PALABRAS DE PATRICIA HIGHSMITH

 

 

 

Los especialistas como Boileau – Narcejac han dicho de ella que “ es el autor más completo, el que ha conseguido realizar la síntesis entre la novela y la  historia policiaca”. Hoveyda, en su “Historia de la novela policiaca”, anota que Highsmith se interesa ante todo por el comportamiento del criminal, sin descuidar por eso las necesidades externas del relato policiaco. Sus personajes son inadaptados. El tema de la usurpación o del intercambio de identidad constituye la base de su obra. Se sale casi por completo de la novela policiaca  y, aunque sus libros  tengan algún nexo de unión con este género, hay que reconocer que prefiere moverse cerca de las fronteras”.

 

 

Cuando se cumplen cien años de su nacimiento y se relee  su libro “Suspense. Cómo se escribe una novela de intriga” , las reflexiones y consejos de Patricia  Highsmith siempre son  prácticos y aleccionadores. “ No hay que ser un monstruo —dice—, o tener la impresión de serlo,  para exigir dos o tres horas de intimidad absoluta para un escritor. Este programa debe convertirse en un hábito, y el hábito, como el escribir mismo, es una forma de vida.  Debe convertirse en una necesidad: entonces uno puede trabajar y trabajará siempre. Escribir es un oficio y necesita una práctica constante. “ Pintar no consiste en soñar o en estar inspirado. Es un oficio manual y se necesita un buen artesano para hacerlo bien”, dijo Pierre Auguste Renoir. Y Marta Graham dijo lo siguiente sobre el arte de la danza: “Es una curiosa combinación de habilidad, intuición y, debo decirlo, crueldad…, y de un hermoso elemento tangible llamado “fe”.  Si no tenéis esta magia, podéis hacer una cosa hermosa, podéis hacer treinta y dos pasos,  y no pasa nada.  Creo que esta cosa es algo innato. Es algo que puedes sacar de la gente pero no infundírselo, no se puede enseñar”. Renoir habla del oficio, Marta Graham del talento, la gracia, el genio. Las dos cosas deben ir juntas. El oficio sin talento no tiene encanto ni sorpresas, nada original. El talento sin oficio…,, bueno, ¿cómo puede el mundo verlo en alguna parte?”


(Imágenes— : 1- Dan Adkins/ 2- Roy Lichtenstein— 1963/  3- Patricia Highsmith)

CHANDLER Y HAMMETT

 

 

“Hammett tenía estilo, pero sus lectores no lo sabían, porque escribía en una lengua que no se suponía fuera capaz de tales refinamientos — decía Raymond Chandler en “El simple acto de matar”—. Pensaban que se habían metido de lleno en un buen melodrama sustancioso, escrito en una especie de jerigonza que imaginaban que ellos mismos hablaban. En cierto modo era eso, pero era mucho más. Toda lengua empieza con la palabra, y además con la palabra de la gente corriente, pero cuando se desarrolla hasta llegar a ser un; medio literario, sólo le queda un parecido lejano con la palabra. Creo que este estilo, que no pertenece ni a Hammett ni a nadie, salvo al idioma norteamericano ( y ni  siquiera exclusivamente a éste): puede expresar cosas que él mismo  no sabía cómo expresar, ni siquiera  sabía que sentía necesidad de expresar. En sus manos no desembocaba en dobles sentidos, no dejaba eco, no evocaba  sombras detrás de la pantalla.

Se dice de Hammett que carecía de corazón, y sin embargo la historia que estimaba más suya cuenta la dedicación de un hombre a su amigo. Era ahorrador, frugal, duro, pero hizo una y otra vez, lo que sólo los mejores escritores pueden hacer. Escribir escenas que parecen no haberse escrito nunca antes.

Asi y todo, no echó por tierra la novela policiaca formal. Y él demostró que la novela policiaca  podía ser una obra importante. “El halcón maltés”  puede ser, o no, una obra genial, pero un género capaz de esto no es’ por hipótesis’ incapaz de cualquier cosa. Cuando una novela policiaca es tan buena como ésta, sólo un pedante negaría  que “podría’ ser aún mejor.’

 

 

(Imágenes — 1- Hammett/ 2- Raymond Chandler)

SCIASCIA, CALVINO , SICILIA

 


“He leído tu novela policiaca — “A cada cual lo suyo” — que no lo es — le dice Ítalo Calvino a Sciascia en 1965 — con la pasión con que se leen las novelas policiacas, y además divirtiéndome al ver cómo se desarrolla e incluso cómo queda demostrada la imposibilidad de la novela  policiaca en el ambiente siciliano. Es, en resumen, un magnífico Sciascia, que se ubica junto  a “El día de la lechuza” y lo supera porque hay más ironía. Viéndote tan hábil y sólido he decidido, para adecuarme a los  tiempos de lobos en que vivimos, verterte algún trago amargo en cada carta. Si no, ¿qué gracia tiene? Y esta vez te digo esto: desde hace un tiempo compruebo que cada  cosa que leo sobre Sicilia es una divertida variación en torno a un tema acerca del cual me parece que ya lo sé  todo, absolutamente todo. Esa Sicilia es la sociedad menos misteriosa del mundo; ahora en Sicilia todo es límpido, cristalino; las pasiones más tormentosas, los intereses más oscuros, psicología, habladurías, delitos, lucidez, resignación, ya no tienen secretos, todo está clasificado y catalogado. La satisfacción que dan las historias sicilianas  es como la de una bella partida de ajedrez, el placer de las infinitas combinaciones  de un número finito de piezas, cada una de las cuales tiene por delante un número finito de posibilidades. Mientras que para todos  los otros capítulos del saber humano, para todas las otras voces de la enciclopedia, sabemos que jamás conseguiremos tocar fondo, que cuanto más aprendamos más se nos escapa algo, la voz “Sicilia” nos da el placer más único que raro de confirmar a cada  nueva lectura que nuestro bagaje de informaciones  era adecuadamente rico y actualizado. Hasta tal punto que esperamos ardientemente que nada cambie, que Sicilia permanezca perfectamente igual a sí misma, ¡ así podremos decir al término de nuestras vidas que hay por lo menos algo que hemos conocido hasta el fondo!”

 

Calvino escribió al menos ocho cartas a Leonardo Sciascia comentándole sus libros. Como editor literario de Einaudi durante casi cuarenta años, juzga — a veces muy severamente- , estimula, felicita o reprueba a escritores que le envían sus obras. Una faceta más de su talento.

( en memoria de los cíen años del nacimiento de Síascia que hoy celebramos)

 

(Imágenes- 1- Enzo Sellerio/ 2-Sciascia- milanocultura/ 3- Ferdinando Scianna)

HÉRCULES POIROT

 

“Se cumplen ahora los cien años de la aparición del detective Hércules Poirot. Asomó su figura en la novela “El misterioso caso de Styles” que a juicio de Julián Symons en su “Historia del relato policial”, no es de las mejores novelas de Agatha Christie. “ Presenta  en ella un detective muy relevante, Hércules Poirot, cuyo aspecto físico sorprende por su parecido con Humpty Dupty pero con bigote, y también un Watson, extremadamente necio en la persona del capitán  Hastings. Su autora puso de relieve unas dotes especiales para el diálogo ligero, agradable y convincente, aparte de que la trama estaba construida con firmeza y    coherencia.  La originalidad del libro de Agatha Christie es que el enigma que plantea la historia no es más que enigma, sin dejar espacio para una vinculación emotiva con los personajes. Pero el primer libro de Christie es notable, porque aparece en la era en que la narración detectivesca pasó a considerarse como un enigma puro y complejo, donde  no sólo era innecesario conocer la suerte que pudiera estar reservada a los personajes, sino que había necesidad de conocerla. Éste fue el inicio de lo que con el tiempo se conocería por Edad de Oro.

 

 

Agatha Christie — continúa Symons— fue produciendo, año tras año, diferentes  historias de trama detectivesca  de variado ingenio pero de vitalidad constante.  El engaño que persiste en esas historias de Christie se parece mucho más al juego de manos del prestidigitador. Nos muestra el as de picas, le da la vuelta, pero nosotros seguimos sabiendo dónde está…. Entonces, ¿ cómo ha podido transformarse en el cinco de diamantes?”. Es preciso decir que Cristhie dio maravillosamente en el blanco en lo que respecta a dos objetivos: contar una historia  interesante sobre unos personajes razonablemente plausibles y crear un misterio capaz de despertar una cierta inquietud .”

Respecto a Poirot en sí Fereydoun Hoveyda en su “Historia de la novela policiaca” declara que “éste pequeño detective belga de “magnífico” bigote, me aburre soberanamente.” Boíleau- Narcejac  a su vez señalan que “ si Hércules Poirot habla con frecuencia de las pequeñas células grises, rara vez explica sus procedimientos lógicos. El nombre, tan sólo, de Hércules Poirot produce una impresión penosa. ¡Qué lejos está de Sherlock Holmes este hombrecito vanidoso, desagradable, siempre rechazado!”

Como en tantas otras cosas, opiniones tan diversas como el mundo.

 

 

 

(Imágenes—1-  Londres – Edward Steichen /  2- Agatha Christie/ 3- Londres- Hans Wild -1946)

SOBRE LO POLICIACO

 


“Con el reciente fallecimiento de la escritora sueca de novelas policiacas Maj Sjöwall he recordado algunas obras suyas —- escritas en colaboración con Per Wahlöö —  que dieron sin duda un tono distinto al género  gracias, entre otras cosas, al empleo del humor rodeando a la figura central, el comisario Martin Berck, de la Brigada Nacional de Homicidios de Estocolmo.  Además de “El alegre policía”, tengo en la memoria ante  esta pareja de escritores su novela “La habitación cerrada” y de modo especial la titulada “Un ser abominable”,  libro construido en capítulos ordenados de manera casi cinematográfica, con  gran capacidad de suspense e  intriga, y presentada  en estilo breve, rápido y  muchas veces inquietante.
Martin Berck, y los inspectores Kollberg, Melander y Larsson, constituyen todo un mundo en donde los autores no se limitan al mero relato detectivesco  sino también a una narración crítica de trasfondo social.

 

Innumerables  son las consideraciones  que se han ido haciendo sobre la novela policiaca. “Asistimos —decía por ejemplo Thomas Narcejac al hablar de la lectura de este tipo de novelas — a una serie  de acontecimientos trágicos sin  saber siquiera qué relaciones tienen unos con otros… Se proyecta ante nosotros un film sin subtítulos. Se observan los gestos pero se ignora su sentido. Se comprueba que uno avanza entre sorpresa y sorpresa  y muchas veces sin comprender. La oscuridad reemplaza al misterio.”

De las muchas reflexiones surgidas sobre la novela policiaca — cada una a gusto de cada lector, que puede o no  estar de acuerdo  con ellas —, pueden elegirse algunas que reflejan puntos de vista  muy personales.  Así, por ejemplo,  ciertas  reglas redactadas por  el norteamericano S. S.  Van  Dine y que él formulaba de este modo:  1- la novela policiaca  es una especie de juego intelectual/ 2- El lector y el detective deben tener iguales posibilidades  para resolver el enigma/ 3- No debe haber ninguna intriga amorosa/ 4- El culpable debe ser descubierto por auténticas deducciones / 7–Una novela policiaca sin cadáver no puede existir/ 10- El culpable debe  ser un personaje importante de la novela/ 12- Debe haber un solo culpable al margen del número de asesinatos /17-El autor debe abstenerse de escoger al culpable entre los profesionales del crimen/ 18- Lo que se presenta como un crimen no puede acabar como un accidente o un suicidio.”

 

(Imágenes : 1—Luigi Corteggi/ 2- Roy Lichtenstein-1963/  3- Stanley Borack -1955)

LA LOCA DE MAIGRET

 

 

“Entre las lecturas de este confinamiento he vuelto a asomarme a “La loca de Maigret”,  de Simenon, publicada en 1970, escrita del 1 al 7 de mayo en Epalinges (Suiza), y que me lleva hasta los paseos del inspector con su mujer por la Bastille y el bulevar Beumarchais en los atardeceres  de París. Madame Maigret  ha preparado de cena para esta noche del mes de mayo, fiambres, ensalada y mayonesa, y a los pocos días Maigret y el inspector Lapointe prueban en la cervecería  Dauphine unas morcillas de Auvernia guarnecidas con patatas fritas y un vaso de Beaujolais. Siempre el detalle gastronómico de Simenon. (Simenon, que comía deprisa y no dedicaba mucho tiempo a la mesa, evocaba su plato favorito, que era —decía — un plato de gente humilde: la bullabesa hecha sólo con los medios de a bordo, y recordaba de su infancia, la cabeza de vaca con salsa de tortuga).

Simenon preparaba todos esos detalles, pero sobre todo los datos biográficos y topográficos de los personajes, las direcciones, números de teléfono, secciones de edificios, planos de barrios, edades, estudios, antecedentes familiares, estado civil , etc, todo ello al dorso de un sobre amarillo de formato comercial. Lo hizo durante años. “Cuando escribo —decía— estoy obligado a tener a mi lado lo que yo llamo el plan de la novela, que consiste, no en un resumen de la acción,  sino en una lista: los nombres de los personajes, su edad, su dirección, sus relaciones familiares, etc. Porque muchas veces me ha sucedido, hace treinta años como hace diez años, tener que cambiar el nombre de uno de mis personajes a lo largo del relato. Incluso en la revisión , esta situación se me escapaba y podría encontrarse una muchacha que pudiera llamarse Amelie en el  primer capítulo y Josette a partir del quinto.”

Esos detalles tan cuidadosamente entrelazados configuran y dan pie a toda una existencia. Es la verosimilitud de una vida. Luego venía lo que los críticos llamaban la “atmósfera”,  que Simenon  —contaba —, no es más  que el impresionismo  del pintor adaptado a la literatura.  “Mi infancia —confesaba el novelista — tuvo por marco la época de los impresionistas y yo siempre estaba en los museos y las exposiciones. Conseguí  de esa forma cierta sensibilidad.”

 

 

Leemos en “La loca de Maigret”:  “¿ cómo era madame Antoine? “ Y  se nos cuenta: “Frágil, bonita. Permaneció sola cerca de diez años. Luego encontró, no sé dónde, a ese monsieur Antoine con el que acabó casándose. No tengo nada que decir contra él. Pero no tenia la distinción de su primer marido. Trabajaba en el Bazar del Hotel de Ville, donde era, según creo, Jefe de Sección. Era viudo. Había montado un pequeño taller ahí  arriba, donde hacía chapuzas que eran su gran pasión. No hablaba mucho. Tenían un auto y el domingo llevaba a su mujer al campo. En verano, iban a algún pueblo cerca de Etretat.”

Todos esos detalles, aparentemente minúsculos pero necesarios, incluso para poner en pie a un personaje secundario,  quedarán ya fijos en la  mente del lector. Le harán creíbles la escena.

Le proporcionarán verosimilitud.

 

 

 

(Imágenes—1–Simenon/ 2- Jean  Pougny/ 3- Albert Monier—1950)

LA SEÑORA MAIGRET Y LA COCINA

 

 

“Hay un personaje sin el cual Maigret no sería  Maigret. —recuerda Xavier Domingo en “Cuando solo nos queda la comida”—Se trata de Louise, su discreta y dulce esposa.  Sabemos que Louise era alsaciana, de Colmar precisamente, y nacida en el seno de una familia de servidores del Estado, aunque no en la rama policial. Sus ancestros pertenecían todos al honorable cuerpo de Puentes y Carreteras. Jules Maigret, que recién acababa de abandonar su uniforme de guardia  de tráfico para entrar en la criminal, la conoció en casa de unos amigos ( los Leonard) y la sedujo. Louise llevaba ese día un traje azul y lo único que dijo a Jules fue : “Se han dejado los mejores: pruebe estos”, señalando una bandeja de pasteles.

 


Louise es una gran cocinera, una cocinera de terruño, que colecciona recetas y confecciona platos sin los cuales Maigret no podría vivir ni investigar. Se publicó hace tiempo en Francia un libro titulado “El cuaderno de recetas de la señora Maigret”, recopilando los platos que come el inspector a lo largo de sus pesquisas, platos amorosamente cocinados por una esposa hogareña y un tanto borrosa, pero al mismo tiempo tan real como cualquier otro de los personajes de Simenon. Y, si Louise sabe cocinar, indudablemente , Jules sabe comer. Hubo pocos grandes detectives gastronómicos.  Yo recuerdo a Maigret  y al célebre Nero Wolffe de Rex Stout.

Me parece, por otra parte, que hacer comer a los personajes de una novela y decir lo que comen, es un dato de buen novelista y pocos son los que caen en la cuenta de que dar cuenta de los gustos culinarios de un protagonista, explica mejor su carácter que las disgresiones psicológicas y sociológicas. Cervantes sabía eso y, por supuesto,  Balzac. Sería imperdonable olvidar, entre los grandes novelistas gastrónomos, al negro norteamericano Chester Himes. Los personajes del Harlem de Chester Himes, son perfectamente cervantinos, y muy en especial en su relación con la comida.

Pero volvamos a Maigret. Una tarde, en “Maigret y el asesino” leemos: “le quedaban 200 metros de caminata para llegar a su casa en donde reinaba un olor de caballas al horno. La señora Maigret las ponía con vino blanco a fuego lento, con mucha mostaza.

.¿Quieren probarlas?”

 

 


(Imágenes—1-Eliot Hodgkin -1961/ 2-Luis Meléndez -siglo XVll- Museo Del Prado/ 3-Claude Monet- 1873)

EL NACIMIENTO DE MAIGRET

 

 

Simenon narra que un día, mientras estaba sentado en un café, vio en la acera de enfrente a un señor ataviado con bombín, gabardina y pipa en la boca que iba de un lado para otro. Simenon lo observó atentamente y quedó prendado de la manera en la que se movía y cómo miraba a su alrededor, y se le pasó por la mente: ” Este sería un gran comisario de policía”. Y es así como cuenta que nació Jules Maigret. Se trata – añade recordando todo esto Andrea Camilleri enGeorges Simenon y la potencia creadora” (Confluencias) – de una declaración contra todas las normas establecidas. Por lo general, un escritor siempre piensa primero en la historia; es la historia la que nace en su interior. Pero en este caso no sucedió así, aquí es un hombre de carne y hueso a quien Simenon transforma en personaje y a este personaje, o mejor dicho, alrededor de este personaje, confecciona un traje, una historia que le queda como un guante. Es una manera de ir contracorriente.

El éxito del comisario Maigret es inmediato – recuerda Camilleri -. Después de dos o tres novelas, el jefe de la policía de aquel momento, un hombre muy inteligente, quiso conocer a Simenon y lo mandó llamar. Evidentemente, Simenon aceptó la invitación. Pasó un día  en la oficina del jefe de policía y es así como éste se dio cuenta de que Simenon no sabía absolutamente nada del funcionamiento de la policía y que se lo había inventado todo. Dado que le parecía una buena idea tener a un comisario que hiciese  propaganda de la policía, tomó la decisión de dejarlo pasear por todas las oficinas y, de hecho, Simenon, durante meses, frecuentó los despachos de la policía judicial trabando amistad con varios comisarios e inspectores”.

 

 

(Imágenes-1- Simenon– The New York reviews of books/ 2.-Jean Gabin en el papel de Maigret-despuesdelhipotamo)

LAS MUJERES DE LOS COMISARIOS

 

maigret.-3ses.-Georges Simenon.-photo.ina.fr

 

Madame Maigret es la frescura, no es gruesa, es una pequeña bola, un tipo francés de mujer de lo más corriente – le explicaba Simenon a Roger Stéphane -. No bebe alcohol. Bebe vino. No creo que ella tome el aperitivo. Puede ser que se tome un vaso de burdeos en alguna ocasión, pero no se puede decir que ella beba”. “Estoy contento – añadía también Simenon en una carta a  Robert Courtine en 1971 – de que usted tenga el mismo gusto que yo en lo que concierne a la bullabesa y al pollo al vino que cocina madame Maigret“.

 

interiores.-5wsc.-Edward Hopper.-48 rue de Lille.-París

 

Las mujeres de los comisarios esperan pacientes a que sus maridos suban muy cansados la escalera. El comisario Brunetti – escribe Donna Leon – “abrió la puerta del palazzo veneciano en el que vivía, dándose ánimo, como hacía siempre que llegaba fatigado, para subir los noventa y cuatro escalones que lo separaban de su apartamento del cuarto piso” (…) Venía de contemplar un asesinato en La Fenice, “abrió la puerta, percibiendo con agrado el calor y la grata mezcla de olores que él asociaba con el apartamento; a lavanda, a cera, a aromas de la cocina; era un ambiente que, de un modo que no acertaba a explicar, sugería una cordura que neutralizaba la diaria dosis de locura que conllevaba su trabajo.

-¿Eres tú, Guido? – gritó Paola desde la sala. Le hubiera gustado saber a quién más podía esperar su mujer a las dos de la mañana, pero se reservó la pregunta.

-Sí – contestó quitándose lo zapatos y el abrigo, y empezando a reconocer en ese momento lo cansado que estaba.

-¿Quieres una tisana? – Ella salió al recibidor y le dio un beso en la mejilla.

Él asintió, sin tratar de ocultarle el cansancio. La siguió hasta la cocina y se sentó mientras su mujer ponía el agua a hervir. Paola sacó de un armario una bolsa de hierbas, la olió y preguntó:

-¿Verbena?

-Bueno – respondió él. Estaba tan cansado que le era indiferente.

Ella echó un puñado de hojas secas en la tetera de terracota que había sido de la abuela de su marido, se acercó a éste por detrás y le dio un beso en la coronilla, donde empezaba a clarearle el pelo.

-¿Qué sucede?

-En La Fenice han envenenado al director de orquesta”.

 

Donna Leon- hoyesarte com

 

Madame Maigret o Paola escuchan y reconfortan a sus maridos, a cada comisario. Los aromas de la casa siempre las envuelven.

En diciembre de 1974 Simenon evocaba: “Cuando se me ha preguntado hoy desde la radio suiza si mi ideal amoroso es madame Maigret, yo claramente he respondido que sí“.

 

calles-wmvc-Venecia- Marco Paoluzzo

 

(Imágenes.- 1.-Simenon- foto ina fr/ 2.- Edward Hopper- 48 rue de Lille/ 3.- Donna Leon- hoyesarte com/ 4.- Venecia-  Marco Paoluzzo)

SIMENON Y “EL ESTADO DE GRACIA”

maigret.-8junm.-Simenon en su domicilio de Lausanne.-photo. ina.fr

 

“Esto no ha cambiado – confesaba Simenon en una carta en 1939 – ¿Cómo describir sinceramente la gestación de una novela? (…) De entrada me interesa neutralizar todo lo que hay en mí, todas mis preocupaciones, para encontrar pronto, entre todos los recuerdos, el personaje que me va a interesar. Esto dura algunas veces una hora, algunas veces dos días, según las circunstancias del momento, el clima, etc. Más rápido en invierno que en verano, no sé porqué. La novela entonces puede comenzar, ya que suelo iniciarla con un mínimo de acción. Pero la dificultad viene en el número de días que durará la acción. Nada de vida interior ni exterior. Nada de vida psíquica. Y de la mañana a la noche la obsesión, con raros oasis que son partidas de cartas que neutralizan. Una especie de embrutecimiento voluntario, integral. Y una palabra más: “el estado de gracia“. Y permanecer allí cueste lo que cueste. Si yo lo he iniciado todo con un aire de Bach, hace falta que eso lo escuche cada día a la misma hora. Nada debe cambiar en el orden de las jornadas. El menor imprevisto corre el riesgo de echarlo todo por tierra. Nada de correo, nada de teléfono.”

 

maigret.-3ses.-Georges Simenon.-photo.ina.fr

 

Hasta llegar a ese “estado de gracia”  – dirá nuevamente seis años después en “El novelista” -,” ningún plan. Algunos nombres los voy introduciendo tras escribirlos en un trozo de papel, pues yo no tengo memoria para los nombres. Su edad, su número de teléfono, su lugar. Son personajes reales y hay que adaptarlos enteramente a la realidad. Después, en la pared, el plano de la pequeña ciudad. Un horario de trenes, pues se toma el tren en las novelas como en la vida real y hace falta tomar verdaderos trenes.” Trece años más tarde, en una entrevista en “Medicina e higiene”, Simenon añadirá: ” Conozco ya al personaje. Establezco su árbol genealógico. Conozco la personalidad de su abuela, de su abuelo, de sus padres. Tengo su estado civil completo. Conozco sus enfermedades, aquellas que ha tenido la familia, aquellas que se quieren ocultar. Estos son los días que menos me gustan en la preparación de mi novela. Cuando mis personajes están maduros pero aún no tienen número de teléfono ni dirección, tomo entonces los anuarios telefónicos para buscar los nombres. Dibujo también el apartamento o la casa, muy esquemáticamente, pues debo saber si las puertas se abren a la derecha o a la izquierda, si el sol entra por tal o por cual ventana. Todo eso es necesario: hace falta que yo pueda desenvolverme en esa casa como si fuera la mía. Este es el plan. No hay otro.”

 

escritores.-7huu.-Simenon

 

En septiembre de 1973 Simenon completaba estas confesiones: “Cuando yo me pongo a escribir, estos personajes, inconsistentes la víspera, reducidos a un nombre, a una dirección, a una profesión, toman rápidamente vida y entonces mi propia vida desaparece (…) Creo que para mí es suficiente una cierta luz, un cierto género de lluvia, un olor a lilas. Eso despierta en mí una imagen, que yo no he elegido y que a veces no tiene relación alguna con la sensación inicial (…)  En el fondo es una sensación fugitiva, un olor, incluso un ruido (…) No soy yo el que dirige la acción; son mis personajes. Esto parece fácil. Pero lo mas difícil es entrar en eso que se llama “el estado de gracia“, es decir, un vaciarme por competo de mí mismo, ya que es necesario hacer sitio a otro. En resumen,  durante toda la novela, ser otro, permanecer otro, sin dejarse distraer ni por mí mismo ni por nadie.”

 

Maigret.-u7uj.-Simenon durante la entrevista televisiva sobre su novela El gato.-photo. ina.fr

 

Pero para llegar a ese “estado de gracia Simenon cuidará hasta el detalle una precisa carpintería gracias a la cual levantará una consistente  realidad. Pregunta, indaga.  En 1962 le presentó un cuestionario al profesor Pluvinage, médico  de los hospitales de París, porque necesitaba datos para hacer verídica una novela. Le preguntó: “ ¿el despertar en las salas de los hospitales se hace con una campanilla, un timbre, etc, o simplemente por la aparición de las enfermeras? ¿ Existe una capilla cercana, y si existe, a qué hora escuchan los enfermos las campanas a primera hora de la mañana? ¿ El capellán hace su recorrido cada día o cada semana? ¿Ciertos enfermos van a misa los domingos? ¿a qué hora? ¿ Los enfermos llevan también uniforme? Si eso es así, ¿ es el mismo uniforme o  es uno diferente? ¿ Las comidas son presentadas en una especie de carretillas o simplemente en cacerolas? Tengo necesidad también de conocer el ritmo de los ruidos que escucha un enfermo cuando está acostado y que para él tienen tanta importancia.”

Una vez completados todos los detalles el novelista podrá vaciarse de sí mismo y entrar a escribir en ese ‘estado de gracia.

(Imágenes. – 1 .-Simenon en su domicilio de Lausanne-foto ina/ 2,3 y 4- fotos ina)

WEEGEE, LAS CALLES Y LOS ROSTROS

Grandes fotografías que hacen época: Weegee y sus calles, crímenes y rostros. De Weegee,el ojo público“, hablé ya en Mi Siglo. Walter Benjamin hacía notar que “con toda justicia se ha dicho de Atget que fotografiaba calles desiertas de París como si fueran la escena de un crimen. La escena de un crimen siempre está desierta; se fotografía con el propósito de reunir pruebas. Con Atget, las fotografías se transforman en pruebas estándar de hechos históricos y adquieren una significación política oculta”.

En el caso de Weegee, las calles muchas veces no aparecen desiertas. En las calles, en torno al detective que indaga, a las gabardinas y al resplandor de los focos, los curiosos se arremolinan intentando abrirse paso como sea y hasta allí llegan las palabras que pronunciara E.M Wrong: “el amigo del detective tiene la doble función de lector muy del montón y de coro griego; comenta lo que le parece sobre lo que no entiende”. Entonces, mientras los amigos del detective comentan y preguntan, la cámara de Weegee se adelanta a todos ellos y en un instante dispara su foto: fija la expresión. Así se recuerda ahora en una nueva exposición en torno a lo que algunos han llamado “el fotógrafo de los asesinos“.

El fotógrafo, con su instantánea, es siempre más celérico que el novelista. Por aquellos años 4o americanos Raymond Chandler confesaba: “cuando escribo algo que es duro y rápido y lleno de acción y crimen, me atasco por ser duro y rápido y lleno de acción y crimen, y entonces, cuando trato de bajar un poco el nivel y desarrollar el lado mental y emocional de la situación, me atasco por apartarme de lo que me atascó antes”.

Mientras tanto, Weegee, aprovechando la indecisión del narrador e inclinándose, tomando bien el ángulo, ya ha disparado su fotografía.

(Imágenes:- 1.-Weegee.-1964/2.-Anthony Esposito, fichado bajo sospecha de matar a un policía de Nueva York.-16 de enero de 1941.-Weegee.-International Center of  Photography.- foto de Weegee/ 3.-sospechosos a la puerta del juzgado de Guardia.-1941.-Weeger.-Institute Center of Photography.-foto Weegee)

EL PERSONAJE ASESINO

Al publicarse ahora los cuadernos de trabajo de Agatha Christie nos sorprende descubrir que – según ella confiesa – cuando se comprometía en la escritura de un libro, la mayor parte del tiempo ignoraba la identidad del culpable, una vez el asesinato tenía lugar. La novelista compartía la misma incertidumbre que sus lectores y avanzaba por las páginas de la ficción dotando a la historia de un poder de seducción más intenso.

Determinar quién ha sido el asesino – recuerda Roger Caillois en su “Sociología de la novela policial” – es una tarea sembrada de asechanzas. Uno no tarda en darse cuenta de que todos los personajes del drama tenían motivos iguales para matar, y equivalentes posibilidades de hacerlo. Entonces hay que dejarse guiar por otro procedimiento de discriminación. Las condiciones en que se realiza el homicidio suponen cierta psicología por parte del culpable. El detective vacila entre varios sospechosos; los somete a una prueba que los obliga a revelar su verdadero carácter”. Y Caillois pone dos ejemplos referidos al juego: en “El asesinato del canario” de S.S. van Dine, el detective adquiere una certeza moral durante una partida de póker; en “El asesino vive en el 21” de A. Steeman, se descubre la verdad jugando al bridge. “Dime como juegas – añade Caillois y te diré si has matado. Pues se juega del mismo modo que se mata: con prudencia o temeridad y arriesgando poco o mucho“.
Pero quienes juegan realmente entre las páginas y con las páginas del libro son los novelistas. Personajes planos o personajes redondos, puntos de vista cruzados, repetición, acumulación y transformación de detalles al construir y hacer andar al personaje, Cientos de caminos. Y sobre todo, en la novela policíaca, el elemento de sorpresa. “El elemento de sorpresa o de misterio -detectivesco, como se le suele denominar (decía Forster) – posee una gran relevancia en cualquier argumento, es una bolsa de tiempo, y no puede apreciarse sin inteligencia”.
(Imagen: Gregory Crewdson.- Imagery  Our World)

CRÍMENES Y GASTRONOMÍA

Poirot agarró con brusco ademán el martillo de azúcar que se encontraba en la biblioteca, lo hizo girar y lo abatió…como si fuera a partir el cráneo de Robin. El gesto había sido tan terrorífico que más de uno exhaló un grito”, se lee en La señora McGinty ha muerto. Agatha Christie, en uno de sus viajes por el mundo acompañando a su segundo marido, quedó pasmada ante aquel objeto que tenía ante sí sobre la mesa del comedor: un martillo de azúcar adornado con dibujos de pájaros y una cabeza de gamo. Aquello le proporcionó el germen de la acción que en una de sus novelas ejecutaría Hércules Poirot. La gastronomía rodeó a la escritora en muchas ocasiones de su vida. En 1961 la autora de “Muerte en el Nilo”  invitaba así a su casa a una amiga suya: ” ¿Quieres venir a las ocho y media? Degustaremos una gran cantidad de caviar. No habrá nada más que café solo, pero es posible que comamos una cantidad de caviar suficiente como para no desear otra cosa. De todas maneras, siempre habrá jamón”. En su novela Después del funeral“, la escritora señala con ironía: “tras el delicioso caldo de pollo y las carnes frías regadas con un excelente vino de Chablis, la atmósfera fúnebre se aligera bastante“.

Agatha Christie fue durante toda su vida una infatigable consumidora de manzanas, una de sus frutas preferidas junto con los melocotones que cultivaba en su propiedad de Greenway House. Fue allí, al cumplir los ochenta años, cuando quiso recibir de manera especial a sus familiares y amigos: ” anoche – contaba la escritora al día siguiente -, picnic en la landa con cinco perros y un magnífica cena: aguacates a la vinagreta, langosta con crema, helado de moras y auténticas moras con mucha nata y, ¡oh, qué delicia!, una gran jarra de verdadera nata para mí y champán para los otros...”.

Se ha dicho que cierta glotonería en la novelista pudo surgir ya en casa de sus padres, cuando éstos invitaban a cenar a Henry James o Rudyard Kipling. Igualmente se ha escrito que, poco tiempo después de casarse con Archibald  Christie, su primer marido, cuando ella trabajaba como enfermera voluntaria, le intrigaba la presencia de “unas botellitas azules y verdes con etiquetas rojas” que llegaron a inspirarle un poema:

“Se halla el sueño, el reposo, el reflujo de los dolores,

pero también la amenaza, el asesinato y la muerte repentina,

en esos frascos verdes y azules…

Entre otras numerosas investigaciones se encuentra la tesis de Farmacia “Estudio crítico del uso de los tóxicos en la obra de Agatha Christie. Son los venenos extraídos de frascos azules y verdes, a veces disueltos en sabrosas recetas de gastronomía. Es el asesinato líquido, apenas desvelado, aquel que sabrán descubrir pacientemente los detectives. Mientras tanto Agatha Christie, levantando su cabeza de la máquina de escribir, parece que nos invitará a desgustar su menú personal.  Su biógrafa nos lo recuerda muy bien: “eran platos simples pero deliciosos: huevos con bacon, pollo frío con mayonesa (una de sus especdialidades), tortilla o tostada con anchoas, algo que sus invitados no olvidaban así como así”.

(Pequeña evocación ahora que se comentan los 120 años de Agatha Christie)

(Imágenes:-1-la escritora en su casa.-travelnauta. com/2.-Agatha Christie.-librosgratis)

LO POLICIACO, LA SOCIEDAD, LAS COSTUMBRES

“El Mirafiori es un horno, pese a que está en la sombra. –va comentando el comisario griego Costas Jaritos al conducir su automóvil por Atenas-. Al llegar al cruce de la avenida Rey Constantinosigue diciendo el personaje creado por Petros Márkaris – me pregunto si me convendrá más girar a la izquierda, hacia la plaza Sintagma, o a la derecha, hacia la avenida Reina Sofía, para llegar a la avenida de Alexandra a través de la calle Sutsu“. Va avanzando el policía entre el calor y la polución para intentar horadar en la corrupción En esa misma novela, Suicidio perfecto” (Byblos), nos relata de nuevo: “estoy subiendo las escaleras mecánicas de aquella estación de Metro que semeja un mausoleo de mármol, con sus árboles de mentira plantados en el granito, sus anuncios imponentes y la música clásica de fondo que, por unos minutos, me hacen sentir europeo. Una vez en la superficie (…),  una hilera de paradas y de gente que se apretuja, dispuesta a abrirse camino a patadas en cuanto aparezca un autobús, para subir primero y conseguir un asiento. De nuevo en Grecia y suspiro con alivio”.

Son los hábitos cotidianos de Atenas, su sociedad actual; la Atenas menos imaginable, envuelta en densa humareda, axfisiada de sol, cercada, como tantas otras capitales del mundo, por la trama de los corruptos. “La Atenas que describo – confesó Márkaris en una entrevista – es la Atenas de hoy. Estaba muy cansado, incluso enervado con la idea de esa Atenas de los extranjeros…la Atenas clásica, el Acrópolis, el Partenón, y todo eso. Por otra parte la noción de Atenas de los atenienses, la Atenas de las tabernas, de los restaurantes, del buen clima, de una vida digamos… romántica: esa idea idealizada de Atenas, de una Atenas idealista. Estaba verdaderamente cansado de esas dos nociones, porque creo que Atenas ahora es una metrópoli, con la violencia, los refugiados, los atenienses que son cada vez más nacionalistas, con una actitud muy… muy… chovinista, muy contra el extranjero. He intentado dar una imagen del Atenas de hoy, que no es muy diferente de las metrópolis europeas, destruyendo la parte romántica y clásica de esa imagen de Atenas, que por otra parte es cada vez más inexistente”.

Los escritores en general – e igualmente los creadores de novelas policiacas -nos muestran las sociedades y las ciudades, su evolución profunda en el arco de las formas; muchos investigadores y comisarios célebres de la literatura policiaca indagan no sólo los crímenes, los culpables y sus víctimas, sino esencialmente las costumbres, el secreto de las vidas íntimas y de los espacios públicos. Enseguida se va la mente hasta Maigret y sus escenarios, de los que alguna vez en Mi Siglo me he ocupado. Y dos grandes especialistas de lo policiaco como son Boileau-Narcejac, hablando de otro gran autor del género como es William Iris, recuerdan que “nadie supo pintar mejor que él la vida nocturna, las calles desiertas, las miserias de los seres abandonados.(…)- y así lo confirman enLa novela policial” (Paidós) -. La novela policíaca – dicen – es una investigación esencialmente novelesca. El escritor policíaco se convierte, quizás a pesar suyo, en novelista. (…) La primera guerra mundial estimuló los deseos de vivir, de distraerse; la segunda guerra mundial destruyó la paz (…) Y de repente, se descubría una nueva forma del mal, la alianza monstruosa del hombre y de las cosas, en la guerra total… La época de los verdugos devolvía a la novela negra sus oportunidades de éxito”.

Se trata de conocer. – así se sintetiza el oficio de comisario enLas memorias de Maigret” -. De  conocer el medio en el que se ha cometido el crimen, conocer el tipo de vida que allí se lleva, las costumbres, las reacciones de la gente que está mezclada en el caso, víctimas, culpables o simples testigos. Penetrar en su mundo llanamente, sin extrañarse, y hablar naturalmente su lenguaje. (…) Creo que es en la mirada donde hay que buscar la razón de lo dicho, en cierta reacción (o más bien ausencia de reacción) ante ciertos seres, ciertas miserias y ciertas anomalías. Aunque a los autores de novelas no les guste, el policía es ante todo un profesional. Un funcionario. (…) Cuando el policía se pasa una noche bajo la lluvia vigilando una puerta que no se abre o una ventana iluminada, cuando en las terrazas de los cafés busca pacientemente un rostro familiar o se dispone a interrogar durante horas a un ser pálido de terror, no hace más que cunplir con su tarea cotidiana”.

Al otro lado de los crímenes siempre están las costumbres. Y es gracias a la investigación de las costumbres como se nos muestra el estado en que se encuentra una sociedad.

(Imágenes:-1.- plaza Sintagma de Atenas.-wikipedia/ 2.-Petros Márkaris en Atenas.-foto Ernst Alós/ 3.-Georges Simenon.-les ephemérides d `Alcide 13 frevrier)

EL MAL, LA LITERATURA Y LA VIDA

PATRICIA HIGHSMITH.-1.-thrillercafe.it

Temo ver sangre” – confesó Patricia Highsmith hace algunos años -. Sorprendente y a la vez lógica declaración de esta autora – de la que ya hablé en Mi Siglo – en la que las veredas del mal se deslizan siempre tortuosas,  juegos de personajes que traman  falsedades y falsificaciones. “Yo  no escojo mis temas en función de determinado gusto del público y jamás me ha interesado especialmente la literatura policiaca del género practicado por Agatha Christie. Simplemente escribo lo que siento, mi propia necesidad de escribir“. El mal en Patricia Highsmith está siempre menos teñido en sangre que en astucias cerebrales y frías, ese ir y venir de Tom Ripley, neurótico sonriente, psicópata escondido tras sus gafas de sol. Ahora se publican juntas varias de esas experiencias amorales de Ripley (Anagrama) y Germán Gullón, en sus comentarios sobre este libro, recordaba que en Highsmith se hace patente el reconocimiento de la existencia de la maldad humana.  El mal, en la literatura y en la vida, siempre pide su tiempo, se agazapa en una espera paciente para dar el salto sutil de la ascensión calculada, la gran explosión nacida en el laberinto. Mientras uno está leyendo este post los rastreos del vientre del mal recorren la piel de la

PATRICIA HIGHSMITH.-2- tinpycic. com tierra y las televisiones nos darán hoy noticia de cuántos males – aparte de los naturales – los hombres han urdido. A veces el mal limpia muy bien todas las sucias sospechas de sus móviles y el misterio del mal se presenta desnudo y brillante, sin que ningún detective pueda desnudarlo más. “La semilla del mal y la del bien vuelan por todas partes. – recordaba Bernanos en una de sus novelas –La gran desgracia está en que la justicia de los hombres interviene siempre demasiado tarde: reprime o marchita los actos, sin poder remontarse más alto ni más lejos que el que los ha cometido. Pero nuestras faltas ocultas envenenan el aire que otros respiran, y determinado crimen, del que un miserable llevaba el germen sin saberlo, jamás hubiera hecho madurar su fruto sin este principio de corrupción“.

Pero también el bien – mientras leemos este post – está pasando bajo los puentes cotidianos y deja un manso cauce de semillas que fructificarán un día inolvidable.

Lo que sucede es que el bien no goza de publicidad.

(Imágenes: 1.-Patricia Highsmith/2.- portada de una de las novelas protagonizada por Tom Ripley)

¿ QUIÉN ES MAIGRET ?

¿Quién ha podido contar mejor cómo es Maigret  sino su creador? En 1953 Simenon redactó una descripción del inspector y se la entregó a un productor cinematográfico. En síntesis, decía así:

Maigret tiene entre 45 y 5o años. Nació en un  castillo, en el centro de Francia, en el que su padre ocupaba el cargo de administrador. Es, pues, de origen campesino, robusto y fornido, pero posee cierta educación (…). Su vida privada es muy tranquila. Tiene una esposa dulce, rolliza, tierna y sencilla, que lo llama respetuosamente Maigret ( de tal manera que todo el mundo terminó por olvidar su ridículo nombre, Jules). Ella mantiene su hogar minuciosamente limpio, le prepara suculentos guisos, le cuida las heridas, jamás se impacienta cuando él permanece muchos días fuera de casa, soporta con indulgencia sus altibajos. Le horrorizan los cambios y vive desde hace veinte años en el mismo piso, en un barrio ni rico ni pobre, de modestos trabajadores.

Maigret es bastante grueso, plácido, fuma en pipa con cortas y golosas bocanadas, le gusta comer bien, y también beber: a veces cerveza, a veces tragos cortos de buenos aguardientes. Le gusta deambular por las calles y sentarse en la terraza de algún café.

Un caso criminal nunca es para él un caso más o menos científico, un problema abstracto. Es tan sólo un caso humano. Le gusta husmear el rastro dejado por un hombre como un perro de caza olfatea una pista. Quiere comprender. Se mete en la piel de sus personajes, de quienes, poco antes de verlos por primera vez, lo desconoce todo, y cuando hay un crimen, necesita averiguar hasta los más pequeños detalles. Otorga mucha importancia al ambiente en el que viven. Cree firmemente que determinado gesto no habría sido el mismo en un ambiente distinto, que un carácter evolucionaría de otra manera en cualquier otro barrio.

Es lento, pesado, paciente. Espera el déclic. El déclic, al que se refieren con afectuosa y respetuosa ironía sus colegas, es el momento en que Maigret, empapado de un ambiente y de los personajes a los que acaba de seguir paso a paso durante horas, días y semanas, consigue por fin pensar y sentir como ellos. (…)

Se sirve de los inspectores de su brigada, pero siempre prefiere acudir él, en persona, al lugar indicado, seguir él mismo los rastros, hacer vigilancias y diligencias que muchos considerarían incompatibles con su cargo. Quiere husmear a las personas y los lugares por sí mismo, hurgar por todas partes; aunque en ocasiones se siente descorazonado, nunca pierde la paciencia, y muchas veces se le podría creer borracho o dormido precisamente en el momento en que está más despierto.

Odia la maldad deliberada, odia a los hombres que impregnan el mal de sangre fría, y se muestra feroz con la hipocresía. Por el contrario, es indulgente para con las faltas que son fruto de las debilidades de la naturaleza humana. Un joven o una joven que van por mal camino le inspiran no sólo piedad, sino irritación contra su suerte o contra la organización social que está en el origen de esa mala orientación.

A veces incluso olvida que es un instrumento de la ley y ayuda a determinados culpables a escapar a un castigo que considera exagerado. Cuando puede, intenta, como en sus sueños juveniles, remendar los destinos. Lo cual le crea frecuentemente conflictos con sus superiores y sobre todo con los magistrados, que juzgan a los hombres tan sólo a la luz de los textos de las leyes (…)”.

Así describió Simenon a Maigret y así queda recogido en el apéndice del volumen conjunto  “El mismo cuento distinto” y “El hombre de la calle” (Gabriel García Márquez y Georges Simenon) (Tusquets).

Un perfil singular que todo lo resume.

(Imágenes: Flickr/ Cartel de la película de Jean Delanoy, 1959, “Maigret et l´affaire Saint-Fiacre”.-hem.passagen.se/calv/gabin/ Sello recordando un film de Gabin interpretando a Maigret.-hem. passagen.se/calv/gabin)