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Posts Tagged ‘Jorge Luis Borges’

 

 

“Existen tres elementos sin los cuales resulta imposible pretender que una ciudad sea literaria. Las farolas, los adoquines y las sombras deben darse conjuntamente en este orden –  así lo cuenta Nuria Amat en su interesante libroViajar es muy difícil”- . Las sombras a las que me refiero – comenta – pueden ser de personas o bien de apariciones fantásticas (…) Según Bioy, el puente Alsina de la ciudad de Buenos Aires aparece, por su aspecto, el más insignificante de todos los puentes de la ciudad fantasma. La visita cotidiana que Borges y Bioy solían hacer a este puente lo transforma en maravilloso. Más conocido para el lector corriente deben de ser el barrio de Palermo, el cementerio de la Recoleta, el parque Lezama, la Boca, Adrogué, o aquella esquina de las calles Belgramo y Pichincha (…) Nunca estuve en la calle Maipú pero me basta con escribir ahora esta palabra para ver el mundo, la puerta, la escalera y el apartamento del número 994 donde vivía Borges.

 

 

A diferencia de las sombras, las farolas son unas cajas de vidrio dentro de las cuales se pone una luz (…)  El colmo de las farolas de las ciudades literarias es el Faro o Pharo de Alejandría, situado en la isla del mismo nombre que linda con el puerto de la ciudad. El fuego del Faro de Alejandría ilumina día y noche la Biblioteca. Da luz al conocimiento. Los primeros escritores de Occidente disponían entonces de este instrumento imprescindible para acompañar sus noches.

 

 

Por lo que respecta a Tánger, cuando el que pasea por sus calles cree haber tropezado con un bulto móvil, se lleva la sorpresa de encontrarse con una  farola, y viceversa. Las farolas se confunden con las chilabas oscuras y blancas del hombre encapuchado. Pero las farolas tangerinas tienen fama de dar una luz muy escasa, al contrario de las petersburguesas. En San Petersburgo las farolas son exuberantes y están preparadas para engañar tanto a escritores adultos, como a adolescentes aprendices del estilo literario.

 

 

Si las farolas constituyen la parte blanca de la noche de los escritores, los adoquines conforman la parte negra. El suelo adoquinado de las calles concede al escritor, o a su sombra, particularidades interesantes. Gracias a ese variado crucigrama del suelo que cada paseante literato pisa una y otra vez se consigue por fin una mejor o peor literatura. Depende del adoquinado. James Joyce, por ejemplo, las noches en que no estaba ebrio, salía a caminar por las calles de la ciudad vieja de Trieste en busca de sus mejores frases. Se sabe por testimonios dignos de crédito que Joyce repetía una frase previamente concebida a la espera de que sus pasos la perfeccionaran o bien la condujeran al siguiente párrafo. Por su parte Pessoa bajaba en Lisboa por la rua dos Douradores hasta el café Brasileira, en el Chiado. Pessoa vivía prácticamente en este barrio donde las calles se distinguían por sus adoquines bicolores, ajedrezados y minúsculos, muy semejantes a mosaicos bizantinos”.

 


 

(Imágenes- 1-Brassai/ 2- André Kertész/3-San Petersburgo- 1869- Wikipedia/ 4-calle Mayor- Madrid- 1954/ 5-Niels Fisher)

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juegos.-rtggb.-ajedrez.-Thomas Eakins.-1876

 

“En su grave rincón, los jugadores

rigen las lentas piezas. El tablero

los demora hasta el alba en su severo

ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores

las formas: torre homérica, ligero

caballo, armada reina, rey postrero,

oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,

cuando el tiempo los haya consumido,

ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra

cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.

Como el otro, este juego es infinito”.

Jorge Luis Borges. – Ajedrez – “El hacedor” (1960)

(Imagen.- Thomas Eakins– (1876) – Museo metropolitano de Nueva    York

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“ Si nos olvidamos de todos los ejemplares del libro que uno ha escrito que van a desaparecer, que se van a convertir en pulpa porque no van a encontrar comprador, que alguien va a abrir para leer un par de páginas y luego olvidarlo y dejarlo a un lado para siempre, que van a ser olvidados en hoteles de playa o en trenes, si nos olvidamos de todos esos ejemplares perdidos – así lo va expresando Elizabeth Costello, el personaje creado por J. M. Coetzee -, tenemos que pensar que hay por lo menos un ejemplar que no solamente alguien va a leer, sino que lo va a cuidar, le va a dar una casa y un lugar en una estantería, que va a ser suyo a perpetuidad (…) Pero, por supuesto, el Museo Británico o ahora la Biblioteca Británica no van a durar para siempre. También se hundirán y acabarán en ruinas, y los libros de sus estanterías se convertirán en polvo. Y de cualquier modo, mucho antes de que eso pase, a medida que el ácido vaya royendo el papel, a medida que aumente la demanda, los libros feos y no leídos y no deseados serán trasladados a algún otro edificio y metidos en una incineradora, y todo rastro de ellos desaparecerá del catálogo principal. Después será como si no hubieran existido nunca.

 

 

He ahí una visión alternativa de la Biblioteca de Babel, más inquietante para mí que la visión de Jorge Luis Borges. No una biblioteca donde coexisten todos los libros imaginarios del pasado, el presente y el futuro, sino una biblioteca de la que están ausentes todos los libros que realmente fueron imaginados, escritos y publicados. Ausentes incluso de la memoria de los bibliotecarios. Ya no podemos confiar en que la Biblioteca Británica ni la Bibliteca del Congreso nos salven del olvido, no más que en nuestra propia reputación.”

Coetzee ha estado estos días en Madrid firmando ejemplares en la Feria del Libro y no sería extraño que, observando los estantes y las casetas, no haya querido dar una vuelta más a estos pensamientos.

 

 

(Imágenes – 1- Coetzee- nmopi/  2- biblioteca personal de Alberto Manguel- studio bibliográfico amuleto/ 3- biblioteca del palacio y convento de Mafra-  Lisboa – curious expeditions)

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“Como los borgianos bibliotecarios de Babel, que buscan el libro que les dará la clave de todos los demás, oscilamos entre la ilusión de lo alcanzado y el vértigo de lo inasible. En nombre de lo alcanzado, queremos creer que existe un orden único que nos permitiría alcanzar de golpe el saber; en nombre de lo inasible, queremos pensar que el orden y el desorden son dos Palabras que designan por igual al azar.

También es posible – seguía diciendo Georges Perec en “Pensar/Clasificar”- que ambas cosas sean señuelo, engañifas destinadas a disimular el desgaste de los libros y de los sistemas.

Entre los dos, en todo caso, no está mal que nuestras bibliotecas también sirvan de cuando en cuando como ayudamemoria, como descanso para gatos y como desván para trastos,”

 

Estos días se vuelve una vez más a recordar a  Borges y a su biblioteca personal. “ El autor argentino – se ha escrito –  reverenciaba la literatura y entendía que el paraíso, de existir, sería algún tipo de biblioteca. La suya, en concreto, era un tesoro que todavía hoy puede disfrutarse y que se guarda en la Fundación Jorge Luis Borges: más de dos mil ejemplares ordenados a su capricho, que no era cronológico ni alfabético, y que contiene más títulos de filosofía y religión que de obras maestras de la literatura. Ahora, parte de ese patrimonio queda recogido en «La biblioteca de Borges» (Paripébooks), un libro elaborado por Fernando Flores Maio que reúne algunos de los ejemplares más queridos del escritor, con sus anotaciones personales.”

 

 

(Imágenes-1-Borges -Todo el- ac3b10/ 2-Borges – foto Sylvia Plachy – Nueva York – 1982)

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“Usted se fija — decía Juan Rulfo – que los personajes de “Pedro Páramo” carecen de rostro y, en algunos casos, de sentimientos. Esto tiene una razón. Borges dice que cuanto más primitivo es un pueblo, menos siente el dolor y es menor su capacidad de experimentar sentimientos. Ahí se trata de un pueblo que siente, pero muy en rudimentario, porque sus sentimientos han sido materialmente engarruñados por el esfuerzo de sobrevivir. Sepa – seguía diciéndole Rulfo a Robert Saladrigas en 1971 (“Voces del “boom”)  – que para el mexicano la vida y la muerte son símbolos y, muy al contrario de los norteamericanos, que sienten pavor hacia la muerte o tratan por todos los medios de ocultar su presencia, el pueblo mexicano no se siente traumatizado en absoluto por el misterio de su destino.

(…) Cuando está uno al frente de una familia que come todos los días y los hijos estudian carreras complicadísimas, que cuestan montones de pesos, es dificilísimo dedicarse con la tranquilidad necesaria a una obra de creación. Yo sé que mis obras se reeditan año tras año, y que las últimas ediciones son de cincuenta mil ejemplares, ¡ qué barbaridad!, pero  ¿quiere que le diga lo que de verdad pienso? Yo no sé quién lee los libros, mis obras. ¿La juventud? ¡Pse! No lo acabo de ver. Mire, en México vivimos tiempos de enorme confusión literaria. Desde que nos alcanzó la moda del “nouveau roman”, los jóvenes creyeron que lo único válido era escribir sobre los objetos de una plaza, el hueco de una ventana, lo que había al otro lado del dintel de esa ventana, en la habitación, sobre una mesa, en la pared, y así, cosas por el estilo. Llegaron a decir que la novela que no fuese urbana y el empleo de la imaginación eran sinónimos del folklore. Habría que indagar qué entienden por folklore. No se daban cuenta de que la novela -del – objeto era un círculo vicioso que comenzaba y acababa en sí misma, sin posibilidad alguna de transcender. Pues bueno, el sarampión no se ha extinguido aún y encima no creo que lea  más del quince por ciento de la poblaciòn. ¿Para quién escribe uno? Yo no lo sé, nunca he logrado averiguarlo. El que las ediciones de mis libros se agoten una y otra vez es algo que no consigo explicarme (…) Es posible, sí, que acabe “La cordillera”. Pero no sé cómo, ni cuándo. Algún día será. Le pasaré el aviso. Cuando sea y me sienta tranquilo y con ganas de crear la obra que uno, que es lector insaciable, a veces siente deseos de leer porque busca que sea nueva y le diga lo que nunca le han dicho, entonces no queda más alternativa que escribírsela uno mismo”.

 

 

Esa “obra que le diga lo que nunca le han dicho” la recibió y leyó García Márquez, tal como lo cuenta Alvaro Mutis: ” Me  hice amigo de Rulfo – dice -, un hombre inteligentísimo y con ninguna de las debilidades de los intelectuales famosos, de una gracia enorme. Cuando llegó Gabo a México, le llevé un ejemplar de “Pedro Páramo” y le dije: “Lea esto”. Lo leyó  esa noche, lo acabó en un día y estaba asombrado: ” Esto es una maravilla”. Le di el otro tomo entonces, “El llano en llamas“, busqué a Juan y los conecté. Me decía Juan: “¿Para qué trajiste a este amigo que te quiere mucho a este país tan complicado?”.

 

 

(Imágenes -1-Rulfo- Chicago Tiempo Libre/2-Rulfo-proyecto Aula/ 3.-Rulfo- nuovi orizzonti latini)

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sueños.-rggyu.-José de Ribera.-1639

 

“El hombre soñaba que estaba durmiendo en un cuarto igual a aquel en que dormía en la realidad, y también en ese segundo sueño soñaba que estaba durmiendo, y soñando el mismo sueño en un tercer cuarto igual a los dos anteriores. En aquel instante sonaba el despertador en la mesa de noche de la realidad, y el dormido empezaba a despertar. Para lograrlo, por supuesto, tenía que despertar del tercer sueño al segundo, pero lo hizo con tanta cautela, que cuando despertó en el cuarto de la realidad había dejado de sonar el despertador. Entonces, despierto por completo, tuvo el instante de duda de su perdición: el cuarto era tan parecido a los otros de los sueños superpuestos, que no pudo encontrar ningún motivo para no poner en duda que también aquél era un sueño soñado. Para su gran infortunio,

 

 

cometió por eso el error de dormirse otra vez, ansioso de explorar el cuarto del segundo sueño para ver si allí encontraba un indicio más cierto de la realidad, y como no lo encontró, se durmió a su vez dentro del sueño segundo para buscar la realidad en el tercero, y luego en el cuarto y en el quinto. De allí – ya con los primeros latidos de terror – empezó a despertar de nuevo hacia atrás, del quinto sueño al cuarto, y del cuarto al tercero, y del tercero al segundo, y en un impulso desatinado perdió la cuenta de los sueños interpuestos y pasó de largo por la

 

 

realidad. De modo que siguió despertando hacia atrás, en los sueños de otros cuartos que ya no estaban delante, sino detrás de la realidad. Perdido en la galería sin término de cuartos iguales, se quedó dormido para siempre, paseándose de un extremo a otro de los sueños incontables sin encontrar la puerta de salida de la vida real, y la muerte fue su alivio en un cuarto de número inconcebible que jamás se pudo establecer a ciencia cierta.”

 

(Según Francisco Rico en su  “Breve biblioteca de autores españoles” (Seix Barral)  García Márquez nunca se decidió a escribir ese cuento “porque – confiesa – su parentesco es evidente.” Tan evidente – dice Rico – que Borges lo había hilvanado más de una vez. Francisco Rico lo sitúa “en el limbo de los cuentos no escritos” por el colombiano)

 

 

(Imágenes:- 1.- José de Ribera.– 1639.- wikipedia/ 2.-Eva Rubinstein/ 3-Masha Kurbatova/ 4.-Aat Veldohen)

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cansinos-assens-snhy-abc-es

 

Probablemente bastante conocido y consultado por sus volúmenes La novela de un literato en donde repasa vidas y anécdotas de toda una época, Cansinos Assens fue un periodista y escritor muy prolífico que iniciaría sus trabajos en prensa en El Motín, periódico ácrata, para pasar luego a las páginas de El país y seguir luego en La Correspondencia de España, La Tribuna, El Imparcial, El Heraldo y La Libertad, entre otras varias publicaciones. Hay que añadir a ello sus colaboraciones en destacadas revistas, como Grecia, Revista Latina, Renacimiento (1907), Helios (1903) y Prometeo. Mientras Gómez de la Serna ejerce su magisterio en Pombo, Cansinos Assens se refugia en grandes cafés, como El Colonial o El Universal. Cansinos entraba alto, grande e impecable en aquellos cafés arrastrando cierto dandismo y ocupaba un lugar central en el diván. Destacaban sus cabellos rizosos y los ojos tristes bajo unas cejas pobladas. Gómez de la Serna, que no le tenía gran simpatía, le describió con aire de murciélago. A pesar de ello, Ramón constató también que Cansinos “tenía una buena cultura conseguida en un largo silencio de grandullón huérfano, y escribía con una prosa lírica, evocativa y nostálgica”.
Borges escribió de él en repetidas ocasiones. Conocí en Madrid a un hombre –dijo – que sigo considerando quizá menos por su escritura que por el recuerdo de sus diálogos. Conocí a Rafael Cansinos Assens y de algún modo yo soy discípulo de Cansinos, no de las teorías de Cansinos y sí del diálogo de Cansinos, de la sonrisa de Cansinos.

 

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Había aprendido idiomas y tradujo numerosas obras famosas. Como traductor tuvo que trabajar incansablemente y para editar sus libros hubo de pasar verdaderas angustias. Vivía muy modestamente en una casa muy cercana al Viaducto madrileño y era amante de la soledad. Él dejaba correr el rumor de que era sefardí y en su literatura aparecen de vez en cuando estas influencias.
Concebía la crítica como complemento a la creación literaria, y en esa creación resalta su novela El candelabro de los siete brazos (1914) y otras obras varias, como La madona del Carrosel, El divino fracaso, La huelga de los poetas, Las odas triunfales, El madrigal infinito o el movimiento V. P., novela de humor corrosivo en crítica al modernismo. Nace tras ello ese Movimiento V.P. que enseguida lanza un manifiesto: será el de una revista en la que querrán suprimirse las comas, los puntos, las haches y se requerirá como ejecutoria para un verdadero poeta moderno el no haber escrito un soneto jamás. Cansinos afirmaba por entonces: Mi obra es un paisaje vago y tenue… Música y fragancias perdidas y luminarias a lo lejos….

 

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Sus críticas literarias, años después, serían muy valoradas. Largos artículos –de rigor analítico y prosa exuberante- publica en La Libertad, por ejemplo sobre el cante flamenco (él lo titularía La copla andaluza), y reivindica la otra Andalucía para decir: el hombre bueno de Andalucía ha puesto su bomba a la puerta del teatro de los Quintero, echando por tierra sus muñecos. Su prolífica labor periodística, casi diaria, llegaría más a los iniciados que al gran público. Era en los cenáculos literarios donde más se le conocía. Fue siempre más literario que periodístico. Escribiría en La Esfera y Nuevo Mundo e igualmente publicó en La novela corta y en La Novela Semanal. Pero sobre todo quedará en la memoria y en los vivos archivos documentales por su obra La novela de un literato, visión singular – a veces discutible – de toda una época creadora de España.
Con su sombrero blando y aplastado, de alas generosas, con su abrigo amplio y nada nuevo que solía flotar al ritmo de sus parsimoniosos y desgarbados andares, con su aire ausente de la vida, recorriendo madrileños caminos nocturnos – desde la Puerta del Sol hasta el Viaducto y desde el Viaducto a la Puerta del Sol -, Cansinos Assens fue desapareciendo poco a poco tras las tensiones de la guerra civil en el ocaso de una soledad voluntaria, sólo con ánimo de reavivar un día sus recuerdos, cosa que hizo de manera brillante.

 

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(Imágenes.- 1-Cansinos Assens- ABC es/ 2.-Borges- Borges todo el año/ 3.-Cansinos Assens en la Cuesta de Moyano- el cultural/ 4.-Cansinos Assens- ABC es)

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