EL BLOQUEO DEL ESCRITOR

 

 

“He oído que tiene usted problemas para escribir — decía John Steinbeck a alguien que se esforzaba en avanzar —. Conozco ese sentimiento muy bien. Creo que jamás volverá , pero lo hace una mañana y aquí está de nuevo. Hace cosa de un año un dramaturgo me pidió ayuda para resolver el mismo problema. Le recomendé que escribiese poesía no para venderla ni mostrarla, sino poesía para tirar. La poesía es la matemática de la literatura y muy afín a la música. Y además es la mejor terapia. Solamente escribir poesía, cualquier cosa y sin estar dirigida al lector. Es algo de gran valor.”

 

En algún Curso de escritura creativa se recomendaba lo siguiente:  escribir un mínimo de quince minutos seguidos; no detenerse a revisar lo que se ha escrito ( las correcciones atañen a la parte racional y hay que pensar que cuando uno está escribiendo en principio se está desarrollando la parte “irracional”) ; si es posible  (pero eso depende de los temperamentos )  no dar importancia en una primera redacción a la sintaxis o a la puntuación : lo importante es escribir. El texto no es necesario que cuente una historia ni que sea coherente. “Así  como algunos jóvenes practican el piano o el violín cuatro o cinco horas diarias — confesaba Truman Capote —, igual me ejercitaba  yo con mis plumas y papeles.”

Acechan alrededor del cerebro del escritor todas estas frases: “Otros lo harían mejor”. “No podré”. “No tengo nada que decir”. “ Es absurdo que escriba”. “ No sirve lo que estoy haciendo”. “ Lo que hago es peor que lo de los demás”. “ Resultará aburrido”. “No vale nada”. “ No es prudente”.

Son los irremediables temores que aparecen durante el proceso de creación — como así los anotaron Didier Anzieu o Ernest Kris—. En la primera etapa de la escritura, el temor a la soledad ( lo que Steiner llamaba “la fase nocturna de la soledad”), pero en donde soledad y singularidad son esenciales.  En la segunda etapa, el creador piensa que lo que está haciendo es “inservible”. En la etapa tercera “encuentra” materiales para trabajar – aunque sean antiguos y precisamente porque son antiguos—: es decir, recupera anotaciones hechas en el pasado. En la cuarta etapa, aparecen las resistencias en el trabajo de estilo y composición : se domina con la paciencia en el quehacer, con la habilidad y la confianza.  Y la quinta etapa es el publicar, en donde uno se presenta ante el juicio de los demás.

Cinco etapas, cinco temores, cinco superaciones.

 

 

(Imágenes—1-Saúl Leiter- 1959/ 2-Nathalie Dion/ 3-Walter Ballmer-1972)

EDWARD ALBEE

 

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“Yo creo que se pueden dividir los autores dramáticos – decía Edward Albee – en dos categorías, – al margen de la distinción entre buenos y malos. Está el autor que siente que es un industrial que produce divertimentos por encargo. Un gran número de muy buenas piezas teatrales en este campo han sido escritas por este tipo de personas. Existe también el género de autor que está realmente fuera de toda presión, que es maestro completamente de sí mismo. Su público es en primer lugar él mismo, es para él para quien escribe la obra, y se comprueba que hay muchas gentes que aman igualmente estas piezas. Y yo supongo que entonces, si el autor reflexiona sobre cada uno de sus trabajos, se verá en su conjunto como un crítico social. Como un hombre al margen de la sociedad. Un hombre que nota que en principio su pieza no debería haber tenido que ser escrita.

¿Qué puede decirse en general respecto a la función del escritor, a la posición que ocupa en la sociedad? – añadía Albee en su ensayoCreación artística y compromiso“-. Puede que sea mejor examinar las diferencias que existen entre los buenos y los malos escritores. Un buen escritor transforma el hecho en realidad, un mal escritor lo hará a la inversa en la mayor parte de los casos. Un buen escritor escribe aquello que él cree que es verdadero; un mal escritor pone sobre el papel aquello que a su entender sus lectores creen verdadero. El buen escritor cree que la responsabilidad intelectual y moral de su público es igual a la suya; el malo piensa lo contrario. La popularidad de un trabajo enseñará siempre más sobre la crítica literaria y el gusto del público que sobre el valor de la obra.

¿Los  escritores-creadores toman como asunto la sociedad más que el hombre, apoyándose torpemente sobre las ciencias sociales y la psicología? ¿ Pueden utilizar los hechos – los ingredientes de la verdad – sin convertirse en sus servidores?  Es cierto que el buen escritor crea su público y que el mal escritor se crea a sí mismo”.

 

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Edward Albee, que acaba de morir, vivió durante años en una casa antigua de dos pisos, con escalera de mano, mobiliario danés y decoración moderna. Amaba los gatos y los viajes. Se levantaba pronto, nadaba, desayunaba y se ponía a trabajar. Cuando su trabajo no funcionaba se dedicaba a regar el césped y a quitar la hierba del jardín. Reconocía que la construcción de una obra teatral se parecía mucho a una composición musical. ” El director de escena – decía – se considera desde hace quince años como el coautor; el dramaturgo está persuadido que el director escénico y el actor harán su trabajo. Existe en los Estados Unidos directores escénicos que prefieren recibir piezas sin acabar: entonces es más fácil imponer su personalidad“.

Albee fue escogido con John Steinbeck como embajador de las letras americanas en Rusia y en los países del Este. Discutido, aplaudido – así lo señala Liliane Kerjan al estudiar su obra -, es un hombre secreto. Para sus amigos posee la extrañeza de un felino; tímido, misterioso, inventa situaciones cómicas y ríe muy raramente.

Descanse en paz.

 

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(Imágenes.-1 y 2-Albee.- Wikipedia/ 3.-Albee- foto Jeff Cristensen. Reuters- el país)

CIEN AÑOS DE ALBERT CAMUS

escritores.-43.-Albert Camus

“Se podría pensar en él – escribe Jean Daniel en “Los míos”(Galaxia Gutenberg) – evocando un pequeño mendigo de Murillo (…) He aquí un  muchacho que no puede leer en casa y que no sabe nada de literatura. Pero que cuando visita a su tío, devora a los más grandes, Balzac, Victor Hugo, Zola, pero también a Paul Valéry o a Charles Maurras. Cuando este jovencito, en fin, puede creerse disponible para todos los fervores se le anuncia que está atacado por la tuberculosis. Y se le pronostican crisis y recaídas.” ¿Cuándo nace Camus como escritor? En 1959 le decía el autor de “La Peste” a Jean-Claude Brisville: “Vocación no puede ser una buena palabra. Yo he tenido deseos de ser escritor hacia los diecisiete años, y, al mismo tiempo, yo sabía, oscuramente, que lo sería.”

escritores.- 9988.- Albert Camus.- por Henri Cartier Bresson

Oscuramente, pues, conocía que sería escritor. El último capítulo de su último libro inacabado – “El primer hombre” – lleva por título “Oscuro para sí mismo”. “Oh, sí, era así – se lee-, la vida de aquel niño había sido así, la vida había sido así en la isla pobre del barrio, unida por la pura necesidad, en medio de una familia inválida e ignorante, con su sangre joven y fragorosa, un apetito de vida devorador…” En 1959, en el prefacio a una obra de Jean Grenier ( que fue su profesor y más tarde su amigo) confesaba: “Alguna cosa, algo se agita en mí, oscuramente, y quisiera hablar de ello.” Y en el prólogo a la edición de su ensayo “El revés y el derecho”, al hablar del artista, desea certificar nuevamente: “Para ser edificada, la obra de arte debe servirse de entrada de las fuerzas oscuras del alma.”

escritores.-Albert Camus.-Camus facepalm

Oscuridades de la creación y claridades diversas en la ejecución. Ambas hoy debatidas a los cien años de su nacimiento. Sobre la muerte de Albert Camus he escrito en dos ocasiones en Mi Siglo. Y ahora, en su centenario, las opiniones sobre sus obras quedan enfrentadas. Jean Daniel, como muchos otros -como, por ejemplo, Bernard- Henri Lévy – reconocen “La caída” como una novela excelente (“ para mí su obra maestra – dice Daniel – o lo era en todo caso antes de mi lectura de “El primer hombre“). Y si “El extranjero” había sido certeramente analizado por Roger Quilliot en “La mer et les prisons” (Gallimard) ( la influencia, por ejemplo, de Steinbeck en la primera parte de la novela, su estilo despojado y ascético), Urbain Polge, gran amigo del escritor y que conocía muy bien al hombre y al artista, declaraba que Camus se retrataba con más facilidad en las confesiones calculadas de “La caída” que en las declaraciones crípticas de “El extranjero”. La gran especialista en Camus, Jacqueline Lévi- Valensi, recordaba igualmente que en “La caída” el escritor “innova y desconcierta, por la ambigüedad de su personaje y de su palabra, y por su tono insólito. Aquí se trata de una “confesión” que exhibe su ritmo oral, y no de una narración; utilizando las técnicas teatrales del “monólogo dramático”, el protagonista, “comediante trágico”, no renuncia sin embargo a los procedimientos narrativos, creando así una forma original adaptada al sentido mismo de los discursos.”

Camus- fgh-Albert Camus mil novecientos cuarenta y cuatro- Henri Cartier Bresson

Y en cuanto a la novela “El primer hombre”, cuyo manuscrito no pudo releer el autor, Lévi- Valensi añadía que “sin duda él lo habría corregido. Puede que hubiera deseado contener la pasión y el lirismo que estalla en las largas frases, a veces anhelantes, que muestran el ritmo de una vida, los grados de una historia personal, la historia de una familia, la historia de un país. Quizá porque él había llevado consigo mucho tiempo el proyecto de esta novela, y porque esta novela se alimentaba de toda su experiencia, vivida y soñada, parece que Camus liberara en ella una serie de escenas, imágenes, recuerdos y sentimientos que no podían ser canalizados.”

La muerte en la carretera cortaría de golpe todos esos proyectos el 4 de enero de 1960.

(Imágenes:- 1.- Albert Camus en su despacho/2 y 4.- Camus por Henri- Cartier Bresson/ 3.-Camus.-facepalm.com)

LAS UVAS DE LA IRA

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“El viñedo pertenecerá al banco. Sólo los grandes propietarios pueden sobrevivir porque también son suyas las conserveras.(…) La podredumbre se extiende por el Estado y el dulce olor de una desgracia para el campo. Hombres que pueden hacer injertos en los árboles y hacer la semilla fértil y grande, no saben cómo hacer para dejar que gente hambrienta coma los productos. Hombres que han creado nuevos frutos en el mundo no pueden crear un sistema para que sus frutos se coman. Y el fracaso se cierne sobre el Estado como una enorme desgracia. (…)

Y esto era bueno porque los salarios seguían cayendo y los precios permanecían fijos. Los grandes propietarios estaban satisfechos y enviaron más anuncios para atraer todavía a más gente. Y los salarios diminuyeron y los precios se mantuvieron. Y dentro de muy poco tendremos siervos otra vez.

Y entonces los grandes propietarios y las compañías inventaron un método nuevo. Un gran propietario compró una fábrica de conservas. Y cuando los melocotoneros y las peras estuvieron maduros puso el precio de la fruta más bajo del coste de cultivo. Y como propietario de la conserva se pagó a sí mismo un precio bajo por la fruta y mantuvo alto el precio de los productos envasados y recogió sus beneficios. Los pequeños agricultores, que no poseían industrias conserveras, perdieron sus fincas, que pasaron a manos de los grandes propietarios, los bancos y las compañías, que al propio tiempsteinbeck-swisseducch1o eran los dueños de las fábricas de conservas. Con el paso del tiempo, el número de las fincas disminuyó. Los pequeños agricultores se trasladaron a la ciudad y estuvieron allí un tiempo mientras les duró el crédito, los amigos, los parientes.Y después ellos también se echaron a las carreteras. Y los caminos hirvieron con hombres ansiosos de trabajo, dispuestos incluso a asesinar por conseguir trabajo.

Y las compañías, los bancos, fueron forjando su propia perdición sin saberlo. Los campos eran fértiles y los hombres muertos de hambre avanzaban por los caminos. Los graneros estaban repletos y los niños de los pobres crecían raquíticos, mientras en sus costados se hinchaban las pústulas de la pelagra. Las compañías poderosas no sabían que la línea entre el hambre y la ira es muy delgada. Y el dinero que podía haberse empleado en jornales se destinó a gases venenosos, armas, agentes y espías, a listas negras e instrucción militar. En las carreteras la gente se muvas-de-la-ira-22-flickr1ovía como hormigas en busca de trabajo, de comida. Y la ira comenzó a fermentar.(…)

Luego algunos fueron a las oficinas de ayuda estatal y regresaron tristemente a su propia gente.

Hay unas normas… Tienes que haber estado aquí un año para poder recibir la ayuda. Dicen que el gobierno nos va a ayudar. No saben cuándo.

Y gradualmente llegó el terror más grande de todos.

No va a haber nada de trabajo en seis meses.

Y la lluvia cayó sin cesar y el agua inundó las carreteras porque las alcantarillas no podían llevarla”.

John Steinbeck: “Las uvas de la ira” (1939).

(“Me gustó y nada más – dijo John Ford sobre su película de 194o -. Había leído la novela – que era buena- y Darryl Zanuck tenía un buen guión basado en ella (…) Me gusta la idea de esa familia que se marchaba, y trataba de encontrar un camino en el mundo (…) Gregg Toland trabajó estupendamente en la fotografía cuando no había nada, pero nada que fotografiar, ni una sola cosa bonita, siquiera una buena fotografía. Le dije:

“Parte quedará negra, pero vamos a fotografiar. Vamos a correr un riesgo y hacer algo que resulte distinto”. Salió bien”.)

Steinbeck, 1939; Ford, 1940; el mundo, 2008

(Imágenes: Henry Fonda, 1940, en “Las uvas de la ira”/ John Steinbeck.-swisseduc.ch/ cartel de “Las uvas de la ira”.-flickr.