Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Pierre Gonnord’


 

“Los aficionados a visitar Museos, se detienen muchas veces ante los retratos aún con mayor morosidad que ante obras de composición, y es que los retratos tienen un poder de evocación muy penetrante.

Los retratos  – así lo afirmaba Francisco de Cossío al contestar a Enrique Segura cuando éste último fue recibido en la Academia de Bellas Artes de San Fernando -, nos ofrecen seres vivos que han desaparecido y que, sin embargo, ocupan un lugar en la Historia, en las modas, en las costumbres… Cada retrato nos señala un tiempo, en un ámbito o un paisaje. A veces, en el retrato de una persona relevante, aparece un reloj en una pared o sobre una consola, detenido en una hora hipotética, que sonó un minuto en el tiempo, hora disipada y perdida, y esta celeridad del tiempo, se remansa en los retratos formando una laguna inescrutable. Nos encontramos ante un ser que vivió, que desapareció y que aún subsiste para nosotros en aquel  instante remoto, para siempre. Esta impresión del tiempo, detenido en torno a un ser vivo, aun sin formularla, la sentimos.

 

 

Esas galerías de retratos que en algunos centros oficiales vemos y que no se hicieron ni para la intimidad familiar, ni para el museo, sino, en cierto modo, para inmortalizar a un personaje, con sus bandas y cruces y uniformes. En las largas esperas, nos hacen pensar en lo frágil que es la inmortalidad del hombre. Estos retratos que aparecen alineados en la pared, como nichos mortuorios, y de muchos de los cuales no recordaremos ni el nombre del retratado, permanecen, no obstante, allí, en efigie. En la vida, con su influencia y poder, fueron conocidos de todos, combatidos en muchos momentos, admirados en otros, y hasta temidos, y, sin embargo, hubiesen sido olvidados en la lista inacabable de un censo. Su inmortalidad, la asegura el retrato, y cuando uno de estos retratos lo hizo un pintor insigne, y la obra pictórica requiere por ello una patente maestría, nos detenemos ante el líenzo, y al contemplar al personaje, con un hálito de vida permanente, sentimos el deseo de penetrar en su destino histórico.

 

 

Cuando uno de estos retratos por su valor intrínseco, como pintura, llega a conquistar el Museo, entonces aquella imagen de un pasado vivo se engrandece, y no falta un crítico que, al estudiar su pintura, nos  ofrezca una ficha, con pormenores de su vida, arrancándole de la incertidumbre, sacándole del incógnito. La pintura penetra, entonces, en el cauce de la Historia, y empieza a vivir en la efigie esa vida que, a los elegidos, concede la inmortalidad.

Grave conflicto para el investigador cuando, después de dilatados estudios de indentificación de un gran retrato, tiene que resignarse a clasificarlo como retrato de un desconocido. Todos los museos tienen retratos de desconocidos. Mas por el hecho de haber conquistado aquel lugar, empiezan a ser conocidos. Poco importa ya su nombre, cuando han conseguido esa vida permanente que les dio el Arte.”

 

 

(Imágenes- 1- Rubens / 2- Pierre Gonnord / 3- Marcel van Eeden/ 4- Modigliani – 1907)

Read Full Post »

Gonnord-ytrv- foto Pierre Gonnord- exposición Gaia- elpais es

 

“El concepto de frontera ha venido siempre conmigo – afirmaba Claudio Magris en una entrevista en Trieste, en 1998 – alargándose hasta “Microcosmos”, que es la frontera no tanto entre países, culturas, naciones, sino frontera también entre el agua y la tierra, el sendero de los ciervos y las desviaciones animales, entre la vida y la muerte.” El escritor italiano recordaba que desde muchacho existían para él unas fronteras vividas : detrás de las colinas, por ejemplo, el lugar donde comenzaba el mundo del Este, Stalin, y cuanto suponía aquello de desconocido. En el campo de los autores y de las lecturas, quienes le habían influido de un modo u otro en el concepto de frontera – comentaba Magris – habían sido Salgari, Conrad, Canetti, Melville, Kipling, Kafka.

 

Gonnord-uutt-realvenice org

 

Ahora la atracción por la frontera perdura. Así lo revelan las fotografías de Pierre Gonnord por tierras fronterizas hispano-portuguesas pero también los lindes dentro de los rasgos masculinos y femeninos, las barbas, ojos, cicatrices, algún animal con el cuello reflejado en la sombra, chispazos de mirada atenta. En la actual exposición de Gonnord la línea de frontera del campo se funde con la que marca el rostro. Paisajes de rostros sorprendentes, imán de imágenes. Canetti escribía: “todos los antiguos confines de la tierra, desde que existen los hombres, están destinados a vigilar si ellos son reales”. Él lo llamaba la Academia de los Confines.

 

Gonnord-nubb-pierregonnord com

 

Estas fronteras de Gonnord muestran igualmente el contorno y la separación entre firmeza y ternura, realidad e ilusión, pasados de llanto y mentones rotundos, decisiones, arrugas, nieblas en pupilas, soñadas miradas, ojos resueltos.

 

Gonnord- bfr- eldiario es

 

Está todo el recorrido de unas vidas en esos rostros humanos,  ambiciones defraudadas y nostalgias, el camino del desengaño, los labios fruncidos, el brillo de la última esperanza y de la desesperación.

 

Gonnord-ybbh-peatom info

 

Están todas las existencias cruzadas, los límites invisibles de los matices.

 

Gonnord-ynnn-pierregonnord com

 

Y sobre todo los rostros, cada rostro con su voz.

(Imágenes.- 1.-Gonnord-elpais-com/2.-Gonnord- realvenice.com/3.-cartel de la exposición/ 4.-Gonnord-eldiario.es/5.-Gonnord-peaton. info/ 6.-pierregonnord. com)

 

Read Full Post »

Japón-cddv-jardín de la villa imperial de Katsura

 

“Después Hisae les siguió comentando muchas más cosas del pasado. Con la mano les iba señalando el agua a los niños como si fuese una pizarra y a la vez ella la iba borrando con los dedos. Les habló de los colores y de los vestidos antiguos y de cómo los colores antiguos teñían los vestidos. “Os he hablado antes del otoño ‑les dijo‑. Pero el otoño tiene también el color del crisantemo, que es el que yo llevo ahora en este kimono de espigas marrones y que el tiempo ha espolvoreado para mí. ¿Lo veis bien? También estos son colores del otoño, espigas y florecillas grises y negras, grises estrellados en mis mangas.

 

pájaros.- 667hh.- japón.- Ito Jakuchu

 

Les explicó que cada estación tiene su color especial y que ese color va enseguida a los vestidos y que uno va vestido continuamente de estaciones hasta fundirse con el paisaje. Los niños apenas parpadeaban mirando siempre al agua. De vez en cuando levantaba uno la cabeza y observaba a Hisae a hurtadillas pero Hisae le hacía volver a fijarse en el lago porque todos estaban en clase ‑les decía‑ y en clase había que atender muy bien.

 

Japón- vveen Jardín.- Honami Koetsu- mil seiscientos quince

 

 

De esta forma Hisae entretenía muchas tardes a los niños. Luego, al acabar, los hacía levantar del suelo, los apartaba del lago dorado y los llevaba hasta las rocas. “Esto se llama  la isla de las tortugas”- les iba enseñando -, y los niños reían a carcajadas. Nadie veía tortugas por ningún lado, tan sólo un conjunto de piedras. Los niños se subían a jugar a las rocas con sus vestidos de lapislázuli y de púrpura. Alguno, como Ayako Shiotani, con su pequeño traje color mármol y dibujos de añil, destacaba entre todos. Años después, cuando Ayako Shiotani se dedicó al ejercicio de la poesía y publicó poemas sobre la levedad y la fragilidad de la vida, recordaría muy bien aquellas clases de Hisae al aire libre. “Ella nos enseñaba ‑escribió emocionado en sus “Memorias”‑ los rostros de las rocas y aquella tortuga de piedras en aquellas tardes junto al lago siempre la he tenido en mi cabeza. Hisae la llamaba isla pero no era una isla; el musgo era el que representaba el mar.”

 

estaciones.-3r6.-árboles.-Singer Botanica Magnifica.-cortesia de Jonathan Singer.-planta en la ciudad de Saitama, en Japón.

 

Otro de aquellos niños, Eikoh Sumiya, que con el tiempo llegaría a ser un gran compositor, tampoco olvidó nunca ni las lecciones de historia en el espejo del lago ni una pequeña cascada formada por tres escalones de granito en los que él se sentó muchas tardes a escuchar. “Allí aprendí ‑confesó en sus dispersos recuerdos ‑ a componer la sugerencia, a descubrirla. Al ver que por aquella cascada de piedra no corría ni una gota de agua pero que los escalones sugerían todo el ruido imponente de una cascada auténtica, descubrí de pronto mi vocación de músico, mi amor por la música. Se me abrió para siempre la inspiración.”

José Julio Perlado.- (del libro Una dama japonesa)  (relato inédito)

 

mujer.-765.-japón.-foto de Kokon sobre una exposición de fotografías de Pierre Gonnord

 
(Imágenes.- 1.-jardín imperial de Katsura/2.- Ito Kakuchu/ 3.-Honami Koetsu.-1615/4.-cortesía de Jonathan Singer/ 5.-exposición de fotografías de Pierre Gonnord)

Read Full Post »

Debajo de la crisis, tapado con los cartones de la necesidad, del hambre, de restos de desavenencias conyugales, de ilusiones frustradas, de todo aquello que su madre le habló cuando era niño, en la cocina de su casa, al enseñarle la proyección del mundo, descubierto su hombro a la intemperie de políticos que pisan fracasadas convenciones, los ojos horizontales reclamando ilusión, la cabeza postrada sobre la destrozada creación, inmóvil, cansado, sobre todo cansado, sin siquiera pedir una limosna, así nos mira este hombre en la acera del mundo.

Pero de pronto este hombre se pone en pie. No es el mismo hombre pero sí es la misma crisis. La crisis empezó con la bebida, al cruzarse la navaja nocturna con la mejilla y arrugarse la frente arando preocupaciones, la nariz fue hinchada a puñetazos por las deudas, esculpió el viento oquedades en los ojos, se le hicieron grutas en las pupilas, pero las pupilas aún siguen firmes distinguiendo el escepticismo en la lejanía.

Y debajo de la crisis apareció también esta otra mirada sesgada, azul, alambre eléctrico en las canas, rictus de boca despreciando promesas, todo lo escuchó, todo lo sabe, se cubre con el manto las varices del alma, pústulas de despedidas sin curar, desplantes familiares, todo lo cubre con el botón del pudor de la vida, nada hay que enseñar, nada hay que decir, ni siquiera hay que hablar, sólo mirar, mirar lo que se vivió y ya pasó, ver cuanto está pasando, otear lo que puede venir con una punta de melancolía.

Algunas de estas crisis no se protegen del frío con cartones. Es un frío interior, una inclemencia sin nombre. Algo que continuamente nos llama por las calles.

(Imágenes:-fotografías de Pierre Gonnord, algunas en la exposición madrileña “Tierra de nadie” hasta el 28 de febrero en la sala de exposiciones de la Comunidad de Madrid :.-1-“El Manuel”/ 2.-Michel.-2005.-artnet/3.-Olympe,.2006.-galería Juana de Aizpuru)

Read Full Post »