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Posts Tagged ‘periodistas españoles del siglo XX’

 

 

“Una sardina, una sola es todo el mar, a pesar de lo cual yo recomendaré  – comentaba Julio Camba enLa casa de Lúculo o el arte de comer” –  que no se coma nunca menos de una docena; pero vea cómo las come, dónde las come y con quién las come (…) Las mejores sardinas, en opinión de Pepe Roig, el boticario de Villanueva de Arosa, son las del jeito, un arte catalana que se introdujo en Galicia durante el reinado de Carlos lll, y contra la que protestaron todos los mareantes del litoral (…)  Considero inútil advertir que las sardinas asadas no deben comerse nunca con tenedor. El tenedor dislacera de un modo brutal las carnes de la sardina y, aunque sea de plata, altera sus preciosas esencias.  Nada de tenedor, por tanto. Esa invención italiana, especie de mano artificial, sirve para ahorrar la natural cuando se trata de una comida mediocre; pero en las grandes ocasiones no hay que andarse con remilgos. Coja usted la sardina con los dedos, colóquela encima de un cachuelo y siga esta regla de oro: para cada cachuelo una sardina y para cada sardina un vaso de vino.

Y si después de haberse tomado una docena de vasos de vino con una docena de cachuelos y una docena de sardinas no está usted satisfecho, tómese usted una docena más, pero no cometa el error de tomar otra cosa; en primer lugar, porque habrá usted tomado un alimento completo, y, en segundo lugar, porque todo seguirá sabiéndole a usted a sardinas, como todo seguirá sabiéndole a sardinas por la noche y todo seguirá sabiéndole a sardinas al día siguiente. Las sardinas asadas saben muy bien, pero saben demasiado tiempo. Después de comerlas uno tiene la sensación de haberse envilecido para toda la vida. El remordimiento y la vergüenza no nos abandonará ya ni un momento y todos los perfumes  de la Arabia serán insuficientes para purificar nuestras manos”.

 

 

(Imágenes -: sardinas – turismodevigo)

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Sofía Casanova (La Coruña – 1861- Poznam, Polonia, 1958) fue una de las primeras mujeres corresponsales de guerra de España. Pero ¿quién conoce a Sofía Casanova? -se preguntaba Montse Dopico en el periódico El Mundo en 2011. ¿Por qué a esta escritora gallega, que fue una de las primeras mujeres corresponsales de guerra de España, no se le reconoce en la Historia el lugar que le corresponde? Formular posibles respuestas a estas cuestiones fue el objetivo del documental ‘A maleta de Sofía’, realizado por la productora Servicios Audiovisuais Galegos y dirigida por Marcos Gallego.

 

 

Sofía Casanova fue una escritora de novela y poesía, autora de obras de teatro y cartas. Fue también traductora, hablaba cinco idiomas, y publicaría además de en España, en Francia, Polonia y Suecia. Trabajos que compaginó con el periodismo, escribiendo artículos para los periódicos ABC, El Liberal, La Época y El Imparcial entre otros, y fuera de nuestras fronteras en el New York Times o en la Gazeta Polska. Aunque Carmen de Burgos fue pionera, como mujer, en el reporterismo de guerra, al cubrir para el Heraldo de Madrid la guerra de Marruecos en 1909, Casanova lleva a cabo la corresponsalía de la I Guerra Mundial y la revolución rusa de 1917. Realiza una entrevista a Trotski, más propia de una aventurera reportera contemporánea que de una católica conservadora de su época: “Cuando hace cuatro días me decidí en secreto de mi familia a ir al Instituto Smolny, una nevada densa y callada, caía sobre San Petersburgo. Deseaba y temía ir -porqué no confesarlo- al apartado lugar donde funcionan todas las dependencias del Gobierno Popular… Obscuras [sic] las calles resbaladizas como vidrios enjabonados y completamente solitarias a aquella hora –cinco de la tarde- tras muchos tumbos encontramos un iswostchik somnoliento en el pescante del trineo…” Sofía, en compañía de Pepa, la señora que le acompañó desde Galicia en su periplo polaco, logró entrar en el Palacio Smolny sin ningún impedimento, solo el propio rechazo y el miedo que le provocaban los marxistas, entonces llamados maximalistas. Realizó la entrevista a Trotski, ministro de Asuntos Extranjeros, y a quien Sofía consideraba como la persona más interesante de las  que rodeaban a Lenin.

 

 

Fue Sofía Casanova gran viajera, en el sentido más completo y complejo de la palabra. La oportunidad de viajar y aprender idiomas le vino al casarse con el diplomático Wincenty Lutoslawaski. Con él, noble terrateniente polaco, diplomático y filósofo, que había venido a Madrid a estudiar el pesimismo en la literatura española, y recién casada se traslada a Polonia en 1887. Desde entonces, llevará su Galicia natal en el alma, también las tertulias y reuniones literarias, a las que le había dado acceso Ramón de Campoamor, quien además fue el que le presentó a su futuro marido en una de estas reuniones. En estas tertulias, frecuentaba la amistad de Blanca de los Ríos o de Emilia Pardo Bazán. Sin embargo, su vida quedará prendida para siempre y atrapada en un país, Polonia, y, como él, padecerá y quedará presa de los totalitarismos alemán y soviético.
El hecho de vivir en primera persona los grandes conflictos de la Europa del siglo XX, la hizo tomar parte en ellos. Fue esencialmente una defensora a ultranza del nacionalismo polaco, país por el que sintió una gran admiración y devoción. Una Polonia que estaba fragmentada y dividida entre Rusia, Austria y Prusia, y que está de manera continua presente en sus escritos.”

 

 

(Imágenes: -1-Kandinsky/ 2- Lorene Anderson/ 3- Mark Rothko/ 4- Zdzislaw Bekinski)

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“¿Qué objeto tiene la corbata en la indumentaria moderna?

Respuesta .- La corbata tiene por objeto el evitar que la abertura del chaleco resulte demasiado desairada.

Pregunta.- Y ¿qué objeto tiene esa abertura del chaleco?

Respuesta.- Esa abertura del chaleco no tiene más objeto que el de hacerle un sitio a la corbata. Sin ella la corbata carecería totalmente de razón de ser.

Es decir, que el chaleco es cómplice de la corbata mientras la corbata lo es del chaleco, y que nosotros, sin darnos cuenta, favorecemos esa doble complicidad, con evidente perjuicio de nuestros intereses”.

Estas palabras de Julio Camba en su artículo “La corbata” se enlazan con el pequeño debate que a veces se ofrece sobre el futuro de la corbata. ¿Desaparecerá? ¿continuará? “La corbata – añadía Camba – es una creación del siglo XlX que, tanto por su carácter individualista como por su absoluta inutilidad práctica, está llamada a desaparecer prácticamente en el mundo.

 

corbata- bgr- pinterest com

 

(Imágenes- 1- alsalirdelaoficina.com/ 2- pinterest. com)

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Probablemente bastante conocido y consultado por sus volúmenes La novela de un literato en donde repasa vidas y anécdotas de toda una época, Cansinos Assens fue un periodista y escritor muy prolífico que iniciaría sus trabajos en prensa en El Motín, periódico ácrata, para pasar luego a las páginas de El país y seguir luego en La Correspondencia de España, La Tribuna, El Imparcial, El Heraldo y La Libertad, entre otras varias publicaciones. Hay que añadir a ello sus colaboraciones en destacadas revistas, como Grecia, Revista Latina, Renacimiento (1907), Helios (1903) y Prometeo. Mientras Gómez de la Serna ejerce su magisterio en Pombo, Cansinos Assens se refugia en grandes cafés, como El Colonial o El Universal. Cansinos entraba alto, grande e impecable en aquellos cafés arrastrando cierto dandismo y ocupaba un lugar central en el diván. Destacaban sus cabellos rizosos y los ojos tristes bajo unas cejas pobladas. Gómez de la Serna, que no le tenía gran simpatía, le describió con aire de murciélago. A pesar de ello, Ramón constató también que Cansinos “tenía una buena cultura conseguida en un largo silencio de grandullón huérfano, y escribía con una prosa lírica, evocativa y nostálgica”.
Borges escribió de él en repetidas ocasiones. Conocí en Madrid a un hombre –dijo – que sigo considerando quizá menos por su escritura que por el recuerdo de sus diálogos. Conocí a Rafael Cansinos Assens y de algún modo yo soy discípulo de Cansinos, no de las teorías de Cansinos y sí del diálogo de Cansinos, de la sonrisa de Cansinos.

 

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Había aprendido idiomas y tradujo numerosas obras famosas. Como traductor tuvo que trabajar incansablemente y para editar sus libros hubo de pasar verdaderas angustias. Vivía muy modestamente en una casa muy cercana al Viaducto madrileño y era amante de la soledad. Él dejaba correr el rumor de que era sefardí y en su literatura aparecen de vez en cuando estas influencias.
Concebía la crítica como complemento a la creación literaria, y en esa creación resalta su novela El candelabro de los siete brazos (1914) y otras obras varias, como La madona del Carrosel, El divino fracaso, La huelga de los poetas, Las odas triunfales, El madrigal infinito o el movimiento V. P., novela de humor corrosivo en crítica al modernismo. Nace tras ello ese Movimiento V.P. que enseguida lanza un manifiesto: será el de una revista en la que querrán suprimirse las comas, los puntos, las haches y se requerirá como ejecutoria para un verdadero poeta moderno el no haber escrito un soneto jamás. Cansinos afirmaba por entonces: Mi obra es un paisaje vago y tenue… Música y fragancias perdidas y luminarias a lo lejos….

 

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Sus críticas literarias, años después, serían muy valoradas. Largos artículos –de rigor analítico y prosa exuberante- publica en La Libertad, por ejemplo sobre el cante flamenco (él lo titularía La copla andaluza), y reivindica la otra Andalucía para decir: el hombre bueno de Andalucía ha puesto su bomba a la puerta del teatro de los Quintero, echando por tierra sus muñecos. Su prolífica labor periodística, casi diaria, llegaría más a los iniciados que al gran público. Era en los cenáculos literarios donde más se le conocía. Fue siempre más literario que periodístico. Escribiría en La Esfera y Nuevo Mundo e igualmente publicó en La novela corta y en La Novela Semanal. Pero sobre todo quedará en la memoria y en los vivos archivos documentales por su obra La novela de un literato, visión singular – a veces discutible – de toda una época creadora de España.
Con su sombrero blando y aplastado, de alas generosas, con su abrigo amplio y nada nuevo que solía flotar al ritmo de sus parsimoniosos y desgarbados andares, con su aire ausente de la vida, recorriendo madrileños caminos nocturnos – desde la Puerta del Sol hasta el Viaducto y desde el Viaducto a la Puerta del Sol -, Cansinos Assens fue desapareciendo poco a poco tras las tensiones de la guerra civil en el ocaso de una soledad voluntaria, sólo con ánimo de reavivar un día sus recuerdos, cosa que hizo de manera brillante.

 

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(Imágenes.- 1-Cansinos Assens- ABC es/ 2.-Borges- Borges todo el año/ 3.-Cansinos Assens en la Cuesta de Moyano- el cultural/ 4.-Cansinos Assens- ABC es)

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periódicos-tgbb.-Adolfo Kaminsky.-le journal de la photographie

 

“Yo recojo una idea del aire, de una cena… – confesaba Umbral en 1990 – , de una conversación, de la radio, quizás de un periódico… Con esa idea, con esa imagen, pienso unos minutos, pero no sentándome a pensar, sino deambulando por la casa, entrando en la cocina a ver qué robo y qué como…, o sirviéndome una copa… Luego me siento a la máquina, esa “Olivetti” que está ahí, viejísima, y tecleo el texto en quince o vente minutos… Si no he cogido la idea en el aire, en una cena, en un sitio…, la tomo de los periódicos, leo la prensa muy despacio. Y arranco de los periódicos todo aquello que pueda valerme para una columna y que nunca son los grandes titulares. Siempre son pequeños detalles, como las acacias o la foto de una chica… Y eso lo escribo, lo desarrollo a partir de ese punto mínimo.

 

periódicos-vfe-cine- Peter Sellers- Bill Brandt

 

(…) Lo que yo no hago es plantearme frontalmente los grandes temas, es decir, los Presupuestos generales del Estado, por ejemplo, y hacer un análisis de los Presupuestos. Eso creo que es labor del editorialista. Yo busco el detalle pequeño (…) Y escribir  con belleza lo intento. Es que la belleza, creo, le llega mucho al lector. La forma no es un adorno, es la manera de decir las cosas mejor, así le llegan más a fondo al lector”.

Esto que hace Umbral en el siglo XX – buscar un tema para su artículo – lo hace Larra a su modo en el siglo XlX.  Montado a caballo desde la puerta de Atocha a la de Recoletos y andando y desandando otras veces a pie ese mismo camino indaga sobre qué puede escribir mañana en el periódico, va persiguiendo la idea, el motivo, aquello que será su tributo puntual para seguir “atado a la columna”, ese texto que esperan ávidamente los lectores.  La columna ata al periodista, lo imanta, lo retiene en su fidelidad diaria o semanal, más difícil aún si es diaria, pues en los treinta días del mes siempre hay que imaginar, convencer y atraer con temas muy diversos al público, que ya no es el público en general,  sino que poco a poco -por el virtuosismo y el talento del columnista – se ha convertido en “su” público.

 

periódicos-ybbn-William Merrit Chase- mil ochocientos ochenta y seis

 

“El columnista no es un predicador que da doctrina“, decía hace unos días Raúl del Pozo al recibir el Premio Manuel Alcántara, ese premio que lleva el nombre de un gran columnista.

Pero la idea es lo esencial, lo más difícil de conseguir. Encontrar la pequeña aguja del comentario en el inmenso pajar de la actualidad y luego, con esa idea en la mano, ponerse a escribir.

 

figuras-nnbbg- periódicos- Kitasono Katue- mil novecientos veinticuatro

 

(Imágenes.-1.-Adolfo Kaminsky- lejournaldelaphotographie/ 2.-Bill Brandt- Peter Sellers/ 3.-William Merrit Chase -1886/ 4.- Kitasonovo Katue– 1924)

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