EL PAÍS DONDE NADIE HABLA

 

 

‘Como describe el francés Jean-Marie Le Clézio en una de sus novelas fantásticas, “existe un país  situado dentro del sonido de nuestra voz  que está justo al lado del país  Donde- todos- hablan. Las calles y las aceras, los aleros y los parabrisas de los automóviles están cubiertos por una gruesa capa de nieve invisible que sofoca todo sonido — como así lo recuerda Alberto Manguel.

Los habitantes son mudos, lo cual no significa que no comprendan las palabras; al contrario, se comunican mejor entre ellos que si emplearan palabras y oraciones.  Son como las hormigas andando por los sarmientos — sigue diciendo Manguel — Se ven a cada momento para contarse cosas sin que nadie los oiga.

Nunca hace frío  en Donde-nadie -habla y en esa tierra todo es suave y apacible. Para llegar a ella, el viajero debe atravesar el vecino país Donde-todos-hablan. El viajero se encontrará allí rodeado de una reverberación de sonidos que le producirán dolor de oídos: autos, radios, fábricas de palabras. Pero, gradualmente, los sonidos empezarán a pelearse y terminarán anulándose unos a otros.”

(Imagen — René Magritte)

ESCRIBIR Y PUBLICAR

 

 

“Quizá más que en otro gremio de las artes puede que sea porque gran parte de nuestro trabajo se lleva a cabo en soledad —dice Úrsula K. Le Guin en sus “Conversaciones sobre la escritura”—: por eso tendemos a dudar de lo que hacemos. Que te publiquen un libro es una barrera que parece infranqueable. En mis inicios, coloqué  algún que otro poema de vez en cuando — en modestísimas revistillas de poesía —: con ocho o nueve lectores, pero al menos veía mi obra en papel.  Sin embargo,  era incapaz de colocar nada de narrativa. Durante seis o siete años estuve escribiendo relatos y novelas de manera metódica, intentaba vender los manuscritos y no iba a ninguna parte. Recibí muchísimas amables cartas de de rechazo.

Pero lo cierto es que estaba comprometida con ser escritora, con mi escritura, creo que fue la confianza en mí misma o mi arrogancia lo que hicieron que saliese  adelante. “ Lo voy a conseguir y lo voy a conseguir  a mi manera”. Me atenía a eso. Y pum, de repente lo conseguí. Vendí dos relatos en una semana; uno, a una revista comercial y otro a una pequeña revista literaria. Cuando la puerta se abre, parece que no se cierra; entonces es más fácil saber dónde mandar tu obra. A veces mis relatos no eran de un realismo convencional, sino que tenían un giro no realista, y me di cuenta de que las revistas de fantasía y de ciencia ficción  eran las que se los leían y no enarcaban las cejas diciendo “ ¿Y “esto” qué es?”.  Me encontré  que ahí tenían la mente más abierta que en los mercados convencionales. Después de esa primera incursión, sin prisa pero sin pausa, empezaron a llegarme más oportunidades.

 

 

Eso sí, hasta que firmé con una agencia, me tocaba a mí presentar mis manuscritos con mucha fe.

Y en este campo no sé muy bien qué recomendar, ahora es todo tan diferente con internet, la edición digital, la autopublicación… Por ejemplo, todo esto de autopublicarse la verdad es que no lo tengo muy claro. Intento entender lo que implica y adónde te lleva como escritora. Si te auto publicas sin ninguna red de promoción, sin manera de dar a conocer tu obra….¿Y si no te vendes a los del marketing? No lo sé, la verdad. No lo sé. Es maravilloso ver tus libros en papel, anda que sí, pero ¿ es realmente bonito si solo te leen tus familiares y tu círculo más cercano? No lo sé. En este momento, creo que nadie tiene el consejo ideal. Estamos viviendo una revolución. Solo nos queda imaginarnos dónde aterrizará el mundo editorial después de la revolución. Porque aterrizar, aterrizará.

 

 

(Imágenes—1-Karl Gestner/ 2-Brice Marden -2002/ 3- Vassili Kandinsky)