LA IMAGEN MÁS BELLA DEL SIGLO XX

 

 

“Para muchos la imagen más bella del siglo XX no fue obra de Picasso, Jackson Pollock, los arquitectos de la Bauhaus ni los cámaras de Hollywood — dice Peter Watson en su “Historia intelectual del siglo XX” —. Se trata de una fotografía, un trozo de reportaje, aunque, con todo, original en extremo: una fotografía de la Tierra vista desde el espacio. Muestra un planeta ligeramente azul, debido a la cantidad de agua de la atmósfera, y resulta conmovedora porque reflejaba el mundo tal como podría ser visto por otros ajenos a él: un lugar relativamente pequeño y, ante todo, finito. Este último hecho fue el que más emocionó a algunos.”

 

 

A los cincuenta años de la aventura lunar, la voz de Neil Amstrong en aquel 21 de julio de 1969, sigue narrándonos  el descubrimiento: “ la superficie es suave y polvorienta; puedo… puedo removerla sin dificultad con la punta del pie. Se adhiere en finas capas como tiza en polvo a la suela y los costados de mis botas. Tan sólo puedo moverme centímetros, o tal vez una fracción de centímetro; pero puedo ver las huellas de mis botas en las finas partículas arenosas… No parece existir demasiada dificultad para moverse de un lado a otro, tal como imaginábamos … Nos encontramos en un lugar llano, muy llano, de hecho.”

 

 

(Imágenes—1-moodaloholic -imagery our Word/ 2- brad -foto golodpaint/ 3- foto Rhys Logan – National geographic)

CUANDO UNO ESTÁ CANSADO

 

 

“Cuando uno está cansado y tiene la suerte  de poder ir a algún hotel del mundo siempre ocurre  ese mismo fenómeno que nunca figura en las guías de viaje. Hay una serie de habitaciones en el último piso en cuyas ventanas aparece a media noche la luna de verano. Es una luna redonda y solitaria, colgada sobre el océano. Desde la cama, con la ventana abierta, uno sigue el silencio blanco de esa luna omnipresente que se va desplazando muy despacio, casi intangible. Suele eso suceder hacia las tres. Es el momento en que parece haberse parado el tiempo. El tiempo se para, se detiene la atmósfera. La brisa refrescante del mar asciende hacia la luna y toca  las nubes. Por la ventana abierta llega la suave humedad nocturna hasta la cama. Uno se adormece, o al menos cierra los ojos. El cansancio, la polvareda de gases del invierno, la precipitación de escaleras y ascensores, el vibrar de los móviles, el centelleo de ordenadores, los gritos de los niños, las copiosas comidas, todo queda bajo los párpados. También el  ruido de las autopistas y el zumbido de los aviones. Da la impresión de que uno se haya quedado adormecido y de que guarde con los ojos cerrados la tensión del invierno. Desde la cama, de nuevo la luna inmóvil, la luna blanca en el centro de la ventana. El mar azul oscuro y la humedad azul oscura de la noche. Son ya las cuatro de la mañana. Parece mentira que en alguna parte del mundo donde se esté viviendo el Invierno, suban y bajen a esta hora inmensas multitudes por las escaleras del metro”.

José Julio Perlado – (del libro “Relatos”) (texto inédito)

(Imagen  – Anton Pieck)

LA PARTIDA

 

 

“¿Has puesto ya la luna a buen recaudo?

Ata mejor las cuerdas, por favor.

El pan mételo más, para evitar

que lo aplaste la luz — una baguette

bien tostada y tan blanca en su interior

no es fácil de encontrar

hoy en día. ¡ Y por Dios

que no se nos ocurra al final irnos

y olvidarnos del mar! Así que ponlo

ahi entre los zapatos

y ata detrás la luna. ¡Es la hora!”.

Denise Levertov -“ La partida” ( traducción de Cristina Gámez Fernández y Bernd Dietz)

(Imagen –Charlie Riedel)

SOY LENTA COMO EL MUNDO

 

 

«Soy lenta como el mundo. Soy muy paciente,

girando a mi ritmo, los soles y las estrellas

me observan con atención.

El interés de la luna es más personal:

pasa y vuelve a pasar, luminosa como una enfermera.

¿Acaso se siente culpable por lo que va a suceder? Creo que no.

Simplemente le asombra tanta fertilidad.

Cuando salgo, soy un gran acontecimiento.

No tengo que pensar ni que prepararme.

Lo que suceda en mí sucederá por sí solo.

El faisán se yergue sobre la colina;

está ordenando sus plumas marrones.

No puedo evitar sonreír ante este acontecimiento.

Pétalos y hojas me acompañan. Estoy lista».

Sylvia Plath – «Tres mujeres»

(Imagen – Max Ernst – 1970)

A LA LUNA

 

cielo.-66h.-luna.-Elihu Vedder.-1922

 

«Oh graciosa Luna, yo recuerdo

que hace ahora un año, sobre este collado,

lleno de angustia venía a contemplarte.

Y tú te alzabas sobre aquella selva

como ahora, que toda la iluminas.

 

cielo.-4qqaa.-luna.-Maanverlicht Nacht.-Anton Pieck

 

Pero, ofuscado y trémulo a causa

del llanto que acudía a mi mirada,

tus ojos a mi rostro ofrecías, que penosa

era mi vida: y aún lo es, amada Luna.

 

mar.-09jj.- luz de la luna sobre el mar.-por A. Rutot,.-1896

 

Y aún me agrada el recuerdo, y el contar

los años de mi dolor. ¡Oh cuán dichosa

es en la edad temprana, cuando aún es mucha

la esperanza y breve el curso

de la memoria, el recordar las cosas

de otro tiempo, aunque ello sea triste,

y aunque el dolor persista.»

Giacomo Leopardi«A la luna»

noche-uurvvn-luna- Andrew Wyeth

(Imágenes.-1.-Elihu Vedder- 1922-oldbookillustrations.-imgfave.com/ 2.-maanverlicht-nacht-anton piek-pinterest/ 3.- a rutot- 1896/ 4.-andrew wyeth)

 

PREGUNTO A LA LUNA

luna,.erccb,.- flores.-Zhang Weimin.-1955.-una luna creciente en la Noche Oscura

«Brilla la luna en el azul infinito.

Ceso de beber y le pregunto:

¿Desde cuándo estás allí?

luna-vvgu-noche-Daisuke Yokota

Por más que lo pretenda ,

el hombre no puede atrapar la luna.

Pero ella, en su curso, le acompaña.

Es un fúlgido espejo que vuela

por encima de los palacios escarlata.

Sus luces puras resplandecen,

disipando los humos grises.

Se la ve sólo de noche

ascendiendo del piélago,

y al despuntar el alba,

se pierde entre las nubes.

Año tras año, la liebre elabora sus hierbas.

Solitaria,  Chang E nunca tiene compañero.

Los hombres de hoy no ven la luna de antaño,

mas la luna de hoy ha alumbrado a los hombres antiguos.

mar-ffte-luna- Jasper Francis Cropsey- mil ochocientos setenta

Tanto los del pasado como los del presente,

vienen y se van como las aguas de un río,

y todos contemplan la misma luna.

¿Qué podría yo desear  sino ver siempre,

mientras canto y bebo,

su reflejo en el fondo de mi copa de oro?»

Wang Wei.-( 701 – 761) .»-Copa en mano, pregunto a la luna»

luna-rrtty-Gustav Gwozdecki- mil novecientos ocho

(Imágenes.-1-Zhang weimin/2-Daiuseke yokota/ 3.-jasper francis cropsey – 1870/ 4.-Gustaw Gwozdecki– 1870)

VÍA LACTEA

cielo.-41ki.-Eclipse rotal.-Winnipeg.- Canadá.-foto Henry Groskinsky.-1979

«Es igual que un arroyo, la Vía Lactea,

a cuyos lados lucen las margaritas.

Medio anillo, el Creciente.

Y una mano, las Pléyades, que le señalan.

Mira la luna: es

barca de plata,

que acusa el peso

de la carga de ámbar.

Las Pléyades parecen

el lento palanquín de una camella

a la que el camellero

azuza, fastidiado, hacia Occidente.

Refulgen, tan brillantes,

que son igual que frascos

en que tiembla el azogue.

Tu talle es una rama sin fisuras.

Y tu rostro es un sol,

con el día en tu cuerpo».

Ibn Al-Mutazz:

cielo.-rgoggv-Fridtjof Nansen.-1912

(Imágenes:-1.-eclipse total.-foto Henry Groskinsky.-Winnipeg.-Canadá.-1979/ 2-.dibujo de una aurora –Fridjof Nansen.-1912.-environmentandsociety.org)

EL SILENCIO DE LOS ESPACIOS

«La noche se pregunta quién soy yo.

Yo soy su secreto profundo, inquieto

y negro, su secreto rebelde.

He escondido mi esencia en el silencio.

He envuelto el corazón en conjeturas,

y me he quedado aquí, pálida, inerte,

viendo cómo los siglos se preguntan

quién soy».

Nazik Al -Malaika

«Hubiera preferido

irme a dormir sin más demora,

pero pasé toda la noche

contemplando la luna solitaria

hasta que se ocultó en el horizonte».-se lee en «Cien poetas, cien poemas» (Hyakunin Isshu)

(Imagen.-Anton Piek)

(video: Venus-Lunar Occultation 2012.-August.-Taebaek. Korea.-Kwon.-O Chul)

LA LUNA

«La luna se puede tomar a cucharadas

o como una cápsula cada dos horas.

Es buena como hipnótico y sedante

y también alivia

a los que se han intoxicado de filosofía.

Un pedazo de luna en el bolsillo

es mejor amuleto que la pata de conejo:

sirve para encontrar a quien se ama,

para ser rico sin que lo sepa nadie

y para alejar a los médicos y las clínicas.

Se puede dar de postre a los niños

cuando se han dormido,

y una gotas de luna en los ojos de los ancianos

ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna

debajo de tu almohada

y mirarás lo que quieras ver.

Lleva siempre un frasquito del aire de la luna

para cuando te ahogues,

y dale la llave de la luna

a los presos y a los desencantados.

Para los condenados a muerte

y para los condenados a vida

no hay mejor estimulante que la luna

en dosis precisas y controladas».

Jaime Sabines

(Imágenes.- 1.-Frederick Marriott.-moonlight.-Taranta.-Italia/ 2.-Alain Manesson Mallet.-descripción del universo.-vista de la luna. siglo XVll/ 3.-Edward Moran.- vela a la luz de la luna en el puerto de Nueva York)

ATRACCIÓN DE LA LUNA

La atracción de la Luna logró que hace cuarenta años unos pasos de hombre pisaran por vez primera aquella corteza. En una madrugada de hace cuarenta años quise seguir en directo el ruido de aquellos pasos caminando bajo el ojo de la televisión.

Como pequeño homenaje a aquellos pasos y a aquella atracción de la Luna – a aquella ciencia ficción hecha realidad – publiqué hace unos días en Alenarterevista el artículo que aquí transcribo:

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«¿Qué hubo antes de la ciencia ficción? ¿Hubo algo anterior? ¿Vivimos el fin de la ciencia ficción, puesto que toda anticipación es entre nosotros ya realidad? El término “ciencia ficción fue usado por primera vez en 1851, año de la Gran Exhibición londinense. Brian Aldiss, novelista inglés, autor entre otras obras importantes de “Intangibles S.A.” (Alianza), declaró que “la ciencia ficción es la búsqueda de una definición de la humanidad y su status en el universo, que se basa en nuestro adelantado pero confuso estado de conocimiento”. Pero sobre la ciencia ficción las definiciones se pulverizan en el tiempo: “todos nosotros sabemos qué es la luz, pero no es fácil decir qué es”, quiso recordar Samuel Johnson. Así ocurre con la ciencia ficción: la utopía, la alienación, los experimentos científicos, los universos fantásticos y muchas otras variantes se expanden sobre libros y películas intentando horadar nuestras costumbres con la sorpresa, algo cada vez más difícil en un mundo que ya no suele sorprenderse de nada.

 

 

Margaret_Cavendish Mucho antes que emprendieran su camino los viajeros espaciales, todas las geografías de los mitos, islas, dominios y mundos alternativos poblaron la imaginación de las nubes y así autores antiguos descendieron velozmente a la superficie de los infiernos para ascender seguidamente hasta  los cielos y mostrarnos de par en par abiertas las puertas de la fantasía. “El hombre en la Luna o discurso sobre un viaje al más allá” es obra de 1638, la “Historia cómica de los estados e imperios de la Luna” data de 1656, la “Historia cómica de los estados e imperios del Sol” aparece cuatro años después, en 1661, y siete años más tarde, en 1668, la duquesa de Newcastle publica “La descripción de un Nuevo Mundo, llamado el Mundo Ardiente” en donde la autora plantea cómo la humanidad podría ser gobernada por un no-humano, una “inteligencia” animal”.

    

 

Gullivers_travels

Los relatos fantásticos de Cyrano de Bergerac, las proporciones y dimensiones que presentan “Los Viajes de Gulliver” de 1726, las soledades y descubrimientos de “Robinson Crusoe” en 1718, y mucho más tarde las historias de las  máquinas pensantes, serán tocadas con los rígidos, fríos y mecánicos movimientos de Frankenstein, mientras el checo Karel Capek – autor de “La guerra contra las salamandras” – en su drama “ R.U:R”, en 1902, unirá la palabra “robot” precisamente al sentido del “trabajo”. Por tanto, la Luna – tan lejana y cercana – iluminará ya en el siglo XVll el borde de las páginas que estamos leyendo y su rostro blanco, poblado de huecos sin descubrir, nos vigilará desde cualquier ventana. Ambrose Bierce filosofará en “Una partida de ajedrez” sobre la inteligencia no humana y  en 1785 el escritor alemán Rüdolf Erich Raspe, coleccionista de objetos raros y curiosos, devoto de joyas y piedras preciosas, publicará la “Segunda ascensión a la Luna”.

 

 

luna

La Luna siempre estará, pues, presente a través de los siglos. Es una Luna tentadora para toda imaginación y esa  imaginación viaja pronto a la Luna queriendo cubrirla o desnudarla, y cuando en 1969 la pisada del primer hombre deje allí su huella miles de ojos la habrán visitado antes gracias a la literatura. En 1966  el escritor inglés Kingsley Amis, padre del novelista Martin Amis, quiso definir una vez más la ciencia ficción como “aquella forma de narración que versa sobre situaciones que no podrían darse en el mundo que conocemos, pero cuya existencia se funda en cualquier innovación de origen humano o extraterrestre planteada en el terreno de la ciencia o de la técnica, o incluso en el de la pseudo-ciencia o la pseudo-técnica”. Cada día, sin embargo, la ficción no sólo no hace ciencia sino que la modifica y la supera, y la anticipación se disfraza para todos nosotros en utilidad real: ella nos acompaña como objeto corriente que nos mira deslumbrante y paciente desde los escaparates.

   

Antes de la ciencia ficción creíamos que alguna vez nos encontraríamos de repente con ella, pero ahora, al verla cara a cara, nos sorprende que ya no nos sorprenda nunca. Vivimos desde hace tantos años dentro de una ciencia ficción asimilada que ya no nos arriesgaríamos a entregar nuestra vida para que a cambio nos den una fascinante novela».

(Imágenes: ilustraciones pertenecientes a Alenarterevista)

LA TIERRA, DE UN HERMOSÍSIMO COLOR AZUL

«El cielo es completamente negro. Las estrellas […] tienen un aspecto más brillante y claro sobre el fondo de este cielo negro. La Tierra tiene una aureola muy característica, de un hermosísimo color azul», puede leerse en el histórico informe que Gagarin firmó el 15 de abril de 1961.

Los primeros ojos humanos que orbitaron desorbitados alrededor de la Tierra se quedaron prendados del manto atmosférico que ribetea el planeta azul. «Esta aureola se ve muy bien cuando observas el horizonte, la suave transición del azul al azul oscuro, al violeta y al negro completo del cielo. Esta transición es muy hermosa», reza el texto.

La descripción colorista del planeta que hace Gagarin en su informe desprende ese asombro del ojo humano ante la magia del avistamiento pionero, versión espacial del ‘tierra a la vista’ cantado por el marinero Rodrigo de Triana desde La Pinta en 1492.

«La entrada en la [zona de] sombra de la Tierra se produce muy rápidamente. De repente llega la oscuridad y no se ve nada. Sobre la superficie de la Tierra en ese momento yo no observé nada, nada era visible, así que, evidentemente, pasaba por encima del océano, pues si hubiera estado sobre grandes ciudades, en este caso, probablemente habrían sido visibles las luces», describe Gagarin, que concluye el informe asegurando que se siente «magníficamente» después de su vuelo cósmico».

Este es parte del texto que publica en el diario  «El Mundo» mi buen amigo Daniel Utrilla, amigo desde hace años, corresponsal en Moscú, y al que me he referido en alguna ocasión más en Mi Siglo. Siete años después de esas notas escritas por Gagarin, visité en París, en 1968, a Gabriel Marcel en el 21, rue de Tournon, y allí, entre muchas otras cosas, hablamos del Cosmos. Recuerdo aquella habitación y los lomos de los libros de su despacho como únicos barrotes que aislaban al filósofo del resto del mundo. Sobre la mesa aparecía abierto «El teatro del alma en el exilio» y un pájaro acababa de cruzar la ventana enseñando su libertad. Setenta y nueve años de filosofía y de teatro, mechón blanco, pelo ensortijado, acechando todo cuanto ocurría, atrapando con sus ojos azules y sus pequeñas manos toda idea en el aire, esto me dijo entonces sobre la aventura espacial:

«Ante ese hecho yo noto sentimientos contradictorios, creo que como todo el mundo puede notarlos. En primer lugar, una inmensa admiración ante ese prodigio de la razón, ese prodigio de cálculo, esa extraordinaria puesta a punto, algo maravilloso por lo cual uno ha de quedar impresionado. Admiración también por el valor de esos hombres que son héroes en cierto modo. Por otro lado y como contrapartida, dos inquietudes: una primera inquietud en el plano político, puesto que para mí, en el fondo, tras los inmensos gastos que supone esa aventura, hay unas segundas intenciones políticas, algo que se encuentra ligado a la voluntad de poder; hay, en particular con respecto a la Luna, la idea de crear un observatorio que en un conflicto eventual podría desempeñar un papel extremadamente útil. Y al mismo tiempo, otra inquietud aún más profunda: y es mi temor de que este logro prodigioso no desarrolle un orgullo desmesurado en el hombre, y en este punto yo estoy de acuerdo con los antiguos, es decir, que el orgullo desmesurado es algo con lo que se corre el riesgo de ser conducidos a la ruina; me parece algo completamente desastroso.

Yo he encontrado, por tanto, bellísimo el que uno de los astronautas hiciera una oración; he ahí un hombre que ha conservado el sentido de la humildad de la criatura ante Dios; esto ha sido muy hermoso. Es lo contrario de lo que hemos visto en los soviéticos cuando han declarado «ahora ya sabemos que no hay nadie en el cielo».

Gabriel  Marcel entrecerró los ojos. Sus dos pequeñas manos recorrieron la escala de los gestos mientras hablaba. No descansaban. Era el acompañamiento de sus dedos a la música de la conversación, el repasar las teclas de los temas en aquel hombre rodeado de sonidos que a los catorce años deseaba ser músico». («Diálogos con la cultura«, 2002, pág 87).

(Imágenes: Yuri Gagarin, a bordo de la nave Vostok-1.-foto AP.-elmundo.es/ Gabriel Marcel.-faculty.umb.edu/ Foto NASAjes propulsion Labortory and Space Sciencie Institute.-The New York Times)

ARTHUR C. CLARKE, ODISEA EN EL ESPACIO

Los 9o años que acaba de cumplir Arthur C. Clarke le han llevado a pedir a la hora de soplar la vela de los luceros y las galaxias: «pido la paz y que me llame E.T.».
La Luna no fue un misterio para las pisadas de Neil Armstrong. La Luna, desde 1969, parece tan vecina que asoma por encima de las tapias de nuestra curiosidad preguntándonos quiénes somos nosotros. Y fue precisamente sobre la Luna cuando le pregunté en París, en 1969, al filósofo francés Gabriel Marcel por los viajes y los espacios, conversación que recojo en mi libro «Diálogos con la cultura».

– Tomemos el hecho de la aventura espacial – me dijo aquella tarde en su domicilio parisino del 21 de la rue de Tournon -. Ante él yo noto sentimientos contradictorios, creo que como todo el mundo puede notarlos. En primer lugar, una inmensa admiración ante este prodigio de la razón, ese prodigio de cálculo, esa extraordinaria puesta a punto, algo maravilloso por lo cual uno ha de quedar impresionado. Admiración también por el valor de esos hombres que son héroes en cierto modo. Por otro lado y como contrapartida, dos inquietudes: una primera inquietud en el plano político, puesto que para mí, en el fondo, tras los inmensos gastos que supone esa aventura, hay unas segundas intenciones políticas, algo que se encuentra ligado a la voluntad de poder; hay, en particular con respecto a la Luna, la idea de crear un observatorio que en un conflicto eventual podría desempeñar un papel extremadamente útil. Y al mismo tiempo, otra inquietud aún más profunda: y es mi temor de que este logro prodigioso no desarrolle un orgullo desmesurado en el hombre, y en este punto yo estoy de acuerdo con los antiguos, es decir, que el orgullo desmesurado es algo con lo que se corre el riesgo de ser conducido a la ruina: me parece algo completamente desastroso.
Pero años después de estas frases debe uno preguntarse : ¿Hay un orgullo o hay una indiferencia? ¿Nos hemos acostumbrado a ir y venir en conquistas espaciales o es la consecuencia de que ya nos hemos acostumbrado a todo?
La Luna nos sigue mirando por encima de la tapia de la curiosidad. Incluso se sorprende de que ya nada nos cause sorpresa. Cada noche sigue iluminando media corteza de nuestra realidad y con la otra media acoge nuestros sueños.