EN AQUEL TIEMPO, LOS INDIOS …

 

 

“En aquel tiempo fingen los indios que aparecieron visiblemente un dios que tuvo por nombre Un Ciervo y por sobrenombre Culebra de León y una diosa muy linda y hermosa, que su nombre fue Un Ciervo y por sobrenombre Culebra de Tigre. Estos dioses dicen haber sido principio de los demás dioses que los indios tuvieron. Luego que aparecieron estos dos dioses visibles en el mundo y con figura humana, cuentan las historias de esta gente que con su omnipotencia y sabiduría hicieron y fundaron una grande peña, sobre la cual edificaron unos muy suntuosos palacios, hechos con grandísimo artificio, adonde fue su asiento y morada en la tierra, y encima de lo más alto de la casa y habitación de estos dioses, estaba una hacha de cobre, el corte hacia arriba, sobre la cual estaba el cielo. Esta peña y palacio de los dioses estaba en un cerro muy alto, junto al pueblo de Apoala, que es en la provincia que llaman Misteca alta. Esta peña, en lengua de esta gente, tenía por nombre lugar donde estaba el cielo.”

Fray Gregorio García (siglo  XVll) —“ El origen de los indios mixtecos” —Rafael Heliodoro Valle —“Imaginación de México”

 

 

(Imágenes —1- Tina Modotti/ 2-Velinda Saile)

JOSÉ GUADALUPE POSADA Y EL 2 DE NOVIEMBRE

Posada- nhu- Posadas Mexico City- mil novecientos

 

“Nomás mire qué belleza. Ha tenido que morirse esa vieja para que hoy enciendan esto y usted, licenciado, lo disfrute. Pobres, ¡tenían unas ganas los descarriados que ni por puro respeto podían aguantar más! ¡Estábamos fritos, don Segis, que usted es testigo! Alguien dijo que la iban a tumbar a balazos, que a la muerte se la ha matado siempre. Pero no se les hizo. Lo que son las cosas. ¿Usted sabe que todos los cuartos de Guadalajara estaban llenos de imágenes y de décimas pidiendo al Santo Patrono y a la Virgen de Guadalupe que se pudiera hacer lo de siempre?: con todo respeto, sépalo usted, Don Segis, pedían algo como lo que le pasó hace años a Refugio Mijangos, Dios le haya perdonado, saliendo del Expendio del Pulque de la Hacienda San Nicolás el Grande, la que grabó José Guadalupe Posada, de Aguascalientes, que Dios goce, y que seguro usted conoció, licenciado, y me va a perdonar que lo haya dicho aquí, entre nos.., ¿Lo conoció?

-Sí. De pequeño.

¿Lo ve, Don Segis…? Yo me decía: “Pícale por ahí, por ahí”. Vámonos echando otra, que esto es de remojarlo. Alivia, ¡madre! ¿No es cierto” Es para no creerse. ¡Ay Dios mío! A mi se me hace cuando estoy chiqueando con usted, que vivo en otro tiempo, y para que es más que la verdad, siento feo, licenciado; a Feliciano Molina no se le pasan las copas, bueno, sí, a veces se me pasan, pero no con gente de

 

Posada-nbbhu-youtube com

 

confianza, Don Segis…¿Así que usted lo conoció al compadre Posada? Yo nomás le miré los grabados cuando pelaba papas alrededor de las brasas, calentando el almuerzo para los alzadores que se pasaban el día rasguñando surcos en la escarda para el cultivo del maíz en la parcela de Isidro López Contreras, calculada como de diez yuntas de sembradura. Era tierra dura y engranada, que se rompía de cuarterones, pero el hijo de mala vida del aparcero, dale que dale lo consiguió con el mayordomo y el bueyero y los gañanes, hasta que la milpa brotó, y yo seguía siendo como un fuereño: el día pensando si echaba a la lumbre un tasajo de cecina para alegrar las tortillas y adormilado a la sombra de un tacaño, oyendo graznar a los cuervos que buscaban granos entre los surcos, hartos de zapotes, calabazas y mezquites. Y yo, Don Segis, no creo mucho en Dios pero cuando creo, fijese nomás, creo bien y bueno, y me revuelven los rezos y le decía: “¡Ay, Diosito, sálvame, llévame y aquí, sálvame papacito!”. Y lo que son las cosas, licenciado, que un día me agarró la curiosidad de saber qué guardaba Isidro López Contreras, y recuérdese nomás que esto no lo he contado a nadie…¿ Qué cree que encontré? Nunca me imaginé que el compadre Posadas hubiera hecho tantos grabados, pero allí estaban en pequeño…¿Cómo se dice?

-Depende… Hoja suelta, grabado en metal tipográfico, cincografía: pero las caricaturas litográficas son las que le hicieron famoso.

-¡Habráse visto! Ya ve, yo me creía que no es usted muy decidor que digamos. No es por presumir, pero se me hace que uno debe sentirse muy ancho sabiendo todo y esas cosas. Porque, ¡válgame Dios! Y usted, Don Segis, ¿qué me dice, que era muy pequeñito?

-Unos doce años.

-¿En Aguascalientes? ¡ Ay, Dios mío! Aguántese tantito. Espéreme, déjeme acordarme. Mire, profesor, somos un pueblo de muertos de hambre, pero algo sé, para servirle a usted. ¡No hallo en qué pensar! ¡Hablarle sentado aquí, o juntados en casa, que aunque dormimos de a tres en cada pieza, es la casa de usted muy a la orden!…¡Fue en la capital! Tuvo que ser allá, en la editorial Vanegas Arroyo, la de volantes y folletos y corridos para el Día de Muertos. Dicho sea sin ofender, se lo acerté, Don Segis. ¡Chóquela! Vámonos echando la otra, porque imagínese nomás.

-¡Sea por Dios!”

José Julio Perlado.-Contramuerte” (páginas 200- 201)

 

Posada-nio-grabado- mexican-folk-art-guide com

 

(Imágenes.- 1.-Posadas mexico city- 1900/ 2.- grabado de Posadas- YouTube com/ 3.- grabado mexican folk art-guide com)

TALLER DE ESCRITURA J.J. PERLADO

libros.- 32se.- bibliotheque.tumblr

Unas palabras escritas por Goya y colocadas en el monumento que le dedicara Vaquero Turcios en el madrileño Parque del Oeste, muy cerca ya del río, siempre me han servido de orientación y aliento para mis clases:

“En la enseñanza de la pintura/

 hay que dejar en plena libertad

 correr el genio del alumno/

 sin oprimirlo/

 ni torcer su inclinación/

 a éste o a aquel estilo/

No hay regla en la pintura:/

lo mismo que la poesía/

 Escoge en el universo/

 aquello que encuentra/

 más apropiado a sus fines”.

escribir.-23cc.-bibliotheque tumblr

 

 Tal ha sido mi primer convencimiento y mi primera lección.

Durante catorce años he impartido clases o talleres de escritura – tanto en Madrid como en México – y recuerdo muy bien aquella mañana en la Universidad de Villahermosa, al sur de México –al aire libre, muy temprano, a causa del calor – cuando intentando explicar cómo mejorar o enriquecer la creación a una decena de jóvenes escritores mexicanos comenzó a cruzar lentamente por una alta y gruesa rama colocada sobre mi mesa de trabajo un silencioso mapache proveniente de un hermoso parque natural muy cercano. No se inmutaron los alumnos que estaban tomando apuntes y sólo muchos de ellos, al ver al animal en su elegante paseo sobre la rama, exclamaron exaltados : “Mire profesor, ¡un cuento, un cuento!”. No veían ya al animal sino que veían que el animal era un posible cuento caminando en las alturas. Para ellos , era la transformación de la realidad.  Ese día encargué a cada uno un relato sobre aquel tema concreto– un relato que me tenían que entregar en la clase siguiente – y no se me olvidará el mini-relato que uno de ellos me hizo llegar:

“Cuando se fue el escritor, el ambiente quedó saturado de un cauteloso hedor a mapache”.

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 Son los milagros de la creación. Durante años he intentado que esa transformación de la realidad traspasase cualquier frontera y que un rostro o una frase fuera motivo para poder inventar y para poder crear.

libros.- ty7jm.- bibliotheque. tumblr

Ahora comienzo un nuevo taller de escritura online – tanto de escritura creativa como interpretativa -que tendrá lugar durante el curso 2103-2104, y se inicia el próximo 1 de diciembre hasta el 31 de junio de 2014.

Bienvenidos todos los interesados en el tema.

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(Imágenes:- 1, 2, 3 y 4.-biblioteque.tumblr/ 4.-wordpainting.tumblr) 

RULFO : FOTOGRAFÍA Y LITERATURA

“La alegría no la buscan, la crean. Por ejemplo aquí en México la música es triste. Y la música los alegra. Es gente muy triste, hay que verlos cuando se ponen a cantar. La canción mexicana es triste, no hablo del corrido, de los boleros, de lo que cantaba Pedro Infante o Jorge Negrete, esas gentes raras. Sino simplemente de la canción del pueblo. Yo los he estado oyendo, a veces, en las noches; y no he dormido por oírlos cantar en el requinto – que le llaman allá, en Jalisco -, una guitarra de cinco cuerdas. Son canciones que duran a veces dos y hasta tres horas, y entre una estrofa y otra se fuman un cigarro y se toman unos tragos de tequila, platican, y luego continúan con la canción. Y son muy tristes, a veces se pasan toda la noche cantando. Y son hombres que están tristes. Ahora yo digo que el dolor sí lo sienten; el dolor es doloroso para cualquiera”.

“Esta es la historia de esa cordillera, de esa cuerda, desde el centro de la cordillera, que es de donde parte la historia hacia todos esos pueblos donde está la vida de las gentes. Lo que une todo es el centro de la cordillera. Es una espiral de historias que se van uniendo a partir de allí, para cerrarse en las montañas. La historia se va abriendo, abarca las poblaciones, y luego sube hacia lo que ya es zona montañosa”.

“Lo que pasa es que entre el coro de todas las voces universales y gloriosas yo volví a oir la voz profunda y oscura. Tal vez la de un pobre viejo que está a la orilla del fuego volteando las tortillas: “Te acuerdas de cuando mataron a la Perra”, Y aunque usted no lo cree, esa voz predomina en el coro, y es la del verdadero, la del único solista en que creo, porque me habla desde lo más hondo de mi ser y de mi memoria: “Ya mataron a la Perra, pero quedaron los perros”.

(Textos y fotografías de Juan Rulfo)

(Pequeño apunte con motivo de la exposición de fotografías de Rulfo que se abre estos días en Madrid)

TALLERES DE ESCRITURA

“Se entregaban los manuscritos y éstos eran estudiados minuciosamente por el profesor y por el resto de los alumnos. Cada clase era una sorpresa, pues estaba dedicada al escritor cuyo trabajo se estaba discutiendo, se entablaba un diálogo de dos o más horas sobre ese texto (…) Otro ángulo particular era que el manuscrito sometido a discusión en el taller no tenía firma, ninguna referencia. Durante el debate los lectores siempre tenían la última palabra. Pepe, de alguna manera, reproducía para nosotros la situación como de hecho son leídos los manuscritos en el mundo, pues cuando uno escribe un libro no puede viajar para explicar cómo debe leerse. Así que en este taller de escritura, los manuscritos debían hablar por sí mismos, todas las respuestas a las preguntas debían estar en sus páginas”.

Cuenta todo esto John Wideman, que fue alumno del chileno José Donoso cuando éste impartía talleres de escritura en la Universidad de Iowa y así lo recoge Pilar, la hija de Donoso, en “Correr el tupido velo” (Alfaguara). Los talleres de escritura en diversos países del mundo han recibido numerosas veces críticas y elogios, han logrado formar a futuros escritores y a otros los han fatigado o desorientado. Entre muchos otros autores, Flannery O´Connor dejó puntualizadas cosas muy acertadas sobre tales talleres. Pero el ambiente que rodea a la escritura es, muchas veces,  singular. En ocasiones no se necesitan talleres específicos y las tareas de creación, muy diversas, llegan a concentrarse en un espacio mínimo.

María Pilar Donoso, la mujer de Donoso, evoca en “Los de entonces(Seix Barral) el ambiente de creación que había dentro de una misma casa en México: “Carlos Fuentes – dice- en su escritorio situado en el living, escribía una de sus novelas. Con el tocadicos a todo dar con música barroca, ponía una cortina de sonido entre él y el mundo que lo rodeaba. En la casita chica de atrás, Pepe,  mi marido, al fondo del jardin, escribía “El lugar sin límites” . Yo, en una mesa colocada a  la sombra del jardín, traducía. Y Rita, en su pieza de costura que daba al jardin, trabajaba con su máquina de coser. Los ruidos sumados a la música de Carlos y al tecleo de las tres máquinas de escribir, componìan un concierto extraño, muy moderno, que incluía, como sonidos de timbales puntualizantes, los cazerolazos de Cata en la cocina”.

Era el ejemplo de un taller único, múltiple, concentrado en un recinto cerrado, abierto sin embargo a varias creaciones a la vez.

Mi experiencia personal en cuestión de talleres ha sido también muy variada, múltiple y a veces fascinante. Hace unos años, impartiendo en el Sur de México, en la Universidad de Villahermosa, uno de esos talleres de creación, la sala  en la que debatíamos se abria a un espectacular parque salvaje pleno de vegetación y de increíbles sonidos, alimentados también por animales de toda especie. Una de esas mañanas, de repente, en medio de mi charla en la que exponía las diferencias entre realidad y  ficción, asomó por encima de la larga madera que cubría mi cabeza, un mapache lento y perezoso que se detuvo desde su altura, y se puso a mirar con gran curiosidad a los alumnos. Caminaba con indolente lentitud sobre sus patas, y sin duda estaba sorprendido de descubrirnos allí abajo.

No hubo sorpresa alguna. Los quince alumnos mexicanos que recibian mis clases de creación, levantaron enseguida las manos en silencio y exclamaron señalando al mapache: “¡Mire, mire un cuento!”. Y efectivamente el cuento siguió pasando lentamente sobre la madera, los fue mirando a todos, fue despojándose de su presencia de mapache para hacerse cuento vivo, cuento andante, cuento que aún caminaba a paso lento, disfrazado todavía de mapache pero  hecho ya literatura,  amimal que avanzaba convirtiéndose en historia, una historia – muchas veces bellísima- que redactaron aquella misma noche los quince escritores  y que me entregaron puntualmente a la mañana siguiente.

(Imágenes:-1. crepuscule.-ll.-2003.–Beatriz Helg .-2003.-Joal Soroka Gallery.-artnet/2.-mapache.-wikipedia)

LAS HISTORIAS COMIENZAN

 Las historias comienzan. No se sabe cómo se desarrollan, no se sabe cómo acaban. De un pequeño grano de trigo puede nacer un mundo posterior, de la simiente se eleva un árbol y con  un diminuto grito apenas perceptible podría incendiarse un Palacio. Ya hablé en Mi Siglo el 28 de octubre del 2007 del interesante libro de Amos OzLa historia comienza”. En el cine es lo mismo. Cuando los labios de Marlon Brando pronuncian el nombre de Emiliano Zapata el círculo de la amenaza se cierne sobre el papel y el drama cinematográfico comienza. Elia Kazan va trazando su historia y los inicios y titubeos en la creación son los mismos en un film que en una escritura. Es el pánico escénico de la página en blanco, sea en un guión o en una novela. “Una página en blanco es en realidad una pared encalada sin ninguna puerta ni ventana. Empezar a contar una historia es como tontear con una persona totalmente desconocida en un restaurante. ¿Recuerdan al Gurov de Chéjov en La dama del perrito“? – sigue explicando Amos Oz -. Gurov hace al perrito un gesto monitorio con el dedo una y otra vez, hasta que la dama le dice, ruborizándose: “No muerde”, y entonces Gurov le pide permiso para dar un hueso al can. Tanto a Gurov como a Chéjov se les ha dado así un hilo que seguir; empieza el coqueteo y el relato despega. El comienzo de casi todos los relatos es realmente un hueso, algo con lo que cortejar al perrito, que puede acercarlo a uno a la dama (…) Así pues, uno se sienta y se pregunta qué debe ir primero y cómo llegar a ese comienzo en medio del camino. Sentándose. Garabateando en la hoja. Arrugándola. Tirándola. Garabateando en la hoja siguiente: formas, flores, triángulos, rombos, una casa con una pequeña chimenea, un gato sin pelo. Arrugándola de nuevo. Tirándola”. Todas esas cuestiones de indecisión de escritura, de tanteos, aciertos y desaciertos se las plantea Oz. Pero luego llegan las preguntas de todo creador: “¿Qué es, en última instancia, un comienzo? ¿Puede existir, en teoría, un comienzo adecuado para cualquier relato? ¿No hay siempre, sin excepción, un latente “comienzo antes del comienzo”? ¿Algo previo a la introducción, al prólogo? ¿Un acontecimiento anterior al Génesis?”.

Amos Oz se hace todas estas preguntas como se las hizo sin duda Elia Kazan ante la página en blanco antes de decidir que Marlon Brando iba a revelar su nombre – Emiliano Zapata – destacándose de entre todos los campesinos de la sala.

(Imagen: escena de “¡Viva Zapata!”, de Elia Kazan, (1952)

FOTOGRAFIAR: CARTIER- BRESSON

“El aparato fotográfico es para mí un carnet de apuntes – escribió Cartier-Bresson -, el instrumento de la intuición y de la espontaneidad, el dominio del instante que, en términos visuales, cuestiona y decide a la vez. Para “significar” el mundo, hace falta sentirse implicado en aquello que se ha reflejado a través de la cámara. Esta actitud exige concentración, sensibilidad, un sentido de la geometría. Es gracias a una economía de medios y sobre todo a un olvido de sí mismo como se llega a la simplicidad de exposición.  Fotografiar: es retener un soplo cuando todas nuestras facultades convergen para captar la realidad que fluye; es entonces cuando atrapar una imagen produce una gran alegría física e intelectual.

Fotografiar: es en un mismo instante y en una fracción de segundo reconocer un hecho y la rigurosa organización de las formas percibidas visualmente que expresan y significan este hecho. Es colocar sobre el mismo ángulo de mirada el ojo y el corazón. Es una manera de vivir”. 

  

Ahora que en París y en muchos lugares se celebran festejos por el centenario de Henri Cartier-Bresson, estos niños que asoman en las imágenes – en Palermo, jugando con un aro, en Leningrado apareciendo entre soldados, en México transportando una fotografía – son pequeños instantes de infancia en el siglo que ya dejamos atrás, vidas que hoy se mirarían sorprendidas si pudieran verse de nuevo porque, sin saberlo, dejaban al fondo todos los contrastes: el aro y la muerte en la acera, la flor entre uniformes de guerra, la foto enmarcada de la madre cuyo peso apenas puede sostener la niña.

Ángulo de mirada. Ojo y corazón.

(Imágenes: Palermo; Italia, 1971/ Leningrado, URSS, 1973/ México, 1964/ Fondation Cartier-Bresson)