CORTÁZAR EN EL TÚNEL

 

 

“El gato se escurrió en el andén y entró en el túnel atraído por la trompeta negra, la luz dorada de la trompeta con oído de hollín que torcía en la noche aquella música blanca de la estación próxima, aquella estación que se veía en sueños, aquel sueño del metro rojo y brillante donde un gato venía corriendo, huyendo del tiempo, aquel tiempo blando donde nadaba el pez ondulando los sueños de un gato multiplicado, los gatos entrando en los andenes, fascinados por las trompetas negras, los trenes rojos del tiempo echando chispas, los peces moviéndose en el tiempo de los metros llenos de música, sin llegar nunca al despertar del sueño, cuando el argentino bajó las escaleras en la noche, encendió un pitillo en el andén solitario y miró a aquel gato de los ojos de pez, ojos fluorescentes en el túnel del sueño, sueños multiplicándose, peces bailando en los andenes en el momento en que se oyó la trompeta desde la otra estación y el argentino bajó atraído por la negrura, anduvo por el túnel de la música lleno de gatos y de peces, la música multiplicándose, las chispas del metro iluminando el sueño cargado de tiempo igual que de ceniza, los faros de las cenizas abriéndose paso entre los peces que llenaban el tiempo, tiempos multiplicándose, mientras el argentino andaba por el interior de la trompeta aconpañado por miles de gatos encantados, gatos de cola eléctrica, de ojos de pez fosforescentes en el túnel de la curva del jazz, cuando la trompeta seguía atrayendo al tiempo y el sueño iba estirando su lomo y su espinazo, maullando música quejumbrosa, un alarido potente, elevado, retorcido en el aire, un túnel tocado a pieno pulmón, los dedos del sueño pulsando los peces dorados, el metro dejando oír el pitido de la noche cargada de gatos avanzando delante del hombre, el tiempo con las orejas erizadas, el bigote enhiesto, el metro con la piel de gallina, parados todos los gatos, una pata delante, tensa, otra pata hacia atrás, escuchando al miedo, los miedos múltiples, la noche que da un paso por fin y el metro quieto, iluminado dentro del túnel, los ojos del metro en la oscuridad con la cola alargada de los vagones rojos e inmóviles, llenos de peces,

 

 

peces a punto de ser tragados por el sueño y la trompeta que sigue llamando desde la otra estación para que el argentino avance y se despierte, se ve ya en el recodo de la sombra el balbuceo del amanecer del andén, los ladrillos blancos del día, los anuncios difusos de las paredes en las que se apoya lejana una sombra que enciende un pitillo solitario esperando al gato del tiempo con las ventanas iluminadas que ocupa todo el túnel, ha engordado tanto que es un animal gigante, monstruoso animal de luces y de escamas cuyas aletas no pueden avanzar trompeta adelante, está atrancado en lo oscuro de la música  y el sueño, y de repente salta escurridizo, el maullido se alarga por la piel hasta el andén, andenes múltiples, el cuerpo del tiempo se hace sinuoso y el sueño se frota al pasar con todos los peces que nadan en el túnel, las uñas del metro resbalan por las vías y queda detenido el tiempo en el momento del despertar, en el frenazo brusco en el que se abren las puertas de la noche y saltan los peces al andén escapando de millares de gatos atraídos por esa trompeta de jazz que eleva el tono del sueño, el sueño soñado por ese hombre en pie, solitario en la esquina del andén, desdoblado en sus ojos cansados, en su actitud lánguida de argentino en París, alto y desmadejado, que ahora está siendo atacado por todos los gatos del metro, por todos los metros que llegan al sueño, por todos los sueños que huyen del tiempo, absorto, colgando de la comisura de sus labios el pitillo, pitillos múltiples.”

 

José Julio  Perlado – ( del libro “Relámpagos) (texto inédito)

 

 

(Imágenes- 1- Louis Wain – wikipedia/ 2- Satoshi Okazaki/ 3- Cortázar – foto Ulla Montan -El país)

EL NOMBRE DE LOS GATOS

 

 

“Ponerle nombre a un gato, no te asombres,

es cosa complicada y no banal.

Seguro que piensas que estoy muy mal,

pero es que un gato ha de tener tres nombres.

(…)

Son nombres que no podrás pronunciar

sin trabucarte: Munkustrap, Walstato,

Bombabulina, Explorer. Cada gato

ostenta así un nombre particular.

Queda otro nombre, pero no hay acccesos.

Sólo el gato conoce el tercer nombre

y nunca lo dirá a ningún hombre

por mucho que lo mimen con mil besos.

Así que, cuando a un gato ensimismado

contemples, es seguro que, coqueto,

en su mente repite el gran secreto,

como un mantra sagrado

impronunciable

pronunciable

pronuncimpronunciable

inescrutable, hondo, singular,

su Nombre de verdad”.

T. S. Eliot – “El nombre de los gatos” – “ El libro de los gatos sensatos de la vieja zarigüeya” – ( traducción : Juan Bonilla)

 

 

(Imágenes.-1-Cccil Thijs-/ 2-T S Eliot- 1958- foto Larry Burrows)

ANIMALES

 

 

A principios de octubre se celebra el día mundial de los animales, y cuando se abren las páginas dedicadas por Ignacio Peyró a la vida y costumbres de Inglaterra – “Pompa y circunstancia” (Fórcola) – se encuentra uno con que “ la condesa de Eglinton, beldad célebre y mujer de intelectualidad y gusto, glosada como espejo de elegantes por Samuel Johnson, tenía domesticadas una docena de ratas que – según lamentaba su dueña – eran más agradecidas que cualquier persona con la que hubiese tratado. Alan Clark, por su parte, amaestraba grajillas. Y, junto al Club Taurino de Londres, no deja de haber otras agrupaciones – nos las cita Gardel-Jones – como el Fondo de Bienestar para Gatos Orientales o la Sociedad para la Educación sobre Hurones.

 

 

(…) La realeza amó los perros, y cada estirpe privilegió una raza, de los spaniels de Tudores y Estuardos a los pugs de la casa de Orange o los corgis de los Windsor. Es un amor antiguo: el duque de York, Eduardo ll, prisionero tras la batalla de Agincourt, escribe un pequeño tratado venatorio en el que juzga al perro como “ una criatura de razón” y “la mejor de entre todas las criaturas divinas”. En tiempos de la reina Victoria, precisamente cuando el bulldog comenzó a encarnar de modo icónico los valores de Inglaterra, los perros fungieron también como relaciones públicas de su dueño o símbolo de estatus: “ uno no puede llevar cualquier chucho tras de sí”. Augusto Assía, corresponsal español en Londres, los ve como único símbolo de posición social del “gentleman” tras el auge del sinsombrerismo”.

 

 

(Imágenes.1-Carol Gucy/ 2- Louis Wain- Wikipedia/ 3-Winslow Homer- 1893)

VERANO 2010 (3) : JORGE LUIS BORGES

“No son más silenciosos los espejos

Ni más furtiva el alba aventurera;

Eres, bajo la luna, esa pantera

Que nos es dado divisar de lejos.

Por obra indescifrable de un decreto

Divino, te buscamos vanamente;

Más remoto que el Ganges y el Oriente

Tuya es la soledad, tuyo el secreto.

Tu lomo condesciende a la morosa

Caricia de mi mano. Has admitido,

Desde esa eternidad que ya es olvido,

El amor de la mano recelosa.

En otro tiempo estás. Eres el dueño

De un ámbito cerrado como un sueño”

Jorge Luis Borges : “A un gato“.- escrito para “La Nación“.-Buenos Aires, 1971.

(Imagen: Kaleidoscope Cats L.- Louis Wain.-(1860-1939).-Peter Nahum &-Leicestergalleries/ 2.-Louis Wain.-wikipedia)