VERANO 2014 (2) : PAUL AUSTER

animales.-kk55.-gallina.-pollos.- Edgar Hunt.-1907

“Una mañana temprano de domingo iba bajando por la calle Stanton cuando vi, a pocos metros delante de mí, una gallina.Yo caminaba más deprisa, así que pronto le di alcance. A la altura de la Avenida Dieciocho, estaba casi encima de ella. En la Dieciocho, la gallina giró en dirección sur. Al llegar a la cuarta casa se metió por el camino de entrada, subió los escalones del porche dando saltitos y picoteó con decisión sobre la puerta metálica. Momentos después, la puerta se abrió y la gallina entró.”

Linda Elegant.(Portland, Oregon)

gallina-ediig-Edgar Hunt

(Mi Siglo  lleva como subtítulo “la invención de la realidad” y este verídico relato de la vida americana lo envió la autora al novelista Paul Auster para su “Proyecto Nacional de Relatos y el escritor norteamericano quiso incluirlo en el volumen “Creía que mi  padre era Dios).  Auster pedía solamente a quienes le escribían que le mandaran “historias reales que bien pudieran ser una ficción” y así lo transcribió)

(Imágenes.-1 y 2–Edgar Hunt- 1907)

FITZGERALD Y “EL GRAN GATSBY”

escritores.- asd.- Scott y Zelda Fitgerald

“Las incertidumbres de 1919 habían terminado – escribió Scott Fitzgerald en “Éxito temprano” (1937) – y parecía haber pocas dudas sobre lo que iba a suceder: los Estados Unidos estaban por iniciar la más grande y llamativa de las parrandas de toda la historia e iba a haber mucho que contar en ella. Todo este boom dorado flotaba en el aire, con sus enormes generosidades, sus escandalizantes corrupciones y su tortuosa batalla a muerte, la que tendría que librar el país durante la Prohibición. Todos los relatos que venían a mi mente tenían un elemento de desastre en ellos…”

lectura.-8hjhh.-Scott Fitgerald leyendo

Escribía esto diecisiete años después de la publicación de “El gran Gatsby”, una novela calificada por muchos críticos como quizá su libro más acabado, un signo – decía Malcolm Bradbury – de su capacidad para penetrar un mundo fulgurante y destructivo, un romance de amor y dinero -añadía Harold Bloom – como el antirromance de una trágica caída, si “tragedia” no es un término demasiado exaltado para Jay Gatsby“.

Uno de los críticos más penetrantes al analizar la novela americana, como fue Claude- Edmond Magny (“L `Age du roman américain” Seuil) se preguntaba por qué algunos de los novelistas de Estados Unidos morían jóvenes y recordaba a Scottt Fitzgerald, muerto a los 45 años de edad por agotamiento nervioso, o quizá – agregaba ella – de desesperación tras haber escrito “El gran Gatsby”, novela de potencia magnética y magnífica. Ello podría completarse con las palabras de Michel Mok cuando fue a entrevistar a Scott Fitzgerald en septiembre de 1936 – el día de su cuarenta cumpleaños – para el “New York Post“, y el novelista,“ebrio por su repentino éxito, le dijo a un periodista que nadie debería vivir más allá de los treinta“. Fue en esta importante y estremecedora entrevista, acompañado de una enfermera y con sus sempiternas tentaciones de alcohol – y en la que el escritor presume de acertar siempre con sus títulos (“A este lado del paraíso”, “Hermosos y condenados”, “Suave es la la noche”) – , cuando se contempla a un Scott Fitzgerald que se describía a sí mismo como un “plato rajado”.

escritores.-uniih.-Scott Fitzegarld.-manuscrito de un poema

Pero quizá los párrafos mejores sobre el autor de “El Gran Gatsby” pertenezcan a Hemingway en el amplio capítulo que le dedica en “París era una fiesta”. “Su talento – escribe Hemingway – era tan natural como el dibujo que forma el polvillo en un ala de mariposa. Hubo un tiempo en que él no se entendía a sí mismo como no se entiende la mariposa, y no se daba cuenta cuando su talento estaba magullado o estropeado. Más tarde tomó conciencia de sus vulneradas alas y de cómo estaban hechas, y aprendió a pensar pero no supo ya volar, porque había perdido el amor al vuelo y no sabía hacer más que recordar los tiempos en que volaba sin esfuerzo.

TELEVISION PROGRAMME.....OMNIBUS....F SCOTT FITZGERALD...Pictur

Uno de esos días en París, Scott Fitzgerald entregó “El gran Gatsby” a Hemingway y a éste le avergonzaron la sobrecubierta chillona y el mal gusto de su presentación. Retiró la sobrecubierta para leer el libro y tiempo después Hemingway confesó: ” Si era capaz de escribir un libro tan bueno con “El gran Gatsby, no cabía duda de que sería capaz de escribir otro todavía mejor. Entonces yo no conocía todavía a Zelda, y por consiguiente no tenía idea de las terribles desventajas con que luchaba Scott”.

(Imágenes:- 1.-Scott Fitzgerald y Zelda/ 2.-Scott Fitzgerald.-answers.com/ 3.-manuscrito de un poema de Fitzgerald fechado en 1937/ 4.-Scott Fitzgerald y Hemingway.-dailymail. co. ok)

EL ASESINATO DE CÉSAR

“Cuando César se sentó, los conspiradores se apretujaron en torno de él, y Tulio Cimber, que se había puesto a la cabeza de ellos, se acercó como para hacerle una pregunta. Como César, con un ademán, tratáse de mantenerlo a distancia, Cimber lo asió de la toga por ambos hombros, y al exclamar aquél: “¡Pero esto es violencia!“, uno de los Casca, que estaba de pie a su lado, le hundió la daga por debajo de la garganta. Cesar cogió el brazo de Casca y le clavó su cálamo, pero cuando trató de incorporarse fue detenido por otra puñalada. Al verse rodeado por todas partes se envolvió la cabeza en la túnica, recogiendo al mismo tiempo los pliegues con la mano izquierda alrededor de sus pies para que la parte inferior de su cuerpo quedase decorosamente cubierta en su caída”.

Así lo toma, de un extracto de las “Vidas de los Césaresde Suetonio, el novelista norteamericano Thornton Wilder para incluirlo como final de su gran novela epistolar “Los idus de marzo“.

Parece que ahora se descubre el lugar exacto del asesinato de César sobre el que tanto se ha escrito y parece también que oyéramos otra vez las palabras de Suetonio narrando aquel momento: “Así apuñalaron a César veintitrés veces. Él no pronunció palabra, y sólo se le oyó murmurar ante el primer golpe, aunque ciertos autores han sostenido que, cuando Marco Bruto, se le arrojó encima, exclamó en griego: “¡Tú también, hijo mío!

Todos los conspiradores se retiraron dejándolo tendido en el suelo, muerto.

Por último, tres esclavos comunes lo metieron en una litera y lo transportaron a su casa, con un brazo pendiente a uno de los lados.

Antítenes, el médico, declaró que de todas las heridas solamente la segunda, en el pecho, habría resultado mortal”.

Es la página final de “Los idus de marzo” de Wilder, la carta última de las muchas que se entrecruzan planeando la suprema conspiración. Shakespeare en su “Julio César había hecho decir a Antonio: “¡Todos conocéis ese manto! Recuerdo cuando César lo estrenó. Era una tarde de estío, en su tienda, el día que venció a los nervios. ¡Mirad; por aquí penetró el puñal de Casio! ¡Ved qué brecha abrió el envidioso Casca! ¡Por esta otra le hirió su muy amado Bruto! ¡Y al retirar su maldecido acero, observad cómo la sangre de César parece haberse lanzado en pos de él, como para asegurarse de si era o no Bruto el que tan inhumanamente abría la puerta! ¡Porque Bruto, como sabéis, era el ángel de César! ¡Juzgad, oh dioses, con qué ternura le amaba César! ¡Ese fue el golpe más cruel de todos, pues cuando el noble César vio que que él también le hería, la ingratitud, más potente que los brazos de los traidores, le anonadó completamente! ¡Entonces estalló su poderoso corazón, y, cubriéndose el rostro con el manto, el gran César cayó a los pies de la estatua de Pompeyo que se inundó chorreando sangre!…”.

Jacques Chabannes, que ha estudiado “Los grandes asesinatos de la Historia(Martínez Roca), recuerda que Bruto era un ser soñador y melancólico, que vive fuera de la realidad y que encarna perfectamente al magnicida místico; Plutarco relata que tuvo “visiones proféticas” y Casio no necesita esforzarse mucho para persuadirle de las bellezas de la república patricia, de los peligros con que la amenaza César que acaba de proclamarse imperator. El visionario Bruto, por tanto – concluye Chabannes – puede creerse el instrumento designado.

(Imágenes:- 1.-Marlon Brando en “Julio César” canaltc.com/ 2.-la curia de Pompeyo, lugar donde fue asesinado Julio César en el año 44 a. de C.-CSIC.- abc.es/ 3 y 4 imágenes de la película “Julio César” de Mankiewicz.- merdy.com)

 

LA VIDA ANTE UNA PISCINA

“Había nadado demasiado, había pasado demasiado tiempo bajo el agua, y tenía irritadas la nariz y la garganta – leemos enEl nadadorde John Cheever , del que ya hablé en Mi Siglo -. Necesitaba una copa, necesitaba compañía y ponerse ropa limpia y seca, y aunque podía haberse encaminado directamente hacia su casa por la carretera, se fue a la piscina de los Gilmartin. Allí, por primera vez en su vida, no se tiró, sino que descendió los escalones hasta el agua helada y nadó dando unas renqueantes brazadas de costado que quizá había aprendido en su adolescencia. Camino de casa de los Clyde se tambaleó a causa del cansancio y, una vez en la piscina, tuvo que detenerse una y otra vez mientras nadaba para sujetarse con la mano en el borde y descansar. Trepó por la escalerilla y se preguntó si le quedaban fuerzas para llegar a casa. Había cumplido su deseo, había nadado a través del condado, pero estaba tan embotado por la fatiga que su triunfo carecía de sentido”.

Son las edades del hombre a lo largo de las aguas de una piscina, los cansancios de tales edades, las arrugas en las manos que nadan, el picor en los ojos de tantos insomnios, de tantas preocupaciones. Al final del recorrido llega hasta la escalerilla todo el peso de las noches en vela con sus disgustos, fatigas y experiencias. Pero cuando la edad primera se asoma al trampolín de la existencia y la ilusión levanta la punta de sus pies para lanzarse al agua de la vida, todo se espera y todo se inaugura. “Te sacudes de encima la limpieza azul. – escribe David Foster Wallace en su relato “En lo alto para siempre” – Estás lleno de cloro, suave y resbaladizo, reblandecido, con las yemas de los dedos arrugadas. La niebla de olor demasiado limpio de la piscina se te ha metido en los ojos; descompone la luz en colores suaves. (…) Fuera de ti el tiempo no transcurre en absoluto. Es asombroso. El ballet vespertino que tiene lugar allí abajo se mueve a cámara

 lenta, con los movimientos pesados de mimos sumergidos en jalea azul. Si quisieras podrías quedarte aquí encima para siempre, vibrando tan deprisa por dentro que flotarías inmóvil en el tiempo, como una abeja flotando sobre alguna sustancia dulce. (…) Míralo. Puedes verlo todo en toda su complejidad, azul y blanco, marrón y blanco, bañado en un destello acuoso de color rojo cada vez más intenso. Todo el mundo. Esto es lo que la gente llama una vista. Y sabías que desde abajo no te podía parecer que estuvieras tan alto aquí arriba. Ahora ves qué alto te encuentras. Sabías que desde abajo no se puede saber”.

Dos escritores.

Uno relata el final de las fatigas, la natación última de la edad. Otro, el principio de las promesas, el salto vibrante de la ilusión.

En medio, la vida azul. 

(Imágenes:- 1.-David Hockney.-A Bigger Splash.-1967.- Collection Tate Gallery/ 2.-Lewis Noble.-lluvia de verano)

FAULKNER

“99 % de talento… 99 % de discipilina… 99% de trabajo – repetía Faulkner dando su fórmula para ser un buen novelista en la entrevista que mantuvo en 1956 con Jean Stein– . El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno sabe que puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo. (…) El único ambiente que el artista necesita es toda la paz, toda la soledad y todo el placer que pueda obtener a un precio que no sea demasiado elevado. Un mal ambiente sólo le hará subir la presión sanguínea, al hacerle pasar más tiempo sintiéndose frustrado o indignado”.

(….) El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa, nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una Fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. (…) Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte”.

Más de una vez me he referido a Faulkner en Mi Siglo. Repaso de nuevo el análisis que sobre “El ruido y la furia” publicó una autoridad  sobre el novelista norteamericano como fue Carvel Collins en “Naturalismo y tragedia” y el ensayo de Salvatore Quasimodo, “La guerra y lo cotidiano“, sobre “La paga de los soldados“. Pero sobre todo escucho siempre la voz de quien fue mi maestro en la literatura y en las lecturas, don Francisco Ynduráin Hernández  – al que también evoqué aquí con emoción y agradecimiento – adentrándose y explicándome hace años la gran novela “Luz de agosto”.

(pequeño recuerdo de William Faulkner cuando esta semana se han cumplido los cincuenta años de su muerte)

(Imágenes:- 1.-William Faulkner/ 2.- despacho de Faulkner -Oxford- Misisípi)

MANHATTAN

“El cine nos divide la vida en secuencias y la inteligencia del espectador acostumbra a su pupila a desplazarse de una a otra escena, de una existencia a una ciudad, de una capital a una aventura, de un espacio a un tiempo. El cristal de la pupila del ojo del cine es un proyector literario en John Dos Passos que se mueve por el mosaico del Nueva York de los años veinte, distinto al Nueva York de los puntos de vista de Henry James, al viejo Nueva York que surge de Edith Wharton y a la modernísima hoguera de las vanidades que es el Nueva York de Tom Wolfe. El cristal nevado de la ciudad, los cubos de cristal iluminados en rascacielos fantasmas, los cristales en caleidoscopio de las vidas giran en torno a nuestro ojo devorador, el Ojo de la Cámara asomado al Noticiario múltiple que intenta entregarnos la selección de la esencia del siglo americano, la simultaneidad de las existencias cruzando las calles, el zumbido de la colmena neoyorquina.

Dos Passos, el escritor norteamericano nacido en Chicago en 1896 y muerto en 1970, nos presenta unas novelas simultaneistas o unanimistas –Manhattan Transfer y su trilogía USA: Paralelo 42, 1919 y El gran dinero– en donde el héroe es la muchedumbre y las mil cabezas de un personaje inexistente se llaman multitud. Esa multitud y esa muchedumbre están vistas desde la superficie, sin penetrar en psicologías, andando por avenidas de epidermis y mostrando de estas urbes gigantescas únicamente las cortezas. Pero entre cortezas, epidermis y superficies he aquí que John Dos Passos nos quiere dar unas instantáneas que perduren, un flash de Nueva York en un tiempo determinado, una singular fotografía americana en la época de la Gran Depresión.

“Toda la noche los grandes edificios permanecen callados y vacíos, sus millones de ventanas apagadas – se lee en “Manhattan Transfer” -. Babeando luz, los ferries devoran su camino en el puerto de laca. A medianoche los transatlánticos expresos de cuatro chimeneas zarpan de sus muelles luminosos para hundirse en la oscuridad. Los banqueros, con los ojos legañosos, oyen, terminadas sus conferencias secretas, los aullidos de los remolcadores cuando los vigilantes, gusanos de luz, abren las puertas laterales. Se instalan refunfuñando en el fondo de limousines y se dejan llevar rápidamente hacia la calle cuarenta y tantos, calles sonoras, inundadas de luces blancas como gin, amarillas como whisky, efervescentes como sidra.

Intenta ser un poema fotográfico sobre el corazón de la urbe, la toma del pulso a la gran ciudad cuya imagen hemos visto ya en tantas películas que nuestros ojos no parpadean en la costumbre. Pero un escritor, aunque use técnicas cinematográficas en sus habilidades y en sus talleres literarios, trabaja con la herramienta de la palabra, y Dos Passos hace todo un esfuerzo por captar momentos simbólicos, encuadres personales.” El joven sin piernas se ha parado en medio de la acera sur de la calle 14. Lleva un jersey azul y una gorra azul de punto de media. Sus ojos levantados se agrandan hasta llenar la cara blanca como el papel. Pasa un dirigible. Brillante cigarro de estaño, esfumado en la altura, perfora suavemente el cielo lavado y las blandas nubes. El joven sin piernas se queda inmóvil, apoyado en sus brazos, en medio de la acera sur de la calle 14. Entre piernas que andan a zancadas, piernas delgadas, piernas anadeantes, piernas con pantalones, con bombachos, con faldas, él sigue allí, perfectamente inmóvil, apoyado en sus brazos, mirando al dirigible·.

Nueva York aparece en su indumentaria de época, vestida con su moda costumbrista, y el dirigible pasa como están pasando por el cielo de la historia de esa ciudad unos años difíciles, años eminentemente sociales, meses de paro y de búsqueda, semanas largas de insatisfacción laboral. Ese Nueva York que será años después el del krack financiero en el que ciertas vidas desgraciadas abrirán sus ventanas y se arrojarán al vacío del desamparo, al espacio de una intemperie sin soluciones, es ya el Nueva York latente bajo los ruidos y las músicas que Dos Passos narra al contar el hormigueo de las aceras.

Manhattan Transfer es la novela de la gran ciudad americana, esa ciudad es el gran personaje y sobre sus calles caminan constantemente, en deambular incansable, sus numerosas figuras. Manhattan es el decorado y es el paisaje. Las tres partes del libro se subdividen en capítulos y como islas sobre las páginas permanecen los títulos de Embarcadero, Metrópoli, La ciudad alegre y confiada, Puertas giratorias o Rascacielos. El resto de los títulos complementan la visión de América: Dólares, Carriles, Apisonadora. Nos encontramos, pues, entre el ruido y el olor de esa modernidad en donde uno de los personajes, Jimmy Herf, será aquel a quien seguiremos desde la infancia hasta su enigmática partida. Pero serán las Calles –Cuarta, Sexta Avenida, Quinta Avenida, Novena, Tercera– quienes se hagan vida y muestren sus caminos de asfalto para el andar incansable de los hombres.

Dos Passos, que en sus inicios estuvo muy influido por las ideas socialistas y que al final se inclinaría hacia la derecha, tendió su mirada de escritor hacia la sociedad sin olvidar al individuo y quiso abarcar una ciudad inolvidable en unos años inolvidables. Su empeño fue aprehender la esencia de una moderna urbe.” Babilonia y Nínive eran de ladrillo –escribió–. Toda Atenas era doradas columnas de mármol. Roma reposaba en anchos arcos de mampostería. En Constantinopla los minaretes llamean como enormes cirios en torno del Cuerno De Oro…Acero, vidrio, baldosas, hormigón, serán los materiales de los rascacielos. Apilados en la estrecha isla, edificios de mil ventanas surgirán resplandecientes, pirámide sobre pirámide, blancas nubes encima de la tormenta”.

¿Y el alma de Nueva York? ¿Y las almas que en Nueva York viven?. Los edificios se encumbran en verticalidad ascendente, pero en Dos Passos los hombres se presentan horizontales, sin un aliento aspirado, sin una profundidad, sin una accesis”.

(J.J. Perlado: “El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes”, págs 284-286)

(Imágenes: 1.-Manhattan.- Cristopher Rini/2.- Manhattan 1967.- Andy Blair/3.- Times Square.- wikipedia/ 4-. Manhattan 2009.- Joe  Wigfall/