PASILLO

 


“Somos dos

En la misma línea donde todo se alinea

En los meandros de la noche

Hay una palabra en medio

Dos bocas que no se ven

Un ruido de pasos

Un cuerpo ligero se desliza hacia el otro

La puerta tiembla

Pasa una mano

Uno quisiera abrir

El rayo claro erguido

Allí frente a mí

Y lo que nos separa es el fuego

En la sombra donde tu perfil se pierde

Un minuto sin respirar

Al pasar tu aliento me ha quemado.”

Pierre Reverdy—“Pasillo”

(Imagen -Julián Opie)

EVOCACIÓN DE MONTMARTRE

 

 

Mientras Scott Fitzgeral o Hemingway adoptaron Montparnasse, muchos célebres pintores se refugiaron en Montmartre. El novelista, periodista y viajero Joseph Kessel escribía en uno de sus libros: “Hay un lugar al que algunos vienen de tiempo en tiempo, cuando están hartos del trabajo, de penas o de riquezas, el banquero de Nueva York en su despacho, el propietario argentino en su hacienda, el industrial alemán en su oficina, el comisario del pueblo en su celda. Este lugar, que el alejamiento, el recuerdo y  su renombre singular y magnético adorna todos los encantos y todas las luces, se llama Montmartre“.

“En ningún lugar del mundo – recordaba Francis Carco en 1910 – me he visto sorprendido por estos parajes desde que los vi la primera tarde. Me parecía que los conocía desde hace mucho tiempo. Los descubrí tal y como me los había imaginado y, aunque parezca que no soy justo, me orienté enseguida de tal suerte que en un instante adquirí la posesión de mí mismo y del barrio. Las gentes, en vez de expresarse en verso, lo hacen en argot. No deseo ver lo pintoresco, deseo conocer la verdad de estos hombres, traducir sus pensamientos, entender sus reacciones”.

 

 

El pintor Georges Michel, del siglo XVlll,  desdeñaba los paisajes mitológicos o las vistas de Italia  y pintaba los molinos de Montmartre.  Primer artista que quiso residir allí, supo traducir el carácter patético de los paisajes de las afueras y aquella tierra dominada por unos cielos plomizos cargados de nubes. Dejó una visión de Montmartre al fin de aquel siglo como colina agreste, salpicada de numerosos molinos, jardines y viñas rodeadas de agua. Es ese Montmartre cuyo nombre ha sido muy discutido. Aseguran unos que viene de “Mons Martis” ( el monte de Marzo), otros quieren derivarlo de “Mons Martyrum” ( el monte de los mártires”) recordando que en tiempos de la ocupación romana,  en la colina se levantaban dos templos dedicados a los dioses  Marzo y Mercurio y a la vez mucho más tarde del testimonio del martirio de santos.

 

 

(Imágenes -1- Montmartre- 1930/ 2-Montmartre- 1947 – Paul Almasy/ 3- Montmartre 1955 – fotógrafo desconocido)

EL MISMO NÚMERO

interiores.-43ddc.-primavera.-Leon Wyczólkowski

“Los ojos apenas abiertos

la mano en la otra orilla

el cielo

y todo lo que pasa

La puerta se inclinaba

una cabeza sobresale

del marco

y por los visillos

se puede mirar

el sol ocupa toda la plaza

pero los árboles están siempre verdes

Cae una hora

Hace más calor

y las casas son más pequeñas

Los que pasaban iban más despacio

y miraban siempre hacia arriba

Ahora la lámpara nos alumbra

mirando más lejos

y podíamos ver la luz

que llegaba

Estábamos contentos

de noche

ante la otra casa donde alguien nos espera.”

Pierre Reverdy.-“El mismo número”

interiores.-8jjnyu.-Bertha Wegmann

(Imágenes:- 1.-Leon Wyczólkowsi/ 2.-Berta Wegmann)

RECUERDOS DE MONTMARTRE

ciudades.-t7uu.-París.-música.-rue Saint Vincent.-Montmartre.-1910.-foto Neudein

Montmartre es una pequeña ciudad de provincias a las puertas de París evocaba el crítico de arte Jules Champfleury  en 1860 -; sin vehículos, sin policía, sin multitudes en las calles tranquilas; pequeñas habitaciones rodeadas de jardines, pequeños comercios que recuerdan a la provincia.”

ciudades.-52sw.-París.-Maurice Utrillo.-Montmartre.-1937

“Para aprovisionarse de forma más completa – contaba también Jean-Paul Crespelle al hablar de la vida cotidiana de estas calles -, las amas de casa tenían que ir a la rue Lepic, donde los verduleros ambulantes colocaban en fila, a lo largo de la cuesta, sus carritos de frutas y verduras. También podían ir a la rue des Abbesses, donde había gran cantidad de carnicerías, pastelerías, charcuterías e incluso casas de comidas preparadas. Los pequeños comerciantes de la Butte procedían a menudo de Montmartre. Max Jacob era un habitual de madame Anceau, la vendedora de ultramarinos de la rue Gabrielle, que reservaba siempre algunas mesas para sus “fieles” en el comedor.”

ciudades.-9yy.-París.- calles.-Maurice Utrillo.-Montmartre 1922

Pero Montmarte fue también – como otras zonas de París – escenario de lo que en otoño de 1911 se llamó la “reforma del traje“, con ocasión sobre todo del encuentro entre cubistas y futuristas. Fernande Olivier, compañera de Picasso, relata el siguiente encuentro en el Café de L`Ermitage: “Boccioni y Severini, a la cabeza de los pintores, habían inaugurado una moda futurista que consistía en llevar dos calcetines de color diferente pero que hicieran juego con la corbata. Para que se les viera bien en el Café de l `Ermitage, que se había convertido en sede social del grupo desde que Picasso vivía en el bulevar de Clichy, se subían los pantalones hasta muy arriba y descubrían dos piernas, una verde y otra roja, que salían de los zapatos. Al día siguiente, el rojo había cedido el sitio al amarillo y el verde al violeta, pero los colores en general tenían que ser complementarios. Creo que juzgaban esta innovación como algo genial.”

jardines.-ttyyn.-Renoir.-el jardín en Montmartre.-1890

Narra todo esto Olivier en “Picasso y sus amigos” (Taurus) – páginas a las que ya me he referido aquí  en más de una ocasión -, y cuando ella se remonta al Montmartre más antiguo recuerda que, después de haber sido derribada la casita de Berlioz, en la calle Mont-Cenis, quedaba todavía una última morada célebre: la vieja casa número 12 de la calle Cortot, que albergó a muchos artistas de todas clases. “Fiesz y Dufy fueron los primeros que habitaron allí, al mismo tiempo que Émile Bernard, André Antoine y el escritor Léon Bloy. Más tarde fueron Pierre Reverdy Suzanne Valadon, quienes llegaron a colocar allí sus tiendas, así como Utrillo.

ciudades.-6uun.-Montmartre.-París.-Ramon Casas i Carbó

Viejo Montmartre de recuerdos pintado por Ramón Casas…

Montmartre.-ttggb.- Jean Dufy

Viejo Montmartre de recuerdos pintado por Dufy…

(Imágenes.-1.-Montmartre.-1910.-foto Neudein/ 2.-Montmartre.-Utrillo.-1937/3,. Montmartre.-Utrillo.-1922/4.- Renoir.-jardines en Montmartre.-1890/ 5.- Montmartre.-Ramón Casas/ 6.-Montmartre.- Dufy.-sothebys.com)

ANTE UN ALBERT CAMUS HORIZONTAL ( y 2)

 

Dos meses antes de morir, en noviembre de 1959, Albert Camus le confesaba a uno de sus mejores amigos, Jean Grenier, sus dificultades en la redacción de la que sería su última novela (publicada póstumamente)El primer hombre” (Tusquets):” Me he retirado aquí (a Lourmarin) para trabajar y, en efecto, he trabajado. Las condiciones de trabajo siempre han sido para mí las de la vida monástica: la soledad y la frugalidad. Salvo lo que atañe a la frugalidad, son contrarias a mi naturaleza, aunque el trabajo es una violencia que me hago. Pero es preciso. Regresaré a principios de enero a París pero luego volveré a irme, y creo que esa alternancia es la forma más eficaz de conciliar mis virtudes y mis vicios, cosa que en última instancia es la definición del saber vivir”.

La última página deEl primer hombrediría: “como el filo de una navaja solitaria y siempre vibrante, destinada a quebrarse de un golpe y para siempre, la pura pasión de vivir enfrentada con la muerte total, él sentía hoy que la vida, la juventud, los seres se le escapaban, sin poder salvar nada de ellos, abandonado a la única esperanza ciega de que esa fuerza oscura que durante tantos años lo había alzado por encima de los días, alimentado sin medida, igual que las circunstancias más duras, le diese también, y con la misma generosidad infatigable con que le diera sus razones para vivir, razones para envejecer y morir sin  rebeldía”.

Como cuenta Olivier Tood en suCamus” (Tusquets), el novelista se levantaba en Lourmarin a las cinco de la mañana, daba un paseo por el camino de Cavaillon, bordeaba el castillo y volvía de su caminata antes de las ocho. Aquella excursión de un kilómetro le permitía espabilarse. Luego trabajaba en pie en su despacho, o sentado en la terraza. Al mediodía, huyendo del restaurante Ollier, de Lourmarin, a causa de que reconocían continuamente al Premio Nobel, su asistenta le preparaba diversos platos: vaca salada, tomates rellenos, empanada de pimientos y fruta. En varias cartas de diciembre de 1959, semanas antes de su brusco fallecimiento, explicaba sus altibajos como creador: “Contemplo el hermoso paisaje o la página en blanco, me desanimo ante el camino a recorrer, luego lo reanudo y olvido, y más tarde me desespero escribiendo tonterías, y luego vuelvo a empezar, para dejarlo todo y dar vueltas en el mismo sitio, preguntándome qué quiero hacer, no saberlo, intentarlo de todos modos, y clamar por un poco de genio, sólo un poco, un genio modesto que no curaría nada pero que al menos detendría este sufrimiento interminable. A pesar de todo avanzo, pero sin ninguna satisfacción, avanzo por avanzar, para decirme que lo he hecho, que está muy bien, que estoy aquí para eso, y no para tener genio, en el que no creo demasiado, puesto que creo en el aprovechamiento del tiempo (…) Para trabajar hay que privarse, y reventar. Reventemos, pues, dado que no quiero vivir sin trabajar (…) Sigo trabajando, pero con menor rendimiento. Es cierto que no habría podido soportar ese ritmo. Esta larga tensión solitaria es agotadora y es preciso que la continúe el mayor tiempo posible. El tiempo se ha echado a perder pero durante cinco días era la creación del mundo (…) No sé qué voy a hacer. Me obstino. ¡Ay, qué dura, desventurada – e irremplazable – es la vida del artista! (…) Todavía me quedan unos días de soledad antes de la llegada de la tribu y quiero aprovecharlos (…) Se diría que la función escribiente se ha agotado en mí por haberla ejercido demasiado. Es un fracaso del estilo. Mi trabajo está atascado desde hace tres días. De todos modos espero recuperarme un poco antes de mi vuelta”.

Estas últimas reflexiones pertenecen a una carta del 23 de diciembre de 1959. Camus moriría en accidente de automóvil el 4 de enero de 1960. Muchos escritores se reconocerán en estas confesiones (vacilaciones y esperanzas) del oficio. Haber recibido el  Premio Nobel tres años antes no le aliviaba en su creación ni de las inseguridades ni de las angustias.

(Imágenes:-1.-casa de Albert Camus en la localidad de Lourmarin.-webcamus.free.fr/2.-foto Brassai: en el taller de Picasso el 16 de junio de 1940.-En la foto, entre otros, Lacan, Pierre Reverdy, Picasso, Simone de Beavoir, Sartre, Albert Camus, Michel Leiris y Jean Aubier)

MAGRITTE, LOS SUEÑOS

 Magritte.-1.-castillo en los pirineos.-1959.-museumsyndicate

“No creo que el sueño, sea estrictamente lo contrario del pensamiento. – escribió el poeta y luego monje en la Abadía de Solesmes  Pierre Reverdy – Por lo que conozco, me inclino a pensar que es, en resumidas cuentas, una forma más libre, más incontrolado. El sueño y el pensamiento son, cada uno por su parte, el lado distinto de una misma cosa. El revés y el derecho. El sueño hace el lado donde la trama es más rica, pero más floja: el pensamiento el lado donde la trama es más somera pero más apretada”.Magriite.-2.-Golconde.-1956.-museumsyundicate

“Yo me alzaba sobre la punta de los pies en la cima de una loma – escribió Keats –

…Un instante…me sentí tan ligero, tan libre

como si en un movimiento de abanico las alas de Mercurio

hubieran jugado bajo mis talones: mi corazón era leve, y

múltiples goces surgían a mis ojos;

de suerte que en seguida compuse un ramillete de esplendores

brillantes, lácteos, armoniosos y rosados”.magritte.-4.-La promesa.-museumsyindicate

“Todo me es nube y muero de ello”, dijo Supervielle.

-“¿Qué amas tú, extraordinario extranjero?-escribió Baudelaire

-Amo las nubes…las nubes que pasan…allá…¡las maravillosas nubes!”magritte.-5.-Le Blan-Seing.-1965.-museumsyindicate

“El arte de pintar – que verdaderamente merece el nombre de arte del parecido  – dijo Magritte – permite describir, por medio de la pintura, un pensamiento susceptible de hacerse vsible. Tal pensamiento comprende exclusivamente las figuras que el mundo nos ofrece: personas, cortinas, armas, sólidos, inscripciones, astros. El parecido reúne espontáneamente esas figuras en un orden que evoca directamente el misterio. El pensamiento inspirado se parece al mundo (…) evocando su misterio“.

Atravesando los bosques los caballos para cruzar los bosques, elevándose las rocas en los sueños y cruzando las nubes en vientres de palomas, el surrealismo de Magritte nos sumerge en lo que esconde de no pintura la pintura, esa prestidigitación de la realidad. “Esto no es un cuadro“”, parece que nos dice Magritte al enseñarnos un cuadro excepcional. De las nubes,  como de los sueños, he hablado varias veces en Mi Siglo. Ahora, con la próxima exposición sobre Magritte que se inaugará el 2 de junio en Bruselas, llegan las palabras que escribió Paul Eluard.Magritte.-8.-The Plase Mirror.-1928.-MOMA.-

Peldaños del ojo

A través de los barrotes de las formas

Una escalera perpetua

Sin descansillo

Un nube oculta un peldaño

Un cuchillo otro

Y otro un arbol que se desenrolla

Como una alfombra

Sin gestos

Todos los peldaños están ocultos

Se han sembrado las hojas verdes

Campos inmensos florestas de recreo

En la falda de laderas de plomo

En los claros del bosque

En la leche leve de la mañana

La arena empapa de rayos

Las siluetas de los espejos

Sus hombros pálidos y fríos

Sus sonrisas decorativas

El árbol está teñido de frutos invulnerables”

(Paul Eluard, 1935)

 

magritte.-10.-La bella estación.-museumsyndcate

(Imágenes: René Magritte: 1.-“Castillo en los Pirineos”.-1959.-museumsyindicate/ 2.-“Golconde”.-1953.-museumsyindicate/3.-“La promesa”.-museumsyndicate/4.-“The False Mirror”.-1928.-MOMA/.-5.-“La bella estación”.-museumsyindicate)