VIAJES POR EL MUNDO (35) : LA REPÚBLICA DE LOS ANIMALES

 


A veces hay que viajar a lugares imaginarios. Alberto Manguel, en su “Guía” de estos lugares,  cuenta que la República de los animales “se encuentra  en una vasta región que no figura en los mapas, poblada de especies muy diversas de animales y pájaros que se han liberado de la tiranía de los hombres.

El viajero descubrirá  que muchas  peculiaridades de esta isla han sido descritas por los poetas clásicos: los corderos se pasean con los lobos, los halcones vuelan al lado de las palomas, los cisnes establecen relaciones sociales con las serpientes y los peces nadan en compañía de castores y nutrias.

La república está gobernada  por el fénix — ave muy especial — y sus embajadores  los monos. Los tigres y los leones son soldados, los gansos y los perros, centinelas, los loros, intérpretes, las cigüeñas, médicos, y el unicornio (animal solitario)  es el toxicólogo jefe y se ocupa de hallar los antídotos de todos los venenos.

Hay dos religiones  principales: el culto al Sol, en el que creen casi todos los animales, y el de la Luna, una secta cada vez más importante, promovida por los elefantes.

El viajero de visita en la isla podrá admirar el palacio del ave fénix  y asistir a los magníficos espectáculos que allí se ofrecen, como el “Desfile de los Colores”, en el que participan todas las aves del Paraíso.

La rebelión liderada por serpientes y basiliscos  fue sofocada, con lo que la República de los Animales recuperó la paz.”

 

(Imágenes—1-Foto Manish Swarup/ 2- Sarah Esteje/ 3- Midnightmartinis)

PASIÓN POR LOS PERROS

 


“Enrique lll, sucesor de Carlos lX, tenía pasión por los perros minúsculos. Todos sus contemporáneos le vieron transportar tres perros en una cesta ricamente adornada, cesta que él mantenía continuamente sujeta por un largo rubí alrededor de su cuello. “ Mientras caminaba, la cesta colgaba de su lado izquierdo, y una vez sentado, reposaba sobre sus rodillas. No se desprendía de la cesta ni para asistir al sermón ni durante las audiencias con los embajadores”. Pierre de L’Estoile, el autor de esta cita, contaba en sus “Memorias” la fortuna que cada año costaba a los súbditos del Rey mantener a esos perros. Existen documentos de Historia sobre la promoción de los perros al principio de la época moderna, —y así lo comenta Pastoureau cuando habla de los animales célebres —; en la antigüedad greco-romana se les despreciaba, salvo algunas excepciones. Los consideraban seres impuros y mortíferos; en la Edad Medía tampoco se les quería, y en el siglo XVl, en cambio, quedaron ya revalorizados como fieles compañeros de los hombres.

 

Por su parte,  Carlos lX poseía dos enormes dogos que había recibido  como regalo de la reina de Inglaterra. Pero también era muy aficionado a los perros pequeños. Su perro preferido llevaba el nombre de Corto a causa de la longitud de sus patas; frecuentemente se acercaba  hasta su cama, su baño y su comida. El rey hizo que le tejieran  un vestido de noche de seda verde que le ponían en el momento de acostarlo; por la mañana el perro participaba  del cubierto real, después se subía encima de la mesa y probaba de los manjares que le ofrecía su amo. Cuando el perro murió, el 24 de agosto de 1570, la tristeza del rey fue inmensa.  Tuvo la idea de hacer que conservaran su piel y con ella quiso hacerse un par de guantes que se puso diariamente durante muchos meses. Igualmente  pidió a uno de los mejores poetas de su reino que compusiera el epitafio de Corto, “”el más querido de sus amigos”.

Emblema de la fidelidad,  el perro aparece muy frecuentemente bajo los pies de las figuras de las damas esculpidas en los sepulcros medievales. En el mundo céltico, el perro está asociado al universo de los guerreros. El  héroe más grande entre los Celtas es el perro de Culann y todos los celtas poseen perros tanto para el combate como para la caza. Entre ellos, comparar un héroe a un perro es hacerle un honor, rendir homenaje a su valor guerrero.

 

 

(Imágenes—1- el perro en “Los esposos Andolfini”/ 2-Carol Gucy/3-foto Keith Cárter)

EL LADRIDO DEL PERRO

 


 

“Casi todos los cazadores ignoran que el ladrido no es natural al perro. Ni el perro salvaje ni las especies de que procede —lobo, chacal — ladran, sino que, simplemente , aúllan — escribe Ortega en “La caza y los toros”.  Para acabar de confirmar el hecho poseemos inclusive la situación de tránsito: el perro doméstico más antiguo, ciertas razas americanas y australianas, es mudo. Recuérdese la sorpresa con que en la relación  de su primer viaje anota Colón que los perros antillanos no ladraban. Han dejado de aullar y aún no han aprendido a ladrar. Entre el ladrido y el aullido la diferencia es radical. El aullido es como el grito de dolor en el hombre, un “gesto” expresivo. En él, como en los demás gestos espontáneos, se manifiesta un estado emocional del sujeto. La palabra, por el contrario, en lo que tiene estrictamente  de palabra, no expresa  nada, sino que tiene significación. Paralelamente acaece que el aullido y el grito son involuntarios, y cuando no, es que son fingidos, imitados.

 


No se puede “querer” dar un grito de espanto; lo  único que se puede querer es reprimirlo. La palabra, en cambio, no es emitida  sino voluntariamente. Por eso aullar y gritar no son “decir”. Pues bien, el ladrar es ya un elemental decir. Cuando el extraño pasa a la vera de la alqueria, el perro ladra, no porque le duela nada, sino porque quiere “decir” a su amo que un desconocido anda cerca. Y el amo, si conoce el “diccionario” de su can, puede saber más detalles: qué temple lleva el transeúnte, si pasa cerca o lejos, si es uno solo o un grupo y, lo que encuentro pavoroso, si el viandante es pobre o es rico . En la domesticación , por tanto, ha adquirido el perro con el ladrido un casi-“lenguaje”, y esto implica que ha comenzado en él a germinar una casi-razón.

Véase hasta qué punto es certero y admirable el modismo castizo con que nuestros monteros populares denominan el ladrido de la jauría: le dicen “la dicha”. El cazador veterano llega a aprender  perfectamente el rico “vocabulario” y la sutil “gramática” de este casi-lenguaje canino.

Hombre y perro han articulado uno en otro su sendo cazar, y esto representa la cima de la venación , que se hace “cinegética”. De tal modo es la caza con perro perfección y dechado de la cacería, que  el sentido propio del término “cinégetica” ha llegado a aplicarse a todo el arte venatorio, cualesquiera sean sus formas.”

 

 

(Imágenes —1-Zdzislaw  Bekinski/ 2- Winslow Homer/ 3–Emil Nolde- 1916)

GEORGE STEINER (1) : SUS PASIONES

 

 

 

“Mis primera pasión es la música. Que es, con las matemáticas, la única lengua universal. — decía Steiner —. Significante hasta el más alto punto, la música rechaza toda paráfrasis, toda traducción. Por encima del bien y del mal, ella encarna un sentido del sentido indecible y el índice de lo transcendente.

 

 

 

 

Otra pasión: la montaña, forma platónica  por excelencia, abordable sólo para un pequeño número mientras que el mar es tan democrático, tan sensible a la polución.

 

 

El ajedrez. Yo soy demasiado impaciente para ser un jugador de clase. Pero este insondable entretenimiento me ha proporcionado ricas horas y me entristece profundamente la superioridad  por otro lado implacable del ordenador.

 

 

Mis perros y mis perras. Dueños de nuestra casa, hogares de buen humor y de preocupaciones. Está cerca de la condenación quien maltrata a un animal ( o a un niño) . Es en la mirada de un animal, como en la música, donde se abren las puertas del infinito.

Y luego, otros lugares de afinidades electivas: la gran plaza de Marraqués, los ruidos de los pasos en la Galería de Milán, las calles de Jerusalén a primera hora de la mañana”.

 

 


(en recuerdo de George Steiner recientemente fallecido.)

Descanse  en paz.

 

(Imágenes —1- Giancarlo Rado/2-Edward Weston – 1938/ 3-Robert Doisneau-1950/ 4- Keith Cárter/ 5- Jerusalén – Wikipedia)

EL HOMBRE QUE SE CONVERTÍA EN PERRO

 

 

Cuenta Baroja en “ Bagatelas de otoño”, uno de los volúmenes de sus Memorias, un relato de su sobrino, el historiador  y antropólogo Julio Caro, hablando de la mentalidad del campesino vasco, que dice así :  en una discusión, en donde estaba presente Fillipo de Errandecoborda, natural de Vera de Bidasoa,  un hombre que estaba acompañado de otros tres compañeros, en un momento determinado sacó una pistola y le disparó un tiro a otro. “Aquel sobre el que había disparado se puso en figura de perro que llevaba un palo en la boca —cuenta Baroja —y salió corriendo al monte que se ve enfrente de aquí. Desde allí estuvo mirando furiosamente a los de abajo.

El hombre que había disparado les dijo a los otros tres: “¿ Cómo os reunís con un hombre que se convierte en perro?” Los otros le respondieron: “¿Y eso qué importa?” Como el hombre de los disparos se marchó asustado, el del monte bajó y tomó otra vez figura humana.

—Y usted, Fillipo, ¿ no se asustó de esto? —le preguntaron.

—No—dijo Fillipo —, porque yo ya había visto a mi padre que se convirtió en perro a menudo. Una vez, estando de contrabandista por la parte de Tolosa, mi padre pasó por un trance muy apurado. Entonces Dios le debió dar la virtud de convertirse en perro, y volvió así a su casa sin que le molestaran. También solía volar y andar por el aire de manera que cortaba con un hacha las puntas de las ramas más altas de los árboles. Estas cosas, sin mucha fuerza no se pueden hacer.

—Yo he oído contar varias veces a tu abuelo — se refiere a una de las personas que le escuchaban — que él podía andar por encima del arco iris. No sé si esto será verdad. Él así lo contaba.”


 

(Imágenes —1-Emil Nolde/ 2- Peter Clark)

BARJOLA Y LOS PERROS

 

:

 

“Recuerdo cómo iba a mi lado caminando aquel día de 1980 el pintor extremeño Juan Barjola que una vez más insistía en llevarme hasta su taller, en la calle Amalarico, para que lo conociera. Yo le observaba a mi lado, observaba su largo cráneo, su bigote poblado, sus ojos apagados, casi sumisos. De vez en cuando, cruzaban por la acera, chocando casi contra nuestras piernas, olvidados y perdidos, unos perros. “De pequeño, me iba diciendo Barjola al mirarlos, yo dibujaba perros; el perro es un animal maravilloso que sufre mucho en soledad. La mirada de un perro cuando está enfermo, me decía el pintor, es una mirada triste, es una auténtica realidad. Generalmente, de pequeño, a mí lo que más me atraía era dibujar perros tal vez por ser los animales más humanizados”. Después hacía una breve pausa, caminábamos otro poco más, y Barjola proseguía : “Yo al principio viví en la Gran Vía, luego en Lavapiés . Después vine para acá. Pero todo esto está desconocido. Aún no hace mucho era casi una comunidad de chabolas”. Luego, recuerdo, que después de dar muchas vueltas por las calles entramos en aquel estudio suyo de tres metros por dos y medio y de pronto, nada más entrar, descubrí a diez criaturas colgadas en las paredes. Eran más o menos diez cuadros con ojos, bocas y cuerpos distorsionados.

 

 

Barjola me acercó una silla y me senté en ella, él se sentó a mi lado y enseguida me preguntó si yo estaba cómodo. Luego añadió : “este cuarto es estrecho pero tiene sabor. Aquí trabajo cuatro horas, muy pausadamente. Y el resto voy a recaudar datos para mi pintura, los encuentro por la calle, en el cine, en los libros”. Aquellas diez criaturas seguían mirándonos y yo observaba al padre de las criaturas cómo las contemplaba y también a sus hijos que rodeaban al pintor del paciente mirar y que mostraba tanta mansedumbre. “ A mí, continuaba Barjola sentado a mi lado, me gusta más el fondo que la forma, no creo que un pintor sea profundo por muy bellas que sean sus formas si su arte no tiene un mundo lleno de contenido. Por eso precisamente, por ser profundo el fondo y no la forma, Goya, proseguía diciéndome Barjola, adquiere cada día más vigencia. Si nos fijamos en sus aguafuertes y en sus dibujos, vemos que son concretísimos: en ellos está lo dramático y lo social”. En determinado momento me levanté y quise acercarme más a las pinturas para observarlas mejor. Barjola se levantó también de la silla y se puso a mi espalda. “ Lo difícil del arte, me seguía diciendo el pintor, es definir, y que esa definición atraiga siempre por su expresividad, su mundo dramático”. Me impresionó cómo destacaba allí entre todas las pinturas una “Tauromaquia”, la violencia de unos rojos sangrantes de picador con su cuerpo curvado pinchando a un toro negro. Y las manchas. Las posturas difíciles. Los amarillos, los rojos, los amplios horizontes extremeños, los marrones fríos y calientes de descampados de Madrid. Y sobre todo los perros. Especialmente unos perros descarnados ladrando a la luna. Sí, recuerdo aquella tarde, las dos sillas en el estrecho taller y los perros ladrando más allá de las paredes, ladrando a la luna con sus bocas abiertas, con los dientes blancos y separados, los cuellos estirados, unos perros lastimeros, solitarios, retorcidos, recuerdo aquella tarde en el taller del pintor  y el ladrido de los perros.”

José Julio Perlado – (del libro “Relámpagos”)- ( texto inédito)

 

 

(Imágenes – 1- Juan Barjola/ 2- Zdzislaw Bekinski/ 3- “Tauromaquia” – Barjola)

VIAJES POR ESPAÑA (23) : CAZAR EN GALICIA

 

 

 

“La mano llena de octubre va derramando, pródiga, los mejores ocres y oros de su paleta sobre la mancha abierta del paisaje – escribe José María Castroviejo -. Los viñedos, que guardan celosos el último racimo escapado a la vendimia, se visten de maravilla, robando su secreto a los lejanos pinceles del Tintoretto o el Veronés. El aire huele y sabe a mosto (…) El perro, nuestro nunca desmentido compañero, se acerca, cabeza al viento y tembloroso de emoción, a lo largo de un trigo de monte, hacia un “xestal” que corona cimero la colina.  Allí, estremecido y rígido a la vez, se clava de repente en el suelo apuntando las húmedas narices a las oscuras verdes ramas. “Entra…”, le decimos, dominándonos, pero con cierto temblor también en la voz. Se proyecta el can. Del “ xestal”, un fuerte vuelo de arrancada hace temblar el vacío. Un ave, retrasada, se eleva a su vez negra contra el sol, lanzando un cacareo chirriante, casi como un reto. El retumbo de los disparos, que quiebra los cristales de la mañana, suena casi como blasfemia. Bajo un aire de porcelana de estampa de cacería antigua, caen dos pájaros de pies rojos y plumas – pizarrosas, rojizas, castañas…- suaves como la seda: la hora de la perdiz ha sonado en el gran reloj del monte.

 

 

El fiel perro vuelve al poco tiempo portando con orgullo un magnífico macho. ¿Pero y la otra…? Más cerca que la primera se proyectó hacia el suelo como fulminada. Sí, aquí están las plumas, numerosas plumas en efecto, más la perdiz no se ve. Parece cosa de magia. “ ¡Anda, “Patrón”, anda!”. Y el ‘Patrón”, que iba como despistado, se orienta de pronto y parte como una flecha monte abajo. Se para, tuerce a la derecha; luego, bruscamente, a la izquierda, vadea un arroyo, se pierde en una robleda para aparecer, ¡ al fin!, con la otra perdiz, que había apeonado con la ligereza de un conejo, entregándonosla con orgullosa y alegre mirada de triunfador.”

 

 

( Imágenes-1-Emil Nolde- 1916/ 2- William Wegman/ 3.- Isaac Levitan)

ANIMALES

 

 

A principios de octubre se celebra el día mundial de los animales, y cuando se abren las páginas dedicadas por Ignacio Peyró a la vida y costumbres de Inglaterra – “Pompa y circunstancia” (Fórcola) – se encuentra uno con que “ la condesa de Eglinton, beldad célebre y mujer de intelectualidad y gusto, glosada como espejo de elegantes por Samuel Johnson, tenía domesticadas una docena de ratas que – según lamentaba su dueña – eran más agradecidas que cualquier persona con la que hubiese tratado. Alan Clark, por su parte, amaestraba grajillas. Y, junto al Club Taurino de Londres, no deja de haber otras agrupaciones – nos las cita Gardel-Jones – como el Fondo de Bienestar para Gatos Orientales o la Sociedad para la Educación sobre Hurones.

 

 

(…) La realeza amó los perros, y cada estirpe privilegió una raza, de los spaniels de Tudores y Estuardos a los pugs de la casa de Orange o los corgis de los Windsor. Es un amor antiguo: el duque de York, Eduardo ll, prisionero tras la batalla de Agincourt, escribe un pequeño tratado venatorio en el que juzga al perro como “ una criatura de razón” y “la mejor de entre todas las criaturas divinas”. En tiempos de la reina Victoria, precisamente cuando el bulldog comenzó a encarnar de modo icónico los valores de Inglaterra, los perros fungieron también como relaciones públicas de su dueño o símbolo de estatus: “ uno no puede llevar cualquier chucho tras de sí”. Augusto Assía, corresponsal español en Londres, los ve como único símbolo de posición social del “gentleman” tras el auge del sinsombrerismo”.

 

 

(Imágenes.1-Carol Gucy/ 2- Louis Wain- Wikipedia/ 3-Winslow Homer- 1893)

ANIMALES, HISTORIA, LITERATURA

interiores-innju- perros- Andrew Wyeth- mil novecientos sesenta y cinco

 

 

“Los mejores animales de la literatura – comenta Ricardo Piglia enLos diarios de Emilio Renzi” – son los de Kafka:Investigaciones de un perro”,Josefina, la rata que canta“, “El mono que presenta su informe a la academia”. En verdad en Kafka los animales son intelectuales o artistas.  Mientras que el oso de Faulkner o la ballena de Melville son formas de la naturaleza bravía. Ahora bien, ¿ qué decir de los caballos que abundan en la literatura argentina?”. Animales célebres han poblado novelas y poesías. Biografías de perros han sido inmortalizados por Virginia Woolf o por Mujica Láinez, entre numerosos escritores.

 

perros-nnhh-William Wegman

 

Los perros, a su vez,  en la Historia han tenido muchas veces espacios sorprendentes. Cuenta Paul Morand y así lo evoca Ignacio Peyró enPompa y circunstancia” – que  un tal lord Egerton tenía  siempre la mesa puesta con doce cubiertos: para sus doce perros; por su parte, el excéntrico John-Jack-Mytton tenía dos mil perros, ante todo rehalas para la caza del zorro, y no pocos de ellos iban con librea y eran alimentados por su generoso dueño con filetes y champagne. Respecto a gatos, el más célebre de la historia de Inglaterra, según Peyró, fue el gato Hodge, tal como nos lo cuenta James Boswell: el gran doctor Johnson se aliviaba las melancolías jugando con él y se ocupaba personalmente de comprarle comida, no fuera que los sirvientes “tomaran en desagrado a la pobre criatura” y Johnson lo alimentaba con ostras, por entonces baratas.

 

animales.-89nn.-gatos.- Chefchaouen.-Marruecos - copia

 

Durante mucho tiempo los gatos han sido mirados en Europa como un animal negativo. Poco a poco se ha ido transformando en animal doméstico, después en compañero familiar de la vida cotidiana para llegar al fin a ser alguien en el que depositar cariño. Montaigne, La Fontaine, Montesquieu, entre muchos otros, han hablado de su gato y han procurado revalorizarlo. Aldous Huxley, cuando le pidió consejo un joven amigo para iniciar su carrera literaria, se limitó a decirle: “Si quiere usted escribir, tenga gatos”.

(Imágenes.- 1.-Andrew Wyeth- 1965/ 2.- William Wegman/ 3.- Chefchaouen– marruecos)

UN SIGLO JUNTO AL PERRO

animales-vgyu-perros- Kris Vanderveken

“Tengo a los perros por viejos conocidos – escribe Wislawa Szymborska -.Pero cuando me pongo a pensar en ellos como una gran familia del orden de los carnívoros, la impotencia me embarga. Porque si admito que un dóberman es un perro, entonces un pequinés no puede ser un perro, o que si un pequinés es un perro, entonces el dóberman tiene que ser necesariamente otra cosa.”

opnamedatum:2005-02-03

La gran poeta polaca comenta estas cosas al glosar el libro Un siglo junto al perro, de Hans Bauer, y hacerlo con la penetración y soltura que refleja siempre en “Más lecturas no obligatorias” (Alfabia). De perros célebres y de voces de perros en la literatura he hablado aquí hace tiempo: “Cecil” y “Flush entre otros. Pero Szymborska añade reflexiones interesantes: “Sin los perros – dice- nuestras vidas serían más tristes, peores y más mezquinas. No hay respuesta

interiores.-5tte.-perros.-Pieter Christoffel Wonder.-1828

para la pregunta de cómo se las arreglaron los esquimales para trasladarse de un lugar a otro sin la ayuda de perros; de cómo, en épocas anteriores al helicóptero, rescataban a los caminantes atrapados por una avalancha; cuánto más solitaria sería la vida sin perros de las personas que están solas; cuánto más sombría la de personas ciegas… El libro de Bauer habla, sobre todo, de la utilidad material de la

paisajes-vggh-perros-Gerhard Munthe

existencia del perro. De sus ventajas psíquicas habla más bien de pasada. Pero me imagino cómo sería una obra así: doce tomos provistos de prólogos, epílogos y notas a pie de página, y un índice alfabético de perros especialmente beneméritos a la hora de liberar nuestros mejores sentimientos.”

(Imágenes.- 1-foto Kris  van der Veken- pinterest.com/ 2.-Rembrandt- 1640/ 3-Pieter Christoffel Wonder– 1828- pinterest.com/ 4.-Gerhard Munthe.-underpaintings)

LA DAMA DEL PERRITO

“Dmitrii Dimitrich Gurov, residente en Yalta hacía dos semanas y habituado ya a aquella vida, empezaba también a interesarse por las caras nuevas. Desde el Pabellón Verne, en que solía sentarse, veía pasar a una dama joven, de mediana estatura, rubia y tocada con una boina. Tras ella corría un blanco lulú”. Así empieza “La dama del perrito” de Chejov. Gurov y Anna comienzan su romance en Yalta en pleno verano y Chejov y Olga salen a dar paseos por el jardín municipal de Yalta en ese otoño de 1899 donde Gurov y Anna conversan por primera vez en la pastelería Vernet. La vida y la literatura se entrecruzan. En medio va el blanco lulú corriendo de un lado para otro, alocado, juguetón, tanto que se cuela de pronto, muchos años después, en 1948, en el aula de la Universidad de Cornell, en donde está explicando NabokovLa dama del perrito“. Se apoya un momento sobre sus patas traseras y escucha atentamente al escritor y profesor cuando éste dibuja ante sus alumnos cómo Chejov retrata a Anna: con”su talle robusto, sus cejas oscuras y pobladas, y su manera de llamarse “mujer que piensa” notamos sigue diciendo Nabokov en su Curso de Literatura Rusa la magia de las minucias que va recogiendo el autor: cómo la esposa acostumbra a omitir cierta letra muda, y llamar a su marido por la forma más larga y completa de su nombre, dos pinceladas que, unidas a la impresionante dignidad de su cejudo rostro y su porte rígido, componen exactamente la impresión buscada“.

Chejov se fija en los detalles de la vida y Nabokov se fija en los detalles de Chejov. El blanco lulú, mientras tanto, está inquieto, escapa. Aparece de repente años después, en 1987, junto a Marcello Mastroianni asomado a la pantalla de “Ojos negros”, la película de Nikita Mikhalkov basada en varios relatos de Chejov, entre ellos en “La dama del perrito“. Sigue observando siempre Chejov a ese perrito desde su despacho. Se ha rodeado el escritor de sus objetos más queridos: cuadros de escenas rurales rusas pintados por Levitán y lienzos de su hermano Nikolái, un enorme cuenco de madera pintada que ha comprado un verano en Luka, el tintero de estilo egipcio y los candelabros que ha adquirido en Venecia, los elefantes en miniatura tallada que se ha traído desde Ceilán, colocados sobre su mesa de escribir, y muchas fotografías de amigos y contemporáneos: los actores del Teatro de Arte de Moscú, Tolstoi, y también los editores de las revistas y periódicos en los que publica.

Luego pasea por esta habitación orientada al sur, su estudio personal, tan excesivamente luminoso que ha tenido que poner cristales de color rosa en las ventanas, colocar persianas y empapelarla en tonos oscuros con un papel encargado especialmente en Odessa.

Ama Chejov los perros. Sobre todo los perros sin raza que un día instalará en el jardín y que se congregarán a su alrededor cada vez que ponga un pie fuera: el feroz Tuzik de cara arrugada que dormirá en el sótano; Kashtanka, un cachorro de ojos color miel, muy perezoso, que hace su hogar al pie de un olivo. Están también Schnap y Sharik, un animal pequeño de orejas negras y dientes muy blancos que ladra día y noche.

Pero cuando se acerca siempre a la ventana ve allí abajo, atento, mirándole, el blanco y diminuto lulú de “La dama del perrito” sentado sobre el tiempo.

(Imágenes:-1.- Marcello Mastroianni en la película “Ojos negros“/ 2.-Chejov en Melikhovo.-wikipedia/3.-Chejov con sus perros Schnap y Sharik, en 1904)

PERROS

perro-foto-keith-carter-imagery-our-world“He perdido a mi perro que tenía desde hace siete años. Lo busco por todas partes… Lo he perdido hace un mes, cerca de Deauville, y no lo consigo encontrar, lo que supone una tremenda desgracia cuando se ama a los perros..” Así hablaba ante la Televisión francesa la novelista Francoise Sagan en septiembre de 1964 tal como lo recuerda ahora Le Magazine Littéraire en un dossier dedicado a los animales y a la literatura. “Es un animal bastante grande, negro y marrón, con las cuatro patas blancas y una mancha blanca como la de un maitre de Hotel. Le falta uno de los dientes porque se le ha caído…”, describía angustiada la novelista. Cuando uno de los periodistas quiso interrumpirla y decirle: “¡Al menos es curioso! ¿No se encuentra usted algo molesta por tener que convocar a la Televisión para hablarnos de su perro? ella contestó: “Sí, quizá  lo encuentre un poco molesto, pero, por una parte, yo adoro los perros, y en ese caso todos los medios son buenos; y, por otra parte, yo he sido muchas veces perseguida por los periodistas de televisión. Cuando por azar me pueden ser útiles, no tengo ningún escrúpulo en utilizarlos (…) Las historias del respeto humano me sobrepasan ya desde hace tiempo, y yo desearía mucho mejor recuperar mi perro y que se burlen de mí miles de desconocidos que vivir sin mi perro y tener la buena consideración general…”perro-2-velazquezlos-hermanos-de-jose-lyceo-hispanico

  Perros, perros famosos, gente famosa, perros silenciosos que saben cuando el artista ha dejado su quehacer y se yerguen de su sitio, se desperezan, y le acompañan mansamente, yendo y viniendo por la vida, apenas un ladrido,  suele sobrecogerles la tormenta, les distrae una avecilla que pasa, vuelven, vuelven de vez en cuando la cabeza para ver si el amo camina, sí, camina, va detrás Virginia Woolf  pensando en Flush, el perro de la poeta Elizabeth Barret-Browning, va Mujica Láinez con Cecil, que mira cuanto duda y cuanto escribe el argentino. De estos y de otros perros hablé ya en Mi Siglo. Tienen su hora estos perros para husmear el espacio, se apoyan en el quicio de la necesidad y descargan cuanto llevan dentro. Perros, perros célebres inmortalizados por Velázquez, que descansan estirados en Las Meninas, que reposan a los pies de los cazadores, a la sombra de los infantes, perros que cruzan los cuadros. Perros, perros siempre, a los que se les pasa la mano sobre el lomo antes de volver camino de casa y sentarse de nuevo a escribir.

(Imágenes: 1.-foto: Keith Carter.-Imagery our world  /2.-Velázquez: detalle de” Los hermanos de José”.- flikr.-Lyceo Hispánico)