“CIUDAD EN EL ESPEJO” (2)

Pale Blue II 1970 by Jules Olitski 1922-2007

Ahora son las seis y media de la mañana. Mientras el doctor Valdés se abrocha la camisa y se anuda la corbata, nada en su cálido dormitorio y ante el espejo de su armario desvela el fragor de la gran capital que hace ya tiempo despertó y que mucho antes de las cinco de la madrugada abrió sus ojos y sus faros y sus ruidos en los pueblos de cercanías, alumbrando sus ciudades-dormitorio mientras empiezan a moverse y a llegar trenes y automóviles y autobuses repletos, vehículos que avanzan solitarios o en caravana trayendo hasta el centro de Madrid cerebros semidormidos, miembros entumecidos, caras largas y mudas, mujeres y hombres con problemas que se agrandan o se empequeñecen según el temperamento, según las marcas que dejó la infancia, la educación, los tratos o la presión del entorno. Madrid en este final de siglo hace tiempo que ensanchó su pulmón y al fondo de sus arterias del norte aparece Fuencarral y el barrio del Pilar, al rordeste Hortaleza, Canillas y Barajas, al este Canillejas, San Blas y Vicálvaro, al sureste Vallecas, en el término sur San Cristóbal y Villaverde, mientras suben a la inversa de las agujas del reloj Carabanchel y Cuatro Vientos, y después se extiende por el oeste  Campamento y la Casa de Campo, para al fin, al noroeste, por Aravaca, antes de que se escape hacia arriba el pequeñito río Manzanares, la carretera de La Coruña quiere huir y no puede, apresado su asfalto bajo las ruedas de los automóviles. Qué será de Madrid en el futuro, en el siglo XXl, en el XXll, qué fue de Madrid en el XlX, en el XVlll, en el XVll, nada piensan de ello las multitudes que van y vienen por el Madrid subterráneo, cintas veloces del Metro que cruzan en negro y rojo andenes y túneles, avanzan los vagones desde Fuencarral hasta la Plaza de Castilla, se abren en vertiente los cauces por Cuatro Caminos y la Avenida de América, llega ciega e iluminada una máquina por la línea 4, desde la estación de Esperanza, la esperanza nunca se pierde al ver este caos circulatorio de Madrid que se anuda más, que se aprieta más aunque parezca ensancharse, es una cuerda de ahorcado que ahoga la libertad de la capital, aquellos carros de mulas por el Puente de Toledo, aquellas estampas cansinas que cubrieron amarillentas postales, los grabados valiosos, el tiempo venerable quedó asesinado por la celeridad y por el ruido, a veces sólo por el ruido y por el humo matando incluso a la velocidad. Madrid pende del árbol de la prisa a estas horas primeras de este martes ocho de mayo, parece que se fueran a matar las venas oscuras que suben de Legazpi en el Metro, parece que fueran a chocar con las que llegan de Portazgo, de Palomeras, del Alto del Arenal, de Miguel Hernández. Nada ocurre. El tejido subterráneo de Madrid tiene millones de pisos, escaleras mecánicas que bajan a sus infiernos, sótanos innumerables, capas superpuestas, inútiles, que se acoplan unas sobre otras en esta infraestructura móvil, como si se hubiera horadado el mundo de la ciudad y de su bajo vientre siguieran apareciendo a esta hora incansables y cansinas figuras.

El doctor Valdés acaba de ponerse su camisa, afloja un poco el nudo de su corbata, se viste un jersey fino para subir a su estudio. Begoña continúa durmiendo en la cama matrimonial, Lucía y Miguel, sus dos hijos, apuran sin saberlo su último

 

figuras.-66vv3.-Dirk Skreber.-o T.-2001.-Engholm Galerie

 

sueño antes de levantarse para ir a la Universidad, y el doctor Valdés aprovecha estas horas primeras del día para leer y tomar notas, para envolverse en el silencio. Tiene una doble, triple, cuádruple personalidad el doctor don Pedro Martínez Valdés, es hombre activo, filantrópico, temperamental, ha tenido muchos problemas, ha vivido muchas tensiones, él mismo ha sido tensión y solo a los cincuenta años parece haberse remansado un poco, tan sólo un poco su vida. Si sus enfermos supieran cómo es, si los enfermos del mundo descubrieran cómo son sus médicos, quedarían asombrados. A los médicos no se les puede preguntar nunca cómo están ni qué les pasa, a quiénes, entonces, se confiarán los médicos, ante quién consultarán los problemas de su existencia, qué les suele pasar a los médicos cuando ellos van al médico es algo misterioso, intrincado e inexplicable. Gracias a Dios, ningún enfermo del doctor Valdés le ve ahora subir las escaleras de su estudio, sólo le seguimos nosotros, escalón a escalón, son siete escalones de madera blanca que ascienden desde el mismo dormitorio, se abre una pequeña puerta, he aquí que estamos en el alto del chalé, la habitación reservada, una buhardilla desde cuya ventana se ven bien los árboles de las casas vecinas de Puerta de Hierro y se dominan perfectamente los jardines. Es habitación insonorizada, no muy grande, cuarto aislado del resto de la casa, con servicio propio, con un minúsculo cuarto de baño al lado, buhardilla con estanterías de libros y una mesa y una silla para escribir, un sillón cómodo para leer junto a una lámpara. El doctor Valdés es alto, ancho, de grandes espaldas, pesa ochenta y cuatro kilos y mide un metro ochenta: por eso esta buhardilla la construyó después de comprar el chalé, a la medida de su tamaño humano, la hizo construir cuando vino de Barcelona. Tiene su llave y cuando quiere se aisla del mundo. Ahora nadie en Madrid puede ver al doctor don Pedro Martínez Valdés con sus ojos tras las gafas de concha: viste un jersey azul muy elegante que no ha comprado sino que le tejió Begoña, gran tejedora, de las que ya no quedan entre las aficionadas al punto y la costura, ha tejido también disgustos y fracasos en su matrimonio, igual felicidades y parabienes, los chalecos que terminó a su marido los cosió en  interminables horas de espera junto al teléfono, confiando al silencio amarguras y desesperanzas.

Mira el doctor Martínez Valdés por la claridad de la ventana de esta buhardilla y la entreabre. Llega despacio, hasta las aletas de su nariz, hasta nosotros también, un olor a hierba recién mojada, el aroma peculiar de la tierra sembrada de lluvia artificial, las flores de mayo que despiertan a la única vida que vivirán, vida olorosa, fragancia en la aparente quietud de este

 

figuras.-397hh.-Uta Barth.-2005.-colección Magasin.-foto Christer Carlsson.-coretsía de Andéhn - Schiptjeko

 

jardín, los hombres no sospechan el movimiento interno de los tallos, de los capullos, el nerviosismo inquieto de los brotes, la sangre de la savia en la naturaleza tan bullente, el mapa madrileño del diminuto y gigantesco mundo de los gusanos y de las sabias hormigas, las idas y venidas de la tierra en primavera que abre su universo ante los ojos limitados de Valdés, este hombre interesado en la medicina, volcado en ella, No puede abarcarse todo, doctor, le dirá esa misma tarde, sentado ante él, Ricardo Almeida García, me pregunta usted si me atrae la naturaleza, claro que me atrae, pero no salgo a ella, apenas la miro, recuerdo las veces que he ido al campo y cómo me han asombrado y casi anonadado las alturas, el eslabón de las gigantescas montañas, no, no tengo vértigo, jamás lo tuve, el campo me tranquiliza, sí, pero reposo en su gran superficie, extiendo mi mirada, no me fijo en cambio en las pequeñas cosas, sólo cuando me siento en el suelo, cuando iba al bosque siendo niño, y aún después, ya mayor, aquel río de hormigas subiendo y bajando del tronco del roble me dejaban prendido, fascinado, eran alucinación para mí.

No habla así Ricardo Almeida, no es ese su especifico lenguaje, no escoge tanto los vocablos ni elige cuidadosamente las palabras, no es tan culto como aquí puede suponerse, pero si a Valdés le diera tiempo un día para rememorar esta consulta y pudiera acaso reescribirla a mano, en el cuaderno rayado que suele usar, lo haría así, con cierto aliento, elevando la calidad de la conversación y dignificando aún más lo que escuchó, aquello que le impresionó tanto, el doctor Valdés tiene una veta de literato y otra de médico, será que quizá es más escritor que doctor, acaso será mejor médico que escritor, tal vez querría haber sido un gran relator, lo conseguirá o lo ha conseguido alguna vez, esto es algo que nadie puede decir, aunque no, tal es el destino, pero nunca podrá reescribir esta consulta.

Madrid, pues, este martes de mayo es un caos circulatorio en su tráfico de hombres y automóviles y en su tráfago de hormigas, el doctor Martínez Valdés deja entornada la ventana de su estudio y volviéndose en el pequeño cuarto busca un libro en la estantería. Los libros, mi querido amigo, le dirá esa tarde al paciente Ricardo Almeida, son buenos amigos del

 

 

figuras.-5lala.-Sandy Skoglund.-all-art.org

 

 

hombre, y luego le preguntará interesado, Lee usted libros, Me dediqué a eso, doctor, durante tres años, antes de irme al Museo del Prado; más bien, se corrige algo avergonzado, yo hacía que los demás leyeran, ayudaba, serví libros durante tres años en la Biblioteca Nacional. Quedará algo sorprendido el doctor Martínez Valdés, ese día y en ese momento quedará ligeramente sorprendido, pero nada dirá. El ha tenido pacientes de todas las profesiones, abogados, maestros, militares, amas de casa, gente feliz y desdichada a la vez, las luces y las sombras entremezclándose en las vidas. Jamás, sin embargo, ha tenido frente a él a un hombre con este oficio. Nada dice y su rostro no se inmuta, apenas parpadea. Mira con curiosidad, tras las gafas de concha, a este hombre de frente grande y abultada, el mirar extraviado, cuerpo pequeño, encogido, actitud acosada, con las manos crispadas. El doctor Valdés ha conocido en su vida a muchos hombres y mujeres que se han sentado frente a él y han jugueteado, como lo hace Ricardo Almeida, con las plumillas colocadas a propósito sobre la mesa para comprobar la tranquilidad o la inquietud de las manos del enfermo, si las tocan o si las dejan, el juego nervioso de los dedos, la calma o el afán de esas extremidades de los seres humanos que suelen delatar a veces lo que revela o esconde el corazón.

Pero no estamos aún aquí. El doctor Valdés toma su agenda, pasa las páginas, consulta algo, luego deja la agenda sobre la mesa”.

José  Julio  Perlado

(Continuará)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

 

figuras-ttvvd-Ad Reinhardt

 

(Imágenes.-1.-Jules Olitski- 1970/ 2.-Dirk Skreber -2001- engholm galerie- kerstimengholm/ 3.-Uta Barth– 2005- colección Magasin- foto Christer Carlsson- cortesía de Andéhn Schiptjeko/ 4.-Sandy Skouglund- all- art- org/ 5.-Ad Reinhardt)

 

 

EL REY Y EL LAVATORIO DE LOS PIES

 

 

“ En la tarde del Jueves Santo – escribe Gutiérrez Solana en “Madrid, escenas y costumbres”  – se hace en Palacio la ceremonia del lavatorio de pies a los pobres. Con capas, bastón y sombrero de copa entran en Palacio. Los pobres se sientan en sillas bajas, se quitan las botas y se arremangan los calzoncillos. El Rey se sirve de una jarra y una jofaina, en la que meten los miembros, ya lavados de antemano con estropajo, y después se los seca con una toalla. A los mendigos favorecidos con este acto de humildad se les regala el traje, que acaban de estrenar para presentarse en Palacio, y se les obsequia con un cesto de comida y una bota de vino a cada uno.

(…) El Viernes Santo el Rey suele conceder el indulto a varios condenados a garrote o a la horca (…) En la mañana del viernes, muy temprano, bajan largas filas de romeros por la Plaza de Oriente, camino de la Princesa, a la Cara De Dios, al final de la plaza de los Afligidos, y entran en la capilla del Príncipe Pío en la que se venera la Santa Faz.

En la plaza, puestos de vino y de rosquillas; las mujeres, con mantones de Manila; las buñolerías y el vocear de los vendedores con mostradores de tijera con aleluyas y cromos de la Cara De Dios; los monigotes de cartón, las banderas y los globos, el tránsito y la aglomeración de gente dura hasta el mediodía, en que empieza a sentirse el cansancio”.

 

 

(Imágenes – 1-Palacio Real- skyscrapecit/ 2- Palacio Real – 1887 – donado por Santiago Saavedra – archivo)

EL VUELO DE LAS GAVIOTAS

 

 

“El vuelo de las gaviotas no conoce esta ciudad desierta, despojada de ruidos, donde los ascensores duermen paralizados, los edificios han sido vaciados, se han apagado móviles y ordenadores, una brecha de soledad señala dónde estuvo una vez el tráfico, aquella orquestación desafinada de motores y prisas, aquel ir y venir de la polución, avenidas de gases, conversaciones, discusiones, preocupaciones, el vuelo de las gaviotas pasa ahora suavemente sobre las rocas y deja embobados a los que han llegado hasta aquí, al borde de los arrecifes coralinos, donde crustáceos y peces del mar tienen su tiempo de silencio, silencio distinto al de las ciudades vacías, la cáscara de los edificios ha ido volcando en el aire timbrazos, irritaciones y gestos, aquella aceleración por los pasillos, parpadeo de pantallas, gestiones, aglomeraciones, infartos de empresas, el vuelo de las gaviotas pasa una y otra vez por los dibujos de colores de los peces mariposa, por las manchas anaranjadas de los corales, el vuelo de las gaviotas no conocerá nunca la dureza de estas aceras solitarias, el desierto de las plazas en las capitales, los jóvenes árboles solteros, los viejos árboles viudos. Hay un silencio por todos estos despachos donde se crisparon conversaciones y se cruzaron órdenes, donde creció la espiga de la envidia y la ambición. El vuelo de las gaviotas pasa ahora lentamente sobre el cangrejo rosáceo  y sobre la aleta transparente del pez azul”.

José Julio Perlado

 

 

(Imágenes.- 1.-Peter  Jones/ 2.-Walter Leistikow)

VIEJO MADRID (64) : CALLE DEL SACRAMENTO

Madrid.- calle del Sacramento.- José Sancha.- pintura.aut.org

 

Paso por la madrileña calle del Sacramento  y me acompañan siempre las palabras de Unamuno:”Lo que habrá escuchado en atento silencio esa calle del Sacramento, sin tranvías y casi sin autos, esa fila de viviendas ciudadanas, recogido remanso de historia. ¿Del viejo Madrid? No, sino del Madrid intemporal, del Madrid – oso y madroño – que soñaba, vivía y revivía don Benito, su evangelista. Por esa calle del Sacramento solía callejear Bringas, el del Palacio Real.

Si, si, – me va  diciendo Unamuno – cabe callejear, discurrir  por Madrid soñando a España; cabe ir soñando por calles encachadas de este Madrid, senaras de España, sin temor a que le rompan a uno el sueño, que nos lo escuda y ampara este cielo que laña la cuenca del Duero con la del Tajo, Castilla la Vieja y la Nueva. Respira la calle del Sacramento aire de Guadarrama. Pero…¡ojo!, porque hay que vivir despierto. Por si acaso… A Dios rogando y con el mazo dando, no sea que se nos rompa la vela. Ese monumento de la desembocadura de la calle del Sacramento y aquel pedestal vacío de la Plaza Mayor nos amonestan a vivir despiertos. Que la barbarie que hoy se revuelve contra un símbolo, sea de carne o de bronce, mañana se revolverá contra el que la ha suplantado, y destruirá el símbolo, pero no lo simbolizado. A soñar, pues, lo que se queda; pero despiertos a lo que pasa. Y a Dios rogando y con el mazo dando.”

Miguel de Unamuno.- “Paisajes del alma”.- escrito en” El Sol”, marzo 1932

(Imagen.- calle del Sacramento.- José Sancha)

VIEJO MADRID (53) : VISITANDO EL VIEJO ALCÁZAR

Madrid- yccr- El Alcçazar- dibujo anónimo de mil seiscientos setenta- wikipedia

 

“Grandioso e imponente, aunque tal vez poco uniforme – va evocando José María Cuadrado en sus “Recuerdos y bellezas de España“-  aparecería el conjunto de las torres del Alcázar,  los chapiteles, portadas, ventanas y miradores. En su ámbito contenía quinientas estancias, y en las salas bajas de sus patios principales se reunían los diez consejos sobre que giraba la administración de la vasta monarquía. Se ostentaba en el primer corredor la real capilla revestida de mármoles y tapicerías; y si en pos de algún cortesano de los Felipes quisiéramos penetrar en su morada, por medio de los archeros y  de las guardas española y tudesca que guardaban la primera sala, y por entre los porteros de la segunda,

 

Madrid-unnh- El Alcázar- museoimaginado com

 

cruzaríamos la tercera destinada a recibir las embajadas extraordinarias  y las consultas de los consejos; aquí el comedor privado, allí el público, más allá el salón inmenso de ciento setenta pies de longitud para comedias, máscaras y torneos, allá el que presenciaba cada jueves santo el solemne lavatorio de los pobres. Atravesando salas y corredores , llegaríamos al pie de la torre Dorada, y tras de seguir desde la hermosa galería de pinturas los amenos giros del río hacia mediodía y poniente, con medroso paso nos introdujéramos en el despacho y

 

Madrid-vccv-El Alcázar- forocoches com

 

alcoba del soberano, cuyo silencio sólo turbara el son de las fuentes del jardín contiguo adornado con estatuas de emperadores. Cuadros mitológicos del Tiziano y mesas de jaspe y pedrería enriquecían las vecinas estancias que por un secreto pasadizo de azulejos daban salida al parque y casa del Campo; otra galería abierta al cierzo y cubierta con retratos de los reyes de Portugal, dejaba espaciar la vista hasta las nevadas cumbres de Guadarrama; y en el mismo ángulo, no lejos de la sala de Cortes de Castilla y León, se alzaba otra torre envanecida de haber albergado como cautivo a Francisco I.

 

Madrid-ybnn-El Alcázar- lacasadecampo net

 

Hacia levante y mirando a la plaza de palacio caían las habitaciones del príncipe, de la reina e infantas, con muchas salas, oratorios y retretes, a cuya fábrica había contribuido la villa en obsequio de la esposa de Felipe lll; allí cerca el guardajoyas, depósito de las preciosidades de ambos mundos y cuya inconmensurable riqueza en plata, pedrerías y pinturas revelaba que el dueño de ella no podía ser sino rey del universo. Y sin embargo nos parece que comparada la majestad y opulencia de aquella mansión con la grandeza de los soberanos que albergaba, argüía en ellos todavía cierta sobriedad y moderación”.

 

Madrid-tree- El Alcázar- Julius Milheuser- vista de Madrid- Museo de la Historia- madrid es

 

(Imágenes.-1-El Alcázar-dibujo anónimo- 1570- wikipedia/ 2.-El Alcázar- museoimaginado. com/ 3.- El Alcázar-forocoches.com- artehistoria/ 4.- juius milheusen-vista de Madrid- museo de la Historia- Madrid.es/ 5.-El Alcázar- la casadecampo.net)

 

VIEJO MADRID (42) : CALLES Y OFICIOS

Madrid-vvbn-calle de Botoneras

“Los sastres y fundidores – se recordaba ya a mitad del siglo XVlll en el “Gobierno político de los pueblos de España” -no pueden tener tablero, o tienda de su oficio a par de la del mercader. No pueden tener tampoco tienda de mercaderías, sólo pueden usar de un oficio, o de otro, así como ni zapateros, ni oficiales de hacer obras de cuero, pueden ser curtidores,  ni tener a su cargo tenerías algunas.” Julio Caro Baroja evoca cómo hace siglos en las ciudades españolas se extendían arrabales destinados a profesiones: olleros, tejeros, sogueros, punto de cita de arrieros y trajineros, y a su lado los mesones.

Madrid- ccvy-calle de Cedaceros

Madrid presenta numerosos oficios en la historia de sus calles. Répide o Peñasco y Cambronero, entre muchos otros, han dedicado numerosas páginas a estas calles que van unidas a tradicionales menesteres y que han dejado su huella en la ciudad. Répide, al hablar, por ejemplo, de la calle de Botoneras, recuerda que ese era el lugar donde estaban establecidas las vendedoras de quincallla, “en  cuyo comercio figuraba como especial mercancía la de las botonaduras que servían a soldados y pajes, además de su natural clientela femenina.

Madrid- caard-calle de Esparteros- wikimedia

La calle de Cedaceros- – anotan igualmente Hilario Peñasco y Carlos Cambronero  -aparece ya en los planos de Texeira y Espinosa, y en sus construcciones y casas vivía y trabajaba mucha gente de este oficio. En Bordadores, recuerda Répide, los maestros que trabajaban en telas en tiempo de don Juan ll lograron acabar un magnífico manto a la reina doña María de Aragón. Siglos más tarde, Santa Teresa de Jesús estuvo en los talleres de los bordadores “para que le bordasen el traje de un San José que llevaba para una de sus fundaciones, y como no quisiesen cobrar nada por su trabajo, la santa, después de darles las gracias, les dijo: “no toma oro quien da oro.”

Madrid-cewwd-calle de Bordadores- wikimedia

En Esparteros – sigue diciendo Répide -” algunos valencianos tejían el esparto, haciendo las esteras que se usaban en la mayor parte de las casas de la Corte. Fueron estableciéndose en diferentes puntos de la capital, y la calle de su nombre fue más especialmente ocupada por las tiendas de los fabricantes de agujas y botones y los almacenes de ferretería que formaban la parte más importante de la feligresía de Santa Cruz.

Madrid-vbhh-calle de Cabestreros- wikimedia-org

En Cabestreros se establecieron – sigue diciendo Répide – los cordeleros de cáñamo y formaban un gremio, cuyo titular era San Antonio Abad “y la fiesta de San Antón se celebraba con la romería que se llamaba de los gitanos, que con mulas enjaezadas iban a dar las vueltas y a recibir la cebada bendita en un altar portátil que se colocaba a la puerta la iglesia.”

Madrid-ccsss- calle de Tintoreros- commons wikimedia org

Si en Tintoreros estaban las tiendas de varios químicos que se establecieron en Madrid perfeccionando el arte del teñido de las sedas, en los Yeseros se encontraban antiguamente las yeserías y esa calle estaba continuamente

Madrid-cfoi-calle de Yeseros- wikimedia. com

cruzada por los carros que cargaban tal material.

Madrid-cvgy-calle de la Ribera de Curtidores- wikimedia. com

El ambiente en la Ribera de Curtidores lo evocan, entre muchos otros autores, Peñasco y Cambronero al decir que”se hace digna de que la visite el forastero en un día de fiesta. Ocupando la parte de la vía pública que hay dispuesto para ello, se instalan los domingos multitud de vendedores con objeto de dar salida a los trastos viejos, saldos, ropas procedentes de empeño, antigüedades, libros usados, retazos de tela, hierro viejo y curiosidades de todo género. Allí, en confuso montón, aparecen revueltos un uniforme de miliciano y una vajilla desportillada, el retrato del duque de la Victoria y un capuchón de Carnaval, una mantilla de casco y un espadín del siglo XVlll; por eso el padre de familia, el comediante casero, la mujer hacendosa y el anticuario encuentran siempre en el Rastro algo que puede remediar sus necesidades o satisfacer sus aficiones.”

Viejos oficios, viejas calles en el viejo Madrid.

(Imágenes- wikimedia)

VIEJO MADRID (41) : EL AGUA Y LOS CARROS DE LA BASURA

Madrid- dryuf-fdomingor.jazztel

“No llegaban a trescientos mil los habitantes de Madrid allá por el año de 1863. ¿A cuento de qué baños, si por escasez de agua o por la natural pereza de inmersión frecuente, muy pocos echaban de menos las abluciones generales? – escribe Emilio Gutiérrez Gamero en sus Memorias tituladas “Mis primeros ochenta años” -(…) Los viajes acuáticos de que Madrid se surtía eran insuficientes para las necesidades del municipio y de los ciudadanos, y cuando una rotura u otro inesperado suceso dificultaba cualquiera de los referidos viajes, todos los madrileños nos poníamos casi a  media ración, como si un ejército sitiador nos hubiera cortado las fuentes del plácido beber. Varias de estas fuentes se hallaban en distintos puntos de la capital; pero no llega a mi memoria más que la situada en la plaza de Pontejos, circundada de multitud de cubas, con cada una de las cuales cargaba el fiel aguador, quien, echándoselas al hombro, iba a repartir el líquido elemento a las casas de los parroquianos.

Madrid-vyyuu-jardinera en mil novencientos dos- fdomingorjazztel

(…) Pues, ¿qué hablar del polvo, que hacía el aire irrespirable, y de la basura, que ensuciaba las calles (…) Por fortuna, el municipio, siempre adivinando las necesidades de los madrileños, dio en el sabio recurso de los carros de la basura, provistos de un esquiloncillo que llamaba a las criadas al matutino deber de entregar las inmundicias caseras (…) Dos ruidos igualmente desagradables me despertaban, cuando el tranquilo dormir nueve o diez horas era mi delicia. ¡ El pesado sueño de los pocos años! Varios fuertes aldabonazos en la puerta de la calle, y en pos de ellos, un grito: “¡El burrero!” El burrero, que con unas cuantas burras de leche repartía entre los abonados catarrosos el ubérrimo licor de las andariegas bestias (…) El otro repiqueteo era el del carro de la basura, a las siete de la mañana, que me decía la hora y el momento de despegarme de las sábanas para empezar mis obligaciones diurnas.

Madrid-vvbh-tranvía de caballo en Cibeles- mil ochocientos setenta y nueve

(…) ¿Nada más que los ruidos? Y también un olor, para regalo del olfato, mucho más molesto y repugnante que las sonajas de burras y carros. ¡Los pozos negros! A falta de alcantarilllado, en el Madrid de ayer cada casa gozaba de su correspondiente pozo negro, y cuando – a las altas horas de la noche – iban los poceros a vaciarlo en cubas, no herméticamente cerradas, repartíase por toda la calle un tufo nausebundo, de tal fuerza perfumante, que al ciudadano más modorrro le hacía saltar de la cama, tapándose las narices, para obstruir rendijas y sahumar la habitación quemando alhucema, o un terrón de azúcar, o cortezas de manzana.”

Madrid-bbeer-La Puerta del Sol en el siglo diecinueve- cervantesvirtual

(Imágenes.-1.-calle de Madrid-/ 2.-inauguración de la primera líneas de tranvías en Madrid.- 1871- llegada de los coches a la estación del barrio de Salamanca.- La Ilustración Española y Americana/ 3.- tranvía de caballos en la Cibeles/ 4.- la Puerta del Sol en el siglo XlX- cervantesvirtual)