VIAJES POR EL MUNDO (38): TETUÁN

“Han venido dos bereberes a traerme la piel de una pantera muerta hace muy poco — cuenta el escritor polaco Jean Potocki en su “Viaje a Marruecos” —. Venían de las montañas que están a tres jornadas de distancia. Habían sido veinte para realizar la cacería y habían rodeado la guarida del animal, quien se arrojaba de uno a otro y parecía más bien volar que correr. Consiguió matar a un joven bereber  y herir a varios otros.
Con este motivo he sabido que existen en los alrededores de Tetuán muchas hienas, con las que se han hecho muchos relatos. Entre otros, que su cerebro tiene la propiedad de privar de la razón a los que lo comen y por ello suele decirse de quien está atontado que “ ha comido hiena”.

Cuando digo bereberes me refiero a los montañeses, que viven en cabañas  y no en tiendas y hablan un dialecto árabe que es diferente del de los nómadas. Probablemente es a este pueblo al que hay que atribuir lo que los historiadores árabes dicen de la llegada de los bereberes y no a los schilloch tal y como yo creía hasta la fecha.”

 

(Imagen – — 1- boda en Marruecos – museo del Louvre)

VIAJES POR EL MUNDO (37) : TÁNGER


“En el “Gibel- Musa”, vapor inglés — cuenta Rubén Darío —, después de tres horas de mar, llego a tierra mahometana. Ya a bordo ha comenzado para mí lo pintoresco con el amontonamiento, sobre cubierta, de moros y judíos de distintos aspectos, blancos, morenos, de ropajes oscuros o de vestidos vistosos. Había ancianos de largas barbas blancas, semejantes a los Abrahames de las ilustraciones bíblicas, y mocetones robustos, hombres de faces serenas y meditativas, mercaderes con morrales y cajas. Había pipas humeantes de cazoleta diminuta. Cabezas con fez, con turbante, con capuchón.

Entro a la ciudad por una de las tres puertas juntas arábigas que hay en los muros blancos, entre una muchedumbre de albornoces, turbantes y babuchas, burritos cargados, cargadores que atropellan, mendigos que tienden la mano y dicen palabras guturales, amontonamiento de fardos, de cajas, de cargamentos de todas clases (…) Tras esta mezcla de árabes, de moros, de kabilas, de europeos, que constituyen la población accesible, existe el misterio y la poesía de la verdadera  vida de Oriente, tal como en los tiempos más remotos. El Marruecos contemporáneo es siempre el Imperio moro del siglo duodécimo, con su organización feudal, su lujo y sus artes exquisitas.

 

Salgo del hotel a dar mi primera vuelta por la ciudad, caballero en una mula mansa y vieja, en una silla morisca forrada de paño rojo. Me precede, en otra mula, el guía, un español que hace largos años reside aquí, y que conoce el idioma perfectamente. Me sigue, a pie, un mocito vivaracho. Ambos llevan látigos: el guía para los moros del pueblo, que no se apartan del camino, y el morito para mi mula. (…) Quiero conocer los alrededores. En los  declives del terreno, o sobre graciosas colinas, hay construcciones  donde moran extranjeros. Después es la campaña. Hay profusión de áloes y tunas, lo que en España llaman higos chumbos, y dátiles e higueras. Manchas de flores rojas y amarillas entre los repliegues del terreno, y gencianas y geranios. Todo lo ilumina una luz grata y cálida. No muy distante, advierto grupos de casas bajas, aldehuelas como sembradas en el seno de los valles, y de donde se eleva una columna de humo. Y sobre una altura, de pronto, la silueta de un jinete. Unos cuantos soldados entran montados en sus hermosos caballos y armados de las largas espingardas que se creerían tan solamente propias para las panoplias de adorno y las colecciones de museos y armerías. Son de las tropas que vienen del interior, en donde una nueva insurrección se ha levantado de manera tal, que desde hace algunos días son escasas las caravanas que entran en Tánger, y, por lo tanto, sufre el comercio.”

 

(Imágenes—1– Tánger- segobo/ 2-Tánger- eldiario/ 3-Tąnger— el desmarque)

DELACROIX Y “LA LUCHA CON EL ÁNGEL”

“Durante sus últimos años – cuenta Philip Sandblom enEnfermedad y creación” -, Eugène Delacroix luchaba contra el cansancio, la debilidad y un sentimiento de incapacidad mientras se esforzaba por terminar su obra más difícil: las pinturas de Saint- Sulpice de París. En la de Jacob luchando contra el ángel probablemente describió su propia situación, como un hombre que lucha contra su destino, lo cual parece una batalla perdida. Hay una frase de Scott Fitzgerald, escrita poco antes de su muerte – sigue diciendo Sandblom -, que viene al caso: “La vida nos hace sencillamente trampa y nos pone por condición la derrota (…); lo que nos redime no son la “felicidad y el placer”, sino las satisfacciones más profundas que resultan de la lucha“.

Esa lucha personal – escaramuzas victoriosas, escaramauzas vencidas – aparece numerosas veces en su “Diarioal que me he referido en varias ocasiones en Mi Siglo. “Todas las veces que puedas – se dice a sí mismo el 13 de septiembre de 1852 – disminuye tu aburrimiento o tu sufrimiento mediante la acción. Esta resolución aplicada a las vulgaridades de la existencia, como a las cosas mportantes, daría al alma un resorte y un equilibrio que son el estado más apropiado para evitar el aburrimiento. Sentir que se hace lo que se debería hacer, le eleva a uno ante sus propios ojos. Se disfruta después, a falta de otra cosa, del primero de esos placeres: estar contento de sí mismo. La satisfacción del hombre que ha trabajado y que ha empleado convenientemente su jornada es inmensa. Cuando estoy en ese estado, gozo después de un momento delicioso el reposo. Puedo inclusive, sin el menor pesar, encontrarme entre gentes aburridas. El recuerdo de la tarea que he realizado vuelve y me preserva del aburrimiento y de la tristeza”.

Es la lucha por aprovechar el tiempo que ya aplicó en su viaje a Marruecos, en 1832, con sus dibujos al natural, superando dificultades.” A las nueve hemos echado el ancla delante de Tánger – escribe ese mes de enero -. He gozado grandemente del aspecto de esta población africana. Ha sido bien otra cosa, cuando, después de las señales de rigor, el cónsul llegó a bordo en una canoa. tripulada por una veintena de moritos negros, amarillos, verdes, que se dedicaron a trepar como gatos por todo el barco y se atrevieron a mezclarse con nosotros. Yo no podía separar mis ojos de tan singulares visitantes”.

 El 21 de febrero Delacroix asiste a una boda judía: “Moros y judíos a la entrada de la casa- va anotando -. Los dos músicos. El violín y el dedo pulgar del violinista destacándose en la luz, mientras que el dorso de la otra mano quedaba muy en la sombra. Claridad detras de la figura; transparencia en distintos sitios: las mangas blancas, y sombra en el fondo. El violinista sentado sobre sus talones, oscuridad en la parte baja. La funda de la guitarra sobre las rodillas del tocador, muy oscuro hasta la cintura del guitarrista, luego se destacaba su chaleco rojo con adornos marrones, azul el fondo, detrás del cuello. Una sombra causada por el brazo izquierdo sobre la rodilla. Las mangas de las camisas arremangadas de manera que dejan ver los biceps. Una verruga en el cuello, la nariz corta”.

Es la lucha siempre con su “ángel ” personal, la lucha contra cualquier desánimo o decaimiento. Así se esforzará durante años en su vida. Es la acción. Como han señalado los estudiosos de su “Diario“, es la progesiva estrangulación del aburrimiento gracias al trabajo.

(Pequeño apunte con motivo de la exposición que sobre Delacroix está teniendo lugar en Madrid)

(Imágenes:- 1.-la lucha de Jacob con el ángel.-iglesia de Saint-Sulpice.-París/2, 3  y 4.- Delacroix: álbum del viaje a Marruecos en 1832.-Museo del Louvre/ 5.-boda judía en Marruecos.-Museo del Louvre)