SECRETOS DE LAS CAJAS

 


“Una caja de cartón que contiene fichas multicolores, tres cajas de madera torneada, una gran caja de cigarros ( sin cigarros, pero llena de objetos pequeños), una cajita de madera dorada; todas estas cajas y cajitas —además de numerosos utensilios no se sabe si útiles o inservibles  — tenía en su mesa de trabajo el escritor francés Georges Perec y él los enumera minuciosamente en su libro “Pensar/clasificar”.

Estamos rodeados de objetos. Además de las monedas, los sellos, los grabados y tantas cosas más, aparecen cajitas por doquier, cajitas que nos han regalado, que han contenido pequeños tesoros o nimiedades sin valor, pero que con su diseño, colorido o gracia  — también como mero recuerdo — han ocupado un puesto sobre muebles y mesas, al lado de las camas o en escritorios. Y allí han estado durante años. Cuando el dueño de la caja y de la casa desaparezca, entrará de puntillas en la habitación un hermano, una sobrina o un nieto y al ver la caja  su tentación  de curiosidad siempre será abrirla, “a ver qué guardaron aquí”, dirá como ante un misterio. Porque la caja cerrada es como si escondiera secretos o peculiaridades que muchas veces se convierten en total vacío.  Entonces, ¿ por  qué se ha conservado esa caja que sólo contiene vacío?

 

“Siempre me gustaron los pequeños cofres — comentaba la escritora argentina María Negroni —, los “secrétaires”, con o sin doble fondo, todo aquello que pueda cerrarse con llave, es decir, que sirva para esconder algo, para almacenar la insondable reserva de la ensoñación. Su marca principal es el cerrojo que, siendo, en sí mismo, un umbral, protege un reino interior, fabricado y custodiado sin pausa. Algo absoluto se preserva en estas maravillas de la ebanistería. Algo que siempre es más de lo que parece porque, en la noche del mueble, imaginar es más grande que vivir.  En estos objetos antiguos como moradas sensibles, se puede manipular el sueño hasta hacerle destilar su relato: eso que se esfuma, siempre, en cuanto es nombrado.”

 

 

(Imágenes—1-Lynne parques/ 2- calculadora colmar/ 3- Hans Holbein – 1528)

 

LITERATURA Y DINERO

vida cooriente.-7hh.-dinero.- Norman Rockwell.-soñar despierto de una contable.-1924

“He encontrado la felicidad en Cambo confesaba Edmond Rostand, el autor de “Cyrano – Allí paseo, respiro, sueño. Voy a hacerme construir una casa en un sitio incomparable. Tengo flores, tengo montañas, tengo el agua del gentil Nive, tengo la compañía de magníficos vascos. He ahí mi vida. ¿Para qué recargarla de cuidados superfluos? ¿ Y por qué he de trabajar a la fuerza? ¿ Qué es esa obligación de trabajo que se quiere imponer a todo el mundo? Si no tengo ganas de trabajar, ¿por qué he de trabajar?.” Lo comenta todo esto Rubén Darío en su libro “Opiniones(Mundo Latino) y añade que “en el inmenso vulgo hay la creencia de que, al contrario que Rostand, al artista le es necesaria la penuria, la miseria“. Darío hace eco de los comentarios que repiten cómo Cervantes no cenó cuando concluyó El Quijote, que Homero fue un mendigo y que muchos grandes poetas vivieron y murieron en el sufrimiento y en la escasez. Al propio Rubén Darío le dijeron un día: “Dios quiera que nunca le sonría a usted la fortuna“, y el poeta nicaragüense añade en otro momento: “¿Qué no hubiera hecho Verlaine poderoso o Mallarmé 

freeimages.co.uk photos of objects

con rentas copiosas?.” Antiguo debate el de literatura y dinero que nos podría llevar, entre muchos otros casos, hasta la vida de Dostoievski, para preguntarnos: “¿qué habría hecho si le hubieran suprimido sus deudas, sus adelantos, sus compromisos acuciantes?.” Hay poquísimos escritores a los que ha sonreído la fortuna y muchos en cambio que han trabajado cercados siempre de tensiones económicas. Es el dominio de  los “trabajos forzados” a los que ya he aludido aquí al referirme al libro de Daria Galateriatoda la variedad de profesiones que los autores han debido abrazar para poder comer. Las situaciones han sido diversas y a veces sorprendentes. Es el mundo de los intelectuales sin dinero.  Cuenta Curzio Malaparte que, recién llegado a París, al llegar a la Île  Saint- Louis, se detiene para comprar cigarrillos en

dinero.-tujm.-realmccoy.-mano con dinero aislado en fondo de arte pop flash.-123RF

un estanco, cuando un taxi se acerca. Baja un joven alto y flaco, con pequeñas manchas rojas en la cara; con decisión le pide a Malaparte veinte francos. Los coge, se los da al taxista, se guarda en el bolsillo el resto y, sin decir una palabra, se aleja. Pocas horas después, en el salón de la casa a la que Malaparte está invitado –  salón de intelectuales – le presentan al joven de las manchas rojas en la cara. “He aquí a André Malraux”, le dicen. Malraux empieza a hablar con su famosa elocuencia nerviosa – anota Galateria – y nunca más se referirá a aquellos veinte francos tan asombrosamente requeridos.

(Imágenes:- 1.- Norman Rockwell.-1924/2.-monedas/3.- realmccoy.-mano con dinero aislado en fondo de arte pop flash.-123RF)

EN LA FLORISTERÍA

(c) John Hitchens (son); Supplied by The Public Catalogue Foundation

“Un hombre entra en una floristería

y elige unas flores.

La florista envuelve las flores.

El hombre introduce la mano en su bolsillo

para buscar el dinero,

– el dinero para pagar las flores –

pero al mismo tiempo se lleva

repentinamente

la mano a su corazón

y cae.

flores.-ttggbb.-amapolas.-Martiros Sarian.-.1958.-colección privada

Y al tiempo que se desploma,

rueda el dinero por el suelo,

y luego caen las flores

al mismo tiempo que el hombre,

al mismo tiempo que el dinero.

Y la florista se queda allí,

con el dinero que rueda,

con las flores que se estropean,

con el hombre que muere.

Evidentemente todo esto es muy triste,

y ella, la florista, debe hacer algo,

pero no sabe qué hacer,

no sabe

por dónde empezar.

Hay tantas cosas que hacer

con este hombre que se muere,

con estas flores que se echan a perder

y este dinero,

este dinero que rueda

y que no para de rodar.”

Jaques Prévert: “En la floristería” (traducción de Juan Bravo Castillo)

dinero.-er7y.-Abelardo Morell.-Falling Coins.-2006

(Imagen:-Ivon Hitchens.– 1942/2.- Martiros Sarian.-1958.-colección privada/2.-Abelardo Morell.-Falling Coins.-2006)

DINERO Y BELLEZA

Contestando al periodista italiano Enzo Biagi que le preguntaba sobre si alguna vez podría abolirse el dinero, el economista norteamericano Paul Samuelson repasaba algunos de los medios de intercambio que han existido a través de los siglos: “fueron el ganado – decía – el tabaco, el cuero, las pieles, el aceite de oliva, la cerveza, los productos alcohólicos, los esclavos, las mujeres, el cobre, el hierro, el oro, la plata, los anillos, los diamantes, las conchas, piedras pesadas y colillas de cigarrillos. Pero cada uno de esos objetos tenía sus cualidades y sus defectos. El ganado no puede partirse en moneda fraccionaria, pero este tipo de “dinero”, cuando se acapara, aumenta, debido al proceso de reproducción, desmintiendo la doctrina de Aristóteles, según la cual el dinero es estéril. El aceite de oliva es una moneda líquida agradable, que puede dividirse tanto como se desee. El hierro, por el contrario, se cubre de orín; y el valor de un diamante no es proporcional a su peso, sino que varía según su talla.

La plata brilla – continuaba explicando el Premio Nobel -, pero se empaña si se expone al aire. El oro mantiene su esplendor, pero es blando si no se amalgama. De la edad del dinero como mercancía hemos pasado a la del papel moneda. La moneda de papel se ha difundido porque es muy útil como medio de intercambio. Puede transformarse y conservarse con facilidad. Imprimiendo más o menos ceros en el papel, puede alterarse su valor. Y puede fabricarse de manera que pueda reconocerse y protegerse de falsificaciones. La definición más rápida del dinero sería entonces que en lugar de intercambiar comida por vestidos, creeemos más conveniente intercambiar la comida y los vestidos por el dinero y después transformar el dinero en comida y en ropa. Es un medio de intercambio”.

De la avaricia ante el dinero ya hablé aquí hace tiempo, así como de la referencia a la avaricia que hace Tomas Moro en una de sus cartas a su hija Margarita. Ahora, otro aspecto muy distinto del dinero – que es el de su reproducción en la historia de lo bello -, está teniendo lugar en Florencia hasta el mes de enero, en la exposición sobre Dinero y Belleza.

Grandes pintores, pequeñas monedas, grandes avaricias, prestamos que nos envuelven, deudas que nos acompañan…

(Imágenes:- 1 y 2.- Marinus van Reymeswaele: 1- los dos prestamistas-1540.-National Gallery.-Londres/ 2.-Marinus van Reymeswaele.-el cambista y su mujer.-1538 – Museo del Prado/ 3.-Fra Angelico.- detalle de “San Nicolás salva un barco”-1437 -Pinacoteca Vaticana.- Web Gallery of Art)

¿PUEDE ABOLIRSE EL DINERO?

En momentos de convulsiones financieras mundiales vienen a la memoria las respuestas que el economista Paul Samuelson le dictara al periodista italiano Enzo Biagi, al que más de una vez me he referido en Mi Siglo. “Nuestra moneda actual – decía Samuelson entonces– es un convencionalismo artificial de la sociedad. Si por cualquier razón determinada sustancia empieza a emplearse como dinero, todo el mundo le dará el valor del dinero, incluso aquellos que no crean en absoluto en su utilidad intrínseca. Mientras las cosas puedan comprarse y venderse por medio de aquella materia, la gente será feliz al vender y comprar sirviéndose de ella. A eso se debe la paradoja: el dinero se acepta porque se acepta. Por lo tanto, no se desea el dinero por amor al dinero, sino por las cosas que con él se pueden comprar.(…)  Lo que no debe hacerse es confundir el dinero con el egoismo. No se debe pensar que la inexistencia de una sociedad ideal, en la que reinen la caridad y el altruismo, sea debida a la presencia del dinero, porque uno puede no tener dinero y no altruismo, y pueden desencadenarse guerras entre pueblos autosuficientes. Eso no impide que conozcamos individuos obesionados por el dinero y enloquecidos por él, que olvidan que el papel moneda es un signo convencional, una imagen. Pero los grandes financieros no amontonan dinero, sino que amontonan barcos, petroleros, depósitos inmensos de material en bruto. Para ellos, lo último que cuenta es el dinero contante”.

Al otro lado de los telediarios, al fondo del callejón de las noticias, podemos seguir la imagen vacilante y borrosa del vagabundo al que John Dos Passos hizo andar al final de “El gran Dinero. Es un hombre con pocos horizontes, casi sin esperanza, uno que reconocemos al pasar: “El joven espera al borde del camino – escribe el novelista norteamericano -. Fue a la escuela; los libros hablaban de oportunidades; los anuncios prometían rapidez; posea su casa propia, sea más que su vecino; el cantante de la radio hablaba de hermosas chicas; fantasmas de platinadas muchachas hacían guiños desde la pantalla del cine; en los pizarrones de las oficinas había ganancias de millones escritas con tiza; los cheques de los sueldos eran para todas las manos ansiosas de trabajar y la mesa del jefe con tres teléfonos;

el joven esperaba casi cayéndose, todo lo que necesitaba se le convertía en un nudo en la barriga, las manos sin trabajo se entumecían al borde del zumbante tráfico”.

Dinero y  paro, paro y dinero, cara y cruz de la moneda de nuestro tiempo.

(Imágenes:- 1.- Marka.-2008. -Societé Réaliste.-bronce -Wwork/ 2.-Martha Moffett Bache.-1942)

MONEDAS DE TIEMPO

Pasan las monedas de tiempo en el último día del año, resbalan de mano en mano las hojas de los meses, horas circulares, redondas penas y alegrías, esferas, agujas, mecanismos, las cajas de madera de raíces plantadas en nuestra sobremesa de siempre, sonerías, agujas del reloj que un día nos hirieron, silenciador de voces, calendario de fechas, segundero de nimios pensamientos, alarmas que nos conmovieron, muelles que nos levantaron en caídas, decoración grabada en platino de tantos días iguales, pasos de cebra de aquellos días iguales, autobuses, aviones, teléfonos, péndulos de inestable corazón, placas de nacimientos y rupturas, despertadores de sueños, acristaladas cúpulas de deseos, aceros forjados de voluntad, cuartos y medias de tantas citas memorables, hendiduras de dolores, llaves poniendo en marcha la vida, cajas de música, pesas, alambres, ruedas de infortunios y sorpresas, decisiones torneadas a punta de buril, visualidad, claridad, la vida, el día es claro y siempre rodeado de misterio, se desmontan, se retocan los recuerdos, la numeración de latón que marcan alegrías se hace de bronce dorada a fuego, es el mecanismo de la repetición, repetición, repetición, relojes de agua, de arena, de sombra y sol, astrolabios contemplando estrellas, estrellas, estrellas que en el último día del año nos pasan monedas de tiempo.

(Imágenes: 1 y 2:  Terminal Grand Central de Nueva York-1941.- foto John Collier.-shorpy.com)