“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS”: MEMORIAS (45): LOS MENDIGOS FINGIDOS

 

 

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo, los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

 

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MEMORIAS  (45):   Los mendigos fingidos

 

 

Al salir de El Comercial, creo que ya serían las cuatro o cuatro y cuarto de la tarde, no lo recuerdo con exactitud, giré hacia la izquierda, disfruté una vez más del magnifico color de Madrid reflejado a aquella hora en las hojas de los árboles y en los brillantes espejos de los comercios, y comencé a andar despacio y sin rumbo fijo, tal como solía hacerlo algunos sábados por la mañana muchas veces acompañado de mi mujer, pero esta vez caminando solo y sumido en varios pensamientos por aquella larga calle de Fuencarral de tanta historia. Porque lo que estaba haciendo ahora casi sin darme cuenta era de algún modo recorrer aquella calle al revés, es decir, no comenzando por sus inicios, puesto que ellos quedaban ya señalados en la Gran Vía, sino empezar mi paseo casi por su final, final que estaba muy cercano a la glorieta de Quevedo, ya que la calle de Fuencarral, según viejos documentos que alguna vez me habían servido de informacion y también de entretenimiento, se alargaba en tiempos hasta el pueblo cercano de Fuencarral, allí donde habitaban los monteros de los Reyes de Castilla, y precisamente del nombre de aquel pueblo había tomado su nombre esta calle. Aparecían, pues, los antecedentes de la calle de Fuencarral en la Historia muy perdidos en la lejanía como un paisaje poblado de encinas y repleto de caza mayor, espacio abierto a gamos y jabalíes, muchos años antes de que fueran tallados aquellos bosques y muchos años antes también de que en tiempos de Felipe ll se cortaran los montes y ya en época de Felipe lll el amplio camino rural y vecinal se transformara, casi de modo espontáneo, en primitiva calle. Por cierto que caminando por aquel inicio de proyecto de calle y en dirección a Madrid había entrado en 1612, todo un cortejo: nada menos que el embajador de Francia, Conde de Umena, precedido, según contaban las crónicas, de 136 acémilas, 50 con fardos de mercancías francesas, y las restantes, con los aderezos de cocina y casa, yendo detrás la recámara del conde, luego los oficiales, mayordomos y criados de dos en dos, y al final, los gentileshombres, 30 pajes y los caballeros que traía consigo. Toda una procesión para Fuencarral.

Comencé a andar sin ninguna prisa por la acera de la izquierda de la calle, pasé despacio por delante de una farmacia abierta día y noche y que yo conocía muy bien puesto que entraba en el camino habitual de mis paseos por el barrio, dejé a mi izquierda la calle de Apodaca y luego la de Barceló, como también los jardines que se prolongaban hasta el vecino y nuevo mercado, y en determinado momento, unos pasos más adelante, quise detenerme ante la imponente fachada del Museo de Historia de Madrid, antiguo Hospicio de San Fernando. El sol a esa hora de la tarde estaba cayendo sobre las molduras, los escudos, los paños plegados, los jarrones y las flores de la exuberante puerta que yo ahora contemplaba: la obra de Pedro de Ribera enormemente barroca, para unos admirable y por otros muy criticada. Siempre había pasado deprisa ante aquel edificio y hasta entonces nunca había dedicado tiempo a observar con atención las conchas, las volutas y pilastras, los arcos y las colgaduras de aquella fachada, y por tanto aproveché ese momento para sentarme en un banco delante de la portada y allí me quedé mirando durante un largo rato los grandes ventanales enrejados, guarnecidos con profusión enorme, así como los torreones que escoltaban la hornacina con la imagen central de San Fernando. Aquello había sido, mucho antes que Museo, así lo recordaba yo por lecturas, Hospicio importante y espacioso, llamado de los Pobres del Ave María, fundado por doña Mariana de Austria en 1668, situado primero en la calle de Santa Isabel y trasladado unos años después, en 1674, a la calle de Fuencarral, y por allí habían pasado en sus inicios casi cuatrocientos pobres a los que muchos de ellos solían llevar vestidos con un paño pardo, destacando en el pecho una lámina de bronce con la cruz trinitaria triangulada y una inscripción que decía “Ave María” y presentando al lado derecho las armas reales y al izquierdo las armas de Madrid. Muchos de esos pobres quedaban asignados para desempeñar ocupaciones diversas, tales como fabricación de linos y paños, puntos y tejidos de lana, bordados e hilados, tapicería, carpintería, calderería o sastrería, y un siglo después esos pobres y mendigos alcanzaban la cifra de ochocientos y ya en el reinado de Carlos lll sumaban más de dos mil. Pensé entonces, sentado en aquel banco ante la fachada del antiguo Hospicio, en toda la muchedumbre de mendigos, unos auténticos y muchos de ellos falsos, que seguían invadiendo ahora la vida de Madrid en el siglo XXl con motivo de algunas migraciones provenientes del centro de Europa y por otras muchas causas, y que igualmente habían existido en muchas ciudades españolas a lo largo de siglos, como así lo relataban no sólo historiadores sino importantes autores de la picaresca. Y recordé igualmente cómo una tarde de hacía años, trabajando en uno de los pupitres de la Biblioteca Nacional, seguramente en la Sala General que era donde yo entonces escribía, me topé casi por casualidad con un curioso Discurso de un médico y capitán de galeras, cuyo nombre ahora no lograba recordar con precisión, en el que defendía ya en el siglo XVl el amparo de los legítimos mendigos y también la reducción de los fingidos. Porque los fingidos siempre habían existido en España. Cervantes en una de sus novelas cortas describía por ejemplo cómo los falsos mendigos conocían oraciones dedicadas a todos los santos que podían recitar si se les pagaba por adelantado y Mateo Alemán en su “Guzmán de Alfarache” contaba tretas, gestos y voces adecuados que presentaban según los sitios y las horas, e incluso se atrevía a distinguir las diversas naciones según la manera de pedir que las gentes tenían: los mendigos alemanes, decía, cantando en tropa, los franceses rezando, los flamencos reverenciando, los gitanos importunando, los portugueses llorando, los toscanos con arengas y los castellanos respondones.

José Julio  Perlado

“Los cuadernos Miquelrius” —Memorias

 

(Conrinuará)

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“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (26) : FICCIÓN , MEMORIAS, CERVANTES

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo, los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS  (26) : Ficción, Memorias, Cervantes

 

 

—Me hablaba usted antes del “cementerio de los elefantes”…—me dice la periodista.

 

– Sí, “el cementerio de los elefantes”, como le comentaba el otro día, es para mí una gran lección. Uno se esfuerza en escribir, en trabajar, unas veces acierta y otras no, pero al fin, al paso de los años, uno acabará de una u otra forma en “el cementerio de los elefantes” ; eso suponiendo que uno sea “elefante”…, que yo no lo soy…

– Es usted muy modesto.

– No. Yo tal vez sea un elefante muy pequeñito, muy pequeñito, de los millares y millares de elefantes pequeñitos que hay entre los escritores del mundo. Cuando uno pasea por entre los títulos de tantas obras alineadas, de tantas colecciones organizadas por colores, por encuadernaciones o por premios, es como si uno paseara por un largo y aleccionador claustro haciendo meditados ejercicios espirituales literarios, con reflexiones sobre la caducidad de la fama y sobre la vacuidad de las cosas. Es un paseo muy necesario, muy higiénico.

. – Entonces, ¿qué es lo que queda de todo eso?

– Pues queda la obra bien hecha, lo que se ha hecho con dedicación, con amor, la satisfacción de haber intentado lograr una obra bien hecha. Es la satisfacción del intento, ni siquiera la del logro, que no siempre se consigue. Además, ese logro está completamente cercado de avatares.

– ¿Qué avatares?

– Pues avatares de todo tipo, de modas, de gustos, de costumbres. Piense usted que naturalmente ya no se escribe, por ejemplo, como Dickens o como Galdós, y sin embargo los dos intentaron la obra bien hecha, y en algunos de sus libros lo consiguieron. En el caso de Galdós, cuando un periodista va a verle y él está ya casi ciego al final de su vida, en un momento de la entrevista, le pregunta, “¿Pero usted, don Benito, después de sus cien libros y de sus numerosas obras de teatro; después, en fin, de medio siglo escribiendo, supongo yo que no trabajará por necesidad, sino por placer, por crear…? “. Y Galdós le contesta:- “!No, amigo!… A pesar de toda mi labor pasada, si en el presente quiero vivir, no tengo más remedio que dictar todas las mañanas cuatro o cinco horas y estrujarme el cerebro hasta que dé el último paso en esta vida”. Esto respecto al trabajo, que es algo más bien normal en cualquier persona. Pero luego vienen las modas, las costumbres, los cambios en los gustos, los avances en la forma de narrar, la influencia de los nuevos medios técnicos, del cine, de tantas cosas modernas en el mundo de la comunicación : todo ello marca naturalmente y repercute. Y también las devociones y los desprecios, los puntos de vista tan encontrados, muchas veces tan radicales. Le hablaba hace unos días de Bresson y de mi conversación con él en París, de cómo él amaba a Dostoievski ; pues bien, si leemos las clases de Nabokov sobre literatura rusa Dostoievski queda muy apartado, y se ensalzan en cambio a Chejov o a Tolstoi. Por otro lado Gombrowicz desdeña a Camus, Canetti ataca a Iris Murdoch… etc, etc. Todo son puntos de vista diferentes y todos muy legítimos. Todo es cuestión de preferencias y de revisiones. Pero esto son cosas técnicas o teóricas, como usted ve, que sin duda interesan únicamente a los especialistas. Lo importante, como recordaba un autor destacado, es que no puede quedar bien nada que no se haga con amor.

– ¿Usted cree que ha hecho las cosas con amor?

– No todas, pero en muchas lo he intentado, sobre todo en los últimos años. Es lo que queda: la esencia de lo que queda cuando se escribe. Pienso que así debía ocurrir en todas las cosas de la vida.

 

. 15 mayo.

 

En “La Barranca” – Navacerrada

 

 

Antesdeayer, lunes, de nuevo con Senabre en “La Central”, aprovechando que venía él de Alicante a Madrid para pasar aquí unos días. Lo pasamos muy bien. Días atrás le había mandado varias páginas de este libro para que las leyera y la verdad es que aprendí mucho cuando las comentó, como siempre que hablamos de literatura. Al aludir a mis descripciones de la casa de la calle de Goya su pensamiento, me dijo, se le había ido casi sin querer a escritores que habían dedicado páginas a las casas, tanto en su exterior como en su interior, que son muchos, y luego nuestra conversación se desvió por este tema de las casas y acabamos nada menos, mejor dicho acabó Senabre, citando al siglo de Oro y a Vélez de Guevara, con su “Diablo cojuelo” que tanto le gusta , el autor que levantaba los techos de las casas de Madrid. Yo le recordé, en otro sentido, a un escritor que me interesa mucho, Georges Perec, por sus experiencias literarias, y comentamos la enumeración exhaustiva y minuciosa que él hace de la casa de pisos en la calle Simón -Crubellier de París. Y así nos entretuvimos casi toda la mañana hablando de casas en general y luego del libro de Sandra Petrignani “ La escritora vive aquí” y de las casas de las autoras que ella describe. Como siempre, una conversación muy aleccionadora y agradable.

Y al fin, tras esta conversación del lunes con Senabre, he decidido incluir en estos “ Cuadernos Miquelrius” algunos de los cuentos que he escrito en estos años. Es cierto que nada tienen que ver con el tronco central de la larga entrevista que me está haciendo la periodista, y ello hasta me mantenía dudoso y preocupado. Pero al confesarle el lunes a Senabre mis dudas él me ayudó enseguida, como hace siempre. Defendió toda clase de cuentos, relatos o episodios intercalados que suelen aparecer en muchas obras literarias y me puso muchos ejemplos. Ante mi sorpresa, y en medio de la conversación a media mañana, se levantó de uno de los sillones en donde charlábamos, se acercó a una de las estanterías de “La Central”, y tomó el volumen del Quijote que editó hace ya varios años, en 1998, el Instituto Cervantes, un magnífico volumen con Notas complementarias. Senabre me leyó parte de lo que él mismo comentaba allí sobre las dudas de Cervantes en la Segunda Parte del libro y sobre si fue oportuna o no la inclusión en la Primera Parte del relato “ El Curioso impertinente”.

– Mira – me dijo Senabre – lo que Cervantes dice aquí por boca del Bachiller – y me leyó : “una de las tachas que ponen a la tal historia es que su autor puso en ella una novela intitulada “El Curioso impertinente”, no por mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quijote”. Muchos autores, por tanto, han incluido pequeñas historias ajenas a la historia central dentro de sus libros. Y lo que estás haciendo, añadió, es perfectamente razonable, e incluso, creo, puede darle mayor variedad al libro. Por otro lado, en muchas de estas páginas que me estás mostrando aparecen varias facetas tuyas, la de profesor, periodista o conocedor de escritores, tus encuentros con artistas diversos y tus reflexiones, cosas que han sido una constante en tu vida, pero tampoco tienes por qué esconder tu perfil de cuentista y de novelista, y esto cabe perfectamente en un volumen al que tú de algún modo calificas de Memorias. Piensa, por ejemplo, en algunas obras de Sergio Pitol que mezcla diversos géneros. O en los relatos que en medio de sus “Diarios” introduce de pronto Ricardo Piglia. Pero tampoco hay que ceñirse a Pitol o a Piglia. Cervantes, como digo, mete relatos intercalados en la Primera y en la Segunda Parte del Quijote, Mateo Alemán introduce cuatro novelas breves, cuentos y anécdotas para dar variación a su “Guzmán”, e incluso Graham Greene defiende esos relatos breves dentro de una obra, que para el creador, así lo llama él, son otra forma de escape. Muchos han aplicado esa fórmula.

Todo esto me ha animado a incorporar más relatos. Me ha dejado tranquilo. Introduciré en estas Memorias el relato “Caligrafía”.

 

José Julio Perlado — “Los cuadernos Miquelrius” — Memorias

 

(Continuará)

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EL AGUA CLARA

 

 

“La excelencia de la poesía — escribió Cervantes— es tan limpia como el agua clara, que a todo lo no limpio aprovecha; es como el sol, que pasa  por todas las cosas inmundas sin que se le pegue nada; es habilidad que tanto vale cuanto se estima; es un rayo, que suele salir de dónde está encerrado no abrasando, sino alumbrando; es instrumento acordado, que dulcemente alegra los sentidos y al paso del deleite lleva consigo la honestidad y el provecho.”

(Imagen —fan del agua)

“PARÁSITOS” Y LA PICARESCA

 

 

“Las trapisondas, embustes, habilidades y mentiras de la familia Kim para adentrarse poco a poco en el círculo de la familia Park  y dominarlo, tal como nos lo cuenta la película “Parásitos”, nos llevan, entre otras cosas, al mundo nunca extinguido de la picaresca. Se creería que la picaresca perteneció a otros siglos pero sigue ahí, en Occidente y en Oriente, en la literatura y ahora  reflejado en el cine. El tipo de “Pícaro”  — con varios nombres— existió ya en la literatura medieval. Fue descrito por el Arcipreste de Hita, como así lo recordaba Ernesto Giménez Caballero, como “mentiroso, ladrón, tahúr, sucio, reñidor y perezoso”. En el siglo XVl la palabra “Pícaro’ se usó como  “ganapán” y “esportillero”; en el XVll, como “vagabundo sin oficio fijo”, y en la decadencia imperial de España, los “pícaros” formaron ya una clase social específica de jugadores, ladrones, aventureros, lacayos y escuderos.

Ha vuelto a ser un fenómeno contemporáneo  en ciertas partes del mundo occidental  — y  como ahora vemos, también oriental —, o más probablemente nunca ha dejado de serlo. La naturaleza humana no ha cambiado   — recordaba  Alexander A. Parker al hablar de la picaresca —cuando perduran los problemas de adaptación social, de libertad y disciplina, especialmente cuando los ocasiona una niñez desgraciada en hogar desordenado o sin el amparo de una familia. Y Parker hablaba de la “revolución fugitiva” en zonas de los Estados Unidos y de la vida de grupos de jóvenes desarraigados en Inglaterra.

 

 

 

Parker comentaba también que Cervantes no habla de “revolución “ ( que en esta película sí que existe de algún modo) , pero describe un fenómeno parecido al principio de “La ilustre  fregona” : “… no os llaméis pícaros —dice Cervantes  — si no habéis cursado dos cursos en la academia de la pesca de los atunes! ¡ Allí , allí está la suciedad limpia, la gordura rolliza, la hambre pronta, la hartura abundante, sin disfraz el vicio, el juego siempre, las pendencias  por momentos, las muertes  por puntos… Aquí  se canta, allí se reniega, acullá se riñe, acá se juega y por todo se hurta.”

En el libro de la “Desordena codicia de los bienes ajenos”, al exponer la organización que tenían las bandas de pícaros — y así lo evoca García Mercadal en “Estudiantes, sopistas y pícaros” —, encontramos una amplia clasificación de los pícaros españoles: “salteadores’, que son aquellos que roban y matan en los caminos: “ estafadores”, que asaltan a los ricos en sitio solitario”; “capeadores”, que se apoderan  por la noche de las capas o van con libreas de lacayos a casas de diversión, de donde roban lo que pueden, saludando a cuantos encuentran ; “grumetes”, que toman ese nombre de los aprendices de marino, que trepan a los mástiles, porque éstos van provistos de escalas de cuerda, con garfios en los extremos, para hacer sus robos; “cigarreros’, que frecuentan las plazas públicas y se llevan de un tijeretazo la mitad de una capa, etc.

En la película los pícaros  que ahí aparecen son muy distintos. Variadas reflexiones suscita esta  película, pero una de ellas es sin duda la comprobación de que no ha cesado de agitarse el ingenio humano para poder sobrevivir, la intuición hermanada a la velocidad para embaucar,  la adaptación vertiginosa para conquistar en pocos pasos otro mundo.”

José Julio Perlado

 

 

 

(Imágenes —1 y 2- película “Parásitos”/ 3- “El buscón” – teatro del Temple)

LA SEÑORA MAIGRET Y LA COCINA

 

 

“Hay un personaje sin el cual Maigret no sería  Maigret. —recuerda Xavier Domingo en “Cuando solo nos queda la comida”—Se trata de Louise, su discreta y dulce esposa.  Sabemos que Louise era alsaciana, de Colmar precisamente, y nacida en el seno de una familia de servidores del Estado, aunque no en la rama policial. Sus ancestros pertenecían todos al honorable cuerpo de Puentes y Carreteras. Jules Maigret, que recién acababa de abandonar su uniforme de guardia  de tráfico para entrar en la criminal, la conoció en casa de unos amigos ( los Leonard) y la sedujo. Louise llevaba ese día un traje azul y lo único que dijo a Jules fue : “Se han dejado los mejores: pruebe estos”, señalando una bandeja de pasteles.

 


Louise es una gran cocinera, una cocinera de terruño, que colecciona recetas y confecciona platos sin los cuales Maigret no podría vivir ni investigar. Se publicó hace tiempo en Francia un libro titulado “El cuaderno de recetas de la señora Maigret”, recopilando los platos que come el inspector a lo largo de sus pesquisas, platos amorosamente cocinados por una esposa hogareña y un tanto borrosa, pero al mismo tiempo tan real como cualquier otro de los personajes de Simenon. Y, si Louise sabe cocinar, indudablemente , Jules sabe comer. Hubo pocos grandes detectives gastronómicos.  Yo recuerdo a Maigret  y al célebre Nero Wolffe de Rex Stout.

Me parece, por otra parte, que hacer comer a los personajes de una novela y decir lo que comen, es un dato de buen novelista y pocos son los que caen en la cuenta de que dar cuenta de los gustos culinarios de un protagonista, explica mejor su carácter que las disgresiones psicológicas y sociológicas. Cervantes sabía eso y, por supuesto,  Balzac. Sería imperdonable olvidar, entre los grandes novelistas gastrónomos, al negro norteamericano Chester Himes. Los personajes del Harlem de Chester Himes, son perfectamente cervantinos, y muy en especial en su relación con la comida.

Pero volvamos a Maigret. Una tarde, en “Maigret y el asesino” leemos: “le quedaban 200 metros de caminata para llegar a su casa en donde reinaba un olor de caballas al horno. La señora Maigret las ponía con vino blanco a fuego lento, con mucha mostaza.

.¿Quieren probarlas?”

 

 


(Imágenes—1-Eliot Hodgkin -1961/ 2-Luis Meléndez -siglo XVll- Museo Del Prado/ 3-Claude Monet- 1873)

LEER CON VIRGINIA WOOLF

 

 

“Me gustaba leer aquí. Una acercaba  la mecedora maltrecha a la ventana, para que la luz cayera sobre la pågina – escribe Virginia Woolf  en uno de sus Ensayos – A veces, la ensombrecía la silueta del jardinero que cruzaba el prado (…) Había damas altas que entraban y salían de la casa (…) Pero nada me distraía del libro (…)  De una u otra manera el libro se sostenía como si se apoyara en los setos, y el azul lejano; me parecía, en lugar de un libro, algo que no estaba impreso, ni encuadernado, ni cosido sino que era producto de los árboles, de las colinas, del caliente día de verano, como el aire que flota, en las mañanas claras, alrededor de las cosas (…) Los grandes escritores son crueles, como la naturaleza lo es. En cuanto a que Cervantes supiese qué estaba haciendo, quizá los grandes escritores nunca lo saben. Quizá por eso los que vienen después encuentran allí lo que buscan.”

“¿Te dije que estoy volviendo a leer toda la literatura inglesa? – le  escribe a Ethel Smyth en febrero de 1941 – Para cuando llegue a Shakespeare estarán cayendo bombas. De modo que he arreglado una última escena perfecta: leyendo a Shakespeare y habiendo olvidado mi máscara de gas (..) Ayer abatieron a un bombardero del otro lado de Lewes. Yo iba en bicicleta a conseguir nuestra mantequilla, pero sólo escuché un zumbido en las nubes. Como tú dirías, ¡ gracias a Dios que nuestros padres nos legaron el gusto por la lectura! En lugar de pensar: para mayo estaremos…como sea, pienso: !sólo tres meses  para leer a Ben Jonson, Milton, Donne y el resto (…) Ya no puedo controlar mi cerebro. Leo y leo como un asno describiendo círculos en torno a un pozo.”

 

 

(Imágenes -1- Virginia Wool – foto Gisele Freund/2-James C Christensen)

GOYTISOLO

 

 

“Mis difuntos -decía Juan Goytisolo – son los escritores que han sobrevivido a lo largo del tiempo. Dentro de la literatura española los que han influido indirectamente en mis libros, Góngora en”Don Julián”, Cervantes siempre, San Juan de la Cruz en “Virtudes de un pájaro solitario”. Blanco White fue fundamental para mí. Cuando empecé a leer su obra inglesa mientras traducía tenía la impresión que lo que escribía no era una traducción, que lo estaba escribiendo yo. Las críticas que hacía a la España de su tiempo eran las que podía yo hacer a la España de mi tiempo. Era casi un ejercicio de creación. Su voz era mi voz. Y de fuera yo diría  que han sido mis últimas relecturas, autores que han sido siempre muy cercanos, Diderot, Tolstoi, Flaubert, relecturas completas de la obra de cada uno. Además de un largo catálogo de novelistas y poetas del siglo XX. Pero sigo leyendo también las obras de gente joven y estoy muy abierto a ellos. Mi vida es lectura y escritura y luego viajar o pasear.

Yo he pensado siempre que es mucho más interesante la mirada desde la periferia al centro que del centro a la periferia. Siempre he procurado evitar situarme en la escena literaria y contemplarla al revés, desde una marginación asumida. La literatura es el territorio de la vida como nos enseña Cervantes en “El Quijote” y Sherezade en “Las mil y una noches”; creo que el escritor nunca debe dar respuestas al lector sino plantearle nuevas dudas”.

 

En recuerdo de Juan Goytisolo, que acaba de morir.

Descanse en paz.

 

 

(Imágenes.-1.- Juan Goytisolo – foto Javier Cotera – El Mundo/ 2- campos de Níjar – triosdvisor)

AÑO DE CERVANTES (1) : ESCUCHEMOS A ROCINANTE

Rocinante- yun- ilustración de Honoré Daumier

 

“En eso oyóse un débil relincho que movió a risa al barbero, quien se dirigió al mustio animal en  el siguiente modo:

-Metafisico estáis.

Y Rocinante contestó:

-Es que no como…

Don Pero Pérez interrogó a su vez:

-¿Extrañáis acaso la compañía del asno?

-El asno es de mi agrado – dijo Rocinante– . Sobre sus anchas ancas se balancea la alforja que ofenderían las mías, que toca, al compás del paso, la espada de mi señor. Hecho estoy para los menesteres de la guerra. Cuando mi amo cruza la lanza y ensancha la visera con la palma de la diestra para ponerse más avizor, siento bajo mi pellejo el hervor de la impaciencia y desearía que todos los follones y malsines se juntaran en el camino para saltar yo en medio de él y mostrarles lo que puedo y debo. No pienso entonces que estoy al azar de golpes terribles. Sólo veo lo que he de hacer, y mascando la coscoja, para que la ira no me enloquezca, salto hacia adelante y quisiera que de un tajo se derribasen las  cabezas de los enemigos y de un bote cierto se viesen, a través del hueco dejado en

 

Rocinante- yhh- circulo de Le Nain- mil seiscientos cincuenta- foto National Gallery of Scotland- colección privada

 

el pecho de los gigantes, cómo se les escapa la vida. Así soy. He aprendido mi oficio heroico en los largos ayunos del corral, y en las noches claras, al recostarse el dueño mío a la sombra de un árbol a contar las estrellas, aprendí a amar la gloria. Ya sé yo que es más envidiable la suerte de los caballos de quienes cuidan en la cuadra del príncipe palafreneros diligentes y a quienes montan garridas señoras que van de caza con halcones y dengosos donceles. Comen de la buena cebada y les limpian los lomos con blandos trapos. Mas, no les envidio. No conozco la envidia, que, según dice mi amo, anida en los corazones que alimenta lo ruín. ¿Quién hablará de ellos en los siglos venideros? ¿Los nombrará, acaso, y los recomendará a las trompetas de la fama, el maestro Cide Hamete Benengeli? En

 

Rocinante- vgi- André Masson- mil novecientos treinta y cinco- vg Bild-Kunst- Bonn

 

cambio, cuando se hable de lo que hizo Don Quijote y se sepa que lo llevé en los entreveros, cubierto de sudor y tembloroso de hambre, dirán de mí que fui digno de tal guerreador, y en los tiempos corridos y por correr resonará el recio jadeo con que soporté la fatiga y el peligro. Sí, venerable cura; sí, venerable barbero; no os riáis de mis costillas peladas ni de mi cola sin peinar. Más vale magro caballo de paladín y más servicios tiene prestados al mundo que un doctor de Sigüenza que se pasa los días con las manos en la barriga meditando en el ahorro que le dejará la viuda o si habrá en el casamiento de su feligrés, además de la carne al horno, dádivas por la jaculatoria. Y

 

Rocinante- bvc- zoomnews es-

 

diré otra cosa:  quiero al asno que monta el greñoso escudero y que le da tantos latigazos cuantos refranes le salen del hocico. Cuando estuvimos de colación con los cabreros y Don Quijote dio en decir aquellas palabras que todavía humedecen los ojos de quien las repite, el rucio lanzó un rebuzno, que no era de gusto por el pasto ni de regocijo porque oliera una pollina en la vecindad. Comprendí que el jumento estaba como yo, animado de altos deseos, y que iría, con el andar de los sucesos y si mis lecciones le aprovechaban, a ser una persona de bien. Acabaría con mi enseñanza a no ser un simple asno”.

(Así hablaba Rocinante y así lo traslada Alberto Gerchunoff en su agenda cervantina, que él llama “La jofaina maravillosa”)

(evocación en El año de Cervantes)

 

Rocinante- nu- ilustración de Honoré Daumier- mil ochocientos sesenta y siete

 

(Imágenes.- 1.-ilustración de Honoré Daumier/ 2.-círculo de Le Nain- 1650- foto National Gallery of Scotland- colección privada/ 3.- André Masson- 1935- bild Kunst- Bonn/ 4.- zoomnews/ 5.- ilustración de Honoré Daumier- 1867)

LA COMEDIA DEL MUNDO

 

cueva de Montesinos-yewwx-Louis Surugue según Charles Coypel- Don Quijote conducido por la locura- mil setecientos veinticino

 

“Así es verdad – replicó don Quijote -, porque no fuera acertado que los atavíos de la comedia fueran finos, sino fingidos y aparentes, como lo es la misma comedia, con la cual quiero, Sancho, que estés bien, teniéndola en tu gracia, y por el mismo consiguiente a los que las representan y a los que las componen, porque todos son instrumentos de hacer un gran bien a la república, poniéndonos un espejo a cada paso delante, donde se ven al vivo las acciones de la vida humana, y ninguna comparación hay que más al vivo nos represente lo que somos y lo que habemos de ser como la comedia y los comediantes; si no, dime: ¿no has visto tú representar alguna comedia adonde se introducen reyes, emperadores y pontífices, caballeros, damas y otros diversos personajes? Uno hace el rufián, otro el embustero, este el mercader, aquel el soldado, otro el simple discreto, otro el enamorado simple; y acabada la comedia y desnudándose de los vestidos de ella, quedan todos los recitantes iguales.

– Sí he visto – respondió Sancho.

-Pues lo mismo – dijo don Quijote – acontece en la comedia y trato de este mundo, donde unos hacen los emperadores, otros los pontífices, y finalmente todas cuantas figuras se pueden introducir en una comedia; pero en llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciaban, y quedan iguales en la sepultura”.

Miguel de Cervantes.- “Don Quijote de la Mancha”.- capítulo Xll- Segunda Parte

 

Quijote-nio- lasdoscastillas net

 

(Imágenes.- 1.-Louis Surugue según Charles Coypel- 1725/ 3.- El Quijote-lasdoscastillas.net)

UN ESPACIO INTERIOR

 

interiores-bhy-ventana- Josef Sudek- mil novecientos cincuenta

 

“Por la mañana me levanto con el sol y me voy a un bosque mío que estoy haciendo talar – le escribía Maquiavelo a Francesco Vettori en diciembre de 1513 – Una vez salido del bosque me voy  a una fuente (…) Por la carretera me dirijo a una posada, hablo con los que pasan, les pido noticias de sus tierras (…) Cuando cae la tarde, vuelvo a casa y entro en mi estudio; en la puerta me quito la ropa de todos los días, llena de barro y suciedad, y me pongo un traje de rey o cortesano; vestido decentemente entro en las cortes de los antiguos, donde, afablemente recibido por ellos, me alimento de esos manjares que son los míos, y para los que nací; y allá no me avergüenzo de hablar con ellos, ni de preguntarles las razones de sus hechos; y ellos me responden con humanidad; y durante cuatro horas no siento ningún tedio, me olvido de toda preocupación, no temo la pobreza, ni me espanta la muerte: me identifico totalmente con ellos”.

 

interiores-ugvv-silla- Erich Hartmann- mil novecientos setenta y cuatro

 

Es este el espacio interior que construye Maquiavelo, como lo construirá también Pascal y tantos otros. En tal ambiente íntimo se lee o se relee, se escribe y se medita. Siempre será necesario ese espacio personal para hombres y mujeres – esa independencia -, pero no siempre se consigue. Al hablar de los creadores y de sus distintos espacios interiores – los que de un modo u otro ellos han construido – quise evocar en “El ojo y la palabra”:

” Lo esencial es aprender a escribir en cualquier parte, con incomodidades o comodidad, con mucho o con poco tiempo, a horas distintas, en lugares diversos, en lugares creados por uno mismo, aprovechando retazos del día o de la noche, redactando de pie, en un atril, por problemas de espalda (como Hemingway), o viajando en tren a Chicago, escribiendo el capítulo catorce de Doktor Faustus (como hace Thomas Mann). Naturalmente no en todas partes se puede uno concentrar ni todos los sitios son los más indicados para trabajar de un mismo modo, pero en el arco de un proyecto o en las etapas de un proceso creador hay

 

interiores.-4vbbn.-William MacGregor Paxton.- 1969-1941

 

una fase para los apuntes y esbozos, otra para urdir las historias y sus claves, otra para bautizar personajes o trazar fechas y árboles genealógicos, otra para ampliar, reducir o modificar escenas, otra para pulsar y abocetar estilos que parecen incipientes y toscos pero que al fin madurarán y quedarán, y así podríamos seguir casi infinitamente atravesando las labores de invención y de observación, las habitaciones de cocción y de ajuste, los pasillos de la paciencia y de la perspectiva que, muy poco a poco, nos llevarán hacia el final. Ese célebre párrafo de El Quijote ‑Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía.. no hay que aplicarlo sólo a la dedicación a la lectura (con ser ésta capital e importante), sino también a la dedicación a la escritura, mejor dicho, a la lectura y a la escritura a la vez, y entonces es como si ese capítulo IX de la Primera parte de El Quijote nos dijera: … y como yo soy aficionado a escribir aunque sea en los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación…, y uno prosiguiera diciendo: escribí en cualquier parte, tomé notas, apunté ideas, hice esbozos, redacté diálogos, perfilé personajes…, en fin…, escribí siempre, donde pude y en cuanto pude.

 

lectura-bhhi-interiores- Edmund Tarbell- mil novecientos nueve

 

Los ejemplos son numerosos. Juan Rulfo llevaba en el bolsillo una serie de papelitos verdes, blancos y azules en los que anotaba ‑decía él‑ lo que le dictaba alguien por la calle, cuando salía de su empleo. Al llegar a casa pasaba esas anotaciones a limpio. Así ‑proseguía‑ surgió Pedro Páramo. Es decir, así surgió el germen del sencillo lenguaje hablado en la obra de Rulfo. Esos papeles en que se apuntan cosas diversas, esos pliegos contenidos en una carpeta ‑pues todo eso se abarca en la palabra cartapacio‑es lo que llevaba Stravinsky en sus viajes en avión. En todos sus viajes, tiene siempre a mano ‑cuenta Robert Craft‑ papel pautado, o bolígrafos y papel sin rayar (…) Cualquier trozo de papel, un sobre de carta, el dorso de un menú o de un programa, una servilleta, el margen arrancado de un periódico, todo le sirve para sus anotaciones, y por ello las páginas de las agendas a las que tiene pegados tales bosquejos presentan el aspecto de collages. Stravinsky pone la fecha a cada uno de estos esbozos y hace uso de lápices de colores, debido a que, según dice, si no se hace así resulta muy difícil comprobar los errores, aunque, evidentemente, en el fondo hay algo más que esto, siendo en realidad la manifestación de una poderosa compulsión psicológica que le obliga a ser ordenado.

 

interiores-yvvd-Henry Alexander

 

Todo esto quiere decir que Stravinsky, como tantos otros artistas y creadores, inventa un espacio personal por encima de las paredes físicas y de la habitación propia. El tema ‑la necesidad‑ de tener una habitación propia ‑(esencialmente para la mujer, pero no sólo para la mujer, sino vinculada al quehacer del escritor o del novelista)‑ fue una constante en Virginia Woolf que con ese mismo título publicó un libro en 1929. Si es que podemos profetizar ‑señalaba‑, en el futuro las mujeres escribirán menos novelas, pero mejores, y no sólo escribirán novelas, sino también poesía, crítica e historia. Pero, al decir esto, estamos mirando a lo lejos, a esa dorada y quizás fabulosa época en que las mujeres tendrán lo que durante tanto tiempo les ha sido denegado: tiempo libre, dinero, y un cuarto para ellas. Tres años antes había comentado: [El novelista] debe enfrentarse con la vida, debe arriesgarse a que la vida le haga víctima de sus engaños y le desoriente, debe arrancar su tesoro a la vida (…) Pero, en determinado momento, ha de alejarse de la sociedad, y retirarse, solo, a esta misteriosa habitación en la que su cuerpo se endurece (…)  En una de sus cartas confesaba: cómo me gustaría tener un cuarto enorme para mi sola, sin otra cosa que libros, donde poderme encerrar, y no ver a nadie, y leer hasta encontrar la tranquilidad.

 

interiores-nhyy-Vilhelm Hammershoi

 

 

Pero como Stravinsky con sus servilletas en los aviones ‑aprovechando retazos de tiempo y no esperando a las comodidades‑ el Diario de Virginia Wolf está lleno de anotaciones como ésta: tengo exactamente 5 minutos antes de la cena… (17 de septiembre de 1928); así que puedo llenar la media hora antes de la cena escribiendo (22 de agosto de 1929). Y preocupada por su cocina: Pero lo que me interesa, por supuesto, es mi cocina de petróleo (…) En este momento se está haciendo mi cena en los platos de cristal, perfectamente espero, sin olores, desperdicio ni confusión; uno gira los mandos y hay un termómetro. Y así me veo más libre, más independiente ‑y toda la vida es una lucha por la libertad‑, capaz de venir aquí con unas chuletas en una bolsa y vivir sola. Repaso los platos que prepararé, los ricos estofados, las salsas. Los arriesgados platos extraños con un toque de vino. (…) Ayer por la mañana empecé otra vez Las falenas [Las olas], pero ése no será el título. Y varios problemas claman enseguida pidiendo una solución. ¿Quién lo piensa? ¿Estoy yo fuera del pensador? Se necesita un recurso que no sea un truco. (…) Ahora debo irme a ver cómo mi cocina hace el jamón. (25 de septiembre de 1929).

Por tanto, ella escribe en su habitación ‑(mi nueva habitación tiene ya un metro de altura y los marcos de las ventanas están puestos; bastante horrible, porque tapa el tejado del garaje y los “downs”, ambas vistas más agradables de lo que yo pensaba) (Diario, 5 de noviembre de 1929) ‑o escribe en la cocina o en cualquier parte”.

 

escritores.-85fo.-Virginia Woolf.-Gisèle Freund.-1939- Galería Nacional de Retratos. de Londres.-foto.-los Bienes de Gisèle Freund, por cortesía de la Naional Portrait Gallery.-Londres

 

 (Imágenes.- 1.- Josef Sudek.-1950/ 2.-Erick Hartmann- 1964/ 3.-William McGregor Paxton– 1969/ 4.-  Henry Alexander/5.- Vilhelm Hammershoi/ 6.- Virginia Woolf- Gisèle Freund- 1939.-Galería de retratos de Londres- foto: los bienes de Gisèle Freund– por cortesía de la National Portrait Gallery) 

ENTREVISTA A CERVANTES

dibujos.-tiij.-Franccisco de Goya.-Don Quijote acosado por monstruos.-The British Museum

(Copio aquí el artículo que hace algunos años publiqué en Alenarterevista.- Mi pequeña evocación y recuerdo al ilustre académico y gran especialista de EL Quijote, Martín de Riquer, que acaba de fallecer. Descanse en paz)

-”Yo apostaré  – dijo  Sancho – que antes de mucho tiempo no ha de haber bodegón, venta ni mesón, o tienda de barbero, donde no ande pintada la historia de nuestras hazañas”.

Y así ha sido, así se ha cumplido esa sentencia de Sancho que asoma en la Segunda Parte del Quijote, en el capítulo setenta y uno.

Las dos figuras – Don Quijote y Sancho – asaltan los caminos desde anuncios inesperados, bailan sus carteles en puertas de restaurantes y tahonas, presiden  plazas del  mundo,  con su nombre son bautizados enclaves decisivos y quedan dibujados en portadas y en  cuadernos. Como dice Edward C. Riley, uno de los más reconocidos estudiosos cervantistas, si uno puede vender literalmente su imagen, es porque ha alcanzado las condiciones para la celebridad en el siglo XX. Ahora, nosotros añadiríamos, también  en el siglo  XXl.

¿Quiere esto decir que se lee “El Quijote” lo mismo que se  reconocen a distancia sus figuras de forma inmediata? Lamentablemente no. Si Cervantes ha realizado el sueño de cualquier publicista – crear un símbolo ampliamente reconocido para su producto – no ha conseguido que se le lea con la misma amplitud.

Yo me he ido esta noche a  conversar con él, a entrevistarle  – como solía hacer  Papini sin salir de su casa pero a la vez saliendo de ella  para escribir su “Gog” -,  he atravesado el gran portón,  he aderezado mi rocinante andariego y me he ido a buscar  a Cervantes a campo abierto, más allá de las ventas y entre molinos, preguntándole bajo el cielo raso cuestiones que a muchos interesan  y atendiendo a  lo que Don Miguel me iba diciendo, sobre todo en lo referente a libros.

Deseaba  su opinión sobre las traducciones que  han hecho de sus obras y así me ha contestado:

-”Me parece que traducir de una lengua en otra -me ha dicho mientras cabalgaba -, como no sea de las reinas de las lenguas, griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el revés, que aunque se ven las figuras, son llenas de hilos que las oscurecen y no se ven con la lisura y tez de  la  haz; y el traducir de lenguas fáciles, ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada ni el que copia un papel de otro papel; y no por esto quiero inferir que no sea loable este ejercicio del traducir, porque en otras cosas peores se podría ocupar el hombre y que menos provecho le trajesen”.

Viajamos los dos despacio, Cervantes y yo cambiando de vez en cuando de animal, él montado a veces en mi  Rocinante y yo en su mulo, otras se sube él al lomo flaco que llevaba  Sancho y yo me encaramo de nuevo a los huesos del bisnieto de Babieca.

-Y entonces, Don Miguel, – le pregunto -,  ahora que se publica  tanto y que se lee tan poco, ¿es que  todos deben escribir?

-”Bien sé – me dice Don Miguel –  lo que son tentaciones del demonio, y que una de las mayores es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer e imprimir un libro con que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros cuanta fama”.

Doblamos por un campo entre unos cabreros. Cervantes y yo marchamos solitarios tras el olor de unos tasajos.

-¿Y qué me dice de los críticos?  – le pregunto a Don  Miguel en una de las revueltas.

– “Las obras impresas se miran despacio – me contesta -,  fácilmente se ven sus faltas, y tanto más se escudriñan cuanto es mayor la fama del que las compuso. Los hombres famosos por sus ingenios, los grandes poetas, los ilustres historiadores, siempre, o las más veces, son envidiados de aquellos que tienen por gusto y por particular entretenimiento juzgar los escritos ajenos, sin haber dado algunos propios a la luz del mundo”.

Después pasamos por un prado en el bosque y entramos ya  por un camino real.

– Don Miguel, y ahora que estamos todos en Internet y hay otro tipo de atención, ¿cree que se aprende como antes?

– “Las lecciones de los libros hacen más cierta la experiencia de las cosas que no la tienen los mismos que las han visto, a causa que el que lee con atención repara una y muchas veces en lo que va leyendo, y el que mira sin ella no repara en nada; y con esto, excede la lección a la vista”.

Lo más curioso de este viaje es que el tiempo se  nos va pasando entre montañuelas, nos abre a las entrañas de Sierra Morena, atravesamos las llanuras  y los mozos de mulas de la realidad se cruzan con otros venteros de la imaginación.

Le insisto a Cervantes sobre la enorme cantidad  de novedades que hoy pueblan las librerías y sobre esa desmesura de tantas publicaciones, y estoy atento a ver qué me dice.

-”Decir gracias y escribir donaires – me responde,  poniendo mucho cuidado de que su cabalgadura no se dañe en las piedras – es de grande ingenio; la más discreta figura de la comedia es la de bobo, porque no la ha de ser el que quiere dar a entender que es simple. La historia es cosa sagrada; porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad, está Dios, en cuanto a verdad; pero, no obstante esto, hay algunos que así componen y arrojan libros de sí como si fuesen buñuelos”.

 ( Don Quijote vestido de fiesta. Ed. F. Rico)

Ahora ya estamos en la Parte Segunda de nuestro viaje, camino del Toboso. Cruzamos por un prado y cerca de una cueva.

-”El que lee mucho y anda mucho  – oigo murmurar a Cervantes  pensativo -, va mucho y sabe mucho”.

Guardo silencio para no interrumpirle  y aún le oigo meditar en voz alta:

-”El ver mucho y el leer mucho aviva los ingenios de los hombres”.

Luego marchamos camino del Ebro, hacia Zaragoza. Se ve que Don Miguel aún le da vueltas a lo de los escritores y los críticos porque me  habla  un momento de los fallos y aciertos en la composición.

-”Considere – me dice hablando del escritor – lo mucho que estuvo despierto, por dar la luz de su obra con las menos sombras que pudiese; y quizá podría ser que lo que a ellos les parece mal fuesen lunares, que a las veces acrecientan la hermosura del rostro que los tiene; y así, digo que es grandísimo el riesgo a que se pone el que imprime un libro, siendo de toda imposibilidad  componerle tal, que satisfaga y contente a todos los que le leyeren”.

Después ya cabalgamos otro rato silenciosos.  Palacios, ínsulas y  aldeas. Por los atajos, hacia Barcelona. Posadas. Llega la hora de nuestro retorno.

-”Nunca la lanza embotó la pluma,  ni la pluma la lanza”.- oigo decir a Cervantes.

Aún quiero preguntarle si es gran trabajo escribir un libro.

-”¿Pensarán vuesas mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro? ¿Pensará vuesa merced ahora que es poco trabajo hacer un libro? Para componer historias y libros, de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento”.

Ya nos vamos a casa de Don Quijote pues anochece. Hay pesadumbre. Acude el médico. Recobra Don Quijote el juicio. Retorna a la realidad. Se siente a punto de muerte y quiere morir de modo que resalte la bondad de su vida. Cervantes y yo nos acercamos al lecho. Ordena su alma confesando. Arregla su hacienda dictando testamento. Pide perdón por el error de sus locuras.

Luego nos vamos.

Al volver, aún escucho a un locutor de radio: “Molinos, viejales antiguos a lomos de caballos raquíticos”.

lectura.-tynnj.-Don Quijote.-Richard Parkes Bonington.-1825

(Imágenes:- 1.- Francisco de Goya.- Don Quijote acosado por monstruos.- The British Museum/ 2, 3 y 4.- imágenes procedentes de Alenarterevista/ 5,- Don Quijote.– Richard Parkes Bonnigton.- 1825)

VIEJO MADRID (7) : HACIA CERVANTES

Café Central.-2

Cuando uno bordea la madrileña Plaza de Santa Ana y llega hasta la cercana Plaza del Angel  allí encuentra el Café Central con el mejor jazz – según dicen – que ha habido siempre. cafe central.-Sam Rivers.

cafe central.-3,.Mohammad, Montoliú Van de Geyn

En esta Plaza del Angel recuerda Répide-estaba el oratorio y convento de San Felipe Neri y aquí quedaba una callejuela hoy desaparecida que se llamaba del Beso. Mis pasos van ahora por la calle de Huertas – llamada así por las que en gran número ocupaban estos arrabales de Madrid  hace varios siglos- y allí mi cámara se detiene en el número 7, ante esta farmacia sobre cuya cruz iluminada reza esta petición: “Aparta, Señor, de mí, lo que me aleje de Tí“.

Calle Huertas 7.-Aparta, Señor de mí, lo que me aleje de tí.-Farmacia.-diez agosto 2009

Pienso que por estas calles caminaron grandes hombres de las Letras y aquí, en julio de 1614, se podía ver a Cervantes, en una casa donde se había mudado hacía tres años. Seis veces cambió de vivienda Cervantes en Madrid: dos veces en la calle de la Magdalena; en otra ocasión en una casa cercana al palacio donde había vivido el Príncipe Negro; y en otra, en una vivienda cercana al Colegio Imperial de los Jesuitas. Al fín, iría a parar a la calle hoy de su nombre, en la casa que hace esquina con la calle del León. Allí me detengo ;calle de Cervantes.-A.-placa sobre Cervantes.-10-8-2009 ante este portal, sobre el que una placa recuerda al autor del “Quijote“, evoco su pobreza en las mudanzas: apenas un par de camas y tres o cuatro sillas, la mesa para escribir, dos docenas de libros, algunos utensilios de cocina y algo de ropa blanca, tanto de cama como de vestir. En noviembre de 1615, su obra cumbre está en la calle; medio año más tarde, la enfermedad que le atenaza acabará con su vida.

En el prólogo a su obra póstuma, “Los trabajos de Persiles y Sigismunda“, Cervantes nos cuenta cómo, en marzo de 1616 -agotado por el esfuerzo, enfermo de hidropesía, con problemas en el sistema circulatorio -, es decir,  encontrándose cada vez más maltrecho por tantos vaivenes de la vida, vuelve desde Esquivias, el pueblo de su mujer, a Madrid. En el camino se le acerca un apasionado admirador, (lo que hoy llamaríamos un “fan“). Montado en su burrilla, “un estudiante pardal  -lo describe Cervantes -, porque todo venía vestido de pardo, antiparras, zapato redondo y espada con contera, valona bruñida y con trenzas iguales” da voces a Cervantes y a los que con él van, para que le esperen y le permitan ir en su compañia. Alguien de la comitiva le explica al estudiante quién es el que viaja. “Apenas hubo oído el estudiante el nombre de Cervantes – sigue contando el gran escritor -, cuando, apeándose de su cabalgadura, cayéndose aquí el cojín y allí el portamanteo, que con toda esta autoridad caminaba, arremetió a mí, y acudiendo a asirme de la mano izquierda dijo:

Sí, sí; éste es el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, y finalmente el recocijo de las musas!”.

A lo que el autor del “ Quijote” contestaría:

-“Yo, señor, soy Cervantes, pero no el recocijo de las musas, ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho. Vuesa merced vuelva a cobrar su burra, y suba, y caminemos en buena conversación lo poco que nos falta del camino“.

Cervantes.-por Juan de Jauregui.-biografías y vidas

En todo eso estoy pensando ante el portal de esta casa.  Voy caminando por el viejo Madrid, como lo estoy haciendo a través de Mi Siglo en otros paseos anteriores: La bohemia de Alejandro Sawa,  la Plaza de Oriente, la casa de los Lujanes, Plaza Mayor, pequeñas plazas históricas, y ahora este andar hacia Cervantes que al final de su vida nos despide:

“¡Adiós, gracias, adiós, donaires; adiós, recocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”.

(Imágenes:-1.-Café Central.-foto JJP/ 2.-Sam Rivers.-cafecentralmadrid.com/3.-Mohammed, Montoliú & Van de Geyn.-cafecentralmadrid.com/ 4.-calle Huertas.-foto JJP/5.-casa de Cervantes en la calle de Cervantes.-foto JJP/ 6.-Miguel de Cervantes.-biografíasy vidas)

UMBERTO ECO, LIBROS E INTERNET

biblioteca.-657.-Bibloteca Administrativa de ,la Villa deParís.-por Candida Höfer.-Gallery K.-Oslo.-photography.-artnet

A veces en un blog no hay más que recoger cuestiones de interés. Tomado de scriptor.org, que a su vez las selecciona de la prensa, estas palabras de Umberto Eco:

“Los enemigos de los libros son “principalmente los hombres, que los queman, los censuran, los encierran en bibliotecas inaccesibles y condenan a muerte a quienes los han escrito. Y no, como se cree, Internet u otras diabluras“, afirma el literato en una entrevista que publica el diario turinés “La Stampa“.

Internet enseña a los jóvenes a leer, y sirve para vender un montón de libros”, añade.

Eco (Alessandria, 1932), Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2000, apuesta por una estrecha colaboración de las nuevas tecnologías con la literatura y defiende la existencia del libro electrónico, conocido como “e-book”, como forma de soporte de textos.

“Si a su manera el (libro electrónico) resulta legible, se puede hojear fácilmente, es manejable, capaz de ser leído aunque no se tenga la batería totalmente cargada y, sobre todo, si ésta es duradera, se podrá hablar” del “e-book” como una alternativa, comenta Eco.

“Aún (no he usado ninguno) –continúa-, pero si, por cualquier trabajo, tuviera que transportar diez mil páginas de documentos, lo usaría con mucha satisfacción. Para leer una novela no lo sé. Para mí es importante mojarme el dedo para girar la página”.

El escritor italiano asegura que el libro electrónico puede atraer nuevos lectores, de hecho, comenta que ha sabido de un “hacker” informático que comenzó a leer el “Quijote” de Miguel de Cervantes gracias a este soporte digital.internet.-33

Según Eco, Internet es la “madre de todas las bibliotecas”, aunque ofrece dos principales diferencias con respecto a los tradicionales lugares de conservación de libros.

“Primero, los libros de una biblioteca muestran, a través del nombre del editor, su grado de credibilidad, y los sitios de Internet sin embargo no“, explica el escritor.

“Segundo –añade-, Internet ofrece también colecciones completas de grandes obras, pero sólo en traducciones libres de derechos (de autor) y no en la más reciente edición crítica. Por eso no va bien para muchas investigaciones de tipo filológico“.

Poco más hay que añadir a este tema siempre debatido y a estas palabras.

(Imágen:1.–Biblioteca Administrativa de la Villa de París 1.-2007 -por Candida Höfer.-Galleri K.-Oslo.-artnet/ 2.-sala de ordenadores)

COMPONER HISTORIAS

lectura-roew-por-frederick-carl-frieske-1934-artnet“En efecto, lo que yo alcanzo, señor bachiller – leía con atención aquella muchacha sentada en la silla, con la puerta abierta de su librería por si alguien pasaba -, es que para componer historias y libros, de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento. Decir gracias y escribir donaires es de grandes ingenios: la más discreta figura de la comedia es la del bobo, porque no lo ha de ser el que quiere dar a entender que es simple. La historia es como cosa sagrada, porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad, está Dios, en cuanto a verdad; pero, no obstante esto, hay algunos que así componen y arrojan libros de sí como si fuesen buñuelos”.

Miguel de Cervantes: “Don Quijote de la Mancha”, Segunda Parte, capítulo tercero)

(Imagen: “In the Library” (1934).-por Frederick Carl Frieseke.-artnet)

CARRERAS – OLIMPIADAS ( 8 )

“Cuatro corredores mancebos, ágiles y sueltos, tenían los pies izquierdos delante y los derechos alzados, que no les impedía otra cosa el soltarse a correr sino soltar una cuerda que les servía de raya y de señal, que en soltándola habían de volar a un término señalado, donde habían de dar fin a su carrera…

Dobló la rodilla el hermoso mancebo e inclinó la cabeza en señal de crianza y agradecimiento, y en dos brincos se puso ante la cuerda que detenía a los cuatro ligeros corredores…

Sonó una trompeta, soltaron la cuerda y arrojáronse al suelo los cinco; pero aún no habrían dado veinte pasos, cuando, con más de seis, se les aventajó el recien venido, y a los treinta, ya los llevaba de ventaja más de quince; finalmente, se los dejó a poco más de la mitad del camino, como si fueran estatuas inmóviles, con admiración de todos los circunstantes”.

Miguel de Cervantes: Los trabajos de Persiles y Sigismunda” (1617) 

(Imágenes: Usain Bolt.-foto Jewel Samad.-agence France-Presse.-Getty Images.-The New York Times/ Tyson Gay.-foto Doug Mills.-The New York Times)