LAS OTRAS PANDEMIAS

 

 

No siempre ha habido  en la Historia aplausos  a las 8 de la tarde desde los balcones, no siempre ha habido agradecimientos a sanitarios, ni comprensión  ni compasión social ante las catástrofes. El historiador italiano Vittore Branca, importante especialista en literatura medieval, nos recuerda célebres textos describiendo la Peste europea del siglo XlV:

“muchos hombres y mujeres abandonaron su propia ciudad, sus propias casas, sus lugares y sus parientes… Y no saquemos ahora a colación que un ciudadano aborreciera al otro, y que ningún vecino se cuidara del otro, y que los parientes se visitasen raras veces, o nunca o hacía mucho tiempo; se había apoderado tal espanto en el ánimo de hombres y mujeres a causa de esta tribulación, que un hermano abandonaba al otro hermano, el tío al sobrino y la hermana al hermano, y muy a menudo, la mujer al marido; y que aún más , casi increíble, los padres y las madres a sus hijos, como si no fueran suyos, ni les visitaban, y rehusaban con asco el servirles (…) ; abandonados los enfermos por los vecinos, los parientes, los amigos, no les quedó ningún socorro salvo la avaricia de sus criados (…); desaparecido todo signo de piedad, no se honraba a los muertos con ninguna lágrima, o cirio, o compañía, es más, se había llegado a tales extremos, que se cuidaba tanto de los hombres que morían, como ahora se cuida de las cabras, y tal como se hace con las mercancías en la bodega de las naves, eran enterrados con poca tierra.”

No siempre  han resonado aplausos desde los balcones, ni siempre ha habido comprensión o compasión social ante las catástrofes. La Historia nos lo recuerda.

 

(Imágenes—1- Gustav – Vigeland- Oslo- Noruega / 2- Alberto Sughi- artnet)

LONDRES VACÍO EN 1665

 

“Leo en el “Diario “ de Samuel Pepys, miembro del Parlamento, Londres 1665:

8 de agosto de 1665:

”Trabajé un poco en mi oficina y luego a casa del Duque de Albemarle, por ciertos negocios. Las calles, vacías durante todo el trayecto, ahora hasta en Londres, lo que constituye un penoso cuadro.

10 de agosto:

A la oficina, donde nos quedamos toda la mañana, impresionadísimos  por la forma en que aumenta el boletín de mortalidad: más de tres mil defunciones esta semana.

12 de agosto :

En adelante, la oficina no estará abierta  más que el jueves, de modo que permanecí en casa toda.la mañana, poniendo mis documentos en orden. El Lord Mayor ordena al pueblo que no salga después de las nueve, a fin de que los enfermos puedan ir a tomar aire. Se produjo un deceso en Deptford, a bordo de uno de nuestros navíos, el Providence, que acababa de equiparse para zarpar. El acontecimiento nos inquieta mucho.

16 de agosto:

A la oficina, para escribir cartas. Luego estuve en la Bolsa, donde no concurría últimamente. Señor, ¡ qué triste escena la de las calles vacías y la Bolsa casi desierta! Toda casa cerrada parece sospechosa, siempre se recela que sea a causa de la epidemia. De cada tres negocios, hay dos cerrados, si no más.

 

28 de agosto:

No iba a la ciudad desde hace algunos días. En la Bolsa conté apenas  cincuenta personas. En consecuencia,  pienso decir adiós  a las calles londinenses.

 

30 agosto :

Me levanté temprano, salí y encontré a Hadly, nuestro empleado. Me dijo que la epidemia  aumenta aceleradamente, sobre todo en nuestra parroquia. “Han muerto nueve personas, pero no he inscrito  más que seis”. Muy mal proceder, a mi juicio. Esto me induce a creer que lo mismo ocurre en todas partes y que la epidemia, así pues, es más grave de lo que se calcula. Los transeúntes son tan raros que uno cree habitar una ciudad abandonada.

 

 

 

(Imágenes — 1- Londres : Albert Goodwin/ 2- Londres: Giuseppe de Nitis)