AQUELLA ÉPOCA (5)

gentes.-tgn.-Londres.-fotógrafo desconocido.-estación Victoria 1934

«En general podía hablarse de anonimato en muchas características de la época: se veían pasar y entrecruzarse multitudes  que no se conocían. Distintos autores lo han comparado con el universo de los insectos y, en ciertos aspectos, la consideración puede ser válida. El pulular minúsculo de los habitantes recordaba – con sus encuentros y tropiezos -, la visión de un hirviente hormiguero. Las gentes cruzaban durante horas de uno a otro agujero, estrechándose los espacios cada vez más, de tal modo que no era extraño encontrar personas cuyo paisaje habitual fuera siempre el mismo: una zona precisa que les llevaba del dormitorio a la oficina, y del despacho nuevamente al dormitorio. La presencia del campo había desaparecido. Las ciudades eslabonaban sus barrios proyectándose hacia el gigantismo, pero al mismo tiempo cerrando más sus dependencias hasta apretar al máximo su ámbito interior. Desde hacía largos años, era entre hierros, cristales, cemento, aluminio, estructuras metálicas y otros elementos, el lugar donde nacían, vivían

gentes.-563de.-Robert Demachy

y morían los hombres. Los contrastes entre la dimensión del mundo (que podía atravesarse en pocas horas gracias al tráfico aéreo ) y los problemas que planteaba cruzar una ciudad cada jornada, aparecían agudos. La prisa de las gentes era por entonces otro aspecto bien significativo. La prisa y la ausencia de silencio. Parecía el silencio haberse retirado a espacios vastos e indefinidos. Ateniéndonos a hechos comprobados, el silencio auténtico podía habitar en esas amplias zonas perdidas entre lo que anteriormente llamábamos  «ciudades- nubes», es decir, en extensiones de tierra y de agua, en soledades inundadas de arena o en lo que los especialistas habían querido denominar «bosques de  lluvia».

J J Perlado.- «Contramuerte», págs 24- 25

vida cotidiana.-rgfui.-George W. Gardner.-1967

(Imágenes:- 1.- Londres.- estación Victoria.- 1934.- fotógrafo desconocido/ 2.- Robert Demachy.– la multitud.- 1910.- colección Thomas Walther.-. MOMA / 3.- George W. Gardner.- – Missouri.-1967.- weheartit. com)

AQUELLA ÉPOCA (4)

paisajes.-99uun.-Andy Thomas

«Contemplando amplísimas franjas de países al sobrevolar entre aquellas «ciudades- nubes» cuyas manchas adquirían en la atmósfera formas idénticas a las capitales que cubrían, la mirada llegaba a perderse en desiertos que iban enlazando la soledad de su vegetación los unos a los otros, apareciendo todo despoblado de hombres, abandonados y despojados de vida animal, y con sólo un denso silencio y un aire limpio entre cada «ciudad- nube». Allí, conforme los

cielos.-reevv.-paisajes.-Jans Ferdinand Willumsen.-1902

ojos se acercaban, las masas de vapor y sus frentes, cuerpos y colas desplazándose en sistema y haciéndose visibles en su condensación, desgajaban sus velos sombríos e iban deshilachando grandes balas de algodón: copos aislados, sombras, trazos tan precisos como espinas, agujas, setas o penachos, se disolvían suavemente como alejándose en el espacio. Dejaban paso a la extensión grasienta de aquella gran capital de gases suspendida como aceite en el cielo: bajo ella estaban los hombres, allí vivían, allí dormían. Su respiración se delataba en ese aliento.ciudades.-66ttg.-Londres en la niebla.- Alfred Smith.-1939

Porque el respirar de las muchedumbres concentradas, su ir y venir incesante y gran parte de su sistema de vida, reflejaba incluso en el aire la emanación de aquel cuerpo; como si al quedar abiertas las bocas de la ciudad, la capital tumbada sobre tierra empañara el espejo. Dentro ya  del recinto podía seguirse el plano de supuestos pasillos interminables – largos cauces para ríos de automóviles – y la distribución de habitaciones cuyos techos se remontaban cada año, salpicados sus muros por aberturas todas simétricas y anónimas: ojos cuadrados para que se observaran unos edificios a otros.»

JJ Perlado.- «Contramuerte», pág 24

(Imágenes.- 1.- Thomas Andy Kristianto.- fotoblu. com/ 2.– Jens Ferdinand Willumsen.- 1903/ 3.- Alfred Smith.– Londres.-1939.- varg4.com)

CONCIERTO EN SUEÑOS

música.-55rrg.-guitarra.- Oleg Eldeukov.-

«Era un teatro vacío que debía de estar lleno de niños sentados en sus butacas de tapiz rojo y que, sin embargo, permanecía desierto. Salí al escenario, a la luz de aquella penumbra hundida hacia el infinito sobre la que las candilejas no me dejaban ver sino polvo en niebla rozando los hombros de las butacas, y comencé – sentado en mi silla solitaria – a puntear mi guitarra: el inicio de aquella clase infantil.

dolor.-eev- infancia.- Werner Bischof.-Hungría 1947

Seguí con mis ojos de niño cómo tocaba aquel hombre. Envuelto en cientos de cabezas, ladeándome un poco, conseguí adivinar entre todas las nucas los movimientos de la figura aislada, inclinada la frente sobre su instrumento, los dedos pellizcando las cuerdas. No veía sino muy de lejos la madera, el vientre de aquella resonancia que escuchaba. Todo el teatro aparecía sombrío: ojos paralizados en cada sillón atraídos por la luz del escenario, aquel foco blanco proyectado en la imagen oscura.

teatro.-por Lisa Kereszi.-2004.-Yancey Richardson Gallery.-New York.-photografie.-artnet

Entonces estuve centrado en la interpretación. Pulsé las cuerdas como acariciando los nervios de la música y con las yemas de los dedos fui oprimiendo los trastes cruzados de tiritas de metal; la palma de mi mano derecha reposando en la angostura del mango. Así nació, temblando bordones y alambres, el agua de los sones, gotas que surgían de la boca, del paladar del fondo, mientras abrazaba el borde y el contorno del cuerpo cercano al cuerpo mío formando una sola silueta, talle de guitarra grave hecha de carne. Nada veía, la luz me deslumbraba: solo un foso negro al otro lado de las candilejas y el vacío. Ningún oído de niño a este pulsar del adulto. El teatro sin teatro alguno: abierto al abismo aquel concierto de clase infantil.

teatro.-5wfb.-foto Trey Ratcliff.-StuckinCustoms.-Palais Garnier

Era un silencio absoluto el extendido en la sala. Jamás había visto un teatro. Todo el oro, el deslumbrante semicírculo de los palcos, las alturas del cielo, aquella cúpula de dibujos alados, el terciopelo rojo de las plateas, hasta el suave mullido donde mis zapatos resbalaban, lo había ocultado la negrura y una tensión densa era lo único presente, tal y como si colores y sensaciones se hubieran afincado en un único color y en individual sensación: aquella oscuridad que me cercaba y el escuchar. Jamás había escuchado una guitarra. La guitarra aparecía al fondo, hablaba en música ante un telón casi borrado por el ojo de luz. Yo no podía desprender mi ojo de niño de aquella luz de ojo y en ella estaba la guitarra: venía a mí desgranándose, como si cada sonido no tuviera más oído que el mío.

música.-rrttbn.- guitarra.- Carsten Eggers.-1957

Sobre mi pierna derecha descansaba aquel lomo redondeado, la curva de la caja entallada cuya forma octogonal caía hacia el lado izquierdo, allí donde índice, mayor, anular y meñique recorrían la plaqueta de ébano. Venía un aire suave, de ondas envueltas: igual que si alguien respirara el escenario. Pero el escenario estaba vacío: nadie entre bastidores ni a mi lado. No podía sentir aquel suave aire sino en un dulce movimiento de telas, pliegues de cortina que apenas se estremecían: negro telón tras de mí nunca entrevisto, oscuro, largo y ancho; dorso de luz que me cegaba. Bajo aquella luz, acordes, arpegios, acompañamientos, breves golpes de mano cerrada sobre las cuerdas, breves golpes de mano abierta sobre el puente, punteo de cuatro dedos con la mano izquierda; todas las armonías iban saliendo despacio, lo mismo que si se escaparan lamentándose. Así permanecí, inmóvil y solitario, hasta llegar al final.

música.-t3wss.-Stanislaw Eleszkiewicz.-1930.-autorretrato.-1900-1963

Al finalizar aquel hombre se levantó: concluyó el sonido. Tomó su instrumento y la luz le siguió hacia el lado derecho; el foco blanco le acompañaba en silencio. Fue entonces cuando el escenario se  iluminó débilmente: una fugaz claridad dejó ver cómo la negra cortina del fondo se descorría con lentitud y tras ella, sentado en una silla diminuta, un niño dejaba de tocar realmente su pequeña guitarra y preguntaba con voz de siete años:

– ¿Ya hemos terminado?

El niño tenía los mismos rasgos del hombre y el hombre le miró sin acertar a responderle.

Luego fueron apagándose todas las luces y sólo quedó una en el centro: un haz redondo y potente que provenía del techo. La luz acercó el rostro del hombre y se le vio llorar.

Suavemente me erguí. Me fui levantando del palco donde lo había visto todo oculto y agachado. Allí, en la sombra, en pie, muy lejos de él y sin poder consolarle, le vi llorar, él y yo solos en el teatro oscuro.»

JJPerlado.- «Concierto en sueños «.- Diario «ABC», febrero 1975

teatro,.nvm009.-Ohaio Sugimoto.-1980.-Wada Garou-co Gallery.-artnet

(Imágenes.-1.- Oleg Eldeukov/ 2.- Werner Bischof.- 1947/ 2.-Lisa Kereszi.- Yancey Richardson/ 3.-foto Trey Ratcliff- StuckinnCumston. com- Palais Garnier/4.- Carsten Eggers.-1957/ 5. -Stanislaw Eleszkiewicz.— 1930/6.- Hiroshi Sugimoto– – wada garou gallery.- artnet)

AQUELLA ÉPOCA (3)

ciudades.- yyfrrm.- Andreas Feininger

«Así, el panorama de las ciudades dejaba ver una extensión enorme de casas similares frecuentemente envueltas en una densa humareda. Bajo aquellas urbes gaseosas, de tinte gris y expandidas entre cielo y suelo como ciudades flotantes e impregnadas, podían encontrarse capitales inmensas, tan absolutamente silenciosas desde lejos como hirvientes de ruidos insoportables en su interior.

ciudades.-tgbju.-Joel Tjinjelaar.-twistedsifter com

Si es necesario creer ciertos textos, las mayores de aquellas urbes se hacían tentaculares, transformándose en una sola vivienda de extraordinarias proporciones; vivienda, por ejemplo, que disponía de todos los elementos y necesidades de una casa: espacio para dormir o para alimentarse, lugar de trabajo y de recreo, así como aquellas zonas reservadas para servicios de higiene que todo hogar, con un mínimo de dignidad poseía. Unas páginas de

ciudades.-lol.-Michael Wolf.- de la arquitectura de la densidad.- 2002- outlying

aquel tiempo detallan la existencia de las llamadas «ciudades- dormitorio», situadas en su inicio a una cierta distancia del núcleo de la urbe pero muy pronto absorbidas por él. Podía entonces decirse que, mientras la historia en épocas anteriores había ido mostrando la evolución de estructuras urbanas muy diversas ( las denominadas, por ejemplo, «ciudades carboníferas», más tarde, «ciudades subterráneas», y después, el nacimiento de conjuntos de cercanías, etc ), lo que destacaba sin embargo, en aquellos años próximos al fenómeno, eran inmensas concentraciones congestionadas como órganos a punto de estallar, extendiendo tan rápida como imperceptiblemente sus arterias hacia todos los ángulos, hinchando sus pulmones de gases y no alcanzando jamás fronteras ni límites: todo ello en una modificación constante e irreversible en donde anchura y largura se agigantaban.»

ciudades.-6hhy.-Nueva York.-Andreas Feininger.-Manhattan en 1941

JJPerlado.«Contramuerte».- pág 23

(Imágenes.- 1.-Andreas Feininger/ 2.- Joel Tjinjelaar/3.- Michael Wolf.- arquitectura de la densidad /3.- Andreas Feininger.– Manhattan.-1941)

SEIS AÑOS DE «MI SIGLO»

figuras,.unnnhhy.-Michael Chase
e cumplen hoy seis años de MI SIGLO

Sumando las lecturas que vienen desde Blogger y desde WordPress, este post, que hace el número 1.351, alcanza un millón seiscientas setenta y tres mil visitas y hoy – como en otras ocasiones -, esta entrada naturalmente no puede estar sino dedicada a los agradecimientos. En los seis años de vida de este blog los caminos de Internet me han traído mezclados muchos nombres desconocidos y conocidos que se han ido haciendo muy amigos. Se hace casi imposible confeccionar una lista en la que se den las gracias a todos. A algunos los nombré ya aquí en años anteriores; otros quedan ahora incorporados. Gracias por tanto a Daniel Utrilla en Moscú, a los italianos responsables de “MFLarte”, a varias Carmen, Lilianacuv3Amparo Morán, Natalia, Mercè, Leon Alvarez  Arteaga, Mis objetos preciados,  Ángel DuarteEnrique MF y  “Carmina blog“,José María MatásJos PetitFrancisco Doña,”Tiempo para la memoria“, Angelina, Noemí Martin Santo, José M. Martínez, Javier, Luz, C.C Rider, Karmen, “Ana tirando del hilo”Sandro Oramas, “La noticia y yo“, Mariàngela VillalongaMaty, Nicole, Solange, AlenaMaríaAurora PimentelCarmen ManzaneraJuanma BlazquezAlejandro, Juan Pedro desde “Una temporada en el infierno“, Shant Baghramian y Vane Galstian desde “Papier de Liberté“,Faycal desde “”Shgaga“, Juan José desde “Scriptor.org“, Antonio Ayuso, Don Cogito, Luis Rivera, Avelina, Dolors, GasolineroFernando Valls, Enrique, Vagabunda, Noelia,”Músicaymás“, Georgia, Angie,” Mis objetos preciados“, Almudena, DavidMontseLola, Jessica, “Ars Vitae“, Arancha, Luis, María, Cordelia, Amando, Javier Gómez,”Bibliotequear“, Joséluis, Nelson,” El maquinista ciego“, Miranda, Darío Lodi, J. Moreno, Isabel, Berenice,“Eltornaviaje“, Pilar, Patricia, Ioana,”Arte y artistas”, Felipe Hernández, Helen,”Espéculo“, Lola, Enrique, “El jalabí rosado“, Joselyn, Julio,nozeon.blogspot. Alicia, Ioanes Xabier,”Entrespinos“, Eduardo, Jose,“Leyendo se entiende la gente”, Lilia, Vicente, Jenny,”Al-juarismi“, Elvira, José Manuel Mora, Angel Feliciano,“Click en educación“, Damian, Jesús,”Sgironaroig“, Laura, Juanjo Muñoz, Gabriel,”El avión de papel“, Alexandra, Diego,Sandro, Manuel Faliero, Rhaida, José Antonio, Armando,”Sdel biombo”, Aliux, Luisa, Miguel Ángel,  unir.net humanidades,  Hesperetusa, Javierfuzzy, Simon, Elena, Patricio, Navarro Beloqui, Elizabet voces del silencio, Iván F, otra Elizabeth, maria marcela, GuiavisitMadrid, Rafael, Lopez Torrillas,»un viento de paz«, viparnaso, enateneo, Maria Salvia…

Quiero igualmente agradecer a los lectores de ArmeniaMarruecos, Israel, a los de Irán, Macedonia, Turquía, Australia, Corea, Eslovenia, Vietnam, India, Canadá, Serbia, Croacia, Japón, China, Rusia, Polonia, Pakistán, Países Bajos, Bélgica, Alemania, Inglaterra, Italia, Cuba, Grecia, Egipto, Taiwan, Argelia, Albania, Hungría, y a tantos otros, sin contar los países sudamericanos – de modo especial los lugares de Cundinamarca (Bogotá) y Villahermosa (México) – . Igualmente a muchos sitios de Estados Unidos – especialmente Mountain View (California) – o de Europa, y a todos en general por la fidelidad con la que acuden a leer Mi Siglo.

(Imagen.- Michael Chase .- areofinterest)

AQUELLA ÉPOCA (2)

objetos.-iuun.-Cesar Baldaccini.-teléfono.-1963

«Podían contemplarse comercios exponiendo constantes novedades; se veían hombres y mujeres devorados por un apetito perpetuo de cambio, aturdidos no por lo auténtico sino por lo nuevo. Era así como en aquellos momentos lo reciente y lo antiguo sellaba de supuesto valor transacciones e intercambios: en rincones de ciertas casas, utensilios rozados por el tiempo y elementos decoradores de otras épocas, se adquirían a precios altos como restos aislados que formaran contraste: aparecían como salvados de un naufragio, tan alejados y extraños en su belleza como huesos de prehistoria, igual que si entre la marea de novedades se hubieran arrastrado flotantes aquellas piezas de lo desconocido, curvas y aristas y planos y formas de un mundo aéreo o subterráneo, misteriosos despojos de historia. Era en esos determinados rincones, donde unos hombres con otros mostraban, a veces sin saberlo, su personal identidad. Acaso con un diminuto objeto antiguo y sin más realce que el prestado por el tiempo, llegaba a descubrirse la clave de un temperamento o el matiz de una sensibilidad: incluso llegaba a descubrirse si quien ocupaba aquella casa y era propietario de aquel pequeño resto, carecía de sensibilidad propia y su gusto aparente no era sino producto de una moda, una inercia que había estado ayudada por la ostentosidad y el dinero.

objetos.-4vbbn.-Arman.-1962.-artnet

Pero aparte de estos lugares, de algún modo singulares y que por una u otra razón no podían mostrarse como los más frecuentes, era lo más habitual encontrar (como hoy también sucede), una tendencia intensa y extensa a la uniformidad y al parecido, tal como si viviendas, trajes y costumbres no existieran individualmente sino gracias a una suerte de mutua imitación.

objetos.-7hyh.-Jitish Kallat.-Collidontus.-2007.-Loe medios de comunicación

Era entonces como una especie de carrera incesante por poseer unos lo que poseían exactamente sus vecinos, pero no movidos por la necesidad sino estimulados por un secreto afán de ocultar todo retroceso personal o familiar, y situarse familias y personas – con sus objetos adquiridos, sus maneras de comportarse, e incluso los modos de desarrollar sus distracciones – en forma casi idéntica y mimética, hasta el punto de dejarse arrastrar por las mismas cosas hacia los mismos lugares, y confluir allí unos tan parecidos a los otros, que podía con razón hablarse de un solo hombre único ocupando gran parte del globo, formado ese hombre por millones de seres que parecían haber perdido sus preferencias para sumirse en el gusto común.»

JJPerlado.- «Contramuerte», págs 22- 23

(Imágenes:- 1.- Cesar Baldaccini– 1963/ 2,- Arman.-1962.- artnet/ 3.-Jitish Kallat)

AQUELLA ÉPOCA

ciudades,.rtyv,.Turín.- 1955.-Riccardo Moncalvo

«Historiadores de aquella época fueron guardando en sus escritos estampas de una sociedad que, una vez más, quería romper con todo lo anterior, en ocasiones quebrándolo con más furia, como si a cada embite de destrucción, las fuerzas cobraran más impulso. Así, uno de los grandes dioses de aquellos años parecía ser el bienestar, devoción que cada generación había tenido, pero que ahora se erguía obsesionante y en tal forma, que su representación podía imaginarse sin final y sin fondo, aborbiendo cada avance a tal velocidad que ningún logro la saciara. Las gentes se habían acostumbrado a mejorar tanto sus comodidades, que no transcurría invierno ni verano en que un nuevo hallazgo no dejara caduco todo lo anterior. Así podían decir cuantos lo observaban, que pocas veces en el curso de la historia, el ritmo de transformaciones había adquirido mayor celeridad que en ese tiempo. Cincuenta años antes, las comunicaciones en el espacio no habían sido desveladas con la rapidez asombrosa que entonces se mostraba; y algo muy

vida corriente.-5ggyy.-August Macke.- mujer ante una vidriera luminosa.- Museo Sprengel.- Hannover

similar podía encontrarse en los campos, con la modificación permanente de las máquinas o en las ciudades, y entre naciones y continentes con el trazo vertiginoso en el aire y en las ondas: todo en fin, sirviendo a la comodidad del hombre, pero estando el hombre a su servicio. Porque en tal tiempo, más quizá que en ningún otro, aquello que muchos seres se habían esforzado en desvirtuar para crear su época, estaba desvirtuándose en otro sentido que se les escapaba y sin lograr ellos detenerlo; lo que creían dominado les dominaba, y muchas trabas que pensaban haber desatado les ataban cada vez más hasta inmovilizarlos conforme se movían: esclavos pendientes de las cosas, urdían cada jornada una mejora más para ser dueños y libres, no cayendo en la cuenta de haber retrocedido en su libertad, avanzando en cambio en esclavitud.»

JJPerlado. «Contramuerte».– pág 22

(Imágenes:- 1.-Riccardo Moncalvo.-Turin.- 1955/ 2.-August Macke.- mujer ante vidriera luminosa.-Museo Sprengel- Hannover)

RUMOR DEL SILENCIO

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Asoma al otro lado del ventanal el rumor del silencio

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

silencio de cunas dormidas,

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

silencio de sillas antiguas,

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

silencio de rincones,

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

profundos pasillos silenciosos,

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

silencios luminosos,

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

silencio de claustros,

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

y al fin otro  tipo de silencios, otra luz.

(Imágenes:- Parador de San Marcos, en León  (España).- agosto 2013.- fotos JJP)

EL SUEÑO FANTÁSTICO

Joss de More.-rdwwm,- Anthropomorphic Landscape.-1600.-wonderfuloilpainting. com

«Ahora veo que surge de las sombras una figura que se va agigantando conforme avanza. Debe emerger de algún foso del mar porque escucho al fondo y tenuemente, densas aguas que descienden mientras la figura se yergue. Es una roca, un macizo enorme, seco, verde-azulado. Podría ser de granito mezclado con sustancias líquidas que, al ir creciendo, se transforman en gaseosas. Su consolidación es lenta y progresiva, y viento y mar suenan en él rozándole, rayando y devorando esta imponente roca que adquiere un cuerpo multiforme. Sólo veo su mitad superior. Distingo su tronco y especialmente su cabeza. La oscuridad se aleja de repente y una extraña luz ilumina esta masa de roca que poco a poco cobra rasgos de hombre. La materia inerte se convierte en materia viviente. A la gran roca le ha brotado un torreón como nariz; dos casas de techos inclinados, semejan sus párpados semicerrados; un puente se curva como en rictus de labios; y el pelo es un bosque enmarañado entre piedras de cráneo. En el centro del bosque y en la altura, en el techo de esta roca-humana, parece adivinarse un convento colgado del granito, o quizás una singular ermita diminuta, entretejida por cabellos de árboles.

Miré toda aquella faz que estaba frente a mí, y recordé que hacía años, había sentido otra voz en sueños, que me había dicho: «Pasará el tiempo, y tendrás a un hombre frente a ti, que te interrogará, y tú no podrás impedir contestarle.»

J.J. Perlado: «Contramuerte»

(Imagen: Joss De Momper.-Anthropomorphic Landscape.-1600.-colección R. Lebel.-París)

HISAE IZUMI

paisajes.-998.-monte Fuji.-Japón.-1880.-por Kimbey Kusakabe

«Después de muchos años de dudas no se ha llegado a confirmar la fecha exacta del nacimiento de Hisae Izumi, una dama japonesa nacida en la pequeña ciudad de Ayabe, cerca de Kyoto, en los inicios del siglo Xll. Célebre profesora y educadora, mujer enormemente versátil, musa de escritores y artistas durante mucho tiempo, gran viajera y autora a su vez de varios libros hoy muy reconocidos, estuvo dotada desde el principio de su vida con una prodigiosa imaginación y una despierta inteligencia que, unidas a los rasgos de su belleza que se haría legendaria, le confirieron una poderosa personalidad.

Ya desde su juventud destacó por su poder de crear, algo que le acompañaría toda su vida, y todos los Anales cuentan de ella la asombrosa organización casi teatral con la que lograba atraer y fascinar a sus oyentes en cuanto desplegaba sus historias.

Solía contar, por ejemplo, por las noches muchísimas historias del pasado en aquella humilde casa de Ayabe, rodeada de amigos y vecinos.

paisajes.-uuyn.-Japón.-cascada.-Shunkyo Yamamoto 1871- 1933

El pasado se erguía cada noche en la habitación de Hisae Izumi adornada de telas transparentes y a través de las telas y delante de los que escuchaban sentados en el suelo asomaba de pronto hacia las doce el majestuoso aspecto del emperador Tenmu vestido con su coraza de hierro, los gruesos brazos tatuados y sosteniendo en las manos el luminoso globo de la astronomía. El emperador Tenmu, lejano antecesor de los padres de Hisae, había sido el hombre más versado en astronomía de toda Asia y se decía que los caminos de las estrellas y las sendas de las galaxias eran para él tan conocidos como los de su propia casa: atravesaba los cielos infinitos con una mirada lenta y andaba con sus ojos muy despacio sobre el suelo de las constelaciones. Eso lo solía hacer el emperador Tenmu en la medianoche, cuando el universo estaba encendido, y después de dar ese paseo espaciado, como vigilando a qué fuerza brillaban las estrellas de la constelación del Cisne, escuchaba los silbidos de la Vía Láctea como una fuga de vapor. Aquel silbido alargado y quejumbroso penetraba hasta los oídos de Hisae, de pie ante el auditorio, sosteniendo en alto las cortinas de la habitación hasta que Tenmu desaparecía. Porque el emperador Tenmu se hacía en aquellos momentos invisible. El arte de hacerse invisible lo dominaba Tenmu de tal forma que Hisae, muchas noches, al contar su leyenda, apartaba de un golpe las telas y cortinas y preguntaba a quienes seguían escuchando su relato: «¿Acabáis de ver a Tenmu? No, no lo habéis podido ver porque Tenmu no existe. La coraza que habéis creído ver no existe, tampoco sus brazos tatuados, tampoco el globo de la astronomía. No existe Tenmu. Sólo existen mis palabras. Mis palabras son las que le han sostenido. Si no existieran mis palabras, el emperador Tenmu no se os hubiera aparecido en la imaginación. La imaginación, a los que habéis escuchado mis palabras, os ha hecho creer que veíais a Tenmu detrás de esas cortinas. Pero ahora yo no dejaré de hablar. En cuanto yo deje de hablar Tenmu desaparecerá por completo. Ya. Ya ha desaparecido.» E Hisae dejaba caer las telas y ante el círculo de los oyentes su silencio disolvía todo lo que ellos habían pensado; ya no sabían quién era el emperador Tenmu, no habían oído nada sobre él, nada habían visto, ni siquiera aquel cielo estrellado que ahora se contemplaba al otro lado de las telas parecía un inmenso mundo astronómico fulgurante y parpadeante. Pero Hisae proseguía: «¿Es que hay algo en el espacio?«, y sostenía con su mano las cortinas descorridas. «¿Está dando su paseo Tenmu como todas las noches sobre las estrellas? No. Él no está paseando. No puede pasear. No existe Tenmu. Lo están diciendo mis palabras. Creedme. Mis palabras sí son visibles. Es Tenmu el invisible. Son mis palabras las que poseen la fuerza.»

japón.-44tty.-Shunkyo Yamamoto.- artelino. com

Y entonces Hisae dejaba caer las cortinas y se sentaba en el suelo en medio del círculo de los oyentes y retaba a los demás a que escribieran todas aquellas cosas que ella acababa de decir. «Veréis como no es posible – les decía -. Escribir lo que ahora os cuento es muy difícil. Escribir en sí es muy difícil. Las palabras se las lleva el viento y hay que ir hasta el viendo del noroeste que sopla en invierno sobre las costas del mar interior para detener a las palabras que se van, y traerlas y fijarlas en el papel. Todo lo que no se fija sobre el papel con los signos de la escritura sólo lo oímos por los oídos y los oídos después ya no escuchan nada, los oídos descansan cada noche en la almohada y de los oídos que duermen van saliendo poco a poco los hilos de las palabras recibidas durante el día y ellos salen de nuevo vaciando la cabeza para que la cabeza pueda llenarse al día siguiente. Las palabras que no fueron escritas se las lleva el viento y el viento las lleva hasta las dunas de Tottori. ¿Conocéis vosotros las dunas de Tottori ante la bruma de las islas? Sí, sí las conocéis. Están ante el mar de Japón, mirando a la isla de Dögo. Esas dunas están hechas con palabras. Son kilómetros de palabras, arenilla sedosa y ondulada de todas las palabras que se pierden y que nunca fueron registradas, todas esas palabras que no fueron escritas, como las mías ahora si no las escribís. Estas palabras mías que yo pronuncio están yendo ya hacia las dunas de Tottori. Allí se convertirán muy pronto en arena. Allí el mar las disolverá.»

José Julio Perlado: (del libro «Una dama japonesa») (relato inédito)

japón.-ervbb.-Shunkyo Yamamoto.-aac.pref.aichi

(Imágenes:- 1.-monte Fuji.-1880.-Kimbey Kusakabe/2 3 y 4.--Shunkyo Yamamoto.-artelino. com)

EL ENTREVISTADOR ENTREVISTADO

escritores.-3eed.-Sara Facio.-Julio Cortázar en París.-1968

Nuevamente Televisión Española ha tenido la deferencia de invitarme a hablar sobre distintas entrevistas que he realizado a lo largo de mi vida. Esta vez el entrevistador ha sido entrevistado y agradezco al programa «La aventura del saber» y a su Director, Salvador Gómez Valdés,  las atenciones que han tenido conmigo.

Siempre es un placer hablar de periodismo.

cine.-eedcv.-Fellini rodando Giulietta de los espíritus.-1965

(Imágenes:- 1.-Julio Cortázar, en París, 1968/ 2.- Federico Fellini rodando «Giulietta de los espíritus», en 1965)

LA CREACIÓN Y EL SUEÑO

sueños.-98nn.-el hombre dormido.-por Berhnal Greeen.-Victoria Park Gardens

«Todos nosotros somos creadores durante el sueño, y en el fondo, lo mismo que el misterio del sueño, la creación es muchísimas veces vaticinadora, es decir, anticipatoria, reveladora – me decía Rof Carballo en Madrid, en 1977 -. La creación, para mí, es realmente algo que no lo agota el psicoanálisis, ni mucho menos ese mundo vasto e inmenso que es el sueño. La creación es una de las fuerzas curativas más importantes del hombre: es decir, que no se consigue la salud tan sólo por el equilibrio del interior, sino por el despliegue en amplio horizonte de lo superior y la labor creadora ( bien sea en el sueño, o sea en la real actividad de creación). Para mí, el libro creador se ve inmediatamente, puesto que le agarra a uno gracias a la sorpresa; cuando uno encuentra un estilo que le sorprende, unas ideas o una manera de pensar que le asombran, entonces uno se halla ante un creador: uno se siente tan renovado como después de una ducha, o de un baño durante el verano en el océano.»

J.J. Perlado («Diálogos con la cultura».-págs 119-120)

sueños.-3dee.-Yoshitaka Amano

«Recuerdo un pasaje de Allisondecía Borges – en el cual él dice que cuando soñamos, somos, a la vez, el teatro, los actores, la pieza y el autor; somos todos a un tiempo. (…) Ahora, si el hecho de soñar fuera una suerte de creación dramática, resultaría que el sueño es el más antiguo de los géneros literarios; y aun anterior a la humanidad porque – como recuerda un poeta latino – los animales sueñan también. Y vendría a ser un hecho de índole dramática; como una pieza en la cual uno es autor, es actor, es el edificio también – es el teatro -. Es decir que, de noche, todos somos dramaturgos de algún modo.»

(Imágenes:- 1.-El hombre dormido.-Berhnal green.-victoria park garden/ 2.- Yoshitaka Amano)

PARÍS, 1968

Televisión Española,  a través de su programa «La aventura del saber» ha tenido la deferencia de entrevistarme hace pocos día y éste es el resultado de la grata conversación que mantuvimos:

vida cotidiana.-4fyyu-París 1968.-Estudiante gráfico.-Montpellier.-mayo 1968

Agradezco a Televisión Española y al director del programa, Salvador Gómez Valdés, su interés y cordialidad durante este coloquio.

(Imagen .- uno de los grafitis que aparecieron en calles en mayo de 1968.- Montpellier)

ELOGIO DEL ASOMBRO Y LA ADMIRACIÓN

paisajes.-tynm.-Justyna Kopania

«Los griegos querían ser un pueblo de filósofos, y no de tecnócratas, es decir, eternos niños, que veían en el asombro la condición más elevada de la existencia humana. Solamente así puede explicarse el hecho significativo de que los griegos no hicieran uso práctico de innumerables hallazgos», decía Stylianos Harkianakis.

paisajes.-5bbfb.-Emil Nolde.- Lago de Lucerna.-1930

«La perplejidad – señalaba Sócrates – es el estado anímico propio del filósofo…Ese estado de perplejidad es la fuente del preguntar filosófico. El estado de perplejidad y de asombro está frecuentemente relacionado con el reconocimiento de la propia ignorancia, una condición necesaria para que se de el filosofar»

paisajes--,.8juuj.-David Baker

«La filosofía y que no es una ciencia práctica – afirmaba Aristóteles en su «Metafísica» – lo prueba el ejemplo de los primeros que han filosofado. Lo que en un principio movió a los hombres a hacer las primeras indagaciones filosóficas, fue, como lo es hoy, la admiración. Entre los objetos que admiraban y de que no podían darse razón, se aplicaron primero a los que estaban a su alcance; después, avanzando paso a paso, quisieron explicar los más grandes fenómenos; por ejemplo, las diversas fases de la luna, el curso del sol y de los astros, y, por último, la formación del universo. Ir en busca de una explicación y admirarse, es reconocer que se ignora.»

paisajes.-recvv.-Isaac Levitan.-1894

«Es en el asombrodecía también Aristóteles en  la «Retórica» – donde reside el deseo de aprender.»

paisajes.-7hbbn.-Oscar Berninghaus.-1916

«¿Por qué se pierde el asombro, cómo se pierde? – escribí hace ya tiempo -. Los inventos que nos ofrecen en bandeja las televisiones ya no nos producen estupor sino avidez de tomarlos prontamente y consumirlos. Hay una costumbre, un hábito rumiante de consumir masticando lo nuevo, a veces triturando lo último, a veces sin siquiera atragantarse, tan voraces somos. Se consume y se consume, se circula y se circula, se recorre el mundo con sólo oprimir el teclado, únicamente moviendo el volante. ¿Y el silencio, la sorpresa, la quietud? Parecen haber desaparecido. (…) Ahí está la atención.la comprensión, la compasión, el aprender a ver al otro lado y dentro de los demás, el aprender a ver dentro de uno mismo. Para eso está el asombro. El asombro es poner de rodillas a la inteligencia ante la naturaleza.» (J. J. Perlado: «El artículo literario y periodístico»)

(Imágenes.- 1.-Justyna Kopania/ 2.-Emil Nolde.-Lago de Lucerna.-1930/ 3,.David Baker/ 4.-Isaac Levitán.-1894/ 5.-Oscar Bernighaus.-1916)

UNA RUEDA DE PRENSA

figuras.-hbgll.- Lucio Fontana.-1959.-Concepto espacial

(Hay ruedas de prensa que tenemos que seguir casi todos los días y ruedas de prensa en cambio que aparecen de pronto como invención de la realidad – ( es el subtítulo de MI SIGLO) -, fruto de la creación literaria, tal como sucede en estas páginas de mi última novela «Mi abuelo, el Premio Nobel», tras el momento en que a Dante Darnius – el escritor que todo lo lleva en la cabeza y que nunca ha podido escribir nada en el papel – le conceden el Nobel de Literatura) :

» Como le han dado el Premio Nobel a Dante – se lee en la novela – nos convocan a una rueda de prensa.

–¡A ver! ¡Colóquense ustedes lo más juntos que puedan, lo más apretados que puedan! ¡Los más altos pónganse detrás, por favor! ¡Y al niño delante! ¡Pongan al niño delante!

La foto familiar nos la hacemos los Darnius por fin en el jardín, sobre la tierra del jardín, sobre los bordes de la fuente que aguanta nuestro peso.

Han sido tan reiterativos los periodistas y los fotógrafos queriendo reunir a los Darnius, que aunque no estemos todos, sí ocupamos toda la plataforma de la fuente.

–¡O se acercan ustedes un poco más –nos gritan los fotógrafos desde los extremos, cada uno inclinado detrás de su objetivo–, o no salen todos en la foto!

«¡Es que nos vamos a caer al agua, es que estamos tan apretados ya que nos podemos caer al estanque, es que no nos podemos juntar más!», decimos a coro.

No nos entienden.

O quizá no quieren entendernos.

Se han apostado fotógrafos a nuestra derecha, al frente, a nuestra izquierda. Nos quieren a todos los Darnius tan apretados, en pie y tan juntos, que vamos a parecer pingüinos.

–¡No se muevan ahora, que así están bien! –nos grita el fotógrafo que está enfrente– ¡A ver, a ver! ¡No se muevan! ¡Miren al cielo! ¡Al pajarito!

Miramos todos los Darnius al cielo, inmóviles bajo el sol. No vemos el pajarito. No pasa el pajarito. ¿Dónde está el pajarito?

–Yo no veo al pajarito, Amenuhka –le digo a mi hermana que posa a mi lado.

–¡No hagas caso! ¡Esa es una frase que siempre dicen los fotógrafos! ¡Tú no hagas caso! –me dice mirando al sol, sin moverse.

Pero de repente, otro fotógrafo a la izquierda nos habla de que también tiene él otro pajarito, de que le miremos fijamente porque encima del estanque ante el que nos quiere retratar, hay otro pajarito.

–¡Miren al pajarito, por favor, miren al pajarito!

–¿Tú crees que ahí sí hay pajarito? –le pregunto a mi hermana mirando al objetivo.

–¡Ya te he dicho que eso es cosa de los fotógrafos! –me replica Amenuhka–. Tú sonríe y no te muevas.

No, tampoco hay pajarito sobre el estanque. Como no lo hay sobre la casa, ni sobre el agua, a pesar de que otro fotógrafo se inclina también detrás de su aparato y levanta su mano en el aire para entretenernos, haciendo con los dedos la forma de un pajarito.

–¡Ya está! ¡Quietos, por favor! ¡Un segundo más! ¡Un momentito más, que vamos a repetirla!

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Yo no sé qué interés podemos tener los Darnius para todos esos fotógrafos, no me lo explico, pero la verdad es que han venido de todas partes para inmortalizar a mi abuelo y parecen empeñados en que quedemos para la posteridad.

–¡A ver, ahora vuélvanse un poco hacia la derecha, que vamos a coger al grupo de perfil!

Casi no nos podemos mover pero intentamos mirar todos hacia la derecha, hacia los árboles, poniéndonos de perfil y dejando que nos tueste el sol.

–¿Tú crees que aún les falta mucho para acabar? –le susurra mi tío Byron al abuelo Dante, molesto por tanto asedio.

Mi abuelo, al que han sentado en el centro del grupo –en el centro del estanque– y que ocupa un gran sillón de mimbre, un sillón amarillo que van cambiando de lugar según cambia la orientación del sol, procura calmar los ánimos.

–Hay que tener paciencia con la prensa. Están haciendo su trabajo.

Cuando terminan con la sesión de fotos, los reporteros vienen hacia nosotros. Cruzan el aire azul para entrevistar­nos.

–Hay que nombrar un portavoz de la familia para la rueda de prensa –dice apresurada mi madre–. No vamos a hablar todos los Darnius a la vez porque no vamos a entendernos. Tampoco va a hablar sólo Dante. A ver, tú, Byron, que tienes buena voz, ¿por qué no nos representas y contestas a la prensa?

Mi tío Byron posee un vozarrón muy potente, su garganta parece una cueva resonante. Yo creo que es una cueva resonante.

–Estoy a su disposición –les truena a los periodistas situados en semicírculo, preparados ya con sus cuadernos, lápices, teléfonos móviles, cámaras, vídeos y grabadoras–. Contestaré a todas sus preguntas.

Los periodistas están inquietos y parecen querer una exclusiva.

–¿Qué es para usted lo maravilloso, señor Byron? –se atreve a interrogar el primero.

–¿De dónde es usted? –le pregunta a su vez un poco retador mi tío.

–Del The Wall Street Journal –contesta nervioso el reportero.

Y mi tío Byron Darnius entonces le explica muy bien con su gran vozarrón, desde la cueva de su profunda garganta, qué es para él –y para todos nosotros, puesto que él nos está representando– lo maravilloso.

–Señor del The Wall Street Journal –le dice–. Lo maravilloso es muy sencillo. Lo maravilloso es vivir, nacer, no caerse en el espacio, reír, soltar una carcajada instantánea, llorar de repente, emocionarse, divertir a los demás, levantar a un niño en el aire, ver que amanece todos los días.

figuras.-5jbv.-Yves Klein.-hoja de oro en el panel.-1961

Los periodistas siguen nerviosos: apuntan, graban, piensan. Está claro que quieren una exclusiva.

–Represento al Times, señor Byron –levanta su mano un espigado pelirrojo–. ¿Puede decirme qué es para usted –o para ustedes, los Darnius– lo fantástico?

De la garganta de mi tío Byron empieza a salir en caracolas la piel de la naranja de la definición de lo fantástico. Da unas vueltas en el aire la corteza de la definición y va cayendo poco a poco, sin romperse, sobre la rueda de prensa.

–Lo fantástico es la alegría, son los regalos, es dominar el dolor, es la amistad, el primer beso, una conversación entrañable, es perdonar y ser perdonados, es el fuego en los troncos en una noche de invierno, es la mirada de un hijo.

Otra mano se levanta entre la nube de periodistas:

–De La Stampa, señor Byron –dice una voz pizpireta y femenina–. ¿Qué es para usted lo mágico?

–Lo mágico es la vida misma –dice mi tío–. Llegar a fin de mes, seguir enamorados, inventar distracciones, ir contra corriente, no aburrirse, descubrir colores en la tarde, crear ilusión, provocar la risa en una mujer, mirar de vez en cuando el cielo, cerrar los ojos escuchando música.

Otro periodista, al que las gafas le cabalgan sobre la nariz, levanta ahora la mano:

–¡Del International Herald Tribune, por favor!

–¡Adelante!

–¿Cuál es la mayor cualidad que debe tener el hombre?

Byron no lo duda:

–La paciencia –contesta rápido.

–¿Y qué es la paciencia? –insiste el reportero de los lentes apuntando la respuesta en su cuadernito.

Entonces mi tío Byron da unos pasos respetuosos hacia el sillón donde está sentado Dante y hace girar a mi abuelo con lentitud. Mi abuelo es la imagen viva de la paciencia. Viste hoy, para la rueda de prensa, un traje de tonos tostados, de los que llevan los abuelos famosos, toques ocres, pliegues del paso de los años– y unos botines pardos que resaltan más su pelo blanco. Viste hoy mi abuelo una chaqueta de color otoño que hace juego con los botines pardos, que a su vez hacen juego con los brazos amarillentos del sillón de mimbre donde se sienta, un mimbre que hace juego con las ondas del pelo de mi madre, con el broche de oro en su gargantilla otoñal, gargantilla que sujeta los pliegues de los años, estrías de años surcando arrugas color café, café que hace juego con el color de las nubes que amenazan tormenta.

–Aquí tienen a la paciencia hecha hombre –le dice Byron al periodista con su gran vozarrón– o lo que es lo mismo, aquí tienen a un escritor convertido en paciencia.

Hace girar un poco más el sillón de mi abuelo y al mimbre del sillón, conforme da las vueltas, se le van poco a poco pegando las nubes, las hojas del sol tostadas en el pelo, los botines y la chaqueta de tonos ocres. Mi abuelo se deja llevar con una sonrisa amable mientras gira en torno a los colores del día.

figuras.-i8i8.-Claus Stolz.-Sonne 68.U .-2003- .photonetgalerie

–¿Y la peor cualidad del hombre? –vuelve a preguntar el periodista.

–A veces, la lengua –contesta inmediatamente Byron Darnius.

Y en un instante hace una demostración del poderío de la lengua. Abre su boca mi tío Byron y hace salir la salamandra de su lengua transformada en un músculo ondulante que se estira en el aire y se arrastra por la atmósfera. Yo nunca he visto tan de cerca el cuerpo de la lengua de mi tío Byron, que es un cuerpo de lengua normal y que vive, como todas las lenguas del mundo, encerrada entre las piedras de los dientes y las rocas de las muelas. Da la impresión de ser inofensiva. Pero de pronto Byron ha debido de hacer un movimiento de ira –un movimiento provocado, un resorte para hacer saltar una chispa– y en la punta de la lengua de mi tío aparecen miles de ojos fosforescentes y enrojecidos, inyectados en rubíes de sangre, y esa extremidad se convierte en un reptil de manchas verdes, quizá un lagarto, no lo sé, sí, parece un ágil y escurridizo lagarto que se está transformando ahora en culebra amarilla, quizá en áspid, no lo sé, sí, ahora ya lo veo bien, ya está fuera de la boca de Byron, es un áspid de manchas pardas y cuello dilatable que hace retroceder a los periodistas.

La voz potente de Byron Darnius hace bailar al áspid en el aire, le hace erguirse y doblarse al golpe de fusta de sus palabras, restallan los insultos, golpean las interjecciones, y el áspid, flameando fuego, avanza hacia los periodistas y les hace otra vez retroceder.

–Ésta es la lengua de la calumnia –dice el áspid alargando su flecha de veneno e intentando tocar el rostro de los reporteros–. Ésta es la lengua de la maledicencia.

¿Pero quién habla? ¿Quién está hablando?

¿Está hablando realmente este animal? ¿Es que acaso un reptil puede hablar?

¿Está hablando de verdad mi tío Byron?

Luego –como una cinta–, plegándose y ondulándose, la lengua de Byron Darnius vuelve a entrar en la boca de mi tío y queda calmada.

figuras.-3nhy.-Shaw Dulaney.-2011

–¿Y la soledad, señor Byron? ¿Qué puede decirnos de la soledad?

Se les ve asustados a los periodistas. Están asustados por el ataque de la lengua, pero necesitan seguir haciendo su trabajo. Yo comprendo que tienen que seguir haciendo su trabajo.

–La soledad es no poder compartir –contesta Byron–. La soledad es no poder cambiar miradas en una habitación. La soledad cae en capas sobre el oxígeno de un cuarto, oprime en planchas vacías, es fría, gélida, interminable. En la soledad no se acaban las horas. La soledad no tiene eco. La soledad está llena de sonidos imperceptibles. La soledad es darse cuenta de que tenemos soledad y no saber qué hacer con ella.

Entonces, desde la última fila de los reporteros se levanta una mano juvenil intentando llamar la atención.

–Señor Byron, cambiando de tema: si usted volviera a nacer y le dieran a elegir, ¿qué escogería? ¿Ser planta, animal o mineral?

–Planta.

–¿Qué planta?

–Nenúfar rojo –dice mi tío Byron.

–Y ahora que ya es usted nenúfar rojo, si pudiera volver a escoger, ¿qué elegiría ser?

–Animal.

–¿Qué animal?

–El armiño –contesta mi tío Byron.

–Y ahora, siendo ya usted armiño, si pudiera volver a escoger, ¿en qué querría convertirse?

–En hombre.

–¿En qué clase de hombre?

–En Byron Darnius–responde mi tío Byron Darnius.

Parece que fuera a haber una tregua en la rueda de prensa, pero no es así, la voz juvenil vuelve a insistir desde la última fila. Es una voz reiterativa. ¿Por qué quiere hacerse la inteligente? ¿Qué intenta conseguir con eso? ¿Quiere demostrar que es la más original?

–Dígame un color, señor Byron –pregunta el periodista.

–El ámbar turquesa –contesta mi tío.

–Un instrumento musical.

–La cítara –responde Byron.

–Un libro.

–El libro de Job –dice Byron.

figuras.-55gioi.-Amy Sia

Parece una partida de tenis. Todos los Darnius vamos moviendo de un lado a otro el cuello para seguir en el aire las preguntas y respuestas. Van y vienen. Yo me mareo. Mi abuelo se marea. Amuhka creo que también se está mareando.

–¿Tú te mareas, Amuhka? –le pregunto a mi hermana.

–Sí, sí me mareo.

–¿Y tú, abuelo? ¿También te mareas?

–Sí, también me mareo –me dice Dante–. Pero las ruedas de prensa son así. Ellos están haciendo su trabajo.

Siguen haciendo su trabajo. Byron lo contesta todo sin mover un músculo. Devuelve cada golpe. Sin embargo, cuando llegan a determinada pregunta mi tío les cambia el ritmo.

–¿Qué es el tiempo, señor Byron?

–No lo sé. Yo puedo responderle qué es la edad.

–¿Y qué es la edad, señor Byron?

–Eso tampoco lo sé. Yo puedo contestarle sobre la vejez.

–¿Y qué es la vejez, señor Byron?

–No, eso sí que no lo sé. Yo le puedo hablar de lo que son las arrugas.

–¿Y qué son las arrugas?

Entonces mi tío Byron les explica muy bien las arrugas tal y como yo se las he oído contar muchas veces en casa, hablando con mi abuelo después de cenar. Les va contando la historia de las arrugas en el borde del lago de los ojos y la historia de los frunces en las comisuras de la boca y las rayas en la llanura de la frente y en el peñasco del mentón.

–Esas son las arrugas que forman parte de la vejez –les dice mi tío a los periodistas–. De la vejez que forma parte de la edad. De la edad que forma parte del tiempo.

Y todos los reporteros lo apuntan.

figuras.-9hxx.-Mark Rothko.-1961

Después mi tío Byron les explica también muy bien –como tantas veces yo le he oído contar, hablando con mi hermana Amuhka en el porche al aire libre, por las noches, después de cenar– la historia de las bolsas bajo los ojos.

–Las bolsas bajo los ojos –dice mi tío Byron– son hermanas de las arrugas. Las bolsas bajo los ojos son bolsas de aire invisible, globos de agua, hinchazones y depresiones de la piel que van avanzando por la cara durante el sueño y que suben por las mejillas y establecen su campamento antes de despertar.

Los periodistas lo anotan todo febrilmente. No se pierden ni una palabra.

Entonces mi tío Byron les cuenta a los reporteros lo que ya sabemos todos los Darnius por las tertulias que solemos tener la familia para hablar de estas cosas: que el sol amarillo en el cielo es un enorme platillo de batería de jazz, y que en verano, a la hora del mediodía, cuando las gentes están más descuidadas en las playas o en el campo, unos palillos que se desprenden de las nubes, unos palillos que los hombres no pueden distinguir, golpean rítmicamente en el platillo del sol, y esa cadencia, ese pulso, va dejando caer un fino polvillo en lluvia de luz, lluvia de luz que se posa en los rostros hasta solidificarse e ir formando arrugas.

–¿O sea que así se forman las arrugas? –pregunta la periodista pizpireta.

–Exacto, señorita. Así se forman.

–¿Y las pecas de la piel?

–¡Ah, eso es otra cosa, señorita! Las pecas de la piel –le explica Byron Darnius– son diminutas avecillas que pululan por el aire. Nacen también del sol, pero con una capacidad de volar que ningún hombre puede conocer. Están volando y volando durante miles de años, antes de que nazca el hombre, y vuelan sin necesidad de alimento ni de descanso. Son infinitas espumas de sombra gaseosa, con una cabeza y unas alas minúsculas, del tamaño del átomo. ¿Usted conoce el átomo, señorita?

–No, no lo conozco.

–Pues debería conocerlo porque es algo inusitado e increíble. Entonces, como le decía, las alas minúsculas de esas infinitas avecillas procedentes del sol vuelan y vuelan cargadas de sombra, una sombra más pequeña que el átomo. Y esa sombra la depositan al posarse, la depositan sobre todo en la piel de las manos de las personas mayores.

–Y se forman las pecas.

–Exactamente, señorita –confirma mi tío Byron–. Se forman las pecas. Más que pecas, son manchas de las aves, aves de sol, como le digo. ¿Tiene usted pecas, señorita?

–Sí –dice la periodista–. Sobre todo en la espalda.

–Porque la habrá picado en la playa la sombra de esas aves, señorita. Por eso tiene usted pecas. Pero serán seguramente pecas jóvenes, de avecillas jóvenes. Son una especie muy distinta a la de las avecillas mayores, que llevan manchas en las alas y han salido del sol hace millones de años, a la velocidad de la luz, y que queman al posarse. Usted no lo notará, pero queman al posarse.

–¿Y esas pecas me las puedo quitar? –dice la periodista–. ¿Usted cree que embellecen o que afean?

–Pues mire usted, señorita, yo en una rueda de prensa internacional como es ésta, no le puedo contestar directamente. Es un asunto privado. Lo que sí puedo decirle es que si la avecilla de sol que le ha picado era bella, usted quedará embellecida, y si la avecilla de sol era fea, su mancha le afeará.

–¿Y eso cómo puedo saberlo?

–Ya le digo que en una rueda de prensa de estas características no puedo contestarle con exactitud. Hay un aparato ahora que parece muy eficaz, y que va matando en el aire a la avecilla fea que sale del sol y respeta, en cambio, a la avecilla de sol que es hermosa y que cruza la atmósfera. Es como una escopeta de aire comprimido que lleva un radar para detectar la estética y apartar la fealdad.

–¿Dónde puedo comprarla?

–Le estoy diciendo, señorita –repite ya un poco molesto Byron Darnius– que en una rueda de prensa como ésta me es imposible responderle a cuestiones privadas que están desviando la atención general.

figuras.-5ttt.-Rod Jones

Se le nota un poco molesto a mi tío Byron. Sí, yo le noto bastante molesto.

–¿Alguna pregunta más? –dice mi tío mirando a todos, intentando concluir.

Se levanta una mano al fondo.

–Señor Byron.

–Dígame.

–¿Qué pregunta que no le hayamos hecho le gustaría que le hiciéramos?

–Ésta –dice mi tío Byron secamente, con su enorme vozarrón.

Y se les queda mirando.

Hay un silencio. Sólo se oye meter los lápices en los bolsillos, cerrar los cuadernos, guardar las cámaras en las fundas, recoger los teléfonos móviles.

Los periodistas se van.

Por la noche, cuando estamos reunidos todos los Darnius, mi abuelo felicita a mi tío por su intervención.

–Has estado muy bien, Byron. Un poco seco al final, pero en general, muy bien. Te vamos a nombrar portavoz.

Byron Darnius está agotado. Los encuentros con la prensa siempre le han dejado agotado.

–Estoy agotado –murmura tumbado sobre la piel del jardín, mirando al cielo, a la noche estrellada.

Se va quedando poco a poco dormido.

Yo me tumbo junto a él. Le cojo de la mano.

Miro cómo pasa la noche por el cielo. Y luego escucho el mar».

José Julio Perlado: «Mi abuelo, el Premio Nobel».-Editorial Funambulista.-2011

figuras.-69iii.-Graham Mileson

(Imágenes:- 1.-Lucio Fontana/ 2.-Jack Hardwicke/3.-Yves Klein,-1961/4.- Claus Stolz/5.-Shaw Dulaney.-2011/6.-Amy Sia/7-Mark Rothko/8.-Rod Jones/9.-Graham Mileson)

RAMÓN DEL ALMA MÍA

escritores.-tbyh.-Ramón Gomez de la Serna.-por Enrique Stoura.-1949

El 12 de enero se cumplieron 50 años de la muerte de RAMÓN. Sobre él he escrito varias veces en Mi Siglo. Desde la cercanía o lejanía del tiempo vuelven a visitarnos ciertas célebres necrológicas que el periodismo español resaltó en su día y a las que me he referido en alguno de mis libros:

«La muerte o la vida ‑y estas vicisitudes y costumbres tan banales de la existencia‑ (Ruano dedicó su último artículo a la costumbre de vivir) han servido muchas veces de motivo para los articulistas. En el caso de Ruano las muertes más queridas ‑más cercanas literariamente‑ le han hecho escribir magistrales necrológicas, no simples obituarios como leemos hoy en los periódicos. Un volumen entero recoge esos textos suyos desde 1925 a 1965. Desde los aparecidos en La Nación hasta los de ABC, en donde el último de ellos glosa el séptimo aniversario del fallecimiento de Víctor de la Serna. Se sabe que el obituario es pieza periodística que intenta recoger la selección de hechos de una vida acabada mientras que otra pieza periodística, como es el perfil, procura reunir otra selección de hechos ‑y de palabras‑ de una vida aún en curso. Ambos intentos son difíciles de realizar bien porque en los dos hay un propósito de fijar lo más esencial de proyectos abiertos o de existencias cerradas. González Ruano no hace eso. A la muerte de los amigos en las letras o en la vida les regala la corona de la necrológica perfecta, cuidada, los acuna para la eternidad con el poderío de unos párrafos certeros y bellísimos.

escritores.-7gtbn.-Ramón Gómez de la Serna.-seronoser. free.fr

Así hace al día siguiente de morir Ramón Gómez de la Serna, publicando este texto en ABC el 15 de enero de 1963.

Ramón del alma mía

                            «Presumo que no vamos a acertar nadie al querer hacer una necrología de Ramón Gómez de la Serna. Es como esas caras de rasgos tan acusados, de personalidad tan fuerte, que pareciendo tan fáciles de pintar le hacen temblar y sudar al gran retratista que sabe lo que quiere. Por otra parte le he conocido tanto, he escrito tanto de él, que no está claro por dónde empezar, sobre todo empezar por el fin, por ese “se llamaba” que pone no sólo la carne de gallina y los pelos de punta, sino la gallina de carne y la punta de pelos.

                             Ramón es un caso sin precedentes en nuestra literatura. Por de pronto, de eso de humor, aunque parezcan gordas afirmaciones así, ni hablar. A no ser que refiramos al humor de Quevedo o al de Kafka que, en muchos aspectos, me parece un hijo natural de Ramón, aunque no lo supiera. A no ser que nos refiramos a un humor ni negro ni amarillo, sino morado; a un humor patético en el que todos sus afiliados y escalofriantes aciertos salen como de un fondo gordo de agua gorda. Ramón era como un botijo del que pudieran sacarse las mejores porcelanas de Sèvres. Tenía mucho de castizo agresivo, que convertía en orquídeas los geranios cortados con cuchillo de pescadero. Acertaba el blanco a pedradas y había en él, mucho antes de irse a América, una imagen física precolombina, de esos cuacos cuya sonrisa ancha y antigua va de oreja a oreja, de lo egipcio a lo americano, pasando por una Atlántida poblada por cocheros de Madrid, por vendedoras de nardos y por mujeres a las que han sacado a bailar de la tumba y que en el momento fundamental suspiran en la oreja de su conquistador: “Me estás viendo, nene”

                             (…)

                             Ramón, concretamente, sin discusión posible, es el escritor de Madrid. No basta para ser escritor de Madrid escribir sobre Madrid. Nadie lo ha sentido como él, con una fortuna más universal, con tozudez poética, con fecundidad torrencial. Es como si Lope y Quevedo hubieran tenido un hijo desgarrado, garrado, agarrado a las verjas del Retiro, por donde ve pasearse no sólo a Larra, sino a los grandes franceses, a toda esa aristocracia de condestables mendigos, de ángeles ahorcados. Un Retiro por el que cruzan toreros y Landrús, señoritas de cera, aguadores y máscaras de un Carnaval con sangre en los percales, con escobas encendidas, con bigotes postizos de ¡al fin todos Velázquez!

                             De todos los escritores contemporáneos, Ramón, que no deja un solo discípulo, es el que más nos ha influido a todos con la verdadera influencia que nada tiene que ver con la imitación. Su influencia yo la llamaría afluencia. Ramón nos enseñó, a la luz de una cerilla, todo lo que llevábamos en los bolsillos sin saber por qué nos abultaba la americana.

                             (…)

                             Muy al final, Ramón se fue volviendo todo blanco. En sus últimos retratos no le hubiéramos reconocido. Pero su estrago físico era como una conquista. Así debió de ser siempre: espectral, podrido, despegado de aquella lozana gordura de picador que era una contradicción, una broma estúpida de la Naturaleza. Pocas almas había tan delgadas, tan atrozmente blancas. Hay que ser muy irreal para coger todos los días a la realidad por los pelos y quedarse con ese pelo que sale del corazón y que el peluquero cree que puede amansar con quina y cosmético.

                             (…)

                             Decir que Madrid pierde a su gran cantor sería una tontería. Él hizo más que coser y cantar. Él descubrió jugar al fútbol con las calaveras, que es sistema perfecto de honrar a las calaveras. Y muy español, por cierto. Él encendió los faroles de Madrid a pedradas. Es también sistema perfecto. Él escribió tan bien que escribía mal. Eso, posiblemente, es el estilo.

                             Se larga sin ser académico, sin haber recibido en toda su vida honores de importancia.

                             No importa para quién es importante. Y él sabía que era muy importante y que se podía reír de los peces de colores porque no comía peces. De pocos se puede decir lo mismo. Pocos pueden llorar a carcajadas. Pocos pueden estar, después de muertos, sentaditos al balcón viendo pasar los carros… Pocos, Ramón del alma mía».

escritores.-esccv.-Ramón Gómez de la Serna.-elmundo es

Esta extraordinaria necrológica, escrita seguramente en el café y atizada por las urgencias, muestra cómo se trata a la muerte en la intimidad de un artículo y cómo la prosa despide a un amigo. Los tiempos sin embargo no sólo han cambiado sino que se han endurecido y a la muerte la han bombardeado las violencias, y han ido a por ella ‑para sembrar más muertes‑ toda clase de terrorismos. A la pequeña muerte íntima la han pulverizado en trozos infinitos y esos trozos los han desperdigado por ciudades y campos hasta que otras vidas los han recogido. También el periodismo los ha ido recogiendo. También han acudido en su ayuda muchos artículos. Pero esto es el resultado del fenómeno planetario, del fenómeno de la globalización. La dimensión pública del artículo periodístico, así lo ha señalado Gutiérrez Carbajo en una antología del último articulismo español, ha llegado a perder casi el control de sus límites espaciales y temporales en esta era de la globalización. Por ello, a la intimidad de las vidas como tema se ha añadido la dimensión del multiculturalismo, los problemas de la guerra y de la violencia, los claroscuros del avance tecnológico. Muertes y vidas se hacen universales. El artículo literario se ha abierto, pues, ‑a finales del XX y al inicio del XXI‑ desde el yo a la multitud.».

José Julio Perlado«El artículo literario y periodístico».-Paisajes y personajes.-págs 99 -102

escritores.-rrffv.-Ramón Gómez de la Serna.-banquete en su honos en Llhardy el 12 de marzo de 1923.- Ramón de pie en el centro, a su derecha Azorín, y sentado, el segundo por la izquierda, Garcia Lorca

(Imágenes:-1.-Ramón Gómez de la Serna por Enrique Stoura.-1949/ 2.-Ramón Gómez de la Serna.-seronoser.free.fr/ 3.-Ramón Gómez de la Serna en su despacho de trabajo.-elmundo es/4.-banquete en honor de Ramón Gómez de la Serna el 12 de marzo de 1923 en Llhardy, Madrid. Ramón, de pie en el centro; a su derecha Azorín; sentado, el segundo por la izquierda, García Lorca.-foto Alfonso.-modernismo98y14 com)