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Posts Tagged ‘Isak Dinesen’

 

 

A la pregunta que se le hizo a Isak Dinesen sobre si reescribía muchas veces sus cuentos, contestó : ” Oh, sí, lo hago, lo hago. Es infernal. Una y otra vez. Pues sólo si uno es capaz de imaginar lo que ha ocurrido…, de repetirlo en la imaginación, verá las historias, y sólo si tiene la paciencia de contárselas y volvérselas a contar ( yo me las cuento y me las vuelvo a contar), será capaz de contarlas bien”.

“Yo no escribo borradores. Escribo la página uno muchas, muchas veces y luego sigo con la página dos. Amontono  hoja tras hoja  – decía a su vez Anthony Burgess – y cada una en su estado definitivo. La revisión la hago en cada página, no por capítulos ni por el libro entero”. Alberto Manguel recordaba también el método de Kipling, que escribía todo, volvía al principio de la página  y, con la tinta más negra, se ponía a tachar todo lo obvio.

(Imagen: –  María Gato -2002-art space virginia miller galleries coral gables – Miami- artnet)

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Se cumplen ahora 25 años de la película Memorias de África y copio aquí mi reciente artículo en Alenarterevista sobre Isak Dinesen:

Quizá la imagen más representativa de la baronesa Blixen – Isak Dinesen – sea aquella que vimos en la película “Memorias de África” cuando cordiales acompañantes de la fascinante mujer le proponían – en el aire nocturno, a los pies de las fogatas y junto a una tienda de campaña, o en el amable ambiente de una cena – que prosiguiera los arabescos de un cuento creado con una sola palabra, suscitado por un único vocablo: es decir, que la escritora ejerciera su capacidad de fabulación, las mil y una noches inventadas de un relato que recorría el mundo de la fantasía, frases eslabonadas de un texto insospechado.

Quedaban los asistentes atónitos al escucharla, como quedamos asombrados los lectores cuando nos adentramos en sus “Siete cuentos góticos”, publicado en 1934, en sus “Cuentos de invierno”, en “Ehrengard”, en “El festín de Babette”, en “Carnaval” o en “Ultimos cuentos”. Hemingway, al recibir el Premio Nobel, señaló que ese galardón debía haber sido adjudicado a Isak Dinesen, y lo cierto es que su capacidad de invención permitía que sobresaliera de su prosa esa gran pregunta que los niños y los mayores hacen – pero sobre todo los niños – :”Y entonces, ¿qué ocurrió?”, “Y después, ¿qué pasó?”. Porque siempre pasa algo en la vida, que eso es lo que más nos interesa, no sólo lo que está pasando sino lo que va a pasar, la escondida sucesión del presente que estamos viviendo, aquello que aún no ha llegado pero que ya nos espera en la esquina del día, la invención del más allá que sólo un narrador-poeta nos puede revelar

“La baronesa – la retrató Truman Capote -, que pesa como una pluma y es tan frágil como un puñado de conchas, recibe a sus visitantes en un salón amplio y resplandeciente, salpicado de perros dormidos y calentado por una chimenea y una estufa de porcelana; en el salón, como creación imponente surgida de uno de sus propios cuentos góticos, está sentada ella, cubierta de peludas pieles de lobo y tweeds británicos, con botas de piel, medias de lana en sus piernas, delgadas como los muslos de un hortelano, y frágiles bufandas color lila rodeando su redondo cuello, que un anillo sería capaz de abarcar”. Pero esta mujer en apariencia frágil es una escritora de acero. Cuando se le preguntaba si reescribía muchas veces sus cuentos, contestaba: “Oh, sí, lo hago. Es infernal. Una y otra y otra vez”. Es decir, el brote de la idea y su explosión creadora era retocada y pulida y despojada de cuanto no fuera esencial. “Pues sólo si uno es capaz de imaginar lo que ha ocurrido – decía -, de repetirlo en la imaginación, verá las historias, y sólo si tiene la paciencia de contárselas y volvérselas a contar, será capaz de contarlas bien”.

Por tanto esta moderna Sherezade no sólo lanzaba al aire la fabulación sino que en el aire mismo lograba la artesanía del oficio, habilidades de repetición y de corrección, el logro de una seducción conmovedora. Nacida en Dinamarca, en una casa a orillas del mar, a medio camino entre Copenhague y Elsinor, su vida en África– sus amores truncados, la enfermedad, sus experiencias en las plantaciones –  despertarían luego su fascinación imaginativa, la escala de una fantasía prodigiosa. Divertía, entretenía a sus oyentes: las grandes fogatas nocturnas para escucharla podían trasladarse a las pequeñas chimeneas de los despachos en lecturas sosegadas, a la quietud bajo un árbol exótico o al dormitar silencioso de una almohada. Lo importante en Isak Dinesen es ese collar de anécdotas que nos cuenta, la sorpresa que nace de la primera palabra sugerida, y cómo esa palabra llama a sus hermanas en las frases, las frases convocan a los párrafos y los párrafos, corriendo, se acumulan y se desgajan para extender el tapiz de una historia, ese tapiz nos eleva sobre la realidad y volamos de pronto encima de la literatura.

(Imágenes tomadas de Alenarterevista)

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