta del editor, sino que empieza leyendo el periódico por la última página, luego va a las cartas al director, luego a los anuncios por palabras, y demás. Y la pregunta sería: ¿por qué no sigue el orden que le propone el periódico? Yo creo que quizá no lo sigue porque en esos “suburbios” a lo mejor encuentra una mayor representación de la realidad que en un sesudo editorial”.

 

periódicos-ybbn- Madrid- Catalá Roca- mil novecientos cincuenta y tres

 

(Imágenes.- 1.-Thomas Hart Benton– 1941/ 2.- Emma Zorn. por Anders Zorn/ 3.- Francesc Catalá Roca– Madrid- 1953)

 

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caminos.-78hh.-Nils Kreuger (1859-1930).-Peter Nahum.-Leicestergalleries

“Uno de los motivos que me hacen muy difícil imaginar el pasado más allá, aproximadamente, del siglo XVll – recuerda el gran escritor francés Julien Gracq -, es la casi imposibilidad de figurarme lo que eran entonces las carreteras, los caminos; no tanto su disposición técnica sumaria, sobre la que tenemos algunas informaciones, sino su relación viva con las ciudades, con los pueblos que unían, con los paisajes que atravesaban, con los setos y las cercas, los bosques, los cursos fluviales, el movimiento también de sus usuarios: ¿se trataba, como en el Great Trunk de la India, de un hormiguear de caminantes, vendedores, frailes, peregrinos, clientes de ferias bien abastecidas? ¿Predominaban los caballeros, solos o en grupos o, por el contrario, los carretones? ¿Hay que imaginarse más bien una soledad apenas alterada dos o tres veces al día por un chirrido de ejes, audible a varios kilómetros, como el de una telega rusa? ¿Eran abundantes las posadas?, ¿dónde estaban?, ¿había medios de reparación: carreteros, guarnicioneros,

caminos.-9njj.-Valle del Po.-Ernst Haas.-photograoher gallery.-artnet

herreros?, ¿existía, al igual que había entonces unas corporaciones de barqueros en todos los ríos, una pequeña población de tratantes, descuideros, lazarillos, salteadores, ladrones y ocultadores de caballos? ¿Cómo se veía la Tierra a lo largo de esos caminos cuando uno la recorría? ¿La incomodidad, la fatiga eran tales que el viaje era como una variante, más agotadora aún, del duro trabajo diario? En resumen, ¿qué podía constituir, en ese vasto cuerpo, la antigua circulación de la sangre?.”

Viajamos en el tren de la Historia, recorremos los siglos, y cuando nos asomamos a las ventanillas los caminos van y vienen en el fulgor del traqueteo, se alejan y acercan sus venas de extensiones, se cruzan con las vías, las soledades apartan a las muchedumbres y el campo y el cielo vienen y van entre tonos que la palma de la mano del día cubre con paisajes, y los paisajes a su vez bullen en conversaciones, y las conversaciones nos traen los elogios del camino, ese descubrimiento de la confidencia, ese compartir andando la vida de los otros.

paisajes.-rrvg.-invierno.-Ivan Aivazovsky

Un caminante muy valorado en sus escritos, como fue el catalán Josep Pla, recomendaba siempre un viaje a pie para conocer el país, para ver cómo la gente vivía, para empaparse de la manera de ser básica, inalienable, insoluble, del material humano.

Los caminos serpean continuamente entre las soledades y sus andares silenciosos van llenos de elogios.

(Imágenes:- 1.-Nils Kreuger.-leicestergalleries/ 2.-Ernst Haas/ 3.-Ivan Aivazovsky)

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ciudades.-67nhhn.-Venecia.-oldbookillustrations com

“Comparo a la cuna esta góndola, dulce y mecedora,

y la cabina que lleva parece un amplio ataúd.

¡Así es! Entre la cuna y el féretro nos balanceamos y flotamos

tan tranquilos por el Gran Canal a través de la vida.”

Johann Wolfang von Goethe

ciudades.-4fvb.-Venecia.-Wilhelm von Gegerfeltt

(Imágenes:- 1.-oldobookillustrations.com/2.-wilhelm. von gegerfelt)

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“En cualquier infancia musical hay: uno, dos, tres -cuatro pianos.- recuerda Marina Tsvietáieva en el delicioso libro “Mi madre y la música(Acantilado) – En primer lugar – aquel delante del que estás sentado (¡cuánto padeces y cuán poco te enorgulleces!). En segundo lugar – aquel delante del que otros se sientan – mi madre se sienta – es decir: te enorgulleces y te complaces. (…) El tercero y, probablemente, el más largo, – es aquel debajo del que estás sentado: el piano desde abajo es un mundo subacuático y subpianísitico. Subacuático no sólo por la música que se derramaba sobre la cabeza: detrás del nuestro, entre él y las ventanas que su masa negra tapaba, bosquejadas y en él reflejadas como un lago negro, había flores, palmas y filodendros, que

transformaban el parquet debajo del piano en un auténtico fondo acuático, con luz verde en las caras y en los dedos, y verdaderas raíces que podían tocarse con las manos, y donde, como enormes seres fantásticos, se movían silenciosos los pies de mi madre y los pedales”. Un canto a la infancia, a la intimidad, a la madre y también a la robustez y volumen del sonido del piano evocado por esta destacada poeta rusa.(El Premio Nobel Joseph Brodsky en “Menos que uno” dedicó un luminoso ensayo a Tsvietáieva)  Los cinco pianos se suceden en sus recuerdos y sus teclas presionadas por los dedos van resucitando lentamente las

escenas. “El cuarto piano  – dice – :aquel encima del que estás: lo miras y, en mirándolo, entras en él; el mismo que, con el paso de los años, al contrario de la entrada en un río y de toda ley de profundidad, primero es más alto que tú, después te llega a la garganta (¡y es como si te cortara la cabeza con su negro filo más frío que un cuchillo!), después al pecho, y después, finalmente, a la cintura. Lo miras y, en mirándolo, te miras a ti mismo, haciendo coincidir poco a

poco con su negra y dura frialdad, primero la punta de la nariz, después la boca, después la frente. (…) El piano fue mi primer espejo, y la primera toma de conciencia de mi propio rostro fue a través de la negrura, de su traducción a la negrura como a una lengua oscura, pero comprensible. (…) Y, finalmente, el último piano – aquel al que te asomas: el piano de las entrañas, las entrañas del piano, sus entrañas de cuerdas, como toda entraña – misterioso, el piano de Pandora: “¿Qué hay allí dentro?” – ese al que Afanasi Fet aludió en un verso comprensible sólo para el poeta y el músico, una línea que asombra por su visualidad:

“El piano estaba todo abierto,

y en él las cuerdas se inquietaban…

Pianos de infancia, escenas musicales, páginas musicales de infancia…

(Imágenes.-1.- Pierre- Auguste Renoir/ 2.-Carl Larsson.-1908/3.-Theodore Robinson.-1887/ 4.-Willen Haenraets/ 5.-La tapa:  “Encuentro de Isaac y Rebeca”.- Marc Chagall.-1980.-Museo Nacional Marc Chagall.-Niza)

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