“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (28) : LOS SUEÑOS

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo, los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

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MEMORIAS  (28) :  Los sueños

17 mayo

– He traído aquí – me dice al entrar hoy la periodista y sentarse en la butaca, a la vez que me muestra unas páginas – unas anotaciones suyas sobre los sueños que están tomadas de una novela que usted publicó no hace muchos años. Hablaba usted de las noches en Nueva York, de la gente dormida, y decía así: “Hay millares, millones de cuerpos acostados, cada uno en su dormitorio, cada uno en su piso, todos los pisos de los rascacielos unos debajo de los otros, todos los cuerpos tendidos. Unos tienen colocada su cabeza a la derecha y los pies a la izquierda y otros han preferido colocar su cabeza a la izquierda y los pies a la derecha. Muchos no pueden dormir por preocupaciones, por disgustos, porque les dan vueltas a las cosas y creen que pensando en ellas las van a resolver”.
Le he leído estos párrafos porque varias veces ha escrito usted sobre los sueños y creo que es algo que le interesa. ¿Por qué no me habla de ello?

– Bien. El mundo de los sueños, sí, siempre me ha interesado. He escrito sobre ello en varias ocasiones. Lo cierto es que sobre el sueño en la literatura se ha escrito muchísimo. Un autor francés comentaba que es asombroso que cada mañana nos despertemos cuerdos, después de haber pasado por esa zona de sombras, por esos laberintos de sueños. Borges por su parte, como usted sabe, aseguraba que el sueño es una obra de ficción y que posiblemente sigamos fabulando en el momento de despertarnos y también después, cuando contamos los sueños . Quizá en el sueño seamos “la cosa que soy”, añadía Borges, quizá seamos nosotros. Esto se olvida al despertar. Sólo podemos examinar de los sueños su memoria, su pobre memoria, concluía el gran escritor argentino. A ese mismo sentido de relación entre creación y sueño se refería un día en Madrid el psiquiatra Rof Carballo cuando me comentaba que todos nosotros somos creadores en el sueño y que en el fondo, lo mismo que el misterio del sueño, la creación es muchísimas veces vaticinadora, es decir, anticipatoria, reveladora. Recuerdo también la pregunta que un novelista quiso hacerse: ¿qué soñaré mañana? Eso no podría nunca contestarse, es una pregunta casi surrealista, pero en cambio muchas veces uno puede sentirse atado por lo que soñó anoche, si es que lo recuerda, que a veces es difícil recordarlo. Me viene ahora a la memoria, en el momento en que usted me habla de ello, una curiosa historia que me contó un amigo mío, al menos me dijo que así había sucedido, no sé si había sucedido así o no, porque yo siempre pensé que me la contó por si quería aprovecharla para algún relato o para algún cuento.

-¿Y la aprovechó?

-No, no lo aproveché porque, tras escucharla, me pareció una historia casi imposible, una historia casi anclada en el absurdo. Para mí, algo difícil de escribir, y además con ciertos tintes de terror que no me gustaron.

-¿No le gusta el terror?

-No, no me gusta. A pesar de que mi mujer suele decirme que me gusta el terror, el terror en sí no me gusta. Me gusta la intriga, lo policíaco, lo misterioso, los caminos que llevan a un complejo desenlace, el suspense, pero no el terror. Me acuerdo, por ejemplo, cuando me salí del cine viendo “El resplandor”, que no aguanté.

-¿Y cómo era esa historia a la que usted se refiere?

-Pues sencillamente una tremenda historia de celos: una mujer que intentaba dominar a un hombre controlándolo hasta el límite, controlando incluso sus sueños, entrando en ellos.

-¿Cómo entrando en ellos?

-Sí, entrando en sus sueños. Aquella mujer poseía, podríamos decir, una disposición especial para absorber cuanto le iba contando su marido. Ella lo asimilaba, lo engullía todo. Estaba obsesionada. Quería saber todo lo de él. Como naturalmente no podía saber en qué soñaba, le preguntaba continuamente, al día siguiente ¿qué has soñado hoy? Le asediaba : ¿ qué has soñado esta noche pasada? ¿qué soñaste ayer? Generalmente el marido no recordaba apenas nada, hacía especiales esfuerzos por complacerla, aunque no recordaba sino cosas muy generales, pero otras veces, quizá porque estaba ya cansado del asedio de su mujer o tal vez por tener especiales momentos de lucidez, intentaba describirle el sueño que había tenido y lo hacía lo mejor que podía, aunque ella seguía siempre adelante, incansable, preguntándole una y otra vez,: ¿y con quién estabas? ¿cuánto duró ese sueño? ¿qué hiciste? ¿era el mismo lugar que me contaste el otro día? ¿estaban las mismas personas? ¿qué te decían? ¿qué les decías tú?, cuéntame como era el sitio, los detalles … Un enorme agobio. Quería saber qué había estado haciendo su marido mientras soñaba. En el fondo pensaba en su infidelidad, estaba obsesionada con su infidelidad incluso en el sueño. Una noche, sin embargo, el marido, al cerrar los ojos y disponerse a dormir y nada más abandonarse durante un rato a la tranquilidad del sueño, se incorporó de improviso en la cama con un grito angustioso, un tremendo grito de sobresalto y se quedó allí, sentado encima de la cama, temblando. Acababa de verla. Acababa de ver a su mujer de pie dentro del sueño de él. Estaba esperándole. Le esperaba con una sonrisa enigmática, casi siniestra. “Aquí estoy”, le había dicho mirándole fijamente, “ Aquí estoy esperándote “. Espantado, se despertó, se volvió al lado de la cama donde tenía que estar su mujer y allí no había nadie. Su mujer, me dijo mi amigo, seguía dentro del sueño de él. Y ese hombre nunca volvió a soñar más.

-¿Pero qué sucedió después, no le contó qué pasó con ese matrimonio? –

. No. No me contó nada más..

-¿Y no va usted a escribir nada sobre eso?

-No. No voy a escribir nada.

-Indudablemente, como usted dice, esa historia tiene un cierto punto de terror ¿ Nunca se ha animado a escribir algo de terror?

-No. Ya le he dicho que no me gusta el terror.

– ¿Y el humor? En cambio he leído cosas suyas escritas con gran sentido del humor…

– ¡Ah, el humor es una cosa muy distinta! Se lleva o no se lleva dentro. Se tiene o no se tiene. Creo que tengo sentido del humor, es una realidad, no es ningún mérito, pero nunca sé ni me planteo cómo he podido conseguirlo. El humor nace o no nace. No se puede inventar.

-¿Alguien en su familia tiene también sentido del humor?

-Sí, mi padre  en cierto modo lo tenía. También mis hermanos. Mis  tres hijos creo que también lo tienen, unos más que otros. No sé si lo han heredado de mí. Pienso que muchas veces están esperando una respuesta mía o una visión mía con algún rasgo de humor para saber que estoy perfectamente vivo, que soy yo, para reconocerme enseguida y comprobar que no estoy enfermo.

José Julio Perlado —“Los cuadernos Miquelrius” -Memorias

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

 

 

LEER EN VOZ ALTA

 

“Existe un vasto grupo compuesto por todos aquellos que alguna vez le leyeron a Borges —evoca Alberto Manguel —: pequeños Boswells que raramente conocen la identidad de los otros pero que, de forma colectiva, mantienen la memoria de uno de los más cabales lectores del mundo. En aquella época, yo desconocía su existencia; tenía dieciséis años. Acepté y, tres o a lo sumo cuatro veces por semana, visitaba a Borges en el estrecho departamento que compartía con su madre y con Fany, la mucama (…) Recuerdo el departamento como un ámbito abrigado, tibio y suavemente perfumado; todo esto debido a que la insistente Fany mantenía la calefacción bastante alta y rociaba con agua de colonia el pañuelo de Borges antes de guardarlo, las puntas asomadas, en el bolsillo del pecho de su chaleco.”

 

 

Esta lectura en voz alta a Borges,  consumado lector, nos lleva de algún modo a las palabras del novelista y profesor Daniel Pennac cuando habla de la importancia de la voz al leer.  “Nosotros “le leemos” —dice —  . El que escucha va a identificarse con los personajes que le presentemos  por el intermediario de nuestra voz, y estos personajes son a la vez el personaje del libro que nosotros leemos, pero de una cierta manera, la encarnación de la persona que él prefiere en el mundo, que es aquella que le lee.”

”Durante varios años, de 1964 a 1968 – prosigue  Manguel -, tuve la inmensa fortuna de contarme entre los muchos que le leían a Jorge Luis Borges (…) Desde mis primeras visitas, se me hizo que la casa de Borges existía fuera del tiempo o, mejor dicho, en un tiempo hecho a partir de experiencias literarias (…) Las pocas estanterías de libros que había en su casa, contenían lo esencial de sus lecturas, empezando por las enciclopedias y los diccionarios, gran orgullo de Borges. “Me  gusta hacerme cuenta de que no soy ciego, que me acerco a los libros como un hombre que puede ver—solía decir —. Ando curioso de nuevas enciclopedias. Me imagino que puedo seguir en sus mapas el curso de los ríos y que descubro maravillas en las descripciones.”

 

 

En las dos estanterías bajas del salón del comedor se hallaban las obras de Stevenson, Chesterton, Henry James y Kipling. De esas mismas estanterías Borges me hizo extraer los volúmenes de los cuentos de Chesterton y los ensayos de Stevenson, que leímos a lo largo de muchas noches y que él comentaba con extraordinaria perspicacia y agudeza, sin ocultar su pasión por estos grandes escritores y mostrándome además de qué manera habían trabajado para construir sus cuentos, desmontando algunos párrafos con la amorosa intensidad de un maestro relojero.”

 

 

(Imágenes—1-Borges y  la Biblioteca- foto Sara Facio/ 2- Anastasia  Lisitsyna/3- Karol Ferenczy – 1905/   3-Roxana Halls)

LOS SUEÑOS DE LOS ARTISTAS

 

 

“Los sueños siempre tienen gran importancia para mí cuando escribo — decía Graham Greene —. A veces es tal la indentificación con un personaje que el autor sueña los sueños de él, y no los propios. Supongo que todos los autores habrán recibido la misma ayuda desde el inconsciente.”

Estos días el neurocientífico Mariano Sigman recuerda cómo  “muchas historias sugieren que el sueño es de hecho una fábrica creativa. Quizás la más extraordinaria – dice –  sea la de Paul McCartney que cuenta que despertó de un sueño con una melodía. Apurado, para no olvidarla, le puso una letra sobre unos huevos revueltos y solo un tiempo después, le dio la letra que hoy todos conocemos: Yesterday. La que quizás sea la canción más famosa  del siglo XX,  nació en un sueño.“

 

 

Borges ha dedicado muchos textos a la relación entre sueño y creación y las confesiones de los artistas nos desvelan esa atmósfera entre lo soñado y lo escrito, entre lo pensado en el sueño y lo que luego se va a realizar.  Relataba el escritor alemán Paul Heyse, Premio Nobel de Literatura: “Desde luego, la mejor parte de toda invención artística es la que se produce en un impulso secretamente inconsciente, muy afín al estado onírico, de manera que se puede aplicar también a esta actividad del cerebro humano la frase que dice : “Dios da su amor en el sueño”. Pero las más de las veces la actividad sonámbula de la fantasía reviste el carácter del mundo onírico por el hecho de prescindir de relaciones claramente establecidas. ¿A quién  no se le ha ocurrido el ponerse  a hacer versos en sueños, versos que el propio soñante admira, hasta que a la mañana siguiente, al despertar y retenerlos unos instantes en la memoria consciente, comprueba que no son más que ripiosas inepcias, desprovistas de todo sentido? De este modo también la fantasía novelística echa a correr en sueños e inventa toda clase de aventuras. Muchas veces, especialmente en el semisueño de la mañana, me ha sido dado hallar motivos que luego, al despertar naturalmente, seguí elaborando hasta configurar una obra. Fue de este modo como se originó una de mis novelas, una espantosa lucha, durante el sueño, con un animal monstruosamente fantástico. Otra vez me ocurrió que un cuento verdaderamente apasionante me fue “dictado” prácticamente mientras soñaba.”

 

Gelatin Silve

 

(Imágenes- 1-Jerry Uelsman/ 2-Lee Lawson/3- Gelatin Silve)

COSAS QUE NO PUEDEN COMPARARSE

 

 

“El estío y el invierno. La noche y el día. La lluvia y el sol. La juventud y la vejez. La risa de alguien y su ira. El negro y el blanco.  El amor y el odio. La plantita de índigo y el gran filodendro. La lluvia y la neblina. Cuando uno deja de querer a alguien, uno siente que es otro, aunque sigue siendo el mismo.

En un jardín de plantas perennes, los grajos están todos dormidos. Hacia la medianoche, se despiertan en uno de los árboles con mucha agitación; y se echan a volar de un lado para otro. Su inquietud se contagia a los otros árboles y en breve, todos los pájaros se despiertan y graznan alarmados.¡Qué diferencia con los mismos grajos durante el día!”

Sei Shônagon – “El libro de la almohada” – (traduccion de Jorge Luis Borges y Maria Kodama)

 

 

(Imágenes -1- foto Harry Packard para The New York Times/ 2- Yakoi Kusama- museo Reina Sofía)

LA MUERTE DE BORGES

K

 

“Las personas que me hablaron acerca de la muerte de Borges en Ginebradecía Bioy Casares en 1987 -, lo hacían polémicamente, a favor de María Kodama, o contra María. Yo, que no quería azuzar inquinas que se entrecruzaran en la posteridad de Borges, más de una vez afirmé: “Borges me dijo que para morir da lo mismo un sitio que otro. Ginebra no era para él un destierro. La recordaba siempre con nostalgias. Y qué lujo: tener un amor, y aun mal de amores, a los ochenta y tantos años”. Quisiera creer que la muerte de Borges no fue tan desolada como la imagino. Yo quiero entrañablemente a París, pero sin duda preferiría morir en Buenos Aires. Todo puede volverse diabólicamenre extraño al enfermo;  de todos modos, parece que las cosas que lo ayudan a sentirse en un ambiente familiar son favorables. No creo que Borges se haya sentido rodeado de las cosas y de las personas de siempre. Ojalá me equivoque.

 

 

Murió en la compañía de María, en la de Bernès y quizá en la de Bianciotti. María era su amor, y esto me llevó a decir: “Volvió a los ochenta años, con su amor, al país de los mejores recuerdos”. En realidad, María era una mujer de idiosincrasia extraña; acusaba a Borges por cualquier motivo; lo castigaba con silencios ( recuérdese que Borges estaba ciego) ; lo celaba ( se ponía furiosa ante la devoción de los admiradores) ; se impacientaba con sus lentitudes. Junto a ella vivía temiendo enojarla. Por lo demás, María era una persona de tradiciones distintas a las suyas. Borges alguna vez me dijo: “Uno no puede casarse con alguien que no sabe lo que es un poncho o lo que es el dulce de leche”. En lugar de poncho y dulce de leche podemos poner infinidad de otras cosas que jamás compartieron María y Borges. Creo que con María podía sentirse muy solo. Según Silvina, Borges partió a Ginebra y se casó para mostrarse independiente, como un chico que quiere ser independiente y hace un disparate. Yo agregaría: “Viajó para mostrarse independiente y, de paso, para no contrariar a María”.

 

 

(Imágenes – 1-Borges- wikimedia/ 2-Borges, Sábato y Mujica Láinez – foto La Nación com/ 3-Borges y los gatos)

CIUDADES LITERARIAS : FAROLAS, SOMBRAS Y ADOQUINES

 

 

“Existen tres elementos sin los cuales resulta imposible pretender que una ciudad sea literaria. Las farolas, los adoquines y las sombras deben darse conjuntamente en este orden –  así lo cuenta Nuria Amat en su interesante libroViajar es muy difícil”- . Las sombras a las que me refiero – comenta – pueden ser de personas o bien de apariciones fantásticas (…) Según Bioy, el puente Alsina de la ciudad de Buenos Aires aparece, por su aspecto, el más insignificante de todos los puentes de la ciudad fantasma. La visita cotidiana que Borges y Bioy solían hacer a este puente lo transforma en maravilloso. Más conocido para el lector corriente deben de ser el barrio de Palermo, el cementerio de la Recoleta, el parque Lezama, la Boca, Adrogué, o aquella esquina de las calles Belgramo y Pichincha (…) Nunca estuve en la calle Maipú pero me basta con escribir ahora esta palabra para ver el mundo, la puerta, la escalera y el apartamento del número 994 donde vivía Borges.

 

 

A diferencia de las sombras, las farolas son unas cajas de vidrio dentro de las cuales se pone una luz (…)  El colmo de las farolas de las ciudades literarias es el Faro o Pharo de Alejandría, situado en la isla del mismo nombre que linda con el puerto de la ciudad. El fuego del Faro de Alejandría ilumina día y noche la Biblioteca. Da luz al conocimiento. Los primeros escritores de Occidente disponían entonces de este instrumento imprescindible para acompañar sus noches.

 

 

Por lo que respecta a Tánger, cuando el que pasea por sus calles cree haber tropezado con un bulto móvil, se lleva la sorpresa de encontrarse con una  farola, y viceversa. Las farolas se confunden con las chilabas oscuras y blancas del hombre encapuchado. Pero las farolas tangerinas tienen fama de dar una luz muy escasa, al contrario de las petersburguesas. En San Petersburgo las farolas son exuberantes y están preparadas para engañar tanto a escritores adultos, como a adolescentes aprendices del estilo literario.

 

 

Si las farolas constituyen la parte blanca de la noche de los escritores, los adoquines conforman la parte negra. El suelo adoquinado de las calles concede al escritor, o a su sombra, particularidades interesantes. Gracias a ese variado crucigrama del suelo que cada paseante literato pisa una y otra vez se consigue por fin una mejor o peor literatura. Depende del adoquinado. James Joyce, por ejemplo, las noches en que no estaba ebrio, salía a caminar por las calles de la ciudad vieja de Trieste en busca de sus mejores frases. Se sabe por testimonios dignos de crédito que Joyce repetía una frase previamente concebida a la espera de que sus pasos la perfeccionaran o bien la condujeran al siguiente párrafo. Por su parte Pessoa bajaba en Lisboa por la rua dos Douradores hasta el café Brasileira, en el Chiado. Pessoa vivía prácticamente en este barrio donde las calles se distinguían por sus adoquines bicolores, ajedrezados y minúsculos, muy semejantes a mosaicos bizantinos”.

 


 

(Imágenes- 1-Brassai/ 2- André Kertész/3-San Petersburgo- 1869- Wikipedia/ 4-calle Mayor- Madrid- 1954/ 5-Niels Fisher)

BORGES Y EL AJEDREZ

 

juegos.-rtggb.-ajedrez.-Thomas Eakins.-1876

 

“En su grave rincón, los jugadores

rigen las lentas piezas. El tablero

los demora hasta el alba en su severo

ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores

las formas: torre homérica, ligero

caballo, armada reina, rey postrero,

oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,

cuando el tiempo los haya consumido,

ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra

cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.

Como el otro, este juego es infinito”.

Jorge Luis Borges. – Ajedrez – “El hacedor” (1960)

(Imagen.- Thomas Eakins– (1876) – Museo metropolitano de Nueva    York