“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS : MEMORIAS (16)

 

(Dada la actual situación  que atravesamos — y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están  publicando desde el 30 de marzo los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS   (16):   Recuerdos en un rincón de Chamberí

 

 

4 mayo.

En la glorieta de Olavide.

Dudas sobre este libro. Los intelectuales y los escritores dudamos siempre. Dudas de nuevo, como le confesé el otro día a Ricardo Senabre, sobre si estas páginas interesarán a alguien. ¿Qué cuento en ellas? Recuerdos. ¿Y a quién le pueden interesar unos recuerdos? Los recuerdos pasan volanderos, son experiencias de una vida, en mi caso golpes de suerte que he ido teniendo a lo largo de los años al conocer gente muy interesante, al menos para mí interesante y atrayente. Senabre me preguntaba si todos esos personajes que he ido conociendo a lo largo de mi vida me han aportado alguna satisfacción o vanidad. Satisfacción, sí, le contesté, pero vanidad ninguna. Son meras oportunidades gratificantes y sorprendentes que he tenido, oportunidades que la vida me ha dado y que han sido muchas veces aleccionadoras, pero no me han dejado vanidad alguna.. ¿Vanidad por qué? Intento alejarme desde hace tiempo de toda vanidad. Ahora estoy aquí, por ejemplo, sentado a media mañana en esta glorieta madrileña a la que suelo venir de vez en cuando. Son las doce y media. Me atrae esta glorieta porque está cerca de mi casa y porque hace muchos años bajaba hasta aquí mi madre cuando era niña, acompañada por mi abuela para hacer la compra en el gran mercado que se levantaba en el centro, el mercado de Olavide que abastecía Chamberi. Ahora en ese lugar se encuentra esta pequeña fuente central que tengo delante, casi a dos pasos, y alrededor de ella vienen los pájaros a picotear migas de pan. Me he refugiado en un rincón al aire libre en una pequeña y agradable tasca madrileña, “La Oliva”, en Olavide 9, donde suelo desayunar alguna vez o tomar algo a media mañana y dejo ahora que vengan los recuerdos de muchas gentes, que vengan en tromba, como si las empujara un tumulto. Recuerdos, por ejemplo, de Perec o de Mastroianni, dos grandes conservadores de recuerdos que, cada uno desde su lugar, mostraban sus recuerdos vividos y repetidos. Mastroianni evocaba rostros, escenas, gestos. Recuerdo, solía decir el gran actor italiano, aquel olor de la leña, el túnel bajo el Tīber, las pequeñas debilidades, una habitación de hotel, la primera compañía teatral, la fortaleza de los sueños. El francés Georges Perec recordaba a su vez una tienda de alimentación de la avenida Mozart que en diciembre vendía, a precios extremadamente caros, cestos de frutas con racimos de uvas para Nochevieja, muy reputados por su rareza, muy gruesos, traslúcidos, insípidos. Recuerdo, evocaba también Perec, las librerías de viejo que había bajo las arcadas del teatro Odeón; recuerdo, decía igualmente, que en los altos del bulevar Saint Michel había un comercio donde, tras pagar veinte francos antiguos, se podía escuchar un disco; recuerdo, añadía, el baño del mediodía que siempre tomaba los sábados por la tarde al volver del colegio; recuerdo, volvía a decir, la publicidad fosforescente que aparecía en el entreacto del cine “Royal-Passy”; recuerdo, decía a su vez Simenon, los dos mecheros de gas que invadían la clase en las tardes de invierno; recuerdo, añadía el novelista belga, el vaho oloroso que ascendía del río con amplios reflejos; recuerdo, anotaba por su parte Nabokov, a nuestro criado Dmitri, un encogido enano calzado con botas negras y camisa roja; recuerdo, evocaba Bergman, a mi tío Carl, sentado en el sofá verde de mi abuela, recibiendo una regañina; recuerdo, continuaba el director sueco, a mi abuela, menuda y tiesa, sentada en la butaca al lado del velador… Recuerdo…Recuerdos… De nuevo evocaciones de Simenon, ahora de Kurosawa, de Fellini, de Tagore, de Amos Oz, de muchos más. Me acuerdo, decía por ejemplo Kurosawa, de la llama de unos farolillos sobre cinco muñecos en un escenario de madera; me acuerdo, añadía el director japonés, que mi hermana me daba sake blanco en una pequeña taza de muñecas. Me acuerdo, volvía a decir Simenon, que yo nací el 12 o el 13 de febrero de 1903 veinte minutos después de la medianoche, y mi madre, que era muy supersticiosa, logró del médico que pusiera que había nacido el 12 porque tenía horror a que su hijo naciera un viernes 13; me acuerdo, decía Fellini, de la casa del dueño de la casa de Ripa que iba siempre vestido de azul: chaqueta azul, sombrero de copa azul y una gran barba blanca como una divinidad, y a quien nunca había que irritar; me acuerdo, evocaba Tagore, de la lámpara de aceite de ricino que iluminaba el cuento que nos leían de niños por las noches; me acuerdo de las lagartijas que atrapaban insectos por las paredes; me acuerdo de la loca danza de los murciélagos dando vueltas y vueltas por las galerías; me acuerdo, decía Amos Oz, de la mano fría de mi tío Yosef sobre mi mejilla, de su bigote blanco, de su sonrisa dulce preguntándome cuántos libros había leído ya, de su voz suave, casi femenina, persuasiva, a veces sollozante; me acuerdo, confesaba a su vez Bergman, que de niño yo no entendía nada de las horas y me decían, “tienes que aprender de una vez a ser puntual, ya tienes reloj, ya entiendes el reloj”, y sin embargo el tiempo no existía, llegaba tarde al colegio, era difícil distinguir entre lo que yo fantaseaba y lo real, podía tal vez conseguir que la realidad fuese real, pero en ella había, por ejemplo, fantasmas, ¿qué iban a hacer conmigo ellos? , y los cuentos, ¿eran reales?

Recuerdos…, recuerdos… Cruza ahora por esta glorieta de Olavide una limpiadora rubia a la que he visto por aquí muchos días y que va con su mono azul recogiendo por los rincones flores ajadas y varios pequeños arbustos que introduce en su cubo de ruedas. Se van los recuerdos unos detrás de los otros y al final de todos ellos vienen los recuerdos míos. Me acuerdo, por ejemplo, de que estaba en la puerta de la universidad el día en que murió Stalin. Me acuerdo que recorría en triciclo el pasillo de casa de mi abuelo. Me acuerdo siempre del circo al lado del colegio y de las maracas de un cantante de color que se llamaba Antonio Machin. Me acuerdo de mis hermanos, ateridos de frío como yo, cuando pasábamos al lado de la lona de aquel circo. Me acuerdo de haberme parado muchas veces ante la vivienda de los escritores y mirar hacia arriba, hacia las ventanas, por ver si descubría a alguno. Me acuerdo del actor italiano Vittorio Gassman nadando ante mí en una piscina cubierta de Roma. Me acuerdo de Ezra Pound en Spoleto que caminaba por la plaza junto a una mujer rubia que debía de ser su hija. Me acuerdo de las banderas y las canciones en una manifestación comunista en Roma, en la Basílica de Majencio; me acuerdo de la barca en la que me quedé media hora pensativo una tarde en Punta Umbría. Me acuerdo de mi madre leyendo novelas policíacas en el comedor y diciéndome “ahora no me interrumpas, que esto está muy interesante”. Me acuerdo de una carretera al atardecer en el valle del Roncal; me acuerdo de Arlas, pasada la frontera de Francia, de una sopa caliente tomada al aire libre cerca del anochecer; me acuerdo de una “trattoria” junto al castillo de St Angelo en Roma; recuerdo el ruido en directo de la primera pisada del hombre en la Luna, cuando la oí en el televisor; recuerdo una tarde en Asturias y a mis abuelos esperándome en la escalera; recuerdo el paraguas rojo que vi en casa de Azorín el día en que murió; recuerdo el rostro de Gregorio Marañón a mi lado en el entierro de Ortega; me acuerdo de aquel balcón abierto en la noche del Gran Canal de Venecia; me acuerdo cuando subí hasta lo alto de la pirámide del Sol en México; me acuerdo de mi encuentro con Hemingway el 23 de mayo de 1959 a la una de la tarde en una armería de la calle de Serrano de Madrid; me acuerdo de la cara de los indios en Chiapas cuando los visité; me acuerdo de las mañanas, muy temprano, al amanecer, en la soledad de la casa, escribiendo en estos cuadernos antiguos y cuadriculados; me acuerdo de Luis Rosales hablándome de la muerte de Lorca; me acuerdo del arqueólogo italiano que me enseñó las ruinas de Cafarnaún; me acuerdo del primer niño muerto que vi en la calle: habían tapado su cuerpo con periódicos tras haberle arrollado un tranvía; me acuerdo de la partida de cartas en la explanada de “Casablanca”, una finca en Valencia; me acuerdo del completo silencio mientras trabajaba en la sala de la Biblioteca Nacional;  me acuerdo del dramaturgo Diego Fabbri evocándome en Roma el teatro de Pirandello; me acuerdo de la tarde que fuimos al cine mi mujer y yo, los dos solos, a una sala desierta y cómo nos pusieron únicamente para nosotros “El acorazado Potemkin”; me acuerdo de Gian Carlo Menotti en su piso del norte de Italia; me acuerdo de las gentes paseando a orillas del río Arlanzón, en Burgos; me acuerdo de Onetti, recostado en su cama, con sus grandes gafas, escuchándome; me acuerdo de una representación teatral de Shakespeare en el Roundhouse de Londres; me acuerdo de la conversación con un santo en Roma; me acuerdo de la cantidad de tortugas disecadas que había en el suelo del comedor de aquel investigador; me acuerdo del escultor Pablo Serrano en su estudio explicándome su obra; me acuerdo de los ojos de un ciervo contra la ventanilla de mi automóvil mirándome fijamente en los Picos de Europa; me acuerdo de un hotel árabe en las afueras de Jerusalén; me acuerdo de los títeres que hacía a mis hijos para que se durmieran y cómo esperaban en fila en el pasillo para entrar en lo que ellos llamaban “ el teatro”; me acuerdo de un estudio de un periodista amigo en Roma, en vía Margutta, y del paseo que me di por Villa Borghese con un escritor mexicano; me acuerdo del descenso a caballo la primera vez que lo monté en los campos de Córdoba; me acuerdo del sepulcro de la anciana Mapia Kateika en los altos de Corinto; me acuerdo de numerosas tardes en casa en las que no pasaba nada sino la normalidad de la vida, tardes benditas sin ninguna enfermedad ni disgusto ni suceso, nada especial, tardes tranquilas, aparentemente anodinas, simples, sencillas, valiosas en sí mismas y que por su normalidad nadie recuerda; me acuerdo del psiquiatra español que me habló del misterio de El Bosco; me acuerdo de estar yo de pie a los ocho años, con los brazos extendidos frente a mi madre, sosteniendo la lana para un jersey que ella estaba hilvanando; me acuerdo de la densidad de las aguas negras en el Mar Muerto; me acuerdo de una iglesia en la noche y en medio de la nieve, en Llívia, en la frontera de Francia y España; me acuerdo cuando me escondía peladillas dulces en los bolsillos de mi bata; me acuerdo de las mañanas con mi alma a solas en un espacio de silencio; me acuerdo de que aquel espacio de silencio me llevaba a ponderar mi vida y a valorar acontecimientos; me acuerdo de la mirada de Cortázar; me acuerdo del bramido del aire cuando abrí la trampilla en lo alto del monte Tabor; me acuerdo del ojo de niebla en el mar de la Lanzada; me acuerdo de las yemas de los dedos de aquel pintor, Benjamín Palencia, tirado en el suelo, pintando un “Toledo”; me acuerdo de los ojos de Ernestina de Champourcin tras sus gruesas gafas hablándome de poesía; me acuerdo del color del té en el fondo de un vaso en una película de Kiéslowski y cómo el director polaco esperaba pacientemente a que se extendiera el té; me acuerdo de las luces iluminando los barcos en el puerto de El Pireo; me acuerdo de las cúpulas de Roma que veía desde las cumbres del Gianícolo; me acuerdo de mi padre subiendo deprisa y de dos en dos los escalones, de un trabajo a otro; me acuerdo de mi padre ya anciano en una silla de ruedas; me acuerdo de las manos de mi padre entre las mías en el momento en que murió; me acuerdo de la encantadora sonrisa de mi mujer en el sofá; me acuerdo de su túnica blanca, de pie, ante las olas del mar, en Galicia; me acuerdo de la noche en que la conocí y que, bailando, me dijo que ella era escritora; me acuerdo de cómo ella venía detrás de mí en la vida cotidiana de modo casi invisible,  tan atenta a innumerables detalles amorosos; me acuerdo de la voz atiplada de Federico Fellini contestándome mientras rodaba en los estudios Rizzoli “Giulietta de los espíritus”; me acuerdo de las pinturas negras de Goya cuando las vi  absolutamente solo una medianoche en el Prado; me acuerdo de las cortinillas verdes del despacho de mi abuelo el escritor; me acuerdo de Dámaso Alonso bajando las escaleras de su biblioteca y entregándome un libro; me acuerdo del rumor de las hojas en los bosques gallegos donde yo escribía; me acuerdo de una foto de mis hijos todos iguales, sentados en un sofá, sonrientes; me acuerdo de la blanda mirada de Baroja, en su casa, cuando hablé con él; me acuerdo de la sopa caliente de cebolla que tomaba en las madrugadas de París, en el mercado de Les Halles; me acuerdo de los abrigos azules de mis hijos correteando muy pequeños en el Bois de Boulogne; me acuerdo otra vez de mi alma en los amaneceres, en un espacio de silencio; me acuerdo de que en aquel espacio de silencio ya pensaba yo en estos “Cuadernos Miquelrius” que poco a poco voy escribiendo pero que entonces ya deseaba escribir.

José Julio Perlado —“Los cuadernos Miquelrius” ( Memorias)

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

 

 

 

 

 

AHORA QUE NO PODEMOS DARNOS LA MANO

 

 

“Callas y se va haciendo

la palabra contigo; estás callado

y sientes su despliegue en tus raíces:

sólo sabe nacer y ahora te empuja,

la sientes de improviso en todo el cuerpo,

comienza a pronunciarte,

comienza a pronunciarte de muy diversos modos:

la llaga es la palabra de las manos.

No nos basta la vida,

ya lo sabes,

todo cuanto has vivido lo tendrás que aprender

de nuevo y recrearlo,

como ha vivido recreándose,

como ha crecido hasta encontrar la vista este ciego nativo,

este ciego nativo que ha conquistado al mundo y lo conduce,

esta mano del hombre que ha llegado a ser mano a través de los siglos de los siglos

que se ha ido haciendo lo que es:

instrumental, vivísima, inocente,

para encontrar su gloria y nuestra gloria en el mirar de Dios que nunca pasa.”

Luis Rosales -“ Aprendiendo a ser mano” – “Rimas”

 

 

 

(Imágenes —1- Dorothea Lange/ 2-Maurice Tabard)

CON DULCE Y GRAVE MAJESTAD FERVIENTE

 

 

”Con dulce y grave majestad ferviente

mientras arde cantando la retama,

llegan los reyes cuando el sol derrama

su niña antigüedad de oro inocente.

Con boca y labio de abejar riente

donde vuela la miel de rama en rama

besaron al Señor que les enrama

de alegre mirto el corazón creyente.

Con toque y mano de fluvial espuma

le ofrecieron el oro desvalido

y el lento incienso de ascensión risueña,

¡todo en el aire es pájaro y es pluma,

está el cielo en el ser restablecido

y en la indefensa carne el tiempo sueña»

 

Luis Rosales – “Donde se cuenta que en el portal unánime y humilde le adoraron los tres  Reyes”- “ Retablo del Nacimiento del Señor” ( 1940- 1973)

( Imagen – Salzillo- los tres Reyes- lyceo hispánico)

AUTOBIOGRAFÍA

 

 

“Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir,

y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores, hasta la última,

hasta aquella que tiene la estatura de un niño, y le besa y le cubre la frente,

así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo  de cartón en el baño,

sabiendo que jamás me he equivocado en nada,

sino en las cosas que yo más quería.”

Luis Rosales – “Autobiografía” – “Rimas” (1951)

(Imagen – Uta Barth – 2006 – magasin photo christer carlsson)

CANCIÓN DE LAS DOS HOJAS : NAVIDAD 2014 (y 3)

navidad.-5gsxs.-Giorgione.-adoración de los pastores

 

«Tal vez ha llegado un hombre hasta el portal;

tal vez llega reuniendo toda su vida

para entrar,

y tal vez entra;

se quita el cuerpo, se quita

la sangre;

tal vez la deja

doblada como la ropa

sobre la silla,

y a tientas

quisiera hablar;

tal vez tiene

la carne junta y tan prieta

que ya no pueden abrirse

sus labios;

y tal vez sueña

que ha visto a Dios y ha escuchado

que se va abriendo una puerta

tras él que tiene dos hojas

que son el mar y la tierra;

dos hojas tal vez,

dos hojas

como dos labios que tiemblan

para hablar.

Y lo que ha sido

tal vez para siempre sea».

Luis Rosales.- «Canción de las dos hojas».- «Retablo de Navidad»

 

¡MUY  FELIZ  NAVIDAD A TODOS CUANTOS LEEN «MI SIGLO!

(Imagen.- Giorgione.-Adoración de los pastores)

RECUERDO

 

retratos-hhnnn-Gerardo Diego- por Pelayo Ortega- bne es

 

Recuerdo, sí , lo recuerdo. Como así lo expresaba Marcello Mastroianni en sus Memorias y como así también le gustaba decir a Georges Perec. Paso con estos papeles y estas carpetas de sala en sala en la Biblioteca Nacional de Madrid y recuerdo, sí, lo recuerdo, el pasar de los dedos de Gerardo Diego sobre las teclas del piano en enero de 1966, en su casa de la calle Covarrubias cuando amablemente charlamos. Paso ahora bajo su retrato y le veo venir, alejándose del piano, para enseñarme dos versiones de su «Invocación al soneto» y hablarme de la creación en poesía. Asistí a la última lección que dio en su Instituto y recuerdo, sí, lo recuerdo, aquellas manos moviéndose en el aula, explicando la gran literatura.

 

retratos-nng- Dámaso Alonso- por Hernán Cortés- bne es

 

Recuerdo, sí, lo recuerdo. Recuerdo igualmente a Dámaso Alonso bajando las escaleras de su biblioteca con un libro suyo en las manos, «Poetas españoles contemporáneos». Nos sentamos, me lo dedicó con mucho afecto, y hablamos de clásicos y modernos, especialmente de Ernestina de Champourcin.

 

retratos-yybb-Luis Rosales- por Juan Antonio Aguirre-bn es

 

No hay ninguna vanidad en todo esto, ningún mérito personal. Han sido momentos privilegiados – buscados o no – que se han ido cruzando en mi existencia dejándome huella. Y recuerdo, sí, lo recuerdo (ahora que paso bajo el retrato de Luis Rosales en esta galería expuesta estos días en la Biblioteca Nacional) , recuerdo a Rosales en su casa de la calle de Vallehermoso, en 1977, aludiendo a Granada y a Lorca, a las palabras de Rilke: «Era poeta y odiaba lo impreciso.»

 

retratos-ytr-Onetti- por Rómulo Macció- bne es

 

Sigo pasando por estas salas en las que he escrito tanto, he escrito en el campo, bajo los árboles, en las madrugadas madrileñas, en días parisinos y romanos. Recuerdo, recuerdo lo que he escrito  también aquí, los libros elaborados en la Sala General o en la llamada de «Raros y Manuscritos».  Recuerdo al pasar bajo el retrato de Onetti, aquel febrero de 1979, en su casa de Madrid, él acodado en la cama, sus ojos mirándome tras sus gruesas gafas, desentranándome despacio el laberinto de sus personajes.

 

retratos-uuybb- José Hierro- por Rafael Cidoncha- rafaelcidoncha es

 

 

Recuerdo a Pepe Hierro en «La Estafeta Literaria», después en el autobús que nos traía a los dos desde Radio Nacional y Televisión, después en largas y gratas conversaciones sobre su poesía. Recuerdo, sí, lo recuerdo, con sus ojos muy vivos, su rompiente carcajada, hablándome de aquel bar de Madrid donde a veces, entre el ruido de tazas y cucharillas, él iba enlazando sus poemas.

 

retratos-bbhhu-Torrente Ballester- por Damián Flores Lanos- bne- es

 

Recuerdo, sí, recuerdo a Torrente Ballester en su casa madrileña, cuando acababa de fallecer su primera mujer, Josefina Malvido, a final de los años cincuenta. Recuerdo a Torrente mucho tiempo después coincidiendo en jurados de premios literarios. Recuerdo su ironía, las fatigas, la tenacidad de su trabajo.

Recuerdo, sí, lo recuerdo.

Ninguna vanidad en todo esto. Ningún mérito personal.

Paso, envuelto en recuerdos, bajo esta galería de retratos.

 

(Imágenes.-1.-Gerardo Diego.-Pelayo Ortega– bne.es/ 2.-Dámaso Alonso-Hernán Cortés-bne.es/ 3.-Luis Rosales- Juan Antonio Aguirre– bne.es/4.-Juan Carlos Onetti- Rómulo Macció.-bne.es/ 5.-José Hierro- Rafael Cidoncha- bne.es/ 6.- Gonzalo Torrente Ballester- Damián Flores Llanos– bne.es)

«MISTERIO Y UTILIDAD DE LA CREACIÓN»

Copio del blog de Juan Pedro Quiñonero, «Una temporada en el infierno« y le doy las gracias por su muy cordial y generosa referencia:

«MISTERIO  Y  UTILIDAD DE LA CREACIÓN

enero 26, 2014

España quizá sea víctima de un proceso de desertización espiritual.

[ .. ]

La destrucción de lo bueno y lo bello, a través del arte (degradado), la cultura (a través de su conversión en mercancía publicitaria), y los medios de com. e incomunicación de masas (atizando el suicidio moral, ofreciendo pasto a las multitudes lectoricidas), es un proceso saturnal cuya raíz última se pierde en el dédado de la picaresca.

Sin duda, también hubo y hay (proscritos, las más de las veces) creadores que intentan salvar lo que salvarse puede de ese naufragio histórico.

José Julio Perlado pertenece a esa especie, amenazada. Prosigue en su nuevo libro, El proceso creador (Villanueva, Centro Universitario), la tarea que abordó en su última novela, Perlado y las palabras de la tribu.

Con sencillez, precisión y sabiduría, José Julio desgrana, desmenuza y resume de manera muy pedagógica muchos de los caminos y misterios del proceso creador (literario). Aquí y allá recurre con mucha eficacia a las citas de grandes maestros, aportando preciosos materiales de acarreo.

Recuerda a Virginia Woolf, anotando en su diario, una noche de octubre de 1920:

“Si nunca sintiera tensiones extraordinariamente omnipresentes -de desasosiego, o sosiego, o felicidad, o incomodidad- flotaría y caería en la conformidad. Aquí hay algo con lo que luchar: cuando me despierto temprano me digo a mí misma: lucha, lucha.”

Más adelante, José Julio escribe por su cuenta: “La felicidad significa última perfección.”

Entre ambas citas, recuerdo a Luis Rosales“A mí, en rigor, me han hecho como soy los que amé”. Esa tarea de amar y nacerse, a través de la creación, quizá sea la tarea esencial del creador. Su obra es una formade resistencia contra la realidad desalmada de las cosas dominantes, contra la historia, contra Todo diría el maestro Agustín García Calvo. Amén»

proceso-creador

PALABRAS

escribir.-422d.-Eduardo Gageiro.-Sophia de Mello Breyner Andresen.-1964

Un escritor – declaraba Elias Canetti  – sería alguien que otorga particular importancia a las palabras;: que se mueve entre ellas tan a gusto, o acaso más, que entre los seres humanos; que se entrega a ambos, aunque depositando más confianza en las palabras; que destrona a éstas de sus sitiales para entronizarlas luego con mayor aplomo; que las palpa e interroga; que las acaricia, lija, pule y pinta, y que después de todas estas libertades íntimas es incluso capaz de ocultarse por respeto a ellas. Y si bien a veces puede parecer un malhechor para con las palabras, lo cierto es que comete sus fechorías por amor.»

escribir.-52ss.-Nick Cave ´s.-manuscrito de palabras.-1984.-Centro de Bellas Artes de Melbourne

Estas frases de su discurso «La profesión de escritor«, recogidas en el volumen «La conciencia de las palabras» (Fondo de Cultura), nos adentran en el bosque de las palabras. Palabras grandes, palabras largas, palabras mentirosas, palabras que juzgan, palabras viejas, palabras de amor…

«La palabra que decimos- escribió Luis Rosales

viene de lejos,

y no tiene definición,

tiene argumento.

Cuando dices: «nunca»,

cuando dices; «bueno»,

estás contando tu historia

sin saberlo.»

escribir.-4rrv.-manuscritos.- Walter Benjamin.-notas para el proyecto de Pasajes de París.-Hatje Cantz.-2012Ignacio Bosque, que ha dirigido «Redes» el (Diccionario combinatorio del español contemporáneo) (SM) nos abre el mundo al hilo de las palabras, a través de ellas, en avalancha de palabras, descendiendo a persona de palabra, a balbucear palabras, a ver cómo una palabra cae como una bomba, a cómo caen en saco roto las palabras, a corroborar, a cruzar, a dar sentido a las palabras, a dejarse llevar por ellas, descifrarlas, empeñar la palabra, incumplir, improvisar, refrendar con una palabra, mascullar, tergiversar, extrapolar palabras, y tantas cosas más… La «palabrería» – como se apunta en otra voz de ese Diccionario – se hermana muchas veces con lo atropellado y confuso, con lo inconexo e inútil, con lo vacío y lo vano. Pero la palabra es otra cosa. Al misterio de la palabra pronunciada han acudido filósofos y poetas:

escribir.-44ioo  Flaubert.-manuscrito de Mandame Bovary

«El propósito de las palabras – evocaba Chuang – Tzu – es transmitir ideas.

Cuando las ideas se han comprendido, las palabras se olvidan.

¿Dónde puedo encontrar un hombre que haya olvidado las palabras?

Con ese hombre me gustaría hablar.»

escribir.-eoouv.-Life Writer.- 2006.-Christa Sommerer & Laurent Mignonneau

(Pequeño apunte en los 300 años que celebra La Real Academia Española de la Lengua)

(Imágenes.- 1.-  Eduardo Gageiro.- Sophia de Mello Breyner/ 2.-carnet de palabras.- 1984.- Centro de Arte de Melbourne/ 3.- notas para el proyecto de Pasajes de París de Walter Benjamin/ 4.- manuscrito de «Madame Bovary»/ 5.- Christa Sommerer & Laurent Mignonneau.- 2006)

FUGITIVA ESPUMA

mar.-ybnnm.-Konrad Krzyzanowski.-1908.-Museo Nariodowe.-Krakovia

«Y el mar era un silencio enamorado.

Dame tu mano amor, sólo te pido,

la esperanza del bien ya conseguido

y el trigo limpio en su sazón cortado.

Mira en la playa el cielo abandonado,

la playa donde el agua del olvido

su fugitiva espuma ha convertido

en fuerza antigua y en mortal cuidado.

Deja que el corazón se te acreciente,

sintiendo el mar frente al espacio abierto.

Sólo un instante y su misterio cierto

te ordenará en el ruego. Tristemente

melliza de la luz ya es la corriente.

¡Oh hermosura del mar al descubierto!»

Luis Rosales.«Fugitiva espuma»

(Imagen.-Konrad Kryzanowski.-1908.-Museo Nariodone.-Krakovia)

(video:  Daniel Purcell .- Sarabanda,

NANA DEL DESPERTAR JUNTO A LOS REYES

infancia.-8gtg.-foto André Kertész.-Minsiterio de la Cultura francesa.-photo mn fr

«Cuando miro tus ojos

se nublan de repente:

ciérralos, hijo mío,

todo ha pasado.

Duerme.

La noche sólo era

un espejo rompiéndose

y el mar no tenía fuerza

para juntarse.

Duerme.

La sombra había borrado

los cuerpos y en su inerme

desolación los hombres

mentían para entenderse;

una hormiga era un odio,

un ojo un continente

de terror.

No podía

la tierra con la nieve,

pero ahora el mundo empieza

a desmortalecerse,

cuando despiertes todo

habrá cambiado.

Duerme.

Las palabras tendrán

memoria y en el vientre

de la mujer, los hijos

brotarán de repente;

el sol irá escribiendo

tu nombre en las paredes

y el mar cabrá en la mano

de un niño alegre.

Duerme,

el tiempo se hará historia

cuando lleguen los Reyes».

Luis Rosales.«Nana del despertar junto a los Reyes».- «Retablo de Navidad».

infancia.-8juuj.-Jan Sluijters.-holandés.-1881-1957

(Imágenes.-1.-André Kertész–Ministerio de la Cultura Francesa/2.- Jan Sluyters)

VILLANCICOS ESPAÑOLES ( 2) . – NAVIDAD 2012 (2)

ángeles.-6ffc.-Abbott Handerson Thayer

«La devoción franciscana en el siglo XV, los retablos góticos, los cantares y romances, la música de vihuelas, los libros de horas, todo se acerca de un modo u otro al cántico del Nacimiento de Dios con su corte de villancicos.

En el monasterio de Calabazanos, las monjas entonan gozos de Navidad de Gómez Manrique:

Callad, vos, Señor,

nuestro Redentor,

que vuestro dolor

durará poquito.

Fray Iñigo de Mendoza, en su “Vita Christi” canta la Navidad dialogando con los pastores:

Botticelli, Madonna Magnificat, Engel - Botticelli, Madonna Magnificat, Angel - S. Botticelli / 'Madone du Magnificat'.

Cata, cata, Juan Pastor

y juro a mí, pecador,

un hombre viene volando…

Si, para San Julián,

ya llega somo la peña;

purre el zurrón del pan

acoger me he a Sant Millán

que se me eriza la greña.

y mi muza colorada

para que, si a mí se llega,

porque no me haga nada,

le haga la rebellada

a huer de la palaciega.

Entre 1560 y 1638 José de Valdivielso, sacerdote toledano, íntimo amigo de Lope, al que asistió en la hora de la muerte, compone estas seguidillas:

Dadnos, virgen bella,

del nochebueno,

de diversas frutas

y pan del cielo.

El cielo, señora,

que diz que es muy vuestro,

os dio en aguinaldo

quanto tiene bueno.

El Padre a su Hijo,

el Hijo a sí mesmo,

el Hijo y el Padre

al Amor eterno.

Dadnos estas pasquas

del nochebueno,

de diversas frutas

y pan del cielo.

ángeles.-5gyh.-Bernardino Luini.-1480-1532.-Fresco de los Ángeles.-detallle

Manuel Alvar editó hace unos años unos hermosos pliegues de “Villancicos dieciochescos” centrados especialmente en lo guardado en el Archivo Municipal de Málaga. Como siempre en estos casos, la música y la poesía se hermanaban y los libretistas provenían de diversas partes y a la vez los músicos colaboraban desde distintas ciudades. Eran un conjunto de “pasos”, dedicados al tema religioso y anteriores a las tonadas escénicas. Lengua, temática e incluso reflejos de vida social se entrelazaban en muchos de ellos. En 1735, por ejemplo, en las representaciones en diversos templos, se cantaba:

Los pastores de Belén

para festejar al Niño,

una comedia disponen

con natural regocijo

(…)

ya está el teatro puesto

en un portal lucido,

donde se representa

de Amor lo peregrino.

navidad.-iium.-Fra Angelico.-cabeza de un ángel.-1445-1450.- Wadsworth Atheneum.-Hartford

En otra ocasión llega un pescador con su nave y  para divertir al Niño “cantarle quiero/ la tonadilla/ del marinero”:

Iza, amaina, al remo,

las velas a la playa.

Las ondas suben,

las ondas bajan,

pero mi nave

siempre está en calma.

La tonadilla

aquí se quede

arrimando mi nave

junto al pesebre.

ángeles.-87tgg.-música.-Gherardo Starnina.-1405

Muchos poetas contemporáneos se podrían añadir al coro de los villancicos españoles: Juan Ramón,  Alberti, Luís Rosales, Gerardo Diego, José Hierro y tantos otros. Alberti dice, por ejemplo:

– ¡Muchachas, las panderetas!

De abajo yo, por las cuestas,

cantando, hacia el barrio alto.

La Virgen María,

llorando, arrecida,

hacia el barrio bajo

¡Las  panderetas, muchachas!

Un portal.

No lo tenemos.

Por una noche…

¿Quién eres?

La Virgen.

¿La Virgen tú,

tan cubiertita de nieve?

Sí.

La mejor casa, Señora;

la mejor,

si sois la Madre de Dios.

¡Abran los portales, abran!

¡Pronto,

por favor,

que está la Madre de Dios!».

JJPerlado.- artículo en Alenarterevista

angel.-ibbn.-Steven Daluz

(Imágenes.- 1. Abbott Handerson Thayer/2.–Boticelli.-ángel de Madonna Magnificat/3.-Bernardino Luini/ 4.-Fra Angelico.-Wadsworth Atheneum. Hartford/5.- Gherardo Starnina.-1405/6- Steven Daluz)

LARGA ES LA AUSENCIA

«TU soledad, Abril, todo lo llena,

colma de luz la espuma y la corriente,

aurora niña con la piel reciente,

toro en golpe de mar sobre la arena.

La soledad del corazón resuena

desierto ya como un reloj viviente

como un reloj que late porque siente

la marcha de tu pie sobre mi pena.

Y así vas caminando sangre adentro,

sangre hacia arriba, hacia el primer encuentro,

sangre hacia ayer en la memoria mía,

¡ay, corazón, donde me pisas tanto!

¡qué soledad sin ti, cierva de llanto!

qué soledad de luz buscando el día».

Luis Rosales: «Larga es la ausencia».- «Segundo Abril»

(Imagen: Clément Rosenthal)

CANCIÓN QUE NUNCA PONE EL PIE EN EL SUELO : (NAVIDAD 2011) (y 3)

«La nieve está hablando.

Hoy

se ha vuelto loca:

Parece

que llama con los nudillos

de puerta en puerta.

Va y viene.

No sé quién la está escribiendo

pero en el aire se lee.

Miradla bien:

Cuando llega

junto al suelo, se detiene;

no toca en la tierra: llama,

parece llamar.

Parece».

Luis Rosales .- «Canción que nunca pone el pie en el suelo«.- («Retablo de Navidad«)

(Imagen:- Ansel Adams.-Yosemite National Park.-1948)

¡FELÍZ  NAVIDAD  A   CUANTOS  LEEN  «MI SIGLO» !

LUIS ROSALES EN SU CENTENARIO (y 3)

«Me han dicho en mil ocasiones muchas de las personas que mejor me conocían y más me querían – me dice Luis Rosales en esta mañana de febrero de 1977 en su casa de Madrid – que ha habido siempre un gran divorcio, sobre todo en los últimos años, entre mi manera de ser y mi manera de escribir. Yo he sido un hombre sumamente alegre, ligado a la vida, con una capacidad de vivir la vida desde sus aspectos más pequeños, más cotidianos y recónditos, y vivirlos con intimidad, con deslumbramiento. Vivo deslumbrado, por ejemplo, con una ventana que estoy viendo infinidad de tardes…, con la conversación de los amigos…, infinidad de noches, infinidad de puentes entre la tarde y la noche… Y es curioso que una persona tan alegre cono yo durante años haya escrito una de las poesías más desengañadas que se han escrito en nuestro tiempo; por ejemplo, el que hasta ahora era el más reciente de mis libros: Como el corte hace sangre. Este libro es la aparición de lo que podíamos llamar el desengaño mayor o, como decía Machado, «la plazoleta del desengaño mayor«; pero hay otra aparición en el libro anterior, que es la ironía. El joven mira la vida con entusiasmo, con desengaño, con melancolía o con dolor, pero la vive siempre de una manera enteriza.

A partir de cierta edad, el poeta no puede vivir su vida de manera enteriza; está espejándose continuamente; está al mismo tiempo viviendo su vida y al mismo tiempo participando «críticamente» en ella. Eso es lo que da la ironía, ese desdoblamiento de la experiencia vital en tres planos, que son : la experiencia vivida, la participación en tu propia vida, y la crítica de tu propia vida y de tu propia participación…» (…)

«Pocos poetas – sigue diciéndome Rosales – agradecerán tanto como yo la asistencia del lector, lectores que han vivido y conformado de alguna manera su vida con alguna lectura mía. Me interesan los lectores y me interesa el lector personal. Pero interesándome tanto los los lectores y habiendo agradecido esa confirmación que han tenido ellos en mí, he de decir que yo no escribo para los lectores. Escribo por obligación ética, para cumplir un destino al cual estoy llamado; yo soy, irremediablemente, un escritor. Me han preguntado en alguna ocasión: «tú por qué tardas tanto en publicar tus libros?». Yo a veces he tardado diez años o quince años en publicar un libro, porque a mí lo que me interesa es escribirlos, no publicarlos. ¡Los libros están ahí! Si yo no los publico, otros lo harán por mí; si alguien tiene que leerlos, alguien los leerá; pero quiero separar por completo estas cosas. Primero, que para mí el lector es muy distinto del público; me interesan los lectores, a los cuales debo muchas de las alegrías que he tenido en la vida.

Y hay que hacer otra distinción. Yo escribo únicamente como un compromiso ético que tengo conmigo mismo, con mi tiempo y, naturalmente, con Dios. En esa última relación hay un Dios – para mí, Jesucristo – que es el Tú absoluto; ese Tú, para mí de alguna manera, es siempre el horizonte, hasta en los poetas más blasfemos. De ahí nace ese imperativo que yo siento al decir que escribo por una conformación interior mía que, en definitiva, es un compromiso ético».

(«Diálogos con la cultura«.-páginas 155 – 157)

Hoy, 31 de mayo, se cumplen cien años del nacimiento de Luis Rosales en la ciudad de Granada

(Pequeño homenaje y recuerdo al gran poeta español)

(Imágenes.-1.-Luis Rosales.-laopinióndegranada.es/ 2.-Luis Rosales con los Reyes.-larazón.es)