VIEJO MADRID (13) : EN UN 23 DE ABRIL

«Tienen los libros sus enfermedades, su vejez y su muerte; hállase libro que en un tiempo anda y corre como sano, y en otro ya, como enfermo, ni anda ni corre; y hay libros que, aunque siempre buenos, ya por viejos, no sólo no corren, pero ni anduvieran, si no se arrimaran a un báculo, a una caña o pluma de algún moderno escritor que, escudereándolos, traiga y haga andar su doctrina y sentencias. Y el que hace este servicio a la antigüedad, hace a nuestra edad beneficio, si no digno de encarecimiento, a lo menos digno de que no se atribuya a vanidad del que escribe».

(Esto va contando en torno al libro Fray Dionisio Jubero en 1610, editadas estas palabras en Viuda de Artús Taberniel, en Salamanca)

Las escribió seis años antes de la muerte de Cervantes. Y las voy leyendo mientras recorro en este 23 de abril -el día en que enterraron a Cervantes en el Convento de las Monjas Trinitarias – las calles de este silencioso barrio madrileño, llamado entonces de las Musas y hoy de las Letras.  Barrio vivo de voces, estampa de tantos comediantes, escritores y artistas, desdenes y amores, enemistades y amistades,  misticismo y mundanidad mezclados, abigarrada  fauna de estafadores y mendigos, lujo y pobreza, inmortales obras del Siglo de Oro.

(Imágenes:- 1.-Convento de monjas Trinitarias.-Madrid.-foto JJP/ 2.-mapa del barrio de las Letras sobre el plano de Texeira, 1656.-wikipedia)

EL AÑO PASADO ENTRE LIBROS

Los pasos del que camina entre libros son absorbidos por las maderas, acogidos por las puertas que crujen conforme avanzan los pasos, habitaciones antiguas que reciben pasos interminables, libros interminables, libros y pasos que suceden a otros pasos y libros, cuartos cargados de autores amontonados, alineados, puertas y maderas que hacen resonar los pasos entre libros, autores encuadernados, autores deshojados, autores recobrados, autores vencidos, suelas de zapatos ligeros, pesados, tacones que aplastan las maderas, manos que empujan las puertas, silencios que abren el picaporte de los ruidos, que abren los labios de los autores, cabecean los lomos, duermen las páginas, los pasos del que camina entre libros rozan los índices, los prólogos, los pasos del que camina entre libros…

…  recorren ahora, sí, el costado de las hileras, los títulos, los hombros de los autores escuchan los pasos con sus espaldas unidas en las estanterías, las cubiertas unidas, las líneas también unidas y apretadas, los lenguajes mudos, los idiomas callados, los pasos del que camina entre libros van tocando los bordes de las investigaciones, los ingenios, las ficciones, las manos acarician al pasar la superficie de los ensayos, las imaginaciones, los argumentos, las ilustraciones, picotean los tacones sobre el tablón de las maderas y en esas maderas resuenan poemas de siglos de oro, siglos de plata, prosas, géneros, escuelas, generaciones, crujen estas maderas sobre escenarios de libros de teatro, filman los ojos mientras pasan secuencias y guiones,  puntas de pies avanzan entre libros danzando ante páginas de ballet, dedos mueven las hojas conforme avanzan los pasos del que camina entre libros, sí, del que camina entre libros, tal y como caminaban…

los pasos de aquella película de Resnais, El año pasado en Marienbad, » en que los pasos son absorbidos por alfombras pesadas, tan gruesas que ni el ruido de sus propios pasos llega a sus oídos, como si el oído mismo del que camina, una vez más, a lo largo de estos pasillos. – por entre estos salones, estas galerías de este edificio de otro siglo, este hotel inmenso, lujoso, barroco, – lúgubre, en el que pasillos interminables suceden a otros pasillos«, nos llevaran hasta esta madera que cruje conforme avanzan los pasos del que camina entre libros, volúmenes amontonados, portadas, espacios reducidos, fábulas en el suelo, tramas hasta el techo, discursos, narradores, personajes, poéticas, retóricas, las lenguas del lenguaje,  rimas, pausas, versificaciones, monólogos, polifonía, tramas, los pasos del que camina entre libros apenas se oyen ya hacia el final, silencios, silencios,  libros que van apagando a los pasos, libros que se quedan solos…

…libros reinando en el tiempo, libros del año pasado, del siglo pasado, libros de todos los siglos que cubrirán las pantallas hasta que el ojo humano vuelva a cruzar el año que viene entre libros.

(Imágenes.-1. Jane & Louise Wilson.-Oddments Room.-V. Atlas, 2008.-Galería Helga de Alvear.-Madrid/2.-Jane & Louise Wilson.-Oddments Room lll.-2008.-303 Gallery.-New York.- artnet/ 3.-Jane & Louis Wilson.-Oddmentes Room l.-2008.-artnet.com 4.-Jane & Louise Wilson.-Oddments Room ll.- (Voyages of the Adventure and Beagle) 2008.-303 Gallery .-New York.-arnet.com)

BIBLIOTECAS EN EL MAR

El Titanic llevaba en su interior dos bibliotecas. Una estaba situada sobre el puente «A» y aparecía decorada al estilo Luis XV, con detalles tomados del palacio de Versalles. Los libros habían sido embarcados en Southampton. En segunda clase, sobre el puente «C», viajaba también una biblioteca de doce metros, engalanada al estilo colonial y con sus libros guardados en armarios de cristal que flanqueaban uno de los lados. Cuando el mar se tragó el Titanic, la encuadernación, la paginación, los registros, las filigranas de los grabados, las cubiertas y portadas, los preliminares, los colofones, las marcas, las ilustraciones, las dedicatorias, y sobre todo  párrafos y líneas, las letras con sus pensamientos revelados, la puntuación minuciosa y las anotaciones personales se envolvieron en aguas frías cargadas de sales nutritivas, se perdieron entre húmedos guijarros, descendieron lentamente por el barro hasta llanuras abisales, mezlándose los sentimientos de los autores con arcilla y desmoronándose en el agua parte de sus  argumentos, deslizándose los peces entre páginas incrustadas en conchas de moluscos y colonias de corales, entrando por las paredes de las páginas tierra rojiza y guijarros de cuarzo, soplos de corrientes submarinas, gravas fluidas y aludes de sacudidas sísmicas que fueron derrumbando el poderío de las letras góticas a la vez que descosían cuadernillos y prosa y verso, quedaron sueltos, mecidos al vaivén del océano.

Cuando se lee la historia de la destrucción sin fin de las bibliotecas – «Livres en feu«, de Lucien X Polastron (Denoel) -, se advierte que no es sólo el fuego el que consume los libros, sino también el mar. Unos años antes, la biblioteca de otro barco, el Campania, iba adornada de lámparas eléctricas y  diversas columnas cruzaban muros enriquecidos con pinturas, encontrándose los libros en nichos guardados con puertas de vidrio para mantenerlos seguros en caso de mal tiempo. Los libros del Campania tuvieron la enorme suerte de ser leídos por los pasajeros. Los libros del Titanic fueron devorados por las aguas del océano. Antes, otros naufragios de páginas habían ocurrido: en 1822, ante una tempestad en Irlanda; o en «La Boussole«, en donde ciento diecinueve títulos – obras científicas – (así lo recuerda Caryle) «desaparecieron sin dejar huella en la inmensidad azul».

(Imágenes: 1.-fotografía de la proa del Titanic tomada desde el sumergible ruso MIR.-wikipedia/ 2.- escalera de primera clase del Titanic.-wikipedia)

LOS LIBROS, EL FUEGO, TRUFFAUT 25 AÑOS DESPUÉS

TRUFFAUT .-1.-con Julie Christie en Farrenhit 451.-flims.-Bio

 

     «Imagínalo. El hombre del siglo XIX con sus caballos, sus perros, sus coches, sus lentos desplazamientos. Luego, en el siglo XX, acelera la cámara. Los libros, más breves, condensaciones. Resú-menes. Todo se reduce a la anécdota, al final brusco.

     (…)

     Los clásicos reducidos a una emisión radiofónica de quince minutos. Después, vueltos a reducir para llenar una lectura de dos minutos. Por fin, convertidos en diez o doce líneas en un diccionario. Claro está, exagero. Los diccionarios únicamente servían para buscar referencias. Pero eran muchos los que sólo sabían de Hamlet lo que había en una condensación de una página en un libro que afirmaba: Ahora, podrá leer por fin todos los clásicos. Manténgase al mismo nivel que sus vecinos. ¿Te das cuenta? Salir de la guardería infantil para ir a la Universidad y regresar a la guardería. Ésta ha sido la formación intelectual durante los últimos cinco siglos o más.

     (…)

     Acelera la proyección, ¿Clic? ¿Película? Mira, Ojo, Ahora, Adelante, Aquí, Allí, Aprisa, Ritmo, Arriba, Abajo, Dentro, Fuera, Por qué, Cómo, Quién, Qué, Dónde, ¿Eh? ¡Oh! ¡Bang! ¡Zas!,  Golpe, Bing, Bong, ¡Bum! Selecciones de selecciones, selecciones de selecciones de selecciones. ¿Política? ¡Una columna, dos frases, un titular! Luego, en pleno aire, todo desaparece. La mente del hombre gira tan aprisa a impulsos de los editores, explotadores, locutores, que la fuerza centrífuga elimina todo pensamiento innecesario, origen de una pérdida de valioso tiempo».

fuego.-BBVSB.-por Donald Sultan.-1986.-artnet 

    » Más deportes para todos, espíritu de grupo, diversión, y no hay necesidad de pensar. Organiza y organiza y superorganiza super superdeporte. Más chistes en los libros. Más ilustraciones. La mente absorbe menos y menos. Impaciencia. Autopistas llenas de multitudes que van a algún sitio, a algún sitio, a algún sitio, a ningún sitio. El refugio de la gasolina. Las ciudades se convierten en moteles, la gente siente impulsos nómadas y va de un sitio para otro, siguiendo las mareas, viviendo una noche en la habitación donde otro ha dormido durante el día y el de más allá la noche anterior.

     (…)

     Los autores, llenos de malignos pensamientos, aporrean las máquinas de escribir. Eso hicieron. Las revistas se convirtieron en una masa insulsa y amorfa. Los libros, según dijeron los críticos esnobs, eran como agua sucia. No es extraño que los libros dejaran de venderse, decían los críticos. Pero el público, que sabía lo que quería, permitió la supervivencia de los libros de historietas.

     (…)

     No era una imposición del Gobierno. No hubo ningún dictado, ni declaración, ni censura, no. La tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno, a Dios gracias.

     (…)

     Como las universidades producían más corredores, saltadores, boxeadores, aviadores y nadadores, en vez de profesores, críticos, sabios y creadores, la palabra “intelectual”, claro está, se convirtió en el insulto que merecía ser.

     (…)

     Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma. Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre que leyese mucho?».

Ray Bradbury: «Fahrenheit 451

http://www.youtube.com/watch?v=d160eWmOrRc

(Pequeño recuerdo de  Francois Truffaut cuando en esta semana se cumplen 25 años de su muerte)

(Imágenes:-1.-Truffaut y Julie Christie en el rodaje de «Fahrenheit 451».-films.Bio/ 2.- «Earl Morming, May 20, 1986»- por Donal Sultan.-artnet)

MEDICINA DEL ALMA

libreria Campomanes en calle de Campomanes,.inerior.-2.-29 agosto 2009

«Medicina animi«.-Medicina del alma o Refugio curativo de almas. 

(Inscripción que ostentaba la entrada pincipal de una biblioteca, según relato del historiador griego Diodoro Sículo. Leyenda a la entrada de la biblioteca del rey Osimandia de Egipto)

Así me he quedado pensando cuando he atravesado esta libreria en la calle Campomanes de Madrid.

(29 agosto 2009.-foto JJP)

ESCRIBIR ANTES DE ESCRIBIR

escribir.-1259.-por Agnes Martin.-1973.-Kornelia Tamm Fine Arts.-photografie.-artnet

Marcel  Proust

«Aquí había proyectado alguien en su cabeza  una gigantesca catedral aún no construida, había colocado ya, cuando aún no había nada, la clave de la bóveda, sabía ya que la última frase del libro que iba a escribir trataría de un libro que aún tenía que escribir, un libro en el que hablaría del lugar que ocupan las personas en el espacio, tan limitado en comparación con el que les está reservado en el tiempo, infinitamente mayor, ya que «tocan simultáneamente, como gigantes sumergidos en los años, épocas tan distantes, entre las cuales han venido a situarse tantos días». (Cees Nooteboom)

Escrito pues en su cabeza todo el libro, desde su inicio hasta el final, Marcel Proust  se inclinó ante sus papeles cada noche y se puso a dictar pacientemente a sí mismo.

 Lo único que tenía que hacer ya era escribir.

(Imagen:  Agnes Martin.-1973.- Kornelia Tamm Fine Arts.-artnet)

OJO HUMANO SOBRE EL MAL

once de septimbre.-3

«Se estrella el segundo avión secuestrado por terroristas contra la segunda de las dos Torres Gemelas de Manhattan.

once de septiembre.-5

La imagen del impacto es vista en directo por el mundo entero. El ojo humano queda hipnotizado por la incredulidad y el horror y la palabra no sale de los labios, sólo aparece el gesto.

once de septimbre.-8

El ojo humano queda imantado en la pantalla y la pupila recoge esa humareda blanca y esa bolsa de sangre incendiada que envuelve a los rascacielos.

once de septiembre.-13

Minutos después aparecen pañuelos de vidas en las ventanas despidiéndose o pidiendo auxilio a la existencia. Otras existencias caen ovillándose para siempre, rodando por el aire de la niñez al suelo, despavoridas, seguidas por el ojo humano que no las puede ayudar. El ojo de la cámara, el ojo del televisor sigue teniendo en su pupila una nube roja y blanca, una mancha o penacho en llamas que le impide ver con serenidad.

once de spetiembre.-4

Las dos Torres están llenas de vida, es decir, de proyectos, de amores, vacaciones, fiestas, paisajes, niños en las casas, colegios, deudas, créditos, preocupaciones, lágrimas y carcajadas. Pocos minutos después, al caer derrumbadas todas esas vidas, el polvo se hunde haciéndose arena y esa arena expulsa una bocanada de pavor entre las calles, aliento caótico en Manhattan que apenas se huele y que sólo el ojo contempla mientras corre hacia atrás, intentando no ser alcanzado por el televisor.

once de septeimbre.-15

Es el triunfo del ojo sobre la palabra porque la palabra aún no se pronuncia, no ha tenido tiempo de pronunciarse. Sólo el grito y el gesto dominan entre exclamaciones y los diálogos apenas se inician, mucho menos las palabras impresas. Pero las palabras impresas – primeras ediciones de periódicos – pronto aparecerán. Más tarde vendrán primeras ediciones de libros, segundas ediciones, volúmenes, palabras, palabras analizadas, palabras investigadas, encuadernadas, palabras doradas por el estilo, traducidas, bruñidas, repujadas, colocadas en estanterías, situadas en bibliotecas. El ojo no basta. La imagen no es suficiente. El ojo recibiendo imágenes no explica a sí mismo la Historia. Es excepcional, sí, como documento histórico, es importante testimonio ocular, pero visto y no visto en aquella increíble mañana neoyorquina, el ojo necesitará posarse también sobre la página, resbalar sobre el texto en papel como lo hace sobre la pantalla.

once de septeimbre.-16

A este día de terror no le es suficiente el ojo televisado. Este ojo tendrá que salir de esta habitación de imágenes y buscar un periódico, detenerse, volver a rebuscar entre las líneas del periódico, ávida y tenazmente, intentando encontrar el secreto bajo la tierra de las palabras. Después lo hará en el libro. Aquí sí, aquí una palabra clave vale más que mil imágenes saliendo del Vesubio de Nueva York, fantasmas de arena como esculturas de barbarie. Esas estatuas de arena que andan sobre los puentes con sus carteras de ejecutivo y sus pañuelos de ocasión escapan maquilladas del polvo del espanto como saliendo de Nínive. ¿Por qué marchan hieráticas y sobrecogidas? ¿Qué ha ocurrido en esos edificios gigantes que ahora se derrumban? ¿Por qué, por qué?once de septiembre.-FF Los porqués quedan envueltos en los gases neoyorquinos, en el misterio de la polución americana, dentro de la cúpula del consumismo occidental. Antes de caer las innumerables oficinas, los papeles despiden en el aire las facturas y los balances revolotean suicidándose. Es el cielo de millones de papeles blancos, el cielo de existencias arrojadas desde las ventanas. Los qués siguen apareciendo en las pantallas de los televisores mientras los porqués se esconden aún en los libros. Durante siglos paces y odios entre civilizaciones se han prensado entre signos apretados que los copistas se pasaron unos a otros, que los lectores leyeron primero en voz alta y luego en la intimidad. Después la lectura cambió la intensidad y el silencio por la extensión y el afán de leer. Gran parte del mundo occidental leía en el siglo XlX. Luego, al entrar las imágenes en las habitaciones del siglo XX, al sentarse los hombres ante las pantallas y quedar extasiados por sombras y luces, el libro permaneció en otro cuarto y fue alejándose poco a poco al fondo del pasillo del esfuerzo y también del placer».

El ojo humano siempre tendrá que ver – y recordar – el qué.  Y  deberá leer  – y estudiar – el porqué del mal.

El ojo y la palabra«, páginas 11-13)

(Imágenes: algunas fotos tomadas el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York por un avión militar.- Nine Eleven.- Retour sur le septembre 2001. morel michel)

COMPONER HISTORIAS

lectura-roew-por-frederick-carl-frieske-1934-artnet«En efecto, lo que yo alcanzo, señor bachiller – leía con atención aquella muchacha sentada en la silla, con la puerta abierta de su librería por si alguien pasaba -, es que para componer historias y libros, de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento. Decir gracias y escribir donaires es de grandes ingenios: la más discreta figura de la comedia es la del bobo, porque no lo ha de ser el que quiere dar a entender que es simple. La historia es como cosa sagrada, porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad, está Dios, en cuanto a verdad; pero, no obstante esto, hay algunos que así componen y arrojan libros de sí como si fuesen buñuelos».

Miguel de Cervantes: «Don Quijote de la Mancha», Segunda Parte, capítulo tercero)

(Imagen: «In the Library» (1934).-por Frederick Carl Frieseke.-artnet)

LECTURA Y SABIDURÍA

lectura-optry-por-alberto-sughi-2003-artnet«Me imagino que un hombre pueda pasar muy agradablemente su vida de la siguiente manera: que un día favorable lea tal página de una poesía plena o de una prosa que ha experimentado una destilación, que al par que recorre las líneas las conserve siempre en el espíritu con el propósito de meditarlas, de reflexionar, de aportar nuevos atisbos, de utilizar el texto para mil interpretaciones, de pensar en él, finalmente, hasta agotarlo. ¿Pero lo agotará alguna vez? No, nunca. Cuando el hombre alcanza una cierta madurez intelectual todo pasaje elevado y de alcance espiritual le sirve para franquear los treinta y dos palacios».

John Keats: Carta del 19 de febrero de 1818 a John Hamilton Reynolds.

(Imagen: pintura, por Alberto Sughi, 2003.-artnet)

FLAUBERT, NOVEDAD Y CINE

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«Todo esto que se inventa es verdadero –le escribió Flaubert a Louise Colet antes de cumplirse los dos años de trabajo de Madame Bovary -. La poesía es una cosa tan precisa como la geometría». «Se llega al estilo con un trabajo atroz», le había dicho también el 15 de agosto de 1846. Y en diciembre de 1858, en otra carta dirigida a la señorita Leroyer de Chantepie había señalado: «Un libro nunca ha sido para mí más que una manera de vivir en un medio cualquiera. Esto explica mis dudas, mis angustias y mi lentitud».flaubert-capitulo-8-folio-151-los-comicios-agricolas

Estas dudas, estas angustias y esta lentitud las puede ahora consultar todo el mundo al verterse en la Red los manuscritos y borradores de Madame Bovary guardados hasta el momento en la Biblioteca de Rouen. Como recuerda el gran crítico Harry Levin, ( «El realismo francés«) (Laia), «entre el otoño de 1851 y la primavera de 1856 la tarea concentrada de Flaubert fue escribir Madame Bovary. Para quienes sostienen que la gestación del arte es más interesante que el producto acabado, ningún documento puede ser más fascinante que la correspondencia de Flaubert durante estos cuatro años y medio. Las vidas paralelas del autor y de la heroína, día a día, semana a semana, mes a mes, año a año, cargan a la novela con una notable tensión emocional. El esfuerzo imaginativo se vio reforzado por la documentación cuando Flaubert buscó el tono adecuado de las alucinaciones de Emma, sumergiendose en revistas femeninas. Importunando a su hermano con preguntas sobre cirugía y toxicología, consiguió los síntomas peculiares que su proyecto requería: «La agonía, precisos detalles médicos: por la mañana del veintitrés de nuevo una serie de vómitos…». Se familiarizó con las criaturas de su mente dibujando un plano de Yonville y disponiendo archivos de sus ciudadanos. Controló la trama – ¿o deberíamos decir calculó sus probabilidades? – elaborando y revisando cuidadosamente los guiones. El material embrionario para su novela comprendía unas 36oo páginas manuscritas».bovary-4

Estas páginas están ahora al alcance de todo el mundo. Vargas Llosa publicó un excelente estudio de esta novela en «La orgía perpetua» (Bruguera): («el único medio de soportar la existencia – había escrito Flaubert en otra carta – es aturdirse con la literatura como en una orgía perpetua«)  Tiempos y espacios, así como vicisitudes de personajes, le llevaron mucho esfuerzo. Un ejemplo de su trabajo está sin duda en la modernidad de su construcción novelesca. Levin destaca, entre otros, el capítulo 8 de la segunda parte – el episodio de los comicios agrícolas – en donde el novelista, dice, » construyó esta escena escribiendo diálogos continuos para los dos grupos de personajes, que luego descompuso y organizó de acuerdo con la disposición general que la situación requería.». Era una experiencia de narración simultánea del diálogo amoroso entrelazada con el devenir de la farsa electoral. Modernidad que, sobre el papel de la novela escrita, permanece casi completamente cinematográfica.

(Imágenes: estampas sobre «Madame Bovary» y manuscrito perteneciente al capítulo 8 de la segunda parte -los comicios agrícolas- folio 151.-Biblioteca de Rouen)

ÉXITOS Y FRACASOS

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«Los libros pueden ser éxitos. Qué deprisa, con qué presta decisión lo digo – escribe Robert Walser -. Tal como pienso para mí mismo, quizá este pequeño esbozo se convierta en un éxito de altura, a pesar de que la alegre esperanza puede albergar convicciones procedentes de la vanidad. Recuerdo haber dicho a una mujer hermosa con motivo de un banquete: «Quiero intentar ser atractivo a sus ojos». ¿Me creerán si explico que con esta frase pretendía cosechar un fracaso rotundo? En efecto, la mujer, argumentando su extrema torpeza, respondió a mi comentario que una persona simpática y elegante no intentaba ser atractiva, sino que o bien lo era por cualesquiera cualidades o le faltaba simpatía, y en ese caso carecía de interés y era soso. Puesto que el descuido de mis palabras me había hecho soso o, también cabe decir, aburrido, la convicción de resultar fastidioso me hizo recobrar el interés. Se me antojó que ahora la hermosa mujer casi lamentaba haberme reprendido».

lectura-foto-benny-andrews-1991-artnet

«Los fracasos invitan a la reflexión, los éxitos al descuido más seductor (…)- prosigue Walser en «Escrito a lápiz». Microgramas lll» (Siruela) – Hoy he rechazado la lectura de un libro que hace unos años cosechó un éxito clamoroso y por esa circunstancia me dejó totalmente frío, provocando en mí la necesidad de leer preferiblemente la obra de alguien carente de éxito. Con las personas y los libros sucede algo parecido, y de los éxitos surgen los fracasos, y de los fracasos germinan o florecen los éxitos. Hace algún tiempo me regalé una novela que no había conseguido un verdadero éxito, ¿y qué me pareció? Maravillosa, y me entusiasmó tanto la carente de éxito que rechacé la exitosa, que parecía gritarme con aplastante seguridad que era atractiva, cosa que no me apetecía nada creer. Los fracasos entrañan una suerte de amabilidad, de suavidad, de finura, de inteligencia, son simpáticos, y uno los transforma en éxitos con el mismo agrado con que los éxitos se pueden transformar en fracasos».

Todo este aparente malabarismo de las frases con las que juega este escritor suizo al que me referí hace pocos días en Mi Siglonos revelan certeras verdades que muchas veces olvidamos, entre ellas la fugacidad de los éxitos, el inestable desequilibro de las balanzas a la hora de los juicios, la subjetividad emocional con que recibimos en la vida triunfos y fracasos, y ya en el horizonte de las artes y las literaturas y en su línea final,  el sorprendente descubrimiento de que aquella obra desconocida que casi nadie aplaudió sigue en pie y luminosa mientras que los años han ido hundiendo en diccionarios de olvidos lo que en el fervor de un instante todo el mundo aclamó.

(Imágenes: 1.-«Bookcases» (1995-2004) por Martin Richman.-Aeroplastics Contemporary.-Bruselas.-artnet/ 2.-«Scholar» (America Series), 1991.-por Benny Andrews.-artnet)

LECTURA Y HORMIGAS

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«Sí, ella sí respiraba bien, en profundidad, respiraba ahora el aroma del mar, la vegetación de la montaña, veía las letras del libro que estaba leyendo bajo el sol, el borde de la sombrilla, las sombra sobre las hormigas, las consonantes caminando en hilera tras las vocales, – ¿cuántos años tenía entonces? ¿era el verano de sus treinta años? ¿qué edad tenía?.- Se acercó un poco más para leer mejor y las patas de las vocales, sí, iban detrás de las de las consonantes transportando las tildes y los acentos, acarreando las briznas de las comas y los huevecillos de los puntos suspensivos, las antenas de las palabras obreras se iban orientando en comitiva por la página hasta llegar al borde del margen y volvían ordenada, minuciosamente, saludándose unas a otras al cruzarse en el texto. Se veía ella entonces leyendo hacía varios años, en el mar, sobre la arena, oyendo los chapuzones de Clara, deslumbrando el blanco albornoz de Ágata a su lado, y las hormigas seguían desfilando por cada línea del libro, las mandíbulas de cada palabra trasladaban la carga de cada pensamiento, podían con cada pensamiento, llevaban larvas, los trocitos de hojas, los trocitos de madera de cada pensamiento para construir el hormiguero de ella como mujer, el ruido de su cerebro, su cavidad, las galerías de los razonamientos y las encrucijadas de la sensibilidad, pequeños trozos de argumentos y capas leñosas bajo la corteza de aquella frente que se inclinaba, que meditaba, que escudriñaba cada página para ver qué le quería decir.

Siguió así, absorta en el libro, protegida de la luz por la sombrilla, persiguiendo la paciencia de aquellas hormigas de las letras que iban y venían de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, líneas que estaban a punto de revelársele ya, de descubrir lo que le iban a decir un momento antes de que la llamaran y de que tuviera que cerrar el libro y ya no supiera cuándo lo volvería a abrir».

(JJP:- Fragmentos de una novela inédita)

(Imagen.-Under the Awning/Girl with Book.- por Frederick Carl Frieseke, 1916.-artnet)

LIBROS PERDIDOS

bibliotecas-3-abbey-library-st-gallen-switzerland-curious-expeditions¿Dónde se oculta una edición príncipe de «El retrato de Dorian Gray» de Oscar Wilde dentro del inmenso edificio  de la Biblioteca Británica? ¿En qué oculta estantería, quizás huyendo de todas las miradas y reposando caída hacia un lado o acaso horizontal, envuelta en polvo y con las hojas arrugadas, se encuentra esa otra obra de valor incalculable que todo el mundo lleva años buscando? La Biblioteca Británica ha anunciado estos días que 9.ooo libros – no 90 ni 900, sino 9.000 – se han extraviado a lo largo de sus 650 kilómetros de estanterías, y algunos de ellos – desde el siglo XVl al XX (entre ellos varios tratados renacentistas sobre teología y alquimia, así como un texto medieval de astronomía) – son de un extraordinario interés. No parece que sea un robo lo ocurrido; sería asombroso que se pudieran robar 9.000 «joyas» de las distintas salas. Curiosamente, el primer post de Mi Siglo lo dediqué hace ya muchos meses a un robo en la Biblioteca  Nacional. biblioteca-6-trinity-college-library-aka-the-long-room-dublin-irlanda1

Alberto Manguel, en «La biblioteca de noche» (Alianza) se hace unas preguntas intentando recuperar sus personales olvidos: «¿Qué novela comienza con las palabras «Una tarde de primavera de 1890»? ¿Dónde leí que el rey Salomón utilizó un espejo para averiguar si la reina de Saba tenía las piernas peludas? ¿Quién escribió ese extraño libro Vuelo a la oscuridad, del que sólo recuerdo la descripción de un corredor sin salida lleno de pájaros batiendo las alas? ¿En qué relato leí la frase «el trastero que era su biblioteca»? ¿Qué libro tenía en la cubierta una vela encendida y unos gruesos lápices de colores sobre un papel de color crema? En algún lugar de mi biblioteca – concluye Manguel – se encuentran las respuestas a estas preguntas, pero he olvidado dónde».

Si así se interroga la memoria individual de un amante de los libros, ¿qué diría la memoria colectiva intentando recordar qué tamaño y grosor mostraban esos 9.ooo libros desaparecidos? ¿Qué encuadernación tenían, qué sensaciones podían recoger las yemas de los dedos al tocarlos, guardaban algún viejo olor en la hondura de sus páginas, qué ilustraciones iluminaban los textos, cómo estaban construidos sus Índices,  cómo estaban trazados sus grabados, qué secretos confesaban las dedicatorias, cuánto abarcaban las bibliografías?

Todo eso al parecer se lo ha llevado el misterio del extravío, no se sabe bien si la incapacidad o el desorden, pero sí han quedado abiertos en las estanterías singulares huecos de olvido muy repletos de apretada ignorancia y – tanteando en el recuerdo a la manera borgiana – quizá nunca se encuentre esa edición príncipe de la novela de Oscar Wilde y los ojos no puedan volver a leer la belleza.

(Imágenes: 1.-Abbey Library St. Gallen, Switzerland.-curious expeditions/ 2.-Trinity College Library, AKA, The Long Room, Dublin.-curious expeditions)

EL LIBRO EN PANTALLA

The Latin Quarter, Paris, France

Releo estos días la muy interesante conversación que sobre el futuro del libro y el libro del futuro mantuvieron Roger Chartier y Antonio Rodríguez de las Heras. (Revista «Litterae».-Cuadernos sobre cultura escrita», 2001)

«Antes de la imprenta – recordaba Rodríguez de las Heras -, y también en sus primeros tiempos, los libros recogían una obra definitiva, que se entregaba al final de un trabajo de pensamiento y de creación, no durante ese proceso. Pero a medida que las técnicas de imprenta se desarrollaron e hicieron más fácil la producción material de libros y que, a la vez, el mercado se intensificaba, el libro ya no sale como obra definitiva sino provisional, libro de corta vida que dejará paso a otro del mismo autor en donde se recoge parte del anterior, se corrigen otras partes y se añaden novedades. Los libros hoy nacen con muy poca ambición de pervivencia y mucha más de hacerse notar durante un espacio corto de tiempo. Pues bien, con la edición electrónica se entra en una tercera ertapa, en la que el libro es abierto y el autor cuida de su mantenimiento como se puede cuidar un jardín, arrancando, plantando, cortando. La idea procedente de las dos etapas anteriores por la que el autor entrega su obra, realizada con esfuerzo y amor, y se le va irremediablemente de sus manos y de su control no tiene por qué mantenerse en el libro digital, ya que el autor no se ve obligado a desprenderse, si lo desea, de su obra, que puede seguir perfeccionando».

A lo que Roger Chartier contestó:

«Usted siempre se ha referido al libro único del autor; es decir, desde el punto de vista de la creación, de la escritura. Sin embargo, las observaciones sobre el texto electrónico a menudo han tomado otra posición, la del lector-coautor, introduciendo su escritura dentro de una escritura ya presente: la del autor. El lector tiene así, capacidad de mover, borrar, transformar el texto. En este caso, la pregunta sería: ¿ qué papel atribuye usted a estos lectores múltiples que pueden intervenir?libros-7795-dibujo-max-opinion-the-new-york-times

A lo que replicó Rodríguez de las Heras:

«Cierto que la tecnología actual ha abierto la posibilidad de intervenir al receptor sobre la emisión del mensaje, un bucle que ahora comienza a utilizarse más en producciones televisivas en las que los espectadores pueden, a través de la red, influir de  alguna manera en la marcha de lo que está sucediendo al otro lado de la pantalla. Y desde luego que esta interacción va a producir cambios significativos en la producción audiovisual y en las actitudes, hasta ahora pasivas, de las personas ante el aparato de televisión. Sin embargo creo que fuera de escenarios de entretenimiento, propios de la televisión y de la radio, y quizá, más tarde, de la política en esta tribuna audiovisual (encuestas, entrevistas, discursos…) la posibilidad de este bucle no se desarrollará tanto. En concreto, la creación de un libro, a excepción de libros-foro, se sustentará sobre la creatividad y esfuerzo de un autor. Lo que sucederá, sin embargo, es que el libro se podrá convertir en el núcleo de encuentros y debates de los lectores, y entonces, la lectura pasará del texto del autor al cruce de ideas y comentarios de sus lectores, y todo ello integrado en lo que sería un libro digital. Y también el autor, al escuchar a sus lectores, volverá a su texto para retocarlo, para seguir su desarrollo por otro camino abierto quizá por el contacto del autor con los lectores. Con un texto blando, que no abandona al autor y en el que, si se quiere, puede influir el lector, hay un campo muy amplio de experimentación, pero creo que la escritura nos da capacidad de  diferenciación, de individualizarnos de entornos anónimos, y esto significa una razón de peso para que siga habiendo autor. Se desarrollarán experiencias de participación colectiva en la creación, pero la escritura seguirá siendo un vehículo imprescindible para la individualización, aunque, eso sí, se dará mucha mayor relación entre el autor y sus lectores».

Creo que en situaciones de mudanza – en la prensa, en los libros – acaso sea  de gran interés reflexionar sobre estas palabras.

(Imágenes: Librería Shakespeare and Company.-París.-FreeFoto.com/ dibujo de Max.-The New York Times)

 

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¿ QUÉ LEEN LAS LECTORAS DE HOPPER ?

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Varias veces me he referido a Edward Hopper en Mi Siglo. Ahora, en un muy interesante blog,  El Documentalista Enredado, María Elena Mateo se fija en esas lectoras de Hopper a las que yo acudo también atraído por sus historias. Sin duda no puedo ver bien lo que está leyendo en ese programa de mano Hettie Lunt, esta mujer a la que acabo de ponerle un nombre y que, sentada en este  palco, en 1927,  aguarda a que se llene el teatro. No atiende demasiado a cuantos movimientos está haciendo la pareja del patio de butacas, colocando ella el abrigo en el respaldo mientras el hombre espera. Hettie, mientras tanto, hojea el programa de  lo que verá esta noche. Se ha vestido con este traje de tirantes e intuimos por su curiosidad que siempre le apasionó la escena.hopper-58-the-barber-shop-1931-museum-syndicate

Tres años después, en 1931, en este establecimiento de las afueras de Kansas que yo también me he inventado, Michael Palmer se ocupa de su trabajo y Amy, sentada, repasa un folleto que recoge la historia de la comarca.  Ella siempre se sienta en esta mesa al pie de la escalera dejando que el blanco sol de Hopper ilumine la pared. La sombra se desliza en la chaqueta de su marido y marca un rectángulo bajo la mesa, el blanco destaca en el cuello del vestido de Amy y el blanco también abre  las páginas ante las que ella está absorta.hopper-59-hotel-room-1931-museum-syindicate También en ese año de 1931 Edward Hopper entra de pronto en esta habitación de hotel, observa las maletas aún sin deshacer, y pinta muy despacio cómo se inclina la espalda de Joanne Davis que consulta la guía de la ciudad, esa guía con la que ella cree huir de la soledad que la acompaña.  Esta mujer a la que yo también acabo de darle un nombre, Joanne Davis, ha colocado su sombrero sobre el mueble, se ha desprendido de sus zapatos, abandonó en el sillón parte del vestido y lee, lee como leen siempre muchas de las mujeres de Hopper, el pintor que las mira siempre leer.hopper-57-compartment-c-car-1938-museum-syindicate

Si unos años después, en 1938, tomamos el tren y abrimos de golpe la puerta de este compartimento, ya se nos habrá adelantado como siempre Hopper para pintar, pero a Hopper también se le ha adelantado esta lectora solitaria del sombrero, a la que podemos llamar perfectamente  Zena Tracy. El tren pasa sobre la pintura, al otro lado de la ventanilla el río y el puente parecen inmóviles, pero lo que realmente quisiéramos saber es lo que lee esta mujer solitaria, la mujer de la leve sonrisa en los labios que se deja pintar mientras lee,  que aparenta leer mientras se deja pintar.hopper-54-hotel-lobby-1943-indianapolis-museum-of-art1 Las historias prosiguen. Se lee en los trenes, en los teatros, en los vestíbulos de los despachos, esperando la cita concertada.hopper-55-hotel-by-the-railroad-1952-museum-syndicate1

Se lee aprovechando el tiempo, mientras el marido fuma ante la ventana abierta y el sol de Hopper hace amarilla la tarde, la cortina, el resplandor difuminado del espejo, el calor que se adivina en el ambiente.hopper-56-interior-1925-art-insitute-of-chicago

Se lee ante otro espejo, el libro sobre las rodillas, una maleta -como en tantas ocasiones – en un rincón. Nunca se sabe si se va o se viene de esta habitación, si se va o se viene de la vida.hopper-61-chair-chair-1965 Se lee, siempre se lee. Hopper se detiene en la lectura y las lectoras del pintor viajan inmersas en los libros, absorta su atención y abierta su imaginación a otros mundos.

Alegra esta referencia a las lecturas, alegra esta referencia de la pintura mostrándonos lecturas.

¿Hoy encontraría Hopper a muchas mujeres leyendo, se detendría intrigado en esta imagen?

(Imágenes: 1.-«Twoo on the Aisle» (1927)/ 2.-«The Barber Shop» (1931)/ 3.-«Hotel Room» (1931)/ 4.-«Compartment C, Car 193» (1938)/ 5.-«Hotel Lobby» (1943)/ 6.-«Hotel by the Raillroad» (1952)/ 7.-«Interior» Model Reading (1925)/ 8.-«Chair Car» (1965).-musseumsyindicate.com)

CARTA A UN DESCONOCIDO

«Observemos a un lector en la librería: toma un libro en sus manos, lo hojea – y, durante algunos instantes, está del todo ausente del mundo. Oye que alguien habla, y que sólo él lo siente. Acumula fragmentos casuales de frases. Cierra el libro, mira la portada. Después, con frecuencia, se detiene en la solapa, de la que espera una ayuda. En ese momento está abriendo – sin saberlo – un sobre: esas pocas líneas externas al texto del libro son, en efecto, una carta: una carta a un desconocido».

Así describe Roberto Calasso  («Cien cartas a un desconocido» (Anagrama) la solapa del libro que vamos a tener en las manos las próximas semanas, cuando llegue la llamada «rentrée«, la avalancha de portadas, lomos, líneas, autores que invadirán las librerías del mundo. El pequeño océano literario está algo revuelto. En estos días «Le Figaro Littéraire» publica algunos de los movimientos que sacuden a cada  manuscrito enviado a una editorial. De diez a quince manuscritos al día recibe Grasset y en el curso del año sólo publicará cinco. Quedan divididos en excelentes, raros y muy raros. La edición- se dice – es la escuela de la paciencia. Una vez decidido el que será editado ha de redactarse la solapa,  «una forma literaria humilde y difícil, que espera todavía  – dice Calasso – quien escriba su teoría y su historia. Para el editor ofrece con frecuencia la única ocasión de señalar explícitamente los motivos que lo han impulsado a escoger un libro determinado. Para el lector, es un texto que se lee con sospecha, temiendo ser víctima de una seducción fraudulenta. Sin embargo la solapa pertenece al libro, a su fisonomía, como el color y la imagen de la portada, como la tipografía con la que se ha impreso. Una cultura literaria se reconoce también por el aspecto de sus libros».

Luego el lector, que ya ha terminado de leer la solapa, cierra el libro.  Aún duda si esa carta va dirigida exactamente a él y si él es ese desconocido que está desorientado entre tantas lecturas. Después aún quedan ciertos gestos: manos que toman el volumen, pasos al parecer decididos.. Pero  le dejamos ahí, solamente le miramos desde lejos y de reojo. No sabemos qué hará.  Quizá haya un nuevo lector o quizá no. Tal vez aún quiere convencerse porque aún no está muy convencido…