LOS ÁRBOLES, EL AIRE, EL AGUA

 

 

 

“Me hace observar un jardinero — escribe Marguerite Yourcenar en “ El tiempo, gran escultor’ — que es en otoño cuando se aprecia el verdadero color de los árboles. En primavera, la abundancia  de clorofila los reviste a todos con un uniforme verde. Cuando llega septiembre  aparecen engalanados con sus colores específicos: el abedul rubio y dorado, el arce amarillo-naranja- rojo, el roble color de bronce y de hierro.

Nada me ha ayudado tanto a comprender los fenómenos naturales como los dos signos herméticos que significan el agua y el aire , y que luego, modificados por una barra que de alguna manera modera su impulso, simbolizan el fuego, menos libre, unido a la materia leñosa o al aceite fósil, y la tierra de apretadas y blandas  partículas. El árbol incluye a los cuatro en su jeroglīfico. Agarrado al suelo, saciada su sed con aire y agua, sube al cielo, sin embargo, como una llama; es llama verde antes de que acabe el día y llama roja en las chimeneas, en los bosques incendiados y en las hogueras. Pertenece, por su crecimiento, al mundo de las formas que se elevan, así como el agua que lo alimenta pertenece al de las formas que, abandonadas a sí mismas, vuelven a caer al suelo.’

 

 

(Imágenes—1-Lesser Ury -1909/ 2-Pierre Bonnard)

LAS CUATRO DE LA MADRUGADA

 

 

“Cada día, excepto si llueve a cántaros, o si se levanta mucho polvo, como hoy, que no se puede respirar — le decía Amos Oz a Shira Hadad en una de sus conversaciones — hago mis paseos matutinos. Eso me ayuda a ver las cosas en su justa medida: ¿qué es más importante?, ¿qué no lo es?, ¿qué se habrá olvidado en unos días?, ¿qué no será olvidado? Paseo incluso antes de tomarme un café. Me levanto, me ducho, me afeito y salgo. A las cuatro y cuarto, ya estoy en la calle; a las cinco menos cuarto estoy de vuelta; un poco antes de las cinco —fuera es aún noche cerrada —, ya estoy con el café en la mesa. Esas son mis horas. Ese es todo el ritual.

 

 

Yo no sufro, no me cuesta levantarme a las cuatro. Me despierto sin despertador. Incluso los sábados, incluso los días de fiesta. Esas son  las horas en las que nadie me necesita. En Arad salía a caminar por el desierto antes del amanecer, porque el desierto comenzaba a cinco minutos de mi casa.  Aquí, a veces camino por el pequeño parque, o simplemente por las calles, porque me resulta interesante. Las ventanas están oscuras, salvo en el baño donde dejan la  luz del baño encendida. Hay mucha gente que deja la luz del baño encendida por la noche. Tal vez piensan que eso asustará a los ladrones, o quizá lo hacen por si el niño se despierta durante la noche. Tal vez piensan que la muerte no vendrá si hay luz en el baño.

A veces tengo la oportunidad de darle los buenos días al repartidor de periódico. Hace unos días vi en un jardín a un joven con un perro a las cuatro de la madrugada. No estaba paseando, solo jugaba con el perro en el césped a las cuatro de la madrugada. Le arrojaba un palo y el perro se lo devolvía.  Y yo, mientras camino a esas horas, pienso en lo que me aguarda sobre  la mesa. Porque casi siempre estoy en medio de algo. Así que pienso dónde estaba ayer, dónde lo dejé, adónde quiero llevarlo. No siempre ocurre lo que pienso, pero pienso, sí, y de algún modo también conduzco a las personas, conduzco a los personajes.”

 


 

(Imágenes -1-André Wythe/ 2-Theodore Major/ 3- Lesser Ury- 1920)

VIAJES POR EL MUNDO (15) : CONSTANTINOPLA

 

 

“Sin duda habrá oído usted hablar – le cuenta el escritor polaco Jean Potocki a su madre en el siglo XVlll – del cuidado que en Constantinopla se tiene con los perros y los gatos que pueblan las calles de esta ciudad. Pero esos animales no son los únicos que tienen derecho a la generosidad de los turcos. Un infinito número de tórtolas y palomas torcaces que viven libremente bajo los tejados, se acercan a las barcas cargadas de grano y parecen exigir con altivez su derecho, que por lo general se fija en una medida por barcaza.

 

 

Las aves acuáticas, de las que está cubierto el canal, apenas se apartan cuando el remo está a punto de tocarlas, y sus nidos son respetados, incluso por los niños que, en cualquier otra parte, serían sus enemigos naturales. En fin, la mutua confianza restablecida entre el hombre y los animales parece, de vez en cuando, devolver al observador a la infancia de la naturaleza; pero sin duda lo que acabará conquistándola en favor de los turcos, es su respeto por los árboles; cortarlos es un crimen enorme, que hace murmurar a todo el vecindario, de modo que nada hay que no se haga para evitarlo. He visto a menudo tiendas levantadas alrededor de un gran plátano que salía por encima del tejado y lo cubría con su follaje, o muros atravesados por una rama que no habían podido decidirse a cortar. Los viejos árboles están en su mayoría rodeados por una terraza que sirve para contener sus raíces. Los jóvenes tienen un abrigo de estera, y todo ello en terrenos que no pertenecen a nadie.”

 

 

(Imágenes-1- Walter Leistikow/ 2- Lesser Ury- 1909/ 3- Gustav Klimt- detalle del árbol de la vida – 1909)

EL POETA LE CUENTA SU VIDA PRIMERO A LOS HOMBRES

 

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“El poeta le cuenta su vida primero a los hombres;

después, cuando los hombres se duermen, a los pájaros;

más tarde, cuando los pájaros se van, se la cuenta a los árboles…

Luego pasa el Viento y hay un murmullo de frondas.

Y esto me ha dicho el Viento:

que el pavo real levante la cola y extienda su abanico,

el poeta debe mover sólo las plumas de sus alas.

Todo lo cual se puede traducir también de esta manera:

lo que cuento a los hombres está lleno de orgullo;

lo que cuento a los pájaros, de música;

lo que cuento a los árboles, de llanto.

Y todo es una canción compuesta para el Viento,

de la cual, después, este desmemoriado y único espectador

apenas podrá recordar unas palabras.

Pero estas palabras que recuerde son las que no olvidan nunca las piedras.

Lo que cuenta el poeta a las piedras está lleno de eternidad.

Y ésta es la canción del Destino, que tampoco olvidan las estrellas”.

León Felipe -“Biografía, poesía y destino” – “Ganarás la luz”

 

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(Imágenes.-1.-Ota Janecek- 1961/ 2.-Lesser Ury– 1909- colección privada)