RECUERDOS, RECUERDOS …

 

 

“Me he refugiado en un rincón al aire libre en una pequeña y agradable tasca madrileña, “La Oliva”, en Olavide 9, donde suelo desayunar alguna vez o tomar algo a media mañana y dejo ahora que vengan los recuerdos de muchas gentes, que vengan en tromba, como si las empujara un tumulto. Recuerdos, por ejemplo, de Perec o de Mastroianni, dos grandes conservadores de recuerdos que, cada uno desde su lugar, mostraban sus recuerdos vividos y repetidos. Mastroianni evocaba rostros, escenas, gestos. Recuerdo, solía decir el gran actor italiano, aquel olor de la leña, el túnel bajo el Tīber, las pequeñas debilidades, una habitación de hotel, la primera compañía teatral, la fortaleza de los sueños. El francés Georges Perec recordaba a su vez una tienda de alimentación de la avenida Mozart que en diciembre vendía, a precios extremadamente caros, cestos de frutas con racimos de uvas para Nochevieja, muy reputados por su rareza, muy gruesos, traslúcidos, insípidos. Recuerdo, evocaba también Perec, las librerías de viejo que había bajo las arcadas del teatro Odeón; recuerdo, decía igualmente, que en los altos del bulevar Saint Michel había un comercio donde, tras pagar veinte francos antiguos, se podía escuchar un disco; recuerdo, añadía, el baño del mediodía que siempre tomaba los sábados por la tarde al volver del colegio; recuerdo, volvía a decir, la publicidad fosforescente que aparecía en el entreacto del cine “Royal- Passy”; recuerdo, decía a su vez Simenon, los dos mecheros de gas que invadían la clase en las tardes de invierno; recuerdo, añadía el novelista belga, el vaho oloroso que ascendía del río con amplios reflejos; recuerdo, anotaba por su parte Nabokov, a nuestro criado Dmitri, un encogido enano calzado con botas negras y camisa roja; recuerdo, evocaba Bergman, a mi tío Carl, sentado en el sofá verde de mi abuela, recibiendo una regañina; recuerdo, continuaba el director sueco, a mi abuela, menuda y tiesa, sentada en la butaca al lado del velador…

Recuerdo…Recuerdos… De nuevo evocaciones de Simenon, ahora de Kurosawa, de Fellini, de Tagore, de Amos Oz, de muchos más. Me acuerdo, decía por ejemplo Kurosawa, de la llama de unos farolillos sobre cinco muñecos en un escenario de madera; me acuerdo, añadía el director japonés, que mi hermana me daba sake blanco en una pequeña taza de muñecas. Me acuerdo, volvía a decir Simenon, que yo nací el 12 o el 13 de febrero de 1903 veinte minutos después de la medianoche, y mi madre, que era muy supersticiosa, logró del médico que pusiera que había nacido el 12 porque tenía horror a que su hijo naciera un viernes 13; me acuerdo, decía Fellini, de la casa del dueño de la casa de Ripa que iba siempre vestido de azul: chaqueta azul, sombrero de copa azul y una gran barba blanca como una divinidad, y a quien nunca había que irritar; me acuerdo, evocaba Tagore, de la lámpara de aceite de ricino que iluminaba el cuento que nos leían de niños por las noches; me acuerdo de las lagartijas que atrapaban insectos por las paredes; me acuerdo de la loca danza de los murciélagos dando vueltas y vueltas por las galerías; me acuerdo, decía Amos Oz, de la mano fría de mi tío Yosef sobre mi mejilla, de su bigote blanco, de su sonrisa dulce preguntándome cuántos libros había leído ya, de su voz suave, casi femenina, persuasiva, a veces sollozante; me acuerdo, confesaba a su vez Bergman, que de niño yo no entendía nada de las horas y me decían, “tienes que aprender de una vez a ser puntual, ya tienes reloj, ya entiendes el reloj”, y sin embargo el tiempo no existía, llegaba tarde al colegio, era difícil distinguir entre lo que yo fantaseaba y lo real, podía tal vez conseguir que la realidad fuese real, pero en ella había, por ejemplo, fantasmas, ¿qué iban a hacer conmigo ellos? , y los cuentos, ¿eran reales?”

José Julio Perlado

 

 

 

((Imágenes—1-Kansuke Yamamoto/ 2-Jean Moral -1927)

LA MUERTE DE IVÁN ILITCH

 

 

 

“Cuando se lee “La muerte de Iván Ilitch” sorprende siempre el poderío narrativo de Tolstoi, su agudeza de observación ante los vaivenes de la vida, la constancia de narrador para no concentrarse en un solo aspecto de la existencia sino mantener con pulso extraordinario los contraluces matrimoniales, los contraluces  laborales, las envidias, sufrimientos, obsesiones, discusiones, ambiciones, reveses, fatigas, cambios de humor y de domicilio, sospechas, miedos, dudas, reconciliaciones, ilusiones amorosas y desgastes de convivencia, sueños y decepciones, desprecios, miedos, la cercanía de los conocidos y la lejanía de los amigos, el cálculo, los intereses, el temor a los pliegues de la muerte y  a los latidos de la enfermedad, las escenas familiares y las escenas sociales, las intrigas, los pellizcos de humor y de ironía, las alegrías y preocupaciones, el rostro vuelto  hacia la pared buscando la inmersión en la soledad.

Toda una vida está aquí, cuando Tolstoi tiene 56 años y las peleas con Sonia, su mujer, marchan, como en tantas otras ocasiones,  sobre senderos tortuosos. Es normal que a esta novela corta se la considere una obra maestra. Lo certifica  Francois Porché cuando traza el retrato psicológico del gran escritor. Lo anota Henri Troyat en su “Tolstoi”.  Lo analiza minuciosamente Nabokov en su “Curso de Literatura Rusa”. También Steiner en su “Tolstoi o Dostoievski” hablará de la epopeya de  visión  que posee el novelista, y aquí está la epopeya de la vida corriente y familiar.

Cuando se lee “La muerte de Iván Ilitch” se lee simplemente su vida. Asombra que un escritor pueda sintetizar en pocas páginas toda una existencia. Y sin embargo,  Tolstoi lo hace normal.”

José Julio Perlado

 

 

 

( Imágenes —1- Tolstoi en el campo -por Repin – Wikipedia/ 2- Tolstoi y su mujer)

DESCRIPCIÓN DE UNA MARIPOSA

 

 

“La parte superior de la hembra  L. sublivens —explicaba Nabokov en  una revista en 1952 — es de un marrón bastante peculiar, terso y tenue, con un tinte oliváceo en el insecto vivo; más o menos salpicada de unas escamas azul ceniza; cretulas Interiores azul grisáceo triangulares, generalmente presentes en las alas traseras y a menudo acompañadas por una decoloración azulina o grisácea en las células radiales de las alas delanteras; aurora reducida; bastante breve y bastante mate en las alas posteriores, borrosa o ausente en las anteriores, y tiende a desaparecer en ambas alas y está  completamente ausente en 3 especímenes; cretulas lunuladas de un pálido azul grisáceo y muy definidas en ambas alas.”

 

 

Esta minuciosa descripción de especialista, publicada en “The Lepidopterist”, camina paralela al amor y a la afición que tuvo el escritor desde niño por las mariposas. “Mi mujer y yo -decía – pasábamos los veranos cazando mariposas, sobre todo en las Montañas Rocosas. Soy autor de cierto número de especies y subespecies, sobre todo del Nuevo Mundo. Varias mariposas y una polilla han recibido mi nombre, y en esos casos éste se incorpora al del insecto descrito, convirtiéndose en “nabokovi” seguido por el nombre de quien lo describe. Todas mis colecciones norteamericanas están en museos, en  Nueva York, Boston e Ithaca . Las mariposas que he estado coleccionando durante la última década, sobre todo en Suiza e Italia, todavía no están despegadas. Aún están en papel, es decir, metidas en sobres satinados guardados en cajas de lata. Con el tiempo serán ablandadas en toallas húmedas, luego pinchadas, luego desplegadas y vueltas a secar sobre tableros, y por último rotuladas y colocadas en las gavetas con cristal de un gabinete para que se las conserve,  espero, en el espléndido Museo Entomológico de Lausanne.”

 

 

(Imágenes –1-Ewe Syilvia/  2–Richard Gray/ 3- Stephen Mackey)

CON LA PLUMA EN LA MANO

 

 

“Me desconcierta la diferencia entre dos métodos de composición – dice Nabokov en Opiniones contundentes” – : A: el que tiene lugar exclusivamente en la mente del poeta, que va probando las palabras que utilizará al tiempo que se enjabona una pierna por tercera vez; y B: el otro tipo, mucho más decoroso, que se encuentra en su estudio escribiendo con una pluma. En el método B la mano sustenta el pensamiento, y la batalla abstracta se libra de manera concreta. La pluma se detiene en el aire, a continuación desciende para eliminar una puesta de Sol cancelada o restaurar una estrella, y de este modo guía físicamente la frase hacia la tenue luz del día a través del laberinto de tinta. ¡Pero el método A es una tortura! El cerebro pronto acaba encerrado en un gorro de acero de dolor. Una musa vestida con un peto dirige el taladro que chirría, y  ningún esfuerzo de la voluntad es capaz de interrumpirla, mientras el autómata se quita lo que acaba de ponerse o camina a paso vivo hasta la tienda de la esquina para comprar el periódico que ha leído antes ¿Y por qué ocurre? Quizá porque en la labor sin pluma no hay pausa con la pluma en el aire… ¿O se trata de un proceso más profundo, en el que no hay escritorio que apuntale lo falso y levante lo pintoresco?  Pues existen misteriosos momentos en los que, demasiado cansado para borrar, dejo caer mi pluma ;  deambulo … y gracias a una orden  muda, la palabra justa gorjea y se posa en mi mano”.

(Imagen –Wolfang Suschitzky– H G Wells 1939)

LOS MOMENTOS DE LA INSPIRACIÓN

 

 

“Podemos distinguir – escribe Nabokov enOpiniones contundentes” –  diversos tipos de inspiración que pasan de una forma a otra de manera gradual, al igual que todas las cosas en este fluido e interesante mundo nuestro, al tiempo que se prestan amablemente a un remedo de clasificación. Un resplandor preliminar es algo que el artista aprende a percibir en una fase muy temprana de su vida. Esa sensación de cosquilleo, de bienestar, se ramifica a través de su cuerpo como el rojo y el azul en la imagen de un hombre despellejado bajo el encabezado de Circulación de la Sangre (…) Se expande, resplandece y remite sin revelar su secreto. Mientras tanto, sin embargo, se ha abierto una ventana, ha soplado un viento auroral, los nervios han sentido hormigueo. Al poco todo se disuelve: regresan las preocupaciones habituales y las cejas vuelven a describir su arco de dolor ; el artista sabe que está preparado.

Pasan unos días. La siguiente fase de inspiración es algo que uno espera ardientemente… y ya no es algo desconocido (…) El narrador presiente lo que va a contar. El presentimiento se puede definir como una visión instantánea que se convierte en un veloz discurso (…) El escritor experimentado de inmediato toma nota, y mientras lo hace transforma lo que es poco más que un borrroso discurrir en algo que poco a poco va cobrando sentido, con epítetos y construcciones de frases que crecen tan claros y elegantes como quedarían en la pągina impresa.

(…) Podemos ver la inspiración como algo que acompaña a un autor mientras éste trabaja en su nuevo libro. Lo acompaña mediante unos fogonazos sucesivos a los que el escritor podría acostumbrarse hasta tal punto que cualquier repentino chisporroteo de la iluminación doméstica podría pasar por un acto de traición”.

 

 

(Imágenes -1- Victoria park – 1915 – McCord museum/ 2- Drago persic– engholm gallerie)

MÚSICA, MATEMÁTICAS Y AJEDREZ

 

juegos-nhu- ajedrez- Alice Kent Stoddard

 

Música, matemáticas y ajedrez son tres campos intelectuales en los que los seres humanos han realizado importantes hazañas antes de alcanzar la pubertad”. Así lo explicaba George Steiner en “Muerte de reyes” en 1968. Ahora que se anuncia para el otoño una exposición sobre las relaciones entre Marcel Duchamp y el ajedrez, las reflexiones sobre este juego vuelven a estar de actualidad. “El niño prodigio – sigue diciendo Steiner – sabe el orden, la dimensión apropiada de la suma o de la figura geométrica antes de haber dado los pasos intermedios. El niño predice el jaque mate en seis jugadas porque la victoriosa posición inicial, la configuración más eficiente de sus piezas en el tablero, se encuentra “allí” de cierto modo, clara y precisamente enfocada en su mente (…) El ajedrez es un juego en el que treinta y dos piezas de marfil, cuerno, madera, metal o ( en los campos de concentración ) aserrín pegado con betún, son movidas en un espacio de sesenta y cuatro casillas de colores alternos. Para el aficionado, una descripción de este tipo es una blasfemia.

 

juegos.-rtggb.-ajedrez.-Thomas Eakins.-1876

 

Para el verdadero jugador de ajedrez, el acto de mover treinta y dos piezas en un espacio de 8 x 8 casillas es un fin en sí mismo, un mundo muy completo al lado del cual la vida biológica, política o social da la impresión de ser desordenada, aburrida y contingente (…) ¿ Existe algo más en el mundo fuera del ajedrez? Pregunta necia, que, sin embargo, todo verdadero jugador se ha hecho alguna vez. Y cuya respuesta es al menos incierta. Se ha calculado que hay más variantes posibles en una partida de ajedrez que átomos en nuestro vasto universo. El número posible de modos legítimos de hacer las cuatro primeras jugadas de cada lado llega a 318. 979. 584. 000. Jugando una partida por minuto y sin repetirla nunca, todos los habitantes del globo terráqueo  necesitarían doscientos dieciséis billones de años para agotar todas las maneras concebibles de hacer las diez primeras jugadas de los ajedrecistas que narra Nabokov“.

 

juegos.-ajedrez.-8877b.-vidriera de jugadores de ajedres del Hotel de la Bessée.-1430.1440.-Villefranche -sur- Saône

 

“Hoy me conformo con jugar – escribió a su vez Duchamps -. Todavía soy una víctima del ajedrez. Tiene toda la belleza del arte y mucho màs. No puede ser comercializado. El ajedrez es más puro que el arte en su posición social. Las piezas del ajedrez son los bloques del alfabeto que moldean los pensamientos, aunque forman un diseño visual en el tablero, expresan abstractamente su belleza como poema… He llegado a la conclusión personal que, si bien no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son artistas”.

 

ajedrez-unnb-Pamela J Crook-jmrw com

 

(Imágenes.-1,. Alice Kent Stoddard/ 2.-Thomas Eakins– 1876/ 3.-vidriera de jugadores de ajedrez del Hotel de le Besée- Villafranche-sur-Saone- 1400/ 4.-Pamela J. Crook-jmrw)

SOBRE EL AJEDREZ

 

 

 

 

juegos.-56ggb.- ajedrez.- vidrieras de ajedrez del Hotel de la Bessée.- Villefranche -sur- Saône.- 1430- 1440

 

 

“Cualquier persona que haya jugado al ajedrez con un muchacho particularmente joven y dotado- comenta George Steiner en “Extraterritorial” (Barral) -, habrá observado la diferencia enorme, casi escandalosa, que existe entre la astucia y la sofisticación analítica de las jugadas sobre el tablero y su comportamiento infantil una vez que las piezas han sido guardadas. He visto a un niño de seis años usar la defensa francesa con tenaz habilidad y luego convertirse, segundos después del partido, en un mocoso chillón y destructor (…)  El niño prodigio, como un adulto, es capaz de visualizar de manera instantánea y, sin embargo, extraordinariamente segura de qué modo han de estar las cosas después de varias jugadas (…) El niño predice el jaque mate en seis jugadas porque la victoriosa posición inicial, la configuración más eficiente de sus piezas en el tablero, se encuentra “allí” de cierto modo, clara y precisamente enfocada por su mente”.

Ahora que se evoca de nuevo la pasión del ajedrez, se quiere imponer el ajedrez como asignatura y este juego va a entrar en las aulas, célebres jugadores literarios nos traen sus recuerdos. Nabokov, que en su cuarto de baño con azulejos del Montreux Palace tenía junto al inodoro

 

juegos.-yeddv.-ajedrez.-Maurice Lalau.-1909

 

un tablero de ajedrez, con las piezas en su lugar, fue durante muchos años un estudioso de los problemas de ajedrez. Brian Boyd en su biografía del profesor y novelista cuenta las partidas de Nabokov con el filósofo Max Black, ex campeón de ajedrez en la Universidad de Cambridge y que había derrotado una vez a Arthur Koestler, ex campeón de la Universidad de Viena, y lo había hecho en cuatro movimientos. El filósofo recuerda que cometió el error de suponer que Nabokov era un jugador muy fuerte, y deliberó con mucho cuidado los movimientos. Nabokov sabía que no era un as del tablero: las cualidades de la imaginación que le permitían componer tan magníficos problemas de ajedrez no

 

juegos.-r566y.-ajedrez.-Sir William Orpen .-1902

 

tenían tiempo para funcionar en una competición. Con todo, rara vez encontraba a alguien capaz de igualarlo en el juego. Para sorpresa de ambos, Black lo venció fácilmente en una partida que apenas duró quince minutos. Nabokov pidió una revancha inmediata, y perdió casi en el mismo tempo.

Nabokov, en 1969, comenzó a preparar la copia en limpio de su obra “Poemas y problemas”. Quiso combinar poemas y problemas de ajedrez. “Me niego a disculparme – dijo – por haberlo incluido. Los problemas de ajedrez exigen del compositor las mismas virtudes que caracterizan a todo arte digno de este nombre: originalidad, inventiva, concisión, armonía, complejidad y una magnífica falta de sinceridad… Los problemas son la poesía del ajedrez”. A finales de los años sesenta y principios de los setenta – cuenta Boyd -, sus años más prolíficos en lo tocante

 

juegos.-88y,.ajedrez.-Adolphe Francois Monfallet.-1887

 

al ajedrez, Nabokov se hizo suscriptor de “The Problemist” y calificaba los problemas de cada número (…) En enero de 1970 le invitaron a participar en el equipo norteamericano como redactor de problemas en futuros torneos internacionales de problemas de ajedrez. Para Borís Spaski, uno de los problemas de “Poemas y problemas” merecía un elogio especial. Los fanáticos suscriptores de “The Problemist” definían sus problemas de los sesenta y los setenta como no especialmente difíciles pero ingeniosos y excepcionales por la original redacción (…) “ Sus problemas difieren radicalmente entre sí en lo tocante al diseño, pero comparten estos rasgos: no dependen de un conflicto forzoso, sino de la mera sorpresa del diseño central en sí: por ejemplo, la sorpresa de un rey errante; soluciones falsas tan complejas como la única solución verdadera; una reina que pese a todo su poder tiene que exiliarse a un remoto rincón del tablero; el forzado circuito de una torre que ataca; un destello de inesperada simetría; una súbita visión de las variantes, y una divertida abundancia de jaques descubiertos”.

 

juegos-ffvv-ajedrez- Nils Gustav Wentzel- mil ochocientos ochenta y seis

 

(Imágenes.- 1.-vidrieras de ajedrez del Hotel de la Bessée- Villefranche-sur- Saône- 1430/ 2.-Maurice Lalau- 1909/ 3.-Sir William Orpen -1902/ 4.-Adolphe Francois Monfallet- 1887/ 5.-Nils Gustav Wentzel– 1886)