RETRATO DE RAYMOND CARVER

 


“En 1977 Raymond Carver — describe Richard Ford en “Flores en las grietas” —, era alto, flaco, huesudo, vacilante y hablaba poco y en un susurro entrecortado. Parecía simpático, aunque un poco asustadizo, pero no de una manera que asustaba a su vez al interlocutor, sino más bien como sugiriendo que acababa de estar contra las cuerdas y que por nada del mundo quería volver a encontrarse en esa situación. Sus dientes necesitaban la atención de un dentista. El pelo era tupido y enmarañado. Tenía manos rudas, patillas largas y espesas, llevaba gafas con montura de concha negra, pantalones de color mostaza, una fea camisa de rayas marrón y morado de la planta de oportunidades de Penneys y zapatos de un gusto afín a los de la marca Hush Puppies. Era como si hubiera bajado de un autobús de la Greyhound de 1964 y viniera de algún sitio en donde hubiese estado realizando sobre todo labores de conserjería. Y era absolutamente irresistible.

 

En 1977 Ray Carver estaba hambriento, y no de una comida decente. También se podría decir que parecía angustiado. La adversidad lo acechaba y él trataba de estar alerta. Reía abruptamente y luego volvía a su estado de reserva seria pero insegura. Movía los ojos con inquietud. Tenía los hombros anchos y ligeramente encorvados. Parecía querer acercarse a su interlocutor, estar de acuerdo con él sobre algo importante que ambos sabían, sobre literatura a ser posible —admiración por el libro o el poema de alguien —, pero no colmar la distancia por completo. “Sí, oh, sí, claro. ¡Dios sabe que no puedo estar más de acuerdo!” Su voz era áspera, profunda. Sus ojos parecían evadirse pero volvían al interlocutor, como si estudiaran algo, la opinión que éste tenía de él. Parecía vulnerable, en fin. Y todo — la ropa, las manos, el pelo ( si uno apoyaba las manos sobre sus hombros, cosa que por entonces todos solíamos hacer, y se le acercaba )—, “todo”, olía a tabaco. Pero nada olía a alcohol. El alcohol había quedado atrás.”

 

(Imágenes—1-Carver-writinguniversity/ 2 -Foto Marion Ettingler- corbis – guardián – Carver y Tess Gallagher – 1984/3- Carver- Bob Adelman)

FOTÓGRAFOS Y ESCRITORES

 

escritores-bg-milosz-britaniva-com

 

“Los escritores no muestran, no pintan y no fotografían la realidad, ni lo reconstruido o las invenciones de otro mundo –así quiere recordarlo Goffredo Fofi en su prólogo aEscritores” (Blume),  un álbum de excepcionales fotografīas -. Para expresarse no se sirven de las imágenes, sino de las palabras (…) Los maestros de la imagen se enfrentan a los maestros de la palabra, y por diferentes que sean sus medios, ambos deben “construir”, escoger y montar.

 

escritores-bun-joye-carol-oates-foto-marion-ettinger

 

En esta relación, corresponde al fotógrafo la labor más importante, incluso la de hacer notar en el escritor su narcisismo ( lo que quieren comunicar de sí mismos, cómo quieren que se les “vea”). En los casos más logrados ha ocurrido que los escritores han descubierto algo de sí mismos que ignoraban, o sobre lo que no habían reflexionado, gracias a la imagen que de ellos ha hecho un fotógrafo que “sabía ver”.

 

escritores-nu-miller-dennis-stock

 

(…) El interés comercial de los fotógrafos en retratar a los artistas, a los escritores o a los filósofos en anteriores épocas estaba en un segundo plano; los grandes fotógrafos pretendían demostrar su capacidad de captar en aquellos personajes algo más que la simple “crónica”. Como sucederá más tarde con el extraordinario desarrollo del periodismo, se esforzaban en percibir la originalidad, la diversidad, la ” calidad” de los artistas, aquello que los diferenciaba  de sus contemporáneos.

 

escritores-bvc-alice-munro-peter-sibbald

Si, por una parte, resulta apasionante observar cómo los grandes fotógrafos han arrinconado a los grandes pintores, casi robándoles la profesión en una competencia directa, no lo es menos contemplar lo que han buscado en los escritores.

Es cierto que los han retratado en su ambiente, pero se han centrado, sobre todo, en poner de relieve lo que los distinguía y distingue como portadores de una visión, de peculiaridades relacionadas con su origen y, en primer lugar, de aspectos que podemos decir “de categoría”.

escritores-sciascia-ferdinando-scianna

En la historia de la fotografía y en la relación que ha tenido con los escritores aparecen cosas singulares. Balzac, por ejemplo, sufría un vago temor cuando quiso fotografiarlo Nadar. “Todo cuerpo en su estado natural – parece que explicó el fotógrafo sobre aquel momento – estaba conformado por una sucesión de imágenes espectrales superpuestas en capas infinitas, envueltas en películas infinitesimales…” Y cuando se le preguntó a Nadar si el temor de Balzac ante el daguerrotipo era real o fingido, Nadar contestó: era real. Por otro lado, como cuenta Susan Sontag, fotografías de escritores cuando aún eran niños revelaban muchos caracteres: Aldous Huxley, por ejemplo, a los ocho años, exhibía ya los enérgicos excesos por los que sería conocido de adulto. La fotografía infantil entregaba numerosos secretos.

 

escritores-bn-carver-bob-adelman

 

(Imágenes- 1-Czeslaw Milosz- británica/ 2.-Joyce Carol Oates- foto Marion Ettinger/ 3.-Arthur Miller- Dennis Stock/4.-Alice Munro- Peter Sibbald/ 5.-Leonardo Sciascia- Ferdinando Scianna/ 6-Raymond Carver- Bob Adelman)

VIDAS CRUZADAS

La muerte de Pilar Donoso, la hija del novelista chileno José Donoso  (a ella me referí ya aquí al hablar de los talleres de escritura) , nos lleva otra vez hasta libros y autores y se expande sobre el gran mosaico de las vidas literarias. Ángulos y perspectivas, confesiones y balances, y también numerosos recuerdos. La historia de la literatura está salpicada de confidencias y el universo de nombres y de obras extiende sus ramas por hijas e hijos, hermanos, esposas o esposos, secretarios, mujeres y hombres que de una forma u otra acompañaron a los autores – unos con admiraciòn, otros con amor, otros guardando venganzas -, como ya hace tiempo comenté en Mi Siglo.

Cada uno nos ha ido entregando varios puntos de vista, como es el caso de Tess Gallagher y de Maryann Burk Carver sobre Raymond Carver.

Cada uno nos ha intentado desvelar una relación, como ocurre con Katia Mann y sus “Memorias” sobre Thomas Mann.

Algunos han aportado menudas y reveladoras incidencias del hogar, y así lo hizo Celeste Albaret con Marcel Proust.

Otros fueron muy lúcidos en sus visiones – y lo recordaba de este modo Eliot al referirse al libro “Mi hermano James Joyce” , de Stanislaus Joyce.

Porque de cualquier forma, para acercarse hasta las habitaciones y trabajos de muchos escritores, estos pasillos de vidas cruzadas siempre serán una interesante iluminación, a veces incluso una revelación completa.

(Imágenes:- 1.-Pilar Donoso junto a su padre José Donoso.-latercera.com/ 3.-Tess Gallagher y Raymond Carver en 1984.-f oto Marion Ettlinger.-Corbid Outlin.-guardian co.uk/4.- Katia Mann junto a su esposo Thomas Mann en Berlín.- 1929/ 5.-Celeste Albaret.-tempas  hauttefort. com/6.-Stanislaus Joyce.-themodernworld.com/7.-Raymond Carver.-writinguniversity org)