SOBRE LOS GIGANTES

“Sobre la línea del horizonte en estas puestas de sol inyectadas de sangre—- como si una vena del firmamento hubiera sido punzada, escribe Ortega en sus ”Meditaciones del Quijote” —-: se levantan los molinos harineros de Criptana y hacen al ocaso sus aspavientos. Estos molinos tienen un sentido: como “sentido“, estos molinos son gigantes. Verdad es que Don Quijote no anda en su juicio. Pero el problema no queda resuelto porque Don Quijote sea declarado demente. Lo que en él es anormal ha sido y seguirá siendo normal en la humanidad. Bien que estos gigantes no lo sean, pero…., ¿y los otros?, quiero decir: ¿y los gigantes en general.?¿De dónde ha sacado el hombre los gigantes ? Porque ni los hubo ni los hay, ” en realidad”. Fuere como fuere, la ocasión en que el hombre pensó por vez primera los gigantes no se diferencia en nada esencial de esta escena cervantina. Siempre se trataría de una cosa que no era gigante, pero que, mirada desde su vertiente ideal, tendía a hacerse gigante. En las aspas giratorias de estos molinos hay una alusión hacia unos brazos briáreos. Si obedecemos al impulso de esta alusión y nos dejamos ir hacia la curva allí anunciada, llegaremos al gigante.

(Imagen—Stuart park)

VIAJES POR ESPAÑA (25) : SANTILLANA DEL MAR

“Abre el guía una verja que defiende el ojo negro de la caverna por donde hemos de ingresar — va narrando Ortega—. Avanzabamos el pie sobre un terreno húmedo, resbaladizo, pedregoso. Pronto sentimos que la tiniebla nos ha devorado y nos mastica con sus mandíbulas impalpables. Una entrada pareja debía tener aquel lugar de la leyenda céltica que llamaban el Purgatorio de San Patricio. Los que tornaban de él no volvían a reír nunca.¡ Y pensar que esto es un museo! Nuestra escasa simpatía por los museos de arte se suaviza un poco. ¡Excelente, un museo a oscuras! Las manos trabajan la tiniebla, abriendo en ella rutas posibles, y el pie tropieza, se escurre peligrosamente en un rápido deslizamiento hacia el centro de la Tierra.

Entretanto, el guía enciende una lámpara de acetileno. Nuestro afán de ver los bisontes ilustres no admite espera.¡ Helos aquí! ¡Fantásticos, monstruosos! Se mueven sobre el haz de la piedra. Pero no; ha sido un error. Lo que hemos visto era nuestras propias sombras, temblorosas, proyectadas sobre la techumbre por la lámpara que yace en el suelo. ¿Y los bisontes? Hay un recato irónico en estas figuras primigenias que rehusan entregarse sin más ni más a la retina profana. Evidentemente, el suelo de la caverna está hoy más alto que en otro tiempo, y no queda distancia suficiente para que el dibujo entero, casi siempre de amplias dimensiones, se componga en la visión. Hace falta que el guía conduzca nuestra mirada señalando a lo largo el perfil de cada bestia con un puntero. (…) La lámpara superpone a la decoración altamirana las sombras de los turistas, extravagantemente desmesuradas. De suerte que éstas lo primero que hallan allí es su propia y vulgar silueta.”

(imagen – Odilón Redon – 1903)